El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Disculpa, sinceramente
Inuyasha se limitó a sonreír, acariciándole el pelo.
—Mañana, Miko —susurró contra su mejilla—, nos casamos… mañana.
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Justo a la 1:01 de la madrugada, -Takahashi- Kagome salió corriendo de la cama, rompiendo el abrazo de su prometido para correr la maratón hacia su baño. Exactamente a la 1:02 de la madrugada, la misma Kagome estaba inclinada sobre el váter, haciendo un atroz ruido de arcadas mientras la comida de la noche anterior salía de ella.
Las arcadas despertaron a Inuyasha.
Al principio toqueteó la cama para buscar a su prometida, pero cuando su mente se dio cuenta de que no estaba, salió de la cama con los ojos abiertos como platos.
—Inu… —gimió Kagome e Inuyasha apartó las sábanas de su cuerpo (tenía el pecho desnudo y llevaba pantalones de pijama de algodón) y entró corriendo en el baño para consolar a su enferma y airada prometida.
Kagome sólo tenía un mes y medio de embarazo y su malestar era poco. Pero odiaba cuando vomitaba. Inuyasha le echó el pelo hacia atrás, con una toalla en la otra mano. Se encogió ante el olor de las entrañas de Kagome que asaltaba su nariz, pero no hizo ningún comentario.
—Arg… —gruñó Kagome mientras se desplomaba contra la pared. Inuyasha se sentó a su lado, acariciándole el cuello con cariño mientras Kagome respiraba varias veces, intentando asentar el estómago. Se giró suspirando hacia Inuyasha y lo abrazó con fuerza.
Él correspondió a su abrazo.
—¿Estás bien, mademoiselle? —inquirió y sintió que Kagome negaba con la cabeza en el hueco de su cuello. Suspirando, continuó frotándole la espalda, esperando que se sintiera un poco mejor.
—Lo siento —masculló contra su cuello y a Inuyasha se le suavizaron las facciones.
—No lo sientas —susurró, acercándola hacia él—, lávate y vuelve a la cama, ¿vale?
Kagome asintió e Inuyasha la ayudó a levantarse. Depositó un suave beso en su frente y volvió a la cama mientras Kagome hacía gárgaras, intentando sacar de su boca el sabor a vómito. Tras enjuagarse y dejar que su boca probara el enjuague bucal, Kagome salió del baño y se encontró a su prometido apoyado contra el cabecero de la cama con una almohada en su regazo.
Kagome sonrió.
Inuyasha se movió un poco cuando Kagome se apoyó en su regazo, jugueteando con sus dedos. La mano libre de Inuyasha peinó el pelo de Kagome, sus dedos jugaron con el bulto de nervios de la parte de atrás de su cuello.
—Gracias —susurró finalmente. Inuyasha siguió pasando los dedos por su pelo.
—Por ti lo que sea…
Y todo volvió a quedar en silencio.
—Bueno —murmuró Kagome mientras sentía los dedos de Inuyasha bajando por su cuello antes de volver a juguetear con las puntas de su pelo. Se sentía locamente excitada con sus acciones—. ¿Has elegido ya un disfraz de puercoespín para mí? —bromeó e Inuyasha se rio.
—Todavía no… quería algo sexy y seductor.
Kagome resopló.
—¿Para mi bebé? Va a ser que no.
—Ah, tu bebé, mi bebé… ¿cuál es la diferencia? El niño va a tener cuerpo de modelo y el cerebro de un empresario.
Kagome hizo un puchero.
—¿Estás diciendo que las modelos son estúpidas?
Inuyasha se rio entre dientes.
—No, nena, no estoy diciendo que las modelos sean estúpidas… sólo digo que tú eres la más sexy de todas y que si tenemos una hija me temo que voy a tener que encerrarla en su habitación para que los chicos no se le queden mirando.
Kagome soltó una risita. Era una imagen mental bonita, de una forma enferma… y retorcida.
—De eso nada. Mi hija va a hacer lo que quiera y conocerá sus límites.
—Nuestra hija —corrigió Inuyasha. Kagome simplemente se rio mientras ponía su mano sobre la de él antes de trazar las líneas de su palma con la punta de su uña. Inuyasha observó su dedo mientras se movía por su palma, el contraste de sus tonos de piel, sus manos suaves contras sus callosas manos de hombre…
Cerró su mano sobre la de Kagome, que aún estaba con la suya y sintió que sus dedos se movían para entrelazarse con los de él.
Sonrió.
—Y si tenemos un hijo —susurró Kagome—, lo apuntaremos a kárate porque tiene que saber pelear, a kendo porque tiene que saber qué hacer con un palo y a baile de salón por si su novia le obliga a bailar en su graduación.
—Estoy de acuerdo con todo, menos lo del baile de salón… demonios, ¡al menos deja que conduzca un Nascar!
Kagome resopló.
—Ajá, sigue soñando, Casanova.
—Quién dice que esté soñando.
—Yo.
—¿Quién te convirtió en la reina del mundo?
—Tú.
…
—Me vale… —masculló Inuyasha y siguió pasando los dedos por el pelo de ella.
—¿Puedo preguntarte algo? —inquirió finalmente Kagome e Inuyasha arqueó una ceja. Pregunta… eso podía iniciar una buena conversación o una conversación muy mala.
—Cuando me viste por primera vez —empezó Kagome mientras comenzaba una vez más a jugar con sus dedos—, ¿qué pensaste de mí…?
Inuyasha abrió los ojos como platos al oír la pregunta antes de que un flashback lo engullera…
Era la mujer más guapa sobre la que había puesto los ojos en su vida… en apariencia, era más sexy que su novia y estrella del porno, Kikyo.
—¿Hola? —Kagome alzó una ceja pero Inuyasha no dijo nada.
Él estaba demasiado ocupado admirando sus exquisitas curvas, sus perfectos atributos, la curva de sus labios, su pelo largo… sus delgados dedos… y especialmente el tamaño de su pecho.
En aquel entonces él nunca sonreía… y era por esa mujer que ese exterior helado se había derretido hace unos meses, revelando el gentil empresario que yacía bajo la dura superficie.
—¿Qué pensé? —murmuró—. Bueno… pensé en tus curvas perfectas —llevó la mano que peinaba su pelo hasta la curva de su pecho—, la curva de tus labios… —su pulgar se deslizó sobre sus labios abiertos—, tu pelo… —hablaba en voz baja—, tus dedos…
Kagome tenía cerrados los ojos.
—En que tu belleza supera la de Cleopatra y Afrodita.
Kagome sintió que se sonrojaba…
—Y en que te tenía que hacer mía.
—¿Tuya? —murmuró Kagome, sintiendo una corriente de emoción atravesando su cuerpo e Inuyasha sonrió, asintiendo.
—Sí, nena… mía.
Kagome no respondió, pero sus dedos siguieron jugando con los de Inuyasha. Estaba callada y, a pesar de que era la 1:42 de la madrugada, no tenían sueño y se dedicaban a disfrutar de la compañía del otro…
—Tenemos una boda por la mañana —murmuró finalmente Kagome, apartándose de Inuyasha—. Dudo que les siente bien a los demás que los novios tengan bolsas bajo los ojos.
Inuyasha se rio mientras levantaba la almohada de su regazo y la colocaba donde estaba tumbada Kagome, antes de apagar su lámpara. Su brazo izquierdo rodeaba su cintura, la espalda de ella estaba presionada contra su desnudo y musculoso pecho. La pierna izquierda de Inuyasha estaba entrelazada con las de Kagome y los dedos de su mano izquierda estaban entrelazados con los de él, deseando sentir más de él sin hacerlo realmente.
—No les importará —susurró en su oído—, siempre y cuando nos levantemos y nos casemos antes de que Naraku o Akira lo descubran…
Kagome hizo un sonido de asentimiento mientras cerraba los ojos, el cansancio se apoderaba de su ser. Inuyasha la observó, descansando serenamente a su lado. La noche anterior lo único que había hecho había sido preguntar si quería pasar la noche en su habitación antes de su boda y Kagome había aceptado de inmediato.
Le había sorprendido, pero esta era Kagome… siempre estaba llena de sorpresas.
—Mademoiselle —susurró y oyó que volvía a hacer un sonido gutural.
—Mademoiselle Miko, por favor mírame —pidió y Kagome suspiró, girándose, reacia. Arqueó una ceja en su dirección, su pelo estaba esparcido bajo ella como una oscura sombra. Inuyasha sonrió con cariño.
—¿Qué pasa, Casanova? —inquirió Kagome e Inuyasha se rio entre dientes.
—Por curiosidad… ¿por qué me llamas Casanova?
Kagome se encogió de hombros.
—Creo que oí que Souta lo decía una vez en una película… en fin, no es por eso por lo que me dijiste que me girara, ¿no?
Inuyasha se rio entre dientes.
—No, no lo es…
—¿Entonces?
—¿Entonces?
—¡Inuyasha!
—¡Kagome!
Gruñendo, intentó darse la vuelta y volver a dormir, pero Inuyasha la agarró por la cintura y evitó que lo hiciera. Alzando una ceja en su dirección, Kagome le lanzó una mirada que decía claramente: qué demonios haces y más te vale que me lo digas antes de que te arranque las pelotas y te las haga tragar. Inuyasha suspiró profundamente.
—Tengo que… ¿decirte algo?
Kagome arqueó una ceja.
—¿Vas a profesar tu amor eterno por un mono y a proclamar que no te puedes casar conmigo porque amas demasiado al mono y desearías darle hijos al mono en vez de a mí?
—¿Monos? ¿Qué te has fumado? —farfulló Inuyasha.
Kagome soltó una risita.
—No sé… ¿qué pasa, Inuyasha?
El empresario suspiró mientras acariciaba la barbilla de Kagome, haciendo que frunciera ligeramente el ceño. Esto era inaudito, por lo menos. Inuyasha nunca actuaba tan cariñoso con ella a menos que fuera a besarla o cualquier otro modo de actuar con la boca. ¿Pero ahora? Ahora simplemente la acariciaba y la complacía con el simple tacto de sus dedos sobre la piel…
—Verás… quería… en realidad…
Kagome asintió lentamente.
—Sí… ¿sí?
Es ahora o nunca, pensó Inuyasha para sí antes de pasar el pulgar sobre el labio inferior de Kagome, sintiendo la plenitud de su piel y la humedad de su saliva mojando su labio. Sonrió ligeramente.
—Quería disculparme —admitió plenamente y Kagome frunció el ceño.
—¿Disculparte? ¿Por qué?
—Por aprovecharme de ti cuando estabas borracha —murmuró—, yo tenía más autocontrol que tú y no debería… por mi vida… haber hecho eso… Quería disculparme por convertirte en la razón por la que engañé a Kikyo. Quería disculparme por dejarte embarazada… por darte sueños falsos en mi casa de verano… por cada lágrima que te causé… por todo el dolor del que fui responsable.
Kagome lo miró, sorprendida.
—Pero… quería compensarte por ello. Quiero ser el mejor marido y el mejor padre durante todo lo que dure este matrimonio. A pesar de que sea un matrimonio de conveniencia, quiero lo mejor de él y compensar toda la mierda que hice en la casa de verano… incluido lo de empujarte por un acantilado y hacer que casi te ahogaras.
Kagome soltó una risita al oír esa parte. Inuyasha la observó con esperanza, sus ojos buscaban dentro de los de ella.
—¿Me dejarás hacer lo que quiero hacer y compensarte por los últimos meses?
Kagome asintió, sonriendo.
—Sí, te dejaré, porque me lo debes, Casanova.
Inuyasha sonrió mientras se inclinaba hacia delante y depositaba un suave y tierno beso en sus labios. Kagome gimió mientras sus brazos rodeaban su cuello instantáneamente antes de que él la pusiera encima. Sus piernas rodearon su cintura mientras las manos de él la sostenían con fuerza por el torso, su pulgar acariciaba la base de su pecho.
—Inuyasha… —gimió Kagome entre el beso e Inuyasha se esforzó por contestar, así que emitió un ronco y contenido sonido gutural.
—Ámame… —susurró e Inuyasha abrió un ojo.
—Será un placer… —respondió mientras depositaba, lentamente, a Kagome en la cama. Lo observó mientras se sentaba a horcajadas sobre ella, asegurándose de no aplicar su peso sobre ella. Sus manos descansaron en sus hombros antes de instruirle a Kagome, con los ojos, que arqueara la espalda.
Ella así lo hizo.
Le sacó la camiseta, revelando sus abultados y crecientes pechos. Una lenta sonrisa se dibujó en su rostro mientras pasaba un dedo lenta y firmemente por su montículo izquierdo, asegurándose de tomarse su tiempo en el suave centro de su pecho.
Ella se endureció instantáneamente.
—¿No te alegras de que le haya preguntado a Miroku si era bueno tener sexo durante el embarazo? —bromeó Inuyasha y Kagome frunció el ceño. Sus manos volaron inmediatamente a sus pantalones y tiró del cinturón, aflojando el agarre de sus pantalones de algodón a su cuerpo.
Inuyasha se sacó los pantalones lentamente mientras se ocupaba con la ropa de la parte inferior de Kagome. Las piernas de Kagome cedieron mientras él le deslizaba lenta y deliberadamente las bragas por las piernas, soplando en todo momento. Kagome sonrió, excitada, mientras Inuyasha besaba su cuerpo, subiendo hasta sus labios.
—Esta vez —susurró contra su boca— lo recordaremos ambos…
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—Jesús —gruñó Inuyasha al oír el estridente politono de su móvil perforando el aire. Su desnuda y hermosa prometida se revolvió a su lado, pero todavía no estaba despierta y él se alegraba.
A nivel personal, la noche anterior tenía que haber sido la vez con la que más había disfrutado en su vida haciendo el amor…
Ni siquiera lo llamo sexo, reflexionó, hacer el amor… Le gustaba cómo sonaba.
Hacer el amor…
Hacer el amor con Kagome…
Y el maldito sonido seguía encendido, haciendo que Inuyasha contestara antes de que Kagome se despertara. Sintió que Kagome apretaba su agarre sobre su torso mientras se estiraba sobre la mesilla para coger el teléfono.
—¿Qué? —dijo arrastrando las palabras.
—Hola, tío… estamos todos listos en el recibidor… a las once, Ayame va a ir a recoger a Kagome y tú tienes que ir con tu coche a casa de Kouga —resonó la voz de Miroku por el auricular.
—Sí, sí… —masculló Inuyasha mientras pasaba un dedo por la mandíbula de Kagome. Miroku siguió diciendo algo antes de que se despidieran. Inuyasha lanzó el móvil al montón de ropa que había a los pies de la cama antes de volver con su prometida.
—¿Quién era? —murmuró Kagome mientras su dedo trazaba perezosos círculos en el pecho de Inuyasha.
—¿Estás despierta? —sonaba sorprendido.
Kagome asintió.
—Sí, ¿quién era?
—Miroku… hablándome de horas y de mierda. No te preocupes, tenemos unas horas antes de que tengas que irte con Ayame. Duerme un poco… necesitas dormir después de lo de anoche —ronroneó Inuyasha mientras Kagome se acurrucaba más entre los brazos de Inuyasha.
—Mmm —gimió mientras depositaba un suave beso en su pecho desnudo—, se está bien.
Inuyasha rio mientras rodeaba su pequeño cuerpo con sus brazos. Claro que se está bien… no pudo evitar sonreír al oír los suaves ronquidos de Kagome.
Ahora eres mía, mademoiselle, pensó, y solo yo te haré sentir así de bien…
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Próximo capítulo: la boda. ¿Qué pasará? Pronto lo sabréis, mientras tanto, ¿qué os ha parecido?
¡Hasta la próxima!
