El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

-x-

Mi esposa

—Inuyasha —A Sango se le quebró la voz—, Kagome está embarazada de ti…

Embarazada de ti.

Embarazada.

De ti.

Un hijo…

Hijo

—¡¿Que ella está qué?! —exhaló Inuyasha con voz sorprendida e indescifrable. Sango tenía lágrimas en los ojos y Miroku la abrazaba, su propia sorpresa estaba penetrando en su cuerpo. Miroku albergó una repentina urgencia de cerrar su mano en puño y darle un puñetazo a Inuyasha en la cara. Varias veces.

—Embarazada de ti —repitió Sango mientras se frotaba los ojos, no quería llorar en ese momento. Estaba enfadada con Inuyasha. Un fuerte odio estalló en la boca de su estómago al sentir la urgencia de apuñalar a Inuyasha con un cuchillo muy afilado. Varias veces.

—Eso no puede ser… —susurró Inuyasha y Miroku se apartó de su esposa y agarró a Inuyasha por el cuello de su camisa. Inuyasha estaba demasiado sorprendido como para darse cuenta de lo que estaba haciendo Miroku mientras una mirada distante cubría sus ojos.

—¿No puede ser? —siseó Miroku—. ¿No puede ser? ¿Esa chica estaba esperando para tener sexo con el hombre con el que supiera que iba a pasar el resto de su vida y tú vas y dices que no puede ser? Sabes tan bien como yo que Kagome era virgen esa noche, pero en vez de sólo hacer estallar su flor —soltó Miroku con veneno en su voz—, ¡la has dejado embarazada!

Inuyasha, para ser honesto, no tenía respuesta. Podría haber hecho un comentario gracioso y callar a Miroku para siempre, pero no lo hizo. Las palabras flotaron hacia él mientras parpadeaba varias veces. Miroku soltó lentamente el cuello de Inuyasha.

—¿Está vivo? —inquirió Sango, levantándose y caminando hacia Inuyasha. Miroku movió una mano delante de la cara de Inuyasha y éste volvió a la realidad.

—No es que fuera mi intención dejar embarazada a esa mujer —intentó defender Inuyasha su masculinidad. Por desgracia para él, iba contra Miroku, un hombre que tenía conocimiento infinito sobre masculinidad.

—¡Oh, sí! —Miroku puso los ojos en blanco en tono sarcástico—. ¡Todos sabemos que sólo querías sexo poco convencional porque estás harto de Kikyo! Una chica nueva con el cuerpo de una virgen que sólo es algo pasajero… ¿tengo que añadir algo más? La emborrachaste y tuviste sexo con ella hasta que le dolieron las piernas y luego volviste con Kikyo… ¿alguna vez pensaste que ella sufriría las consecuencias? —Menos mal que Ai estaba en la ducha…

—Nunca vuelvas a decir que fue algo pasajero —siseó Inuyasha—-. No lo fue.

—¿Oh, en serio? —Miroku era el único que gritaba y Sango se alegraba bastante. A pesar de su ira incontenida, estaba cansada y no estaba de humor para sermonear a Inuyasha sobre su excéntrico comportamiento.

—¡Mierda! —maldijo Inuyasha—. Que no fue una cosa pasajera. ¿Quieres que te lo represente con orejas de burro en mi próxima conferencia de prensa? ¡Higurashi Kagome no fue algo pasajero!

—¿Y entonces qué fue? —gritó Sango, histérica—-. ¿Sólo alguien que se parecía a Kikyo con el cuerpo de una maldita modelo? ¿Qué fue, Inuyasha?

Inuyasha obviamente no tenía respuesta. Bajó la cabeza. Kagome estaba embarazada de su hijo…

Su hijo…

¿Voy a ser… papá? Inuyasha se dio cuenta en ese momento… iba a ser padre. Asombrando completamente a Sango y a Miroku, Inuyasha esbozó una sonrisa bobalicona.

—¿Voy a ser padre?

—Sí, inteligente, y Kagome ahora se va a casar con Naraku. ¿Ya estás contento? —gruñó Sango, le estaba comenzando a doler la cabeza. Miroku frotaba la espalda de su esposa, su enfado con el magnate que tenía delante no se había reducido en ningún momento.

Inuyasha abrió los ojos de golpe.

—¿Que ella QUÉ?

Sango asintió.

—Por eso vino a Hong Kong, pero sus padres se la han llevado para que se case con ese bufón.

—Lo sé, pero si está embarazada de mi hijo, ¿por qué demonios iba a casarse con ese idiota violador? —gruñó Inuyasha, su ira estaba saliendo a la superficie. Eso hizo que Miroku se enfadara todavía más.

—Oh, no sé —-empezó Miroku, el sarcasmo desbordaba su tono—, a lo mejor porque tuviste sexo con ella una noche, al día siguiente ni te importó, y ahora porque no has ido tras ella en la semana que ha pasado desde que se marchó. Está sensible, confusa y está claro que no piensa como siempre.

—Le dije a Sango que quería documentos matrimoniales falsos para poder traer a Kagome de vuelta —masculló Inuyasha con sequedad, y a Miroku le brillaron los ojos.

—¡Como si ibas a revivir a Gandhi y a bailar la Macarena con él! Kagome no lo sabe, ¿verdad? ¡Va a vender su vida al condenado diablo mientras está embarazada de ti! ¿Cómo demonios piensas que se siente ella? —Miroku estaba lanzado y no se iba a detener ahí por nada del mundo.

—Kagome dijo que no te lo merecías —susurró Sango, y los dos hombres la miraron.

—¿Qué? —Inuyasha arqueó una ceja.

—Dijo que no te merecías ese insulto. El saber que tu primogénito sería criado por un hombre como Naraku. Kagome dijo que no importaba lo que sintiera por ti, no pensaba que te lo merecieras —susurró Sango mientras la ira de Miroku se disparaba. Inuyasha juró ver cómo se movía la energía alrededor de Miroku…

—Ella sigue pensando en ti y preocupándose por ti —siseó Miroku—. Después de lo que le hiciste, todavía sigue preocupándose por ti… eso es ser mujer.

Inuyasha ignoró a Miroku y miró a Sango.

—¿Cuándo es lo más tarde que puedes conseguir esos documentos? Necesito llegar a Kagome, y rápido.

Sango asintió, la seriedad tomó el control.

—Mañana por la noche, como muy tarde.

Inuyasha asintió y miró a Miroku.

—Escucha, no pretendía joderle tanto la vida, pero estoy intentando mejorarlo.

Miroku no tenía nada que decir e Inuyasha se dio la vuelta y abandonó la casa. Sango se derrumbó en los brazos de Miroku.

—¿Por qué Kagome? —sollozó Sango—. De entre todos nosotros, ¿por qué su vida está tan patas arriba?

Miroku no dijo nada mientras abrazaba a su mujer…

-x-

Souta y Kagome estaban sentados en la habitación de Kagome, Souta miraba de vez en cuando el estómago de su hermana. Tan buenas noticias -el hecho de que iba a convertirse en tío y que su hermana iba a ser madre- estaban empañadas porque a) su padre odiaba a Takahashi Inuyasha y b) Naraku se suponía que iba a casarse con Kagome.

—¿Qué dijo Sango? —preguntó Souta tras un largo y cómodo silencio. Kagome alzó la mirada a su hermano y se encogió de hombros.

—No sé. Sonaba enfadada con Inuyasha, eso está claro.

—Obviamente —dijo Souta en voz baja—, quiero arrancarle el pelo después de lo que te ha hecho. Y luego servirlo en una bandeja de plata y obligarle a que se lo coma…

—No es que sea mucha amenaza, Souta —Kagome sonrió, pero Souta se encogió de hombros.

—Confía en mí, será doloroso.

Kagome se tumbó en la cama y puso una mano en su estómago, no estaba muy acostumbrada al hecho de que iba a ser madre. Estaba embarazada, a los veinte, del soltero más cotizado y galardonado siete veces con el premio a Hombre más guapo, y uno de los más ricos e influyentes magnates de los negocios, no nos olvidemos, del mundo.

Al menos el niño tendrá mucho apoyo. Pensó Kagome con remordimiento. Cuando Inuyasha descubra lo de este niño, digo… sé que adora a los bebés, así que… ¿a lo mejor el suyo significará más para él?

Kagome no sabía qué esperar de él. Podría estar enfadado, ¿tal vez eufórico? Quién sabe…

—¿Qué vas a hacer? —le susurró Souta a su hermana, que frunció el entrecejo.

—Ni idea. Le dije a Sango que no se lo contara a Inuyasha, pero no sé muy bien qué va a hacer. En cuanto a las cosas referentes a una nueva vida… tiene un punto de vista completamente diferente. A lo mejor se lo ha dicho a Inuyasha… —Kagome se encogió de hombros—. Lo único que sé es que tengo que casarme con esa… cosa… —soltó Kagome como si fuera el peor insulto que existía.

—No tienes que hacerlo —Souta se encogió de hombros—. Simplemente préndele fuego en el altar y di "NO, GILIPOLLAS" en vez de "Sí, quiero" —Souta soltó una risilla—. Te lo juro, Nee-chan, si lo haces, ¡te beso los zapatos!

Kagome se rió un poco y abrazó con fuerza a su hermano.

—No tengo ni idea de qué haría sin ti, niño.

Souta suspiró mientras le devolvía el abrazo a su hermana.

—No te mereces nada de esta mierda, Nee-chan —murmuró Souta—. Te mereces algo mucho mejor… cuando éramos niños, ¿recuerdas que madre y padre solían estar fuera todo el tiempo? Tú siempre estabas ahí para mí… ibas a las actuaciones del colegio, te quedabas en los sets de rodaje… con tu máscara, por supuesto.

Kagome soltó una risita mientras se apartaba.

—Creo que esa es la razón de que te pongas más de mi parte que de la de nuestros padres.

—¡No tienen ningún derecho a decirte con quién tienes que casarte! ¿Acaso saben que Naraku violó en grupo a su última esposa?

No lo hizo —dijo una voz potente desde detrás de la puerta de Kagome. Souta abrió los ojos como platos mientras se levantaba de un salto y abría la puerta, revelando a su padre.

—¿Cuándo tiempo llevas ahí? —preguntó Kagome, no quería que su padre supiera lo de Inuyasha.

—El tiempo suficiente para saber que has oído los rumores sobre la última esposa de Naraku. —Akira sonrió con calidez.

Así que no ha escuchado que estoy embarazada… pensó Kagome, bastante aliviada.

—Esos fueron simples rumores —dijo Akira en voz alta—. Naraku no violó en grupo a su última esposa. Ella necesitaba una excusa para divorciarse de él y, ¿qué mejor que usar la de una violación en grupo? En serio, las mujeres deberían conocer su lugar… —Akira se dio la vuelta y se marchó.

Cuando Kagome y Souta vieron que no había moros en la costa, Kagome gritó una palabra muy vulgar, haciendo que Souta saltara de su sitio y se apartara de su hermana.

—¡Conocí a la mujer a la que violó! ¡Estaba desquiciada! ¡Ni siquiera parecía que estuviera actuando!

—Es obvio que papá no quiere creer que su yerno está tan echado a perder —Souta puso los ojos en blanco—. Venga —Souta se levantó—, vamos a comer. No quiero que mi sobrino se muera de hambre.

—¿Disculpa? —bromeó Kagome—. ¡Va a ser una niña!

Riendo, los dos hermanos salieron a comer algo.

-x-

La tarde siguiente, Inuyasha estaba sentado en su estudio, hojeando algunas fotos de Miko. Una punzada de dolor llenó el pecho de Inuyasha al darse cuenta de que Miko y Kagome se parecían muchísimo si las mirabas detenidamente.

Otra cosa de la que se dio cuenta fue que, en las fotos, Kagome no sonreía de verdad, sólo posaba… en su casa de verano, Kagome había sonreído y reído de corazón… algo por lo que Inuyasha mataría por volver a ver.

Se había enamorado profundamente.

Inuyasha suspiró y dejó las fotos. Se levantó y se giró para marcharse, pero encontró a Sango apoyada contra el marco de la puerta.

—¿Sango? —Inuyasha arqueó una ceja, pero ella no dijo nada. Sango dio tres pasos adelante y se puso directamente enfrente de Inuyasha, que parecía confuso. Sango le tendió una carpeta.

—Ten —murmuró Sango.

Inuyasha cogió la carpeta de la mano de Sango y la abrió. Era el certificado de matrimonio de Higurashi Kagome y Takahashi Inuyasha. Sango se había tomado la libertad de falsificar la firma de Kagome. Todavía se requería la firma de Inuyasha. Al parecer, de algún modo, Sango también había conseguido la firma de quien había oficiado la ceremonia.

Inuyasha sacó un bolígrafo de su bolsillo y firmó su certificado de matrimonio, haciendo una mueca internamente. Así no era como quería que fuera su primer matrimonio, a pesar de que Kagome y él no estaban casados de ninguna manera…

—Y toma —Sango sacó algo de su bolsillo trasero y se lo dio a Inuyasha—. Me he tomado la libertad de usar tu nombre para comprar un billete a Japón. El vuelo es a las siete de la mañana de mañana, así que prepárate. Quiero a mi mejor amiga de vuelta en Hong Kong de una pieza… con su marido.

Inuyasha entendió lo que quería decir con eso y asintió mientras Sango se giraba y se marchaba. Bajó la mirada a la carpeta y al billete para Japón, y salió de su estudio para ir directamente a su habitación. Tenía que hacer la maleta antes de ir a recoger a su esposa.

Oh, no te preocupes, Kagome, pensó Inuyasha maliciosamente mientras sacaba una bolsa de lona del armario para meter dentro ropa, no voy a dejar que te cases con Naraku mientras estás embarazada de mi hijo. Tanto si te gusta como si no.

-x-

Esos dos días no podrían haber pasado más rápido para la familia Higurashi. Era el día en que la familia de Naraku venía para finalizar la boda entre Kagome y Naraku y, personalmente, Kagome tenía ganas de saltar sobre un árbol y volver a escaparse.

Qué mal que su padre hubiera puesto guardias de seguridad bajo cada ventana y en cada puerta de la casa. Con el vestido que había elegido ponerse para Naraku, Kagome abandonó su habitación con la mirada baja. Eran las seis de la tarde y habían pasado dos días desde que había hablado con Sango.

Tampoco había tenido contacto con el mundo exterior. Tras ese día, Souta y Kagome habían decidido no arriesgar la tapadera de Kagome al ir a otra cabina. El que Sango lo supiera significaba que Ayame lo sabía, y eso era lo único que quería Kagome, que sus dos mejores amigas lo supieran.

Al bajar las escaleras con ese vestido, Kagome hizo una mueca ante la tirantez en la zona del torso. Era algo que no debería ponerse mientras estaba embarazada, a pesar de que sólo tenía, ¿cuánto? ¿Una semana de embarazo?

Aun así, seguía siendo el bebé de Kagome e incluso si el niño llevaba una semana en el vientre de Kagome o nueve meses… seguía siendo lo mismo.

Kagome llegó al pie de las escaleras y fue inmediatamente recibida por un grasiento Naraku y sus padres, Hiroshi y Setsuna. Kagome hizo una reverencia y se sentó al lado de su hermano que, sutilmente, la agarró de la mano a modo de consuelo.

—Es una niña —dijo Setsuna antes de que nadie pudiera decir nada—, tiene sus fases. Pronto se dará cuenta de que mi hijo es la mejor opción para ella.

¡Preferiría casarme con Inuyasha! Pensó Kagome, asqueada, mientras Souta volvía a darle un apretón en la mano.

—Aprecio tu optimismo, Setsuna —Korari sonrió—, y estoy de acuerdo contigo. No podríamos haber encontrado un hombre mejor para mi hija.

—Kagome, querida —Setsuna miró a Kagome—, ¿tienes algo que decir?

—¡AMO AKIRA! —Un hombre de seguridad entró corriendo, pero lo apartó a un lado inmediatamente un muy enfadado…

—¡¿Inuyasha?! —Kagome se levantó con los ojos abiertos como platos.

—Puede que Kagome no tenga nada que decir —gruñó Inuyasha mientras se acercaba a Kagome—, pero yo sí.

—¡No tienes ningún derecho a estar en mi casa! —Akira se levantó, dirigiéndose a agarrar a su hija, pero Inuyasha rodeó la cintura de Kagome con su brazo y la puso como pudo detrás de él.

—Y tú no tienes ningún derecho a obligar a mi esposa a cometer poligamia.

Todos dejaron de respirar y Kagome alzó lentamente la mirada a Inuyasha, que estaba fulminando con la mirada a su familia.

—Estoy aquí para llevarme a mi mujer de vuelta a Hong Kong.

-x-

¡Y aquí llega Inuyasha para salvar el día!

Muchísimas gracias por todos vuestros reviews y vuestros ánimos con mis exámenes, me encanta leeros, de verdad. Espero poder subir otro capítulo el lunes o el martes de la semana que viene, así que hasta entonces ¿me contáis qué os ha parecido el capítulo?

Besoos.