Capítulo XXXI (Parte I): Shaina había llegado para ayudar a Marin de Águila, quien había ayudado a Seiya de Pegaso y Bart de Tigre a cruzar el "Camino de las Rosas Diabólicas", trampa puesta por el Caballero de Afrodita de Piscis, quien había sido derrotado, pero con nuevas bajas para nuestros héroes: Shun de Andrómeda y los Hermanos Flanders habían caído en la Casa de Piscis, luchando por Seiya y Bart, para que así pudieran llegar con el Patriarca.
- Shaina -Le llamó Seiya, mientras que la peli verde cuidaba de Marin, quien había quedado expuesta al veneno de las Rosas- ¿Puedes con Marin? ¿Estará bien? Le preguntó Seiya.
- Tranquilo, me haré cargo de cuidarla mientras que se recupera. Pero ustedes dos, deben ya ponerse en marcha hacia el Santuario, el tiempo apremia. Les aconsejó la Guerrera, mientras que ellos asentían con la cabeza, sabiendo que debían ir por el Patriarca.
Antes que eso, Seiya se le acercó a Marin, había algo que debía hacer antes de irse con Bart hacia el Santuario.
- Ten, gracias por ayudarnos a Bart y a mí. Le agradeció a su Maestra, mientras que le devolvía su máscara.
- No tienes por qué agradecérmelo, Seiya, tus amigos y tú han llegado hasta aquí, aunque con numerosas bajas, jamás se han rendido. Y ahora están a las puertas de saber qué ha pasado con el Gran Maestro. De prisa, corran. Le respondió Marin, mientras que volvía a ponerse su máscara, mientras que Seiya y Bart se despedían de ellas, partiendo hacia el Santuario.
Corriendo, Seiya y Bart llegaron hacia el Santuario, la Capital Racial de la orden de los Santos de Atenea y a su vez es el lugar desde donde la misma Diosa ejerce sus funciones, como protectora del Mundo de los Hombres. Es también el lugar de entrenamiento de los aspirantes a Santos, dentro de éste, se destacan las construcciones del Coliseo, las Doce Casas, resguardadas por los Santos de Oro, la Cámara del Patriarca, la habitación de la Diosa Atenea, la Estatua, Star Hill, el Reloj de Fuego, entre otros.
- ¿Aquí? Preguntó Bart, mientras que estaban ante una gigantesca puerta que daba a un lugar importante.
- Sí, crucemos. Dijo Seiya, respondiendo a su pregunta, mientras que ingresaban en el sitio.
Entraron corriendo hacia el salón del trono, donde allí estaba el Patriarca, sentado en aquel sitio.
- ¿Eres el Gran Patriarca? Preguntó Seiya serio.
- Así es. Respondió el hombre, mientras que quitaba el casco y la máscara, revelando a un joven de cabellos azules.
Bart se quedó mudo, había que ese joven le llamaba la atención, algo que él había visto en su sueño anterior.
- Debes acompañarme, Saori ha sido atacada y herida por una "Flecha Fantasma" en el pecho y así poder salvar su vida. Le pidió que fuera con él en auxilio de Atenea.
- Lo siento. No puedo. Le respondió el peli azul, cosa que hizo enojar a Seiya, quien golpeó al Patriarca.
Fue en ese momento, en el que Bart vio en los ojos del Gran Patriarca, de aquellos ojos celestes, salían lágrimas. Él estaba llorando.
- "¿Por qué estará llorando? Que raro, pero hay algo que no me gusta" Pensó Bart ante aquella escena.
Fue en ese momento, en el que aquel joven les dio una respuesta a su desesperada búsqueda de ayuda.
- No puedo sacar la flecha del pecho de Atena, pero hay una esperanza. Les dijo.
- ¿Y cuál es? Preguntó Seiya con Bart.
Al ver a ese joven de cabellos rubios, el Patriarca, en su mente, luchaba contra algo que ansiaba dominarlo.
- En el Cuarto de Atena, atrás del Cuarto del Maestro; allí se encuentra el Escudo, que puede parar cualquier ataque. Si se dirigen rápidamente hacia el escudo, podrán salvarla. Les informó al respecto.
- ¿Hay algo más, Gran Maestro? Preguntó Bart, mientras que se dirigía con respeto al Patriarca.
- Sí: Para cumplir su misión de proteger a la Tierra, Atenea cuenta con una estatua pequeña de la Diosa de la Victoria en su mano derecha y el escudo dorado en su mano izquierda. Les dio toda la información al respecto.
- Perfecto, vamos. Dijo Bart, pero el Patriarca le detuvo.
- Hay más: La Estatua de la Diosa de la Victoria le da a Atena el poder de vencer a cualquier enemigo, y el escudo dorado puede detener cualquier ataque. El Escudo Dorado ha permanecido en el Santuario durante todos estos años, mientras que la Diosa de la Victoria se la llevó Aioros junto con Atena cuando escaparon del Santuario. Les agregó a su relato, mientras que Seiya se le acercaba.
- Gracias, Gran Maestro. Le agradeció él con Bart, mientras que se dirigían hacia aquel cuarto, algo ocurrió.
- Esperen. Deténganse. Les ordenó el Patriarca, mientras que se detenían en su marcha.
- ¿Y ahora qué? Preguntó Bart.
- No los dejaré ir al Cuarto de Atena. Les responde y en ese momento, el Patriarca los atacó a ambos.
- ¡¿Qué demonios?! Se preguntó Seiya, mientras que se defendía con su Aprendiz de los ataques del enemigo.
- ¡¿Se ha vuelto loco?! Preguntó Bart a su Maestro.
En ese momento, Seiya se dio cuenta de algo muy llamativo: Los cabellos del Gran Patriarca habían cambiado de color a un gris, dejando el azul atrás, pero lo peor fue algo más aterrador: Aquel joven tenía dos caras, bien y mal.
De golpe, apareció la Armadura de Géminis y Arles se la pone.
- Así que aquí es donde termina el misterio. Dijo Bart.
- ¡Totalmente, el secreto ha revelado: El Caballero Dorado de Géminis asesinó al Patriarca y usurpó su lugar en el trono del Santuario! Respondió Seiya, revelando todo el misterio y el engaño cometido por aquel Caballero.
En ese momento, el Caballero traidor se dirigió hacia ellos.
- Veo que ya lo han descubierto. ¡Qué lastima! Es una pena que no podrán salvar a Atena. No saldrán de esta habitación nunca. Les dijo el Caballero de Géminis, mientras que los atacaba.
- No te separes, juntos podremos con él. Le dijo Seiya a Bart.
- Afirmativo, Maestro. Respondió su Aprendiz, mientras que se preparaban para el combate en el Salón del Trono.
:D La segunda parte y el epílogo continuarán en el capítulo siguiente n.n.
Saludos para Sayadiva64, Guest, María, aletuki01, Princesa andrmeda n.n :D Espero que disfruten de este nuevo combate en el Santuario de Atena :D. Nos vemos en el próximo capítulo
Se despide MontanaHatsune92 n.n. Paz y que tengan una buena semana.
