El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
-x-
El último sabor del amor
-x-
—Hemos tenido tres. Trillizas.
-x-
—¡Bienvenidos a casa! —El confeti estalló mientras Kagome empujaba un pequeño carrito de tres por las puertas de la mansión Takahashi. Dentro estaban tanto familia como amigos: Souta, Korari y Akira Higurashi, Izayoi, Inutaisho, Sesshomaru, Kagura, Rin, los gemelos Suoh y Zen Takahashi. Y junto con toda la estirpe Higurashi/Takahashi estaban los amigos: Sango, Miroku y Ai Lin, Ayame, Kouga y Hikari Lang, Eri Hojo y Kyo Asuki, Yuka, Hayabusa, Ichiro y Kasumi Falcon y por último, por no por ello menos importante, Ayumi Saitou y su prometido, Daichi Fujii.
Kagome parpadeó mientras se giraba hacia su marido, que estaba sonriendo de pie justo detrás de ella.
—Confía en mí cuando digo que yo también estoy totalmente sorprendido.
—Claro —bufó Kagome—, no se debería confiar en los Casanovas.
Tras colocar una mano en la parte baja de su espalda, Inuyasha guio a Kagome dentro de su casa con sus tres hijas, por primera vez en dos meses. Habían salido de las incubadoras hacía tres semanas y habían permanecido en el hospital para asegurarse de que iban a estar sanas.
—¡¿Cómo estás?! —Korari corrió hacia delante, abrazando a su hija. Kagome se agarró al cuello de su madre y respiró su olor.
—Estoy genial… cansada, ¿pero qué más esperabas?
Korari e Izayoi cogieron inmediatamente a sus nietas.
—¿Cómo se llaman, Inu-onii? —Souta arqueó una ceja mientras se ponía al lado de Sango, que tenía un brazo rodeándole los hombros. Sonriendo, Kagome se dirigió a la hija que estaba en brazos de Inuyasha.
—La mayor —presentó—, Sayuri Ayana Takahashi.
Arqueando una ceja ante el nombre, Kagura tuvo que darle un empujón a su marido para evitar que se riera. Tras fulminar con la mirada a su cuñado, Kagome siguió presentándole a la familia a sus preciosas hijas.
—La segunda. —Se dirigió a la niña que se revolvía en brazos de la abuela Korari—. Sayuki Kimiko Takahashi.
—Bonito —señaló Ayame e Inuyasha interrumpió a Kagome, presentando a su última hija.
—Y la pequeña de las tres, Sayumi Hikaru Takahashi. —Todos los ojos se dirigieron a la niña que dormía en brazos de la abuela Izayoi. Daichi arqueó una ceja.
—¿Por qué tienen todas unos… segundos nombres tan raros?
Inuyasha señaló a su mujer mientras cogía a su hija en el otro brazo. Le habían sacado el cabestrillo unas semanas atrás y había practicado cogiendo a sus hijas suficientes veces hasta saber que podía hacerlo sin que se le cayeran.
—Idea de Kagome —culpó—, dijo algo así como que crecerían y nos odiarían por darles nombre idénticos.
Kagome fulminó a Inuyasha con la mirada.
—¡¿Disculpa?! Al menos de ese modo si no quieren su primer nombre pueden usar el segundo. Yo sé que odiaría tener una gemela y compartir nombres prácticamente iguales.
—La mujer tiene razón. —Inutaisho sonrió—. Nunca cuestiones la autoridad de tu mujer, Inuyasha.
Akira asintió con solemnidad.
—Todos nos hemos dado cuenta… es mejor que no lo intentes.
Sesshomaru no podía más que asentir para expresar su acuerdo. Inuyasha notó que Hojo, Miroku, Kouga y Hayabusa habían elegido directamente no contestar (principalmente porque sus mujeres les habían lanzado miradas bastante asesinas). Tragó saliva y miró a su mujer, que hablaba en voz baja con su madre y con la de él.
—Supongo que debería seguir la, eh… recomendación de mis mayores. —Inuyasha se estremeció. Akira le dio una palmadita en la espalda, riéndose entre dientes.
—Ese es mi hombre —bramó—, escucha… mientras Kagome y tú estabais fuera de servicio, llamó muchísima gente, de tus hombres y de los míos, pidiendo la presencia del señor y la señora Takahashi en la fiesta de espacio o en la reunión de espacio.
Inuyasha se quedó mirando a Akira antes de que Inutaisho hablara.
—Dijimos que no a la mayoría, excepto a una. Creo que deberíais ir a esta fiesta, Inuyasha.
—¿Cuál es?
—Su nombre es Kaoru Ehime —murmuró Inutaisho—, tiene un gran imperio que posee, literalmente, sucursales en cada continente… ¡es posible que incluso en la Antártida!
Inuyasha miró amenazadoramente a su padre.
—A menos que Ehime sea un pingüino, dudo que tenga un edificio en la Antártida.
—Cállate, chico. —Akira puso los ojos en blanco—. Escucha a tu padre.
Inuyasha iba a soltarle algo a Akira, pero recordó que era su suegro. A pesar de las trivialidades que había causado en su vida y en la de su esposa, no podía degradarlo delante de todo el clan Takahashi (bueno, amigos y familia). Intentando enmascarar el gruñido que tenía al fondo de la garganta, Inuyasha se giró hacia su padre.
—¿Continúa? —Su voz era tensa mientras sostenía a Sayuri.
—Ehime quería que Kagome y tú fuerais a un banquete nocturno dentro de unos dos meses… me aseguré de que la fecha fuera compatible contigo y con las niñas —admitió Inutaisho—, si vais, entonces Ehime nos enlazará como socios familiares. Ya ha disfrutado de la compañía de Sesshomaru y de la mía.
Inuyasha arqueó una ceja.
—¿De verdad? ¿El Sesshomaru auténtico? Estás seguro de que no contrató a nadie para que ocupara su lugar, porque, bueno, asumámoslo… Ni Dios disfrutaría de la compañía de Sesshomaru.
—Ja, Ja… qué divertido, hermanito —masculló Sesshomaru secamente.
—Chicos —gruñó Inutaisho y Sayuri empezó a moverse. Inuyasha levantó a su hija hacia su hombro y la abrazó. Kagura chilló…
—¡Quién habría pensado que Takahashi Inuyasha estaría abrazado con su propia hija! No hace ni un año estaba… —Kagura decidió no terminar la frase, ya que la mirada que le lanzó Inuyasha le daba escalofríos.
—Como iba diciendo. —Inutaisho suspiró al ver a las niñas chillando… ¿Sayumi y Sayuki? Al menos, creía que Sayuri era la que estaba en brazos de Inuyasha…
—Espera, esta es Sayuri, ¿verdad? —Inutaisho rompió su tren de pensamientos, ensimismado con sus nietas. Inuyasha asintió.
—Sí, madre tiene a Sayuki y, bueno, Rin está intentando ahora coger a Sayumi —Inuyasha notó que Kagome estaba ayudando a Rin a coger a su primita. Ai y Hikari estaban abriendo y cerrando las manos en dirección a Sayuki e Izayoi se negaba a soltar a su nieta.
—¡Arranca, hombre! —Akira le dio un empujón a Inutaisho, que volvió a lo que estaba diciendo antes.
—Perdón, como iba diciendo, Ehime quiere conoceros a ti y a tu mujer antes de hacer una fusión completa. Si funciona, firmará un contrato de un año con Akira y con cualquier película que dirija en ese año: éxito o fracaso —afirmó Inutaisho—. Es un gran trato que no podemos rechazar. Incluso insistió en que si las niñas eran los suficientemente mayores, por supuesto con el permiso tuyo y el de Kagome, podrían unirse también a las festividades.
Inuyasha puso los ojos en blanco.
—Mis, al menos entonces, hijas de dos meses no van a ir a una fiesta a medianoche.
—Ya veremos, entonces… ¡¿qué están haciendo?! —exclamó Inutaisho, al ver a las niñas chillando, pasando de unos a otros y, obviamente, ignorando a Kagome. Inuyasha frunció el ceño.
—¡¿Qué pasa?! —bramó, pasándole Sayuki a Souta. Kagome suspiró mirando a su marido.
—No sueltan a las niñas y es hora de comer. —Kagome había decidido darles el pecho a las tres… sin importar lo duro que acabase siendo. Abriéndose paso entre la gente, Inuyasha consiguió secuestrar a sus hijas después de decirles a las mujeres que si su esposa no daba de comer a sus hijas, no tendrían nietas/primas/ahijadas/o cualquier otra relación que tuvieran, sobre las que chillar.
Soltaron a regañadientes a Sayumi y a Sayuki.
Kagome subió las escaleras, sonriendo comprensivamente, con dos de las niñas mientras Inuyasha llevaba a Sayuki.
Todos los observaron marcharse. Eri chilló.
—¡Se parecen a Inuyasha!
…
—No. —Ayame se cruzó de brazos—. Se parecen a Kagome.
—Sayuki sí —se metió Korari—, las otras dos tienen los rasgos de Inuyasha…
Y así empezó la eterna batalla de qué niña se parece a quién.
-x-
Dos meses después…
—Me duele el cerebro… —gimió Kagome al oír gritar a Sayuki, despertando a sus dos hermanas.
—Me duelen los oídos…
—Cállate —Kagome le dio un empujón—, chupan todo el día de mis pezones, no de los tuyos.
—¡Intento ayudar, sabes! No es que pueda darles el pecho —replicó Inuyasha mientras la pareja salía de la cama a las dos de la mañana, preparados para dar de comer a sus tres hijas.
Entraron en la habitación de las niñas y vieron que Marika ya estaba despierta, intentando acallar a las tres pequeñas. Kagome cogió a la más ruidosa, Sayuki, mirando como disculpándose a Marika. Inuyasha empezó a hablarle a las otras niñas, esperando que su voz las calmara lo suficiente para que se callaran. Marika se abrazó a Sayumi mientras Inuyasha susurraba en el oído de Sayuri.
—¿Cuándo es la fiesta de Ehime? —Kagome suspiró, exasperada.
—Dentro de dos días —admitió Inuyasha—. Mamá, Korari y Ayumi se quedarán con las niñas. Sango y Ai se pasarán después.
Kagome suspiró, asintiendo.
—La verdad es que no quiero dejar a las niñas. Al menos no tan pronto.
Inuyasha le sonrió con tristeza.
—Ni yo, mademoiselle, pero… bueno, siempre podemos decir que no.
—Eso también estaría mal —masculló Kagome—. Prometen algo grande para la empresa —suspiró mientras sacaba a Sayuki de su pecho. La niña se había quedado dormida e indicó que le dieran a Sayumi. Sayuri ya estaba medio dormida, así que Kagome le daría de comer de última—. Pero tampoco quiero dejar a las niñas.
Inuyasha colocó a Sayuki en la cuna.
—Podemos dejar a las niñas con Kouga y Miroku… me dejaron a sus hijas el día de nuestra boda y fue horrible. —Se toqueteó la barbilla, pensativo—. En realidad, todos me dejaron a sus hijos. En aquel momento no quería niños.
—Bueno —musitó Kagome—, si no fueras un bastardo tan calenturiento (borracho bastardo calenturiento), no estarías aquí ahora, ¿verdad?
Inuyasha fingió ahogar una exclamación de horror.
—Mademoiselle, mis hijas son absolutamente alucinantes, ¿de acuerdo?
—¿Por qué? —Los ojos de Kagome brillaron—. ¿Porque son mitad Inuyasha Takahashi o mitad Kagome Higurashi?
Puso los ojos en blanco como si fuera lo más obvio del mundo y explicó:
—Eh, porque son mitad Inuyasha. En serio, mujer…
Kagome resopló y volvió al tema.
—Es más seguro que dejemos a nuestras madres con las niñas.
—Pueden dejar a las niñas conmigo y con sus madres. Sáquese un poco de leche para que no tengamos que darles de la fórmula —dijo Marika (en un intento de no reírse por su anterior conversación) para aconsejar a sus señores.
Kagome miró a Marika y después a Inuyasha.
—Podría funcionar…
-x-
Kagome giró sobre sí misma con un vestido negro que acentuaba perfectamente cada curva de su cuerpo. Miroku, Kouga, Korari e Izayoi iban a cuidar de los bebés esa noche: Korari e Izayoi para darles de comer y Miroku y Kouga para cambiarles los pañales, acunarlas y acostarlas.
Había sido idea de Inuyasha: venganza por Hikari y Ai.
—¿Cuándo vais a volver? —inquirió Korari mientras Kagome besaba la mejilla de Sayuki antes de dársela a Miroku. Inuyasha acariciaba la espalda de Sayumi mientras le guiñaba un ojo a Sayuri, que estaba peleando con Kouga.
—Esa es mi niña. —Se rio y Kouga fulminó a su amigo con la mirada.
—Cállate.
Kagome miró a su madre.
—Ni idea… ¿Inuyasha?
—Probablemente pasada la medianoche. Si podemos hacer todo antes, volveremos a casa. No podemos estar alejados de las niñas… —admitió e Izayoi y Korari hicieron un colectivo: ooooooooooh. Inuyasha fulminó con la mirada a su madre y a su suegra antes de tenderle a su hija a Izayoi.
—Os veremos después, pequeñas —se despidió Kagome mientras Inuyasha rodeaba su cintura con un brazo y la guiaba hacia su Nissan GTR plateado del 2009, aparcado justo delante de la puerta principal. Korari e Izayoi los vieron marchar mientras Kouga y Miroku secuestraban a las tres niñas y se las llevaban a alguna parte de la mansión para pasar tiempo con sus sobrinas.
—Es raro, ¿eh? —empezó Korari—, ¿cómo funciona el destino?
Izayoi sonrió.
—Lo sé. No tenía que pasar así, ¿no?
—Yo creo que sí —expuso Korari firmemente—. Porque si no fuera así, no habría ocurrido… todo pasó por una razón.
—Todo lo de Naraku se replanteó para unir a esos dos, ¿no crees? —afirmó Izayoi y Korari sonrió.
—Exacto.
-x-
—¿Sabes? —reflexionó Kagome—. Si mis bebés aprenden palabras que incluyan sexo, teta, coño y/o pene y cualquier cosa parecida antes de que digan mamá o papá… voy a arrancarles las pelotas a tus amigos y a dárselas de comer a Naraku.
Inuyasha resopló.
—Mmm, no… —corrigió—, si mis bebés aprenden algo así en su vida, esos dos perderán las pelotas. —Luego añadió, tras una pausa y un giro a la izquierda para salir de su propiedad—: Y se las daré de comer a Kikyo…
—¡Hablando de Kikyo! —exclamó Kagome—. ¡¿Qué pasó con ella?! Nunca lo supe…
Inuyasha sonrió mientras ganaba velocidad.
—Se le diagnosticó un problema emocional y mental que le hacía hacer aquello. Los psiquiatras, bueno, al menos el informe, dicen que algo desató su habilidad mental cuando me casé contigo… que siempre había tenido la necesidad de obtener lo que quería sin importar el coste: de ahí que intentara matar a Ayame y drogara a Miroku.
Estuvo en silencio un momento antes de entrar en la autovía.
—Se quedará en un instituto hasta que puedan ayudarla a estar mejor y, si eso no ocurre, la internarán en un hogar especial.
Kagome arqueó una ceja.
—No voy a mentir, me da un poco de pena. Ella sí te quería.
—Me quería locamente —corrigió Inuyasha—. Hay una diferencia.
—Aun así —masculló Kagome—, yo odiaría que me dejaras y te casaras con una chica cualquiera… que la besaras mientras yo estaba en casa y esas cosas.
Inuyasha le lanzó una mirada.
—Escucha —gruñó—, yo no quería a Kikyo. Solo estaba con ella por…
Hizo una pausa y Kagome terminó la frase:
—¿Por el sexo?
Inuyasha hizo una mueca.
—Sí —masculló—, por el sexo. —Suspiró y cambió de carril—. Pero yo te quiero a ti —dijo intensamente—. No voy a decir ninguna cursilada, pero te he querido desde hace mucho mucho tiempo. ¿Por qué crees que te llevo a ti a la fiesta de Ehime y no a Kikyo? ¿Por qué tengo tres hijas preciosas contigo y no con Kikyo?
Kagome estuvo un momento callada.
—No dudaba de ti —admitió—, sólo estaba hablando hipotéticamente.
—A la mierda tus hipotesismos.
—Esa no es una palabra. Es hipotético. Y, además, en el contexto en la que la has usado no tiene ningún sentido.
…
—Cállate.
Kagome soltó una risita y miró por la ventana para observar el paisaje que pasaba rápidamente a su lado.
-x-
—¡TAKAHASHI! —bramó una bastante potente voz mientras Inuyasha conducía a su esposa dentro de la sala del banquete, que era donde se celebraba la fiesta. Arquearon una ceja e Inuyasha y Kagome localizaron a un hombre corpulento corriendo en su dirección. Tenía el pelo negro brillante y peinado con gel y la oreja izquierda perforada (estaba llena de pendientes).
—Ehime —saludó Inuyasha, asumiendo automáticamente que él era el anfitrión.
—¡¿Cómo estás? Es esta tu esposa… ¡¿Miko?! ¡Oh, mi esposa y mi hija te adoran!
Kagome se sonrojó ante el cumplido e Inuyasha no pudo evitar sonreír.
—¡Takahashi, ven, ven! —Ehime sonrió—. Tu mujer puede relacionarse con las otras esposas. ¡Tú tienes que venir!
—Muy enérgico, ¿ne? —susurró Inuyasha en el oído de su esposa mientras le sacaba el abrigo. Kagome le guiñó un ojo a su marido y caminó hacia las otras mujeres antes de ver a Inuyasha alejándose con Ehime…
—¡Takahashi!
Kagome se dio la vuelta y vio caras conocidas. Aiko, la mujer que había sido violada por Naraku y unas cuantas más. Se sentó al lado de Aiko, sonriendo, y esta le dio un rápido abrazo.
—¿Cómo estás? —Aiko sonrió—. Oh, Dios, ¡no pareces una madre de trillizas de dos meses!
Kagome se sonrojó.
—Hago ejercicio…
En la cama, añadió posteriormente. Todas empezaron a hablar inmediatamente y Kagome sólo pudo sonreír, reír, y divertirse.
-x-
—¡YUKIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!
Inuyasha hizo una mueca y levantó la mirada del periódico de la mañana para encontrarse a Sayuri persiguiendo a Sayuki por las escaleras. Sus hijas tenían seis años y subiendo y él no podía, ni aunque le fuera la vida en ello, ni empezar a preguntarse cómo había sobrevivido a seis años de sus vidas.
Al menos Sayumi era la que estaba cuerda.
—¡Cógeme, Yuri! —se burló Sayuki de su hermana mientras Sayuri seguía persiguiéndola. Inuyasha alzó la mirada y vio a Sayumi negando con la cabeza en el piso de arriba.
—¡¿Qué pasa aquí?! —bramó, levantándose. Kagome estaba fuera… de compras… con su único hijo…
Cuando las niñas tenían tres años, Kagome se había vuelto a quedar embarazada y había dado a luz a un niño: Muteki Daisuke Takahashi. Muteki necesitaba ropa nueva para lo cual, obviamente, hacían falta tres mujeres: Kagome, Sango y Ayame.
Sango había tenido otra hija, Katie, y Ayame un hijo, Yuuhi.
Y todos los padres se estaban volviendo locos.
—¡ME HA ROBADO MI BARBIE! —Sayuri señaló con un dedo acusador a su hermana. Inuyasha se crispó, mirando a Sayuki.
—¿Yuki?
Sayuki parpadeó inocentemente en dirección a su padre y sonrió.
—¿Síííííííííííííííííííííííííííííííííííííí?
—Devuelve la muñeca a Yuri.
—¡Pero a mí me gusta!
—Entonces te compraré una.
—¡Me gusta esta!
Al mirar a Sayumi, Inuyasha se dio cuenta de que su hija se estaba riendo. Esa es como Kagome…
—Es de tu hermana. Tú tienes la tuya. —Inuyasha suspiró, obviamente cansado.
—Pero…
—Nada de peros. Devuélvele la muñeca a tu hermana.
Sayuki hizo un puchero y le devolvió la muñeca con brusquedad a Sayuri. La pequeña chilló y subió corriendo las escaleras para seguir jugando con la tercera hermana. Sayuki se quedó allí, de brazos cruzados.
—Cariño —Inuyasha puso a Sayuki en su regazo—, esa es la muñeca de Yuri… no puedes quedártela, si quieres, te compraré una exactamente igual… pero coger las cosas sin permiso está mal.
—Lo sé, pero… ¡Sayuri no me dejaba compartir! ¡Tú siempre dices que compartamos!
Inuyasha quiso pegarse con una piedra. La paternidad era demasiado agotadora. No sabía dar charlas de padre a hija. Al menos Kagome estaba allí para hablar con ellas cuando empezaran a sangrar entre las piernas…
Oh, SEÑOR…
—Si Yuri no hace lo correcto, eso no significa que tú tampoco debas hacerlo…
Sayuki asintió y besó la mejilla de Inuyasha, su pelo estaba cortito. Se parecía más a su madre, pero actuaba más como Inuyasha. Sayumi tenía el pelo oscuro, como Inuyasha, ojos azules, como Kagome, y una mezcla de personalidades (aunque actuaba más como Kagome cuando Inuyasha se metía en problemas). Sayuki parecía una mini-Inuyasha en chica.
Saltó de su regazo y subió corriendo las escaleras para ir a jugar con sus hermanas…
-x-
—Al fin —gruñó Kagome mientras se tiraba en el sofá en su gigantesca mansión—, los cuatro están dormidos. ¿Por qué quisimos hijos?
—No los quisimos. —Inuyasha se sentó a horcajadas sobre su mujer, pasando las manos sobre su cuerpo—. Simplemente salieron de tu barriga.
Kagome sonrió mientras Inuyasha le apretaba un pecho.
—Siguen siendo maravillosos.
—Por supuesto. —Inuyasha se inclinó hacia delante—. Son los cuatro mocosos Takahashi.
Kagome plantó los labios sobre los de su marido mientras arqueaba la espalda, sintiéndolo con cada fibra de su cuerpo. Las manos de Inuyasha le subieron la camiseta y estaba a punto de desabrocharle el sujetador…
—¡MAMI!
Kagome apartó a Inuyasha inmediatamente, levantándose de un salto, y ya estaba corriendo por las escaleras. Inuyasha la seguía de cerca…
—¡¿MUTEKI?! —bramó Kagome, entrando corriendo en la habitación de su hijo. Su hijo de tres años estaba sentado en la cama, sollozando. Kagome lo acunó, cogiéndolo en brazos.
—Cariño, ¡¿qué pasó?! ¿Te hiciste daño? —preguntó Kagome, intentando encontrar heridas o cortes en el cuerpo de su hijo. Inuyasha se puso de rodillas y cogió la mano de Muteki. Su hijo tenía sus ojos, el pelo de su madre y rasgos parecidos a los de su tío Sesshomaru…
—Soldado —se refirió Inuyasha a su hijo por el apodo que le había dado desde su nacimiento—, ¿qué pasó?
—Tuve un mal shueño. —Muteki sollozó mientras Kagome lo besaba en la mejilla—. ¡Era muy maalooo!
—Sólo fue un sueño —susurró Kagome en su oído—, ¿quieres dormir hoy con mamá y papá?
Al sentir que su hijo asentía, Kagome se levantó con Muteki agarrado a su cuello. Sonriéndole a Inuyasha con una mirada que decía: yo he calmado a tu pródigo, gano yo, caminó hacia su habitación con Muteki en brazos. Cinco minutos después hizo que se tumbara y se durmió. Justo cuando estaba a punto de ponerse a su lado, sintió que su marido le daba la vuelta.
—Te quiero —susurró antes de besarla. Ella se dejó y le dio un pequeño beso antes de apartarlo.
—Vete a la cama —bromeó mientras se acurrucaba al lado de Muteki. Riéndose entre dientes, Inuyasha caminó hasta el otro lado de la cama y se metió, metiendo a Muteki en el medio.
Todo estaba en silencio…
—¿Casanova?
Inuyasha abrió un ojo y se encontró a su mujer mirándolo por encima de la cabeza de Muteki.
—¿Oui, Mademoiselle?
A Kagome le brillaron los ojos.
—Je t'aime aussi
-x-
