El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Modelos
Kagome se despertó temprano a la mañana siguiente. No sabía por qué parecía que la había abandonado el sueño. Era muy temprano, casi las 8 de la mañana. Kagome se dirigió a su cuarto de baño, quería darse una ducha. Al entrar en la ducha, el agua golpeó su espalda y recordó los acontecimientos de la noche anterior…
Me besó, pensó, tocando sus labios y con los ojos abiertos como platos, no sólo una… sino tres veces.
Al recordar la sensación que la había recorrido la noche anterior, el maravilloso salto que había dado su estómago, el rápido ritmo de su corazón, el calor en sus mejillas, la sensación de sus labios sobre los de ella mientras sus cuerpos trabajaban en perfecta armonía…
Había sido impresionante.
Al salir de la ducha, Kagome se puso sus pantalones blancos y un top rosa con botones. Se calzó las zapatillas y salió del baño, yendo de puntillas a su cuarto, donde podría sentarse y leer un buen libro durante un par de horas antes de que la casa se despertara.
Al entrar en su refugio, Kagome cerró despacio la puerta, fue hasta su cama y buscó su cepillo dentro del cajón de su mesilla de noche. Frunció el ceño al no encontrarlo, e iba a ponerse a buscar en su tocador cuando llamaron a la puerta, rompiendo su tren de pensamientos.
Caminó hasta la barrera que separaba su habitación del resto de la casa y la abrió, revelando su objeto de atención vestido con pantalones negros de algodón y sin camiseta.
—¿Inuyasha? —exclamó Kagome, y él le sonrió—. ¿Qué haces aquí?
Inuyasha arqueó una ceja y se frotó su recién afeitada barbilla.
—Es mi casa, mademoiselle —dijo, agitando las cejas—, puedo estar donde quiera.
—Sí, pero…
—¿Me dejas entrar?
Ahogando un grito ante su descortesía, Kagome abrió la puerta lo suficiente como para que entrara Inuyasha. En cuanto estuvo en el interior, cerró la puerta detrás de él y se sentó en su cama mientras ella buscaba su cepillo en el tocador.
—¿Cómo sabías que estaba despierta? —preguntó de pasada desde su posición delante del tocador. Inuyasha puso los ojos en blanco.
—La ducha estaba en marcha y tu habitación estaba vacía. La puerta estaba abierta, antes de que preguntes. —Él sonrió cuando la vio girarse y mirarlo. Soltando una pequeña risa, Kagome volvió a su tocador, gruñendo. Inuyasha se puso de pie a su lado.
—¿Qué estás buscando?
—¡Mi cepillo! —exclamó—. ¡¿Cómo quieres que me cepille el pelo si no?!
—¿Has pensado en mirar ahí? —Colocó su mano bajo su cabeza y guio su cara para que mirase la parte de arriba de su otra mesilla de noche. Con una gotita resbalándole por la cara, Kagome soltó una risita.
—Ya lo sabía.
—Claro…
—Cállate. —Kagome puso los ojos en blanco y se dirigió a su otra mesilla de noche. Cogió el cepillo y volvió a su tocador, sacándose la toalla del pelo y lanzándola a la cama. Inuyasha observó que el pelo enredado caía del moño y se posaba cómodamente en sus hombros y, de algún modo, eso lo provocó.
¡¿Por qué demonios me hace esta chica y todos sus nada provocativos atributos querer… tomarla?! Era una pregunta sin respuesta y él lo sabía, pero aun así tenía que preguntárselo.
Poniéndose en pie, caminó silenciosamente hacia Kagome y le sacó el cepillo de las manos. Confundida, le lanzó una mirada, pero él no dijo nada mientras la arrastraba de vuelta a la cama.
—Siéntate —ordenó y Kagome no le hizo caso. Lo examinó de arriba abajo de brazos cruzados mientras él se sentaba en la cama.
—¿Qué tramas, Casanova?
—¿Es que acaso un hombre no puede tener ganas de cepillar el pelo de su esposa?
—No me voy a vestir de puercoespín, mi señor. —Kagome intentó recuperar su cepillo, pero Inuyasha simplemente se levantó y lo sostuvo fuera de su alcance.
—Te lo daré, con una condición —susurró y Kagome enarcó una ceja.
—Dila, Casanova.
—Que me beses.
Kagome arqueó una ceja con diversión.
—¿Y ahora ruegas besos? Sin problema, siempre puedo coger prestado el cepillo de Sango. —Al tratar de alejarse, Inuyasha la agarró del brazo y la llevó de nuevo a sus brazos.
—No era una petición, mademoiselle —dijo con un susurro ronco—, era una orden.
No dejó que dijera nada más, e Inuyasha se inclinó hacia delante y capturó sus labios, sin dudar un momento al meter su lengua directamente en su boca. Kagome se quedó sorprendida por un momento. No se había esperado que de verdad fuera a volver a besarla. Las sensaciones que había experimentado la noche anterior la golpearon como un huracán mientras perdía el sentido y se olvidaba de la discusión sobre el cepillo.
Subió las manos hasta sus hombros y lo acercó más, si es que eso era posible, y permitió que sus sentidos se volvieran locos. Tomando eso como una buena señal, Inuyasha se dio la vuelta lentamente, con los labios de Kagome todavía sobre los suyos. La empujó suavemente contra la cama, y Kagome cayó sobre su espalda casi sin notarlo. Inuyasha se puso encima de ella, sentado a horcajadas mientras continuaba besándola.
Esta mujer le hacía sentir cosas que nunca le había hecho sentir nadie antes. Demonios, se había acostado con Kikyo y le había parecido que era sexo sin ningún significado. Besar a Kagome allí mismo le proporcionaba más pasión y más emoción de lo que le había provocado alguna vez una noche con Kikyo.
Era exasperante.
Kagome se apartó de su boca y jadeó ligeramente.
—¿Cómo son de grandes tus pulmones, Casanova?
—Lo suficientemente grandes para ti, mademoiselle.
Divertido, Inuyasha se inclinó y la volvió a besar, sus manos rodearon su cabeza cuidadosamente, evitando caer contra su cuerpo. Los ojos de Kagome estaban cerrados mientras arqueaba la espalda, queriendo sentir más de él… y entonces se dio cuenta.
¡Es el novio de Kikyo! Abrió los ojos inmediatamente, alzó las manos y las colocó completamente abiertas sobre el pecho de Inuyasha. Ignorando la sacudida que la recorrió, Kagome lo empujó con todas sus fuerzas. Confundido por sus acciones, Inuyasha se apartó de sus labios dulces como la miel y arqueó una ceja, manifestando su desconcierto.
—¿Y a qué vino eso?
—Eso por violarme mientras necesito cepillarme el pelo —resopló Kagome mientras se daba la vuelta y caminaba hasta su tocador, pasando los dedos por su pelo. Justo cuando Inuyasha estaba a punto de acercarse y de devolverle el peine, le empezó a vibrar el bolsillo de atrás.
Maldiciendo en voz baja, Inuyasha metió la mano en el bolsillo, sacó su móvil negro de la marca Katana y lo abrió.
—Seas quien seas, ¡¿tienes una jodida idea de la maldita hora que es?!
—Lo siento, señor —chilló la voz—, pero necesito informarle…
—¡¿Informarme de qué, Shippo?! —bramó Inuyasha en el teléfono, cosa que a Kagome le pareció graciosa. Tenía con ella a su coqueto Casanova, le había cogido cariño, pero con sus empleados era algo… frío.
—De que necesitamos una modelo durante dos semanas para la portada y que necesitamos su aprobación.
Suspiró con frustración y le lanzó a Kagome una mirada de disculpa antes de dejar la habitación. No cerró la puerta detrás de él y Kagome alzó una ceja, divertida, viendo cómo podía cambiar del hombre al que le encantaban sus labios, al rico esnob por el que lo había tomado cuando lo conoció.
Álter egos, pensó negando con la cabeza, cogiendo su cepillo de la cama y encaminándose hacia el tocador para peinarse.
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—¿De qué hablas, Shippo? —siseó Inuyasha mientras entraba en su habitación—. ¡Te dije que no me llamaras durante las vacaciones de verano!
—Tenemos que sacar la revista de la empresa pronto y necesito que escoja a la modelo de la portada. Le he enviado seis fotos a su correo… responda pronto, ¿vale?
—Lo que sea —gruñó Inuyasha mientras colgaba. Se dirigió a su portátil, lo abrió y pulsó sobre su correo de la empresa. De hecho, tenía un correo de Shippo Kitsune con seis archivos adjuntos de seis modelos.
Takahashi:
Seis modelos y sus fotos adjuntas. Responda lo más rápido que pueda.
Modelos por orden:
Katrina Leung
Midori Saki
Jen Lee
Brittney Tao
Chun Li
Miko
A Inuyasha le hizo gracia ver los nombres de las seis modelos más famosas que Asia había visto nunca. Poniendo el portátil en suspensión, Inuyasha concluyó que haría que los niños escogieran a la modelo más guapa.
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Miroku y Kouga estaban sentados en el salón, vigilando a los niños mientras jugaban. Daichi, Hayabusa, Hojo, Eri, Ayumi, Yuka, Ayame y Sango habían ido a montar a caballo. Kagome había decido quedarse y preparar un refresco para los niños. Inuyasha bajó las escaleras con el portátil en las manos.
—¡Tío Inu! —Ai le sonrió y él le devolvió la sonrisa a la hija de su mejor amigo. A Kikyo no se la veía por ninguna parte y a nadie le importó demasiado en ese momento.
—Necesito que me hagáis un favor —dijo Inuyasha mientras se sentaba en el suelo y sacaba el portátil del modo suspensión. Todos los niños, incluidos Kouga y Miroku, se juntaron detrás de Inuyasha mientras éste volvía a abrir su correo.
Kagome entró en el salón en ese preciso momento. Por alguna razón, no se sentía nada tímida después de haberse besado con Inuyasha. Nerviosa sí, puede, pero no realmente tímida.
—¿Qué pasa? —Arqueó una ceja e Inuyasha alzó la vista hacia ella.
—Estamos escogiendo modelos para la portada de la empresa, ¿quieres ayudar? —Inuyasha arqueó una ceja y Kagome se encogió de hombros, llevando la bandeja de bebidas hasta la mesita de centro para luego ponerse detrás de Inuyasha y mirar sobre su hombro las fotos de las modelos.
—La primera es Katrina Leung —dijo, abriendo la foto. Katrina estaba sentada en un banco con un halcón posado en su mano. Ai sacó la lengua.
—Parece apestosa, tío Inu.
Hikari asintió en conformidad y Miroku se rió afectuosamente.
—¡¿Apestosa?! Elabora, querida Ai.
—¿Emabora? —Hikari miró a su tío Miroku, que empezó a reírse con más fuerza.
—Significa explica.
—Ohhh —Ai asintió, comprendiendo—. Está sentada con una falda verde… el verde es un color apestoso.
—¿Ehh? Mi color favorito es el verde —se defendió Kagome y Ai le hizo una pedorreta. Riendo un poco, Inuyasha descartó a Katrina.
—Bien, la siguiente es… Midori Saki.
—No —dijo Kouga antes de que Inuyasha pudiera abrir el archivo.
Inuyasha lo miró y enarcó una ceja.
—¿Por qué no?
—Trabaja la mitad del tiempo en el porno, así que no.
—¿Y cómo es que yo no sabía eso? —Miroku arqueó una ceja, fingiendo sorpresa y Kagome le dio un golpe en la cabeza.
—Cállate. Siguiente —dijo e Inuyasha abrió la foto.
—Jen Lee.
—Es preciosa —susurró Kagome y Miroku le sonrió con tristeza. Jen Lee y Miko eran mejores amigas como modelos y Miroku sabía que el que Kagome viera a su vieja amiga le traería malos recuerdos.
La foto era de Jen lee sentada con un montón de cachorros con un vestido de lunares. Kyo sacó la lengua.
—¡Fea!
Ichiro asintió mientras tocaba la pantalla.
—¡Veztido fedo!
—Asumo que a Ichiro no le gusta el vestido —rio Kouga, meneando la cabeza, admirado. Querían a todos los niños como si fueran suyos y si algo le pasaba a uno, todos los adultos se preocupaban.
—Supongo que Jen Lee está descartada. —Inuyasha negó con la cabeza—. A este paso no vamos a escoger a ninguna. ¿Por qué he hecho escoger a los niños?
—Porque los amaaaas, Casanova —bromeó Kagome e Inuyasha sonrió con diversión.
—La siguiente es Brittney Tao.
—Oh, ella no. —Kouga hizo una mueca—. Es mi exnovia.
—¡¿Y cómo es que no lo sabía?! —Kagome enarcó una ceja, girándose hacia su amigo, que se rio con nerviosismo.
—Lo llevábamos… en secreto. Yo no les gustaba a sus padres y a mis padres nos les gustaban las modelos. ¡¿Por qué creéis que me casé con Ayame?!
—¿Aparte de porque la amas? —preguntó Inuyasha con sequedad y Kouga se golpeó con la palma de la mano en la cabeza.
—Era una pregunta retórica.
—Te casaste con ella porque la amas, ¿no? —Kagome miró a Kouga de manera peligrosa y éste se rio.
—Por supuesto, había que elegir entre Sango y Ayame, pero Miroku ya se lo había pedido a Sango, así que bueno…
—Aparta los ojos de mis esposa, tío —le previno Miroku en broma. Inuyasha pasó a la siguiente foto.
—¿Chun Li? —Kagome arqueó una ceja. Conocía a Chun, Miko y Chun mantenían una competición tácita en base a quién hacía más sesiones de fotos y llegaba al número uno. Miko ganaba siempre y Kagome, personalmente, odiaba a Chun.
—¡¿Esa no es de Street Fighters?! —preguntó Hikari mirando a su padre, que sonrió.
—Sí, lo es. Vaya, incluso se PARECE a la Chun Li de Street Fighters.
—No me gusta Chun Li —resopló Kagome y Miroku entendió el mensaje oculto. Kouga rodeó a Kagome con un brazo como muestra de apoyo mientras ella fulminaba con la mirada la foto de Chun Li en bañador y medio metida en el agua.
—Al menos se ha cubierto… si tuviera puesto un bikini habría destruido tu portátil, Inuyasha —murmuró Kagome e Inuyasha puso los ojos en blanco.
—Cuánto odio —dijo mientras pasaba a la última foto.
—Miko —dijo finalmente y Kagome suprimió una exclamación. Además, era su foto favorita. Estaba sentada en un banco casi a medianoche y mirando al cielo. Su hermano le había sacado la foto de lado. El tema era que el viento soplaba, de forma que su pelo cubría parte de su cara, haciéndola irreconocible.
—Es guapa —murmuró Ai mientras se acercaba más al portátil. Ai no tenía ni idea de que su madrina era la famosa Miko.
—¡Buapa! —chilló Kasumi mientras se sentaba en el regazo de Inuyasha.
Hikari asintió en conformidad y Kyo se quedó mirándola, embelesado. Kagome estaba a punto de oponerse, pero Inuyasha cerró el portátil.
—Entonces está decidido, me pondré en contacto con el agente de Miko y le preguntaré si puede hacerse unas fotos para nosotros.
Kagome se inclinó hacia Miroku y susurró:
—¡¿Es que el mundo no sabe que está desaparecida?!
Miroku negó con la cabeza.
—No, al parecer, Akira está intentando mantenerlo en secreto. No lo sabe nadie más aparte de tu familia y los Onigumo.
Kagome sintió que se le aceleraba el corazón cuando Inuyasha subió las escaleras para guardar el portátil.
—Esto es malo… —murmuró.
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Todo el grupo volvió de montar a caballo y se asentaron en el salón. Kikyo salió de su habitación con una mascarilla de aguacate en la cara. Hikari arrugó la nariz.
—¡AGGGGGGGGGGGGGH! —chilló, corriendo hacia su madre.
—¡Podrías SACARTE esa cosa! ¡Estás asustando a los niños!
Inuyasha y Kagome estaban sentados en un sofá de dos plazas. Ella se inclinó hacia su oreja.
—Oye, Inuyasha —susurró. Él la miró con una ceja arqueada.
—¿Mmm?
—¿De qué color es la bruja mala del oeste?
Inuyasha se esforzó todo lo que pudo por no echarse a reír.
—Verde —siseó en su dirección antes de apartarla y estallar en carcajadas. Sonriendo ligeramente, Kagome miró a su ahijada y le guiñó un ojo. Ai soltó una risita para luego abrazar a su padre.
—Enciende la televisión. —Ayumi se dio aire con la mano—. ¡Estoy tan aburrida!
Yuka cogió el mando a distancia y encendió la televisión, descubriendo que estaban emitiendo la fiesta a la que habían ido el día anterior. Instantáneamente, los ojos de Sango, Ayame, Miroku, Kouga y especialmente los de Kagome, se abrieron como platos.
—No tenía ni idea de que la fueran a retransmitir… —susurró Kagome, sintiendo que sus estómago daba varios vuelcos.
—Ni yo. —Inuyasha se encogió de hombros—. A lo mejor fue Asakura quien lo decidió.
—¡Pensaba que no la iban a retransmitir! —dijo Kagome—. Por eso fui…
—¿Qué te hizo pensar eso? —Daichi arqueó una ceja y Kagome frunció el ceño.
—La última fiesta de Asakura no la echaron por la televisión…
—Ese hombre tiene más cambios de humor que una mujer embarazada con la regla —resopló Hayabusa y Yuka lo golpeó.
—¡Las embarazadas no tienen la regla!
—Era una forma de hablar, cielos. —Hayabusa se masajeó el brazo donde lo había golpeado su esposa. Kagome seguía paralizada.
No puede ser, pensó, si la han retransmitido en Hong Kong entones… en Japón… ¡oh, mierda! Kagome se levantó para ir a su habitación.
—Vuelvo enseguida. —Sonrió antes de subir corriendo las escaleras para ir a su habitación. Sango supo inmediatamente lo que iba a hacer Kagome y se levantó y se marchó sin decir nada.
—¡¿Qué demonios?! —chilló Kikyo—. Esas dos tienen más cambios de humor que una mujer embarazada con la regla.
—Ehh, ¡copyright, muchas gracias! —gruñó Hayabusa y Kikyo puso los ojos en blanco. Inuyasha simplemente se quedó mirando el sitio en el que Kagome había estado sentada hace un momento.
¿Qué está pasando?
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Kagome sacó su móvil y empezó a marcar inmediatamente el número de su hermano. Cruzó los dedos y rezó. Kagome abrió repentinamente los ojos como platos antes de cerrar el móvil de golpe.
—¡¿QUÉ?!
—¿¡Qué, qué, QUÉ?! —chilló Sango al ver que Kagome hiperventilaba.
—Su teléfono está fuera de servicio… ¡por qué iba a estar su teléfono fuera de servicio!
—¿No sé? ¿A lo mejor está en un aparcamiento subterráneo? —preguntó Sango y Kagome negó con la cabeza.
—Es sábado, hoy no tiene ningún rodaje, ni colegio, ni nada… Sango, ¿y si me han visto por televisión?
—Si lo hubieran hecho, entonces Souta te habría llamado —dijo Sango, intentando ayudar a su amiga, pero Kagome estaba en un obvio estado de agitación, sorpresa y paranoia.
—¿Y si mamá y papá le han quitado el móvil y lo han encerrado por ayudarme? ¡Sango, tú no conoces a mis padres, el dinero, el poder y la posición social lo son todo para ellos y ENCADENARÍAN a Souta a su habitación si descubrieran que me ha ayudado aunque sea un poco!
Sango se dio cuenta de que Kagome tenía razón. Los padres de Kagome querían más al dinero que a sus hijos. Sango volvió a hablar tras respirar hondo.
—Pero en la televisión te vimos bailando con Inuyasha. Si tanto quieren dinero, ¿no les gustaría que atraparas al empresario más rico e influyente hasta la fecha?
—¡No, para nada! —chilló Kagome, lo que confundió a Sango.
—¿Por qué no?
—Los Onigumo y mis padres son mejores amigos, literalmente. He oído a mis padres hablar de ellos todo el tiempo, pero nunca los he conocido ni nada. Mi padre quería que el hijo de su mejor amigo se casara conmigo, y después de oír lo que le hizo Naraku a Aiko, él sería el último hombre con el que querría casarme… ¡e incluso en ese caso no lo haría!
—Pero un empresario rico e influyente es mucho más que los Onigumo. Kagome, es muy difícil negarse a ese trato.
—Tú no conoces a mis padres —murmuró Kagome—, además, a mi padre no le cae bien Inuyasha.
—¡¿Por qué no?! —Sango estaba sorprendida—. A TODO padre de hijos ricos le cae bien Inuyasha. Para ellos es como un ídolo entre ídolos.
—¡No para mi padre!
Sango fue hacia Kagome y la abrazó.
—Escucha, nos tienes a nosotros, a Kouga y apuesto a que los Falcon, Daichi y Asuki estarán dispuestos a ayudarte. No pueden forzarte a hacer nada.
—Tú no conoces a mis padres.
—Confía en mí en esto —susurró Sango—, todo va a salir bien.
—Pero…
—¡Escúchame! —dijo Sango con urgencia—. ¡Todo va a salir bien! Las probabilidades de que te hayan visto por la televisión cuando tu familia tiene unos mil millones de canales son casi nulas. ¡No tienes de qué preocuparte!
Kagome respiró hondo varias veces y le sonrió temblorosamente a su amiga.
—Sí… supongo que tienes razón.
—¿Bajamos?
Asintiendo, Kagome siguió a su amiga.
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Ai, Hikari y Kyo querían ir a montar a caballo. Ichiro y Kasumi acabaron queriendo ir también. Al haber llevado a sus hijos a montar, las únicas tres personas que se quedaron en casa fueron Inuyasha, Kagome y Kikyo, ya que Ayumi y Daichi se habían ido con los demás.
—Voy a ir a sacarme esto —dijo Kikyo, levantándose mientras se señalaba la cara.
—Sí, y espero que te derritas mientras estás en ello —masculló Kagome por lo bajo. Sólo la oyó Inuyasha, ya que estaba sentado a su lado. Lanzándole una mirada, Inuyasha se levantó y fue a la cocina mientras Kikyo subía las escaleras.
Kagome se sentía un poco deshidratada, así que se levantó y fue a la cocina para tomar un vaso de agua o algo así. Sorprendida de que el chef no estuviera en la cocina, Kagome ignoró a Inuyasha mientras éste cogía una cerveza de la nevera y fue a buscar un vaso limpio.
Inuyasha sacó la lata de cerveza y la puso sobre la encimera antes de girarse hacia Kagome, que se estaba sirviendo un vaso de agua. Fue hacia ella, rodeó su cintura con los brazos y ella se tensó ligeramente antes de relajarse al saber que era él.
—Sabes que tu novia está en esta casa —dijo Kagome como de pasada mientras se seguía sirviendo el vaso de agua.
—¿Sólo un beso?
—Pídeselo a Kikyo.
—Está arriba.
—¿Entonces soy el reemplazo de Kikyo?
—No. —Inuyasha puso los ojos en blanco—. Tú besas mucho mejor.
Le dio la vuelta y plantó con firmeza sus labios sobre los de ella. Sabiendo que debía apartarse, Kagome trató de hacerlo hasta que sintió que su lengua lamía sus labios. Todo pensamiento razonable salió volando mientras dejaba que Inuyasha la besara cuidadosamente, otra vez.
Justo cuando se ponía interesante, una voz resonó por toda la casa.
—¡INUYASHAAAAA! ¡ME ABURROO!
Inuyasha se apartó de Kagome y dio un paso atrás. Kagome tenía los ojos abiertos como platos mientras se giraba con el vaso de agua entre sus manos y salía de la cocina, pasando al lado de Kikyo. Kikyo frunció el ceño.
—Tiene prisa…
—Sí. —Inuyasha se pasó los dedos por el pelo. Sólo pensaba en una cosa: Si… tanto me atrae Kagome, ¿por qué sigo con Kikyo?
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Todos nos lo preguntamos, Inuyasha.
Muchas gracias por vuestros reviews, aquí tenéis este capítulo. Espero que os haya gustado.
¡Hasta la próxima!
