El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
-x-
Descubierta Parte dos
Kagome arqueó la espalda, sabía que estaba soñando. Se sentía tan bien que tenía que ser un sueño. Al sentir una cálida sensación succionando su pezón, Kagome se revolvió entre las sábanas, intentando conseguir más de lo que le daban.
—Sé paciente, mademoiselle…
Sólo había un hombre que la llamara mademoiselle, y ése era Inuyasha. Kagome abrió un ojo lentamente y lo vio sonriéndole, sin camiseta. Demonios, ella tampoco tenía la camiseta puesta, pero era sólo un sueño, así que no importaba. Al sentir que la sangre empezaba a latir ligeramente en su cabeza, Kagome arqueó una ceja en su dirección.
—¿Eh?
Una respuesta muy inteligente en mitad del sexo, pero así era Kagome. Él rozó su cuerpo con su boca al ascender para presionar sus labios contra los de ella, y murmuró algo incoherente.
—¿Qué has dicho? —susurró Kagome mientras le rodeaba la cintura con las piernas.
—Eres buena amante, mademoiselle —repitió Inuyasha, un poco más alto y más agitado. Inuyasha la miró a los ojos, acariciándole las caderas.
—¿Lista?
Kagome tragó saliva, deseando que sólo fuera un dolor soñado, y asintió. Tras verlo colocarse en su entrada, el resto fue un cúmulo de dolor…
Kagome abrió lentamente un ojo, sintió todo su cuerpo pegajoso de sudor y se preguntó por ese sueño erótico que había tenido la noche anterior. ¿Qué había estado pensando antes de dormirse para soñar que tenía sexo con Inuyasha?
Kagome sintió algo cálido a su lado y, todavía en un estado de ensoñación, se acercó a ese algo, deseando acomodarse y calentarse en los pocos momentos de la mañana donde la realidad y los sueños estaban separados por una fina línea.
—Buenos días, mademoiselle… —murmuró una voz desde encima de ella. Kagome se apartó un poco y bostezó, sintiendo que le estallaba la mandíbula. Se lamió los labios, alzó la mirada y sonrió, sus ojos todavía estaban medio cerrados.
—-Buenos días, Inuya… —Un momento… ¡¿Inuyasha?! Kagome parpadeó un par de vez para luego soltar un estruendoso grito que hizo que Inuyasha saliera espantado de la cama.
Al alzar las sábanas, Kagome comprendió lo que había pasado al darse cuenta de que la noche anterior no había sido un sueño, sino que…
—¡¿TUVISTE SEXO CONMIGO?!
Inuyasha gruñó mientras se levantaba con los bóxers puestos, se los había puesto convenientemente cuando había estado sentado en el suelo mientras Kagome se reponía de su sorpresa inicial.
—¡No es que te quejaras, chica! —respondió y se levantó. Kagome gruñó mientras la sangre empezaba a latirle con más fuerza contra sus sienes, la resaca le estaba empezando con la fuerza de una estampida de rinocerontes.
—¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! ¡OH, DIOS MÍO! —gritó Kagome cerrando los ojos y agarrándose la cabeza al mismo tiempo. Estaba gritando con resaca y desnuda en la cama, al lado del chico que le asalta los labios cada dos por tres.
Sí, hubiera sido mejor haber estado soñando.
—¡Para de gritar! ¡Mi resaca es igual de mala que la tuya! —gruñó Inuyasha mientras la fulminaba con la mirada. Pensaba que ella recordaría lo que había dicho la noche anterior, pero era bastante obvio que no era así. Qué fastidio…
—¡Me violaste!
—¡Anoche estabas dispuesta!
—¡Cielos, estaba borracha!
—¡Eso no te detuvo!
Kagome se levantó gruñendo, con las sábanas alrededor de su cuerpo. Mientras caminaba por la habitación, se aseguró de no acercarse ni un centímetro a Inuyasha y salió corriendo de su cuarto en dirección al suyo.
Mientras se pasaba los dedos por el pelo, Inuyasha no podía parar el rápido latir de su corazón. A pesar de que estaban borrachos, a pesar de que Kagome apenas recordaba lo dispuesta que había estado anoche, Inuyasha todavía ansiaba sentir su cuerpo contra el suyo.
Piel con piel.
Boca con boca…
Cuerpo contra cuerpo…
Rozándose y frotándose el uno contra el otro en un silencioso ritmo que sólo ellos podían oír. Al sentir que volvía a empezar a excitarse, Inuyasha gruñó. Mientras se dirigía a su ducha privada, lo único que quería en ese momento, aparte de Kagome, era una ducha fría. Una ducha muy fría.
-x-
Kagome sufría. Pero no emocionalmente… le dolía entre las piernas y, era oficial, quería apuñalar brutalmente a Inuyasha con un tenedor. Varias veces.
Bajó las escaleras como un pato con unos pantalones piratas y una camiseta demasiado grande para ella, intentando reducir el dolor entre sus piernas y el que tenía en la cabeza. Gruñó al encontrar a Sango y a Miroku riéndose desvergonzadamente de los demás, que también sollozaban por culpa de sus resacas.
—Buenos días, Kagome. —Miroku sonrió y Kagome le gruñó.
—Cállate, Lin. —Sí, no era propio de ella, pero las resacas podían hacerle eso incluso a la persona más dulce. Incluso a Kagome.
—Au, ¿estamos delicados? —Miroku se echó a reír mientras Kagome se sentaba a su lado, frotándose la frente.
—Dadme un Advil. ¡Ahora! —exigió Kagome y Sango fue a conseguirle dos pastillas a Kagome para eliminar su dolor de cabeza y, aunque nadie más lo supiera, el escozor entre sus piernas. Kagome exhaló un suspiro de alivio al ver que Sango volvía en dos segundos con dos Advil y un gran vaso de agua.
—Anoche no te encontré en tu habitación —le dijo Sango de repente a Kagome. Ella se tensó.
—Me imaginé que te habrías desmayado en alguna de las otras habitaciones, así que me tomé la libertad de recoger tus cosas hoy por la mañana. —Sango sonrió. Kagome estaba claramente confusa, había arqueado una ceja.
—¿Recoger?
—Sí, Miroku recibió una llamada urgente esta mañana, lo cual acorta nuestras vacaciones. Nos vamos mañana por la tarde. —Sango sonrió con timidez y Kagome se limitó a poner los ojos en blanco, quitándole importancia. En ese momento no quería permanecer en casa de Inuyasha, en su presencia, ni en ningún lugar a veinticinco kilómetros a su alrededor.
Le odiaba.
—¿Y vosotros? —preguntó Kagome dirigiéndose a los demás adultos, que estaban tumbados. Los niños estaban, gracias a Dios, todavía durmiendo y no habían visto a sus padres gimiendo y gruñendo por unas malditas resacas y sobre lo jodidas que eran.
—Nos vamos una semana después de vosotros —murmuró Ayame. Su cabeza estaba apoyada contra el respaldo del sofá y tenía las manos extendidas delante de ella. Su resaca no era tan mortal como la de Kouga, que gemía y rogaba por más Advil, aunque ya se había tomado tres.
Kagome asintió y se puso instantáneamente de mal humor al ver que Inuyasha y Kikyo bajaban por las escaleras. Kagome giró la cabeza y se apoyó contra Miroku, perdiéndose el destello de ira que pasó por los ojos de Inuyasha. Kikyo iba unos cuantos pasos por delante de Inuyasha y, en cuanto tocó el suelo, Inuyasha dijo:
—Kagome —dijo y todos giraron la cabeza excepto ella.
—Tú y yo tenemos que hablar un momento —dijo Inuyasha desde las escaleras y Kagome le lanzó una mirada osada, como si le dijera mentalmente que continuara. Sonriendo con su suficiencia, Inuyasha se cruzó de brazos—. ¿Vienes?
Sabiendo que no iba a dejarla en paz, Kagome se levantó y siguió a Inuyasha a la vacía cocina. Inuyasha se quedó en la puerta para vigilar que nadie los escuchara. No quería que nadie oyera lo que iba a hablar con Kagome…
—Bien, mademoiselle…
—No me vengas con esas, Takahashi —dijo Kagome amenazadoramente mientras sostenía una mano en alto—. Para ti soy Higurashi.
Inuyasha arqueó una ceja y se cruzó de brazos.
—¿Me estás diciendo que no te gustó nuestra noche llena de pasión y amor?
—¡Pensaba que estaba soñando! —Kagome agitó los brazos—. ¡Y también estaba borracha, por el amor del cielo!
—¿Entonces sueñas conmigo? —Inuyasha sonrió con aires de superioridad y a Kagome le entraron ganas de darle una bofetada.
—¿Acaso el haberte acostado conmigo no significa nada para ti? —siseó Kagome—. ¡Bastardo! ¡¿Me quitaste mi maldita virginidad y lo único que haces es sonreír?!
—Así que también eras virgen, ¿eeh? Pues no besabas como una —Inuyasha sonrió y Kagome alzó la mano para abofetearlo. Inuyasha, que se esperaba ese movimiento, la agarró del brazo y la envolvió entre sus brazos. Kagome se preparó para pelear mientras gruñía.
—¿Qué te pasa? —preguntó Inuyasha molesto mientras la mantenía cerca de él. Miró sobre su hombro y vio que no había nadie cerca.
—¿A mí? ¡Ya hemos hablado de esto! ¡Yo no soy tu maldita novia, esposa, puta o lo que sea! Nos ha afectado el calor del verano y hemos hecho cosas, ¡¿vale?! —exclamó Kagome intentando apartarse de él.
—Ooh, pero anoche, mademoiselle, sí que disfrutabas. —Inuyasha sonrió y Kagome frunció el ceño.
—¿Por qué no tienes resaca?
—No bebí tanto alcohol como para tener resaca —replicó Inuyasha—. Sólo lo suficiente para achisparme y llevarte a mi habitación en vez de a la tuya.
Kagome forcejeó contra su agarre para liberarse, pero él seguía sujetándola. Con la mirada fija en él, pronunció las palabras que causarían revuelo en el alma de Inuyasha:
—Si tanto significo para ti, ¡¿por qué sigues con Kikyo aun cuando te acuestas conmigo?! —exigió Kagome—. ¿Por qué no la dejas y me pides a mí que sea tu novia? Si tanto te repele y vienes a mí, ¡¿por qué sigues con ella?! ¿Planeas jugar conmigo y largarme en cuanto termine el verano? ¿Es eso lo que pasa? Pensaste: ¡Oh! ¡¿Tengo carne fresca, así que vamos a jugar con Kagome y luego me arrastraré de vuelta a Kikyo cuando termine el verano y ella se vaya?!
Inuyasha gruñó con fuerza y la silenció con un rápido beso, pero Kagome lo apartó de un empujón y se limpió la boca, escupiendo sobre el suelo de cerámica.
—Nunca pienses que juego contigo —susurró amenazadoramente y Kagome podría haberse reído si no fuera por la seriedad de la situación.
—Oh, ¿de verdad? Ves a tu novia enrollándose con un dependiente la semana pasada y todo lo que haces es comentar lo quieta que tenía la cabeza. Yo sólo conseguí un número de teléfono de un dependiente que ni siquiera dio a entender que yo le interesaba. A lo mejor sólo estaba siendo amable. Quién sabe, pero tú tenías que meter las narices y actuar con toda la posesividad del mundo. Ahora dime, ¿de qué iba eso?
—No me gusta que otros hombres toquen lo que es mío —dijo Inuyasha con una profunda voz gutural.
Kagome soltó una fría risa.
—¿Ah, sí? Bien, así que planeabas pedirle matrimonio a Kikyo y yo me metí en medio. Joven, inexperta, pensaste que podrías convertirme en la amante que tú querías. Así que pospusiste unos días lo de pedirle matrimonio a Kikyo. Eso sí, sigue siendo tu novia. Te emocionaste un poco cuando Ai nos pidió que nos besáramos, pero no pasaba nada por eso. Y luego me besaste otra vez. Y otra. Y otra, sin ninguna intención de parar. Eres testigo de que tu novia te engaña abiertamente y, la palabra clave es novia, no hiciste nada. La última vez que miré, ¡tu novia era más tuya de lo que yo fui o puedo llegar a ser!
Inuyasha dio un paso hacia ella con un feroz brillo en los ojos.
—Ahora escúchame, mujer —dijo con voz profunda—, y no me interrumpas.
Kagome puso los ojos en blanco y se movió para apartarlo de su camino.
—No tengo tiempo para tus inútiles excusas. Tengo que ir a ver si Sango ha recogido o no todas mis cosas.
Sus intentos, sin embargo, fallaron cuando Inuyasha la agarró por los hombros. Sonó el timbre y ambos lo ignoraron, estaban atrapados en los ojos del otro como si estuvieran en trance. Kagome parpadeó un poco y se movió para apartarlo, pero él estaba rígido como una estatua y no se movió.
—¡Deja que me vaya!
—No, quédate y escucha —dijo Inuyasha con voz profunda, acercando su cara a la de ella—. No rompí con Kikyo —Iba a admitirlo—, porque pensaba que eras un amor de verano —le susurró en el oído—. Pensaba que sólo eran sentimientos pasajeros. Carne fresca, sí, pero ¿usarte? Nunca.
Kagome tragó saliva y lo miró a los ojos, pero no iba a tragárselo.
—¡¿Y por eso te acostaste conmigo?!
—¡Quieres dejarme terminar, mujer! —exigió Inuyasha mientras reforzaba su agarre—. ¡Lo pensaba! ¿Entiendes lo que significa "pensaba"? A ver, déjame decirte otras palabras que pueden ayudarte: una idea, una noción, ¡algo que pasa en mi cabeza y en donde contemplo varias cosas!
—¡Sé lo que significa pensar! —gruñó Kagome un poco molesta. Inuyasha suspiró enfadado y la atrajo hacia sí, a pesar de que ella forcejeaba.
—Pensaba que la quería, pero —continuó—, no era así. ¿El anillo? Dejé el anillo en mi cómoda en mi habitación y toda la idea de pedirle matrimonio a Kikyo se fue de mi mente. En cambio, mi mente se llenó de pensamientos tuyos y eso me asustó muchísimo.
Kagome escuchaba en silencio, pero su enfado no disminuía.
—¿Y por eso te acostaste conmigo? —replicó Kagome, era la misma afirmación de antes.
—¡Maldita sea, mujer! ¡Me acosté contigo porque tú querías que lo hiciera!
—¡Estaba BORRACHA!
—¡Eso no evitaba que dijeras que no!
—Pensaba que estaba soñando. ¿Entiendes tú lo que significa "soñar"? Espera, ¡deja que te dé más palabras! Soñar, trance, alucinación. ¿Ahora lo entiendes? ¡No estaba en mis cabales!
—¿Tienes alucinaciones sobre mí? —Inuyasha arqueó una ceja, claramente divertido. Gruñendo de lo molesta que estaba con él, intentó volver a empujarlo.
—¡Suéltame! ¡Ahora mismo te odio mucho!
Al forcejear contra su agarre, Kagome no vio el brillo amenazador que pasó por sus ojos por segunda vez en el mismo día. Justo cuando Inuyasha estaba a punto de silenciarla con un beso, Sango entró corriendo en la cocina e Inuyasha soltó a Kagome como si le quemara…
—Kagome —Sango tragó saliva—, deberías venir.
Mientras intentaba que su sangre volviera a circular por sus venas, arqueó una ceja.
—¿Qué pasa?
—Tus padres están aquí…
-x-
Kagome entró corriendo en el salón y se encontró a Akira, Korari y a un muy enfadado Souta sentados en el sofá. Inuyasha sintió, instantáneamente, que la confusión lo atravesaba. ¡¿El famoso Akira Higurashi?! Su padre… Inuyasha miró a Kagome con los ojos abiertos como platos.
—Padre —dijo Kagome gélidamente—, madre.
Miró a su hermano y sonrió con ternura.
—Mocoso —le dijo y Souta se levantó para abrazar a su hermana. Al abrazarlo con fuerza él suspiró.
—Me quitaron el móvil y me encerraron. ¡Estuve confinado en mi maldita habitación!
Kagome fulminó con la mirada a su padre, lista para atacar verbalmente. Ya echaba humo por culpa de su discusión con Inuyasha, así que no necesitaba que alimentaran más su ira. Ya estaba en llamas.
—Me alegro de que estés bien, Kagome —dijo Akira con frialdad.
—Lo mismo digo, padre —replicó Kagome en el mismo tono. Kikyo no entendía por qué el mismísimo Akira Higurashi estaba sentado en casa de su Inuyasha, pero Inuyasha ya lo había entendido. No era tonto.
—Me alegro de que te hayas pasado el verano viviendo aquí —comentó Akira sarcásticamente. Miró a su alrededor y resopló—. Aunque tu casa de verano es mucho más grande.
—Ésa es la casa de verano de Souta. La mía es más bien inexistente —soltó Kagome con brusquedad. Korari se levantó y fue hacia Kagome, pero ella se apartó del agarre de su madre.
—Oh, cariño —la arrulló Korari—, Miko, ¡no seas así!
Ese fue el detonante. Todos se quedaron estupefactos al ver que Korari Higurashi llamaba a Kagome Miko. El apodo de Korari para Kagome siempre había sido Miko, y de ahí era de donde lo había sacado.
—No me vengas con esas, madre —dijo Kagome en un susurro amenazador. Souta se cruzó de brazos y se puso al lado de su hermana. Akira se levantó y se desempolvó los pantalones.
—Bien, eso es todo. Kagome, al coche, ahora. Vas a explicarme con todo lujo de detalles por qué te fuiste de casa en el día en que Naraku te trajo una proposición de matrimonio. —Akira negó con la cabeza en señal de disgusto mientras Inuyasha le lanzaba una mirada de amenaza.
¿Naraku?Pensó mientras veía que Kagome no se movía de su sitio en el salón. Inuyasha tenía el ceño fruncido.
Me mintió. ¡No me dijo en ningún momento que era la jodida Miko después de todas las veces en las que he hablado de contratarla! ¡Maldita bruja!
—Nee-chan. —Souta alzó la mirada hacia Kagome, que tenía lágrimas en los ojos. Mientras se las limpiaba lentamente, recordó la charla que había tenido con Inuyasha momentos antes.
Él la estaba usando. En cuanto se fuera volvería con Kikyo.
Al dar un paso adelante, Kagome fue interceptada por Sango, que portaba una mirada decidida.
—Kagome, no vas a ir, ¿no?
Kagome abrazó a Sango sonriendo débilmente.
—Muchas gracias —susurró y los ojos de Sango se abrieron como platos, clavándose en Miroku.
¡Haz algo! Vocalizó Sango en su dirección. Miroku se levantó y se dirigió hacia Akira.
—Legalmente es una adulta, Akira —empezó Miroku—, creo que estás infringiendo la ley…
—¡Claro que está infringiendo la ley! ¡Los derechos humanos! —chilló Sango. Ahora se alegraba de haber estudiado Derecho en la universidad.
Miroku asintió en dirección a su esposa.
—Tiene 20 años. No puedes obligarla a que se case con Naraku.
—Oh, sí que puedo —dijo Akira en un susurro decidido—, y lo haré. Ven, Kagome.
Al volver a mirar a Inuyasha, lo único que vio en sus ojos fue pura ira y odio. Ira por ella, pero el odio no era en su dirección. El odio iba dirigido estrictamente hacia Akira. Kagome tragó saliva, se dio la vuelta y asintió, siguiendo a su padre sin más hasta el coche.
—¡KAGOME! —Sango corrió tras ella mientras Miroku sujetaba a su hija. Gruñendo, Sango se volvió hacia Inuyasha.
—¿QUÉ demonios ha pasado en la cocina entre vosotros dos? ¡Se escapó de casa porque sus padres la iban a obligar a que se casara con Naraku y de repente está dispuesta a volver! ¡¿Qué HICISTE?! —exigió Sango e Inuyasha resopló.
—No es culpa mía. Si Miko quiere volver, entonces déjala.
Una mirada asesina se depositó en los ojos de Sango.
—Si me entero de que Naraku la viola en grupo —Estaba que echaba humo—, ¡TODO AQUÉL que esté metido en esto estará MUERTO! Esa chica se fue por TU culpa, lo sé. Ven, Miroku, quiero irme ya.
Miroku asintió, se levantó con su hija en brazos y se dirigieron a sus habitaciones. Los demás empezaron a levantarse, todavía sorprendidos, dejando a un perplejo Inuyasha de pie en medio de su salón…
Ella es… ¡¿Miko?!
-x-
—Así que te escapaste, ¿eh? —se burló Akira mientras Kagome se sentaba en el asiento trasero, su hermano estaba jugando con las puntas de sus dedos—. Vas a vivir el infierno cuando lleguemos a casa, Kagome.
—Lo estoy deseando, padre —contestó Kagome con el mismo veneno en su voz. Korari le lanzó a Kagome una mirada de advertencia, pero ella la ignoró de plano.
—Sabes que también odio a Inuyasha. Si hubieras encontrado a cualquier otro hombre lo habría aceptado —dijo Akira con una voz considerablemente más suave, pero todavía llena de veneno y crueldad.
—Pues qué mal —bufó Kagome—, supongo que sólo atraigo a lo mejor del mundo de los negocios.
Souta quiso reír y Akira gruñó.
—Te casaremos en cuanto lleguemos a Japón.
—Genial —afirmó Kagome con gran sarcasmo—, lo estoy deseando.
Su padre eligió no responder y Kagome miró por la ventanilla, sus ojos le escocían por las lágrimas…
¿Por qué yo? Se preguntó mientras su hermano le daba un apretón en la mano, ¿qué demonios he hecho tan mal para que Dios me castigue de esta forma?
Con una silenciosa oración, Kagome estaba preparada para enfrentarse a su destino…
-x-
Son poco más de las dos de la mañana y el lunes tengo examen, pero aquí os traigo el capítulo.
Muchísimas gracias a todos los que comentáis en cada capítulo, me encanta leer vuestras opiniones. Espero que os guste mucho, estaré esperando vuestros comentarios.
