El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

-x-

Bien, ¿y ahora qué?

—Estoy aquí para llevarme a mi mujer de vuelta a Hong Kong.

Akira abrió los ojos como platos mientras se le aceleraba el corazón. Con la mano cerrada en puño, Akira dio dos pasos hacia su hija y su… marido.

—Mentira —gruñó Akira—. ¡Tú no estás casado con Kagome! Te vi cuando fuimos a recogerla la semana pasada… ¡si de verdad estuvieras casado con ella nos habrías detenido!

—Estaba sorprendido —continuó Inuyasha, su voz igualó el tono de Akira. Naraku, Hiroshi, Setsuna, Korari, Souta y Kagome estaban observándolos con los ojos bien abiertos. Kagome estaba especialmente sorprendida. ¡¿Desde cuándo estaba casada?!

—¿Sorprendido? —Akira arqueó una ceja, estaba claro que no creía a Inuyasha. Inuyasha simplemente sonrió mientras se cruzaba de brazos. Aparentaba peligro, de eso no había duda. Su miraba gritaba muerte y, si las miradas mataran, Akira y sus ancestros estarían ardiendo en ese mismo momento en el infierno.

—Sí. Cuando Kagome y yo nos casamos no me dijo nada de que era Miko. Cuando vosotros, sin que os invitaran debo añadir, irrumpisteis en mi casa de verano, reclamasteis que Kagome era Miko. Mi razón es la sorpresa. —Inuyasha había practicado esa frase en el avión desde que había despegado hasta que había aterrizado. Esperaba que sonara suficientemente realista.

Akira no parecía divertido. Kagome alzó la mirada a Inuyasha y lo vio echar humo, literalmente. Luego miró a Naraku, que parecía obviamente sorprendido. Por último, Kagome miró a su hermano pequeño, que parecía estar sonriéndole a Inuyasha con afecto. A lo mejor ésta no era la mejor forma de que ella no se casara con Naraku, pero era evidente que era su única opción. Kagome era la única que tenía que escoger ahora. Casarse con Naraku y demostrar que Inuyasha era un mentiroso, desatando el odio de su padre por el magnate de los negocios o seguirle la corriente a Inuyasha. Seguro que no habría venido sin un plan. Si Kagome le seguía la corriente en lo que estaba diciendo, a lo mejor podía ir a un lugar seguro, tanto para ella como para el bebé, y hablarlo todo con Inuyasha, ¿e intentar arreglarlo todo con calma?

En ese momento era su mejor opción. Al notar un pequeño anillo de diamantes en su dedo corazón, Kagome se lo sacó con disimulo y se lo puso en el anular antes de posar una mano sobre el hombro de Inuyasha. Se aseguró de que su dedo de bodas estuviera a la vista.

—Pensaba que no ibas a venir —susurró Kagome, pero lo suficientemente alto para que todos la oyeran. A Inuyasha le sorprendió oír a Kagome hablar, pero por dentro saltó de alegría. Se dio la vuelta y le sonrió, ahuecándole el rostro con una mano.

—Mi enfado inicial remitió y tuve que venir a buscarte. —Bajó la cabeza y le acarició la mejilla con la nariz—. Ya sabes que te quiero.

Kagome sonrió y le guiñó un ojo disimuladamente a su hermano.

—Yo también te quiero, Inuyasha.

—¡Aparta tu maldita cara de mi hija! —gruñó Akira mientras iba directamente hacia Kagome e Inuyasha—. Ella, en ningún momento, me dijo que estuviera casada contigo, así que yo no tenía conocimiento. ¡Vas a anular esta boda para que mi hija se case con Naraku! —Naraku agarró a Inuyasha por el brazo para apartarlo de Kagome. Inuyasha se giró, gruñendo, y empujó a Akira con tanta fuerza que se desplomó en el sofá.

Korari ahogó una exclamación.

—No me toques —siseó Inuyasha—. Mi esposa no es un objeto. Y no puedes venderla a un babuino al que le gusta violar en grupo. Es mi esposa. Estamos legalmente unidos y maldito sea yo si la obligas a casarse con Naraku.

—¡Yo no violé en grupo a Lilly! —-gimió Naraku, pero Inuyasha le lanzó una mirada amenazadora.

—¡No era Lilly, zopenco! ¡Su nombre es Aiko! ¡Ni siquiera conoces el nombre de tu exmujer! —soltó Inuyasha como si fuera veneno líquido.

—Lilly, Aiko —Naraku puso los ojos en blanco—, son todas iguales.

—¡No, no lo son! —rebatió Inuyasha mientras daba un paso adelante—. Pero puede que para un gilipollas como tú sean todas iguales. ¿A cuántas chicas has violado en grupo? ¿Siete? ¿Ocho?

—¡Yo nunca he violado en grupo a nadie! —presionó Naraku, con los ojos brillando de rabia, pero Inuyasha soltó una fría risa sarcástica.

—¿Esperas que me crea eso?

—¡Mi yerno nunca violaría en grupo a nadie! —bramó Akira mientras ponía su mano delante de él. Inuyasha soltó una fría risa macabra.

—¿Yerno? Señor, legalmente yo soy su yerno.

Akira sonrió repentinamente mientras se levantaba del sofá, desempolvándose los hombros.

—No tienes ninguna prueba. No tienes ninguna prueba de que los dos estéis casados. Por lo que sé, bien podríais estar fingiendo.

Kagome abrió los ojos, horrorizada, mientras Inuyasha esbozaba una pequeña sonrisa.

—Pensaba que dirías eso. Por eso he traído —Inuyasha se metió la mano en el bolsillo y sacó un papel doblado—, a este pequeñín conmigo.

Al pasárselo a Akira, Inuyasha sintió que había ganado. Sin duda. Inuyasha juró ver que el corazón de Akira paraba de latir cuando abrió el papel.

Toda la prueba que quería y más.

—Un… ¿certificado? —susurró Akira y Kagome frunció el ceño. Kagome le dio un codazo a Inuaysha y alzó la mirada hacia él al mismo tiempo que él arqueaba una ceja en su dirección. Lo agarró del cuello y acercó su oído a su boca.

—¿Vas a explicarme cómo es que estamos casados y cómo has conseguido un certificado de matrimonio cuando no estamos ni cerca de estar casados?

Inuyasha sonrió mientras besaba la mejilla de Kagome, asegurándose de que Naraku lo viera bien antes de levantarse.

—Kagome está cansada —Le rodeó la cintura con un brazo y la atrajo hacia su cuerpo—, así que vamos a descansar un poco en su habitación antes de irnos a nuestro hotel. No voy a dejar que mi esposa se quede en una casa donde la tratan como a un perro.

—Os acompaño. —Souta se levantó, sonriéndole a su padre antes de seguir a su hermana y a su cuñado al piso de arriba.

Setsuna se giró hacia Akira.

—¿Tenías la más mínima idea de que tu hija se había casado?

Akira frunció el ceño mientras miraba a Naraku, Hiroshi y Setsuna.

—Aquí hay gato encerrado.

—Bueno, ya no tenemos nada que hacer aquí —dijo Hiroshi con firmeza—. Tu hija es una mujer casada.

—Eso no impidió que tu maldito hijo se casara con una mujer que ya estaba casada. ¿Su nombre no era Lilly? —gruñó Akira mientras se giraba hacia la familia Onigumo. Setsuna frunció el ceño.

—¡Mi hijo es un santo!

Korari se puso detrás de su marido mientras Akira liberaba su ira sobre la familia Onigumo.

—¿Santo? ¡Todo el mundo sabe que violó en grupo a Aiko! ¡Intentaba que esta familia no lo supiera para que Kagome no rechazara el matrimonio, pero ahora que está casada con ese Takahashi, supongo que puedo decir lo que me dé la gana! —Definitivamente, Akira estaba enfadado.

—Vamos —ordenó Setsuna, y su marido y su hijo la siguieron para salir de la casa. Korari se giró hacia su marido.

—Tenías que plantarles casa, ¿no? —chilló Korari.

—¿Importa? ¡Kagome está casada con ese maldito empresario gilipollas! —gruñó Akira mientras se enfrentaba a su esposa. Korari tenía una mirada de determinación en el rostro.

—Inuyasha es más rico que Naraku. ¿A lo mejor eso ayuda?

—¡NO! —bramó Akira—. Me aseguraré de que esos dos no tengan un matrimonio satisfactorio. Odio a ese maldito Takahashi.

Korari suspiró y se dirigió a su habitación. Tenía que ordenar sus ideas. Tras dejar a su marido en el salón, Korari subió silenciosamente las escaleras, con sus pensamientos en su hija.

-x-

En la habitación de Kagome, Souta estaba sentado en el suelo y Kagome estaba sentada en la cama, fulminando con la mirada a Inuyasha, que estaba sentado a su lado.

—¿Qué demonios fue todo esto? —le espetó Kagome a Inuyasha, los ojos le brillaban con ira. Al fin podía liberar al demonio que la arañaba por dentro. Oh, estaba enfadada. Claro que le había seguido la corriente para librarse de Naraku, pero eso no significaba que no estuviera enfadada.

Echaba humo.

—Era para alejarte de Naraku. —Inuyasha se encogió de hombros como si hacer eso fuera lo más común del mundo. Souta soltó una carcajada de diversión.

—Pero tienes que admitir, Nee-chan, que su idea no tenía ningún fallo.

—¿Ningún fallo? —chilló Kagome—. ¿Y si mi firma en ese maldito certificado no fuera perfecta?

—Sango te conoce lo bastante bien como para falsificar perfectamente tu firma —le informó Inuyasha mientras trazaba arabescos en las sábanas de Kagome. Kagome abrió más los ojos.

—¿Sango también estaba metida en esto?

Inuyasha asintió.

—Miroku también lo sabía, pero dijo algo sobre Gandhi y la Macarena, y algo que de tú no lo sabías… el muy maldito me gritó durante mucho tiempo.

Kagome sonrió con cariño.

—Sí… Miroku y Kouga me protegen mucho. —Negó con la cabeza, y volvió a fulminar a Inuyasha con la mirada—. Bien, estamos felizmente casados durante algún tiempo y el retrasado de mi padre me secuestró bajo tus propias narices y no pudiste ir tras de mí porque soy Miko. —Kagome hizo una mueca—. Bien, ¿y ahora qué?

—¿Ahora? —Inuyasha se tronó los nudillos—. Ahora te voy a llevar de vuelta a Hong Kong y vamos a fingir durante unos meses que estamos felizmente casados. Tus padres lo han descubierto y la familia de Naraku también, así que no hay duda de que la prensa y los medios lo descubrirán en los próximos dos días. Al final podremos pedir el divorcio después de que te asegures de que tus padres no venderán tu vida a Naraku.

—¿Y por qué estás haciendo todo esto? —Kagome alzó una ceja y Souta se encontró con que observar a su hermana y a Inuyasha era mejor que ver la televisión.

—Porque tú eres mi mademoiselle. —Inuyasha sonrió con suficiencia mientras Kagome ponía los ojos en blanco, gruñendo.

—Cállate, Casanova —replicó por los viejos tiempos. Se cruzó de brazos y le lanzó una mirada asesina a Inuyasha—. ¿Entonces tengo que fingir estar casada contigo durante unos meses o hasta que no haya moros en la costa para que pueda irme por ahí a buscar el amor?

Inuyasha sonrió.

—Principalmente. —Ocultaré el hecho de que sé que está embarazada por ahora. Esperaré hasta que me lo diga.

Kagome suspiró.

—¿Por qué? ¿Por qué estoy metida en todo esto?

—Porque Dios te quiere demasiado —masculló Inuyasha sarcásticamente—. Recoge tus cosas. Vamos a alojarnos en un hotel durante tres días antes de coger nuestro vuelo de vuelta a Hong Kong. Dejé a Sango a cargo de preparar mi casa para que te quedes.

—¿Así que de verdad voy a vivir contigo? —preguntó Kagome con tono de incredulidad.

—No, mierda. —Inuyasha puso los ojos en blanco—. ¿La mujer de Takahashi Inuyasha viviendo en un sitio lejos de él? Sí, eso va a quedar muy bien con la gente.

—¡A quién le importa la gente! —bramó Kagome e Inuyasha se rió.

—Aparentemente, a Miko no —masculló Inuyasha amenazadoramente—, pero a mí sí.

—Oh, ¿así que ahora vas a fastidiarme con lo de Miko? —chilló Kagome, prácticamente en llamas—. ¡No podía contártelo porque no podía! Eras un maldito tipo cualquiera y yo estaba en tu casa de verano. ¡No le digo a todo el mundo quién soy, vale!

—¿Después de las incontables veces en que hablé sobre contratar a Miko para unas cuantas sesiones? —Inuyasha arqueó una ceja y Kagome se cruzó de brazos.

—Acabarías descubriéndolo en cuanto llamaras a mi agente.

—Ya. Recoge tus cosas, nos vamos en una hora.

Kagome suspiró mientras miraba a su hermano.

—No voy a salir de esta, ¿verdad?

Souta negó con la cabeza.

—Creo que es lo major, Nee-chan. Digo, si te quedas aquí, es posible que padre y madre tomen medidas. ¿Sabes? También podrían haceros daño a ti y al bebé.

Kagome abrió los ojos como platos mientras miraba a Inuyasha. Él simplemente se levantó y miró a Souta.

—Al menos tú lo entiendes, niño. Ayuda a tu hermana a hacer la maleta mientras doy una vuelta por vuestra casa. En serio, comparada con la mía, esta cosa es… diminuta.

Inuyasha abandonó la habitación de Kagome y ella frunció el ceño, bajando la mirada hacia su hermano pequeño.

—¿Te oyó decir que estaba embarazada o ha decidido ignorarlo? —inquirió Kagome y Souta se encogió de hombros.

—¿A quién le importa? Acabaría descubriéndolo, ¿no? Venga, vamos a hacer las maletas…

Kagome frunció el ceño, pero asintió y ella y su hermano recogieron sus cosas.

-x-

Inuyasha bajó las escaleras y examinó la casa de los Higurashi. Era pintoresca y acogedora, eso lo reconocía. Pero estaba llena de cosas. Su casa era más espaciosa. Pero, ¿qué esperaba? Él era cincuenta veces más rico que los Higurashi.

Un momento. Ahora estaba casado con una de ellos. Cómo funcionaba la ironía.

Inuyasha vio a Akira sentado en un sofá y sonrió mientras caminaba hacia su suegro.

—Hola, pa. —Inuyasha sonrió con suficiencia mientras se sentaba al lado de Akira. Akira le lanzó una mirada de asco.

—No me llames pa.

—Vale, papaíto. —Inuyasha se encogió de hombros y Akira gruñó.

—¡Para ti soy Higurashi-san!

—¿Ehh? —Inuyasha arqueó una ceja—. Pero tú eres el padre de mi esposa, lo que te convierte, por extensión, en mi padre. Legalmente eres mi suegro.

—¡Nunca seré tu maldito suegro! —siseó Akira e Inuyasha se rió disimuladamente.

—En serio, pa —Inuyasha se encogió de hombros mientras cogía una bola de cristal de la mesita de centro—, relájate.

—Cállate, Takahashi.

—Takahashi Inuyasha o —Inuyasha sonrió con algo de maldad—, ¿Takahashi Kagome?

—¡Mi hija nunca será considerada como una Takahashi! —soltó Akira mientras Inuyasha se encogía de hombros, lanzando al aire la bola de cristal.

—Oh, no sé. Está casada conmigo…

—¡Cállate! —gruñó Akira mientras se levantaba, pero miró inmediatamente hacia la escalera.

—¡Casanova! —Kagome sonreía mientras bajaba corriendo las escaleras. Inuyasha sonrió y se levantó a tiempo para coger al vuelo a su esposa. Kagome se lanzó hacia su marido y depositó un beso en su mejilla antes de soltar una risita. Se apartó y gesticuló hacia su hermano, que bajaba las escaleras cargado con sus cosas.

—Estoy lista.

—Eso fue rápido, mademoiselle —reflexionó Inuyasha y Kagome sonrió.

—Sí, bueno, Souta me ha ayudado.

—Más bien yo he hecho todo, tío —rió Souta y Kagome le lanzó una mirada amenazadora. Souta había estado de acuerdo en hacer de cuñado agradable con Inuyasha mientras mantenían esa pequeña farsa. Como Souta era un niño prodigio y ya actuaba, hacer del inocente hermano pequeño de su hermana sería sencillo.

—¡No te vas a ir! —gruñó Akira cuando Souta llegó al pie de las escaleras con las cosas de su hermana.

—Detennos —siseó Inuyasha mientras pasaba su brazo alrededor de la cintura de Kagome y empezaba a conducirla a la puerta. Akira frunció el ceño y se lanzó hacia delante, cogiendo a Kagome del brazo y tirando de ella hacia atrás.

Inuyasha abrió los ojos como platos y Kagome se tambaleó hacia atrás, esquivando por poco la mesita de centro de cristal. Su pierna chocó contra el borde de la mesa cuando Akira siguió tirando de ella.

—¡Suéltala! —gruñó Inuyasha y corrió hacia delante, liberando a Kagome de su padre antes de empujar a Akira, que cayó sobre su espalda.

El aire abandonó los pulmones de Akira.

—¡PAPI! —chilló Kagome al ver a su padre jadeando y tratando de coger aire. Inuyasha se rió.

—Déjalo, Kagome —murmuró Inuyasha—, ha actuado mucho y puede hacer fácilmente una escena como esta. Vámonos. Tienes que descansar.

Kagome asintió mientras miraba una vez más a su padre antes de seguir a su marido. Marido.

—Cuídate, niño. —Inuyasha alborotó el pelo de Souta antes de coger la bolsa de Kagome. Kagome sonrió y besó a su hermano en la cabeza antes de seguir a Inuyasha hacia su coche.

Souta tuvo ganas de reír. ¡Eso se parecía mucho a la escena de una película!

-x-

Kagome e Inuyasha permanecieron callados mientras Inuyasha colocaba las bolsas de Kagome en el maletero. Kagome se puso el cinturón mientras Inuyasha cruzaba expertamente del camino de entrada y salía de la propiedad de los Higurashi. Tras permanecer en silencio la mitad del camino, Kagome pensó que iba a explotar.

Era un silencio tan incómodo.

—Bien, Takahashi —siseó Kagome—. Tuvimos sexo una noche, ¿sigues saliendo con Kikyo y aquí estás salvándome de mi podrido futuro casándote conmigo?

Inuyasha simplemente sonrió.

—Vas a explicarte como ningún hombre lo ha hecho antes.

Él simplemente se rió.

—Lo estoy deseando, mademoiselle.

-x-

Siento muchísimo no haber podido actualizar cuando dije, pero me surgió un contratiempo demasiado importante como para poder hacer nada más, pero aquí está por fin. Muchísimas gracias por todo vuestro apoyo, de verdad, se trabaja mucho más a gusto.

Espero tener el siguiente para finales de mes, sigo con exámenes, así que no voy a poder hacerlo antes. ¡Nos vemos!