El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Pasado mañana
—¡Cógelo! —siseó Kouga mientras Inuyasha volvía a mirar su móvil con gesto vacilante. El tono de llamada seguía tocando una canción de pop japonés que se estaba volviendo indirectamente molesta. Inuyasha miró a su prometida, que no tenía expresión en su cara, sólo molestia.
—¡¿A qué estás esperando?! —Kouga alzó una ceja mientras Ayame fulminaba con la mirada a su marido.
—No puede cogerlo, ¿verdad? ¡Han roto!
Sango frunció el ceño y Kagome suspiró.
—¡Cógelo ya! No va a colgar —insistió Kagome e Inuyasha, indeciso, respondió al teléfono y lo presionó contra su oreja.
—Aquí Takahashi —dijo con la voz más estoica que pudo poner tras estar planeando su boda. Era una tarea dura sí, pero no era algo que Inuyasha no pudiera hacer.
—¡Inu-kun! —chilló Kikyo al otro lado e Inuyasha tuvo que sostener el teléfono a una mano de distancia de su oreja para evitar que se quedara sordo. Miroku y Kouga aguantaron la risa y Kagome alzó una ceja con diversión. Ayame y Sango no dijeron nada, estaban acostumbradas a la falsa alegría de Kikyo.
—¿Qué pasa? —inquirió Inuyasha con voz seca mientras le lanzaba un guiño a su prometida. Kagome puso los ojos en blanco y se giró hacia las otras dos chicas, continuando en voz baja con sus planes mientras Inuyasha se encargaba de Kikyo.
—¿Qué? —gruñó Inuyasha—. ¡¿Maldición, Kikyo, pensabas que estaba de broma cuando dije hemos-terminado?!
Eso captó inmediatamente la atención de Kagome y su cabeza giró en dirección a donde Inuyasha parecía que iba a explotar de ira. Sus labios estaban presionados en una fina línea y sus ojos estaban fuertemente cerrados. Parecía estar muy cabreado en ese momento y Kagome apostaba a que estaba enfadado con la estrella del porno que tenía al teléfono.
—¡¿Qué?! —Inuyasha estaba alzando la voz—. ¡No, no estaba de jodida broma!
—¿Ella pensaba que estaba de broma? —Sango parecía divertida y Ayame tuvo que contener la risa. Kouga y Miroku se contuvieron para no reírse, pero sus rostros violetas tampoco ayudaban demasiado a las mujeres. Sus caras cómicas en una situación tan graciosa fueron demasiado para Ayame, que estalló en carcajadas.
Inuyasha le lanzó una mirada asesina y Ayame se calló inmediatamente.
—Nadie se está riendo —dijo Inuyasha severamente y Ayame apretó una mano sobre su boca.
—¿Ups? —fue un sonido ahogado que escapó de entre los huecos de sus dedos. Las manos de Kagome estaban cerradas en su regazo y la mirada baja. Eso no pasó desapercibido para Inuyasha. Gruñendo con impaciencia, devolvió su atención a la mujer que parloteaba al otro lado del teléfono.
—¿Has terminado? —Alzó una ceja, un movimiento inconsciente.
Un poco más de parloteo antes de que Inuyasha cerrara los ojos, frustrado.
—Deja de tener esperanzas —afirmó Inuyasha con calma—, y déjame seguir con lo que estoy haciendo.
Kagome asumió que Kikyo le había preguntado qué estaba haciendo basándose en la mirada amenazadora que cruzó sus ojos.
—No es que sea asunto tuyo, pero estoy planeando mi maldita boda.
Otra pausa.
—¡Sí, con Kagome!
Otra pausa.
—Ya te lo he dicho —Inuyasha sonrió con suficiencia—, hemos terminado. —Y colgó.
Todos permanecieron callados un rato antes de que Miroku, el único valiente, hablara por todo el grupo. ¡Demonios, incluso Kagome estaba asustada y ella era su legítima prometida!
—Bueno… ¿qué quería?
Inuyasha se encogió de hombros.
—Nada, en realidad…
—Intensa conversación, para ser nada. —Kouga sonrió con suficiencia e Inuyasha le lanzó una mirada amenazadora a su amigo. Kagome permaneció callada e Inuyasha lo notó inmediatamente. Demonios, no estaba prometido con esta mujer por nada.
—Bueno, sigamos con… —empezó Inuyasha, pero fue inmediatamente interrumpido por Kagome.
—Le dijiste que te ibas a casar conmigo.
Inuyasha frunció el ceño.
—Sí, ¿y?
Kagome alzó la mirada hacia él con los ojos llenos de miedo.
—Les dijiste a Naraku y a mi padre que estabas casado conmigo… Inuyasha, si esto se filtra…
Inuyasha abrió los ojos como platos.
—Entonces nos montarían un escándalo por fraude.
Miroku puso los ojos en blanco.
—Buen trabajo, Takahashi.
—Jódete, Lin. —Inuyasha frunció el ceño, fijando la mirada en el médico. La situación se estaba complicando más de lo que en un principio había asumido. Se le había soltado la lengua y le había dicho a Kikyo que Kagome y él iban a casarse. Por otro lado, les había dicho a Akira y a Naraku que Kagome y él ya estaban casados (y había producido documentos falsos para acompañarlo).
Kouga suspiró.
—Esto es una mierda…
—¡PAPI! —la voz de Hikari atravesó la mansión mientras abría la puerta de la sala de juegos en la que estaban los seis adultos. Kouga se levantó y su hija se lanzó a sus brazos, enterrando la cara en el hueco de su cuello.
Ai entró en el cuarto tímidamente, sus coletitas se movían con cada paso que daba. Miroku maldijo internamente mientras se levantaba e iba hacia su hija en tres largas zancadas. Ai alzó la mirada encantadoramente mientras Miroku levantaba a su hija en brazos. Ai rodeó instantáneamente su cuello con sus brazos.
—¡Hola, papi! —Ai sonrió y Mrioku frunció el ceño mirando a Hikari, que estaba llorando.
—¿Qué le hiciste? —preguntó Miroku con severidad y Ai dio un gritito. Kouga suspiró y se dirigió a la puerta indicándole a Miroku, con los ojos, que lo siguiera. Ayame y Sango se levantaron, las dos querían saber qué había pasado entre sus hijas.
Eso dejaba a Inuyasha y Kagome…
Solos…
En una habitación…
Juntos…
Inuyasha se levantó y caminó hacia su prometida, sentándose a su lado. En un impulso, la cabeza de Kagome se apoyó en el hombro de Inuyasha y su mano rodeó automáticamente la de ella. La abrazó, apretándola contra él.
—Odio esto —murmuró para sí misma. Inuyasha frunció el ceño mientras miraba la parte de arriba de la cabeza de Kagome.
—¿Qué es lo que odias? —Tenía que preguntarlo…
Kagome alzó la mirada hacia él, mirándolo a través de sus pestañas.
—¿De verdad quieres saberlo?
Inuyasha sólo pudo asentir.
Kagome respiró hondo antes de apoyar una vez más la cabeza contra su hombro. Sus ojos estaban cerrados mientras sentía que él trazaba lentos círculos en su hombro. Su dolor interno empezó a derramarse casi inmediatamente.
—Primero… estoy atrapada en este matrimonio —susurró—. Siempre quise que mi matrimonio fuese algo dulce y romántico… no algo como esto. Digo, casarme con un hombre que se ha acostado conmigo y tener que casarme con él para alejar de mí y de mi hijo a un violador no estaba en mi lista de sueños infantiles —empezó Kagome, sus frases fluían. Inuyasha sintió el dolor detrás de sus palabras y no pudo evitar sentir que era culpa suya que esta mujer estuviera sufriendo tanto.
—Y luego está el hecho de que mi padre quiera que me case con Naraku y que te odia hasta la locura —Kagome se estremeció ligeramente antes de mirar a Inuyasha a los ojos con una pequeña sonrisa jugueteando en sus labios—. Pero aun así, parece tan perfecto en toda su imperfección.
—¿Por qué me odia tu padre? —murmuró Inuyasha y Kagome suspiró.
—Algo sobre una película a la que le retiraste los fondos —murmuró Kagome—, ¿recuerdas que mi padre te había pedido un préstamo enorme para una película? Se lo denegaste en el último segundo y el mayor presupuesto de mi padre para una película se fue por el desagüe. Para pagar a todos tuvo que echar mano de nuestros fondos personales… y luego tuviste que ir y abrir tu bocaza en la televisión nacional diciendo que mi padre era el peor director y guionista de la historia de la industria del cine.
Inuyasha se empezó a reír mientras Kagome completaba su historia. Lo recordaba. Akira Higurashi le había llevado una propuesta para una película titulada La santidad de los cazadores. El título parecía bastante intrigante, así que Inuyasha había invertido unos cuantos millones de dólares para financiar la película sin leer el manuscrito. Cuatro meses después, sin embargo, Miroku y Kouga habían echado mano del manuscrito y ambos habían declarado que apestaba. Inuyasha quería una segunda y tercera opinión, así que les pidió a Ayame, Sango y también a Kikyo (con la que estaba saliendo en aquel momento) que leyeran guion y también lo odiaron.
Inuyasha, tomando las riendas, leyó todo y descubrió que la película apestaba de principio a fin. Así que retiró su financiación y en la televisión nacional explicó el por qué.
—¡¿Tu padre me odia por eso?! —Inuyasha no pudo evitar reírse. Kagome le dio un puñetazo en el hombro en broma.
—¡Fue malo, vale! —masculló Kagome—. Tuve que ir a un colegio público durante unos meses mientras reunían el suficiente dinero para devolverme a un colegio privado. Creo que fue una de esas veces en las que mis padres se alegraron de que mantuviera en secreto la identidad de Miko.
Inuyasha se encogió.
—Así de malo, ¿eh?
Kagome asintió.
—Ni te lo creerías. Te ha odiado desde entonces…
—Un gran golpe a su ego, ahora que su única hija está casada conmigo. —Inuyasha sonrió alegremente y Kagome puso los ojos en blanco con completo sarcasmo.
—Encuentras diversión en todo, ¿verdad? —Kagome sonrió—. ¿Qué ha pasado con el estoico Inuyasha que iba en plan no me importa nada además de mí y Kikyo y el dinero al que conocí hace tanto?
Inuyasha esbozó una buena sonrisa mientras ponía su rostro increíblemente cerca del de Kagome. Instantáneamente, su aliento se le quedó atascado en la garganta mientras miraba a Inuyasha por detrás de las pestañas.
—¿Quieres saber qué pasó? —sopló en su cara, su voz era apenas un susurro. Pero Kagome lo oyó perfectamente y sus ojos se abrieron como platos, comenzaba a excitarse.
Ella asintió lentamente mientras los labios de Inuyasha rozaban la punta de su nariz.
—El Inuyasha que iban en plan no me importa nada además de mí y Kikyo y el dinero al que conociste hace tanto tiempo… —Sus labios se arrastraron lentamente por las suaves mejillas de Kagome y sus ojos siguieron cada movimiento que él hacía, sus manos estaban cerradas en puño a cada lado del sofá. Esto-se-sentía-bien…—. Te conoció a ti…
Los ojos de Kagome se abrieron como platos instantáneamente y los labios de Inuyasha se presionaron con suavidad contra su lóbulo izquierdo. No podía creer lo que oía…
Acaba de… él… Las palabras eran incoherentes en la mente de Kagome mientras sentía el labio de Inuyasha moverse por su cuerpo mientras su mano izquierda le acariciaba el brazo. El sentido común y la habilidad para entender volaron de la línea de pensamiento de Kagome mientras sucumbía a las caricias de su prometido. Alzó la barbilla cuando los labios de Inuyasha encontraron refugio en los de ella.
El beso era embriagador así como estimulante. Una ola de nuevas mariposas estalló en el estómago de Kagome y supo que no era sólo el bebé. Él la hacía sentir completa y fresca donde ningún otro hombre podría hacerlo… aunque no haber tenido ninguna otra relación con otros hombres podía condicionarla, Kagome estaba segura de que nadie más podía hacerla sentir así.
La mano de Inuyasha rodeó el cuello de Kagome y la acercó a él, intentando sentirla todo lo posible sin quitarse la ropa. El sexo durante el embarazo podía demostrar ser algo fatal, incluso si la madre sólo tenía prácticamente un mes.
—Os dije que no podían apartar los labios el uno del otro —la voz de Kouga rompió el trance en el que estaban Kagome e Inuyasha y ella se apartó de él como si la hubiera envenenado.
—¿Por qué demonios será que siempre interrumpes cuando se pone más interesante? —gruñó Inuyasha mientras se reclinaba en el sofá, con Kagome acurrucada a su lado. El brazo de Inuyasha rodeó su hombro y él, también, se acurrucó contra ella.
—Radar interno, tío —Kouga sonrió con suficiencia—. Estoy hecho para estas cosas. Una vez me encontré con Miroku sacándole la camiseta a Sango.
Sango le dio un puñetazo a Kouga en el brazo y él estalló en carcajadas, sentado en la silla en la que Inuyasha estaba sentado momentos antes.
—¿Qué pasó? —dijo Kagome—. Con Ai y Hikari, digo.
Sango puso los ojos en blanco.
—Niñas pequeñas discutiendo sobre lo que iba a ser su Barbie. Ai quería que fuera azafata y Hikari quería que fuera modelo, y Ai le dio un puñetazo a Hikari en la espalda.
Inuyasha arqueó una ceja.
—¿Igual que como golpeaste tú a Kouga en el brazo?
—De tal palo tal astilla —bromeó Kagome y Ayame empezó a reírse como una loca. Miroku rio disimuladamente y puso los ojos en blanco mientras Kouga le sonreía a Sango con superioridad.
—Cállate —masculló—. ¿Podemos dejarlo ya?
Tras decidir que el tiempo de diversión se había acabado, el grupo de seis se asentó y empezó a discutir lo que habían hablado momentos antes.
—Entonces estamos jodidos por el bocazas de Inuyasha —empezó Miroku—, Naraku y Akira saben que Kagome e Inuyasha están casados y Kikyo tiene la noción de que se van a casar.
—Eso no es todo —Kagome le lanzó una mirada desagradable a Inuyasha—, el muy estúpido le dijo a una recepcionista en Japón y a su editora que estamos casados.
—Buena jugada —resopló Kouga mientras Kagome asentía.
Inuyasha sostuvo en alto su mano libre en señal de defensa, ya que su otra mano estaba alrededor de los hombros de Kagome.
—¡No es culpa mía que esté orgulloso de mi esposa!
—Cuelga un calcetín, Casanova.
Inuyasha rio con ganas y Kagome masculló unas cuantas palabrotas en voz baja. La pinchó en una costilla, haciendo que se saltara un poco.
—No seas mezquina, mademoiselle —murmuró Inuyasha mientras Kagome le lanzaba una mirada fulminante por el rabillo del ojo.
—Parad con las acciones sexuales —dijo Ayame—, y pongámonos manos a la obra. ¿Cuándo es la boda, ahora que tenemos estos estúpidos obstáculos? Si Kikyo corre la voz de que os vais a casar y llega a oídos de Naraku o Akira, es posible que Akira demande a Inuyasha por fraude.
—Pero tenemos los certificados —replicó Inuyasha.
—Los forenses pueden demostrar que es falso —murmuró Sango—, los certificados matrimoniales están hechos de un papel especial del que encontré un duplicado. No está hecho del mismo material en el que se imprimen los certificados.
—¡Genial! —gruñó Inuyasha—. ¡Mi abogada ni siquiera puede hacerme un fraude como es debido!
—Jódete —siseó Sango mientras Miroku se reía disimuladamente. Le encantaba que su esposa se enfadara. La hacía parecer sexy.
—Te sugiero que hagas una boda rápida —afirmó Kouga—, algo pequeño con unos pocos familiares. Inuyasha, invita a tus padres, a Sesshomaru y a Kagura y ya está. No queremos que gente de fuera complique las cosas. Los Lin, los Asuki, los Falcon, Ayumi y Daichi y nosotros podemos ir —continuó Kouga—, ya sabes, amigos de la pareja y eso. Sango puede hacer el trabajo legal y sí…
—Qué pasa con el pastor —dijo Kagome—, asumiendo que hagamos la boda japo-cristiana.
Ayame empezó diciendo:
—El eh… marido de mi primo, Renkotsu, tiene una licencia para dar certificados matrimoniales. Si queréis, podemos conseguir que haga la ceremonia. Renkotsu no dirá ni una palabra. Y podéis hacer que sus otros seis hermanos sean de seguridad. Todos son mortales… especialmente Ginkotsu.
Kouga se rio disimuladamente.
—Pero no traigas a Jakotsu.
—¡¿El gay?! —estalló Sango y Ayame se sonrojó.
—Cállate, Jakotsu no es gay… simplemente no está seguro de su sexualidad.
—Ya. —Miroku puso los ojos en blanco.
—¡Volviendo al tema! —llamó Inuyasha—. Ya tenemos a nuestros invitados, al pastor, celebraremos la boda en mi playa privada, ya que tanto lo deseáis. Ayame, Sango, podéis llevar a Kagome a comprar el vestido mañana y pagad todo lo que necesitéis para un servicio rápido, cargadlo en mi tarjeta platino si tenéis que hacerlo. Yo iré a conseguirme un esmoquin, Kouga y Miroku, los dos podéis trabajar para conseguir servicios especiales que graben la ceremonia. Nada demasiado abstracto, si los dos podéis sacarlo adelante profesionalmente que así sea. Pondré a Yuka, Eri y Ayumi a cargo de conseguir montar lo de la playa y… la ceremonia tendrá lugar pasado mañana.
La mirada de Kagome se dirigió inmediatamente hacia su prometido.
—¡¿Pasado QUÉ?!
Inuyasha le sonrió con encanto.
—Pasado mañana, mademoiselle…
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¡Hola! ¿Qué tal? Aquí está el nuevo capítulo. Siento no haber podido traerlo el domingo, pero tuve algunos contratiempos que no podía posponer, así que ha llegado tarde… pero ha llegado. Ya sólo quedan 15 capítulos para el final y ahora parece que va a ir todo de una cosa en otra, así que espero que lo disfrutéis.
No os olvidéis de votar en la encuesta de mi perfil y de dejar vuestros comentarios, que siempre me encanta leerlos.
¡Hasta pronto!
