¡Hola a todos!
Aquí de nuevo para actualizar la historia c: me pone feliz que les esté gustando la historia, aunque no han sido más reviews de los que me gustaría xD, pero aún así agradezco demasiado las personas que se toman el tiempo de escribirme sus comentarios, al igual que las personas que le dan en follow o favorito a la historia. Eso en verdad me hace feliz.
Sin más que decir, les presento el capítulo 3 de "Lágrimas de nieve". Sí te gustó, por favor déjame un comentario al respecto, también si tienes alguna sugerencia. ¡Los reviews hacen feliz a una autora!
Disclaimer: Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen, todos son propiedad de Disney, excepto la historia que está escrita enteramente por mi sin fines de lucro.
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Era ya entrada la noche después de la cena que Anna había disfrutado al principio en compañía de su hermana Elsa y su novio Kristoff y apenas unas pequeñas flamas alumbraban los pasillos del palacio. Caminaba a paso lento dirigiéndose a las escaleras para llegar al piso donde se encontraba su habitación, pero el brillo de la luna que traspasaba por una de las grandes ventanas del palacio llamó su atención.
—Que hermosa luna…— Susurró para sí misma colocándose de rodillas en uno de los sillones que adornaban una pequeña sala. Desde pequeña, ese era uno de sus lugares favoritos para poder observar el paisaje del reino desde que las puertas de su hogar se cerraron. Podía pasar horas viendo las flores crecer en primavera, el océano moverse por el viento de verano, las hojas caer en otoño o la nieve caer en invierno y en ocasiones contar los minutos en el reloj de ese lugar, acompañado del constante sonido del tic tac, esperando de alguna manera, que su hermana por fin saliera con ella a jugar como solían hacerlo antes de separarse.
Se sentía aliviada ahora porque la rubia hacía lo posible por pasar tiempo con ella aunque tuviera trabajo que hacer y porque las puertas del palacio ahora estaban abiertas. Recargó su rostro con ambas manos sin apartar la vista del paisaje que se observaba desde el palacio. Bajó su mirada y la dirigió hacia las grandes puertas de su hogar donde veía salir a Kristoff acompañado de su fiel amigo Sven para poder dirigirse a su hogar a descansar y una suave sonrisa se formó en sus labios.
Una parte de ella estaba muy feliz por poder tenerlo cerca más tiempo a petición de su hermana, pero por otro lado una inquietud empezó a surgir de su pecho desde que se marchó, se sentía un poco nerviosa porque dentro de algunos días el príncipe Hans pasaría tres meses enteros en Arendelle. No es que Anna le temiera a ese príncipe cobarde y mentiroso, pero algo no cuadraba en todo lo que su hermana le había mencionado para la estancia de Hans en el reino.
—Mejorar las relaciones comerciales y turísticas de Arendelle y las Islas del Sur… Qué tontería.— Suspiró cansada y un poco fastidiada con todo el asunto, algo que escondió bien a los ojos de Elsa y Kristoff, pues no quería que se preocuparan más por ella y no darle el gusto a ese tipo de incomodarse con su presencia. Volvió su vista hacia la luna que resplandecía más que nunca, pero el brillo repentino de una estrella fugaz la hizo salir de sus pensamientos.
Mira Hans, ¡una estrella fugaz!
Sacudió su cabeza tratando de alejar aquellos recuerdos, pero la noche estaba inquietantemente hermosa y ella la sentía totalmente perturbadora. Esta noche era igual a esa noche, donde había compartido momentos con el príncipe de las Islas del Sur.
Flashback
Anna y Hans recorrían los pasillos del castillo mientras todos los demás invitados estaban en el gran salón disfrutando del baile de coronación de Elsa. Todos los empleados estaban concentrados en ese lugar, atendiendo cualquier cosa que hiciera falta en la fiesta y sólo algunos guardias vigilaban de vez en cuando los desolados pasillos.
—Alguien viene, por aquí.— Decía la princesa tomando la mano de su acompañante antes de ser descubiertos por un guardia que juraba haber escuchado un par de voces en el pasillo.
Rápidamente, se escondieron detrás de una gran puerta. Para Anna era algo totalmente nuevo, pues contaba con la presencia de alguien que la comprendía por completo, un príncipe que también había sufrido el rechazo de sus 12 hermanos mayores, al igual que ella por parte de su hermana.
Sonrió y rio divertida cuando el guardia cerró las puertas del pasillo sin percatarse de la presencia de ambos príncipes.
—Sabes, hay un lugar que quiero mostrarte.— Tomó la mano del joven y subieron por una de las torres del palacio y treparon por un tejado de alguna parte alta del castillo. La luna estaba alta, muy brillante y el cielo totalmente despejado.
Ambos observaban la noche atentamente hasta que la voz de la pelirroja se escuchó en aquel cómodo silencio.
—Siempre subo a este lugar cuando me siento sola, así puedo observar el cielo y a toda la gente en las calles de Arendelle.— Susurró sin despegar la mirada de la luna y por un momento observó las aguas del tranquilo océano que se mecían con la suave brisa de verano.
—Es un lugar muy bello.— Le contestó Hans amablemente.
Anna sonrió ante su respuesta y un sentimiento de calidez se produjo en su pecho, algo que hace tiempo no sentía. La muerte de sus padres y el rechazo de su hermana la habían hecho una persona muy solitaria, pero siempre mantenía ese pensamiento de optimismo, pues pensaba que su hermana lo hacía por una buena razón. El peso de ser la heredera de la corona que caía sobre ella era una gran responsabilidad y debía mantenerse concentrada en los deberes como hermana mayor y futura reina.
—Sí, lo es…— Respondió suavemente observándolo de nuevo a los ojos, mientras la distancia entre ambos era acortada por el príncipe. Anna se quedó quieta en su lugar sin apartar la mirada, pero sin tener la menor idea de que es lo que ella debería hacer en ese momento. Nunca había tenido ese tipo de contacto con otra persona, sólo sabía lo que solía suceder en ocasiones por los libros que leía desde que era una niña. Un brillo en el cielo la hizo voltear la mirada y sus ojos repletos de inocencia señalaron hacia arriba.
—Mira Hans, ¡una estrella fugaz! Tienes que pedir un deseo.— La princesa cerró los ojos y pronunciando unas palabras que el pelirrojo no pudo comprender y dejó escapar una suave risa por el comportamiento inocente de la princesa de Arendelle. Una risa que ella no supo interpretar en el momento.
—Deseo poder encontrar pronto al amor de mi vida y vivir felices por siempre, ¡ah! Y que Elsa y yo volvamos a ser las mismas de antes, cuando éramos buenas amigas…— Susurró para sí misma —Mmm no, ya son dos deseos…— Dijo colocando un dedo en su barbilla pensativa hasta que una risa la distrajo.
—¿Aún pides deseos a las estrellas?— Le dijo el pelirrojo tratando de no sonar grosero o inoportuno.
—¿Tú no lo haces? Sí lo pides con todas tus fuerzas y si el deseo viene del corazón ten por seguro que se cumplirá.
—¿En verdad?— Dijo fingiendo una pose pensativa. —¡Lo tengo! — Dijo mientras cerraba los ojos ante la atenta mirada de la pelirroja y los abrió breves momentos después.
—¿Qué deseaste?— Preguntó muy curiosa mientras se acercaba a él un poco más.
—Los deseos no se dicen porque luego no se cumplen.
—Pensé que ya no creías en esas cosas. — Le contestó mientras mostraba una dulce y divertida sonrisa.
—Es verdad, pero estando tú aquí conmigo, parece que cualquier deseo que quisiera viene sobrando. No podría desear nada más.
Los ojos de Anna se abrieron de par en par ante las palabras del príncipe Hans, volteó su rostro de la profunda mirada de los ojos del joven y un sonrojo apareció en su rostro e hizo un esfuerzo porque él no lo notara, por lo que volvió a subir su mirada al cielo con una enorme sonrisa en sus labios, sentía que en cualquier momento le daría un ataque cardíaco.
El príncipe sonrió para sus adentros viendo como Anna desviaba su mirada por sus palabras y pensando que su propósito estaba dando frutos.
—¿Sabes qué es raro?— Comenzó a hablar de nuevo siguiendo de nueva cuenta el juego que llevaban desde hace un rato
—¿Qué?
—Completos están mis…
—¡Sandwiches!— Contestó Anna rápidamente acompañada de una risa y dio media vuelta para poder bajar de la torre esperando que Hans la siguiera.
—¡Eso quería decir!— Dicho esto último fue detrás de ella, viendo antes de marcharse desde lo alto de la torre el reino de Arendelle. Ya no tenía nada más en mente.
Fin Flashback
Sí, la noche era exactamente igual a esa y como muchas otras también, pero sólo hasta este momento se había vuelto a preocupar por esos tormentosos recuerdos cuando él trató de engañarla, fingiendo querer casarse con ella porque pensó la veía como su alma gemela, deseando poder vivir felices por siempre como ella lo había deseado esa noche y llenar ese espacio vacío en sus corazones.
—Anna, ¿qué haces aún despierta?
La voz de su hermana la tomó por sorpresa y la chica volteó rápidamente dando la espalda a la ventana provocando que cayera de costado al suelo.
—¡Ah Elsa! Lo siento, me has asustado. — Dijo mientras se levantaba apresurada del suelo sacudiendo un poco su vestido. —No hacía nada, es sólo que la luna está hermosa esta noche, ¿no lo crees?— Mencionó un poco nerviosa esperando que su hermana no se percatara del constante sonido que hacían sus pies cuando arrastraba sus zapatos.
La vista de la chica platinada se desvió hacia la ventana que la pelirroja estaba observando hace unos momentos antes de descubrirla en un estado de distracción.
—Sí, lo es. — Respondió con su habitual tono calmado dirigiendo su vista una vez más en su hermana mientras le dedicaba una suave sonrisa. —Pero ya es tarde, tienes que ir a descansar.
—Está bien. — Le respondió sin moverse un centímetro del lugar donde estaba parada.
Elsa continuo su camino a su habitación, pero el grito de su hermana la interrumpió.
—¡Elsa!— Anna interceptó su camino y sin previo aviso, la princesa le dio un abrazo a su hermana en modo de agradecimiento y que ella regresó gustosa.
—Gracias Elsa. Por todo. Por abrir las puertas del palacio, por los momentos que pasamos juntas, por confiar en mí al contarme todo lo que te pesa— Esas palabras activaron una alarma en la mente de Elsa y comenzó a ponerse un poco nerviosa. —Pero sobre todo, por ser la mejor reina y hermana del mundo.
Una punzada de culpa llegó a Elsa, pero trató de controlarse. No había sido del todo honesta con ella y recientemente se habían prometido contar sus preocupaciones y confiar plenamente la una de la otra, que no habría más puertas cerradas, pero se había prometido que sería fuerte por ella y por Anna y se decía una y otra vez que era necesario por su bienestar.
No iba a regalar a su hermana como seguro para las relaciones con otro reino.
—Por nada. Ya es tarde, será mejor que descanses.— Dijo separándose de ella.
—Hasta mañana.
Anna se dirigió rápidamente a su habitación sin dedicar una última mirada a su hermana, estaba muy emocionada, pues mañana sería el primer día oficial de Kristoff en el palacio y quería arreglarse para recibirlo al medio día.
La reina observó el pasillo ahora solitario donde hace unos momentos su hermana había tomado, estaba feliz por ella; veía su rostro iluminado todos los días cuando desayunaban o comían juntas, cuando jugaba con Olaf o cuando Kristoff y Sven venían a visitarla al castillo. Esa sonrisa que se perdió por trece años y que ahora quería recuperar. Nadie le quitaría esa felicidad y de eso estaba segura.
—Elsa, ¿qué haces?
—¡Olaf! No sabía que andabas por aquí, amiguito.— Dijo agachándose hasta quedar a su altura.
—Acabo de entrar ya que Sven y Kristoff se fueron hace unos minutos. Pensé que ya no habría nadie por aquí— Dijo observando a los alrededores, confirmando sus palabras y una delicada risa salió de los labios de la reina.
—Me dirigía a mi habitación. ¿Me acompañas? — Le dijo ofreciéndole una mano al mismo tiempo que se erguía completamente.
—¡Por supuesto!— Contestó feliz al mismo tiempo que tomaba su mano y ambos se dirigían hacia el lado del pasillo contrario donde Anna se había ido hace unos momentos.
Hans regresaba con paso calmado hacia el puerto donde el barco que su padre le había entregado junto con su flota y guardias que lo acompañarían al reino de Elsa. Los asuntos tratados con el duque ya estaban más que claros y ya era momento de dirigirse a su destino.
Estaba sumamente ansioso por regresar a ese lugar, aunque era un pensamiento totalmente contrario a lo que creía hace una semana, pues se había jurado no regresar nunca a ese lugar, pero la oportunidad que el duque le dio al abogar por él frente al rey de las Islas del Sur era algo que no iba a desaprovechar y pensó con más claridad que aún había asuntos por atender en ese lugar. Asuntos que tenían que ver con una reina con poderes de hielo, pero principalmente, asuntos que atender con la muy querida e inocente princesa.
—Los asuntos en Weselton ya están hechos. Ya es momento de dirigirnos a Arendelle.
—Sí, su majestad. Estaremos ahí en 6 días a partir de este punto.— Le informó uno de los guardias que lo acompañaban.
—Excelente.— Sonrió con simpatía al guardia antes de subir al barco que estaba a punto de zarpar.
—Subiremos las provisiones que Weselton nos ha proporcionado y marcharemos en seguida.
Sin prestar mayor atención a lo que su guardia le decía, caminó un momento en el barco antes de dirigirse al camarote y observó la luna que se mostraba esa noche; grande y maravillosa, una noche totalmente despejada y una suave brisa se sentía en el ambiente, como toda buena noche de verano, hasta que un haz de luz captó por completo su atención.
Mira Hans, ¡una estrella fugaz!
Podría jurar que la voz de Anna se escuchaba al lado suyo y tan claro como el día en que le dijo aquellas palabras. Cerró los ojos dejándose llevar por los recuerdos que se agolpaban en su mente sintiendo la fresca brisa rozar su rostro.
Tienes que pedir un deseo…
¿Aún pides deseos a las estrellas?
…si el deseo viene del corazón ten por seguro que se cumplirá…
¿En verdad?
—Todo arreglado, su majestad. Partiremos de inmediato.
Hans abrió los ojos en un rápido movimiento fastidiado por la repentina interrupción del guardia, pero sin dirigirle más palabras, se dirigió al camarote para descansar esa noche, todavía quedaban días de viaje y tenía que llegar bien y presentable a Arendelle. Cerró la puerta del gran cuarto y se sentó cansado en la cama.
—¿De verdad es necesario hacer todo esto?— Se dijo así mismo. Los recuerdos de aquel día estaban por hacerle cambiar de opinión al punto de confundir sus sentimientos, más cambió rápidamente su pensamiento y repitiéndose una y otra vez que esta vez lograría todos sus objetivos.
—No seré el eslabón débil esta vez.— Dijo dirigiendo una fiera mirada a un punto vacío en la solitaria habitación, suponiendo que el cansancio de lidiar con ese anciano duque de Weselton lo había llevado al límite más el viaje de dos días que ya llevaban de por sí.
Él no veía al duque como un aliado como lo veía su padre porque en lo único que ese viejo avaro se interesaba era en los bienes y el dinero y si llevaba una estrecha relación con las Islas del Sur era porque es uno de los reinos más poderosos y ricos, que le llevaban oro con los tratados comerciales y comida a la estúpida mesa del duque y la demás aristocracia. No le debía nada a él y lo único que le interesaba ahora era su propio beneficio y lo que Hans creía que por derecho le pertenecía, un lugar como uno de los aristócratas y príncipe más poderoso o más bien…
—El más poderoso rey de uno de los reinos más poderosos y sustentables como lo era Arendelle.
Nuevamente una risa de autosuficiencia y satisfacción surcó de sus labios, estaba seguro que esta vez lograría cumplir su objetivo y le haría ver a su padre y a todo su reino que él era capaz de eso y de más y el primer paso sería su matrimonio con la segunda heredera al trono de Arendelle. Ya quería ver la cara de Elsa el día de la boda, mostrarle que no siempre podrá tener lo que quiere y que esta vez alguien más le había ganado y la mirada satisfecha que él le mostraría para darle a entender lo miserable que serán sus vidas por haberse metido con el príncipe Hans de las Islas del Sur.
—A un paso más cerca mi querida princesa.
El sol apenas empezaba a colarse por la ventana de su cuarto dando a entender que ya era hora de levantarse para otra nueva jornada de trabajo. Estiró sus brazos y piernas antes de levantarse. Se colocó la ropa y su equipo para poder dirigirse a las montañas, preparando unas cuantas zanahorias para la mañana y por último su distintivo gorro en su rubio cabello.
Los muebles ahora se encontraban carentes de algún tipo de adorno o herramientas con las que suele trabajar, al igual que toda su ropa se encontraba ya empacada y lista para llevar.
Kristoff se sentía un poco nervioso, pues era su primer día como miembro oficial en el palacio de Arendelle, sabiendo que tendría que hacer lo posible para adaptarse al repentino cambio en su humilde vida para llevar una rodeado de lujos. Los lujos no desagradan a la gente para nada, es sólo que se sentía fuera de lugar en aquellas enormes y altas paredes, las reglas de etiqueta que probablemente tendría que seguir estando ahí, pero por otro lado sabía que lo que estaba haciendo era por el bien de Anna y la tranquilidad de Elsa y aún podía aprovechar estos relajantes días antes de que el "principito de las Islas del Sur" arribara en el reino de Arendelle.
Trataba de mantenerse calmado ante ese suceso, pues había visto con sus propios ojos lo que ese sujeto era capaz de hacer.
Se dirigió al lugar donde su fiel amigo Sven se encontraba, que para su sorpresa estaba ya levantado y con un gran entusiasmo.
—Vaya amigo, hoy te has levantado temprano.
—Es porque hoy es un día muy especial. — Decía la habitual voz modificada de Kristoff haciéndola pasar por la de su amigo, asintiendo frenéticamente ante sus palabras, puesto que si era un día muy especial.
—Lo sé, Sven. — dijo seguido de un suspiro —Es sólo que extrañaré los días en las montañas.
—Pero ahora es nuestro deber proteger a Anna de ese tal Hans. — Dijo seguido de una pose ruda y defensiva por parte de Sven.
—Es hora de irnos, tenemos hasta el mediodía.— Dijo por fin el rubio saliendo de la casa, seguido del entusiasmado reno.
Elsa se encontraba en su oficina revisando unos asuntos reales más temprano que de costumbre. Las palabras del Rey Eddard seguían dando vueltas como carrusel en su cabeza evitando que pudiera conciliar el sueño por lo que decidió empezar con su trabajo y distraerse un momento.
Me temo que no es conveniente para usted haber provocado una guerra con un aliado cuando ha sido apenas coronada reina hace unas semanas, ¿no lo cree?
Por más carga de trabajo que estuviera llevando por su propia cuenta, no podía dejar de pensar en la amenaza del rey acerca de la guerra si no se cumplían las condiciones que había propuesto en la carta. Ciertamente, Elsa sabía que tenía que pensar en algo para evitar estallar una guerra con las Islas del Sur, porque era uno de los reinos más poderosos en cuestiones militares.
Se levantó de su silla y comenzó a dar vueltas por la habitación tratando de mantener el control y pensó en su hermana, Anna.
Elsa aún mantenía sus pensamientos puestos sobre el problema que había hecho más grande al ocultarle parte de la verdad a su hermana y a Kristoff y ahora debería lidiar con el príncipe Hans. Colocó sus manos sobre su rostro con frustración.
—Tranquila Elsa, tranquila. Él llegará e días, aún tienes tiempo para pensar en algún plan.
Se sentó de nuevo en su silla tratando de controlar su respiración hasta que se calmó. Todo dependía de la reunión que tenía planeada para dentro de 3 días con sus aliados y tenía la esperanza de pudieran entender la situación en la que se encontraba. Las palomas mensajeras ya habían traído las respuestas que esperaba para la confirmación de la presencia de los consejeros más cercanos a los reyes, lords y los reyes mismos a la junta y se sintió un poco aliviada al recibir respuestas positivas de los invitados.
Enfocó nuevamente su mente en el príncipe Hans. Tenía que evitar a toda costa que dijera una sola palabra del trato a su hermana o sería en vano su silencio, también averiguar quién pudo haber sido el testigo que apoyó al príncipe en su juicio. El rey de las Islas del Sur, era una persona muy conservadora y confiaba ciegamente en los aliados que según él, merecían su confianza y su apoyo. Ese alguien o ellos, debían ser enemigos de la corona, personas que quisieron tomar como excusa el incidente del invierno en contra suya y ponerla en contra de sus súbditos.
—Por supuesto… ¿Por qué no lo vi antes?— Se dijo al mismo tiempo que chocaba la palma de su mano con su frente. Ese duque de Weselton había querido deshacerse de ella desde que expuso ante todos sus poderes de hielo, hasta había mandado a dos de sus guardias para acabar con ella en la montaña.
—¿Qué es lo que está tramando ahora? ¿Tendrá que ver con que Hans venga a Arendelle?
Elsa no dudaba ni por un segundo que el duque quisiera acabar con ella como habría querido hacerlo ese día en el castillo de hielo y tenía en cuenta la posibilidad de querer actuar por su cuenta, pero a escondidas del rey de Weselton para que pareciera que no estaba involucrado.
Se burló por un segundo de la situación del duque al imaginarse el problema en el que se metió cuando regresó a sus tierras con un tratado comercial roto.
El sol iluminó por completo la oficina de la chica y se cuestionó una vez más cuanto tiempo se había quedado pensando en todo el asunto. Ahora estaba totalmente segura que el encierro en su habitación por tantos años la habían hecho perder un poco la noción del tiempo y la soledad con la que vivió esos años la hacían pensar en tantos asuntos que no se percataba de los minutos u horas que pasaba encerrada en su oficina.
Un suave golpeteo en la puerta la distrajo de nuevo.
—Adelante.
La puerta se abrió y Kai pasó al cuarto con una reverencia.
—Su majestad, ha llegado otra carta para usted.
—¿De dónde proviene?
—No lo sé su alteza, no tiene remitente o sello alguno que me permita identificarla.
—Está bien. — Tomó la carta en sus manos y se dirigió de nuevo al asiento detrás de su escritorio dispuesta a ver el asunto del que podría tratarse la carta.
Una cara de sorpresa y confusión se dejó ver en todas sus facciones, pero no había emitido ni un solo sonido.
—¿Está todo bien, su alteza?
—¿Qué? Sí, sí… Eh, todo está bien, Kai. Puedes retirarte, gracias.
—Con su permiso.— Acompañada con otra reverencia, se despidió de ella y salió dejando a la reina de nuevo sola.
Alzó de nuevo el papel ante sus ojos y no evitó estar más confundida. En la carta no había más que un par de frases cortas, sin ninguna firma o destinatario, pero estaba muy segura de que iba dirigida a ella.
Lo que hay en ti, no dejes ver
Buena chica tú siempre debes ser
Esas eran las palabras que su padre siempre le repetía para mantener ocultos y controlados sus poderes.
¿Qué propósito tenía esa persona al mandarle esas palabras? Pero había algo escondido aún más importante y que se preguntaba.
—¿Quién ha mandado esto?
—Elsa…— Anna veían en dirección donde su hermana y Hans se encontraban, ella en el suelo sollozando palabras que no alcanzaba a escuchar y al príncipe con una espada en su mano, preparado para dar el primer golpe.
Volteó su mirada en dirección a Kristoff, pero sin verlo a él en realidad. Estaban sólo ellos tres, ella débil e indefensa viendo con miedo como Hans alzaba la espada, dispuesto a matar a su hermana.
Corrió lo más rápido que pudo hasta posarse delante de Elsa.
—¡Nooo…!
—¡Elsa!— Gritó una agitada Anna con una mano alzada frente a ella.
—¿Qué…? ¿Fue sólo un sueño?— Se preguntó colocando ambas manos en su rostro tratando de recobrar la calma y su respiración.
Se levantó de un salto viendo el paisaje por la gran ventana en su cuarto al mismo tiempo que suspiraba aliviada. El sol iluminaba el reino dejando ver todo el esplendor de éste. Se preguntó porque había revivido ese sueño una vez más ya que no solía tener ese tipo de recuerdos como pesadillas, cuando ese momento sólo lo había soñado una vez después del suceso, parando al día siguiente, suponiendo ella el final de una horrible etapa de pesadillas desde la muerte de sus padres.
Observó un par de minutos más el paisaje frente a ella antes de despabilarse por completo.
—¡Ah! Kristoff regresará en cualquier momento, debo apresurarme para estar lista.— Se dijo olvidando el incidente del sueño restándole importancia, a palabras de la princesa, no había nada que pudiera arruinarle este día.
—¿Por qué no hemos sido nosotros los que acompañaron al príncipe de las Islas del Sur?
—¿No es obvio? Ellos conocen sus rostros, estuvieron ahí en el incidente. Si llegan ahí como si nada, la reina podría sospechar.— Dijo enojado el duque de Weselton a dos de sus subordinados.
—Sí, señor.
—Paciencia jóvenes, paciencia. Su momento de actuar llegará más pronto de lo que se imaginan, pero tenemos que actuar con sumo cuidado para no levantar sospechas.— Dijo dirigiendo una severa mirada a los guardias. —Ahora, retírense. Los llamaré cuando sea hora de dirigirnos a Arendelle.
—¿Cuándo será el momento?
—¿No lo ven? Le sugerí al rey Eddard que pusiera a la reina Elsa entre la espada y la pared proponiéndole el trato de que el príncipe Hans y la princesa Anna se casarán cuando termine el tiempo estipulado usando la excusa de "mejorar las relaciones entre ambos reinos".— Dijo alzando los dedos haciendo la seña de comillas al aire con un todo de sarcasmo en su voz. —O si no habría una guerra de por medio. El creyó en el testimonio que dimos a favor de su hijo para que lo dejara partir hacia Arendelle y eso sólo es el principio del plan.
Ambos guardias se dirigieron una mirada entendiendo hacia donde iba la conversación, mientras que el duque continuaba con su explicación.
—Es obvio que la reina Elsa no aceptará el trato que sugerimos al rey de las Islas del Sur para proteger a su "querida" hermana, por lo que se desatará la guerra pronto y como aliados que somos y enemigos de Arendelle, nos pedirá apoyo para el ataque, sin estar directamente involucrados.— Dijo guardando el silencio por un momento, dando un toque de suspenso en su relato. —De esa manera nos vengaremos de ella y su hermana, junto con su reino. Quitándole el trono a Elsa, nos haremos del control del reino y explotaremos todos sus bienes.
Sonrisas cómplices salieron de los labios de ambos subordinados, que sin una palabra más, se retiraron de la oficina del duque despidiéndose con una reverencia. Satisfechos con la explicación y esperando pacientemente por las órdenes de su superior.
—No tardará mucho. No durará en rechazar la oferta de Eddard. La presencia de Hans en Arendelle no tardará en ponerle los pelos de punta a la reina y a la princesa,— Soltaba el duque de Weselton seguro al aire, pues nadie escuchaba lo que decía, más que él mismo. —De eso no cabe duda.
Creo que este capítulo es el más largo hasta ahora y como pueden ver, involucra a varios personajes y su presente en la historia. Sólo espero que no haya alguna confusión por todos los personajes involucrados jeje ~
Si tienen alguna sugerencia o duda acerca del capítulo, no duden en mandarme un mensaje n_n
¡Nos leemos!
