El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Luna de miel
—Me siento… embarazada —masculló Kagome mientras observaba a su marido, que estaba preparando un plato de alta cocina la segunda tarde de su luna de miel. Inuyasha había transferido todas sus pertenencias a su casa de verano y tenían suficientes provisiones para que les duraran un mes (lo que él deseaba que durara la luna de miel). La primera noche había sido incómoda, en el sentido de que Inuyasha no paraba de recibir llamadas de teléfono preguntando cómo estaba Kagome y cómo le había afectado el incidente de su boda y, en las famosas palabras del señor Takahashi, más mierda.
—¿A lo mejor es porque estás embarazada, mademoiselle? —rio Inuyasha mientras Kagome le lanzaba una mirada asesina.
—Cállate y prepara mi comida. Cerdo. —Kagome bufó disimuladamente mientras continuaba bebiendo el zumo de manzana que su marido le había preparado caballerosamente. Al personal de la casa de verano de Inuyasha se le había dado un mes de vacaciones, así que el recién comprometido novio tenía el placer de cocinar, limpiar y atender a su algo embarazada esposa.
—Eres una mandona.
—Y tú eres un lento. El niño y yo nos estamos muriendo de hambre. —Kagome hizo un dramático intento de desmayo, pero falló miserablemente. Inuyasha se rio entre dientes mientras se ajustaba la camiseta y danzaba por la cocina (en sentido figurado), preparando la cena de su esposa. Kagome llevaba puesto un fluido vestido floral que le llegaba a los tobillos. Estaba sentada en el taburete en la cocina de Inuyasha y observaba a su respetado marido mientras se afanaba con el caliente microondas y un templado horno.
—¿Qué era lo que me estabas preparando?
—Macarrones con queso —respondió Inuyasha con tono digno. Eso hizo que la modelo soltara una risita, haciendo que el zumo de manzana le saliera por la nariz. Alzando una ceja con asco y diversión, Inuyasha le lanzó un pañuelo a Kagome, que le sonrió, limpiándose la cara.
—No actúas como una afamada modelo, querida esposa —afirmó Inuyasha mientras saboreaba unos pocos macarrones. Kagome se limitó a poner los ojos en blanco.
—Y yo nunca pensé que el tío más rico de toda Asia estaría haciendo macarrones con queso la segunda noche de su luna de miel para su esposa embarazada —replicó Kagome. Inuyasha simplemente se rio ante la actitud infantil de su mujer y continuó cocinando.
Kagome tarareó una suave melodía y siguió sorbiendo su zumo de manzana, sus ojos estaban fijos en su marido, observando cómo se movían sus músculos mientras maniobraba alrededor de su grandiosa cocina. Tenía que admitir que albergaba fuertes sentimientos por su marido y que, sin duda, se sentía a salvo a su lado. Desde el principio del verano había sido su lugar seguro, protegiéndola de la maldad que había en su vida.
Había sido, y seguía siendo, su primer contacto con el amor…
—¿Ya está, Casanova? —gimió Kagome e Inuyasha se dio la vuelta con un gran cuenco en su mano izquierda y dos tenedores en la derecha.
—Macarrones au fromage, para mi querida mademoiselle y por supuesto, pour moi. —Inuyasha puso el cuenco al lado de Kagome antes de acercar un taburete, poniéndose a su lado. Le tendió un tenedor y los dos atacaron la delicia con queso, ambos sonriendo. Kagome soltó una risita al ver un trozo de queso en la mejilla de su marido. Por instinto, alzó el pulgar y se la sacó, guiñándole un ojo en el proceso.
—Eres como un crío —afirmó Kagome.
Inuyasha bufó.
—Tú no te quedas atrás. Bueno, ¿cómo vas? —inquirió. Kagome supo, por su mirada, que se refería al incidente del día de su boda. Suspirando, Kagome volvió a sus macarrones.
—Hay veces que mi vida apesta… todo el mundo lo sabe. ¿Por qué te crees que Miko no va a conferencias o a entregas de premios?
Inuyasha rodeó los hombros de Kagome con un brazo y atrajo su cabeza para que se apoyara contra él. Su pulgar trazaba círculos en su hombro mientras sentía su suave aliento.
—Deja que te diga algo —murmuró, sus labios se movían suavemente contra su cuello—. Miko ya no tiene que preocuparse por su imagen. Ahora eres mi esposa y si se publica algo remotamente degradante contra ti… los medios tendrán que ocuparse de un infierno… literalmente.
Kagome le sonrió con dulzura a su marido y lo besó ligeramente en la mandíbula.
—Gracias… supongo que ya es hora de que revelemos que Higurashi Kagome es, de hecho, Miko.
Inuyasha se rio disimuladamente.
—Oh, no.
—¿No?
—No.
—¿Por qué?
—Porque Higurashi Kagome no es Miko.
—¿Y entonces quién es?
—Takahashi Kagome.
Kagome puso los ojos en blanco mientras le daba un empujoncito a Inuyasha para después volverse hacia sus macarrones con queso.
—¿Tortilla con queso o sola? —dijo Kagome repentinamente mientras sacaba unos huevos de la nevera. Inuyasha arqueó una ceja.
—¿Perdona?
—¿Con queso o sola? —repitió sin darse la vuelta, rompiendo los huevos de forma experta dentro de un cuenco mientras Inuyasha se recostaba en la silla.
—Tenemos cocineros, ¿sabes?
—Prefiero hacerme mi propia comida —murmuró mientras empezaba a freír el huevo—. Si no quieres tortilla ni nada hecho por mí, dímelo. No me tomo las cosas a pecho. —Sus ojos brillaron mientras se daba la vuelta—. A menos que me gustes.
—¿En qué estás pensando? —Kagome le dio un golpecito a su marido, que salió de su ensoñación. La miró, sonriendo.
—En cuando te ofreciste a hacerme una tortilla con queso —admitió—, y en cómo dijiste que no te tomas las cosas a pecho… a menos que te guste esa persona.
Kagome se sonrojó, recordando claramente el incidente. Había pasado en la misma casa en la que estaban.
—¿Lo dijiste en serio?
Kagome alzó la mirada hacia Inuyasha, confusa.
—¿Perdona?
—Cuando dijiste que te gusto… ¿lo dijiste en serio?
Kagome sonrió.
—Eso sólo lo sé yo, Casanova —Kagome se bajó del taburete con un guiño sensual—, y tú tendrás que descubrirlo.
Inuyasha bajó de un salto de su asiento, sonriendo ampliamente y corriendo tras su esposa, que no paraba de reírse.
—¡Vuelve aquí, mademoiselle!
—¡Oblígame!
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—Bien, estamos todos casados y/o legalmente unidos unos con otros. —Ayumi bostezó mientras todos estaban sentados en el salón de Miroku y Sango esa tarde. Kouga le estaba dando trozos de manzana a Ai y Ayame le daba lo mismo a Hikari.
Kyo, Ichiro y Kasumi estaban profundamente dormidos mientras el grupo de amigos estaba cómodamente sentado en el salón contemporáneo de los Lin.
—Os digo que se harán felices el uno al otro. —Sango sonrió—. Ella es exactamente lo que él necesita en su vida.
—A pesar de que sea varios años mayor que ella.
—Sólo seis. —Hayabusa puso los ojos en blanco—. No hay tanta diferencia de edad. Además, ella es demasiado inmadura y él es demasiado maduro. Se equilibran el uno al otro.
—¡Eso no tuvo ningún sentido! —bufó Daichi.
—Callaos, ahora lo tiene.
Sango suspiró mientras se recostaba en su sofá.
—Pero hay una cosa que me preocupa —murmuró—, dentro de un mes tendremos que enfrentarnos a los Higurashi en juicio sobre la legalidad del matrimonio de Inuyasha, así como por fraude…
Miroku asintió.
—Esto, básicamente, nos fastidia…
—¡Están legalmente casados! ¡El que haya fraude o no ya no debería importar! Además, ahora Kagome está embarazada —exclamó Yuka acaloradamente.
—Aun así —murmuró Sango—, Akira tiene bastante contra Inuyasha. Debido a esos dos y a su historia, Akira puede reunir fácilmente hechos contra Inuyasha que pueden ser falsificados para hacerlos pasar por ciertos.
—¿Cómo? —inquirió Miroku mientras Sango se frotaba las sienes.
—Inuyasha retiró su patrocinio de la película de Akira. Akira puede aportar pruebas fácilmente de que Inuyasha se retractó porque había escuchado rumores sobre las habilidades directorales de Akira… lo cual es, en esencia, cierto porque escuchó a Miroku antes de retirar su patrocinio. —Sango miró a su marido—. Eso puede demostrar que Inuyasha es un marido incompetente y un empresario inestable que escucha las opiniones de aquellos que no tienen experiencia en el campo en el que él es experto. Miroku, un médico, le está dando sugerencias a un empresario sobre qué hacer…
—¡Pero la gente sabía que Inuyasha había escuchado muchas opiniones antes de retractarse de la película! —gruñó Hayabusa—. ¡¿Cómo demonios puede hacer valer Akira algo contra él por eso?!
—Puede —murmuró Sango—, y, conociéndolo, lo hará.
—¡¿Por qué demonios quiere que su hija embarazada se case con Naraku cuando ya está con el padre del maldito bebé?! —gruñó Hojo—. ¡No tiene ningún maldito sentido!
Eri asintió en conformidad.
Yuka se encogió de hombros.
—Nadie lo sabe… ojalá que lo descubramos en el juicio…
—Ojalá…
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—¡Rosas!
—¡Tulipanes!
—¡No, maldición, rosas!
—¡¿Por qué?! ¡Los tulipanes también son bonitos!
—¡Pero yo quiero rosas!
—¡¿Por qué?!
—¡Porque sí!
—¡¿POR QUÉ?!
—Porque son significativas, ¡¿vale?!
Inuyasha y Kagome estaban discutiendo sobre si deberían plantar tulipanes o rosas en la entrada principal de su casa de verano. Dado que Kagome se había negado a cualquier interacción sexual debido a su cansancio mental y físico, los dos tenían que conformarse con otras actividades sexuales…
Como plantar flores…
—¡¿Y cómo es, si me lo puedes explicar amablemente, Takahashi, que las rosas son significativas?! —Kagome arqueó una ceja en dirección a su divertido marido.
—Porque expresan la belleza que es incomparable a nada más en el mundo… pero siempre son peligrosas. —A Inuyasha le brillaron los ojos—. Tienen espinas que son invisibles a menos que las toques… un poco como tú.
Kagome alzó una ceja.
—¿Yo?
—Tú infinitamente hermosa, mademoiselle Miko —susurró Inuyasha—, pero también eres peligrosa y, a menos que se te provoque, permaneces como una belleza inocente.
Kagome sonrió.
—Que sean rosas, entonces.
—¡Menudo poeta estoy hecho!
Kagome resopló ante el descaro de Inuyasha.
—Tengo un poema para ti. —Inuyasha le sonrió a Kagome mientras se inclinaban sobre montones de tierra para plantar las rosas. Kagome frunció el ceño.
—¿Ah, sí? Oigámoslo entonces…
Inuyasha se aclaró la garganta.
—Las rosas son rojas…
Kagome gruñó.
—Las violetas azules…
La señora Takahashi esperó los siguientes versos…
—¡Mi mierda apesta, tú no lo dudes!
—¡Maldito! —Kagome le lanzó una maceta vacía a su moribundo marido. Estaba rodando entre la tierra, riendo como una hiena con helio. Kagome le sacó la lengua a su marido antes de volver con sus rosas.
—Te recitaré un auténtico poema. —Le sonrió a Inuyasha mientras el empresario recobraba la compostura.
—¿Sí?
—Sí.
—¡Dilo!
Kagome puso los ojos en blanco.
—La roja rosa suspira de pasión/ Y la blanca rosa respira amor/ Oh, la roja rosa es un halcón/ Y la blanca rosa una paloma/ Pero yo te envío un capullo color crema/ Con un sonrojo en las puntas de sus pétalos/ Por el amor que es puro y dulce/ Tiene un beso de deseo en los labios.
Tras completar el poema de Kagome, Inuyasha (todo lo seguro que podía con su embarazada esposa) derribó a Kagome y devoró sus labios.
—Saboreo el deseo. —Le guiñó un ojo sensualmente tras terminar de devorarle la boca.
Kagome puso los ojos en blanco, gruñendo.
—Eres… un varón pervertido.
—¡¿Qué clase de varón no es un pervertido?!
—¿Mi padre?
—He dicho qué clase de varón. —Inuyasha puso los ojos en blanco. Kagome resopló.
—¿Estás insinuando que no es un varón?
—No, es un bastardo.
—Y ellos, está probado científicamente, que tienen un género diferente del Homo Sapiens, ¿verdad?
—Exacto.
—Deberían recompensarte por tanto conocimiento. —Kagome estaba siendo sarcástica e Inuyasha lo sabía.
Gruñendo, agarró a Kagome por los hombros y plantó los labios firmemente sobre los suyos. Tras dejar un montón de rosas en el suelo, las manos de Kagome rodearon los hombros de Inuyasha mientras su cabeza se inclinaba ligeramente hacia atrás.
Kagome gimió ligeramente entre el beso, sus dedos acariciaban la suave melena de Inuyasha. Tras presionar la palma de su mano contra la parte de atrás de la cabeza de Kagome, Inuyasha la atrajo más hacia sí, deseando saborearla más sin sacarle la ropa…
—-Inuyasha —gimió Kagome e Inuyasha sintió un subidón…
Kagome…
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Siento muchísimo la tardanza, acabo de empezar el curso y estos días han sido completamente caóticos. Espero que esto compense la espera.
Muchísimas gracias por todo el apoyo que me dais a través de vuestros comentarios, alertas y favoritos, siempre me animáis a seguir adelante.
¡Hasta la próxima!
