El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

-x-

Legalidad

¡APARTA TUS LABIOS DE MI PROMETIDA!

Todos los ojos se giraron para encontrar los amenazadores de…

—¿Naraku? —susurró Inuyasha, poniéndose delante de su esposa.

—No está solo…

Kagome abrió los ojos como platos.

—¿Papá?

Un hombre violento y decido caminaba por la arena, sin importarle que acabara de perturbar la boda de Inuyasha Takahashi. Sesshomaru se puso al lado de su cuñada mientras Inutaisho se levantaba, listo para llegar junto a sus hijos antes de que pasara algo grave.

Kagome abrió los ojos como platos al ver a Naraku caminando presuroso hacia el altar. Ahora estaba legalmente casada con Inuyasha y lo único que tenían que hacer era darse el beso que lo sellaría, algo que técnicamente no hacía falta hacer. Ella había dado el sí quiero, él había dado el sí quiero y le habían puesto el anillo al otro, por tanto estaban legalmente casados…

¿Verdad?

—¡Apártate de él ahora, Kagome! —bramó Akira mientras se ponía detrás de Naraku.

Kagome negó con la cabeza, desafiante. La mano de Sesshomaru fue hacia el hombro de su cuñada y la mantuvo allí mientras Inuyasha se ponía delante de ella, sus ojos llenos de ira y destrucción. Si daban un paso en falso… se desataría el infierno gracias a los hombres Takahashi.

—Oblígala —siseó Inuyasha y Naraku frunció el ceño, dando un paso hacia ellos.

—¿Cómo demonios encontrasteis este sitio? —exigió Kouga mientras caminaba hacia sus amigos.

Naraku sonrió con suficiencia mientras miraba por encima de su hombro. Todos los ojos se dirigieron hacia la entrada, donde vieron a una criatura de apariencia tímida. Inuyasha endureció la mirada.

—Kikyo…

—Nos dijo que ibas a casarte con Kagome —gruñó Akira—. Pero tú nos dijiste que ya estabas casado con ella. —Sonriendo con suficiencia, Akira sacó una hoja de papel. Los ojos de Kagome e Inuyasha volaron inmediatamente hacia el documento y Kagome no pudo evitar aferrarse al brazo de Sesshomaru…

—Vale la pena tener dinero… —Akira sonrió—. Certificados matrimoniales falsos… qué conveniente, ¿no, Takahashi? Cometiste fraude para conseguir a mi hija, ¿y para qué? —Dio un paso amenazante hacia la pareja de recién casados—. Deberías tener una razón para fingir que te habías casado con ella.

Kagome tragó saliva mientras miraba a su decidido marido. Los ojos de Inuyasha estaban clavados en los de Naraku. Tenía aspecto de novio enfadado, mientras que Naraku parecía un asqueroso canalla crustáceo con pintas de cerdo. O puede que eso fuera un halago que no combinaba con su verdadera naturaleza de violador.

Oh, por favor, Inuyasha… pensó Kagome, haz algo…

—Tengo una razón —dijo Inuyasha con voz fuerte y tranquila. Los ojos de todos los invitados se volvieron hacia el hijo Takahashi que se acababa de casar. Parecía haberse relajado, dado que su postura corporal estaba menos tensa. Sus ojos brillaban y sus brazos estaban ahora cruzados en lugar de tener las manos cerradas en puños.

—Y mi razón es tan elitista que no podéis demostrar que me equivoco sin importar cuánto dinero decidáis usar… —susurró Inuyasha.

Naraku frunció el ceño.

—¿Ah, sí? Falsificaste tu matrimonio con mi prometida ¿y ahora dices que tienes una muy buena razón para hacerlo? Dime, Takahashi —Naraku escupió el "Takahashi" como si fuera una palabra sucia—, ¿qué razón tienes? Ella es mi prometida y no hay nada que puedas hacer para cambiarlo. ¡NADA!

—¿Ah, sí? —se burló Inuyasha—. Entonces ¿el que sea mi esposa legalmente y que esté escrito en documentos legales, que haya sido presenciado por familia y amigos no significa nada para ti? ¿El que esté portando el anillo de boda de los Takahashi y que ahora sea por derecho mi esposa no significa nada para ti? —Inuyasha dio un paso adelante—. ¿El que esté embarazada de casi dos meses de mi hijo no significa nada para ti?

Akira se quedó helado.

Naraku se quedó helado.

Los ojos de Kagome se fijaron en Akira, que tenía la sorpresa escrita por toda la cara. Miroku, Kouga, Hayabusa, Hojo y Daichi estaban rodeando a la pareja Takahashi. La mirada de Akira viajó instantáneamente al estómago de su hija donde crecía su nieto…

—Mientes… —gruñó Naraku mientras daba un paso atrás, los ojos abiertos con horror—. Kagome… ella… maldición, ¡ella nunca se acostaría con un hombre sin estar casada!

Kagome frunció el ceño mientras Miroku alzaba una ceja. Él consiguió hablar antes que su amiga.

—¿Y cómo estás tan seguro?

—¡Es mi prometida! ¡¿Si no sé estos jodidos detalles, quién más tiene derecho a saberlos?!

—¿Su marido, tal vez? —dijo Inutaisho, no le gustaba que estuvieran tratando a su nuera como si fuera equipaje. Estaba embarazada de su nieto y era la amada esposa de su hijo pequeño… la respetarían, sin importar quién se dirigiera a ella; ya fuera su padre, Naraku, Sesshomaru o el mismísimo Dios.

Naraku gruñó.

—¡No estaba hablando contigo, viejo!

—Este viejo tiene suficiente energía dentro como para patear tu podrido culo para sacarte por la puerta de mi hijo, ¿entendido? —dijo Inutaisho en un mortífero susurro—. ¿O es que se te ha olvidado que he criado a los dos empresarios más exitosos de toda Asia?

—Pero también tienes que reconocerle el mérito a Akira, padre —rio Inuyasha—, ha criado a una buena modelo y a un hijo que es un actor bastante decente.

Inutaisho asintió ante su confusión.

—Mis disculpas, querido hijo, me olvidaba de que sus hijos no son para nada como él, y también me alegro de ello —Inutaisho le lanzó una mirada amenazadora al vacilante hombre—. Porque si mi nuera se pareciera aunque fuera un poco a ti… entonces no estarías emparentado con mi familia… Debo decir que Miko ha hecho un gran trabajo criándose a sí misma y a su hermano.

—¡¿Estás cuestionando mi habilidad para criar a mis hijos?! —bramó Akira dando un paso adelante. Eso era un golpe a su ego y era lo peor que podía hacerle un hombre a otro hombre. Especialmente porque Inuyasha había abrasado públicamente a Akira por lo de su película, sumado a que Akira odiaba a los Takahashi.

Sesshomaru puso los ojos en blanco.

—No la está cuestionando. Sólo ha hecho un comentario.

—¿Qué diferencia hay?

—Una pregunta incluye signos de interrogación al principio y al final de la afirmación —apuntó Kagome inteligentemente, haciendo que su marido y su cuñado se rieran entre dientes.

—¡Puedo llevarte ante los tribunales por fraude y por secuestrar a mi hija! —dijo Akira en un susurro asesino. Eso devolvió a Inuyasha a la situación que tenían entre manos.

—¿Llevarme ante los tribunales? Señor, déjeme explicarle lo que significa secuestrar. —Inuyasha dio un paso hacia ellos—. Secuestrar es el acto de llevarse a alguien contra su voluntad. ¿Tengo que recordarle que Kagome vino conmigo ese día voluntariamente…? Yo no la secuestré.

Akira gruñó.

—¡¿Y el falso matrimonio?!

Kagome se encogió de hombros.

—Ya estábamos casados, pero queríamos tener una ceremonia porque Izayoi pensó que sería apropiado, ya que ahora soy la hija pequeña de la familia Takahashi.

Piensas rápido, alabó Inuyasha a su mujer para sus adentros.

—¡Pero Inuyasha dijo antes claramente que había cometido fraude! —bramó Naraku y Kagome negó con la cabeza.

—¡Le oíste mal! Dijo que tenía una razón para sacarme de mi propia casa… nunca dijo nada de falsificar certificados matrimoniales. —Kagome acababa de retorcer las palabras anteriores de Inuyasha. Sí que había declarado la comisión del fraude, pero Naraku y Akira no tenían ninguna prueba física de que hubiera dicho algo así.

Naraku estaba en blanco. Su prometida, la mujer con la que se suponía que tenía que casarse para incrementar y mejorar su nombre ante los medios de comunicación se había casado con su mayor "enemigo" en los negocios (más bien era una competición para ver quién vendía más acciones y sacaba mayores beneficios). Eso era un golpe a su orgullo en más de una forma…

—Lo que me interesa es saber por qué Kikyo acudió a vosotros con eso de que íbamos a celebrar una boda —dijo Sesshomaru—, y cómo descubrió el lugar de la ceremonia…

Todos los ojos se dirigieron a la solitaria chica que estaba en la entrada.

Kouga tosió: "Acosadora"

Tos. Tos.

Estornudo.

Tos.

—Para con la tos dilatada, por favor. —Inuyasha movió la mano con molestia mientras Hayabusa se reía disimuladamente y Miroku se sonrojaba de la vergüenza. Era él el que había tosido más tarde.

Bueno, fue dramático… hasta cierto punto. Pensó Miroku y Kouga le sonrió. Estaban pasando un buen momento dramático enfrentándose a Akira Higurashi y a Naraku Onigumo sobre por qué estaban irrumpiendo en la boda Takahashi.

—Bueno, el tipo tiene razón —afirmó Hojo—, ¿cómo descubrió Kikyo el lugar de la ceremonia? Y qué ganaba con contároslo…

—No tenemos ningún derecho a decíroslo —ladró Akira—, la razón por la que la señorita Hiromi acudió a nosotros permanecerá estrictamente confidencial y nadie nos va a obligar a hablar sin representación legal. No hay abogados presentes así que…

—Eh, ¿olvidas que mi mujer es una abogada conocida y respetada en su firma? —Miroku alzó una ceja—. Porque ella puede ser nuestra representante legal. ¿Dónde está la tuya?

Hundido. Kagome podría haberse reído.

Naraku y Akira estaban mudos de asombro y Kikyo se echó hacia delante, incapaz de contenerse.

—¡ZORRA!

Kagome parpadeó.

—¿Yo?

—¡Sí, tú! —Kikyo caminó furiosamente hacia el altar—. ¡Si no hubieras aparecido mágicamente ese maldito día, Inuyasha y yo podríamos estar jodida y felizmente casados! ¡Pero nooooo, tenías que ponerte en plan "Oh, Inuyasha, eres un rico esnob"! ¡Arg! —gruñó Kikyo—. ¡Sabías que eso lo empujaría a su límite y que intentaría cualquier cosa con tal de hacerte cambiar de opinión sobre él!

Kagome arqueó una ceja.

—No lo conocía de antes… cómo iba a saber qué iba a responder a mi afirmación.

Kikyo se encogió de hombros.

—No sé. ¿Poderes mágicos de Miko?

—Eh… —Kagome volvió a parpadear—. Sólo porque me haga llamar Miko, no significa que tenga poderes mágicos de una sacerdotisa del siglo XVI…

—¡Quién sabe! Cómo sino hiciste que él —Kikyo señaló a Inuyasha con un dedo—, ¡¿se enamorara de ti?! Tú… ¡una niña a la que no había visto nunca en su vida comparada conmigo! Una mujer que ha conocido desde hace… ¡un montón de jodido tiempo!

—¡Blasfemia! —dijo Miroku con severidad—. Hay niños presentes desgraciada… ¡modelo de desnudos!

—Mmm… —tosió Inuyasha—. Creo que lo que quiere decir es "puta"…

—Tío —Miroku puso los ojos en blanco—. Estaba intentando cortar con el lenguaje obsceno. Digo, ¡hay oídos vírgenes presentes!

Daichi tosió.

—Creo que nuestros hijos tienen de todo menos oídos vírgenes… es decir, se pasan los días en casa de Inuyasha y las tardes en la tuya… Me sorprende que no tengan porno bajo sus cunitas o lo que sea…

—Estamos hablando de por qué mi hija está casada con Takahashi Inuyasha… no de por qué vuestros hijos no han entrado en las etapas pervertidas de su vida, muchas gracias —afirmó Akira con tono altivo.

—Tío, es un interludio humorístico —Miroku puso los ojos en blanco—, rompe la tensión por un momento en donde los protagonistas de esta historia contemplan varias de las acciones que pueden adoptar antes de que se vuelva a desarrollar el drama.

—Esto no es una película, hombre… esto es la vida real. —Hayabusa le dio a Miroku una palmadita en el hombro y este se rio con gusto.

—¿Y? ¡El mundo es tu escenario! ¡Vive! ¡Actúa! ¡Haz el ridículo!

—Vale, volvamos a la tensión dramática… ¡te has casado con mi prometida! —bramó Naraku.

—Creía que ya habíamos establecido eso hace media hora, Onigumo —masculló Kagome—. Me he casado con Inuyasha. ¿Quieres que te lo repita? Me he casado con Inuyasha. ¿Te ha entrado ya?

—Todavía no —Los ojos de Naraku brillaron asquerosamente—, por qué no me lo dices aquí… ¿puede que cara a cara y labio contra labio?

—Arg —masculló Inutaisho—. Piojos, Naraku. Preferiría que mi nuera permaneciera limpia e impoluta de tus labios llenos de enfermedades, Naraku. He oído que el Onigumo es malo para las embarazadas.

—No, una dosis de Onigumo puede venirle bien a ese mocoso Takahashi. —Naraku le lanzó una mirada asesina al vientre de Kagome.

—Lanzarle malas miradas a mi estómago no va a cambiar la situación, Onigumo —dijo Kagome. El público se rio ligeramente ante el cómico cambio en la situación.

—¿Podemos volver, por favor, con la razón de que haya venido aquí? —Akira se frotó las sienes—. Podría estar dándome un caro masaje ruso ahora mismo…

—¡¿Entonces por qué demonios estás aquí?! —Inuyasha alzó una ceja—. En serio, ¿qué tienes que perder con esta alianza? Vale, insulté tus habilidades como director cuando yo no tengo ninguna experiencia en el campo, pero no tienes que guardarme rencor por eso. Asúmelo, la película era un fracaso de todos modos, así que hice bien en apartarme del proyecto.

Akira observó a Inuyasha mientras este continuaba con su discurso.

—Mi familia es la más influyente de toda Asia y somos los que obtenemos mayores beneficios. Nuestras acciones son las mejor valoradas y seguimos ascendiendo en la escalera corporativa. Tenemos contactos en todos los países, en cualquier dirección de la brújula poseída por cualquier raza, y nuestros amigos también tienen buenos contactos con el resto del mundo. Fusionarte con nosotros incrementa tus rendimientos cien veces más que si dejas que Miko se case con Naraku. —Inuyasha miró al bufón que estaba al lado de su suegro—. Además… los bebés que haga con Kagome serán un millón de veces mejor que un bebé que pudiera tener Naraku con ella…

Kagome estalló en carcajadas mientras Akira sonreía débilmente. Pero pronto paró.

—¡Aun así, cuestionaste la legalidad de una unión entre hombre y mujer, es decir, entre mi hija y tú! —dijo Akira con calma—. Kagome dice que los dos ya estabais casados y que hoy tenéis la ceremonia, pero mi investigación y la declaración anterior de Inuyasha demuestra que los dos falsificasteis el matrimonio. Con qué propósito, no lo sé, pero voy a llevaros a juicio por falsa declaración de información y la abducción de mi hija de mi propia casa.

—¿Y qué más? —Kagome arqueó una ceja—. ¿Las condiciones inhumanas a las que me sometiste? ¿Angustia emocional? ¿Sufrimiento mental? ¿Forzarme a hacer algo por lo que no sentía pasión? ¿Por escapar de casa para encontrar un lugar donde era verdaderamente feliz? Asúmelo, padre —se mofó Kagome—, nosotros tenemos más contra ti…

Hablarle así a su padre rompió el mundo de Kagome, pero no tenía otra opción. Él estaba siendo cruel y difícil y Kagome estaba, esta vez de verdad, casada con Inuyasha (y embarazada de su hijo).

Los ojos de Akira se volvieron hacia ella.

—Os daré un mes antes de llevaros a juicio. Urdid cualquier historia que podáis inventar con vuestras mentes empresarias, pero os veré en los tribunales, dentro de un mes desde hoy, y recibiré una respuesta sobre por qué mi hija se escapó de casa, se acostó con Takahashi, falsificó un matrimonio con él y luego se casó con él de verdad… y todo lo demás que se haya hecho y que no pueda desentrañar ahora mismo.

—Bien —Inuyasha se encogió de hombros—, que sea un mes. Y en ese mes quiero descubrir por qué os contó Kikyo lo de la ceremonia y cómo descubrió el lugar, ¿trato?

Akira asintió.

—Trato. En fin, actitud empresarial aparte, ¿vais a besaros o no?

Kagome tosió.

—¡Papá! —siseó. Akira se rio disimuladamente.

—¿Qué? Después de todo sigo siendo tu padre, ¿no?

Naraku tenía una mirada amenazadora.

—¡Estamos aquí para infligirles miedo y odio, no para observar cómo se besan y se casan!

—Estamos trabajando para separarlos, ¿no? ¡Deja que se diviertan, bufón! —siseó en su oído antes de volverse hacia su hija.

—¿Y bien? Besaos…

Kagome miró a Inuyasha y se encogió de hombros antes de compartir un descuidado beso. Se oyó un débil ruido de aplausos antes de que Inutaisho suspirara, relajando los hombros.

—Volved a casa y… descansad… hoy ha sido un día demasiado raro.

Kagome asintió mientras observaba cómo se retiraban su padre y Naraku. Sí que ha sido raro…

—Oi —Inuyasha le dio un empujoncito a su mujer—, no me contestaste, ¿dónde quieres la luna de miel?

Kagome arqueó una ceja, mirando a su marido.

—¿De verdad quieres saber la respuesta?

—¡Por supuesto! Tengo que reservar los billetes para el país que elijas, mademoiselle.

—No tienes que reservar billetes para ningún lado. —Kagome tenía un brillo misterioso en los ojos.

Inuyasha arqueó una ceja.

—¿Oh?

Todos observaban la interacción entre marido y mujer. Kikyo, Naraku y Akira ya habían abandonado la ceremonia.

Kagome asintió.

—¿Y dónde va a ser?

—En tu casa de verano, Casanova.

-x-

Este capítulo ha sido subido con esta rapidez para evitar que mis lectoras se queden calvas y para que no se mueran del estrés por saber qué pasa (no sabéis lo mucho que me he reído con los reviews del capítulo anterior, sois geniales).

Parece vamos a tener un respiro y veremos cómo se desarrolla todo en este mes. Muchas gracias por vuestro apoyo, seguiré traduciendo a tope para traeros pronto el siguiente.

Besoos.