Naminé estaba dibujando al lado de Sora a la misma persona, Roxas, mientras Naminé era más para el Realismo, Sora era algo combinado entre manga, dibujito de caricatura, y bueno, una mezcla muy rara.

"Sora… los ojos no son solo dos bolitas" Naminé era algo payasa en cuanto a esto de dibujar, pues a eso se quería dedicar cuando terminara de crecer, dibujante para alguna buena compañía de dibujos animados o una película, o crear ella misma su propia caricatura, mientras que Sora… bueno, tomaba en serio lo necesario, pero en realidad él iba más para la música, el dibujar era un placer que para él era relajante, expresivo etc. Pero eso no le gustaba a Naminé, y a Sora no le gustaba que a Naminé no le gustara, y así se formaba un círculo vicioso.

"Pues a Popeye no le hacían precisamente ojos realistas, incluso en el Río sin Tiempo, el Rey, Donald, Goofy y yo teníamos ojos de bolitas, aparte no son bolitas, son ovalitos" Roxas suspiró mientras mantenía su cómoda pose de sentado viendo al infinito.

"Pues sí, pero si vas a dibujar bien, mínimo esfuérzate en hacerle ojos decentes" Sora suspiró e hizo lo que Naminé le pidió, pero no le quedaban como a la desgraciada brujita, cuando Naminé vio el intento de ojo suspiró y se rindió terminando por borrar cuidadosamente los ojos y ponerle los ovalitos "eres un caso perdido".

Sora suspiró, le estaban insultando demasiado para un día, y por alguna razón, ese día estaba muy triste, por eso dibujó el torso de Riku, dibujarlo, verlo, imaginarlo, escucharlo, el simple hecho de que él estuviera presente de cualquier manera lo calmaba un poco, pero ese día simplemente no podía mejorar, era pésimo con "P" mayúscula y en neón, todos, hasta Kairi, diciéndole, al llegar a su casa y separarse de Riku porque él recordó que tenía que terminar un ejercicio de Mate, que debería dejar de ser un pervertido y dibujar cosas menos comprometedoras, la profesora de Mate, los demás profesores de hecho, uno le dijo que a pesar de su buena dicción, debía de leer menos rápido porque no le entendían… solo él lo pensó, el de Historia se quejó de la memoria de Teflón y no podía acordarse ni de lo primero que vieron en el curso, luego la de la cafetería se estrella contra él por ir en la lela y le hecha todo el flan en la cabeza, que por alguna razón salió volando y terminó estrellándose contra su cabeza y desparramándose sobre él y manchando la mayoría del uniforme, y dejándole tieso el pelo por el caramelo, tuvo que irse a bañar y no tuvo ni un segundo para comer, luego su profesor de Economía lo regañó porque simplemente seguía oliendo a flan y le había abierto el apetito horriblemente.

"¡¿Qué no se sabe bañar bien?!" Sora simplemente lo miró furioso, se levantó y tomó sus cosas.

"Al menos yo vengo oliendo a flan, no que usted parece que le cagaron encima dos elefantes con diarrea" ese profesor siempre olía a rayos, se supone era muy tacaño, y sólo se bañaba una vez cada dos meses para ahorrar jabón, pero también era muy delicado y hacía drama por todo, ahora, por insultarlo lo llevaron a la dirección y le hablaron a sus padres, estaba suspendido el resto del día (tres cuartos del día escolar) y no pudo hacer el examen de Arte y Literatura que tanto amaba, y para colmo de males, su madre no tenía nada para desayunar y como faltaba poco para comer, tuvo que ahorrarse el hambre y le dieron ganas de vomitar, y vomitó… bilis, perfecto, se enjuagó la boca y se fue a su cuarto a ver la tele, pero no había absolutamente nada para distraer su hambre, y cuando baja al oler el delicioso aroma de algo cociéndose después de agonizantes horas, se da cuenta que es algo que odia, todo resumido en tres sílabas: NO. PA. LES. Esas asquerosas cosas babosas, duras, que al tragarlas sientes que tragas un escupitajo, luego, sopa de zanahoria, no le encantaba… pero era comestible, especialmente la de su mamá, el único oasis que tenía disponible eran las tortas de papa que había hecho su mamá, tortitas de papa o croquetas de pescado como se llamen, eran un paraíso culinario para cualquiera, entonces vio lo indecible, su madre empezó a poner todo en un tóper, y lo guardó en una enorme bolsa, entonces recordó algo hizo que sus ganas de llorar alcanzaran el máximo: Esa tarde su madre se iría con unas amigas a ver su final de serie y le tocaba llevar la comida, entonces con un grito desgarrador gritó.

"¡DAME AUNQUE SEA UNA MALDITA TORTA DE PAPA!" su madre saltó del susto y lo volteó a ver y recordó que su hijo no había comido nada en todo el día, sonrió y le puso la mesa, le sirvió sopa de zanahoria con un poco de pan frito que también había preparado y le rebanó un jitomate y le puso 5 tortitas, ella conocía a su gente, y cuando un hombre de su familia, o la de su esposo, tenían hambre, podían comerse una cazuela entera de pozole, toda una tanda de 20 tortas de papa y un pastel entero, y existía el riesgo de que aún tuvieran hambre, y como Sora era combinación de esas dos familias, era obvio que estaba agonizando.

"Perdona hijo, te me olvidaste por completo, pensé que seguías en la escuela, la costumbre, hay más tortitas en el refri ya nada más para freír por si quieres más ¿si?" Sora estaba arrodillado y sonriendo pero llorando "Ay hijo… ven aquí" su madre lo abrazo suavemente sentándose en las escaleras, ambos rieron.

"Perdóname… es que… es que hoy ha sido un día asqueroso…" su madre asintió.

"Es horrible cuando una está en sus días" eso le dio tan profundo, tan íntimo que accidentalmente fusiló con la mirada a su mamá, quien se deshizo en disculpas después de entender que su hijo no estaba para bromas de ese tipo, Sora suspiró y a regañadientes perdonó a su mamá y se sentó a comer, y cuando supo que tenía tarea de su taller de arte tuvo que ir con Naminé, y estaba relajándose, olvidando todo lo que le había pasado, y cuando por fin se le había olvidado, la bruja le dice eso, el inhaló profundo y se levantó.

"¿A dónde vas?" Naminé parecía sorprendida que Sora se tomara tan a pecho las cosas, obviamente no sabía toda la Odisea que fue su día, pero Sora no contestó, y de hecho, estaba haciendo lo posible por no soltarle una palabrota o herirle sus sentimientos, Roxas igual lo vio extrañado, el cabeza hueca que tenía como excuerpo tomaba sus cosas mientras fijaba su mirada en una sola cosa, la puerta, y con un portazo que casi rompe la ventanita que tenía, Sora salió, dispuesto a hacer una cosa al llegar a casa, llorar de furia hasta no poder más, y luego darse placer con la mano y gemir tan fuerte que se escucharía hasta la calle, no precisamente en ese orden, y chance añadiría algunas cosillas, la tensión y el estrés debían salir de alguna manera de su cuerpo o explotaría ya sea en gritos o en lágrimas.