El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Juicio II
Akira sólo sonrió con suficiencia.
—Ya verás…
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Sango se frotaba las sienes. Se estaba enfadando más allá de lo imaginable, principalmente porque sabía que había ganado el juicio pero el estúpido juez y la oposición estaban prolongando el caso. Era completamente innecesario. Kagome se había casado voluntariamente con Inuyasha, pero la oposición seguía alegando que Kagome había sido obligada.
Lo cual era presumir un hecho. El peor error que podía cometer un letrado.
Sango estaba ahora esperando a que las cosas siguieran adelante. ¿Inutasisho había dicho algo sobre tenderles una trampa a Naraku y a Kikyo? Fuera lo que fuera que estuviera planeando, Sango sólo sabía que tenían que llamar a Akira al estrado y hacerle dos preguntas determinadas. Pero eso solo sería posible si esa golfa que se hacía llamar abogada se sentaba.
Hace que la ropa formal parezca basura. Insultó Sango en su cabeza, lanzando dagas a la abogada de la parte de Naraku, que no paraba de pasearse. Lo único que quería era irse a casa, acurrucarse con su marido y su hija, y ver una buena película…
Y luego probablemente retozar con su marido para aliviar el estrés. En sus labios se formó una sonrisa triste mientras disfrutaba de momentos de alivio antes de que la devolvieran a la realidad del juicio sobre su mejor amiga y el hombre más rico que se hubiera conocido. Sasaki caminaba por delante del tribunal, hablando sobre estupideces que difícilmente venían a cuento. Al juez estaba claro que no le interesaba ni un poco lo que decía Sasaki y Sango solo deseaba que el juez se levantara y le diera un puñetazo en la cara a Sasaki antes de dar el veredicto.
—… Y eso demuestra que Higurashi Kagome fue secuestrada.
Sango miró a los ojos al juez antes de levantarse.
—¡Protesto! ¡Cuántas veces tengo que decirlo! Hechos, señorita Sasaki. Usted no tiene ninguna prueba sólida de que la señora Takahashi haya sido secuestrada por el señor Takahashi. No puede hacer presunciones basadas en pruebas físicas. Un buen abogado entendería la línea de pensamiento que conduce al inicio de una acción.
Sasaki hizo una pausa y fulminó a Sango con la mirada.
—No estamos aquí para discutir la habilidad de un buen abogado, señora Sango.
Una pura mirada de maldad cruzó los ojos de Sango. Ya está. Pensó mientras se levantaba, mirando directamente al juez.
—¿Permiso para llamar a un último testigo, su señoría?
El juez, un poco cansado de todo el proceso, asintió y Sango se giró hacia Akira.
—Llamo a Akira Higurashi para que pase al estrado de los testigos, por favor.
Todos los ojos se giraron hacia Akira. Estaba sonriendo y asintió en dirección a Sango antes de caminar hacia el estrado. Sango le lanzó una mirada a Sasaki.
—Déjeme mostrarle cómo actúa un buen abogado, señora Sasaki.
La abogada resopló mientras se sentaba al lado de Naraku. He ganado. Pensó Sasaki con diversión para sus adentros. Akira era su cliente. Que Sango interrogara a Akira solo demostraría los argumentos de Sasaki. El padre no dirá en ningún momento que su hija fue voluntariamente con un hombre al que odia. Bah, Lin es la peor abogada que existe.
Kagome miró a Inuyasha con preocupación. Él se estiró y le cogió la mano con fuerza, tranquilizándola. No pasa nada, mademoiselle. Vocalizó con cariño en su dirección. Ella sonrió un poco a pesar de la situación, y se giró hacia Sango y su padre, que estaba en el estrado. Tenía el estómago revuelto y no era solo el bebé. Era puro nerviosismo. Estaba preocupada por el resultado de todo el juicio y lo único que quería Kagome era volver a casa, darse un baño y acurrucarse en sus almohadas antes de quedarse profundamente dormida.
Oh, y con Inuyasha también.
Kagome respiró hondo para calmar sus nervios, inclinando la cabeza un poco hacia la izquierda para luego observar a Sango lanzando sus preguntas.
—Su señoría —Sango se dirigió al juez—, ¿podría inquirir sobre el carácter de Naraku Onigumo?
El juez frunció ligeramente el ceño.
—Solo si demuestra su argumento, letrada. ¿Kagome fue secuestrada o fue un acto voluntario?
Sango asintió.
—No hay problema, su señoría.
—Proceda.
Sango empezó a pasearse delante de Akira, cabizbaja.
—Dígame, Higurashi… ¿por qué quería que la señora Takahashi Kagome se desposara con Onigumo Naraku?
Sango se detuvo y miró a Akira largamente, con dureza… profesional. Pero en sus ojos había una mirada suplicante que Akira no pudo ignorar. Sango, después de todo, era amiga íntima de la familia. Especialmente de Kagome. Akira sabía que no podía mentir. No a Sango, no a Kagome… no a sí mismo. Akira tragó con dificultad y empezó a cantar.
—Para ser sinceros… fue todo parte de fusiones y propuestas de negocios. Quería tener una mayor reputación entre los directores y productores de mi campo y en un principio pensé que casar a Kagome con la familia Onigumo me haría ganar el estatus que ansiaba. —Akira había dicho la verdad. Esa había sido exactamente su intención cuando había decidido casar a Kagome con Naraku. Naraku tenía una reputación incuestionable. A pesar de que había violado en grupo a Aiko y se había casado con Lilly mientras ella ya estaba casada, Naraku portaba un rostro estoico, calmado… profesional.
Y dado el odio de Akira hacia Inuyasha, Naraku era lo siguiente mejor. Por así decirlo.
Sango asintió. Esa era solo una de las dos preguntas que quería hacerle a Akira. Tragó saliva, preparándose para la segunda. Si esto iba bien, el caso, sin duda, sería suyo.
—Entonces, si tan decidido estaba a casar a Kagome con Naraku… ¿por qué le dejó usted casarse con Inuyasha?
—¡PROTESTO!
Todos los ojos se dirigieron hacia Sasaki…
—La letrada no se está ciñendo al tema. ¿Qué tienen que ver las acciones de Akira Higurashi en cuanto al matrimonio de su hija con este caso?
Sango le lanzó una mirada fulminante a Sasaki.
—Todo, letrada.
El juez asintió, subiéndose las gafas.
—Protesta denegada. Continúe, Lin.
Sango se giró hacia Akira.
—Adelante, señor Higurashi… responda a la pregunta.
Los ojos de Akira escanearon la sala, encontrándose con los de Inutaisho, Inuyasha y, por último, con los de Kagome. Akira respiró hondo y se preparó para el juicio final.
—Yo no dejé que Kagome se casara con Inuyasha.
Todos lo observaron.
—Kagome se casó voluntariamente con él… en contra de mis deseos. Se fue de casa al principio del verano y se marchó a Hong Kong. Estuvo viviendo con unos amigos antes de que me notificaran que estaba allí. Fui a la casa de verano de Takahashi sin ser invitado, traje de vuelta a Kagome y, poco después, Inuyasha la siguió. Nos dieron la noticia de que estaban casados y de que estaba… embarazada de su primogénito. Naraku, que estaba y asumo que sigue estando, decidido a convertir a Kagome en su esposa, interpuso esta demanda acusando a los Takahashi de fraude.
Sango dejó de pasearse al llegar inmediatamente al punto donde quería llegar.
—¿Por qué haría algo así?
Akira le lanzó una mirada por el rabillo del ojo a una boquiabierta Sasaki y a un más estupefacto Naraku. No habían pensado que Akira los traicionaría… ¡en el estrado!
El juez estaba callado y Sasaki abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua. Ya estaba… el caso había terminado. Sango se limitó a sonreír con suficiencia mientras se volvía hacia Akira.
—Entonces está diciendo que Naraku quiere casarse con Kagome a pesar de que está legal y voluntariamente ligada a Takahashi Inuyasha y embarazada de su primogénito, ¿correcto?
Akira asintió.
—Correcto.
Sasaki no podía hacer otra cosa que mirarlos.
Sango se giró hacia el juez.
—Su señoría, Onigumo Naraku ya se ha construido una reputación. Aunque se presume que es una buena reputación en cuanto al dinero, se ha determinado que es una reputación bastante mala en el terreno del matrimonio. Onigumo Naraku ha violado en grupo a Aiko y se casó con Lilly cuando ya estaba casado con su anterior esposa. Para la declaración hemos contactado con Aiko y con Lilly, por futuras referencias. La letrada ha terminado, su señoría.
Sango caminó orgullosa hacia su sitio y Kagome no pudo evitar sonreír ampliamente…
Porque, sin duda…
—Onigumo Naraku, se le acusa de fraude, engaño y acoso sexual.
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—Ganamos… ¡santos zumos encurtidos y trapos sucios, de verdad ganamos! —chilló Miroku de un modo bastante femenino. Sango se crispó sarcásticamente…
—¿Alguna vez lo dudaste?
Miroku se estremeció.
—Un par de veces, en realidad… cuando Sasaki estaba en plan Oh, su señoría bla bla bla fraude bla bla bla secuestro, estaba listo para mearme en los pantalones.
Sango se cruzó de brazos.
—¡Qué poca fe! ¡Menudo marido más estúpido!
Todos los amigos se rieron en el salón de Inuyasha. Los niños estaban profundamente dormidos en la habitación más cercana. Inuyasha ya había montado tres habitaciones para sus hijos y salas de juegos hacía tiempo. Toda la casa estaba a prueba de bebés, lista para bebés y todo lo demás. Kagome estaba apoyada contra su marido, su vientre de cerca de seis meses sobresalía de su camiseta holgada.
—Me alegro un poco de que Naraku haya sido procesado. —Ayumi se toqueteó la barbilla pensativamente y Ayame asintió—. En serio, chicos, ¿un hombre como él se merece siquiera estar en la calle donde pobres e inocentes mujeres están expuestas a su obviamente asqueroso y retorcido placer?
Kouga se rio entre dientes y Ayumi le lanzó una mirada asesina.
—Bueno, hablo en serio.
Inuyasha se rio.
—No te metas con ella. Tiene razón… más o menos.
—¡¿Ehh?! —Ayumi se levantó, enfadada—. ¡¿Qué quieres decir con más o menos?!
Inuyasha sonrió con suficiencia.
—Naraku sólo pide las mujeres más hermosas.
Kagome abrió los ojos como platos mientras todos se reían.
—Qué dulce —murmuró Sango con admiración mientras Kagome le hacía el corte de manga con inocencia.
Se volvieron a reír, esta vez más aliviados. Un cómodo silencio los rodeó por unos momentos increíbles…
—Bueno, ese capítulo de nuestras vidas al fin está cerrado. —Eri dio una palmada—. Al fin podemos relajarnos y tener un embarazo normal para Kagome.
Inuyasha sonrió.
—Bueno… yo no estaría tan seguro de eso.
Todos los ojos se giraron hacia él.
—Qué… ¿demonios quieres decir? —Hayabusa se incorporó y los demás miraron con escepticismo a Inuyasha.
Él se rio entre dientes mientras Kagome enterraba su cara en su pecho, demasiado avergonzada como para mirar a sus amigos.
—Ya veréis —Inuyasha sonrió—, dadnos dos meses más y veréis.
Todos sus amigos intercambiaron miradas nerviosas. ¡¿Qué demonios estaba tramando la pareja Takahashi?!
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Aún queda un poco para el final, pero esta parte de la historia ya se ha resuelto. Espero que os haya gustado, porque pronto subiré el siguiente.
Un besoo
