Hola :)

Pues aquí me tienen publicando un nuevo capítulo. Me alegraron mucho sus comentarios de que esperaban ansiosamente nuevo capítulo y esperaba subirlo unos días antes, pero apenas lo terminé xD

Sí está un poco más largo que los demás. Espero que cumpla con sus expectativas.

Un enorme agradecimiento a todas aquellas personas que se toman su tiempo para escribirme y a los que no también por tomarse la molestia de pasar a leer. Se los agradezco mucho! También aquellas personas que le dan el Favorito o Follow. Gracias.

Disfruten el capítulo.

Disclaimer: Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen, todos son propiedad de Disney (menos los personajes de Game Of Thrones), excepto la historia que está escrita enteramente por mi sin fines de lucro.

Prohibido distribuir esta historia en otra página ajena a Fanfiction y menos en otra cuenta, si deseas compartirla en alguna página, debes consultarlo conmigo primero.


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Una inquieta princesa pelirroja se encontraba rondando algunos rincones del castillo ese día por la mañana, había tomado un baño muy temprano, se colocó un sencillo vestido color verde obscuro con algunos detalles en negro y su cabello estaba recogido en dos simples trenzas que caían sobre sus hombros. Se percató de que había despertado más temprano de lo debido, puesto que Kristoff dijo que llegaría hasta el mediodía y eran apenas las ocho.

Habían pasado un par de horas desde que había despertado y se extrañó que Elsa ni siquiera hubiera bajado a tomar su desayuno. No es como si ella desayunara en compañía de su hermana ya que usualmente despertaba más tarde que ella, pero no pudo evitar preguntarse a que se debía la ausencia de la reina.

A la princesa Anna le preocupaba un poco que su hermana llegara a sentirse presionada por todo el peso que significa ser reina de Arendelle y temía porque fuera a encerrarse de nuevo en su habitación, pero al poco tiempo desvió esos pensamientos de su cabeza.

"Es imposible", pensó. "Elsa ahora puede controlar más sus poderes, no tiene nada que temer. Además por lo que he visto estas últimas semanas, todo ha marchado bien en el reino…" Se repetía una y otra vez en su mente tratando de convencerse a sí misma que Elsa no recaería de nuevo en esa situación.

—Pero hay algo que no está bien…— Susurró mientras colocaba una mano en su barbilla en modo pensativo. Trató de recordar el día de ayer por la mañana cuando vio a Elsa salir alterada de su oficina, después la noticia de que Hans estaría en el reino por tres meses, hasta que algo hizo click en su cabeza recordando un detalle que había olvidado y pasado por alto.

—Reunión urgente con los consejeros del reino… ¡Y un aviso importante a los reyes de cada reino aliado! ¡Ahí está! ¿Por qué olvidé eso? ¿Debería preguntarle?— Se preguntaba cada vez más confundida. —Tal vez no sea tan importante…— Pero Anna no sabía si debía preocuparse de ese detalle o no. No sabía mucho sobre reuniones o discusiones diplomáticas como lo sabía su hermana porque desde niña no se le dieron esas mismas clases porque Elsa sería la heredera a la corona de Arendelle, pero a ella no le importaba esa situación. Le importaba la relación que mantenía con Elsa hasta los cinco años y después de eso nada. Por lo que había días en los que se distraía en sus clases de música. Era una distracción que amaba y que además la hacía olvidar el dolor que le provocaba ser ignorada por su hermana.

Sin darse cuenta, caminó lentamente hacia las puertas del gran salón de música del palacio. Era un lugar enorme donde grandes ventanales daban una hermosa vista hacia las costas de Arendelle. El lugar estaba equipado con una gran variedad de instrumentos y grandes asientos para descansos o uno que otro espectador. Le traía grandes recuerdos estar en aquella habitación, desde pequeña ella y su hermana Elsa disfrutaban de cantar en conjunto y era donde también recibían clases de canto, de piano o violín por grandes maestros de la música que provenían de otros reinos, eso hasta que un día ella y la rubia empezaron a tomar clases por separado a petición de sus padres.

Se acercó al piano que se encontraba al centro de la habitación y deslizó sus dedos suavemente por sus teclas. Hacía tanto tiempo que no entraba a ese lugar mientras que tantos recuerdos se acumulaban en su cabeza. Los días que ella y la reina pasaban en ese salón escuchando a su madre cantar y tocar el piano para ellas; el día que ambas le pidieron a sus padres aprender música como su madre; los días completos que practicaban y cantaban juntas cuando no podían salir a jugar por el mal clima; el día en que fueron separadas sin explicación alguna de sus padres y lo triste que se sintió por esa decisión y también los días en que se escondía detrás de los asientos del salón para poder escuchar a su hermana cantar.

Tomó asiento frente al piano y una suave melodía comenzó a salir del instrumento, cerró los ojos y se dejó llevar por sus recuerdos.

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Ambas princesas miraban emocionadas la forma en que su madre tocaba el piano con suavidad y expectantes en la forma que salía un hermoso sonido a través de "la caja negra" como lo llamaba Anna. La reina observaba con una sonrisa sus manos en el teclado mientras sus dedos seguían fluyendo a través del instrumento hasta que se detuvo.

¡Otra vez mami!— Comentó una emocionada princesa pelirroja de tres años mientras aplaudía a su madre.

¡Sí! Otra vez— La apoyo la hermana mayor maravillada por el sonido que su madre les había enseñado.

Una risa contenta salió de los labios de la reina. —De acuerdo niñas, pero después deben prometerme que irán a la cama sin protestar. Es muy tarde para que estén despiertas.

¡Lo prometemos!

Y nada de nieve en el gran salón esta noche, Elsa.— Le contestó la reina a la mayor con una sonrisa en su rostro.

De acuerdo.— Respondió asintiendo con su cabeza.

La pieza volvió a escucharse por todo el salón, dando tranquilidad en ambos corazones de las princesas. De pronto el sonido de la puerta interrumpió la música haciendo que ambas niñas abrieran los ojos y clavaran la vista en la persona que había entrado a la habitación.

Con que aquí estaban las 3 mujeres más hermosas del reino.— Decía el rey al momento que se acercaba a la reina mientras ella se levantaba y alejaba del piano.

¡Papi!— Gritaron ambas niñas mientras se acercaban corriendo a su padre y le daban un abrazo que éste correspondió.

Te extrañamos toda la tarde, ¿terminaste de trabajar?— Preguntó inocentemente la pequeña rubia platinada.

Lo siento querida, estuve muy ocupado hoy, pero por esta noche terminé y puedo darles su beso de buenas noches.— Dijo al mismo tiempo que le regalaba un beso en la mejilla a cada una. —Pero para eso hay que estar en la cama. Ya es tarde.

Escuchábamos… la música que mami… saca de la caja negra.— Decía la princesa más pequeña mientras dejaba escapar leves bostezos.

El rey le dirigió una mirada a la reina que ahora se encontraba a su lado.

Les mostraba la canción con la que te declaraste, querido.— Dijo acompañada de una sonrisa sin apartar la mirada de su esposo y éste de igual manera le regresó el gesto satisfecho.

Veo que les agrada esa melodía.

Es muy hermosa…— Contestó la pequeña rubia mientras tallaba sus ojos con sus manos.

Ya veo, pero es hora de dormir.

Ambos reyes tomaron una de sus hijas para llevarlas a su habitación acompañados de un tranquilo y cómodo silencio. Acomodaron a cada una en su cama y se dirigieron a la salida hasta que la voz de la pequeña Anna los interrumpió.

Papi… ¿Podríamos aprender a cantar y a tocar música como lo hace mami?

Ambos padres se observaron mutuamente antes de asentir ligeramente con la cabeza. Dirigieron su mirada a ambas princesas que esperaban la respuesta de sus padres, esperando y deseando con muchas ganas de que su respuesta fuera afirmativa.

Por supuesto que sí. Estaría encantado de escucharlas cantar y tocar los instrumentos que ustedes deseen.

Las hermanas se observaron emocionadas y se acomodaron de nuevo en sus camas para disponerse a dormir, no tardaron en quedar profundamente dormidas con una sonrisa en sus labios, mientras que en la mente de ambas seguía sonando una y otra vez la suave melodía del piano que su madre no volvió a tocar.

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Elsa seguía dando pasos nerviosos en su habitación, preguntándose el propósito de esa carta y seguía con la duda de quién la había mandado o de dónde había provenido. Seguía encimada en su mente hasta que una suave melodía llegó a sus oídos e hizo que parara abruptamente su andar por su oficina. La canción le sonaba extremadamente familiar, pero no podía recordar dónde la había escuchado por lo que se dispuso a salir de la habitación para averiguar quién la estaba tocando.

Sus pasos se fueron acercando poco a poco a las puertas del gran salón de música dónde provenía la canción que a ratos sonaba como una triste melodía. Se acercó lentamente a la puerta entreabierta y pudo divisar a lo lejos el rostro de su hermana que asomaba por un espacio entre el piano y la tapadera de éste. Mantenía sus ojos cerrados dejándose llevar por la canción que estaba tocando. Parecía recordar muy bien las notas porque en ningún momento Elsa pudo ver que su hermana abriera los ojos. Sonaba como una bella canción de amor y daba la sensación de felicidad, hasta que el ritmo se hizo cada vez más lento y dio paso a una canción llena de tristeza.

Elsa aún no se había atrevido interrumpir a su hermana y aprovechó para disfrutar el sonido que salía del piano. La reina mantenía su vista sobre el rostro de Anna hasta que una lágrima cayó de los ojos cerrados de la pelirroja, sorprendiéndola. Detrás de esa, una y otra lágrima caían sin tener las intenciones de parar haciendo que se preocupara. Abrió más la puerta para poder ingresar a la habitación junto su hermana, más Anna seguía sin despegar los dedos de las teclas y mantenía sus ojos cerrados, dando a entender a la rubia que no se había percatado de su presencia.

—Anna…— Le habló suavemente esperando ver la reacción de la chica, sin obtener respuesta. Se acercó unos pasos más hasta llegar a su lado. —Anna.— La llamó de nuevo, de nuevo sin obtener respuesta a cambio. Elsa levantó su mano para posarla sobre el hombro de Anna, pero antes de llegar siquiera a tocarla, el sonido paró en seco dejando ver los húmedos ojos verdes de la princesa.

—¿Por qué nuestros padres tuvieron que marcharse así?— Soltó de pronto en un débil susurro más para sí misma. —¿Por qué mamá dejó de cantar y tocar el piano desde ese día?— Dijo por fin dirigiendo una mirada al confundido rostro de Elsa, pero era una pregunta que no pudo contestar, por fin dándose cuenta de que el hermoso sonido interpretado por su hermana era la canción que su madre les tocaba todas las noches, preguntándose cómo era posible que la olvidara.

—A veces la vida nos trae sorpresas, y aunque estas no sean siempre agradables, de algún modo se compensan.— Le respondió sentándose a su lado en el taburete y colocando ambas manos en el rostro húmedo de Anna limpiando las lágrimas que seguían corriendo por sus mejillas. —Yo también los extraño mucho y no hay día o noche en que me pregunte porque la vida nos los arrebató de esa manera.— Dijo suavemente bajando ambas manos, también dejando escapar una pequeña lágrima de sus ojos, pero recorriendo su rostro muy lentamente.

Anna bajó la mirada hacia sus manos que se encontraban ahora reposadas en su regazo mientras se tranquilizaba, posando de nuevo su mirada en su hermana y quitaba con un dedo la pequeña lágrima que recorría el rostro de Elsa.

Colocó su mano derecha de nuevo en las teclas del piano dejando sonar una vez más aquella melodía, pero de una manera más lenta sin que llegara a sonar triste.

—Tienes razón… De alguna manera se compensan.— Dijo la pelirroja acompañado de un suspiro de alivio. —Conocí a un chico maravilloso y no estoy hablando de Hans— Dijo al mismo tiempo que ella y su hermana dejaban salir una risa de complicidad.

—Sí, Kristoff es una gran persona.— Le dijo la rubia apoyando sus palabras. —Lo quieres mucho, ¿verdad?

—Él me apoyó en todo momento cuando ocurrió aquello…— Dijo tratando de no surgir de nuevo esos malos recuerdo de hace semanas. —No dudó en llevarme de vuelta a Arendelle y regresar por mi cuando estuve en problemas.— La mirada de la princesa brillaba cada vez que recordaba la manera en que fue ayudada y protegida por Kristoff esa vez confirmando la pregunta hecha por Elsa. —Además tenemos a Sven, a nuestro muñeco de nieve favorito Olaf, el apoyo incondicional de los habitantes del reino y te tengo a ti.

Elsa dejó salir una sincera sonrisa de sus labios y Anna le correspondió el gesto. Ambas se levantaron del asiento y se dirigieron a la entrada del salón, pero Anna se detuvo un momento para contemplar el piano una vez más, llamando la atención de Elsa.

—Anna, ¿qué sucede?

—¿Sabes por qué mamá dejó de cantar y tocar el piano?— Preguntó sin apartar la mirada del instrumento frente a ella, mientras que a sus espaldas, Elsa trató de pensar en la mejor respuesta que pudiera darle.

—Anna, ¿recuerdas hace tres años que nuestros padres decidieron partir hacia el reino de Winterfell?

—Dijeron que sólo tardarían dos semanas.

—Mamá sufrió mucho después de ese día, Anna. Hace quince años, ella contrajo una enfermedad. Me lo notificaron cuando yo tuve los 18 años y ellos no querían preocuparte.— Le relataba la rubia a su hermana que aún permanecía de espaldas a ella sin mover un solo músculo. —Dijeron que tal vez habían encontrado por fin una cura. Por eso se marcharon… Pero…

—Pero aun así nunca regresaron.— Decía al mismo tiempo que giraba de nuevo hacia su hermana para dirigirse junto a ella hacia la salida. —Gracias por contármelo.

—¿No estás molesta? Después de todo, tardé tres años en contártelo Anna y lo siento mucho, pero…

—Elsa.— Le dijo suavemente. —Entiendo como debiste haberte sentido y la angustia que sufriste esos años, pero no es tu culpa y aprecio en verdad que me lo hayas contado. Además, estoy segura que a mamá y papá no les gustaría vernos tristes.

La reina dejó escapar una suave risa asintiendo a las palabras de su hermana. —Tienes razón.

—Su majestad. Princesa.— Decía uno de los sirvientes desde la puerta del salón de música saludando a ambas con una reverencia. —Alteza, Lord Stark de Winterfell ha llegado.

—¿Qué?— Contestó rápidamente una confundida Elsa. —Pensé que llegaría al menos en dos o tres días más. Hágalo pasar a mi oficina por favor, iré en unos momentos a recibirlo.

—Sí, su alteza.

Con otra reverencia se despidió de ambas jóvenes y se retiró para cumplir las órdenes de la reina, dejando de nuevo solas a las hermanas.

—¿Winterfell?— La duda que hace unas horas había estado rondando en la cabeza de Anna surgió de nuevo y su curiosidad pudo más con ella. —Elsa, ¿qué sucede? ¿Por qué has convocado una reunión de consejeros y reyes de otros reinos aliados?

—¿Cómo sabes eso?— Preguntó un poco asustada abriendo de par en par sus ojos azules.

—Es que Kristoff y yo te vimos salir de la oficina ayer por la mañana y pediste a Gerda que mandaran unas cartas a consejeros y reyes para una reunión. Te veías un poco desesperada.— Comentaba Anna un poco tímida, pensando si era buena idea preguntar acerca del asunto.

—Oh… No te preocupes, es sólo que hay asuntos que quisiera arreglar con los reinos aliados para afianzar las relaciones y ver que no hayan quedado problemas después del pequeño accidente del invierno.— Dijo la princesa con su habitual y controlada calma tratando de trasmitirle a su hermana que no había mayor problema.

—Uff, está bien, Elsa. De verdad hubo un momento en el que me preocupé demasiado.— Dijo la princesa colocando su mano derecha sobre su pecho suspirando aliviada y formando nuevamente una sonrisa en su rostro, dándole a entender a Elsa de que ya no habría nada de qué preocuparse. —Bien, entonces no querrás hacer esperar a ese Lord… algo.

—Anna…— La reprendió Elsa con la mirada mientras una sonrisa nerviosa salía de los labios de la pelirroja.

—Iré afuera con Olaf y esperaré a la llegada de Kristoff.— Contestó mientras se despedía de su hermana con una mano al aire y corría por el pasillo casi chocando con una de las chicas que se encontraba limpiando algunas esculturas y se dirigía a las escaleras, causando una mirada cansada y a la vez maternal por parte de Elsa mientras se dirigía por fin a su oficina para tratar unos asuntos con el Lord de las tierras de Winterfell.


—¡Olaf!

—¡Hola Anna!

—¿Dónde has estado? Siempre te pierdo de vista por las tardes.— Decía mientras se agachaba para estar a su misma altura.

—Me encanta estar aquí afuera y disfrutar del sol y el calor junto a las brisas del verano.— Dijo el pequeño hombre de nieve poniendo una cara soñadora y suspiraba oliendo las flores que se veían a la vista en el jardín del palacio.

—Me alegra que disfrutes del paisaje.— Dijo mientras se sentaba a su lado en la hierba.

—Anna, ¿tú estás bien?

La pregunta descoló por completo a Anna preguntándose de la repentina frase dicha por su amigo Olaf.

—Por supuesto que sí. No podría estar mejor. Es verano, Elsa y yo pasamos tiempo juntas, estás tú aquí también— dijo haciendo a Olaf formar una sonrisa en su rostro de nieve. —y Kristoff junto Sven estarán aquí con nosotros.— Decía muy emocionada la princesa.

—¿Y qué hay acerca de Hans? Elsa me ha dicho que estará en el palacio por un tiempo.

—Oh, había olvidado eso por un momento.— Mencionó suavemente. Colocó sus brazos detrás de su cabeza y se acostó sobre el pasto viendo directamente a las hojas del árbol que se encontraba sobre su cabeza.

—¿No estás preocupada?— El muñeco de nieve se sentó a su lado, pero lo suficientemente lejos para que la nube de nieve no estuviera sobre ella también. El habitual carácter alegre de Olaf se perdió por un momento durante esa pregunta. ¿Preocupada? Para nada, sería poco tiempo y estaría acompañada por Kristoff y su amigo Olaf junto con Sven, además de que su hermana estaría pendiente de los asuntos reales que tuvieran que tratarse con él, aunque pensándolo bien, eso la inquietó por un momento. Habría momentos en los que tuviera que tratar algún asunto real que tuviera que ver sólo con él y temía porque Hans tramara algo de nuevo, pero de inmediato ese pensamiento se desvaneció de su cabeza.

—No, para nada. Todo va a estar bien porque estaré acompañada por todos ustedes. Serán sólo tres meses.— Y volvió a recostar su cabeza sobre el pasto. —Además, si Hans quisiera pasarse de listo, no estaré para nada molesta de darle otro golpe de vuelta— Dijo mientras reía divertida recordando el golpe que le había propinado el último día que estuvo en Arendelle, provocando una risa de vuelta en Olaf, recuperando su habitual tranquilidad, retomando su atención a las flores que rodeaban el jardín del palacio.


Hans reposaba su cabeza sobre sus brazos cruzados en la almohada de su cama viendo directamente hacia el techo de manera totalmente aburrido.

—De un aburrido y húmedo techo de piedra, pasé a un aburrido techo de madera.

Se levantó rápidamente del lugar para dirigirse al exterior del barco. El sol estaba casi a su máxima altura por lo que supuso que pronto sería mediodía. Dirigió su vista a algunos guardias que charlaban a lo lejos sin percatarse de la presencia del príncipe y éste se acercaba a ellos.

—En serio, de verdad escuché que la princesa Anna de Arendelle era cortejada por un repartidor de hielo.

—¿Hablas en serio? JAJA ¿Qué dirá el príncipe Hans cuando se entere?

—Sería algo muy gracioso de ver, estaría dispuesto a dar lo que sea para presenciar eso.

—Pero es muy extraño. Por lo que escuché de algunos guardias más cercanos al rey de las Islas del Sur, se propuso al príncipe Hans en un trato con la princesa Anna para un matrimonio, ¿no es raro? A estas alturas creo que la reina Elsa ya hubiera hecho algo para parar los rumores de su hermana con el otro. Además ni siquiera es de la realeza, ¿eso es legal?

—Tal vez entonces yo pueda tener alguna oportunidad con alguna princesa de otro reino— Soltó acompañado de unas carcajadas. —Tal vez puedan presentarnos a la princesa de Corona que recientemente encontraron.

—No puedes, ella ya está casada.

—¿Qué tanto divulgan por aquí?— Ambos guardias al escuchar la voz del treceavo príncipe de las Islas del Sur, retomaron su postura de soldados nuevamente acompañados de un notorio nerviosismo.

—Na-nada su alteza, sólo comentábamos un poco de la visita a Arendelle, alteza.

—Lo dijiste dos veces…— Le susurró el otro guardia a su compañero, pero siendo interrumpido de nuevo por Hans.

—¿Ah sí? ¿Y qué hay de lo que acabas de decir de la reina Elsa, su hermana y "el otro"? — Dijo haciendo énfasis en las últimas dos palabras. No había escuchado nada más, así que no pudo averiguar la conversación de ambos.

—Sólo comentábamos…

—Decíamos que hay rumores de que la princesa Anna de Arendelle estaba siendo cortejada… por… alguien más.— Dijo esto último lentamente viendo la mirada furiosa que les dirigía el pelirrojo por lo que cerró rápidamente lo siguiente que iba a decir.

—¿Y quién es ese de quien te estabas refiriendo?

Ambos guardias se dirigieron una mirada rápida sin saber cómo responder aquella pregunta.

—No… no lo sabemos su majestad, pero son sólo rumores. No creo que deba preocuparse por algo tan insignificante como eso. En reinos pequeños como lo es Arendelle es fácil que surjan rumores y pasen rápido a otros lugares por comerciantes o cartas de familiares, señor.— Contestó nervioso esperando que no preguntara otra cosa sobre el asunto.

Por lo tanto, Hans analizaba las palabras del guardia. Sí, era cierto que cualquiera dijera algún rumor falso y se extendiera. Además ahora todos en las Islas del Sur sabían que se había hecho un trato con la reina Elsa para que él y Anna se casaran dentro de unos cuantos meses. Ese sí era un reino más grande y se sabía que no era un rumor porque había sido comunicado por los mismos consejeros del rey al público, excepto la parte de la guerra, claro estaba. Lo último que se necesitaba era un montón de quejas o miedo por parte de los súbditos de una posible guerra. Una sonrisa satisfecha se formó en su rostro y se dirigió una vez más a los nerviosos guardias frente a él.

—¿Cuánto falta para la llegada a Arendelle?

—Cinco días, alteza.— Contestó uno de ellos.

—Mejor que sean tres.— Respondió lo más naturalmente posible y calmado el pelirrojo, dejando una confusión instalada en los rostros de los guardias.

—Pe-pero su majestad, sería imposible llegar a Arendelle es la mitad de tiempo en este punto— Contestó, pero recibió una severa mirada del príncipe que estaba a punto de marcharse. —Es decir… No sin liberar peso del barco para poder viajar a mayor velocidad, majestad.

—¿Pues qué esperan? Hagan eso. Estaremos en tres días en Arendelle y no se diga más.

—Sí, su alteza.— Dijeron por último con una reverencia y se apresuraron a dirigirse al área de carga para liberar carga como lo había ordenado el príncipe Hans, mientras que éste se dirigía con pasos tranquilos hacia el interior del barco, dispuesto a retomar sus pensamientos en cierta chica que creía que lo esperaba muy pronto en Arendelle. No lo tomaba como una obsesión, no. Para Hans eso no importaba y no importaba ella tampoco, sólo quería disfrutar en su mente la reacción de la reina y la princesa al llegar tiempo antes de lo esperado, mientras trazaba en su cabeza el mejor plan para vengarse de ambas, aunque de nuevo se instalaron las palabras del guardia dichas hace unos instantes.

—El otro. —Ja, decía con burla. —¿Esa chiquilla tonta teniendo otro pretendiente? Imposible.— A estas alturas la mayoría de los reinos debían saber del compromiso entre ambos, además no recordaba haber visto a alguien más cerca de la princesa Anna en el baile de coronación de su hermana, estuvo todo el tiempo con él y pensaba que era algo totalmente improbable.


—Bienvenido a Arendelle, Lord Stark.— Decía la reina entrando a su oficina acompañada de uno de sus consejeros.

—Su majestad.— Decía al mismo tiempo que dejaba de darle la espalda y hacía una reverencia como saludo.

—Por favor tome asiento. ¿A qué debo su temprana visita por aquí?— Dijo Elsa suavemente a su visitante mientras tomaba asiento al otro lado del escritorio con su consejero parado a su lado.

—Verá alteza, hace tiempo que no se nos convocaba a una reunión desde… hace más de tres años y estaba ansioso por venir. La última vez que la vi era apenas una jovencita y ahora es toda una bella mujer.

—Se lo agradezco.— Dijo apacible sin cambiar su expresión tranquila.

—Perdone que haya llegado antes de lo debido y sin avisar, pero hay un asunto muy importante que me gustaría discutir con usted. Es sobre…— Dijo observando de reojo al consejero que escuchaba atento la conversación y acercándose más hacia ella. —Aquel asunto de sus padres, alteza. Hace tres años.

Elsa comprendió por fin el giro que llevaría la conversación por lo que pidió a su consejero que se retirara, pues tendría una charla privada con el Lord de Winterfell, pidiendo que no fueran interrumpidos.

—Continúe.

—Sé que usted está enterada de la enfermedad que su madre pasó hace tiempo y no me malinterprete, no quisiera sólo llegar a remover dolorosos recuerdos para usted y su hermana, pero esto que le diré es algo de suma importancia.

Elsa se encontraba expectante a lo que fuera que quisiera decirle, por lo que asintió para que pudiera proceder con su explicación.

—Su madre con el pasar de los años fue debilitándose por una enfermedad que hace años desconocíamos totalmente, pero aquel viaje hace tres años a Winterfell era para poder probar la cura que esperábamos fuera la correcta para salvar su vida.

—No quisiera ser grosera Lord Stark, pero por favor vaya al grano.— Decía perdiendo un poco la paciencia. Sólo le estaba diciendo cosas que ella ya sabía y no entendía aún el motivo de la conversación.

—Quiero decir que la solución fue estudiada por mucho tiempo, desde antes de que ustedes nacieran, para ser precisos y porque en nuestras tierras varias vidas se había perdido por culpa de aquella enfermedad. Como usted debe saber, su madre nació en Winterfell.— Decía serio sin apartar su mirada de la reina que abrió los ojos sorprendida por lo dicho por él. No tenía idea del lugar donde su madre había nacido pues siempre pensó que era de Arendelle, aunque ahora tomaba sentido. Ella nunca le preguntó su lugar de nacimiento. —Hace veintidós años una curandera del rey logró hacer una cura con una rara planta que sólo crecía en lo alto de las montañas, una planta que hoy ya no existe. Logró hacer una cura, pero sólo la suficiente para una persona.— Elsa lamentaba aquella información que estaba escuchando, eso quería decir que no hubo que pudieran rescatarse. —La cura se le fue entregada a su madre antes de casarse con el rey William, su padre. Ella parecía mejorarse y después del matrimonio no hubo problemas, hasta que tuvo a su primera hija.— Dijo dirigiendo una mirada a la rubia esperando que adivinara hacia donde iba el hilo de la conversación.

La mente de la rubia platinada estaba hecha un lío, ya que siempre habría creído que su enfermedad la había contraído hace apenas quince años, cuando ella y Anna eran apenas unas niñas. Al menos es lo que le habían dicho sus padres.

—Aquella planta… Es decir en la cura, ¿hizo que yo naciera con estos poderes?— Dijo mientras miraba las palmas de sus manos.

—Eso es lo que sospechamos desde el principio y pensamos que le traería problemas a usted. Pensamos que no llegaría a vivir por mucho tiempo. Sus padres lo temían demasiado.

—Entonces soy la única en el mundo con estos poderes de hielo.

—Así es su majestad, pero hay algo más.

—¿Qué es?— Contestó un poco nerviosa.

—Esos efectos en la planta hacían a su madre débil ante el frío, raro para una persona que nace en Winterfell, donde el invierno es más que común. Su cuerpo empezó a debilitarse al pasar del tiempo y hace tres años esperamos haber encontrado una solución que contrarrestara los efectos del frío sobre ella y… Funcionó.

Elsa se levantó tan rápido de su asiento que por un momento pensó que iba a caerse por el mareo que sintió unos segundos. Caminó hacia el ventanal detrás de su escritorio y observó el paisaje del reino. El sol estaba en su máximo esplendor y veía el brillo que reflejaba en el mar. Sin obtener respuesta, Lord Stark prosiguió con su explicación.

—Pero nos enteramos de la tragedia que azotó a su reino al momento que regresaban a Arendelle.

La expresión en el rostro de Elsa era de un dolor inexplicable, su madre estuvo a punto de salvarse, pero había sido todo en vano. Por causa de una tormenta los había perdido. Suspiró pesadamente y regresó a su asiento pidiendo que continuara.

—Vine en nombre del rey, alteza.— Decía mientras colocaba un pequeño frasco sobre la mesa frente la reina.

—¿Qué es?

—Es la misma poción que se le dio a su madre. Es lo último que queda.

—¿Por qué me lo entrega a mí?

—No sabemos si los efectos de la primera cura pueda atacarla a usted o a su hermana, por eso llegué pronto. Quería tener mi tiempo para explicarle con calma toda la situación.

Elsa tomó el frasco entre sus manos y lo observó detenidamente. Era pequeño y un brillante líquido azul reposaba dentro del cristal.

—El frío a mí no puede afectarme, pero a Anna, sí.— Dijo por fin mirando directamente a la persona frente a ella. Recordando aquella vez en la que por accidente congeló el corazón de su hermana en las montañas. —No sabe cuánto le agradezco que se haya tomado el tiempo para venir aquí y darme esto. Tomaré en cuenta sus palabras.

—Sólo recuerde, reina Elsa.— Dijo mientras se levantaba de su asiento. —Tal vez ninguna de ustedes lo necesite ahora, pero hay que estar al pendiente de cualquier cambio en sus cuerpos. Un síntoma, cualquier cosa. Un segundo puede hacer la diferencia.

Dicho esto, hizo una reverencia mientras se despedía de la reina informando que iría a su habitación asignada en el palacio para poder descansar del largo viaje, dejando a Elsa sola nuevamente en su oficina asimilando toda la información que acababa de recibir. Si todo aquello era verdad, tenía más razones para prestar más atención a Anna. Ahora no sólo tenía que lidiar con el supuesto compromiso con Hans, sino que tendría que esperar que su hermana no llegara a portar la enfermedad de su madre, temía por ella más que nunca y lo que menos quería era perderla también.

Tomó asiento una vez más y sostuvo su cara con su mano derecha pensando que tendría que hacer ahora porque parecía que la vida estaba empeñada en hacerle la vida imposible.

—Tendré que hablar nuevamente con Kristoff.

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Tal vez muchos se dieron cuenta de que metí personajes de la serie de "Game of Thrones" al fic, pero no se preocupen, no es un crossover ni mucho menos, sólo utilizo algunos nombres como el de Lord Stark, Eddard y el de Winterfell (me encanta ese nombre :D).

Espero que no haya confusiones respecto al capítulo D: disfruté muchísimo escribiendo este ya que se están dando a conocer más cosas respecto al pasado de estas dos hermosas chicas (Anna y Elsa) :D

Es importante meter un poco respecto a los padres de ellas porque son sentimientos que aún conservan en su interior, el dolor de perderlos y lo que vivieron después de eso. Además en el futuro verán lo que pasa con la dichosa enfermedad. Otro dato es la música y el canto como parte de la vida de Anna y Elsa, como vimos en la película, es pura música xD y hermosa por cierto, pero es importante aquí también.

La música de piano que imaginé para la parte del recuerdo de Anna es la de "River flows in you" de Yiruma. Es en verdad una hermosa pieza de piano y si gustan escucharla, está en Youtube n_n se las recomiendo mucho.

Para los fans de Kristanna: Perdón por no meter ese toque de romance en este capítulo, pero es necesario revelar más cosas además del amor xD para darle un poco más de drama, ustedes saben. Extrañé meter a Kristoff D: pero es necesario! Jaja

Y bien, ¿qué será lo que Elsa quiere hablar con Kristoff? Hans se propuso llegar antes a Arendelle sin el conocimiento de Elsa, además de que una reunión importante está por llevarse a cabo, ¿qué trama? ¿Comienza a desarrollar una obsesión con Anna?

Espero sus comentarios :D

Recuerden que una autora con reviews, es una autora feliz.

Nos leemos!