El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

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En serio, tenemos que hablar

—¿Por qué me odia tanto tu padre? —inquirió Inuyasha mientras estaban sentados en la limusina que los llevaba a la casa de Inuyasha en Hong Kong. Kagome tenía las manos entrelazadas en su regazo mientras miraba a su marido con expresión de sorpresa.

—¿Perdón?

—¿Por qué me odia tu padre? —repitió Inuyasha—. Digo, si está dispuesto a casarte con alguien tan mierda y ni le importa que ya esté yo casado contigo… es obvio que me odia. ¿Por qué? —Kagome tenía que admitir que era un argumento lógico para una pregunta aún más lógica.

—Simplemente te odia. —Kagome se encogió de hombros, no tenía muchas ganas de explicarle por qué su padre odiaba a una de las personas más ricas del mundo. Era una de esas cosas sobre el honor y el respeto que tenían los ricos. Inuyasha había deshonrado a Akira, por lo que Akira no le mostraba ningún respeto a Inuyasha. Eran un montón de trivialidades.

—La razón, por favor —exigió simplemente Inuyasha y Kagome se encogió, ahora sabía cómo había llegado tan lejos en el mundo de los negocios. Este hombre sabía lo que quería y lo obtenía tanto si a los demás les gustaba como si no. Y ahora estaba atrapada en un falso matrimonio con ese hombre. Oh, no podía esperar a contarle que estaba embarazada de él.

Nótese el sarcasmo en esa última parte.

—¿Necesita una razón? Yo odio el marrón y no tengo ninguna razón que lo justifique —El argumento de Kagome era ilógico e Inuyasha resopló, sabiendo que éste era uno de esos días en los que podía ganarle a su querida esposa en una batalla de ocurrencias.

Pero, puede que, si era una mujer sensible, le estuviera afectando el embarazo. Inuyasha estaba empezando a preguntarse cuándo se lo diría… ya habían pasado casi cuatro días desde que estaban juntos… y casados.

—Ya sabes a lo que me refiero, Kagome —bufó Inuyasha y Kagome puso los ojos en blanco.

—¿Y?

—Dime por qué me odia tu padre.

—No lo sé.

—Sí que lo sabes.

—¡Que no!

—¡Que sí!

—¡Que no!

—¡Que sí!

—¡Que no!

—Que… hemos llegado. —Inuyasha detuvo su discusión infantil con tanta facilidad como la había empezado. Kagome parpadeó con sorpresa antes de poner los ojos en blanco. Inuyasha salió de la limusina y se dio la vuelta, extendiendo su brazo hacia su esposa.

Kagome lo apartó con un golpe y salió por sí misma. Justo cuando salió de la limusina se tambaleó e Inuyasha la cogió, sonriendo con altanería. Ella abrió los ojos como platos al ver su casa.

—Vives… en… esa… gran… ¡¿COSA?!

—Corrección, vivimos en esa gran cosa.

—¡Ni siquiera creo que pueda ser calificada como casa! —Kagome estaba completamente sobrecogida. Ni su propia casa llegaba al tamaño de la pantagruélica montaña que tenía por casa.

—En realidad se le califica como mansión. —La actitud arrogante de Inuyasha hizo acto de presencia al impresionar a su esposa con tanta facilidad con su gran casa. Ya vería cuando viera el interior. Las bajas lámparas de candelabros del tamaño de camiones iban a dejarla patidifusa.

—Creo que debería ser calificado de castillo elevado a diez. —Kagome no notó que el brazo de Inuyasha estaba envuelto alrededor de su cintura. Al dar un paso adelante, el brazo de Inuyasha tiraba de la cintura de Kagome mientras ella caminaba inconscientemente a su lado.

—¿Y quién más sabe que estamos casados? —inquirió Kagome mirando a su presunto marido.

—Bueno… a ver… sólo Naraku, tus padres, la recepcionista del hotel y, eh, dos personas del trabajo. —Inuyasha le sonrió y Kagome se crispó.

—¡No tenía que ser algo de ámbito nacional! —gruñó Kagome—. Sólo hasta que mis padres se calmaran con lo de querer casarme con Naraku. —Kagome toqueteaba con un dedo el brazo de Inuyasha que tenía alrededor de la cintura—. Este no es un acuerdo permanente… espero que seas consciente.

—Ohhh, me has roto el corazón, mademoiselle —bromeó Inuyasha y Kagome gruñó, poniendo los ojos en blanco.

—Eres el rey del drama, Casanova —masculló Kagome mientras los dos mayordomos que estaban delante de la puerta la abrían al ver a su jefe en casa con una mujer a la que no habían visto en toda su vida. Kagome estaba impresionada, eso era evidente. Ni siquiera los mayordomos de su casa eran tan receptivos.

Esto era algo a lo que podría acabar acostumbrándose.

—Kai, Tai —se dirigió Inuyasha a ambos mayordomos y ellos hicieron una profunda reverencia.

—Takahashi-sama —respondieron e Inuyasha asintió.

—Takahashi Kagome, mi esposa. —Una frase tan sencilla fue tomada con bastante seriedad y los dos mayordomos le hicieron una reverencia a Kagome.

Dos personas más que conocen esta información innecesaria… pensó Kagome con amargura mientras Inuyasha la conducía al interior de su nuevo hogar.

—El nombre de nuestra asistenta personal es Marika Nakao —dijo Inuyasha rápidamente mientras adentraba a Kagome más en la casa. Ni siquiera pudo apreciar adecuadamente el salón, el comedor, la salita, ni la sala de películas. Todo le pasó zumbando mientras Inuyasha seguía caminando y hablando, conduciéndola a Dios sabía dónde…

—Si alguna vez necesitas algo, díselo a Marika. La casa tiene cuatro chefs que se rotan durante la semana. Dos lavanderas, una del turno de día y otra del de noche, por si necesitas limpiar algo inmediatamente. Están presentes veintidós limpiadoras, cada una tiene asignada una parte en concreto de la mansión. Siempre hay cinco doncellas en las salas de entretenimiento. Una en el salón, una en el comedor, una en la sala, una en la sala de conferencias y la última en la sala de películas.

Kagome estaba impresionada. Este hombre era definitivamente más rico de lo que aparentaba.

—Una cantidad innecesaria de habitaciones: siete en total, sin incluir mi habitación. Tres salas de juegos, en caso de que Miroku, Kouga, Hojo, Daichi y Hayabusa quieran venir de visita. Cada cuarto tiene un sistema de entretenimiento diferente, la primera planta tiene la Wii de Nintendo, la segunda planta tiene la PlayStation 3 y la tercera planta tiene la Xbox 360. La cuarta planta es un gran bar y la quinta es el tejado. Existe la mitad de una sexta planta donde tengo un jardín en la azotea, también tenemos tres jardineros.

Kagome parpadeó al menos unas diez veces e Inuyasha continuó, todavía guiaba a Kagome a algún sitio…

—Hay una sala de juegos aquí dentro, en algún lugar, por si los niños vienen de visita, también hay un estudio en la parte de atrás donde quien sea puede hacer lo que quiera. Ayame finge a veces ahí que es modelo y Hojo intenta cantar. Ahí es cuando doy gracias por las paredes insonorizadas. —Kagome se rió e Inuyasha le guiñó un ojo en broma.

—La sala de conferencias tiene dos ordenadores, mi habitación tiene un portátil. El salón tiene dos teléfonos, la cocina tiene uno, mi habitación tiene uno, cada cuarto de juegos tiene uno y el jardín también tiene conectada la línea telefónica. El número de mi cuarto es distinto al del resto de la casa.

—Cinco baños, dos salas de Jacuzzi…

—¿Tienes una sauna? —Kagome arqueó una ceja e Inuyasha se rió entre dientes.

—No pensé que fuera a necesitarla, así que no.

Kagome dijo "oh" e Inuyasha continuó enumerando los bienes de la casa.

—Piscina en el patio de atrás, un garaje lo suficientemente grande para albergar doce coches y dos limusinas. Hay una sala de pesas al lado del estudio, donde me ejercito. Ahí hay un teléfono, bueno, en realidad dos. Está conectado al número de la casa y al de la habitación principal, ya que me paso el día ahí o en mi habitación…

Kagome asintió e Inuyasha giró a la izquierda en un pasillo extraño.

—Este sitio tiene tres escaleras ocultas y cuatro salidas secretas que nadie más que yo conoce. Puede que te las enseñe si me siento amable.

—Cuidado, Casanova —bufó Kagome e Inuyasha abrió una puerta que conducía a otro pasillo.

¡Este sitio no se TERMINABA nunca!

—También tengo todo un patio lleno de jardines, incluido el de la azotea. El jardín trasero tiene siete fuentes y un estanque de peces koi. Un buen sitio para relajarse. La habitación principal tiene televisión y tres de las habitaciones de invitados también la tienen.

—Nombra una cosa que no tengas. —Kagome arqueó una ceja e Inuyasha sonrió con suficiencia.

—Un cuarto de bebés.

Kagome abrió los ojos como platos e Inuyasha se rió.

—Sólo era una broma, mademoiselle.

—También tenemos un patio trasero donde tengo colocados muebles de jardín. Los veranos se pasan genial en este sitio. Juraría que me olvido de algo… —Inuyasha se toqueteó la barbilla mientras rodeaban OTRA esquina.

—¿Estamos perdidos? —gimoteó Kagome e Inuyasha se rió.

—Nop, pero tengo que enseñarte algo antes de que salgas a explorar este castillo… veamos… tenemos una biblioteca victoriana con libros que datan del siglo XI…

—¿Tienes mapas por todas partes? ¡Porque tengo miedo de explorar esto sin ti para que me guíes! —admitió Kagome e Inuyasha echó la cabeza atrás para soltar una carcajada. Así que era una enérgica humorista que iluminaría considerablemente el día de Inuyasha. Podía imaginarse llegando a casa de un largo día de trabajo y sólo estar con Kagome.

En realidad, la idea era bastante refrescante. Una vida aburrida animada con la actitud infantil de Kagome y su ánimo. Eso era algo a lo que Inuyasha quería acostumbrarse.

—¿Algo más que deba saber? —inquirió Kagome e Inuyasha pensó.

—En realidad, sí. Tengo un cuarto de posters montado en alguna parte, por motivos de trabajo…

—¿Un cuarto de posters? —Kagome arqueó una ceja. Las maravillas de esta casa nunca dejarían de impresionarla. Ya había un jardín, un bar, tres salas de entretenimiento, una sala de películas, una sala, un salón, un comedor, una sala de pesas, una sala de conferencias, una biblioteca, un estudio, ocho habitaciones, una piscina en el jardín trasero, fuentes, dos habitaciones para el jacuzzi, cinco baños, ¡¿y todavía había más?!

Inuyasha asintió.

—Sí… es un cuarto que está, en realidad siempre me olvido de dónde, lleno de fotos de todas las modelos de clase alta que hay. Normalmente la directora de mi revista se pasa el día ahí para encontrar a la modelo perfecta entre las ya conocidas. Es bastante elegante, en realidad y, desafortunadamente para Miroku, ahí no hay porno.

Kagome puso los ojos en blanco.

—Gracias a Dios. Tengo que visitar ese cuarto. Puede que las fotos de mis antiguas compañeras me animen. —Inuyasha se rió mientras rodeaba una escalera de caracol.

—Puede que te la enseñe en algún momento. En fin… Estoy seguro de que me olvido de algo… hay guardias apostados dentro y fuera de la casa por si hay intrusos, dado que los niños se pasan la mayor parte de sus vidas en esta casa.

—¿En tu casa? —Kagome estaba impresionada, por no decir sorprendida.

—Soy la niñera —bufó Inuyasha—. Durante las fiestas especiales todos los niños se apelotonan en esta casa con mis tres niñeras vigilándolos.

—¿Tres? —Kagome estaba, nada MENOS, que más que impresionada—. Vaya, cuando tengas hijos probablemente tendrán la mejor de las infancias.

—Eso espero. —Inuyasha sonrió y Kagome frunció el ceño internamente. ¿Lo sabía? La forma en que respondía a las preguntas sobre niños hacía parecer que ya sabía que iba a ser padre. Pero no era posible… Sango nunca rompía sus promesas, así que las probabilidades de que Inuyasha lo supiera eran posiblemente escasas, ¿casi ninguna?

—¿Algo más? —preguntó Kagome, un poco sarcásticamente.

—En realidad —Inuyasha se detuvo delante de unas puertas dobles de roble—, hay una habitación más…

Kagome frunció el ceño cuando Inuyasha abrió la puerta. Los ojos de Kagome se abrieron inmediatamente como platos y su respiración se aceleró.

—¡No puede ser!

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Akira arrugó un trozo de papel con la foto de Inuyasha. Su odio ahora que sabía que su única hija estaba casada con ese bastardo bueno para nada malcriado crecía más rápido. Aunque Naraku tenía un pasado terrible, Akira sabía que casar a Kagome con Naraku haría mucho bien tanto a su familia como a la industria.

Pero no, se había casado con Takahashi Inuyasha, lo único que podía arruinar todo hacia lo que había apuntado Akira. No dejaría que eso pasara… había trabajado demasiado duro. Pero… ¡demasiado duro! Akira gruñó y tiró la bola de papel al aire y ésta chocó contra la pared antes de rebotar contra el suelo y rodar debajo de la cómoda.

¡Sólo piensa en sí misma! Pensó Akira para sus adentros, ¡ya le enseñaré yo a esa mocosa insolente!

Akira se levantó y salió de su habitación, cerrando la puerta de un portazo. Korari y Souta estaban en uno de los rodajes de Souta y volverían esa noche…

Hasta entonces, Akira decidió hacer unas cuantas llamadas.

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Lo primero que llamó la atención de Kagome fue una ampliación de su foto favorita, esa en la que estaba sentada en un banco casi a medianoche con su pelo cubriéndole la cara y haciéndola irreconocible. La foto que le había sacado Souta hacía años. Además de esa foto, le llamó la atención que el cuarto tuviera el tamaño del salón que tenía Kagome en Japón.

Y, después de eso, la enorme cama de matrimonio en mitad de la habitación. Poco después…

—¡¿SANGO?! —chilló Kagome mientras su mejor amiga se lanzaba hacia ella, abrazándola con fuerza. Miroku sonrió al lado de la cama con Ai en brazos, que dormía cómodamente. Sango sollozó en el hombro de Kagome mientras agarraba con fuerza a su amiga.

—¡Oh, gracias a Dios que estás bien! ¡Después de que te llevara Akira estaba tan preocupada que iba a ponerle una demanda! ¡Oh, Dios mío, gracias a Dios que Inuyasha te encontró antes de que pasara nada…! ¡Oh, gracias! —Sango no podía parar de divagar mientras se aferraba a su amiga. Kagome le frotó la espalda a Sango mientras las lágrimas bajaban también por la mejilla de Kagome. Sango, obviamente, estaba muy preocupada y Kagome no pudo evitar llorar también de alivio. Por alguna razón, el hecho de estar casada con Inuyasha y embarazada de su hijo había volado totalmente de su mente mientras disfrutaba de estar libre de las garras de sus padres.

—¿Tan preocupada estabas? —susurró Kagome y Sango se apartó, limpiándose las lágrimas de los ojos.

—¡Más que eso! Oh, señor, dejaré que te lo explique Inuyasha, pero cuando vino con la propuesta de salvarte, estaba dispuestísima a ayudarlo, pero tenía que mostrar un poco de reticencia… ya sabes… por ser tu mejor amiga y protectora. —A Sango se le oscurecieron los ojos y Kagome supo de qué estaba hablando.

De su embarazo.

—Me alegro de estar de vuelta… en serio… —Kagome sonrió mientras volvía a abrazar a Sango.

—¡Compártela, mujer! —exigió Miroku desde donde estaba con Ai. Kagome sonrió y caminó hacia Miroku antes de abrazarlo con un poco de incomodidad dado que Ai estaba acurrucada en su regazo. Tras besar a la niña que estaba dormida en sus brazos, Kagome sonrió con cariño.

—Sois los mejores… —susurró Kagome y Sango se puso al lado de Inuyasha, sonriendo ampliamente.

—Los demás no saben que has vuelto y no deberían saberlo hasta que Inuyasha y tú estéis listos para, eh… ¿que se sepa que estáis casados? —dijo Sango un poco incómoda mientras miraba a Kagome y a Inuyasha alternativamente. Kagome inspiró hondo antes de sonreír un poco tensa a sus dos amigos.

Inuyasha supo inmediatamente lo que quería Kagome.

—Kagome y yo tenemos que hablar —fue todo lo que dijo Inuyasha y Miroku y Sango entendieron la indirecta.

—Claro. De todas formas tenemos que irnos. Yo bajaré en el ascensor, hasta luego. —Miroku asintió en dirección a Inuyasha antes de guiñarle un ojo a Kagome.

—Me alegro de que hayas vuelto, Miko. —Miroku sonrió y Kagome le devolvió la sonrisa.

—Gracias… ¡¿y tienes ascensor?!

Inuyasha se rió entre dientes mientras la familia Lin se marchaba.

—Supongo que me olvidé de mencionar eso, eh…

—Evidentemente —masculló Kagome con sequedad mientras miraba alrededor de la habitación. Elegante.

—¿Tienes una foto mía aquí? Estás un poco obsesionado, ¿no? —razonó Kagome mientras miraba su foto. Tenía que admitir que agrandarla había sido una gran idea. Estaba mejor en grande que cuando era pequeña.

—En realidad hice que la agrandaran mientras estábamos en el hotel en Japón —afirmó Inuyasha mientras se sentaba en la cama, dando una palmadita al espacio que había a su lado para indicarle a Kagome que también tomara asiento.

Se sentó vacilante al lado de su marido, que la miraba con completa seriedad. Esa naturaleza alegre había muerto y él sabía que esto era algo importante. No había tiempo de jugar ni de hacer bromas, todo tenía que ser formal. Kagome estaba respirando suavemente mientras fijaba la mirada en las sábanas de seda de color rojo oscuro e Inuyasha esperaba a que ella dijera algo.

Nada.

—En serio —dijo él—, tenemos que hablar.

—¡Lo sé! —soltó Kagome y sus ojos se encontraron con los de él. Instantáneamente le asaltó la preocupación, la pasión y una emoción diferente que no podía distinguir. Le daba lástima a uno de los hombres más ricos del mundo…

—No me compadezcas —criticó Kagome mientras Inuyasha alzaba una ceja.

—Yo no te compadezco.

Kagome resopló.

—¡Tu mirada demuestra lo contrario!

—¡Simplemente dime lo que tengas que decirme! —exigió Inuyasha—. Dices que tienes que decirme algo desde que estábamos en Japón.

—¡Tengo que hacerlo! ¡Simplemente no sé cómo decirlo!

—Pues suéltalo, maldición. —Inuyasha se estaba impacientando. Estaba esperando a que le dijera que estaba embarazada…

A menos que no fuera a decirlo…

—¿Cómo demonios voy a soltarlo?

—Bueno, empieza con "Inuyasha" y luego sigues, y al final dices, "ya está".

Kagome frunció el ceño.

—¡No es tan fácil!

—¡Inténtalo! —bramó Inuyasha, su ira se estaba desatando. La actitud de tío agradable ya no estaba presente. Se había salido de su camino, de su vida para salvarla y ahora ella ni siquiera podía decir que estaba embarazada. Le molestaba.

—¡Bien, de acuerdo! —Kagome agarró las sábanas y su mirada se oscureció, igualando a la de Inuyasha.

—Inuyasha —empezó antes de tragar saliva al darse cuenta de la dificultad de la situación.

—Continúa…

Kagome empezó a bajar los ojos y siguió hablando:

—Estoy embarazada de ti…

Cerró los ojos, no quería ver su reacción.

—Ya está… —murmuró Kagome…

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Aquí estoy, libre al fin. Me voy a poner a traducir como si no hubiera mañana y así tendré actualización para la semana que viene.

Vuestros comentarios me han encantado, en serio, los leo siempre y algunos varias veces. Espero que sigáis comentando y nos vemos en la próxima actualización.

Un besoo ^^