El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
-x-
Presentamos…
—¡No! Espera… no importa, no, ¡eso es casi perfecto! Ah, la exposición, ¡me encanta!
Inuyasha puso los ojos en blanco con molestia mientras su fotógrafo sacaba fotos de su modelo para la edición del mes. Habían estado en el estudio un total de 6.75 horas y el señor Takahashi tenía cosas que hacer, sitios en los que estar, gente con la que hablar y una esposa a la que complacer. Su esposa, embarazada de seis meses, tampoco parecía muy contenta y lo único que él quería hacer era sacarla de allí y darle un helado.
O algo así…
—¿Hemos terminado? —gruñó la modelo, molesta, su embarazado estómago sobresalía de su cuerpo.
—Unas fotos más, señora.
Inuyasha gruñó.
—No. Seis horas son jodidamente suficientes. Encuentra una que sea buena para la portada e imprímela. Nos-vamos. —Le pasó un abrigo a la modelo e Inuyasha salió hecho una furia del estudio, dejando a un boquiabierto fotógrafo y a una muy divertida modelo.
—Eh… ¿perdón por su actitud? Supongo que no pudo dormir anoche, o algo así.
El fotógrafo asintió.
—Sí, supongo. Después de todo, se está encargando de su mayor línea: cosas de bebés. ¿Quién lo habría pensado?
La modelo sonrió.
—Supongo que se está poniendo paternal.
Él asintió, riéndose entre dientes.
—Supongo. Ahora puede irse a descansar. Lo siento por la presión, pero ya sabe… así es como es este trabajo.
Sonriendo, recogió sus cosas y salió corriendo del estudio. Exhalando un suspiro de alivio, inhaló el adictivo aire del edificio en lugar del viciado oxígeno que había en el estudio. Encontró a Inuyasha fuera de la sala, de brazos cruzados y con el ceño fruncido.
—Casanova… ¡relájate!
—Vamos —dijo con brusquedad—, tengo una reserva para cenar.
La modelo hizo un puchero.
—¡Hacer esto fue tu apestosa idea! Deja de quejarte.
Inuyasha se giró hacia ella.
—¡Kagome! Estás-embarazada. ¡Estar por ahí de pie y sacándote fotos tras numerosas horas no es una maldita buena idea!
—Te olvidas de que soy Miko —bromeó, echándose el pelo hacia atrás. Inuyasha la cogió del brazo, haciendo que se diera cuenta de que no estaba, de ninguna manera o forma, de broma.
—Te olvidas de que eres la señora de Inuyasha Takahashi y de que estás embarazada.
Kagome liberó su brazo.
—¿Nos podemos irnos ya? Tengo hambre…
-x-
Inuyasha había reservado mesa en un restaurante cuyo nombre Kagome no podía ni pronunciar. Inuyasha le apartó la silla y miró con atención a su alrededor antes de tomar asiento enfrente de su mujer. Se sacó el abrigo y lo colgó en el respaldo de la silla antes de coger el menú.
—Muy contemporáneo. —Kagome sonrió, mirando a su alrededor y asimilando el atractivo ambiente. Había cuadros de arte abstracto esparcidos por las paredes marrones de roble del restaurante y esculturas muy abstractas colgando del techo.
—No había venido nunca —confesó Inuyasha—. Había hecho una reserva aquí el año pasado, pero tuve que cancelarla.
Kagome arqueó una ceja.
—¿Por qué?
Inuyasha se encogió de hombros.
—Kikyo no pudo salir del trabajo.
Kagome cerró el menú.
—Hablando de ella… ¿qué le ha pasado? No la he visto desde la boda y no estuvo en el juicio.
Inuyasha miró a su mujer.
—Ni lo sé ni me importa. No tiene ningún lugar en mi corazón.
Kagome no dijo nada y siguió examinando el menú. No le llamaba nada la atención ni a ella ni al bebé… lo que de verdad quería era ensalada de pasta…
—Casanova —murmuró Kagome alzando la mirada hacia su marido—, ¿crees que tengan ensalada de pasta?
Inuyasha negó con la cabeza.
—No, ¿por qué?
Kagome frunció el ceño.
—¿Porque me apetece?
—Entonces conseguiremos un poco —declaró Inuyasha sonriendo mientras llamaba a un camarero. Kagome abrió los ojos como platos…
—¿Inu… yasha?
—Me gustaría hacer una petición especial de ensalada de pasta —dijo Inuyasha en tono profesional—, y si hay algún problema, traiga al encargado para que hable conmigo.
El camarero asintió, dirigiéndole a Inuyasha una mirada incrédula antes de entrar en la cocina. Kagome puso los ojos en blanco.
—Deja de abusar de tu poder como el señor Inuyasha Takahashi.
—Empieza a abusar de tu poder como la señora Kagome Takahashi.
Kagome resopló.
—Te dejo a ti el abuso.
Inuyasha sonrió y le guiñó un ojo a su mujer antes de seguir mirando el menú.
-x-
—Tenemos una sorpresa para vosotros. —Kagome aplaudía delante de sus amigos exactamente una semana después de su maravillosa cena con Inuyasha, que había incluido pasta especial cortesía del chef—. Nos ha llevado meses de preparación, pero creo que os divertirá… más o menos.
Kouga arqueó una ceja mientras rodeaba los hombros de su esposa con sus brazos.
—¿Es una sorpresa buena o mala?
Kagome miró a su marido.
—¿Depende de cómo os la toméis?
Sango entrecerró los ojos.
—Kagome… ¿estás embarazada de varios niños?
—Más quisieras, ¡estar de uno ya es bastante duro! —bufó Kagome.
—¿Cómo sabes que sólo es uno? —Ayumi sonrió.
—¿Porque no parecen dos? —Kagome sonrió alegremente y el grupo estalló en carcajadas. Eri fue la primera en recuperar la compostura y dio una palmada.
—Bueno, ¿cuál es la sorpresa?
Inuyasha dio un paso adelante con un gran sobre amarillo en la mano.
—Está dentro de este sobre…
Hayabusa arqueó una ceja.
—¿No me digas que es el sexo del mocoso?
Kagome resopló.
—¡Qué va! Os dije que eso era una sorpresa… ¡pero ábrelo!
Inuyasha le tendió el sobre a la persona que tenía más cerca: Miroku. El médico abrió inmediatamente el sobre y sacó un gran fajo de papeles llamativos…
—Un artículo, qué divertido —bufó Miroku mientras le daba la vuelta a la primera hoja. Abrió bien los ojos inmediatamente y se quedó con la boca abierta. Kagome e Inuyasha sonrieron al observar la reacción de Lin Miroku. Miroku miró a Kagome y volvió a bajar la mirada, su boca se abría y cerraba como un pez fuera del agua. Sorprendidos por su reacción, Hojo y Kouga cogieron lo que fuera que tenía Miroku en la mano y tuvieron la misma reacción.
—¡¿QUÉ ES ESO?! —exigió Sango y Miroku le tendió a Sango el fajo de papeles…
—¡¿DEBUT DE TAKAHASHI MIKO KAGOME?! —chilló Sango al ver la foto de Kagome en la parte de arriba de la hoja con grandes letras doradas. La foto era de Kagome con un niño pequeño en brazos y el estómago abultado. Estaban delante de una silla de aspecto mecánico, sonriendo ante un fondo otoñal.
—No voy a dejar que se echen a perder los talentos de mi esposa. —Inuyasha sonrió con suficiencia—. Hemos estado preparando mi línea de bebés desde hace un tiempo y necesitábamos una modelo. ¿Quién mejor que mi esposa embarazada?
—Muy listo. —Miroku sonrió—. Ojalá pudiera explotar así a Sango.
—Él no la está explotando, idiota —soltó Sango—, está utilizando la belleza de su esposa y su talento, y produciendo excelencia con ellos… algo que tú eres incapaz de hacer.
—Qué mordaz. —Daichi se rio disimuladamente.
—Kagome y yo tenemos que asistir mañana y pasado mañana a una conferencia de prensa… —Inuyasha hizo una pausa dramática…—. He reservado para todos un autobús que nos llevará a mi casa de verano durante una semana y luego nos traerá de vuelta… pensad en ello como en unas vacaciones. Ya he hablado con todos vuestros encargados y os he desocupado durante toda la semana.
Yuka cogió aire.
—¡No puede ser!
Kagome sonrió.
—Pues lo es. Dicen que el aire del campo es bueno para el bebé.
—¡TE QUIERO! —chilló Sango mientras se lanzaba sobre Inuyasha, ya que no podía lanzarse sobre Kagome. Inuyasha, incómodo, le dio unas palmaditas en la cabeza antes de apartarla de él.
—Tu marido puede pensar algo raro.
Sango resopló.
—Déjalo. Sigue gustándole pellizcar culos.
Miroku alzó las manos en señal de defensa.
—Pensaba que eran mejillas de bebé… ya sabes, las de la cara.
—Ah, sí —Sango puso los ojos en blanco—, porque el culo de una mujer adulta es clavadito a la cara de un bebé.
—Ahí te ha pillado, tío. —Kouga se rio disimuladamente.
—Jódete.
-x-
Kagome estaba sentada un poco detrás de Inuyasha mientras él estaba en el podio, hablándole a los micrófonos y contestando preguntas de los muchos reporteros que se amontonaban ante él. Sus brazos estaban cruzados y descansaban cuidadosamente encima de su vientre. Miró a unos reporteros que la estaban mirando antes de empezar a sacarle fotos a lo loco.
—¿Entonces usted no se casó falsamente con la señorita Higurashi?
Los ojos de Inuyasha destellaron.
—No.
—Pero nuestros informes dicen…
—Si creéis en los informes, ¿por qué me preguntáis?
—¿Es cierto que están esperando sextillizos?
Inuyasha se crispó.
—Si fuera así, ¿traería a mi mujer a una jodida conferencia de prensa?
—¿Sigue teniendo una aventura con la señorita Hiromi?
Inuyasha abrió los ojos como platos.
—¡¿Qué cojones?! ¡No!
—Pero nuestros inf…
—Si queréis creer en vuestros informes, dejad de hacerme preguntas. Todo lo que puedo decir es que le soy fiel a mi esposa.
—¿Naraku está encarcelado?
—Catorce años —confirmó Inuyasha.
—¿Cuándo dará a luz?
—Abril.
Kagome suspiró, las preguntas que estaban haciendo no sólo eran aleatorias, sino completamente dispersas. Quería irse a casa y pasar tiempo con su marido. Tragó saliva y jugueteó con sus pulgares, mirando a su alrededor. Quería… desde hace algún tiempo, decirle a Inuyasha que lo quería… claro que estaban casados de mutuo acuerdo porque estaba embarazada, pero en algún momento se había enamorado de verdad…
El sabor del amor…
—¿Niño o niña?
Inuyasha sonrió.
—Desconocido. Se supone que será una sorpresa.
Un ohh colectivo atravesó la habitación antes de volver a empezar con el desfile de preguntas. Kagome sólo tenía ganas de levantarse, ir hacia Inuyasha y decirle que quería irse a casa…
Y quedarse en casa.
Estaba ansiosa por su viaje a su casa de verano. Volvería a ser un destello de recuerdos, los lugares a los que habían ido Inuyasha y ella juntos, la misteriosa casa del árbol que tenía un mágico príncipe y una princesa, los caballos en los que habían montado Inuyasha y Kagome despiadadamente… y los mismos caballos que habían usado para ahogar a Kagome.
Qué buenos tiempos. Kagome los echaba muchísimo de menos.
—Entonces, ¿su esposa es ahora la nueva imagen de su revista?
Inuyasha meneó la cabeza.
—Sólo para la línea de productos para bebés. Me niego a dejar que trabaje de modelo después del nacimiento de nuestro hijo. Sólo fue durante estos pocos meses y lo ha dejado.
Kagome sonrió, ¡era tan mono!
—¿Cómo pudiste casarte con una mujer cuando ibas en serio con otra? A eso se le llama poner los cuernos, Inuyasha.
Todos se callaron y siguieron el sonido de la voz. Kagome se levantó con los ojos bien abiertos e Inuyasha presentaba una expresión fría en el rostro.
—Kikyo…
—Respóndeme —dijo Kikyo, vestida con unos vaqueros flojos y una camiseta demasiado grande—. ¿Cómo pudiste? Eso es poner los cuernos… estabas liándote con ella mientras salíamos.
—Y tú te liabas con vendedores mientras estabas saliendo conmigo —contrarrestó Inuyasha.
—Al menos yo no me casé con ellos.
—Hubiera sido mejor que lo hubieras hecho.
Kikyo dio otro paso adelante.
—¡Yo te quería! Por qué me dejas… incluso traté de recuperarte… diciéndole a Naraku tu paradero… ¿por qué? ¡¿Por qué me dejaste por esa niña insolente?!
Los ojos de Inuyasha se pusieron vidriosos mientras miraba con frialdad a su exnovia.
—Porque… ella tiene algo que tú nunca tendrás.
Kikyo frunció el ceño.
—¿Qué?
—Inocencia y dignidad…
Kikyo frunció el entrecejo.
—¡Te recuperaré! ¡No puedes usarme y tirarme!
—¿Sabes qué? —susurró Inuyasha—. Ya lo he hecho.
Las lágrimas bajaban por los ojos de Kikyo mientras se daba la vuelta y salía de la sala. Tras bajarse del podio, Inuyasha ordenó que se detuviera todo y dijo que necesitaba llevarse con él a su fatigada esposa. Su sangre bullía de ira, ya que sabía que su enfrentamiento con Kikyo haría que los tabloides gritaran algo.
—¿Qué fue eso? —susurró Kagome mientras Inuyasha la conducía fuera de la sala, los flashes de las cámaras los cegaban.
—Ni idea.
—¿Crees que volverá?
Inuyasha miró por encima de su hombro.
—¿Sinceramente?
—Por favor.
Él tragó saliva.
—Creo que sí.
-x-
