El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

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Algo real

—Ya está… —murmuró Kagome.

Inuyasha permaneció en silencio un tiempo y Kagome no encontró su mirada. Su mirada perforaba su alma y podía sentirla en su cabeza. Agarró las sábanas con más fuerza e Inuyasha finalmente respiró hondo.

—¿Y no me lo dijiste mientras estuvimos en un hotel en Japón durante cuatro días? —dijo Inuyasha lentamente mientras Kagome cerraba los ojos con fuerza. Su reacción había sido estoicamente calmada, no era lo que se había esperado, pero probablemente fuera la mejor reacción de todas las que se había imaginado.

—Me estaba… preparando… —susurró Kagome e Inuyasha se levantó y fue hacia la gran televisión, que estaba colocada en la pared enfrente de la cama. Estaban en la habitación principal, la habitación donde Inuyasha dormía todas las noches.

—¿Preparándote, mmm? —replicó Inuyasha con calma mientras apretaba el botón de encendido, haciendo que la televisión cobrara vida.

Kagome no podía decir nada e Inuyasha suspiró, volviendo hacia ella. La televisión estaba puesta en una serie de dibujos y ninguno de los dos le prestó atención. Inuyasha se sentó al lado de su mujer y esbozó inmediatamente una sonrisa arrogante.

—Te dije un día que sólo tú serías la madre de mi hijo. Eso, y que tendrías que disfrazarte de puercoespín…

Kagome abrió los ojos como platos y levantó la vista de golpe, clavándola en los ojos sonrientes de Inuyasha. La ira empezó a acumularse en su interior mientras Inuyasha se cruzaba de brazos, sonriendo ampliamente. Parecía estar disfrutando de la situación.

—¡¿Q-Qué?! —Kagome estuvo un instante paralizada e Inuyasha suspiró.

—¿Lo has olvidado? —Inuyasha puso los ojos en blanco—. Se suponía que te disfrazarías de puercoespín para nuestro hijo porque te dije que eras tú con quien iba a casarme.

Kagome se retorció ligeramente, con una urgencia repentina de darle una bofetada a Inuyasha.

—¿Cómo demonios puedes estar tan tranquilo al descubrir que estoy embarazada de ti? ¡¿Es que acaso no significa nada para ti?!

Inuyasha se encogió de hombros.

—Yo me… recuperé de la sorpresa inicial cuando Sango me lo contó la semana pasada.

Eso fue como una bofetada para Kagome. ¿Su mejor amiga había incumplido su palabra y había roto la promesa que le había hecho? A Kagome se le oscurecieron los ojos e Inuyasha arqueó una ceja al ver que las emociones de su esposa cambiaban de nerviosismo a confusión y luego a ira.

—¿Mademoiselle? —dijo Inuyasha lentamente y Kagome frunció el ceño.

—¡¿Cómo se atrevió?! ¡Me prometió que no te lo diría!

Ahora era el turno de Inuyasha de oscurecer la mirada.

—¿Entonces le hiciste prometer ocultarme que iba a ser padre? ¿Y si nunca me lo dijera y tú decidieras no contármelo, mmm? Qué, ¡¿habría ido por la vida sin saber que tenía un hijo mayor?!

—Ese habría sido el plan —soltó Kagome—, eso es lo que te pasa por intercambiar saliva conmigo en tu casa de verano.

—¡Ya te enseñaré yo lo que es intercambiar saliva! —bramó Inuyasha mientras agarraba con fuerza la barbilla de Kagome y presionaba los labios directamente contra los suyos. Irónicamente, los dibujitos de la televisión estaban canturreando "beso, beso, beso, beso" para que los protagonistas se besaran.

Nadie desafiaba a Inuyasha Takahashi. Nadie. Le había dado a probar a Higurashi, borra eso… a la ahora Takahashi Kagome un poco de desafío en la casa de verano y aun hoy, sólo permitiría que su esposa lo desafiara en una forma que nadie más podría imaginar.

Pero en lo relativo a su… al hijo de ambos que aún no había nacido, Inuyasha tenía que deponer las reglas. Y las reglas afirmaban claramente que Takahashi Kagome era su esposa, fuera falso o no. No importaba qué incidente fuera, Kagome era y seguía siendo su esposa.

Kagome se mantuvo rígida mientras los labios de Inuyasha se movían sobre los suyos. Kagome giró la cabeza y colocó las manos con fuerza sobre el pecho de Inuyasha, dándole un fuerte empujón y haciendo que se apartara del cierre entre sus labios, sus ojos se abrieron con sorpresa y completa diversión.

—¿Por qué combates ahora, mademoiselle? —inquirió Inuyasha cruzándose de brazos mientras se lamía los labios, limpiándose los restos del brillo de labios de Kagome—. ¡¿Por qué no lo hiciste hace unos momentos cuando me besabas abiertamente?!

—¡Ahora es diferente! —chilló Kagome—. Es… es…

—¿Es diferente? —preguntó Inuyasha con voz áspera—. ¿Qué hay ahora de diferente? En aquel entonces yo tenía novia y tú simplemente eras una invitada en mi casa. Ahora estoy casado contigo, sea falso o no, y no tengo otra mujer. Esta es nuestra casa y esta es nuestra habitación. Creo que no hay mayor razón para besarse, ¿no piensas lo mismo?

Kagome abrió los ojos como platos.

—No voy a… a… ¡dormir contigo en esta habitación!

—¿Ah, sí…? —se burló Inuyasha mientras se ponía en pie—. Bien. Haz lo que quieras. Primero ocultas que estás embarazada de mí y ahora ni siquiera quieres que el padre sea parte de la vida de tu hijo. Tú eres la madre —Inuyasha caminó hacia la televisión y la apagó—, tú decides.

Inuyasha se dirigió hacia la puerta y la abrió, mirando por encima de su hombro.

—Tengo que trabajar. Puedes explorar, si me necesitas, díselo a Marika.

Antes de que Kagome pudiera darse cuenta siquiera de lo que estaba pasando, Inuyasha abandonó la habitación y cerró la puerta silenciosamente.

Las lágrimas asomaron de entre los párpados de Kagome mientras se tiraba en la cama, sorbiéndose ligeramente la nariz e intentando contener los sollozos. ¿Por qué le pasaba esto a ella? Ayer mismo estaba jugando con Ai y Hikari y fingiendo ser una princesa para Kyo e Ichiro y dándole el biberón a Kasumi, ¿y ahora?

Estaba embarazada de Inuyasha ¡y él actuaba como si fuera todo culpa suya! La última vez que había mirado el sexo ocurría entre dos personas. Kagome enterró la cara en la almohada y dejó que salieran las lágrimas, no pudo parar los ataques de hipo que salían de su pecho.

Kagome había pensado que estaría mejor en casa de Inuyasha y la verdad es que lo estaba. Pero quedarse en su casa y fingir ser su esposa significaba que se acordaría de lo que habían tenido Inuyasha y ella en su casa de verano. Y Kagome no podía negarlo, lo había amado…

Había amado ser su centro de atención y había amado los besos que le había dado repetidas veces, pero la mayor desventaja era que él había estado con Kikyo y que ella era la desconocida Miko. No era que Kagome odiara estar embarazada. Toda su vida había querido ser madre y tener un marido cariñoso que cuidara de ella y de su hijo.

En ningún lugar de sus planes futuros había espacio para un matrimonio falso ni para un embarazo no planeado. Kagome no se arrepentía de nada. Le encantaban los niños y tener uno propio iba a ser maravilloso. Y no tenía que preocuparse por el padre porque a Inuyasha le encantaban los niños y uno suyo iba a significar más. También estaban los rasgos físicos del niño, pero eso tampoco era un problema.

Inuyasha había sido votado como el hombre más guapo y Kagome era modelo. Su genética crearía un hijo impresionante…

Pero los eventos del matrimonio arreglado de Kagome con Naraku, su huida de casa, vivir algún tiempo con Inuyasha y desarrollar sentimientos por él… eso no estaba planeado.

Claro que Kagome había desarrollado sentimientos por Inuyasha. Se preocupaba por él, sí, pero no era como si estuviera enamorada de él…

Kagome no supo cuándo se quedó dormida, pero las lágrimas manchaban sus mejillas y sus labios estaban ligeramente hinchados y sus ojos un poco rojos. Inuyasha entró en la habitación y su corazón se ablandó al ver a su esposa durmiendo plácidamente en la cama. Colocó un trozo de papel en la mesilla de noche y puso las mantas encima del cuerpo de Kagome, asegurándose de que estuviera cómoda. La movió un poco para que no hiciera presión sobre su estómago.

Tras besarla en la frente, Inuyasha se apartó y pasó los dedos por la mejilla de Kagome. Notó cómo se le relajaron sus rasgos y ella sintió sus dedos encallecidos rozando su suave piel. Inuyasha suspiró y caminó silenciosamente hacia la puerta, cerrándola lentamente detrás de él. Él no pretendía haber estallado. Simplemente había sido… inesperado…

Y eso había conducido a las lágrimas de su mujer… Inuyasha se sintió como un gilipollas.

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Kagome se despertó dos horas después y vio que estaba pulcramente arropada bajo las mantas, su pelo estaba echado a un lado. Tras bostezar y frotarse los ojos ligeramente, Kagome inspeccionó la habitación en busca de una señal de Inuyasha pero, aparentemente, no estaba allí.

Kagome frunció el ceño mientras apartaba las sábanas de su cuerpo. Se sentó en la cama y miró el reloj digital que había en la mesilla de noche. Eran casi las siete de la tarde. Otra cosa que le llamó la atención, sin embargo, fue el pequeño trozo de papel colocado delante del reloj con su nombre escrito. Kagome se estiró lentamente para coger el papel y lo desdobló, viendo que contenía una nota para ella…

Espero que hayas tenido una buena siesta, mademoiselle. Perdona por haberme enfadado, sigo preguntándome por qué lo hice. Estoy en mi sala de pesas, así que si quieres pasarte sigue mis instrucciones…

Sal de nuestra habitación y gira a la izquierda. Camina y encontrarás una escalera de caracol. Baja hasta abajo de todo. Verás una gran vasija verde al pie, gira a la derecha en la vasija y luego coge la primera a la izquierda. Sigue recto y gira a la derecha. Atraviesa la primera puerta a la derecha y gira otra vez a la izquierda (la primera izquierda). Sigue recto y pasarás una galería, la primera puerta a la derecha tras pasar la galería. Atraviesa el pasillo y pasa por las puertas. Ahí verás la sala de pesas.

Ciao,

Casanova

Kagome se rio al ver su firma. Así que ahora se refería a sí mismo como Casanova. Qué divertido. Imaginándose que al menos debería saludarlo después de la tonta discusión que habían tenido antes de que se quedara dormida, Kagome agarró el trozo de papel y dejó la habitación, girando a la izquierda.

Habían tenido un desacuerdo sobre su hijo y ni siquiera estaban casados todavía. Qué típico. Kagome encontró la escalera de caracol y empezó a bajarla, arreglando su pelo en el proceso.

Inuyasha la había salvado de Naraku y le había dado grandes momentos en su casa de verano. La había amado y la había convertido en todo su mundo. Ella había ocultado que era Miko, pero a él no le había importado…

Tras girar a la derecha en la vasija verde, Kagome siguió caminando recto y luego giró a la derecha. Al pasar por la primera puerta, giró en la primera a la izquierda y continuó caminando, localizando la galería de la que le había hablado Inuyasha.

Es una casa enorme… y es toda mía… bueno, nuestra, pero me va a llevar años memorizar esta casa… pensó Kagome con diversión para sus adentros mientras atravesaba la primera puerta a la derecha. Al caminar por el pasillo, pasó por las otras puertas y se estremeció al ver una sala de pesas revestida de paredes de cristal. Podía ver claramente a Inuyasha corriendo en una cinta, sin camiseta y en pantalones de chándal. Su pelo estaba recogido en una coleta y sus músculos se propagaban por su cuerpo.

Kagome sintió que un fuerte sonrojo se extendía por sus mejillas mientras abría silenciosamente la puerta. La música bombeaba dentro de las paredes de cristal y a Kagome le causó curiosidad saber cómo era que no había oído la música fuera de las paredes. Mientras caminaba hacia su marido, Kagome notó que él todavía no se había dado cuenta de que estaba allí…

Alzó la mano derecha, la posó en su espalda y sintió una fina capa de sudor. Inuyasha se tensó ligeramente y miró por encima del hombro, encontrándose a su esposa sonriéndole. Inuyasha sonrió, cogió un mando a distancia y apagó la música antes de bajarse de un salto de la cinta, cogiendo una toalla que colgaba de un asa.

—¿Tuviste una buena siesta?

Era la forma más rara de saludar a su mujer, que había estado llorando menos de dos horas atrás, ¡pero Inuyasha nunca había estado casado! ¡Necesitaba destensarse!

—Sí, es una cama cómoda —murmuró Kagome mientras trataba de apartar los ojos de su cuerpo. Eso también era todo suyo…

¡¿En qué estoy pensando?! Se reprendió Kagome internamente mientras Inuyasha se tragaba una botella llena de agua antes de limpiarse la boca, guiñándole un ojo a su mujer. Colocó la mano en la parte de abajo de su espalda, la llevó a unos sofás que rodeaban una pequeña televisión en una esquina de la sala de pesas (que probablemente era más grande que el salón de los Higurashi).

—Bueno, quería que vinieras aquí para disculparme —afirmó Inuyasha mientras le indicaba a Kagome que se sentara. Kagome frunció el ceño mientras lo hacía, Inuyasha estaba delante de ella con la toalla colgando de su cuello.

—¿Disculparte?

Inuyasha asintió.

—Sí, por haber estallado antes. Ya sabía que estabas embarazada porque Sango pensó que debía saberlo, así fue como llegué a tiempo a tu casa. Pero la forma en la que actuabas implicaba que no querías que yo fuera el padre de mi propio hijo y algo en mí estalló.

Kagome suspiró.

—No… pasa nada… supongo que yo… ¿también lo siento?

Inuyasha se rio.

—No te disculpes si no lo sientes, mademoiselle.

—Sí que lo siento —persistió Kagome—. Debería habértelo dicho, pero estabas tan sorprendido cuando descubriste que yo era Miko y luego mis padres vinieron y me llevaron por la fuerza y bueno… todo el mundo estaba sorprendido.

Inuyasha asintió.

—Y solo pude ponerme en contacto con Sango por un corto período de tiempo, así que tenía que decirle que estaba embarazada…

—¿Y no podías haberte molestado en decírmelo? —Inuyasha arqueó una ceja y Kagome tragó saliva.

—No quería que te involucraras más de lo que ya estabas… Mi padre ya te odia y no sé qué haría si descubriera que vas a ser el padre de su nieto… —Kagome enterró la cara entre las manos e Inuyasha se recostó contra el sofá.

Así que al fin estaban yendo a alguna parte.

—¿Involucrarme? —Inuyasha cruzó una pierna sobre la otra—. Kagome, vas a ser la madre de mi hijo ¿y no quieres que me involucre más de lo que ya estoy? Esto incluye la vida y la crianza de mi hijo y maldito sea yo si Naraku obtiene el privilegio de criar a mi primer hijo.

Kagome tragó saliva, asintiendo con la cabeza.

—Lo sé, ¡eso mismo le dije yo a Sango! Sería un gran golpe para ti descubrir que tu hijo mayor iba a ser criado por Naraku. La verdad es que no iba a casarme con él… es sólo que yo pensé… no sé. —Kagome suspiró, rindiéndose—. No sé en qué estaba pensando. Simplemente no quería decírtelo, ¿vale? Después de nuestra pelea en tu casa de verano simplemente no quería decirlo…

Inuyasha se levantó de su sitio y se puso de rodillas, justo delante de Kagome. Usó sus manos para apartarle las de ella de la cara y la miró directamente a la cara.

—Mírame.

Kagome cerró los ojos, intentando detener las lágrimas.

—¡Mademoiselle Miko, mírame!

Kagome abrió los ojos de golpe y miró a Inuyasha directamente a los ojos. Él sonrió y le ladeó la cabeza, fijando la mirada en sus ojos.

—Es historia —susurró mientras usaba la yema de su dedo para apartarle las lágrimas que bajaban por su mejilla.

—Tú no estás casada con Naraku y yo no estoy enfadado porque no me dijeras que estabas embarazada. Lo admito, tu vida no es muy buena ahora mismo y sólo ahora se está enderezando. ¿Lo dejamos todo atrás y empezamos de cero como marido y mujer? —Inuyasha le estaba haciendo una pregunta a Kagome y ella lo sabía. Kagome tragó saliva y puso una mano sobre su estómago, Inuyasha se apartó un poco mientras permitía que Kagome pensara.

—¿Sólo tú, yo y nuestro bebé? —Kagome lo miró a los ojos—. Sin Naraku, sin Kikyo… sin mis padres… ¿nosotros solos?

Inuyasha sonrió, asintiendo.

—Sí. Aunque este falso matrimonio va a provocar un gran escándalo en los medios… ¿sabes en qué estoy pensando…?

Kagome frunció el ceño.

—¿En qué?

—No quiero que nuestro bebé piense que no lo amamos y que fue un error. Quiero que mi hijo nazca con mi apellido. Después de que nazca puede que puedas divorciarte de mí y un tribunal establecerá los derechos de visitas y custodia y eso, pero vas a tener que vivir conmigo y a fingir ser mi esposa por un tiempo.

Kagome siguió mirándolo e Inuyasha suspiró.

—Bueno, hasta que Naraku y tu padre se asienten y, confía en mí, si conozco a Naraku, va a empezar algo y si descubre que falsificamos el matrimonio, ambos seremos demandados por fraude y tú tendrás que casarte con él a la fuerza. Y viendo que tu padre ya me odia, ¿quién te dice que no te hará abortar?

Kagome abrió los ojos como platos y sus manos volaron inmediatamente a su estómago. Inuyasha frunció el ceño con determinación ante la idea de que alguien matara la vida que todavía estaba creciendo. Meneó la cabeza, se volvió hacia Kagome y continuó con su discurso.

—Aquí tendrás el mejor de los embarazos, con médicos fuera y dentro. Los ascensores no te limitarán y podrás hacer lo que quieras cuando quieras. Nuestros amigos pueden quedarse aquí y los niños pueden estar por aquí en todo momento, ayudándote con el niño. —Kagome puso los ojos en blanco e Inuyasha se rió entre dientes.

—Dicen que el aire fresco es bueno para la madre y para el niño, así que puedo llevarte a mi casa de verano en cualquier momento, o podemos mudarnos allí durante los últimos meses de tu embarazo. Si me dices ahora mismo que quieres ir allí haré las maletas e iremos… Lo que estoy diciendo es que aunque estemos fingiendo, vas a tener que fingir ser mi mujer y vivir conmigo hasta que todos los medios de comunicación se calmen y tu padre y Naraku se relajen y se rindan con lo de intentar casarte con los Onigumo… así que bueno… en vez de que sea falso ya que va a ser real para los demás, incluyéndonos a nosotros, esperaba que… ¿consideraras casarte conmigo de verdad?

Los ojos de Kagome perforaron los de Inuyasha y él, sin pestañear, siguió mirándola a los ojos. Su pelo enmarcaba su rostro y sus manos estaban cerradas con fuerza en su regazo. Inuyasha oyó cómo clicaba su cerebro y supo que su discurso la estaba haciendo considerar lo que acababa de decir.

—Planeas a largo plazo, ¿eh? —afirmó finalmente Kagome e Inuyasha se encogió de hombros.

—Es necesario cuando estás en el mundo de los negocios.

Kagome se acarició el vientre e inclinó la cabeza, su mente trabajaba con lo que acababa de decir Inuyasha.

Él hablaba con lógica, eso Kagome se lo concedía. Iba a estar en una relación falsa con él por sólo Dios sabía cuánto tiempo y Kagome también tenía que considerar ahora el bien de su hijo. Si no se casaba de verdad con Inuyasha, su hijo nacería casi como un bastardo, porque sus padres no estarían unidos en matrimonio durante su nacimiento. El niño tendría el apellido Higurashi y Kagome, en ese momento, preferiría que el niño tuviera el apellido Takahashi, viendo que los Higurashi estaban actuando como estúpidos…

Todos los puntos buenos conducían a casarse con Inuyasha. Y claro, se suponía que iba a estar en un matrimonio falso con él durante, probablemente, casi un año así que durante ese año, en caso de que su padre lo descubriera (cosa que dudaba bastante), Kagome e Inuyasha estarían realmente casados, y tampoco es que importara demasiado…

Kagome estaría concentrada en su bebé e Inuyasha en ella y en su bebé…

—¿No vas a darme un anillo? —preguntó finalmente Kagome e Inuyasha abrió los ojos como platos al oírle decir eso.

Él no se había esperado que dijera que sí. Inuyasha se esperaba el rechazo, pero esto era mejor…

—Sí, bueno —Inuyasha sonrió con suficiencia, recobrándose con rapidez—, asumí que ibas a decir que no, así que no compré un anillo pero, como ahora ves las cosas desde mi perspectiva, mademoiselle Miko, encargaré un anillo para ti.

Kagome asintió, una pequeña sonrisa jugueteaba en sus labios.

—Pero sólo por nuestro bebé y mientras viva contigo. Después de eso, nos divorciaremos y hablaremos de la custodia y de los derechos de visita. ¿Entendido?

Inuyasha sonrió con suficiencia.

—Un año es mucho tiempo, mademoiselle.

—A veces no es suficiente. —Kagome se levantó e Inuyasha también lo hizo. La miró y Kagome alzó la mirada hacia él sin pestañear.

—¿Vas a besarme o no? ¡Tengo que hacer pis! —exclamó finalmente Kagome y eso cogió a Inuyasha por sorpresa.

—¿Quieres que te bese? —repitió y Kagome gruñó.

—En realidad no, no quiero. —Kagome se giró para abandonar la sala de pesas, pero sintió que Inuyasha la agarraba de la muñeca. La giró, rodeándola con sus brazos, y ella sintió su aliento en lo alto de su cabeza.

Los brazos de Inuyasha rodeaban con fuerza su cintura.

—¿Hay alguna razón por la que quieras que nos besemos ahora? —susurró en su oído con voz ronca—. ¿Cuando hace unas horas no querías hacer nada conmigo?

Kagome alzó la vista, lentamente, hacia sus ojos, los suyos brillaban de inocencia.

—Hace unas horas eras mi marido falso y yo estaba embarazada de tu hijo —susurró—. Ahora eres mi prometido y estoy embarazada de tu hijo. Es bastante diferente…

—¿Entonces puedo besarte?

—Te estoy invitando a hacerlo…

Eso era todo lo que necesitaba Inuyasha y sus labios descendieron y se presionaron suavemente contra los de Kagome. Los brazos de ella estaban presionados contra su pecho desnudo mientras que los brazos de Inuyasha rodeaban cómodamente la cintura de Kagome. Fue un beso suave, un estiramiento hacia el perdón por parte de ambos. La lengua de Inuyasha entró lentamente en su boca y su cabeza se inclinó un poco a un lado, un gemido escapó del interior de su garganta.

Fuera de las paredes de cristal, una mujer anciana con el pelo teñido de negro sonrió mientras sostenía un plumero en una mano. Su otra mano estaba en su cadera y sus finas gafas brillaban a la luz.

Era la asistenta personal, Marika.

Veo que el Amo ha encontrado el verdadero amor…

Marika sonrió cálidamente mientras se marchaba, dejando que los dos siguieran besándose, sus cuerpos se amoldaban el uno con el otro.

Ya no era sólo sabor a amor…

Era algo real.

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Nuevo capítulo, espero que os haya gustado porque me he esforzado mucho por traerlo pronto. Como veis, las cosas se van desarrollando poco a poco, aquí ya huele a boda, jaja.

Muchas gracias por los comentarios, por los favoritos y por las alertas, me animan mucho el día.

Hasta la próxima ^^