El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
-x-
Juicio I
Kagome parpadeó repetidas veces ante el plato de algo que tenía delante. No podía distinguir si era el plato de calamares que había pedido o un pijo marisco de alta cocina. Era el día anterior al juicio e Inuyasha había decidido llevar a su maravillosamente embarazada esposa a cenar fuera. Se había hecho la promesa mental de que, después de terminar con todo aquello, se llevaría a Kagome un mes de vacaciones antes de empezar las sesiones de fotos de Miko Takahashi para la línea de bebés.
—Inuyasha —siseó y su marido la miró—, ¿qué es esto?
Inuyasha miró el pringue burbujeante del plato de Kagome e hizo señal de vómito.
—Un montón de mierda marida —murmuró alegremente, haciendo que su esposa lo mirara amenazadoramente.
—¿Y si me mata?
—No lo hará.
—¿Y si lo hace?
—Maldita mujer. —Inuyasha meneó la cabeza—. Si te mata, me aseguraré de demandar a esta gente y sacar mucho dinero de la causa.
Kagome se limitó a resoplar mientras le daba un mordisco a la retorcida cola de un calamar. Cerró los ojos y se preparó para lo peor… ¡le encantaba! Inuyasha se rio disimuladamente desde su asiento, sabía que le iba a encantar, demonios, era su favorito.
—¿Mademoiselle? —murmuró embobado. Kagome alzó la mirada hacia él.
—¿Mmm?
—¿Te gusta?
—¡Me encanta!
-x-
—¿Qué pasó con Kikyo? —Sango estaba sentada en el salón de Inuyasha, con varios documentos esparcidos delante de ella. Ai estaba dormida en el sofá mientras que Miroku sorbía té de una enorme taza. Kouga y Ayame estaban sentados enfrente de Sango, con Hikari sentada en el regazo de Kouga.
—Buena pregunta —Ayame frunció el ceño—, la última vez que la vi fue en la boda… ¿como hace mes y medio?
—¿A dónde se fue esa cosa? —preguntó Miroku en voz baja, no quería decir palabrotas delante de una muy despierta Hikari. Kouga se encogió de hombros, obviamente no muy interesado en el tema de Kikyo y su paradero.
—Lo único que me importa es que no ha molestado a Kagome o a Inuyasha desde hace bastante tiempo… —afirmó Kouga—. Mientras se mantenga al margen y el juicio vaya como la seda, estaremos servidos para los siguientes cuatro a siete años. Dejemos que el mocoso Takahashi crezca con los nuestros y… sí. —Kouga se interrumpió al recibir miradas incómodas de sus amigos. Se sonrojó de la vergüenza.
—¡¿Qué?! ¿Un hombre no puede tener sueños?
—Puede, —asintió Miroku—, pero no si son sueños raros sobre Takahashi y su mujer.
—Pero, aun así… —murmuró Sango—. El simple hecho de que no hayamos visto ni tenido noticias de Kikyo cuando iba en serio con Inuyasha es… raro. Un día estaba saliendo con Hiromi y al día siguiente se casa con Higurashi, la deja embarazada y se compromete, y la exnovia no hace más que… ¿desaparecer?
Ayame asintió.
—Parece sospechoso, si lo pensáis bien.
—Mientras no esté aquí ni nos moleste —Kouga se encogió de hombros—, ¿quién soy yo para quejarme?
Miroku frunció el ceño, entendiendo la lógica de su mujer. Kikyo había estado saliendo un tiempo con Inuyasha cuando, de repente, un día la estaba abrazando y amándola y a la mañana siguiente estaba casado con Kagome y con un hijo en camino, y Kikyo simplemente desaparece. Algo de todo eso no cuadraba, al menos no para los Lin. Sango parecía preocupada por todo eso y el que su mejor amiga estuviera embarazada de cuatro meses no ayudaba a aliviar su estrés.
—Kagome tiene un embarazo bastante avanzado —murmuró—. Está en su segundo trimestre y no quiero que se preocupe… y no quiero que ninguno de vosotros saque el tema de Kikyo, ¿entendido?
Los otros tres asintieron. Kouga acarició ligeramente el pelo de Hikari mientras Miroku tapaba a su hija con una manta… Mañana era el gran día para todos ellos y estaban nerviosos, tenían mariposas en sus estómagos, especialmente Sango.
—¿Tienes tus documentos? —Miroku tocó el hombro de Sango. Ella asintió.
—Sí, tengo mis notas, mis documentos y todo lo que necesito —murmuró Sango. Ayame inclinó la cabeza hacia la izquierda.
—¿Va a decidir un juez o un jurado?
—Juez —afirmó Sango—. Kagome e Inuyasha no querían un jurado y, de algún modo, los Higurashi aceptaron. Sólo los abogados, el juez y un selecto grupo de familia y amigos estarán presentes en el momento de la vista.
—¿A quiénes eligieron los Takahashi para que vayan a la vista? —inquirió Kouga.
—Miroku, obviamente yo soy la abogada, así que tengo que estar presente, Inutaisho y Sesshomaru —expuso Sango—. Inuyasha no quería llenar el lugar, así que sólo eligió a tres de nosotros para que fuéramos. Pero no tengo ni idea de a quién van a llevar los Higurashi.
Kouga sonrió, compasivo.
—Buena suerte, Sango.
Ella asintió.
—Gracias, Lang —dijo con adoración—. La voy a necesitar.
-x-
Kagome yacía en posición horizontal en la cama, las manos sobre su abultado estómago. Inuyasha estaba acostado a su lado, pasando canales en su televisión de alta definición que estaba fija en la pared. Kagome estaba perdida en sus pensamientos, los dedos de sus pies se movían con anticipación y su pelo estaba esparcido alrededor de su cabeza como un gran halo. Inuyasha la miró y estudió el brillante perfil de Kagome, bebiendo de su cremosa complexión.
—¿Mademoiselle? —susurró y Kagome lo miró.
—¿Mmm?
Inuyasha apagó la televisión y se acercó a su esposa. Se irguió sobre su brazo derecho mientras su izquierdo se arrastraba ligeramente sobre su alargado vientre.
—¿En qué piensas?
Kagome se encogió de hombros.
—¿En todo?
Inuyasha acercó los labios a su cara y besó ligeramente su sien.
—Todo va a salir bien.
Unos ojos perdidos buscaron dentro de los suyos.
—¿Lo prometes? —Su voz era apenas audible. A Inuyasha se le partió el corazón al ver a su mujer tan indefensa. Toda esta situación la estaba afectando y no quería sobrecargarla a ella o al bebé. Su falsa promesa era lo que la mantenía agarrada a la cordura y sentía que, a pesar de que estaba acostado con ella (en cierto modo), esto era lo que necesitaba.
—Lo prometo. Ahora duerme un poco…
Kagome asintió y besó la mandíbula de Inuyasha antes de acurrucarse en sus brazos. Inuyasha sonrió débilmente al ver que Kagome cerraba los ojos, intentando quedarse dormida.
Lo prometo, pensó para sus adentros, puede que no pueda prometerte una victoria mañana… pero prometo que a pesar del fallo de mañana, estaré ahí para ti y para nuestro bebé. Prometo que nadie, ni siquiera Dios, podrá separarnos…
Al sentir que la respiración de su esposa se normalizaba, Inuyasha le apartó un mechón de pelo, sus labios estaban a milímetros de los de ella.
—Prometo, mademoiselle Miko —ronroneó—, que siempre te querré…
-x-
—Así que mañana es el juicio —dijo Akira en voz baja en su móvil cerca de la medianoche. Inutaisho había llamado a Akira para hablar de los últimos detalles del caso Higurashi contra Takahashi por cargos de fraude y secuestro.
—Sí —afirmó Inutaisho—, Inuyasha y Kagome están listos. Miroku, Sesshomaru y yo estaremos presentes en la vista. Naraku va venir, ¿verdad?
Akira estaba pasando páginas, sosteniendo el teléfono entre su oreja y su hombro.
—Sí, ¿Sesshomaru consiguió contactar con tu testigo?
—Aiko va a venir, si eso es a lo que te refieres —murmuró Inutaisho. Akira se rio en voz baja.
—Sí, eso es exactamente a lo que me refiero.
Inutaisho permaneció en silencio unos momentos antes de aclararse la garganta.
—Bueno, eh… después de que termine este evento tan ostentoso, ¿quieres darle una fiesta sorpresa a Kagome por el bebé? Acaba de empezar su segundo trimestre y creo que sería muy… sorprendente que su familia llegara a la fiesta sorpresa.
—Me encantaría —dijo Akira sinceramente—, solo si ese marido suyo está de acuerdo. Dudo que a tu hijo le guste mucho.
Inutaisho se rio entre dientes.
—Tú eres el suegro, amigo. Si a Inuyasha le gustas… ¡es que algo va mal!
—Eso, Takahashi, es estereotipar la situación.
Inutaisho se rio.
—Puede, pero Inuyasha no te odia.
—Eso lo dices ahora. Ya veremos cuando me saque de su propiedad por aparecer con una cuna.
Inutaisho se toqueteó la barbilla.
—Es probable que Inuyasha hiciera algo así.
Akira resopló con sarcasmo.
—Volviendo al tema: concentrémonos en el caso de mañana y luego planearemos la fiesta por el bebé y picnics para suegros y yernos, ¿vale? ¿Nadie sabe lo que voy a hacer mañana?
—Nop —confirmó Inutaisho—, es una prueba que no conocen ninguno de los abogados. Se la presentaré yo personalmente al juez antes de la vista.
—Perfecto. Supongo que debería irme a dormir… tenemos un gran día en menos de seis horas.
Inutaisho rio.
—Muy bien. —Y colgaron.
-x-
Test: ¿Es amor?
Kagome sonrió mientras abría la revista que tenía en el regazo. Iban en la limusina de Inuyasha hacia el lugar de la vista. Miroku iba con ellos y Sango iba en otro vehículo con Sesshomaru e Inutaisho. Mientras Miroku discutía los detalles de último minuto con su marido, Kagome se sumergía en un test que había encontrado en la revista que había en un montón en la limusina.
¿Crees que la persona en cuestión es atractiva?
Kagome soltó una risita, rodeando el sí con un círculo.
¿Te emocionas y te ilusionas cuando ves a la persona en cuestión?
Sí.
¿La idea de estar con la persona en cuestión a solas te proporciona calidez y una sensación de comodidad?
Sí.
¿Te sientes un poco extraña/o e incómoda/o cuando la persona en cuestión es muy amable con los miembros del sexo opuesto que no sean tú?
Kagome se sonrojó. Vale, sí, me pongo un poquito celosa… Sí.
¿Actúas de un modo excepcional alrededor de la persona en cuestión? (Ejemplos pueden ser: excepcionalmente amable, excepcionalmente violenta, excepcionalmente dispuesta a presumir)
Kagome frunció el ceño mientras miraba a su marido, que hablaba con Miroku. ¿Lo hago? Se preguntó y rodeó lentamente con un círculo el no.
Cuando te despiertas por la mañana, ¿piensas en un chico o chica especial al que tienes en alta estima?
Sonrió con suficiencia. Ahh, me despierto a su lado. Y, sin dudar, marcó el sí.
¿Tienes ganas de abrazar a la persona en cuestión y sientes que sería genial hacerlo?
Sí.
¿Aceptas a la persona en cuestión como quién es, con defectos y todo, y te hace sentir igualmente amada/o?
Sí.
¿Has pensado en tener una relación seria con esa persona en cuestión?
Kagome puso los ojos en blanco. Ehh, ¿me he casado con él? Y rodeó el sí con un círculo.
¿La persona en cuestión tiene el poder de darte una felicidad nunca antes vista y una agonía insoportable que nunca antes habías sentido?
Kagome se quedó mirando la pregunta antes de marcar sí. Esa pregunta era definitivamente cierta. Al darse cuenta de que había terminado el test, Kagome contó los puntos, vagamente consciente del ruido incoherente que estaban produciendo Miroku e Inuyasha.
Computando mentalmente los puntos, Kagome pasó a la página de resultados.
A M O R:
A alguien le ha golpeado la flecha de cupido ¡y no es otra persona más que tú! Ya estás enamorado/a de él/ella y este test sólo es una reafirmación de lo que ya sabes. Él/Ella está constantemente en tus pensamientos y él/ella solo/a puede hacer que tu vida estalle de felicidad o que tenga oscuros periodos de tristeza. Si tienes una relación, atesora este amor y todos los momentos felices. Si aún no tienes una relación, ve a por él/ella, porque no hay nada más insoportable que los sentimientos reprimidos. Es mejor haber amado y haber perdido que nunca haber amado.
Bueno, llámame estúpida, Kagome puso los ojos en blanco, ya sabía todo lo que me ha dicho este test…
—¿Kagome? —Inuyasha le dio un pequeño codazo y ella salió de su ensoñación. Parpadeó un par de veces para aclarar la mente y alzó la mirada hacia Inuyasha.
—¿Sí?
—Hemos llegado…
Kagome tragó saliva, cerrando la revista y buscando seguridad en los ojos de su marido.
—Te lo prometí, ¿no?
Y eso fue todo lo que le hizo falta a Kagome…
-x-
—Él —Un dedo señaló a Inuyasha— secuestró a Higurashi Kagome, la forzó y la chantajeó para que se casara con él, sin dejarle más opción.
—¡PROTESTO! —chilló Sango, le estaba subiendo la presión sanguínea—. La letrada está asumiendo hechos sin pruebas.
El juez miró a Sango antes de asentir.
—Se admite. Letrada, no tiene pruebas de que Takahashi Inuyasha haya secuestrado a su ahora esposa ni de que la haya forzado.
La abogada miró inexpresiva al juez.
—¡¿Entonces explíqueme por qué se iría voluntariamente con él sin ni siquiera conocerlo durante un tiempo adecuado?!
—Eso es asunto suyo —gruñó Sango—, y usted no puede cuestionar sus vidas privadas. Sasaki-san, estamos aquí para aclarar el caso de Higurashi versus Takahashi sobre el acto de poligamia, fraude y secuestro, no sobre por qué la señora Takahashi se ha casado con el señor Takahashi y por qué concibieron tras dos meses de conocerse.
Sasaki Kenya, una abogada mitad japonesa, frunció el ceño y alzó sus perfectamente arqueadas cejas.
—Lin-san —dijo Kenya con tono amenazador—, puede que la razón por la que la señora Takahashi ha elegido al señor Takahashi demuestre ser prueba suficiente de por qué tuvieron que falsificar su matrimonio.
—¿Y cómo puede usted demostrar que su matrimonio es falso? —intervino el juez—. No he recibido ninguna prueba que demostrara que hubieran conducido el matrimonio con falsedad. De hecho, —El juez rebuscó entre una miríada de papeles—, he visto el auténtico certificado matrimonial.
Kenya gruñó.
—Un testigo nuestro afirmó que el señor Takahashi había revelado que iba a casarse con la señora Takahashi, pero poco después el señor Higurashi fue informado de que su hija se había casado con el señor Takahashi y estaba embarazada. Los hechos no concuerdan.
El juez se subió las gafas.
—Sasaki, está usando presunciones para defender sus argumentos y eso no está jugando a su favor. El por qué se casaron el señor y la señora Takahashi y bajo qué circunstancias no es el tema del caso de hoy. Está usted aquí para probar que cometieron fraude…
—¡Que es lo que estoy haciendo! —bramó Sasaki—. Mi testigo demuestra que han falsificado su primer certificado matrimonial para que Takahashi pudiera secuestrar a Higurashi Kagome de su hogar. —Sasaki sonrió con suficiencia y alzó el certificado matrimonial falso que Sango había firmado hacía tanto tiempo.
Kagome abrió los ojos como platos.
—¿Cómo consiguieron eso? —le susurró a su marido, que no contestó y se mantuvo en calma.
El alguacil avanzó, cogió el certificado y se lo tendió al juez. En ese momento, Sango dijo:
—La firma, su señoría.
El juez miró a Sango antes de intentar cuadrar la firma del certificado falso con su copia del certificado auténtico.
—No son iguales.
Sasaki abrió los ojos como platos y Sango sonrió con suficiencia.
Aunque haya tratado de falsificar esa firma, no puedo copiar la de Kagome hasta el más mínimo detalle. Gracias a Dios por los errores.
—Prueba falsa.
-x-
—¡Akira! El juicio se celebra por el fraude y secuestro que, presuntamente, cometió Inuyasha. ¿Cómo vamos a sacar el tema de la violación en grupo? —exigió Inutaisho, minutos antes de la vista.
Akira sólo sonrió con suficiencia.
—Ya verás…
-x-
