El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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El fin del principio
Inuyasha le sonrió con encanto.
—Pasado mañana, mademoiselle…
Kagome lo miró con la mente en blanco mientras Sango clamaba su primera reacción:
—¡¿PASADO MAÑANA?! —chilló—. ¡¿Estás loco?! ¡¿Izayoi te tiró sobre tu cabeza cuando eras un bebé?! —Sango se levantó, su rostro contraído en un excelente frunce—. ¡¿Cómo vamos a sacar adelante la boda de TAKAHASHI Inuyasha en DOS noches?!
Inuyasha se encogió de hombros.
—Es posible —respondió y Kagome frunció el ceño, apartándose de él.
—¿No podríamos tener una boda bien planeada el verano que viene o algo así? —inquirió Kagome arqueando una ceja—. ¿Por qué esa prisa?
—Nos van a pillar en nuestra pequeña mentira —afirmó Inuyasha—. Cuanto más prolonguemos esto, más difícil será. Es mejor que convirtamos todas nuestras mentiras en verdades y que acabemos con esto.
—Supongo que el chuparte la cara con Kagome ha matado tus neuronas —rio Kouga—. Podrías haber dicho que os habíais fugado y que no queríais hacer pública la boda aún.
Ayame meneó la cabeza.
—Eso lo fastidiaría aún más. Inuyasha estaba con Kikyo hasta que Kagome volvió a Japón. Le dijo a Akira que se había casado con Kagome en verano… fugarse no funcionaría porque Kikyo era la chica de Inuyasha hasta hace nada.
Todos parecieron comprender la lógica de Ayame. Ayame se encogió de hombros.
—Además, no tenemos ninguna prueba, aparte de los documentos matrimoniales falsos, de que estos dos estén casados de verdad. Es mejor hacer la boda tan pronto como sea posible y, como ha dicho Inuyasha, convertir todas sus mentiras en verdades.
Inuyasha asintió en dirección a Ayame.
—¡GRACIAS! Veo que tú eres el cerebro de tu matrimonio.
Ayame hizo una elegante reverencia y Kouga gruñó, fulminando a su amigo con la mirada, el malvado empresario. Poniendo los ojos en blanco, Inuyasha se giró hacia Miroku.
—¿Estás de acuerdo con el plan?
Miroku asintió.
—Sí, además, con todo tu dinero podrías haber sacado la boda adelante para esta noche.
—¿Entonces estamos todos de acuerdo? —Inuyasha miró a la cara a la gente que estaba a su alrededor. Kagome parecía insegura y Sango parecía completamente enfadada, pero aparte de eso Ayame, Miroku y Kouga aceptaban que el matrimonio se celebrase en dos días.
—¿No debería estar de acuerdo la novia? —gimió Sango—. Digo, ¡es su boda!
Kagome se encogió de hombros.
—Lo que os parezca mejor… no es como si tuviera a alguien ante quien objetar por mi apresurado matrimonio.
Inuyasha apretó la mano de Kagome y ella esbozó una sonrisa un poco falsa. Kouga, Ayame, Miroku y Sango vieron a través de ella, pero decidieron no decir nada. Kagome estaba pasando, después de todo, por un momento difícil. Asintiendo, Ayame se levantó.
—Deberíamos irnos… tengo que llamar a Ayumi para empezar a planear vuestra boda.
Sango también se levantó, sonriendo.
—Sí, tengo que reservar pruebas de vestidos para mañana por la tarde.
Miroku y Kouga se levantaron mientras sus mujeres se despedían de Kagome e Inuyasha. Ayame y Sango fueron a recoger a sus hijas mientras Kouga le daba a Inuyasha una palmadita en la espalda.
—Muy bien, tío. —Puso los ojos en blanco y Kagome le dio una patada en la espinilla.
—No seas tan sarcástico con mi hombre, Lang —bromeó mientras Inuyasha estallaba en carcajadas. Kouga simplemente se rio disimuladamente mientras abrazada a Kagome antes de abandonar la habitación. Miroku fijó la mirada en sus dos amigos por un momento antes de soltar un profundo suspiro.
—¿Sabes qué? —murmuró e Inuyasha alzó una ceja.
—¿Qué?
Miroku sonrió.
—Siempre quise que los dos encontrarais a alguien perfecto para el otro y supongo que he obtenido lo que deseé… Sé que los dos haréis feliz al otro… al menos durante lo que dure este matrimonio.
Inuyasha sonrió con calidez.
—Gracias, tío… Oh, tengo una pregunta para usted, doctor, antes de que se marche.
Miroku asintió y Kagome arqueó una ceja en dirección a su prometido.
Inuyasha carraspeó.
—El eh… ¿sexo durante el embarazo es bueno?
Kagome abrió los ojos como platos mientras a Miroku se le ponía una vez más esa mirada en los ojos.
—¿Por qué preguntas, querido Inuyasha…?
Inuyasha gruñó mientras se levantaba.
—¿Lo es?
Miroku se rio disimuladamente.
—Sí… se recomienda que lo hagas… ¿por qué?
—Por nada, ahora vete antes de que Sango te arranque las pelotas.
Miroku se rio mientras le estrechaba la mano a Inuyasha antes de abandonar la habitación. Kagome se levantó al instante y le dio un puñetazo a Inuyasha en el brazo.
—¡¿A qué vino eso?! —gimió mientras él arqueaba una ceja con diversión.
Su prometida embarazada le estaba gritando por preguntarle a su mejor amigo si estaba bien que hubiera sexo durante el embarazo… ¡menudo chiste!
—¿A qué vino qué? —tonteó Inuyasha y Kagome frunció el ceño, cruzándose de brazos.
—Era una pregunta retórica…
Inuyasha se rio mientras se dirigía a abrazar a Kagome, pero ella se libró de su agarre, todavía dándole la espalda.
—Fue injusto, Inuyasha —masculló Kagome e Inuyasha suspiró, volviendo a abrazarla. Una vez más, Kagome se libró de su agarre.
—Déjame… —ordenó Kagome mientras dejaba la habitación en un intento dramático de alejarse de su calenturiento prometido. Inuyasha se limitó a pasarse los dedos por el pelo, riendo ante la impotencia de su prometida.
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Maldito Casanova, pensó Kagome con malicia mientras caminaba por la mansión sin rumbo fijo. Sabía que estaba perdida, pero no le importaba demasiado. Si pasaba lo peor, Inuyasha mandaría una partida de búsqueda a través de su mansión con forma de castillo para encontrarla.
Hasta entonces estaba enfadada con él por preguntar algo así a un médico tan pervertido.
Estúpido-estúpido… estúpidomaldijo Kagome en su cabeza mientras giraba aleatoriamente a la izquierda en un pasillo al azar. Frunció el ceño al ver una gran puerta de roble con un pomo dorado que la miraba ominosamente desde el final del pasillo. Era la única puerta del pasillo.
Kagome fue hacia la puerta y colocó la mano en el pomo. Había visto prácticamente todas las habitaciones de la mansión, incluida la sala de pesas de Inuyasha y no recordaba un pasillo como este.
Kagome respiró hondo y abrió la puerta revelando cuatro paredes llenas de posters…
Posters de modelos… de las amigas de Kagome…
Pero lo que captó la atención de los ojos de Kagome fue que tres de las cuatro paredes estaban dedicadas a Miko…
A ella…
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—Marika —llamó Inuyasha perezosamente mientras abandonaba su sala de juegos para encontrarse con que su doncella personal corría hacia él.
—¿Sí, señor? —respondió mientras se ponía delante de él, con un plumero en una mano.
—¿A dónde fue Kagome?
—La vi dirigiéndose a la sala de posters…
Inuyasha arqueó una ceja.
—¿Sabe ella a dónde va?
Marika soltó una risita.
—No, señor… parecía bastante perdida… iba a ayudarla, pero hubo un problema en las cocinas…
Inuyasha sonrió con suficiencia.
—No pasa nada, iré a buscarla.
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Kagome entró en la habitación y se encontró posters suyos mirándola a la izquierda, a la derecha y en el centro. Sus ojos se abrieron con sorpresa mientras caminaba hasta la pared más alejada, donde colgaba una colección de sus fotos en blanco y negro en un perfecto patrón. Nunca había visto tal obsesión con ella…
—Veo que has encontrado nuestra sala de postres… —llegó la voz de Inuyasha desde detrás de Kagome. Kagome miró por encima de su hombro y reconoció a su prometido antes de volverse una vez más hacia los posters.
—Cuánta obsesión conmigo, ¿eh, Casanova? —murmuró Kagome e Inuyasha se rio entre dientes, caminando hacia su prometida. Envolvió los brazos alrededor de su cintura y, en vez de rechazarlo, Kagome se relajó en su agarre.
—Es mi diseñadora gráfica —susurró contra su oído—, le encantas y siempre quiso llamarte para una sesión de fotos, pero tu agente siempre decía que estabas ocupada. Apesta, ¿eh? Puede que nos hubiéramos conocido antes…
Kagome se rio mientras entrelazaba los dedos con los de él.
—¿Voy a conocer pronto a esta diseñadora?
—¿A Jessica? —Inuyasha frunció el ceño—. Puede… si promete no hiperventilar y atacarte a ti y al bebé.
Kagome soltó una risita mientras se recostaba contra Inuyasha. Su respiración era pausada contra su cuello y Kagome no pudo evitar estremecerse contra su pecho.
—Bueno, ¿a qué vino esa pregunta que le hiciste a Miroku?
Inuyasha se rio disimuladamente.
—Simple curiosidad… por si alguna vez tienes ganas de tener sexo sin estar borrachos.
Kagome simplemente puso los ojos en blanco mientras se giraba en los brazos de Inuyasha, sus manos agarraron la parte de delante de su camiseta.
—Nos casamos dentro de dos días.
Él le acarició el pelo.
—Sí, mademoiselle, nos casamos dentro de dos días.
Kagome sonrió mientras se ponía lentamente de puntillas, cuadrando la barbilla en dirección a Inuyasha. Fue toda la invitación que necesitó.
Capturó sus labios en un beso abrasador.
Y todo lo que los rodeaba eran caras de Miko, observándolos sellar su amor con gusto.
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—¡No! —gimió Kagome en el sastre al día siguiente, cuando se probaba el vestido—. ¡Es demasiado corto y poco elegante para la boda de un Takahashi!
Ayame se toqueteó la barbilla y Yuka ladeó la cabeza.
—Tiene razón, Sango —asintió Yuka—, muy poco elegante. Digo… si alguien se agachara lo suficiente podría ver el tanga de mariposas de Kagome.
—¡CÁLLATE! —gimió Kagome mientras se giraba hacia la anciana modista, que parecía estar asustada del mal genio de Kagome.
Ayumi rio en voz baja mientras cubría el auricular de su móvil.
—Son las hormonas del embarazo —bromeó y devolvió su atención a la persona con la que estaba hablando. Mientras Kagome arreglaba el vestido y se lo probaba, Ayumi llamaba a la agencia de catering y volvía a confirmar con Inuyasha la ubicación de su playa privada.
—¿Qué os parece algo por debajo del hombro y con curvas? —inquirió Kagome—. No demasiado apretado, pero que tampoco sea extremadamente suelto. Algo perfecto…
—A ver, su marido es Takahashi Inuyasha —aportó Ayami mientras Eri asentía enérgicamente—, si haces bien el vestido de novia de la señora Takahashi, es posible que consigas más negocio.
La modista pareció procesar toda la información y se ocupó de encontrar el vestido perfecto para Kagome. Suspirando, Kagome bajó de un salto de la plataforma y se sentó al lado de Ayumi, que estaba aún al teléfono hablando del menú.
—¿Inuyasha está arreglando su esmoquin con los chicos? —inquirió Sango y Kagome asintió.
—Sí, y Hojo y Daichi están a cargo de la decoración de la playa.
Kagome frunció el ceño.
—¿Puedo confiarles la decoración de mi boda?
—No —dijo Ayumi—, pero Daichi sabe que si lo fastidia, tendrá que responder ante mí.
—Y ante mí —concordó Sango y Ayame se rio disimuladamente.
—Y ante mí y ante todo el que quiera que esta boda sea perfecta.
La modista volvió con un vestido pulcramente envuelto en sus manos.
—Señora —llamó—, pruébese esto.
Sonriendo, Kagome se levantó y le dio las gracias a la modista antes de desaparecer detrás de una cortina.
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—Rompamos con la tradición y comprémosle un esmoquin rojo —Miroku sonrió. Sesshomaru, al que habían notificado del arreglo de su hermano, había llegado a la tienda de esmóquines para ayudar a Inuyasha a comprarse uno.
—¿Rojo? Debería azotarte —masculló Sesshomaru mientras se levantaba.
—Negro, con corbata.
—¡Eso es muy típico! —gimió Miroku y Kouga le dio un coscorrón.
—En la boda de Ai llevarás un esmoquin rojo, Inuyasha puede elegir su preferencia para el día de su boda.
Meneando la cabeza, Inuyasha miró el largo estante de esmóquines, algunos con raya diplomática, otros completamente negros, mientras que otros tenían un polvoriento tono negro. Volviéndose hacia su hermano, Inuyasha se limitó a asentir antes de que Sesshomaru desapareciera en un mar de esmóquines.
—Rojo —resopló Hayabusa—, menudo hippie.
Miroku puso los ojos en blanco.
—¡Rompe con la tradición, tío! Si Inuyasha lo hace, ¡el resto del mundo tendrá una boda del color del arcoíris!
—Como ha dicho Kouga, hazlo en la boda de Ai —contestó Inuyasha mientras Sesshomaru volvía con un traje de elegante hechura.
—Pruébate este. —Sesshomaru lanzó el esmoquin a los brazos de Inuyasha y el joven empresario asintió, desapareciendo detrás de una cortina.
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Kagome entró esa noche cansada en la mansión y se encontró a su prometido sentado en el sofá, bebiendo una copa de algo. Al ver a Kagome entrando en casa, Inuyasha bajó la copa y se levantó para saludarla en persona.
—¿Qué tal tu día, mademoiselle? —susurró Inuyasha mientras ponía las manos en sus hombros, guiándola hasta el sofá.
—Un infierno… —suspiró Kagome mientras se sentaba en el regazo de Inuyasha, enterrando la cabeza en su cuello—. No puedo esperar a que se acabe.
Inuyasha se limitó a sonreír, acariciándole el pelo.
—Mañana, Miko —susurró contra su mejilla—, nos casamos… mañana.
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Parece que voy recuperando el ritmo de actualizaciones y me alegro porque quería dejar terminado el fic antes de empezar otra vez la universidad (por si a alguien le interesa, empiezo el 8 de septiembre, así que podéis calcular). De todos modos, esto es lo que os ofrezco por el momento.
Muchísimas gracias por todo vuestro apoyo, pronto llegaremos a los 200 reviews y estoy muy contenta. Sé que es un capítulo de medio transición, pero si os portáis bien, puede que haya actualización más rápido, ¿qué os parece?
¡Hasta la próxima!
