El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

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La familia Takahashi se merece lo mejor

Kagome estaba sentada en la sala de cine viendo una vieja película que había hecho Souta cuando era un poco más pequeño. Ella había hecho un cameo como figura encapuchada que conducía al joven príncipe en la dirección correcta para que encontrara a su dama.

¡POR AHÍ NO, TONTO! —gritó la Kagome de la televisión y la Kagome que lo estaba viendo estalló en carcajadas.

Entonces… ¿por dónde debería ir? —inquirió Souta mientras la figura encapuchada gruñía exasperada.

Inuyasha había llevado a Kagome a la sala de cine y le había dicho que hiciera lo que quisiera mientras hacía unas llamadas relacionadas con su boda. Se había ido tras darle un suave beso en los labios. Eso había sido hacía dos horas.

Maldito prometido mío. Maldijo Kagome para sus adentros mientras veía una cabalgada muy del estilo de Souta hacia su dulce dama (bastante poco realista, una idea que, por un momento, flotó en el cerebro de Kagome).

Como se aburría de la película que había ayudado a dirigir, Kagome apagó el vídeo y se levantó, preparándose para perderse en la gigante mansión para encontrar a su prometido. Tras levantarse del cómodo sofá de plumas, Kagome apartó el cuenco de palomitas de su estómago y abandonó la gran sala de cine.

Prepárate, Kagome, se dijo, si te pierdes grita hasta que tu voz se ponga ronca.

En cuanto dejó la habitación, chocó directamente con un bien cincelado –y desnudo– pecho. Kagome se preparó para la caída, pero no se esperó sentir un firme brazo que le rodeaba con fuerza la cintura, enderezándola y dejándola cara a cara con el liso pecho que admiró por un minúsculo segundo.

—Mira por dónde vas, mademoiselle.

Kagome reconoció inmediatamente la voz y el apodo fue completamente revelador. Puso los ojos en blanco y alzó la mirada hacia los risueños ojos ambarinos de Inuyasha, que brillaban en su dirección.

—¡Estaba aburrida e iba a intentar encontrarte!

Inuyasha arqueó una ceja.

—¿Ah, sí? Habría terminado conmigo encontrándote a ti.

—Estaba dispuesta a arriesgarme. ¿Ya has terminado con las llamadas?

Inuyasha asintió y robó un pequeño beso de los labios de su prometida. Kagome, que estaba echándole la culpa a las hormonas del embarazo (aunque no tenía ni que importar porque acababa de quedarse embarazada), convirtió el beso en algo más deseable, más anhelante… mucho más apasionado.

Inuyasha empujó a Kagome contra la pared, sus manos atraparon las de ella sobre su cabeza y sus labios devoraron los suyos en una carrera contra el hambre. Las lenguas chocaban, los labios chupaban, se bebían el uno al otro como si fuera su último día en la tierra…

Y entonces sonó su móvil.

Gruñendo, apartó a su prometida y sacó su móvil de su bolsillo trasero, poniéndolo contra su oreja. Su frente estaba apoyada contra la de Kagome, ambos se miraban a los ojos mientras Inuyasha, enfadado, saludaba a la persona que estaba al otro lado de la línea.

—¿Señor Takahashi?

—¿Qué? —gruñó, pero consiguió guiñarle un ojo coquetamente a Kagome, que se lamió los labios seductoramente. Inuyasha intentó ocultar un gemido y lanzó una perezosa mirada a sus pantalones. Kagome arqueó una ceja.

¿Erección? Vocalizó y él asintió, bajando los labios para chuparle el cuello, con el teléfono todavía presionado contra su oreja. Estaba medio escuchando a quien hablaba mientras Kagome movía ladeaba ligeramente la cabeza, sus dedos peinaban los largos mechones de Inuyasha.

—¿Señor? ¡¿SEÑOR?! —chilló una voz femenina e Inuyasha maldijo, apartándose de Kagome.

—¿Qué pasa, Jessica? —siseó Inuyasha—. ¡No tengo tiempo para charlas sin sentido!

—Señor, ¡sólo le estaba preguntado si había contactado con Miko para nuestra revista!

Inuyasha arqueó una ceja y Kagome frunció el ceño. ¿Quién es? Vocalizó mientras él sonreía, lamiéndose los labios. Kagome puso los ojos en blanco, pero no le impidió hacer lo que estaba haciendo.

—¿Miko? Ah, verás… Jessica, eso es historia.

Kagome abrió los ojos como platos. No… ¡Inuyasha! Vocalizó con urgencia e Inuyasha devolvió su atención al teléfono.

—Sí que me puse en contacto con Miko, pero en persona.

—¿Señor? —dijo Jessica y Kagome le dio un puñetazo a Inuyasha en el pecho.

—Inuyasha, ¡juro por tu hija que si dices algo te arranco las pelotas!

—Mademoiselle Miko —Inuyasha le guiñó un ojo—, vamos a tener un hijo. Oh, y Jessica, cancela la sesión con Miko. No voy a dejar que mi mujer embarazada haga de modelo para una línea de bikinis. Llama a Chun Li. Y no me llames a menos que haya muerto alguien. —Y cerró el teléfono, metiéndolo en el bolsillo antes de empujar una vez más a Kagome contra la pared.

—¿Por qué hiciste eso? —chilló Kagome e Inuyasha la silenció con sus labios. Kagome contrajo la cara y se apartó de Inuyasha. En lugar de mostrar ira o resentimiento hacia su algo egoísta prometida, Inuyasha se limitó a reírse entre dientes.

—Eres difícil, ¿ehh? Me gusta eso en mi mujer.

—¡Eres una vaca! —gimió Kagome—. ¿Por qué le estás contando a todo el mundo que te vas a casar con Miko? ¿No podías limitarte a decir que es con Higurashi Kagome?

Inuyasha agarró la barbilla de Kagome con brusquedad y acercó su rostro tiernamente al de ella.

—Escucha —su voz sonaba peligrosamente calmada y eso, de algún modo, asustó a Kagome—, Naraku y tu padre ya saben que estamos casados. Divulgarán, sin pensárselo dos veces, esa información al mundo con la esperanza de difamarnos. ¿Crees que no van a revelar ese asuntito de que eres Miko? Confía en mí, cariño —Inuyasha iba ahora muy en serio—, lo revelarán. Si tu padre puede caer tan bajo como para casarte con un violador, entonces creo que puede revelar tu pequeña identidad.

Kagome había permanecido callada durante todo ese tiempo.

—Y bien, ¿no sería mucho mejor que tu marido revelase que eres Miko en lugar de tu padre y tu exprometido?

Kagome parpadeó, su lógica estaba haciendo mella.

—Parecerá intencional que revelemos tu identidad en lugar de que alguien la revele por nosotros. Un año casada conmigo, mademoiselle —ronroneó Inuyasha en voz baja mientras rozaba hambrientamente sus labios contra su mejilla—, no creo que vayas a ser una presa fácil. Tengo una línea de productos de bebé de entretiempo lista para ser lanzada y necesitamos a una modelo experimentada que aparezca en las portadas…

Kagome abrió los ojos como platos mientras las manos de Inuyasha bajaban por su estómago y se abrían ahí completamente.

—¿Por qué no contratar a mi absolutamente perfecta y embarazada esposa modelo?

—¡¿A mí?! —farfulló Kagome.

Inuyasha asintió.

—Sí… es algo que se me acaba de ocurrir. Para febrero o marzo estarás… ¿embarazada de seis meses? Tu estómago tendrá una curva excelente…

—¡Vas a explotar a tu esposa embarazada! ¡Malvado! —Kagome pegó en broma a Inuyasha y este rio, besándola una vez más en la oreja. Kagome suspiró pesadamente—. Supongo que tienes razón —sonrió—, tarde o temprano lo descubrirá todo el mundo, ¿verdad?

Inuyasha asintió sin decir una palabra. Sus labios siguieron acariciando la piel de Kagome y ella, claro estaba, no se quejaba. Inuyasha lamió su cuello, su mano derecha frotaba su estómago y la izquierda rodeaba su cuello.

—¿Cómo demonios te conocí? —susurró contra su piel mientras las manos de Kagome peinaban su pelo.

—¿En tu casa de verano por pura casualidad?

—Una casualidad que me consiguió a mi esposa, qué conveniente. —Inuyasha rio entre dientes mientras se apartaba. Kagome se sonrojó al mirarlo, sus labios estaban hinchados y sus mejillas ligeramente sonrosadas. A Inuyasha se le atragantó el aliento al ver brillar el rostro de Kagome con una emoción desconocida. Incapaz de contenerse más, Inuyasha, rápido como un conejo, presionó sus labios contra los de Kagome.

Kagome no dudo en rodear sus hombros con sus brazos, atrayéndolo hacia su cuerpo. La lengua de él se deslizó por su labio superior mientras la pierna derecha de ella se enredaba alrededor de la izquierda de él. Arqueó su cuerpo mientras Inuyasha presionaba su cuerpo contra el suyo, intentando sentirla más.

La mano de Inuyasha, la que estaba en su estómago, bajó hasta su espalda baja y la presionó más contra él. Los pechos de Kagome estaban aplastados contra su pecho desnudo y sus labios estaban conectados en un fuego de frenesí y pasión. La melena de Inuyasha los cubrió a ambos mientras la mano de Kagome se alzaba y ahuecaba la mejilla de Inuyasha, unos mechones de su pelo se entrelazaron con sus dedos. Retorció un mechón distraídamente entre dos dedos mientras su mano permanecía posada en su mejilla.

Un dedo de Inuyasha trazó círculos en su espalda, enredándose en su camiseta mientras otro dedo acariciaba la piel desnuda de su espalda. Kagome sintió que se le ponían los pelos de punta mientras las caricias de Inuyasha la llevaban a la euforia.

Tras apartarse de sus labios debido a la falta de aire, Inuyasha continuó con sus caricias en su cuello, necesitaba saborearla todo el tiempo que fuera posible. Ella era su droga, su subidón y sin ella se sentía… ¿solo? ¿Incompleto? No podía encontrar la palabra, pero estaba segurísimo de que la quería allí, a su lado, donde siempre podría abrazarla y tocarla y… sentirla

—Miraos —rio una voz a un lado—, no podéis apartar los labios el uno del otro.

Inuyasha y Kagome se separaron inmediatamente como si los hubieran electrocutado. Ambos estaban sonrojados y jadeaban, Kagome estaba deseando tocar más a Inuyasha e Inuyasha contenía la urgencia de estrangular al bastardo que había detenido su sesión de besos con su prometida.

—Kouga —gruñó Inuyasha y el técnico de ordenadores sonrió.

—Inuyasha —Kouga se giró hacia Kagome con mirada divertida—, Kagome… Miroku me contó todo lo que pasó y debo decir… ¿la falsa esposa embarazada de Takahashi Inuyasha?

Kagome se volvió hacia Inuyasha.

—¿Lo sabe alguno de ellos?

Inuyasha asintió.

—Sí, lo saben…

—¿Saber qué? —dijo Kouga e Inuyasha caminó hacia el intruso.

—¿Los Lin no te han dicho que Kagome y yo hemos decidido casarnos de verdad?

Kouga frunció el ceño antes de poner los ojos en blanco.

—Oh venga, después de que llamaras a Miroku él me llamó a mí y los dos hemos venido aquí inmediatamente. Ai y Hikari están en la sala de juegos de la planta de abajo y Miroku corrió a la sala de la PS3…

—Estúpido… ¿las chicas están aquí?

Kouga asintió.

—Sí, están viendo jugar a Miroku… rápido, me enviaron a buscaros. Tenéis suerte de que tenga el número de Marika o sino el maldito timbre habría roto vuestros besuqueos en vez de tenerme a mí interrumpiendo casualmente.

—Jódete —gruñó Inuyasha y su mano rodeó la cintura de Kagome, conduciéndola hacia la sala de la PS3, Kouga los seguía de cerca.

—¿Qué están haciendo aquí? —le susurró a su prometido, que le sonrió con suficiencia.

—¿Por qué, no quieres que estén aquí?

Kagome frunció el ceño y meneó la cabeza.

—No, pero es solo que… ¡tengo curiosidad!

—Tienen que hacer planes para nuestra boda, ¿no? —Inuyasha sonrió—. Es decir, los Takahashi sólo se merecen lo mejor.

Kagome puso los ojos en blanco mientras se apoyaba contra Inuyasha.

—¿Y de verdad me estás diciendo que un médico, una abogada, un técnico de ordenadores, un empresario y una modelo pueden planear una boda?

—Ayumi es organizadora de bodas —Inuyasha sonrió—, ella también vendrá mañana. Hoy está un poco ocupada con Daichi…

Kagome puso los ojos en blanco.

—Pervertido.

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Miroku estaba jugando al NASCAR en la PS3 de Inuyasha. Inclinaba su cuerpo a la derecha a la vez que el mando cuando quería dirigir su vehículo a la derecha. Sango reía al ver a su marido actuando como un adolescente.

—Aunque te inclines no vas a conseguir que esa mierda vaya más rápido, Miroku —dijo Ayame y Miroku le hizo el corte de manga antes de seguir conduciendo.

—Vulgar hijo de puta —masculló Ayame en voz baja y Sango estalló en carcajadas.

La puerta se abrió de golpe y Kouga, Kagome e Inuyasha entraron, Kagome e Inuyasha con las manos entrelazadas.

—Al fin, ¡la novia y el novio están aquí! —gimió Sango—. ¡Eso significa que Miroku tiene que apagar el maldito juego YA!

Al oír la voz de su mujer resonando en las paredes, Miroku soltó el mando y apagó inmediatamente el juego antes de darse la vuelta, sonriendo descaradamente.

—Sólo estaba probando el mando de Inuyasha. Funciona perfectamente, colega —intentó cubrirse penosamente Miroku. Todo el mundo puso los ojos en blanco y Kagome se puso entre sus dos mejores amigas mientras Inuyasha cogía una silla. Miroku permaneció sentado en el suelo mientras que Kouga trajo una silla con ruedas para sentarse, poniendo las piernas en el reposabrazos del sofá, al lado de su mujer.

—Bien, hora de los negocios —empezó Inuyasha—. Os he llamado a las dos familias para que nos ayudéis a planear nuestra boda.

—¡Y será una gran boda que nadie olvidará nunca! —aportó Sango.

—A pesar de que sea temporal —masculló Kagome en voz baja y los demás rieron con ganas.

—Es la primera boda de Inuyasha y Miko y ambos han concebido a su primer hijo. Confiad en mí —Ayame puso los ojos en blanco—, ¡si no hacemos de esta la mejor mierda a la que nadie haya asistido, entonces no colmamos las expectativas que conlleva nuestro nombre!

—En primer lugar, ¿queréis una boda tradicional japonesa? —preguntó Miroku y Kagome e Inuyasha se miraron antes de negar con la cabeza.

—Nah, mis padres no tuvieron una boda japonesa —afirmó Inuyasha.

—Quiero hacer algo original —afirmó Kagome—. ¡Me encantan las bodas cristianas! —chilló y Ayame le dio una palmada a Kagome en el muslo. Ayame y Kouga habían tenido una boda japonesa tradicional, pero Sango y Miroku habían tenido una boda cristiana. Yuka y Hojo habían tenido una boda japonesa tradicional y Eri y Hayabusa también. Ayumi y Daichi también quieren tener una boda tradicional.

—Bien, entonces una boda japo-cristiana —afirmó Sango—, ¿en una iglesia?

Ayame ahogó una exclamación.

—¡No! ¡En un lugar extravagante!

—¿Como París? —proclamó Kouga y Miroku resopló.

—No, Lang —llamó Miroku en broma a su amigo por su apellido—, ¿por qué no la celebramos en Roma?

—¿Quién demonios va a venir a nuestra boda en Roma? —Inuyasha arqueó una ceja—. ¡Haced que al menos parezca realista!

—¡Que decida Kagome! —se entrometió Ayame—. Digo, ¡también es su primera boda! Lo que diga Kagome lo terminará Inuyasha, ¿os parece justo?

Los chicos intercambiaron miradas e Inuyasha asintió.

—A mí me parece justo.

—Bien. —Ayame se recostó en el sofá—. Pero una sugerencia —le guiñó un ojo a su amiga—, que sea en un lugar sexy, ¡como en una playa!

—Menuda forma de condicionarla, Ayame —bufó alegremente Miroku y Ayame sonrió.

—La estoy aconsejando —se defendió Ayame y Sango chasqueó la lengua.

—Para de aconsejar, es decisión de Kagome… —Sango le sonrió a Kagome—. Bueno, ¿quieres una boda tradicional en una iglesia o una bonita y gran boda en la playa?

Kagome se rio.

—Lo que le salga más caro a Inuyasha.

Su prometido se crispó con gesto asesino mientras Kagome le sonreía. Inuyasha suspiró y se cruzó de brazos, recostándose en su gran silla roja.

—A mí me gustaría una boda en la playa… en mi playa privada, ¿sabes? Que sean tres días de boda y luego llevaré a Kagome a donde ella quiera para nuestra luna de miel…

—Lo siento, Casanova —Kagome le sonrió enseñándole los dientes—, ya hemos tenido nuestra noche de bodas.

—Ah, pero yo estoy deseando que llegue la noche de bodas de verdad, mademoiselle Miko.

Miroku chasqueó la lengua.

—Vosotros dos sois todavía más pervertidos que yo…

—Nadie puede arrebatarte ese título, Miroku. —Inuyasha puso los ojos en blanco, haciendo que todos estallaran en carcajadas. Justo cuando iban a continuar con su discusión sobre dónde se celebraría la boda, sonó el móvil de Inuyasha. Frunció el ceño al sacarlo del bolsillo.

—¿Quién es? —inquirió Kagome y él alzó la mirada, vacilante.

—Kikyo…

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Y hasta aquí por hoy. ¿Qué querrá Kikyo? Lo averiguaréis en el siguiente capítulo. La siguiente actualización no será hasta el domingo que viene porque mañana me voy de viaje una semana y no voy a tener el ordenador conmigo. Espero que disfrutéis de este capítulo mientras tanto.

Muchísimas gracias por todos vuestros reviews, favoritos y alertas.

¡Hasta la próxima!