El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

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Destino, allá voy

Habían pasado cinco días desde que Kagome había vuelto a la fuerza a Japón y Akira no había dicho ni una palabra. Korari comprobaba de vez en cuando qué tal estaba Kagome, pero ella la ignoraba. Con el único con el que hablaba Kagome era con su hermano y con su fotógrafo, ya que había vuelto al modelaje.

ENCONTRADA: ¡Miko Higurashi!

Informes confirman que la floreciente modelo, Higurashi Miko, fue encontrada hace cinco días y llevada inmediatamente a casa por su padre, Higurashi Akira. Alojada en algún lugar de Hong Kong durante un mes, no está claro de momento dónde se estuvo ocultando Miko durante todo el mes pasado…

Kagome gruñó y tiró el periódico en su cama, recostándose después en su almohada y encogiéndose sobre sí misma. Habían pasado cinco días y medio desde que la habían sacado de la mansión Takahashi delante de sus amigos, y nada parecía haber cambiado de momento. Akira todavía no había hablado con ella y a Kagome tampoco le habían llegado noticias de Naraku. Una llamada en la puerta al ritmo de una canción de cuna le hizo saber a Kagome instantáneamente que se trataba de Souta.

—¡Adelante! —llamó, y su hermano pequeño entró vestido con su pijama.

—¿Qué tal, Nee-chan? —preguntó Souta mientras se sentaba al lado de Kagome. Kagome se incorporó y se puso frente a su hermano, con las piernas cruzadas sobre la cama.

—¿ qué crees? —gruñó Kagome con frustración—. Que me saquen de una mansión perfectamente perfecta, salvo por ciertos personajes, y que me vuelvan a lanzar dentro de mi normal y muy desagradable vida real… Me sorprende bastante que siga viva y que no me haya colgado de un ventilador de techo o algo así.

—Me alegro de que no tengamos ventiladores de techo en casa —bromeó Souta y Kagome se rio mientras abrazaba su osito de peluche, un regalo que le había hecho su madre cuando había cumplido diez años.

Kagome había empezado modelando como Miko cuando tenía trece años, un poco más joven que Souta en este momento. Había sido alrededor del mismo tiempo en que su familia se había vuelto famosa, y Kagome había afirmado que no quería ser conocida públicamente como Higurashi Kagome. Su familia empezaba a ser conocida y no mucha gente sabía que Higurashi Kagome era la hija de Akira y Korari.

Aceptando los deseos de su hija, Akira y Korari transformaron a Kagome en Miko y desde entonces Kagome había sido modelo.

—Pero una pregunta, algo que no entiendo… —empezó Souta y Kagome se puso cómoda en su cama antes de apremiar a su hermano para que continuara. Souta respiró hondo y continuó con su pregunta—. Legalmente eres adulta. ¿Por qué dejas que madre y padre dirijan tu vida?

—Chantaje —masculló Kagome y Souta arqueó una ceja, confuso.

—¿Eh?

—Empecé modelando como Miko antes de ser legalmente adulta, y ya sabes lo mucho que odio la publicidad y que te persigan los paparazzi. Así que madre y padre dijeron que, en cuanto cumpliera los 18, si iba en contra de sus deseos, sólo me darían una oportunidad antes de desvelar mi identidad.

Souta tenía la mirada inexpresiva y Kagome le sonrió débilmente.

—¡¿Hicieron eso?! —gritó Souta, obviamente sorprendido de que sus padres fueran capaces de chantajear a su propia familia. Kagome asintió con solemnidad y Souta se tronó los nudillos.

—Si no fueran mis padres…

—No —Kagome le lanzó a su hermano una mirada amenazadora. Souta se calmó y Kagome le tocó el hombro. Souta y ella estaban muy unidos y podía contarle cualquier cosa. Algunas cosas que había decidido no revelar eran datos como las fechas de sus períodos y, especialmente, el haberse acostado con Inuyasha. Pero en ese momento, Kagome necesitaba contárselo a Souta o sino explotaría.

—Souta, necesito ir a una farmacia…

Souta arqueó una ceja.

—¿Para qué?

Kagome tragó saliva y miró a Souta directamente a los ojos.

—Necesito hacerme un test de embarazo…

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Todos habían vuelto solemnemente a sus respectivas casas. Inuyasha había escogido a una chica cualquiera para la portada de su revista, ni siquiera había querido mirar fotos de Miko por temor a recordar cosas del mes que había pasado con ella en su casa de verano. Había sido ese mismo mes cuando había probado por primera vez el sabor del amor… su primera noche de sexo apasionado.

Al salir de su oficina, Inuyasha recordó que tenía que recoger a Ai del colegio, ya que Miroku estaba en la clínica y Sango había vuelto a ejercer. Ai había entrado en un colegio privado que comenzaba en agosto. Inuyasha dejó su maletín en el asiento del copiloto, encendió el motor, cambió de marcha poniéndola en marcha atrás, y salió del aparcamiento. Puso la marcha en aceleración y salió rápidamente del parking.

Llegó justo cuando sonaba la campana del colegio de Ai y salió del coche, viendo a los niños correr. Al ver que Ai corría hacia él, Inuyasha sonrió y se puso de rodillas, abrazando a la pequeña.

—¡Tío Inu! —Ai sonrió e Inuyasha volvió a sonreír. Ai y Hikari estaban en primero e iban al colegio, mientras que los demás niños o estaban en la guardería o aún no podían ir al colegio.

—¿Qué tal, Ai?

—¡Muy bien! ¿Me vas a llevar a casa?

Inuyasha asintió y abrió la puerta del copiloto para que Ai subiera. Ai apartó el maletín y se sentó mientras Inuyasha le abrochaba el cinturón.

—Bien, bueno ¿qué ha pasado hoy?

Ai tomó aire y empezó la historia del niño que le había robado la galleta y de cómo había respondido bien a seis preguntas y de que la profesora le había dicho que coloreaba muy bien…

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Inuyasha aparcó en casa de los Lin, encontrándose con que Sango aparcaba al mismo tiempo que él. Miroku todavía no había llegado a casa. Inuyasha aparcó al lado de Sango y bajó del coche junto con Ai, que corrió hacia su madre, abrazándola con fuerza mientras Inuyasha permanecía enfrente de Sango, cruzado de brazos.

—Gracias, Inuyasha —dijo Sango en voz baja. Todavía sufría por el incidente que había ocurrido cinco días antes en su casa de verano. Kagome no se había puesto en contacto, sólo sabían que la prensa sensacionalista gritaba el regreso de Miko. Sango y Miroku notaban un aura de descontento cada vez que salía el tema de Miko.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó Inuyasha y Sango asintió, dándose cuenta de que esto ocurría por primera vez desde que Kagome se había marchado la semana pasada. Sango le indicó a Inuyasha que entrara, abrió la puerta y Ai entró corriendo, directa hacia su habitación.

—Coge algo de comer mientras me cambio —le indicó Sango e Inuyasha asintió. Casi conocía su casa como si fuera la suya, por lo que fue hacia la nevera y cogió una manzana. Como Inuyasha la lavó durante más tiempo del que pretendía, le sacó el exceso de agua y volvió al salón, donde encontró a Sango con unos vaqueros y una camiseta amarilla puesta.

—¿Qué pasa? —le preguntó Sango y él se quedó callado un momento antes de hablar.

—¿Has contactado con Kagome? —preguntó y Sango negó con la cabeza.

—Nada. He intentado llamarla, pero no le pasan las llamadas. La única forma de tener noticias de ella es a través de los medios.

—¿Sabes si ya se ha casado con Naraku? —preguntó Inuyasha con aversión y Sango negó con la cabeza.

—No lo ha hecho. Son noticias demasiado grandes como para que no las publiquen en los periódicos. Además, a su familia le gustan las bodas a lo grande, y una en cinco días no cumpliría con sus estándares.

Tras asentir una vez más, Inuyasha se quedó callado unos buenos diez minutos. En ese tiempo, Sango le sacó un poco el polvo al salón mientras Inuyasha se quedaba mirando a la nada, formulando un plan en su mente.

—¿Sus padres saben que Naraku violó en grupo a su última esposa? —preguntó Inuyasha de repente y Sango se encogió de hombros.

—No lo sé. Incluso si lo supieran, no creo que les importara…

Inuyasha frunció el ceño ante la respuesta de Sango, fijando la mirada en la pantalla de la televisión, que estaba apagada, antes de levantarse repentinamente.

—¿Cuánto tardan en procesarse los documentos legales? —le preguntó a su amiga abogada.

—Depende de los documentos, ¿por qué? —A Sango le picaba la curiosidad.

—Quiero traer de vuelta a Kagome —dijo Inuyasha en voz baja y a Sango se le suavizó la mirada.

—Inuyasha… no creo que eso sea posible. Cuando Kagome se marchó vi la tristeza en sus ojos cuando te miró a ti. Habías hablado con ella de algo que la puso muy triste y, con sus padres allí, eso multiplicó por dos el golpe. La conozco, no se habría ido a menos que supiera que, si se quedaba, cierta situación acabaría siendo peor…

—Mierda —maldijo Inuyasha—. Sé lo que voy a hacer. ¿No crees que le habría propuesto matrimonio a Kikyo si Kagome no significara nada? Sé que lo viste, tú eres su mejor amiga. que viste algo entre ella y yo. ¿Crees que me voy a quedar quieto y ver cómo se casa con ese jodido bastardo que no vale ni dos céntimos? —Inuyasha se estaba enfadando cada vez más y Sango lo estaba sintiendo.

—Sé cómo te sientes pero confía en mí, fue una cosa pasajera… —La voz de Sango sonaba falsa, incluso para ella. En todo caso, a ella le gustaría que Kagome se casara con Inuyasha en vez de con Naraku, sin importar cuánto daño le hubiera hecho Inuyasha a Kagome, eso era mucho mejor que casarse con un babuino que podía violarla en grupo.

La ira estalló en Inuyasha y gruñó con ferocidad.

—¿Una cosa pasajera? ¡Sabes tan bien como yo que lo que tuvimos Kagome y yo no fue una cosa pasajera!

Sango sabía que era cierto. La forma en que Inuyasha y Kagome actuaban el uno alrededor del otro parecía más profunda de lo que cualquier lío de verano podía llegar a ser. Sango tenía una expresión seria en su rostro cuando volvió a mirar a su amigo.

—¿Qué documentos legales necesitas?

Tragando saliva con fuerza, Inuyasha miró a Sango con seriedad.

—Certificados matrimoniales falsos…

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Souta había usado la excusa de ir a comprar algo para su última película para coger un test de embarazo para su hermana. Metió la caja en su bolsillo trasero y subió corriendo las escaleras para encontrar a su hermana tirada en la cama con lágrimas en los ojos.

—¿Qué pasa, Kagome? —preguntó Souta con tono de preocupación mientras corría hacia su hermana.

—Madre acaba de decirme que los Onigumo van a venir dentro de una semana para hablar de mi compromiso, y que no hay marcha atrás.

Souta le tendió a Kagome el test de embarazo con una mirada inexpresiva, y ella lo cogió con una expresión de agradecimiento.

—No voy a preguntarte los detalles —dijo Souta con decisión—, pero si da positivo, quiero saber de quién es.

Kagome asintió y entró en el baño, preparándose para descubrir si sus sospechas eran ciertas…

¿Estoy embarazada?

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—¿Certificados matrimoniales falsos? —preguntó Sango e Inuyasha asintió.

—Sí. En cualquier caso, no quiero que se case con Naraku, sólo que se libre casándose falsamente conmigo. Cuando terminen todas las formalidades, dentro de unos meses, puede marcharse si quiere con la noticia de que se divorció de mí. Nadie más lo sabrá excepto ella, yo y el abogado que expida los documentos.

—Es decir yo —afirmó Sango e Inuyasha asintió.

—Si puedes tramitarlo puede que podamos salvarla.

—Y eso viene de un tipo que pensaba que le habían mentido. —Sango se estaba divirtiendo bastante.

—Sí, bueno, sólo pensaba que…

—Ella hizo lo que tenía que hacer —completó Sango e Inuyasha asintió.

—Puedo conseguirte los documentos en una semana y media —declaró Sango—. Ponle unos días más o unos días menos.

Asintiendo y soltando un suspiro de alivio, Inuyasha asintió y le dio las gracias a Sango.

—Llámame si necesitas algo —afirmó y Sango asintió.

—Todo lo que voy a necesitar es tu firma. Puedo falsificar bastante bien la de Kagome, así que eso está cubierto.

Tras darle a Sango un abrazo amistoso, Inuyasha abandonó la casa dejando a Sango perdida en sus pensamientos.

Sí que debe de sentir algo por ella si está dispuesto a falsificar certificados de matrimonio… pensó Sango para sus adentros.

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Sentada en el retrete con el test de embarazo posado en la encimera, Kagome soltó un pesado suspiro mientras pensaba en los últimos días. Su período iba con un retraso de unos pocos días y eso la había preocupado inmediatamente, dado que había tenido sexo con Inuyasha la semana anterior.

Al mirar al largo palito que se mofaba silenciosamente de ella, a Kagome se le aceleró el corazón mientras apretaba las manos sobre su regazo, rezando silenciosamente para que el resultado fuera negativo y pudiera borrar a Inuyasha de su vida.

Cómo va a ser eso posible si creo que estoy enamorada de él…

Al mirar al reloj de pared del baño, Kagome vio que el tiempo de espera de veinte minutos había terminado y se levantó con expresión decidida.

—Destino —susurró mientras cogía el test de embarazo—, allá voy…

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He conseguido sacar algo de tiempo para traeros este capítulo, así que espero que os guste. He colgado una pequeña encuesta en mi perfil, si podéis votar en ella os lo agradecería mucho ^^.

Muchísimas gracias por todos vuestros reviews, han sido más que otras veces, así que estoy muy contenta. Espero poder traer pronto el siguiente.

Besoos.