El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Oh, no
Kagome tenía los ojos cerrados mientras sacaba el test del tubo, no quería ver el resultado. ¿A lo mejor era demasiado pronto? No… su periodo llegaba casi una semana tarde y había tenido sexo durante el tiempo en el que sería más fértil. La mejor prueba la señalaba el hecho de que podía estar embarazada, a pesar de que el embarazo inmediatamente después de tener sexo por primera vez tenía un porcentaje de probabilidades de ocurrir del 10%.
Kagome estaba a punto de sacar el resultado del tubo cuando alguien llamó a la puerta del baño. Metió el test de embarazo en el bolsillo de su pantalón, se lavó las manos y se arregló el pelo antes de abrir la puerta, descubriendo a su madre.
—¿Qué estás haciendo, cariño? —Korari sonaba descorazonada—. ¡Tu padre te ha estado llamando los últimos diez minutos! Souta dijo que estabas en el baño.
—Sí, yo me… me encontraba un poco mal. —Bueno, eso era más o menos verdad. Kagome se encontraba mal. Pero no de la forma en que su madre interpretaba su malestar.
—¿Estás bien, cariño? —La voz de Korari se volvió inmediatamente chillona, algo normal cuando la madre de Kagome se preocupaba. Mientras trataba de controlar la urgencia de poner los ojos en blanco, Kagome asintió.
—Sí, estoy bien…
—¡Bien! Tenemos unos cuantos vestidos abajo para ti. Quiero que escojas tu favorito para cuando Naraku venga dentro de dos días. ¡Oh, señor! ¡Mi hija se va a casar! ¡Esto es tan emocionante!
Korari salió rápidamente de la habitación y Kagome la siguió, atontada, vagamente consciente del test que se le enterraba en la pierna como un garfio. Kagome se metió un mechón detrás de la oreja al llegar al final de las escaleras, donde entró en el salón y se encontró a su padre inclinado sobre tres vestidos bastante exquisitos.
—¡Ah! Kagome… ¡ven!
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Inuyasha estaba sentado en su habitación de su verdadera mansión. Su mansión era cinco veces más grande que su casa de verano, pero en ese momento a él le parecía una caja fuertemente comprimida. En su casa de verano había estado lleno de luz y alegría cuando Kagome estaba allí y se metía con él. Cuando lo llamaba Casanova cada vez que él se refería a ella como mademoiselle. Inuyasha se pasó los dedos por el pelo y no oyó que se abría su puerta.
—¿Nene?
Inuyasha se encogió inmediatamente. Era la estrella del porno. Al girar la cabeza a la izquierda vio a Kikyo en la puerta con una expresión similar a la preocupación. Aunque nunca se igualaría a la preocupación de Kagome cuando se ponía así.
—¿Qué quieres, Kikyo? ¿Es que no ves que no estoy de humor?
—Había pensado pasarme por aquí y ayudarte —susurró Kikyo seductoramente mientras caminaba hacia Inuyasha, balanceando las caderas en un movimiento circular. Eso le dio asco a Inuyasha. Ella se esforzaba demasiado y eso, a Inuyasha, no le ponía nada. Kagome era tentadora incluso cuando no lo intentaba, y eso era algo especial que se añadía a su inocencia.
Inocencia que le había arrebatado Inuyasha y, sin embargo, Kagome todavía caminaba con la cabeza en alto. Orgullosa y poderosa… puede que como una leona.
—No necesito tu ayuda, Kikyo —dijo Inuyasha en voz baja. Se levantó y se giró hacia ella, con los ojos inyectados en sangre—. De hecho, no te necesito. Apreciaría que te fueras de mi casa y no volvieras nunca más. Hemos terminado.
Kikyo abrió los ojos como platos.
—Estás… ¿rompiendo conmigo?
—Creo que ya lo he hecho. Y ahora, vete.
—¡Pero, Inuyasha!
—Soy Takahashi. Es que… ahora mismo no te soporto. ¡Vete ya!
Kikyo frunció el ceño y se cruzó de brazos.
—Es por esa tipa que cuidaba de Ai, ¿verdad? ¡La madrina de esa niña ha hecho que rompas conmigo! ¡Sólo porque ella sea la jodida Miko no quiere decir que yo no sea nada! Comparada conmigo ella no tiene ningún atributo.
—Tiene inocencia —bramó Inuyasha—, ella no alardea de su culo delante de todo el mundo. Su belleza interna y su inocencia son lo que atraen a los demás, no su gordo trasero ni sus pechos firmes.
—Conque encuentras mis pechos firmes, ¿eh? —dijo Kikyo arrastrando las palabras, obviamente no estaba centrada en el tema. Inuyasha gruñó.
—¡FUERA!
Kikyo dio un saltito y un paso atrás.
—Sabía que me ibas a pedir matrimonio —afirmó con aspereza—. Vi el anillo en tu habitación de tu casa de verano. ¡Vi la jodida inscripción! Decía que me amabas, Inuyasha. Pero es obvio que no es verdad, teniendo en cuenta que no me lo has pedido y tú, que menudas agallas tienes debería añadir, ¡has roto conmigo!
—O cierras la boca, o te callas o el mundo tendrá que ver cómo te echo, personalmente. —Inuyasha ya había tenido suficiente. Dirigiéndole una última mirada asesina a Inuyasha, Kikyo se dio la vuelta y salió corriendo de la casa soltando, obviamente, lágrimas falsas.
Farsante. Pensó Inuyasha para sus adentros mientras se recostaba en su cama. Sus pensamientos vagaban en torno a una belleza de ojos marrones…
Kagome…
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Kagome había escogido un vestido azul pálido de las tres opciones que tenía. Su elección tenía tirantes gruesos que se unían a la parte de arriba, que parecía un corsé. La parte de arriba se conectaba con una falda fluida que terminaba justo por encima de sus tobillos. El vestido era todo azul claro, salvo por los estampados de cachemir que se enredaban arriba.
Kagome se sentó en su habitación, agarrando el vestido e intentando ordenar sus pensamientos. Bueno, allí estaba, escogiendo el vestido perfecto para impresionar a Naraku mientras sus amigos estaban en Hong Kong maravillándose por el hecho de pasar un mes con la famosa Miko.
Kagome encontró la ironía enorme e inútil. Mientras ella se preparaba para impresionar a Naraku, por dentro podría estar ayudando a crear al primogénito de Inuyasha…
¡Un momento! Kagome puso el vestido en la cama y sacó el test de embarazo que había estado metido todo ese tiempo en su bolsillo. Kagome tragó saliva y miró la puerta de su habitación, viendo que estaba cerrada. Bien. Pensó, lista para sacar el resultado del tubo. Se olvidó de todo por un momento, se olvidó de que se iba a casar con Naraku, de que sus padres estaban listos para asumir el control de su vida y destrozarla, se olvidó de que la habían arrancado de donde era verdaderamente feliz… bueno, al menos mientras le había durado la felicidad. La mente de Kagome estaba enfocada sólo en el test de embarazo y en Inuyasha.
Kagome tragó saliva e intentó controlar sus temblorosos dedos mientras sacaba lentamente el tubo del test. La caja había dicho que si sólo había una línea roja era negativo, pero que si había dos líneas rojas, entonces significaba que era positivo. Cerrando los ojos y rezando por una única línea roja, Kagome sacó toda la cubierta del test.
Y entonces empezó a abrir los ojos lentamente. El test de embarazo estaba bocabajo. A Kagome le bajó una gotita de sudor por la sien ante ese cambio en el ambiente y le dio la vuelta al test de embarazo para ver el resultado. Sintió inmediatamente que se le helaba la sangre.
Había dos líneas rojas.
Oh no…
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Sango cogió el teléfono, que estaba sonado, y lo apoyó contra su oído.
—¿Hola?
—¡Sango!
A Sango se le atragantó la respiración mientras se daba la vuelta y agarraba con fuerza el teléfono contra su oído. No había escuchado esa voz en cinco días y eso la había estado matando internamente. Pero ahora que había oído la voz de su mejor amiga, Sango habría deseado no haberlo hecho.
Sango había empezado a llorar.
—¡Oh dios mío, Kagome!
—Oye, no puedo hablar mucho tiempo. Usé la excusa de salir con Souta y estoy en una cabina. Tienes que escucharme atentamente.
—Bien. —Sango se puso seria en ese momento, al oír la urgencia en el tono de Kagome. Hubo unos crujidos y susurros del otro lado.
—¿Hay alguien, Souta?
—No, todavía no. Sigue hablando.
—De acuerdo… Sango, ¿sigues ahí?
—Sí, continúa.
Kagome se movió de forma que su espalda estuviera apoyada contra la cabina. Estaban dentro de un centro comercial y Souta llevaba puesto un sombrero y unas gafas de sol, intentando mantener oculta su identidad. Habían llevado mucho dinero consigo, en caso de que alguien los descubriera Kagome y Souta podían usar la excusa de comprarse fotos suyas de su última película.
—Vale. ¿Recuerdas la noche en que todos nos emborrachamos en la fiesta de cumpleaños de Ai? ¿Y Miroku y tú me dejasteis a solas con Inuyasha porque estabais cansados o algo así?
—… Sí… —Dijo Sango lentamente. Kagome tragó saliva.
—Vale, bueno… esa noche en vez de buscar mi habitación, me encontré en la habitación de Inuyasha y él encontró el camino bajo mi ropa y entre mis piernas, por la mañana descubrimos que estábamos durmiendo desnudos el uno junto al otro…
Sango estuvo un momento callada antes de explotar.
—¡¿TUVISTEIS SEXO?!
Kagome esbozó una pequeña sonrisa.
—Me alegro de que lo hayas entendido, Sherlock.
—¡Oh, Dios mío! ¡No me extraña que los dos estuvierais hostiles por la mañana! Sexo sin quererlo… mierda… ¡voy a matar a ese estúpido por quitarte la virginidad! ¡Aghh! ¡Tú espera a que Miroku y Kouga se enteren!
—¡No, no! —susurró Kagome con urgencia—. Tienes que prometer que no se lo contarás a nadie.
—¿Y por qué demonios no? ¡Ese gilipollas va a MORIR!
—¡Sango, escúchame! —Kagome temía lo que iba a decir a continuación. Sango sonaba como si estuviera jadeando y Kagome tuvo ganas de tirarse a una zanja en ese mismo momento y no salir nunca.
—¿Qué?
—Estoy embarazada…
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Sango estaba sorprendida. No, "sorprendida" no era la palabra… estaba… SORPRENDIDA. Su mejor amiga, la siempre inocente Kagome, que siempre proclamaba que tendría sexo con el hombre con el que supiera que iba a pasar el resto de su vida, no sólo había tenido sexo prenupcial, sino que también estaba embarazada del primogénito del reconocido mundialmente Takahashi Inuyasha.
Eso sí que era una sorpresa.
—¡¿EMBARAZADA?! —chilló Sango—. ¿ESTÁS EMBARAZADA? ¿CUÁNDO LO DESCUBRISTE?
—Hace menos de una hora. Shh, Sango, escucha, no tengo tiempo… Souta, ¿quién es ese?
—Nadie, ¡no te preocupes y termina de hablar! —Kagome ya le había explicado todo a Souta y, para su sorpresa, su hermano estaba tranquilo con todo. Él era el que le había dado la idea de decírselo a Hong Kong.
—Sólo quería decírtelo. Por lo de que eres mi mejor amiga y eso. Si mis padres lo descubren antes de que me case con Naraku, abre un caso contra ellos por dos asesinatos simultáneos… Estoy bastante segura de que voy a morir a manos de mi amado padre.
—¡Kagome! ¡Seriedad!
—Lo digo en serio. Tú eres abogada, así que llevarás mi caso —Kagome resopló ante su estúpido chiste—. En fin. Simplemente no se lo digas a nadie. Ayame puede saberlo, pero nadie más. Tampoco quiero que Inuyasha se entere.
—¿Por qué? ¡Es su hijo!
—Fue sexo sin compromiso —masculló Kagome con sequedad—. ¿Crees que yo me siento mal? Su primer hijo va a tener de padre a Naraku y, por mucho que odie ahora mismo a Inuyasha, no creo que se merezca un golpe tan bajo.
—Kagome… —empezó Sango, lista para sermonear a su mejor amiga, pero…
—-¡Kagome, es el conductor! —siseó Souta y Kagome tragó saliva.
—¡Lo siento, Sango! Tengo que irme. ¡Adiós!
—¡KAGOME! —bramó Sango pero se había cortado, un pitido le indicaba que colgase. Sango colocó el teléfono en el recibidor, maldiciéndose en voz baja.
Y una mierda que no se lo voy a contar a Inuyasha. Lo siento, Kagome, algunas promesas tienen que ser rotas… pensó Sango para sus adentros mientras levantaba el teléfono y marcaba el número de Inuyasha. Después de unos pitidos, cogió el teléfono.
—¿Hola?
—Soy Sango. Ven aquí, ahora.
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Miroku había llegado ese día temprano a casa del trabajo debido a un fallo en el hospital. Afortunadamente, los pacientes no estaban graves y les habían dado prioridad con otros médicos en la clínica donde Miroku trabajaba normalmente. Justo cuando Miroku entraba en su casa, también lo hacía Inuyasha.
—Hola, tío, ¿qué haces aquí? —Miroku arqueó una ceja e Inuyasha se encogió de hombros.
—Tu esposa me llamó, parecía desesperada.
Miroku frunció el ceño mientras entraba en su casa. Encontró a Sango sentada en el sofá, con las manos en la cabeza y él, lentamente, caminó hacia ella.
—¿Sango?
Alzó la mirada, con la cara roja e hinchada de llorar. Miroku saltó inmediatamente y corrió a su lado.
—¿Qué pasó?
—Él —siseó Sango mientras señalaba a Inuyasha, que retrocedió un paso.
—¿Él? —Miroku arqueó una ceja.
—Él tiene la mejor resistencia al alcohol y, aun así, se llevó cómodamente a Kagome a su habitación. Tiene el mayor autocontrol y, aun así, desvistió expertamente a Kagome. Todavía tiene novia y, aun así, tomó sin dudar la virginidad de Kagome.
Miroku abrió los ojos como platos mientras se giraba hacia Inuyasha.
—¿Te acostaste con Kagome?
Inuyasha estaba tan sorprendido como Miroku.
Cómo ha descubierto Sango… que… En cuanto se dio cuenta, sus ojos se abrieron inmediatamente como platos.
—¿Sango…? —susurró Inuyasha mientras las lágrimas de Sango volvían a aparecer.
—Kagome acaba de llamar desde una cabina…
Miroku miró a su mujer, con los ojos abiertos como platos mientras se imaginaba lo que pasaba.
—Inuyasha —A Sango se le quebró la voz—, Kagome está embarazada de ti…
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¡Y se ha soltado la bomba! ¿Qué os ha parecido? Está interesante, ¿a que sí? Ahora que he terminado mi primera tanda de exámenes, espero poder adelantar trabajo para que cuando tenga la siguiente no estéis mucho tiempo sin capítulo. Espero que os haya gustado mucho.
Muchísimas gracias por todos los reviews que me dejáis, por los favoritos y las alertas, me ponen muy contenta. No os olvidéis de votar en la encuesta de mi perfil si todavía no lo habéis hecho.
¡Hasta pronto!
