El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

-x-

Debut, Miko Takahashi

—Bueno, ¿qué tal la luna de miel? —Miroku le dio a Inuyasha un pequeño codazo en la sala familiar de los Lin una tarde de viernes. Kagome ya estaba dormida, en vista de que ya tenía cuatro meses de embarazo y su estómago estaba ligeramente abultado. Inuyasha estaba estirado en el sofá, jugando con su alianza y observando el chisporroteo de la chimenea.

—Sin sexo. —Inuyasha sonrió—. Hemos practicado la abstinencia durante todo un mes. Cuando es el juicio, ¿por cierto?

—Dentro de dos semanas. Sango lo está preparando todo.

—Qué irónico que Kagome no tenga ni idea de lo que está pasando y que nosotros seamos las razones por las que los Higurashi nos llevan a juicio.

Miroku se limitó a reír mientras zapeaba entre las películas que había en su televisor.

Inuyasha tenía los brazos detrás de la cabeza y las piernas apoyadas en la mesita de centro. Estaba pensativo, igual que Miroku. Por tanto, permitía que su recién casado mejor amigo ponderara los límites de sus pensamientos mientras iba cambiando de canal.

—Quiero presentar a Kagome ante los medios…

Miroku giró rápidamente la cabeza hacia Inuyasha.

—¡¿Qué?!

—Quiero revelar que es Miko.

Miroku no podía creer lo que estaba oyendo. Inuyasha, el hombre al que Kagome le había ocultado todo porque no quería que se revelara su identidad, decidía que quería que su mujer embarazada debutara como Miko Takahashi. Inconcebible…

—¡¿Que tú qué?!

—Quiero revelar que Kagome es Miko.

—¡¿Se lo has preguntado?!

—¿Puedo? —Inuyasha arqueó una ceja—. Está durmiendo, ¡¿no?! No sé, estaba pensando en ello y bueno… nuestra empresa va a lanzar productos para bebé y necesitamos a una chica para la portada. Han sugerido que el estómago se haga con animación por ordenador, pero… por qué no conseguir a una modelo que esté embarazada de verdad, ¿sabes?

Miroku asintió.

—Sí, pero… ¡está embarazada!

—¡No la estoy explotando! —gruñó Inuyasha—. ¡Soy su marido! No va a trabajar demasiado ni nada parecido… ¿por qué te lo estoy explicando?

Miroku simplemente se encogió de hombros.

—No sé. Pero sigo sin pensar que sea buena idea.

—No te he preguntado, ¿verdad?

—No lo has hecho.

—¿Entonces?

—¿Entonces?

—¿Entonces?

—¿Entonces?

—Oh, cállate de una vez —masculló Inuyasha, enfadándose ante la creciente sonrisilla de Miroku. Inuyasha devolvió su atención a la pantalla de televisión, eligiendo ignorar a Miroku un rato más…

-x-

—¿Mademoiselle? —preguntó Inuyasha temprano a la mañana siguiente en la habitación de invitados de los Lin. Inuyasha no había querido despertar a su somnolienta mujer, así que había decidido pasar la noche en la casa de su mejor amigo. Ahora, Inuyasha acariciaba la mejilla de Kagome mientras ella tenía los ojos cerrados, despierta sí, pero con los ojos cerrados.

—¿Mmm?

—Tengo una oferta que simplemente no podrás rechazar.

Kagome estalló en carcajadas mientras abría un poco un ojo.

—¿Ah, sí, Don Inuyasha?

—Ahh, síí —Inuyasha intentó imitar el acento italiano del Padrino—, no puedes… rechazar esta exquisita oferta mía.

—Adelante, Casanova. —Kagome puso los ojos en blanco mientras sentía cómo la mano de Inuyasha bajaba por su mejilla para descansar sobre su estómago, su pulgar trazaba círculos en la cumbre de su vientre.

—La empresa va a lanzar un nuevo producto —empezó Inuyasha su propuesta empresarial, intentando mantenerla lo más casual que pudiera ya que, evidentemente, se estaba dirigiendo a su mujer. Kagome asintió lentamente mientras sentía los dedos de su marido haciéndole cosquillas en el vientre.

—¿Sí?

—Sí —afirmó Inuyasha—, en realidad son tres nuevos productos, pero están todos ligeramente conectados.

—¿Qué son?

Inuyasha intentó mostrarse dudoso.

—Un andador para bebés, un balancín y un parque para niños.

Kagome abrió los ojos inmediatamente y los fijó en los serios de su marido. Inuyasha vio que sus ojos registraban lo que acababa de decir…

—Cosas… ¿de bebés?

Inuyasha asintió.

—Sí. Me preguntaba si tú, por casualidad, conoces a alguna modelo embarazada y con experiencia que estuviera dispuesta a ser la protagonista de unas sesiones de fotos. —Inuyasha meneó las cejas—. Y no te preocupes, ¡prometo no dejarla exhausta y le daré un exclusivo masaje de espalda al estilo Takahashi todos los días después de las fotos!

Kagome puso los ojos en blanco.

—¡Mi marido no le va a dar a ninguna modelo embarazada cualquiera masajes en la espalda todos los días, muchas gracias!

—¡Me refería a ti!

—¡Sé que lo hacías!

—¿Entonces eso es un sí?

—Podría ser un no.

—¡Ohh! ¿Por qué no?

—¿Cuántos años tienes? —Kagome arqueó una ceja—. ¡Actúa acorde a tu edad, Casanova!

—Sólo pregunto. —Inuyasha puso los ojos en blanco—. Podrías decir fácilmente no, Inuyasha, no quiero modelar como Miko Takahashi. Es una simple frase de ocho palabras.

¿Ocho palabras? Vocalizó Kagome, divertida.

—Eres un caso.

—Gracias, y ahora ¿lo harás?

Kagome suspiró.

—No… sé…

—¿A qué le tienes miedo?

—A mi identidad.

Inuyasha fijó la mirada largamente en su mujer. Su mano había parado de acariciarle la barriga hacía rato, pero ninguno de los dos se había dado cuenta.

—¿Tu identidad?

Kagome asintió.

—Como Kagome Higurashi. En cuanto descubran que Miko es —Kagome hizo una pausa—, o mejor dicho era Kagome Higurashi… entonces tanto nuestra familia como mi familia van a estar bajo una gran presión mediática.

—Nuestra familia puede soportarlo. —Inuyasha sonrió con suficiencia—. Tengo suficiente dinero como para trasladarnos a la luna si tenemos que hacerlo.

—¡No me voy a mudar a la luna con tu mocoso dentro de mí, entendido! —exigió Kagome en broma mientras Inuyasha le acariciaba la mejilla con la nariz. Su cálido aliento la tocaba y a Kagome le entraron ganas de lanzarse a sus labios…

—¿Lo harás? —murmuró, su labios se movían contra su lóbulo—. ¿Por favor, mademoiselle?

—Deja que me lo piense.

-x-

—Akira —murmuró Korari, sus ojos seguían la paseante figura de su estresado marido. Souta estaba sentado en la única mecedora de su sala de estar, observando a su padre contemplar varios problemas que le rondaban—. Akira, ¿qué pasó en la boda?

Akira miró a su mujer antes de reanudar su paseo.

—Kagome se casó con Inuyasha… y yo le dije que se besaran para terminar.

Souta abrió los ojos como platos.

—¡¿Que tú QUÉ?! —bramó sorprendido. Su padre, Akira Higurashi, que estaba tan inclinado a arruinar la vida de Kagome… ¿le había dicho que besara a Inuyasha para terminar con la ceremonia? ¡¿Tiene fiebre o algo así?! Inquirió Souta para sus adentros.

Akira se encogió de hombros, sus ojos estaban nublados con diversas emociones.

—Kagome parecía tan feliz… no la he visto tan feliz desde hace siglos. Simplemente no podía… quitarle eso tan de repente, ¿entiendes? —Akira inspeccionó los ojos de su mujer, rezando a Dios que Korari entendiera un poco—. No quería que mi niña se quedara sin nada. Tenía que darle una luz de esperanza.

—¿Luz de esperanza para qué? —preguntó Korari, arqueando una ceja.

Akira se encogió de hombros, confuso. Souta observó a su padre con escepticismo.

—¿Luz de esperanza de que su padre la sigue queriendo? —apuntó el joven actor.

Un atisbo de dolor cruzó los ojos de Akira mientras la verdad de las palabras de su hijo le afectaba. Souta tenía razón, para demostrar que la sigo queriendo.

—Entonces… ¿qué vamos a hacer ahora? —preguntó Korari, la esperanza se alzaba en su interior. Nunca había querido hacer daño a su hija de ninguna forma, pero su marido la había presionado hasta ese extremo. Si Akira recapacita ahora de sus acciones… puede que pueda ser la madre que quiero ser para Kagome. Korari iba a levantarse, pero Akira meneó la cabeza, indicándole a su esposa que volviera a sentarse.

—Quiero… —Akira hizo una pausa antes de respirar hondo—. Hablé con Inutaisho hace dos noches.

Korari abrió los ojos como platos.

—¡¿Que tú qué?!

Akira asintió, recordando la conversación…

¿Qué razón hay para que quieras arruinar la vida de mi hijo y la de su esposa? —inquirió Inutaisho, su voz teñida de emoción. Akira oyó el dolor y la ira contenidos en el tono del respetado empresario…

Tu hijo… —Akira se quedó en blanco e hizo una pausa… No tenía ninguna razón en particular para detestar tanto a Inuyasha. Sólo aquel comentario que había hecho. Pero guardarle rencor por eso era, bueno… infantil…

Totalmente infantil…

¿Por qué le guardo rencor? Se preguntó Akira, escuchando el silencio al teléfono. Inutaisho no estaba diciendo nada, sino que sólo esperaba que Akira contestara.

¿Qué hizo mi hijo? —presionó Inutaisho después de un tiempo. Akira suspiró.

Tu hijo… será un buen marido para mi hija —susurró Akira—, fue el rencor y, de hecho, estoy innatamente contento de que Inuyasha se haya casado con Kagome antes de que pudiera casarla con Naraku…

Inutaisho parecía complacido.

¿El violador?

No sé en qué estaba pensando. —Akira se estremeció. Su sentido común al fin funcionaba y se había dado cuenta de la crueldad de su error. Iba a casar a su hija con un violador…—. Supongo que sólo quería… la fama… —Que era la razón por la que iba a empujar a su hija embarazada a casarse con un violador…

¡A su hija embarazada!

Cómo pude…

¿Cómo había podido?

Era un monstruo…

¿Entonces qué propones que hagamos? —inquirió Inutaisho y Akira frunció el ceño.

Todavía tenemos que llevarlos a juicio, pero en cambio… ¿podríamos encarcelar a Naraku por violación? No ha sido sentenciado por ese despreciable crimen.

Inutaisho se rio.

Me alegro de que hayas recuperado el sentido común, Akira.

Yo también.

Korari parecía estar encantada.

—Entonces… entonces… ¿significa esto…?

Akira sonrió ligeramente.

—¿Que he despertado de un oscuro y profundo sueño?

—Arg. —Souta arqueó una ceja—. ¿No es demasiado cursi?

Pero Akira y Korari no le hicieron caso a Souta. En cambio, Korari saltó de su sitio, sollozando y abrazando a su marido. Estaba feliz y contenta de que Akira hubiera recapacitado después de tanto tiempo… Su hija ya no tendría que casarse con ese hijo de puta violador…

—Además —murmuró Korari contra el pecho de Akira—, serás aún más famoso, si es que ese era tu objetivo, con los Takahashi como familia política de Kagome.

Akira se rio entre dientes.

—Sólo quiero que Kagome y nosotros seamos felices…

Y ahora, hora de atrapar a ese Naraku…

-x-

—Una semana más. —Akira se paseaba por el salón un día después de su incidente con su familia. Estaba intentando mantener la imagen de odio a Takahashi Inuyasha delante de Onigumo, pero era difícil. Miró a Naraku antes de volver a hablar—. Una semana más antes de que llevemos a los Takahashi a juicio.

La familia Onigumo observaba a Akira, que describía un agujero en el suelo de su salón y lo único que podían hacer y decir era nada. Naraku tenía ganas de romper algo… preferiblemente la cabeza de Inuyasha pero, obviamente, el hombre no estaba a su alcance.

—¿Qué planeas hacer cuando estemos en el juicio? —inquirió el padre de Naraku mientras Akira seguía paseándose.

—-No… sé… —se interrumpió Akira. ¿Qué iba a hacer? No tenía ninguna prueba (excepto Aiko, la chica a la que Naraku había violado en grupo) de que Naraku era culpable de lo que se le acusaba. Akira se quedó mirando al vacío, inconsciente de sus alrededores mientras la realidad de la situación se cernía sobre él…

—¡Akira! —Naraku se levantó, impacientándose—. ¡¿Qué demonios vas a hacer?!

—No te ATREVAS a alzarme la voz, jovencito —bramó Akira, volviendo a la realidad—. Respeta a tus jodidos mayores, ¿entendido?

Naraku gruñó mientras volvía a sentarse, sus ojos estaban inyectados en sangre.

Gracias a Dios que no casé a Kagome con este tipo…

-x-

—Entonces, ¿lo harás? —rogó Inuyasha—. ¡¿Lo harás, lo harás, lo harás, lo harááááás?!

Kagome miró esa tarde, incómoda, a su marido mientras estaban sentados en el salón. Inuyasha no se había rendido y había seguido preguntándole sobre lo de hacer de modelo de estómago para su nueva línea de productos de bebés. Le daba miedo…la idea de revelar su verdadera identidad.

Había estado bajo una manta, por así decirlo, durante toda su vida y ahora, de repente, después de dos meses de hacer el tonto, era la esposa de Takahashi Inuyasha, un empresario mundialmente conocido. Estaba embarazada de su primogénito y también era una elegante modelo…

Una elegante modelo embarazada cuyo marido, el empresario, le ofrecía ser la protagonista de unas fotos para los productos de bebés…

—Cállate, Inuyasha. —Kagome puso los ojos en blanco e Inuyasha suspiró, levantándose y enfrentándose a su esposa.

—Bien, si no quieres —Inuyasha intentó el truco de la psicología inversa—, no tienes por qué hacerlo.

—¡¿De verdad?! —Kagome abrió los ojos como platos.

¡Maldición! Inuyasha maldijo internamente. Se sentó al lado de Kagome una vez más y la agarró de una mano.

—Supongo, —Inuyasha suspiró—, ¿sabes qué? No puedo obligarte. —Acarició su vientre cariñosamente—. Estás embarazada de mi mocoso, después de todo.

Kagome sonrió.

—Me alegro de que lo entiendas.

Inuyasha se encogió de hombros.

—Tengo que ser un tipo comprensivo si tengo que estar casado con Higurashi Kagome.

—¡Oh, sí! —Kagome frotó la nariz contra su mejilla—. Pero quiero ser tu modelo…

Inuyasha abrió los ojos como platos mientras su mirada se dirigía rápidamente hacia su mujer que le sonreía, divertida.

—Estás…

—¿Segura? Sí, lo estoy. —Kagome soltó una risita mientras Inuyasha la empujaba lentamente para que se acostara en el sofá. Se subió encima de ella con toda la delicadeza que pudo, manteniéndose lo suficientemente alto como para no hacer presión sobre su estómago…

—Inuyasha…

—¿Mmm? —Sus labios ya habían encontrado su cuello y Kagome arqueó la espalda, gimiendo. Su mano derecha viajó bajo su camiseta y le apartó el sujetador, dándole un pequeño apretón. Kagome ahogó una exclamación de placer y su mano se agarró al brazo de Inuyasha, quería sentir más de él…

—Despacio, mademoiselle. —Los labios fruncidos de Inuyasha trabajaban expertamente alrededor de sus puntos de presión.

—Échale la culpa al bebé —masculló Kagome alegremente e Inuyasha se rio, rozando la nariz contra la comisura de su labio.

—Cuando salga el bebé nos divertiremos más, mademoiselle…

Kagome se limitó a hacer un puchero mientras Inuyasha se bajaba de encima de ella.

—Te estoy estresando con una sobredosis de hormonas sexuales. Tienes que descansar. —Inuyasha meneó las cejas y Kagome simplemente puso los ojos en blanco.

—Bicho raro.

—Gracias —susurró mientras se inclinaba contra su oído—, por más de una cosa…

Kagome cerró los ojos…

Te quiero

-x-

Perdón, perdón, perdón por la tardanza. No tener internet en la ciudad en la que estudio es un martirio, sobre todo cuando tengo que actualizar antes de que queráis lincharme, jeje, pero el sábado que viene ya tengo y espero poder volver a la normalidad.

Espero que os haya gustado el capítulo, nos vemos en el siguiente.

Un besoo