¡Hola!

Aquí presentándome para continuar con la historia. Gracias por los reviews y me alegra que la historia les haya parecido interesante y de igual manera espero que este capítulo llene sus expectativas.

Disclaimer: Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen, todos son propiedad de Disney, excepto la historia que está escrita enteramente por mi sin fines de lucro.

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El transcurso del día en Arendelle fue muy tranquilo para los habitantes. Comenzaba a atardecer por lo que los niños abandonaban poco a poco las calles y los jardines del reino para dirigirse a sus respectivas casas junto a sus padres y hermanos. Todos en el reino eran personas excepcionales, trabajaban todo el día para poder obtener ingresos para el cuidado de sus familias, los niños eran algo traviesos, pero de buen corazón, siempre uniéndose para compartir un día en compañía del ahora famoso muñeco de nieve Olaf. Las madres de familia, siempre estaban al cuidado de sus pequeños y el trato entre todos era amistoso. No había nada que impidiera que Elsa no estuviera orgullosa de todos los habitantes de Arendelle, ya que sin importar los tropiezos en su vida, seguían y ayudaban unos a otros. Era por esa misma razón que no podía permitir la situación que se había suscitado hace algunas horas gracias a la carta que el Rey Eddard le había enviado.

La mano que mantenía presionada la carta, se estremecía del nerviosismo y enojo al mismo tiempo, logrando desatar por un momento una pequeña ventisca alrededor de la oficina donde se encargaba de arreglar diversos asuntos reales, pero que gracias a que ahora sabía la manera de poder controlar sus poderes, la detuvo de inmediato antes de que alguien pudiera intervenir en la habitación.

Por la mente de Elsa surgió la imagen de sus padres y mil veces más se preguntó qué es lo que hubieron hecho ellos en su lugar.

—Mamá… Papá… Nos hacen tanta falta aquí… ¿Qué hubieran hecho ustedes?— Se preguntó con la voz apagada y un deje de frustración, hasta que unos suaves golpes en la puerta la ayudaron a regresar de su ensoñación.

—Su alteza, disculpe la interrupción, pero la cena está servida y su hermana y el joven Kristoff la esperan en el comedor.

Elsa se preguntó en ese momento cuanto tiempo había pasado desde que estuvo en aquel lugar tratando de buscar respuestas para poder resolver el problema y pudo notar que algunas palabras escritas en el papel se habían borrado por el tiempo que estuvo sosteniendo la carta, dejando algunas manchas de tinta en sus manos. Se levantó de su silla y observó por el gran ventanal que estaba detrás de su escritorio, por lo que pudo observar es que la luna iluminaba los techos de las casas y la nieve de las montañas a la lejanía.

—Gracias. En un momento me encontraré con ellos.— Contestó a la mujer que aún se encontraba detrás de la puerta esperando una respuesta por parte de la rubia.

—Sí, su alteza. Con permiso.

Mantuvo un minuto más su mirada hacia las montañas, hacia una dirección en particular.

A veces deseaba haberse quedado en aquel hermoso castillo de hielo que ella misma había construido y al mismo tiempo dejó escapar una ligera sonrisa negando sus antiguos pensamientos.

Ella sabía perfectamente que de ser así, nunca habría podido controlar sus miedos que era lo que causaba el desorden en sus poderes como le habían dicho los trolls hace años atrás, el invierno aún regiría en Arendelle y mucha gente hubiera sido perjudicada, además de que su hermana hubiera perdido la vida y Hans se habría hecho del control del reino con engaños.

"Hans…" Pensó con rabia. No sabía cómo, pero no dejaría que él interviniera de nuevo en la vida de su hermana y menos que le hiciera daño alguno.

Suspiró cansada y evitó pensar del asunto por un momento, dejó la carta en uno de sus cajones y cerrándolo después con llave. Se apresuró a ir al comedor o si no Anna cuestionaría el porqué de la demora y ya tenía bastantes problemas al respecto.


—¿Por qué Elsa tarda tanto?— Cuestionó Anna un poco desesperada y seria, algo que Kristoff notó de inmediato y sabía que no era algo normal en ella. Trató de intervenir, pero las puertas del comedor se abrieron de pronto dejando ver a la reina con un vestido azul casual.

—Elsa.— Anna la miró seriamente por lo que la aludida la observó un poco confundida por el tono de voz poco común en su hermana. —¿Por qué demoraste tanto? Tengo hambre.— Comentó como una niña pequeña lo haría haciendo del ambiente más tranquilo, a lo que Kristoff suspiró despreocupadamente y Elsa soltó una pequeña risa divertida.

—Lo siento Anna, estaba arreglando unos asuntos.

—Estaba preocupada, no has salido de ahí desde hace horas, ni siquiera estuviste a la hora del almuerzo.

—Por lo que veo, estás más al pendiente de los horarios que yo— dijo divertida —no me percaté de que ya era tarde. — Dijo por último antes de tomar su lugar en un extremo de la mesa con Anna a su lado derecho y Kristoff en el izquierdo.

Llegaron con la cena de los tres jóvenes y agradecieron por ello, pidiendo Elsa amablemente que se retiraran para poder tener más privacidad con su hermana y el rubio.

Sin esperar más, comenzaron la cena con algunos comentarios de Anna y lo que habían hecho en el transcurso del día, como sacar algunos libros de la biblioteca del castillo, jugar con Olaf y los niños en la plaza o el tiempo que pasaron con Sven acompañado de algunos comentarios narrando su trabajo recolectando hielo los pasados dos días.

—Por cierto, ¿y Olaf?— preguntó Anna extrañada, ya que era común que su amiguito los acompañara aunque él no comiera nada.

—Dijo que estaría con Sven un rato.

La conversación fluía y a la reina le parecía extraño que Anna aún no la hubiera cuestionado acerca del asunto del que prometió les hablaría a esa hora en la que los tres estuvieran reunidos; su curiosidad y las constantes ansias de preguntar siempre se hacían presentes.

—¿Y qué era eso importante que querías informarnos?— La rubia sabía que sus pensamientos se había adelantado sólo por poco y logró sacarle una sonrisa dirigida a su curiosa hermana. Los jóvenes habían terminado su cena y era el momento indicado para informarles del asunto.

—Bueno antes que nada, quería agradecerte Kristoff por todo lo que has hecho por nosotras y por Anna, ahora y… por lo del incidente de hace unas semanas.

—No te preocupes Elsa, haría lo que sea por Anna— la observó un momento recibiendo la dulce sonrisa que la pelirroja le dedicaba antes de continuar —y también ayudaría en lo que sea que esté en mis manos.

—Te lo agradezco mucho y por eso mismo quería hablar con ustedes. Al principio era sólo una sugerencia que quería volver a replantearte porque sé que eres una persona digna de confianza y Anna estaría muy feliz de que aceptaras.

La conversación estaba tomando un giro algo inesperado para Kristoff y algo confuso para Anna que esperaban a que la rubia les dijera que era esa sugerencia que le estaba proponiendo de nuevo y aún no sabían a que se estaba refiriendo.

—Hablo de aquella vez en la que te ofrecimos permanecer en el palacio.

El rostro de Anna se iluminó al escuchar las palabras de su hermana al contrario de Kristoff que se mantenía algo confuso. Hace semanas había rechazado la oferta de la reina, no porque no quisiera estar cerca de Anna, al contrario le encantaba estar con ella, pero no se veía a él mismo encajando en un mundo al que ellas estaban tan acostumbradas, rodeado de lujos y de gente yendo de aquí para allá preguntando a cada momento si se le ofrecía algo y sin la compañía de su fiel compañero Sven. Algo que entendieron, por lo que entonces le ofreció una casa que estaba un poco más fuera del reino, pero demasiado cerca para poder visitar a Anna con regularidad, una oferta que Elsa le ordenó no rechazar. Tenía el suficiente espacio para él y Sven y podía ir a recoger hielo con sus compañeros y regresar a Arendelle para venderlo a medio día. Una oferta muy tentadora por lo que terminó aceptando; extrañaría a sus amigos los trolls, pero los visitaba con frecuencia en compañía de Anna, Sven y Olaf.

—Eh… Elsa, pero yo…

—Sé lo que piensas, pero por favor espera a que termine de explicar la situación, no te lo pediría si no fuera algo que de verdad necesito que hagas.

Kristoff calló de inmediato, dándole mentalmente la razón a la reina. Ella no era de las personas que decían las cosas sin un propósito, sin algún argumento que pudiera respaldar sus palabras a lo que prestó total atención a lo fuera a decir y una sensación de malestar desconocido se plantó en su estómago.

—Verás, tenía planeado decirte esto sin algún propósito más que de amistad y agradecimiento. Además, no es como si estuvieras ausente del palacio en el día— Comentó, haciendo que el rubio se sonrojara un poco avergonzado por la observación y Elsa continuó tranquila con la charla mientras Anna sólo escuchaba atenta las palabras de su hermana. —Y eso está bien, es decir, ahora te conozco más y te considero como un amigo y agradezco que pases tiempo con Anna cuando estoy ocupada. — La pelirroja sonrió ante las palabras de su hermana. Desde que pasó el incidente, las dos trataban de pasar el mayor tiempo posible juntas, pero los deberes como reina de la rubia se lo impedían en algunas ocasiones.

De pronto el semblante de la reina decayó un poco lo que provocó que Anna se preocupara.

—Elsa, ¿qué sucede? — preguntó posando una mano sobre su hombro.

Recibió el toque con cariño y colocó su mano sobre la de su hermana.

—Hoy por la mañana recibí una carta proveniente de las Islas del Sur.— Anna dejó caer su mano esperando que su hermana continuara y Kristoff agudizó su pensamiento procesando todo lo que Elsa estaba diciendo. —Estaba firmada y sellada por el mismo Rey Eddard, por lo que supuse debía ser algo urgente, pero… —La rubia cerró sus labios un momento tratando de encontrar las mejores palabras para informar el suceso.

Flashback

Su majestad, ha llegado una carta para usted, proviene de las Islas del Sur.

¿De nuevo? Gracias Kai, lo revisaré en unos momentos.

Y con una reverencia, siguió con su camino hacia las escaleras, dejando a la reina en completa soledad por el pasillo contemplando la carta que estaba entre sus manos. Llegó a su oficina y se dispuso a averiguar de qué asuntos podrían tratarse.

Abrió la carta con calma, pero curiosa al mismo tiempo. Leyó rápidamente el contenido de las letras que estaban hechas ni más ni menos que por el Rey de las Islas del Sur, algo poco común, ya que sus consejeros eran los que solían tener ese permiso para tratar asuntos reales, por lo que debía ser algo de urgencia.

Sus ojos celestes, leyeron y volvieron a leer una y otra vez las palabras escritas en el papel sin poder creer lo que sus ojos le estaban diciendo.

Para su majestad la Reina Elsa de Arendelle:

Enviando mi más cordiales saludos a usted y a su hermana la princesa Anna y en memoria de sus padres, el rey William y la reina Catherine, le ofrezco un tratado que a ambos reinos nos favorecería.

Antes que nada, se me ha informado de primera mano y testigos cercanos al incidente que se vivió en Arendelle hace algunas semanas, todos los acontecimientos de ese día y del cual yo, el Rey de las Islas del Sur Eddard de Gaunt, me vi forzado a juzgar a mi hijo el Príncipe Hans por supuestas conductas que surgieron en su estancia en su "reino",…

-Bien, hasta esta parte Elsa estaba previendo todo lo que estaba a punto de leer, pero no se imaginó la magnitud del problema.

conductas que, según usted, son ciertas y no quiero ofenderla con mi duda, pero han surgido distintos puntos de vista acerca de lo que sucedió y también del apoyo de varios testigos que afirman que el príncipe Hans nunca cometió atrocidad alguna culpándosele de crímenes de traición que nunca cometió, por lo que me veo en la profunda pena de afirmar que hubo un complot en su contra y que debería darle vergüenza a usted, a su hermana y a toda su gente de las blasfemias que se dicen de él, de un miembro de la familia real.

-No podía sentirse más ofendida, él supuesto rey le estaba diciendo literalmente que era una mentirosa y que todas las atrocidades que Hans estaba por cometer, eran blasfemias. Anna lo vio, testigos del consejo real de Arendelle lo vieron a punto de cortarle la cabeza con una espada y abandonó a Anna cuando suplicó por su ayuda porque creía conocerlo. El tipo nunca le dio buena espina y ahora más que nunca confirmó que él y esos supuestos "testigos" estaban llenando de ideas falsas la cabeza del rey.

Pero pese a las circunstancias y por la buena relación que mantuve con sus padres y con el reino de Arendelle, le propongo un trato para poder arreglar este asunto y estoy seguro que notará que nos conviene a los dos para evitar un problema mayor.

La princesa Anna de Arendelle se casará con mi hijo el Príncipe Hans para unir ambos reinos y estrechar más nuestros tratos tanto comerciales como personales. No pretendo que se sienta amenazada su majestad, pero ante tal insulto a mi familia, me temo que no tiene otra opción. Mi hijo arribará a Arendelle dentro de una semana y convivirá con su familia real en un lapso de tres meses para afianzar la relación y pasado el tiempo establecido, habrá una ceremonia celebrando el matrimonio de ambos.

Si el trato no se cumple en ese lapso de tiempo, mis tropas se dirigirán a sus tierras y la guerra entre ambos reinos será declarada. Me temo que no es conveniente para usted haber provocado una guerra con un aliado cuando ha sido apenas coronada reina hace unas semanas, ¿no lo cree?

Espero que tome en cuenta mis palabras y decida lo más sabiamente posible.

Mis felicitaciones por su coronación reina Elsa, que pase un buen día.

Rey Eddard de Gaunt de las Islas del Sur.

Cuando todo el asunto pasó, pensó que por fin viviría tranquila junto a su hermana y reinando ante las expectativas de lo que hubieran querido sus padres y lo que esperaban sus súbditos y lidiando con los demás reinos; nunca se imaginó que esa paz duraría tan poco tiempo. Su mente debía de estar jugándole alguna broma, pero el sello real del rey estaba impreso en el papel junto con su firma.

Esto debe ser una broma…

Se había equivocado respecto a ese hombre y es que además de que creía que le habían llenado la cabeza con falsedades, el rey era un completo tirano.

¿¡Cómo se atrevía amenazarla a ella, a su familia y a su reino!? Además de que se atrevió a darle órdenes de lo que tenía que decidir o que no y el hecho de meter en el asunto a su hermana que fue la víctima de todo este asunto y de los últimos trece años, eso no se lo perdonaría nunca.

Debía tomar cartas en el asunto tan pronto como pudiera reunirse con los reyes y autoridades de cada reino aliado antes de que pasara algo peor y eso no lo permitiría.

La rubia frunció el ceño y en su mente sabía que la guerra ya estaba declarada.

Fin flashback

Elsa observó el preocupado rostro de su hermana. Ella no deseaba que se casara con un tipo como Hans, él le había hecho mucho daño. No le importaba lo que estuvo a punto de hacer con ella, pero no dejaría que su hermana pagara con la culpa de ese hombre, porque sabía perfectamente que era culpable de todo lo que se le acusaba, pero tampoco estaba en momentos de comenzar una guerra con otro país, sería devastador para el reino y sus habitantes y ella estaba para velar por su bienestar.

—En la carta… me proponía un trato, un trato que te involucra a ti, Anna.— Kristoff sabía que el asunto era más grave de lo que parecía, sabía que la burocracia era una completa estupidez, reglas, tratados y formalidades y lo que más le desconcertaba era la propuesta del Rey de las Islas del Sur con su princesa. —El trato consistía…— la mirada preocupada y desconcertada de Anna pudo más con ella, no podía hacerle esto a ella, no estaba lista para decirle, por lo que optó por cambiar un poco la petición o más bien, amenaza del rey. —Decía que para mejorar más las relaciones comerciales entre ambos reinos, el príncipe Hans pasaría tres meses como invitado real en el palacio o si no habría un quiebre definitivo de relaciones comerciales, turísticas y personales entre Arendelle y las Islas del Sur además no me expresé correctamente.— les dijo tratando te relajar un poco el ambiente. — El trato no te involucra sólo a ti, lo que quise decir es que el rey espera que seamos sus anfitrionas en su estancia aquí y bueno, estamos hablando de Hans... No quiero que te sientas incómoda con su presencia.

—¡¿Qué?! ¡¿Estás hablando en serio Elsa?! — El primero en reaccionar fue Kristoff levantándose bruscamente de la silla. —¿Pero qué está loco o qué? ¿No se supone que debía ser juzgado por sus crímenes de traición hacia Arendelle?— Anna se mantenía al margen de la discusión procesando toda la información acerca de la larga visita del príncipe Hans ¡y en el castillo!

—Eso es otra cosa, no sé quién haya sido o con qué propósito, pero en la carta expresaba que había testigos que hablaron a favor de Hans y que los crímenes de los que se le acusaba eran falsos.— trataba de explicar la rubia con calma para evitar que el asunto se le fuera de las manos y no diera información de más para no preocuparlos.

—¡Que bien!— Exclamó con sarcasmo el recolector —¿Por qué precisamente él?— Ahora tenía que soportar al tipo que estuvo a punto de matar a Elsa y de hacerle daño a Anna mintiéndole descaradamente para dejarla morir sola en una habitación.

—Lo sé, a mí tampoco me agrada la idea, pero será sólo por el tiempo establecido y después se irá de nuestras vidas por completo. El rey dijo que llegará en una semana. Es por eso que quise hablar con ustedes dos además de proponerte quedarte en el palacio con nosotras, Kristoff. Antes de recibir la carta, quise proponerlo meramente por agradecimiento como un principio, porque sabes que siempre eres bienvenido aquí, pero no confío en Hans y me gustaría que estuvieras al pendiente de Anna cuando no pueda estar con ella.— Dijo Elsa viendo a su hermana para poder ver su reacción, pero en su mirada había un vacío que no supo interpretar. —Anna— le dijo cariñosamente la reina —No hago esto porque piense que eres débil, pero me gustaría que alguien de confianza además de los empleados, estuviera a tu lado mientras ese tipo ronda por el palacio. La pelirroja reaccionó de inmediato ante las palabras de su hermana y la entendió por completo.

—No te preocupes, Elsa. Yo lo entiendo bien, también estaría frustrada.— dijo haciendo un gesto gracioso en su cara colocando sus manos a ambos lados de su rostro —Además… No será por mucho tiempo, tres meses pasan rápido.— Contestó lo más positivamente posible. No se dejaría intimidar por un idiota como él, ¡no señor!, además Kristoff pasaría más tiempo con ella y podrían pasar más tiempo con Sven y Olaf.

—Kristoff, no te pido esto como tu reina, te lo pido como amiga. No quiero que nada ocurra mientras ese sujeto anda por aquí. ¿Qué dices? ¿Aceptas?

—¿Qué si acepto? ¡Por supuesto! No dejaré que se acerque a Anna o tendrá que vérselas conmigo. Pero tengo que dejar arreglado todo para el negocio del hielo.

—No te preocupes por eso Kristoff, me encargaré de que recibas tu pago como debe ser.

—No, no lo digo por eso. Eres muy amable, pero si estoy aquí es por Anna y como amigo te prometo que la cuidaré muy bien, de eso no debes tener ninguna duda y por el negocio de hielo, no te preocupes, hablaré con algunos colegas y les encargaré que sigan distribuyendo el hielo en el reino mientras estoy ausente. Estoy seguro de que me echarán la mano.

La reina de hielo se tranquilizó más por las reconfortantes palabras del joven porque estaba segura de que no dudaría en dar su vida por Anna y se veía que ambos se querían mucho. Observó de nuevo a su hermana y en su rostro podía observar una inmensa felicidad y una sonrisa radiante en su rostro.

—Le diré a Gerda y a otros empleados que preparen una habitación para ti, no te preocupes por Sven que también tendrá todas las atenciones que necesite y puedo mandar a alguien a recoger tus cosas.

—No te preocupes por eso, pasaré por ellas mañana al mediodía cuando regrese de las montañas donde están los demás recolectores para pedirles ese favor.

—De acuerdo. Me retiro ahora, iré a informar a los empleados. Descansen.

Al momento que la reina salió por la puerta del comedor, ambos jóvenes se observaron felices. No podía ser tan malo, se decían Anna y Kristoff en sus mentes, al mismo tiempo que la pelirroja se acercaba al fuerte chico para estrecharlo con un fuerte abrazo muy feliz, a lo que el rubio correspondió de igual manera. La futura llegada de Hans había traído algo bueno y es que pasaría más tiempo con Kristoff.

Besó la cabeza de la chica y se separó un poco de ella para observarla mejor.

—¿Segura que están bien?

—¡Por supuesto! Recuerda el golpe de regalo que le di antes de que se marchara.— Decía al mismo tiempo que levantaba su brazo derecho haciendo como si estuviera musculosa.

—Claro que sí.— Tomó con ambas manos la cintura de su novia y la elevó haciéndola reír contenta. Cuando la bajó, la besó en los labios, justo como la primera vez que se besaron, sólo que esta vez no habría que pedir permiso. Kristoff colocó una mano sobre su rostro, sintiendo la suavidad de su piel y Anna colocaba las manos alrededor de su cuello, profundizando el contacto.

Se separaron después de unos momentos y una risa escapó de los labios de la princesa.

—¿De qué te ríes?— Reclamó, fingiendo estar molesto.

—De nada. Me alegra mucho haberte conocido.— Susurró con ternura y anhelo en su voz.

Él no respondió, pero de nuevo la abrazó, rodeando su cuerpo por completo. Quería sentirla cerca, saber que todo eso era real, era algo que agradecía inmensamente y que lo que sentía por ella no podía expresarlo con simples palabras. Sabía que fuera lo que pasara en los siguientes tres meses, no importaría, porque estaría con ella, la cuidaría y si eso implicaba dejar su trabajo por el momento y estar rodeado por mucha gente en el palacio, no le importaría, en ese momento sólo pasaba por su cabeza en bienestar de la chica que estaba entre sus brazos.


—¿Por qué has tomado esa decisión tan repentinamente?

—Porque el honor de mi familia está en juego y no permitiré que una jovencita recientemente proclamada reina se pase de lista conmigo. Ya oíste lo que aquellos hombres han declarado al igual que nuestro fiel aliado Weselton que por culpa de ella, sus relaciones se han visto afectadas. En un futuro arruinará todo lo que el Rey William ha cosechado para el bien de su reino.— Comentó molesto el rey Eddard a su esposa. —Ella es peligrosa, ya escuchaste lo que se vivió en ese lugar por su culpa.

Por supuesto que ella había escuchado lo que había sucedido en Arendelle, pero estaba muy preocupada, la reina Alys de las Islas del Sur, al igual que su esposo, fue una gran amiga del rey William y la reina Catherine y conocía a sus dos hijas desde que habían nacido, pero dejó de verlas a ellas y a sus padres desde que Elsa tuvo los 8 años de edad y la pequeña Anna tuviera 5 y la última vez que había visto a sus amigos fue en aquellos años hasta que cerraron las puertas del castillo. Nunca se enteraron de la verdadera razón, pero siguieron manteniendo el contacto.

—Me voy, ya es noche. También deberías descansar.

—Sólo un momento.— Ante la respuesta, la mujer salió del cuarto donde el rey se encargaba de los asuntos reales. —Está hecho. Ya no hay vuelta atrás.


Aquí está :)

Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo al escribirlo. Sí les gustó por favor déjenme sus comentarios o alguna sugerencia para mejorar, así me animan a seguir escribiendo. ¡Los reviews hacen feliz a una autora! :D

Como ya vieron, se resolvió el enigma de lo que decía la dichosa carta. Ya tengo bastantes ideas de cómo quiero que avance la historia y las escribí en una lista de ideas principales, así espero actualizar más seguido y rápido. Hoy la inspiración vino a mi y me emociona el rumbo de la historia, aunque apenas lleve dos capítulos escritos :P

¡Que pasen una linda semana!

XIMEN-ALE ~