Hola lectores/as

Me disculpo por la demora de una semana del capítulo, pero me encontré ocupada con varios trabajos de la universidad. No quise que pasara de esta semana, así que aquí se los dejo.

Perdonen si hay algún error, son las 5:36 am en mi país y quise terminarlo porque tenía que y bueno xD ya ni leí bien, pero traté de que no hubiera alguno.

Disclaimer: Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen, todos son propiedad de Disney, excepto la historia que está escrita enteramente por mi sin fines de lucro.

Prohibido distribuir esta historia en otra página ajena a Fanfiction y menos en otra cuenta, si deseas compartirla en alguna página, debes consultarlo conmigo primero.


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La fría mañana en las montañas le había parecido de lo más confortable desde que había comenzado hace años a dedicarse el oficio del hielo y un notable buen humor emanaba de su cuerpo. El rubio partió en dos un gran cubo de hielo antes de alzar su mirada directo hacia el sol que ya estaba sobre él y los demás recolectores, mientras que Sven arrastraba a las grandes carretas algunos bloques partidos.

Pronto sería mediodía y tendría su oportunidad para charlar con sus compañeros del asunto de la reina de Arendelle y su ausencia por unos cuantos meses.

—Hoy te ves de un notable buen humor, muchacho.— Recalcó un fornido recolector con una gran barba en su rostro de nombre Jhon.

—¡Por supuesto que está de buen humor!— Comentó una voz a espaldas de Kristoff colocando una mano en su hombro. —Ser el novio de la princesa no puede ser cualquier cosa.

—Hey, ¿de qué hablan?— Habló el robusto rubio por primera vez en el día, que no fuera con Sven. —Es un buen día para recolectar hielo.— Terminó por decir tranquilamente con una leve sonrisa mientras alzaba en su espalda el gran bloque que había partido hace unos momentos.

—Por supuesto que sí.— Contestó el hombre divertido.

—Vamos, muchacho. Cuéntanos.— Habló de nuevo el hombre más joven que se había dirigido a Kristoff hace unos momentos recargando su brazo sobre uno de los trineos. —Te conocemos desde que eras un niño y es la primera vez que te vemos relacionado con una chica.

Después de lo dicho, varios trabajadores prestaron atención a la conversación que se estaba llevando a cabo en esos momentos. Colocaron todo lo recolectado en las carretas y trineos, mientras preparaban a los caballos para partir, era ya pasado mediodía y era momento de arribar al pueblo a vender la mercancía.

Kristoff ignoró las palabras de sus amigos para dirigirse a su propio trineo acompañado por Sven, dispuesto a marcharse junto a sus otros compañeros.

—Vamos chico, creo que todos queremos saber.— Habló uno de ellos al mismo tiempo que le daba una palmada en la espalda insistiendo.

—¿Cómo es ella? ¿No es malcriada o seria como se dice que son las princesas?— Comentó otro de los recolectores más jóvenes, interesado.

—¿Qué? Claro que no. Ella es muy dulce y sincera, algo inquieta, pero es una chica muy valiente. — Comentó por fin después del ataque de preguntas que empezaron los fornidos hombres de las montañas.

A partir de ese momento un gran vitoreo sonó por el bosque de camino a Arendelle. Unos le decían lo afortunado que era por ser el gran hombre que tuvo la suerte de enamorar a la joven princesa y otros hacían burla respecto al tema.

El rubio ahora era el que se encargaba del trabajo de la recolección de hielo y su distribución por el título que le había otorgado la reina hace unas semanas, por lo que estaba a cargo de los hombres que se encontraban con él. La reina les había proveído de nuevas herramientas para el duro trabajo en las montañas y mejores condiciones para ellos y sus familias y eso se lo otorgaban al rubio por ayudar a la dulce princesa Anna a eliminar el invierno eterno de Elsa.

—Nuestro joven Kristoff ya ha crecido.— Comentó de pronto uno de ellos. —Te hemos visto crecer todos estos años, chico. Ahora eres todo un hombre.

Kristoff asintió agradecido con el hombre que le habló con un tono de orgullo en su voz, dejando el tema de burla del cortejo a la princesa pasando a uno más serio. Él nunca fue alguien que se avergonzara fácilmente sobre temas del amor o en situaciones extrañas, ya que al tiempo de vivir con los trolls, pasó toda su infancia en compañía de su traviesa familia postiza, con ellos las bromas siempre eran de esperarse, aunque por otro lado se vio obligado a crecer más pronto desde la pérdida de su madre a una temprana edad de ocho años y consiguió que los recolectores le permitieran trabajar con ellos para ganarse la vida.

Lo que siempre imaginó para sí mismo era pasar el resto de sus días en compañía de su fiel amigo, rodeado del hielo, que se había convertido en su hobbie y obsesión, a lo largo de su recorrido por las montañas, vender su mercancía y comprar lo necesario para vivir rodeado de sus amigos, los trolls.

Agradecía al destino que por poner a Anna en su camino, pues gracias a ella entendió que la vida puede ser y valer mucho más de lo que él hubiera podido imaginarse en su corta vida. Era un algo que no podía explicar con palabras y le era difícil expresarlo con otras personas también y en lo único donde se sentía de alguna forma vulnerable, era al momento de relacionarse con otros, salvo los recolectores. No sabía cómo tratar correctamente a una chica, de que hablarle o simplemente como acercarse a una, pero con la pelirroja, podía expresarse libremente, ser él mismo y sentir un leve cosquilleo en el estómago.

El rubio continúo por unos minutos más perdido en sus propios pensamientos hasta que otro de sus amigos lo interrumpió. —¿No te preocupa no saber actuar ante la realeza cuando tengan alguna fiesta?

—O la forma correcta en que tienes que hablar o vestir.

—¡Cierto!— Apoyó otro. —¿Y qué hay de todas esas reglas y formalidades?

—No quiero asustarte muchacho,— Habló una vez más el recolector con la gran barba en su rostro. —pero he escuchado por ahí que los nobles son estrictos en cuanto a relacionarse con la gente que no forma parte de la realeza. Son muy selectos en estos asuntos.

Pero por supuesto que Kristoff ya había pensado en todo el asunto desde que conoció a Anna y habían comenzado con algo más, pero ciertamente no quería ni pensar en los asuntos de la realeza o reglas que, tal vez, él tendría que aprender. De alguna u otra manera se había relacionado anteriormente con gente de un rango o título más "alto"; en el negocio de hielo se había encargado de hacer entregar a casas de Lords o duques que pasan a uno de alto por el simple hecho de no ser como ellos. De esa manera los veían.

—Puedo decir con seguridad que la reina Elsa y Anna no son así.— Respondió por fin Kristoff. —Ellas me tratan a mí y puedo decir que al reino entero como si fuéramos parte de su familia, a pesar de las dificultades que la reina pasó con sus poderes.

—Además su majestad te ha tomado aprecio por ayudar a su hermana, ¿no es así?

Antes de que el rubio pudiera contestar aquella pregunta, se vio interrumpido por la risa de Jhon. —Pues si siguen así, muchacho, tú y la princesa Anna serán familia definitivamente.

Kristoff de pronto colocó su mano detrás de la nuca sin saber a como contestar a eso, él aún no pensaba en un matrimonio con Anna, la amaba sí, o al menos eso creía que sentía, pero llevaban apenas unas cuantas semanas de estar juntos, si es que acaso un mes entero. "Aún es muy pronto para pensar en eso." Se respondió a sí mismo en su mente y la princesa tampoco le había hablado de dar ese serio paso como pareja, aunque viendo lo que sucedió aquel día de la coronación, estaba dispuesta a casarse con un hombre que apenas había conocido de unas horas y que resultó ser peor que el demonio.

Kristoff sentenció que esas eran sus últimas palabras del asunto, pronto llegarían a las afueras de Arendelle y unos cuantos fueron tomando distintos caminos para dirigirse a otros pueblos pertenecientes al reino, por lo que vio esta la oportunidad perfecta para poder hablar con uno de los recolectores.

—Jhon, quisiera hablar un momento contigo.— Dijo dirigiéndose al robusto hombre.

—Dime, muchacho.

—Verás, la reina Elsa me ha pedido que pase tres meses en tiempo completo en el palacio para el cuidado de Anna por… unos asuntos.

—¿Asuntos matrimoniales?— Comentó a forma de broma seguido de una carcajada amistosa.

—¡No! Es sólo que no puedo decírtelo, son asuntos reales de la reina— "Pero pronto se enterarán." Pensó —Y por eso no vendré a supervisar y recolectar en ese tiempo, por lo que te pediré a ti que te hagas cargo de la distribución de hielo en Arendelle.

—¡Por supuesto! Sabes que cuentas con mi apoyo y de los muchachos. Se los haré saber.

—¡Te lo agradezco!— Dijo por último antes de apresurar el paso del trineo perdiéndose ante la vista de Jhon, para dirigirse a su casa por sus cosas, vender su último dote de hielo y poner marcha al palacio.

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No tardó mucho en vender el hielo que había adquirido en las montañas y sus clientes regulares esperaban ansiosamente adquirir tan ansiado producto en los nuevos días de verano. Kristoff en compañía de Sven se dirigían al palacio y observando alguno que otro negocio en las calles del reino, siendo de nuevo saludado amablemente por la gente del lugar. El reno parecía disfrutar más la compañía de los niños que se amolinaban a su alrededor para poder tocarlo o subir sobre él, mientras éste gustoso correteaba con ellos y de igual manera la comida que algunos aldeanos les entregaban como regalo.

El rubio sólo reía de las ocurrencias de su amigo hasta que se detuvo por un momento en la vidriería de uno de los locales. Un curioso objeto detrás del cristal captó su atención y observando mejor pudo darse cuenta de que el local era una sencilla juguetería. Volteó de nuevo su vista hacia Sven y éste seguía en compañía de unos cuantos niños, por lo que ingresó a la tienda, buscando nuevamente el objeto que había visto hace unos segundos.

—¡Joven Kristoff!— Llamó una voz femenina a sus espaldas.

—Perdona, ¿nos conocemos?— Preguntó inseguro a la joven de no más de 20 años que lo había nombrado.

—¿No me reconoces? Soy Madeline— dijo sonriente señalándose a sí misma. —Trabajo en el palacio para la princesa y la reina. Te he visto algunas ocasiones acompañado de la princesa Anna— Al escuchar sus palabras se dio cuenta por fin del uniforme que Madeline vestía, ya que es el que suelen usar las mujeres que trabajan en el palacio real.

—¿De verdad? Lo siento— Se disculpó amablemente sonriéndole de manera amistosa a la chica. —Creo que no te reconocí.— Agregó encogiéndose de hombros. —Es un gusto en conocerte, Madeline.— Comentó sin dejar de sonreír.

Madeline era una joven de cabello castaño y algo ondulado; no era muy alta en comparación a Anna, pero tampoco era de muy baja estatura, de tez blanca y delgada con unos muy expresivos ojos verdes. Sostenía una canasta con unos cuantos víveres que supuso eran para llevar al palacio. Ella le sonrió de vuelta.

—No te preocupes por eso, lo entiendo. Debe ser porque pasas mucho tiempo con la princesa.— Habló divertida. —Además no tendrías por qué fijarte en las demás personas que trabajamos ahí ya que eres el novio de su majestad la princesa.— dijo riendo por su comentario, pero se retractó al ver la cara algo incómoda en el rostro del rubio. —Oh, yo… lo siento mucho, creo que he dicho algo que no me corresponde… Es sólo que no suelo pensar mucho las cosas antes de decirlas.

—Está bien, no me ha molestado.— Dijo de vuelta restándole importancia a las palabras de la castaña.

—¿Y qué haces por aquí? ¿Buscas algún juguete para el adorable reno?

—Eh.. No, es sólo que entré aquí por curiosidad y ¿tú qué haces aquí?— Preguntó más relajado mientras veía por el rabillo del ojo el objeto que había llamado su atención.

—Nada, es sólo que vine a preguntar por un artículo que venden aquí, pero me parece que por ahora es algo inaccesible para mí.— Comentó decepcionada bajando la vista hacia sus pies agarrando con más fuerza la canasta en sus manos, pero dirigió de nuevo su vista a Kristoff con una sonrisa. —Pero no es nada. ¿Te diriges al palacio ahora? ¿Puedo acompañarte?— Dijo con un leve tono rosado en sus mejillas.

—Por supuesto, Sven y yo nos dirigíamos hacia allá.

—Gracias.

Ambos salieron del local dirigiendo sus pasos hacia Sven.

—Permíteme ayudarte con esto, se ve algo pesada.— Ofreció el rubio a la chica, tomando la canasta de sus manos sin darle tiempo a Madeline de contestar, deteniendo brevemente sus pasos y observando la espalda de Kristoff, seguido de una expresión de sorpresa.

"Es un chico muy amable y muy lindo…"

—¿Vienes?— Preguntó el rubio dándole una mirada extrañada esperando a que la chica avanzara. La castaña sacudió débilmente su cabeza y apresuró el paso hasta llegar al lado de Kristoff, disculpándose y emprendiendo camino al palacio que se encontraba ya muy cerca.

Elsa había observado por cuarta vez en reloj desde los últimos cinco minutos, pues esperaba que Kristoff fuera a llegar en cualquier momento a sabiendas de que necesitaba extender la nueva información que había obtenido de Lord Stark de Winterfell.

—¿Me llamó su alteza?

—Sí, por favor avísenme cuando Kristoff haya llegado y díganle que necesito una audiencia con él de inmediato.

—Como ordene, alteza.

—Espera Kai— Detuvo al hombre antes de que saliera de la oficina de la reina —¿Está Anna en el palacio?— Preguntó curiosa frotando sus manos un poco ansiosa.

—Se le ha visto descansando en el jardín en compañía de Olaf, majestad.— Respondió tranquilamente. —Me parece que espera a la llegada del joven Kristoff.— Mencionó por último con una sonrisa dejando a Elsa tranquila.

—Gracias Kai, eso es todo.— El hombre le dedicó una reverencia antes de marcharse dejando de nuevo a la chica a solas. La rubia dio media vuelta y se dirigió al asiento que ocupaba hace unos momentos, pensando con más calma la manera en que pondría el ojo sobre Anna, pero sabiendo que necesitaría prestar mucha atención a todos los movimientos del príncipe Hans para que no se le ocurriera hacer alguna de las suyas.

Seguía pensando en las intenciones del pelirrojo acompañado del posible complot con el duque de Weselton; no podía pensar en nadie más que le hubiera dado la mano en su juicio en las Islas del Sur y de nuevo el pensamiento de la amenaza de guerra del rey era algo que no podía pasar totalmente por alto. Suspiró por milésima vez en esa semana y es que seguía sin concebir que de un día para otro toda la paz en Arendelle se fuera por el drenaje y todo gracias al príncipe Hans.

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Por las puertas del castillo entraban la joven Madeline y Kristoff seguidos por Sven que de pronto empezó a olfatear el lugar apresurado, dirigiéndose a los jardines que se encontraban al lado oeste del palacio.

—Hemos llegado.— Dijo entregando la canasta que cargaba a la chica.

—Gracias, eres muy amable.— Respondió tomando la canasta en sus manos sin apartar la mirada del rostro del rubio con una gran sonrisa mientras avanzaban más hacia las puertas principales para ingresar.

—¡Kristoff!— Gritó emocionada una voz a sus espaldas y cuando el rubio dio vuelta al reconocer a la dueña, ella se había abalanzado sobre él, dándole un gran abrazo rodeando su cuello y siendo ella correspondida por Kristoff que rodeaba ahora su cuerpo con sus brazos dedicándose ambos una mirada llena de sentimientos.

Madeline observaba la escena algo impactada, pues nunca había observado de primera mano la relación que sostenía la joven princesa con el recolector de hielo y por un momento pensó en lo afortunada que era Anna por haber conocido a un hombre como él.

Desde pequeña, observaba a la distancia el enorme palacio de Arendelle imaginándose lo diferente que sería la vida para ella y su madre si fuera una princesa, sin nada que les hiciera falta, viviendo en el enorme castillo que observaba siempre desde su ventana y así poder encontrar un noble príncipe que se enamorase de ella y vivir felices para siempre, pero un día entendió que los cuentos de hadas son simple fantasía y que no hay nobles príncipes que pudieran enamorarse de ella o si quiera preguntándose si existía alguno de esos. La noticia de traición del príncipe Hans hacia la corona, había corrido rápidamente por todo el reino. Un nuevo acontecimiento que la hizo perder su fe en la nobleza. Su madre ahora no se encontraba con ella y había sido muy afortunada al haber sido reclutada por una de las septas* que trabajaban en el palacio a la edad de trece años.

Ante sus pensamientos, su mirada bajó al suelo sin prestar atención a la conversación que sostenían el recolector y la princesa hasta que la voz de él la sacó de sus pensamientos.

—¿Madeline? Le decía a Anna que nos conocimos en el pueblo y como trabajabas aquí, decidimos venir juntos.— Madeline dirigió su mirada a la princesa que ahora la observaba atentamente y con una chispa de curiosidad en su mirada. Rápidamente se inclinó ante la princesa colocando la canasta en el piso.

—Discúlpeme su alteza. Mi nombre es Madeline, pero el joven Kristoff ya se lo dijo, que tonta soy… Perdón, amm—

Una risa detuvo su hablar y la joven alzó de nuevo su cabeza para observar confundida a la princesa frente a ella al mismo tiempo que Anna se acercaba a la castaña tomando sus manos entre las de la pelirroja.

—Es un gusto conocerte Madeline, eres muy simpática. ¿Dices que trabajas aquí? ¿Cómo es que nunca te había visto? ¿En qué parte estás?— Decía la princesa muy emocionada sin dejar a la castaña contestar alguna de las preguntas que esta le planteaba confundiéndola aún más, mientras Kristoff sólo sonreía por la actitud curiosa de su novia. Siempre se dejó llevar por los comentarios de algunas personas en el pueblo, pues decían que las princesas no habían dado la cara desde hace muchos años atrás, pero sin saber el motivo con exactitud y cuando ella se convirtió en una jovencita, decepcionada del mundo y sin el consejo de su madre, aseguraba que la realeza le daba siempre la espalda a su propio pueblo para ver sólo sus propios beneficios y aún después de entrar a trabajar para las princesas de Arendelle, no las había conocido personalmente o siquiera visto hasta el día de la coronación de la reina Elsa.

—Yo trabajo en la cocina su alteza, también me encargo de la limpieza de algunas de las habitaciones del primer piso del palacio y traigo algunos encargos.

Antes de que Anna pudiera responder, la voz de Kai la interrumpió informándole que la reina solicitaba la presencia de Kristoff en su oficina respondiéndole que se presentaría de inmediato.

Anna soltó las manos de la castaña y se despidió de ella al igual que Kristoff, diciéndole que fue un gusto haberla conocido a lo que ella respondió con la mano levantada a modo de despedida tomando nuevamente la cesta entre sus manos, pero sintió un leve peso en esta y pasó su vista al piso, viendo como un hombrecillo de nieve parecía buscar algo dentro de ella. Madeline soltó la canasta mientras daba un pequeño grito asustada.

—¡Lo encontré!— Gritó Olaf emocionado colocando una nueva zanahoria en la zona de la nariz y un divertido Sven se acercaba de nuevo a él. En eso Olaf se dio cuenta de la chica que hace momentos sostenía la cesta con comida y caminó hacia ella.

—¡Hola! Soy Olaf y me gustan los abrazos— Fue lo último que dijo antes de que su cabeza se despegara de su cuerpo por una patada de una asustada Madeline.

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Eran pasadas las 7 de la noche y el comedor era ocupado por la reina, su hermana y el recolector de hielo, éste último observando con preocupación la tensa y confundida mirada en el rostro de Anna que observaba atentamente el plato frente a ella sin probar siquiera un bocado, mientras que Elsa trataba calmadamente de terminar su cena aunque se sentía preocupada de igual manera por la reacción de la pelirroja.

A la llegada de Kristoff, ambos habían acudido a la oficina de la reina para poder hablar con ella a lo que Elsa prefirió en este caso hablarle abiertamente sobre el asunto que el Lord de Winterfell había ido a comentarle por la mañana, pensando que "Es mejor que estemos todos atentos a algún tipo de reacción" pidiendo a Kristoff que cuidara bien de Anna y así mismo, que la pelirroja estuviera atenta ante algún síntoma de cualquier tipo y que de ser así, se le informara inmediatamente. Pero no era por eso por lo que Elsa sabía que Anna estaba tan tensa y podía estar segura que se trataba de todo lo que su madre tuvo que pasar cuando ellas eran sólo unas niñas, culpándose de lo egoísta que fueron sus pensamientos al pensar sólo en ella sin poder entender el sufrimiento de su madre, pero ni ella ni Elsa eran las culpables de nada y lo sabía muy bien, pero no podía apartar la idea de su cabeza.

—Lo siento, no tengo hambre.— Y seguido de eso Anna alejó el plato de ella y se levantó de la silla retirándose del comedor.

—Anna…— Dijo Kristoff con intenciones de ir tras ella, pero la voz de Elsa lo detuvo.

—Está bien, Kristoff— Comentó suavemente. —Déjala, creo que lo mejor ahora es que asimile todo esto y descanse un poco. Después de todo,— Continuó —es una noticia algo impactante para ambas.

Ante la calma de la rubia, Kristoff se dejó caer nuevamente en la silla, suspirando pesadamente sabiendo que ella tal vez tendría razón, pero verla en aquel estado era algo que no le gustaba para nada.

—¿Qué opinas tú de todo esto?— Se atrevió a comentar.

Para ese punto, ambos jóvenes habían dejado la cena de lado y se concentraban en la conversación de hace unas horas.

—Es algo impactante saber de un día para otro todo lo que nuestra madre sufrió por su enfermedad, al igual que Anna, me sorprendí mucho.— Dijo recordando la gran sonrisa que adornaba en rostro de su hermana cuando acudió a ella acompañada de Kristoff y la forma en que se desvaneció su alegría mientras escuchaba la historia. Elsa colocó ambas manos sobre sus ojos cansados mientras sus codos se recargaban en la mesa, pensando al mismo tiempo que esas no eran las posiciones correctas para una reina, pero es lo que menos le importó.

Algo le decía a Kristoff que Elsa no estaba siendo totalmente sincera con él y pensó por un segundo en preguntar que asuntos la tenían tan afligida, pero se detuvo al no saber exactamente como plantear la pregunta, además de que creía que él no era la persona adecuada para preguntar esas cosas y luego pensó en la mañana de ese día, agarrando el coraje para preguntar. Él no era una persona tímida y no iba empezar ahora.

—Elsa dime la verdad, algo más te está molestando, ¿no es cierto?— Preguntó directamente sorprendiendo a la reina por la pregunta retirando sus manos del rostro, observándolo en el momento.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que este no es el tipo de estrés que un rey pueda tener por todo ese papeleo real— Le dijo en tono de broma para relajar primero el ambiente, a lo que Elsa sonrió. —Algo más grave te está preocupando.— Aseguró sorprendiéndola aún más por la seguridad en la que afirmó su angustia borrando al instante la sonrisa. Suspiró pesadamente preparándose mentalmente para lo que venía. Sabía que podría contarle a él, al menos asó creía que podría liberar un poco de la carga que sentía sobre sus hombros.

—Hay algo más, — Pero al instante calló, preguntándose si sería justo dejarle a Kristoff una carga tan pesada con el simple hecho de saber más información. —Está bien, pero no hablemos aquí, vamos a mi oficina.— Dijo por fin a lo que ambos salieron del comedor.

"Será una noche pesada."

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Anna caminaba pesadamente a su habitación. Se sentía más cansada que nunca, pero carecía de sueño, tan solo sentía que ambas piernas le pesaban y que apenas la dejaban caminar y pensaba que su cabeza pudiera explotar en cualquier momento hasta que la voz de Olaf se escuchó al final del pasillo.

—¡Anna! ¿Qué tal tu día?— Saludó al mismo tiempo que se acercaba a ella, haciendo a ella detenerse esperando la cercanía de su amigo.

—Hola Olaf— Respondió suavemente —Creo que he tenido peores.— Contestó en broma abriendo la entrada de su cuarto invitando al simpático muñeco de nieve a pasar. Ambos se sentaron en el borde de la cama y a Anna no le importó la nieve esparcida en ella.

—¿Hay algo que quisieras contarme?— Hablo primero Olaf esperando a las palabras de la pelirroja a lo que ella respondió con un suspiro cansado y se tiraba a la cama boca arriba.

—No es nada, es sólo que ¿te imaginas enterarte de algo después de tantos años y al mismo tiempo descubres que parte de tu vida estuvo formada de mentiras?— Decía sin apartar la mirada de la tela que formaba el alto techo de su cama.

—Pues no, no lo sé en realidad— Comentó serio. —A menos que cuente la vez que pensé que el calor y el verano serían una combinación perfecta para mi.— Dijo haciendo reír a la pelirroja con su comentario recordando aquella vez que ella y Kristoff escucharon la canción que le dedicaba al verano, amenazando al rubio de que no se atreviese a decirle la cruda verdad al pobre hombrecillo de nieve.

—Supongo que no.— Respondió de vuelta la princesa deseando no hablar del tema por el momento.

—Sabes, hoy conocí a una chica frente las puertas del palacio.— Hablo de nuevo Olaf. —Me recordó a ti la primera vez que nos conocimos.

—¿En qué sentido?— Respondió interesada, sentándose nuevamente junto Olaf.

—Me pateó la cabeza cuando me vio.— Contestó tranquilo observando la reacción de Anna. —Es simpática, de hecho.

Como respuesta ella sólo dejó escapar una leve risa de sus labios y volvió a recostarse en la cama viendo de nuevo hacia arriba y por un momento siendo hipnotizada por el color de la tela. La compañía de Olaf la relajó más, y él entendió que ella necesitaba descansar de lo que fuera que pasara por su mente y de nuevo el silencio reinó en la habitación. Su respiración fue regulándose al paso de unos minutos y sin importarle que aún vestía el conjunto y peinado que usó en el día, se dejó llevar por sus recuerdos una vez más; cerró sus ojos, se acomodó un poco más en el colchón y juró escuchar de nuevo la suave melodía de piano que su madre solía tocarle a ella y a su hermana todas las noches.

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Habían pasado un par de horas desde la charla que mantuvo con Elsa y aún seguía sin poder creerse todo lo que ella le había dicho. Kristoff pensaba que era increíble como el destino puede voltear toda nuestra vida en un segundo o en este caso con una carta.

Había cuestionado duramente la decisión de Elsa de mantener todo esto en secreto a su hermana, que era la más involucrada en todo el maldito asunto.

Flashback

¿¡Pero como es que aceptaste esto!? ¡Ese rey quiere casar al maldito de Hans con Anna!— Se descontroló el rubio al escuchar las palabras de la carta que la reina le había enseñado hace un momento.

—Kristoff por favor, ¿crees que no lo sé? ¡Me siento tan o más desesperada que tú!— Respondió Elsa alzando la voz al mismo tiempo que trataba de controlar sus poderes para no desatar una catástrofe. Kristoff calló de inmediato y se tranquilizó hasta que habló de nuevo:

—Discúlpame, sé que no estoy en ningún derecho de levantar la voz, mucho menos a ti y en tu palacio, pero no sé que pensar de esto.— Dijo más tranquilo sin apartar la mirada de los ojos de Elsa. —¿Qué planeas hacer entonces? Estamos hablando de una posible guerra.

—Anna me dijo que ella y tú me habían escuchado hablar de la convocatoria a los aliados de Arendelle.— Contestó calmadamente, dándole la espalda al rubio y colocando su vista en el reloj. —Hablaré con todos los aliados que sean necesarios, necesito su apoyo en este asunto.

—Es decir que...

—No le entregaré Anna a Hans.— Habló viendo nuevamente a Kristoff. —No le permitiré salirse con la suya. Anna no es ningún objeto de intercambio.

Kristoff vio por primera vez una verdadera determinación en la mirada de la reina acompañada de fuego a través de ellos y entendió la angustia y furia que estaba sintiendo en ese momento, siendo irónico, pues ella era la que controlaba los poderes de hielo. Entendió lo que sintió estos días al llevar una carga tan pesada por sí sola.

Y ahora pretendían poner a Anna como un premio de apuesta y una impotencia se instaló en el corazón de Kristoff sabiendo que un hombre como él, sin títulos, sin poder, sólo un recolector de hielo sin nada que pudiera hacer para salvar en su princesa. No le quedaba más que confiar en Elsa, pero odiaba depender de las demás personas también.

—Ese es el motivo por el que quiero que tomes cuidado de Anna.— Habló de nuevo la reina con un tono más cerca a la desesperación. —No la dejes a solas con Hans, no permitas que se acerque a ella.

—Puedes estar segura de eso, pero ¿qué harás para que él no le diga a Anna nada sobre el plan? O su... compromiso.— Dijo sintiendo un nudo en la garganta al pronunciar aquellas palabras. De nuevo se sentía un completo idiota. No sentía tantas ganas de golpear a alguien desde aquella vez que estuvo a punto de asesinar a Elsa y cuando vio a Anna interponerse entre ella y la espada, siendo casualmente la misma persona que tanto deseaba golpear aquel entonces.

—Hablaré con él cuando llegue al palacio, no le permitiré ver a Anna antes de eso. Hablaré acerca de mis condiciones con él acerca del supuesto trato.— Dijo pensativa. —Haré que crea que todo va bien según cualquiera que sea su plan.

—¿Pero qué pasará en el momento que sepa que el trato en realidad no va a cumplirse? Habrá guerra en Arendelle según palabras del rey de las Islas del Sur.

—El rey Eddard cometió un gran error al mandar a Hans aquí por sí solo.

Kristoff observó detenidamente el rostro de la rubia esperando poder adivinar el plan que estuviera tramando para el bien de su hermana.

Elsa dio media vuelta y se acercó a la ventana que ya estaba acostumbrada a observar desde hace unos días. Rozó sus dedos sobre el cristal y este inmediatamente se congeló, dando paso a pequeñas escarchas de hielo.

—La guerra ya está declarada.

Fin Flashback

Se acercaba a la habitación que se le había asignado en el palacio sintiendo que estaba a punto de caer rendido ante tanta información adquirida el día de hoy, ya sabía que todos estos asuntos de diplomacia y relaciones externas eran todo un problema, definitivamente no eran lo suyo, pero por otra parte agradecía la confianza que Elsa ponía en él, dejándolo a él al cuidado de Anna y se juraba a sí mismo que no dejaría que Anna sufriera una vez más.

Seguía con paso firme por el pasillo hasta que vio a Olaf salir de una de las habitaciones deteniéndose en el acto esperando llamar la atención del muñeco de nieve.

—Hola Kristoff— susurró acercándose a él.

—¿Qué haces aq-?

—Shh..— Lo silenció inmediatamente. —Baja la voz, Anna está dormida.

—¿Esa es la habitación de Anna?— Preguntó apuntando a la puerta de donde recientemente Olaf había salido.

—Así es.— Hizo una pequeña pausa y continuó —Yo me voy, que pases buenas noches.— Se despidió con una mano alzada, caminando al otro lado del pasillo desapareciendo de la vista del rubio.

Volteó de nuevo y posó sus ojos en la última puerta al final del pasillo.

"La habitación de Anna... Nuestros cuartos están muy cerca el uno del otro."

Dirigió su mirada a su propia puerta y colocó su mano sobre el pomo, pero no lo giró; sentía curiosidad por Anna y el estado en el que se encontraba en ese momento desde que dejó el comedor a la hora de la cena.

"Elsa va a matarme si se entera."

Primero tocó suavemente la puerta de la princesa sin querer hacer mucho ruido sabiendo que ni Anna lo escucharía de esa manera. Tocó un poco más fuerte sin obtener alguna respuesta, tomó la perilla y la giró lentamente abriendo la puerta de la habitación esperando no despertarla.

Entró enteramente a la habitación y cerró la puerta tras de él y se acercó a la cama donde descansaba la pelirroja. La luz de la luna iluminaba el rostro sereno de la princesa y Kristoff sonrió al contemplar su belleza y notó que ni siquiera había tomado ropas más cómodas para dormir o tomado el tiempo de deshacer las trenzas de su cabello. Después notó un brillo muy peculiar en su mejilla y vio que se deslizaba de su rostro para terminar en su barbilla. Se arrodilló a un lado de la cama y con una mano limpió suavemente las lágrimas de su mejilla, tan suave como si se tratara de un objeto muy valioso que pudiera romperse con el tacto, pero el cosquilleo en su cara la hizo despertarse y aún soñolienta trató de enfocar a la persona frente a ella.

—¿Mamá...?— Dijo mientras tallaba sus ojos y se sentaba sobre la cama haciendo a Kristoff reaccionar, por lo que se levantó del suelo. —¿Kristoff?— Habló una vez más estando un poco más despierta.

—Anna.. Perdón por haber entrado a tu habitación sin permiso, es sólo que estaba preocupado por ti.— Dijo con la voz baja sabiendo que ella si podría escucharlo.

—Estoy bien.— Contestó un poco seria y se sentaba a la orilla de la cama invitando a Kristoff a hacer lo mismo, a lo que obedeció mientras Anna mantenía su vista en el suelo en total oscuridad excepto por la luz de la luna que iluminaba sus siluetas y ella deshacía sus trenzas. Se mantuvieron así por un par de minutos hasta que el rubio decidió hablar:

—Anna, ¿estás bien?— Dijo colocando una mano en el rostro de ella obligándola a mirarlo a los ojos. —No quiero que me digas que todo está bien, quiero que confíes en mi y me cuentes cuando te sientas mal, cuando estés triste, feliz o cualquier cosa que te pese.— Susurró acercándose al sereno rostro de la pelirroja. —Deseo ser para ti el hombre que deseas, estar contigo cuando estés en problemas, consolarte las veces que sean necesarias...— Continuó y Anna colocó ambas manos en el rostro del rubio. —Anna, yo...

No terminó la frase pues la princesa lo besó antes de eso; era un beso suave y lleno de ternura y con un sabor que Kristoff describió salado en su mente por las lágrimas que corrían libremente en el rostro de Anna. El rubio tomó el rostro de ella con ambas manos justamente igual a como ella estaba sosteniéndolo a él.

El beso seguía y poco a poco fue convirtiéndose en uno desesperado y lleno de amor y para él fue suficiente respuesta a lo que fuera que estuviera diciendo minutos antes. Las manos de Kristoff recorrieron desde el rostro de Anna hasta su espalda y luego su cintura y ella dirigía sus brazos a su cuello y después su espalda abrazándose a él quedando más cerca uno del otro.

Ambos fueron descendiendo suavemente hacia el colchón quedando Anna debajo de él mientras el rubio se sostenía para no aplastarla y sin intenciones de querer apartar sus labios. La luz que se filtraba por el vidrio era la única fuente de iluminación en el cuarto y se separaron para contemplar sus rostros. Él observaba el cabello esparcido de Anna sobre la cama mientras ella le dedicaba una sonrisa y colocaba nuevamente una mano en el rostro del rubio.

—Yo confío en ti y eres exactamente la clase de hombre que siempre soñé,— le susurró suavemente mientras Kristoff observaba atentamente el rostro de ella —siempre estás ahí cuando te necesito y...—se detuvo por un momento al contemplar lo próximo que iba a decir. —Gracias.

Fue todo lo que dijo, "gracias" y se sintió estúpida en ese momento por no permitirse a sí misma a decirle cuanto le quería, pero no quería verse forzada a decirle la palabra amor sin verse una vez más como otra tonta niña enamoradiza, gracias a Hans había aprendido su lección, pero sabía con certeza que él no llegaría a ser ni la mitad de lo que era Kristoff y lo que significaba para ella, porque lo amaba, pero no quería forzar a Kristoff a decir algo que tal vez no quisiera decir en esos momentos y ella ahora lo entendía.

Tomaron asiento una vez más y el rubio acercó su rostro al de ella dándole un beso más corto que el anterior, más sereno y tierno. Al separarse la abrazó colocando su mejilla sobre su cabeza, aferrándose a ella como si fuera un hermoso tesoro para él y Anna le abrazaba de vuelta con los ojos cerrados escuchando atentamente los latidos de su corazón.

Kristoff estaba más que seguro ahora que Anna era su mayor tesoro y sabía que necesitaba tenerla de esta manera para comprenderlo. A sus ojos, ella era la más hermoso en su vida.

—¿Segura que todo está bien?— Preguntó nuevamente Kristoff en un susurro.

La princesa en respuesta se abrazó aún más a su cuerpo, relajándose cada vez más con los latidos de Kristoff, olvidándose del dolor y confusión que había sentido hace unas horas. La fatiga se había marchado ahora y la sonrisa más brillante hasta ahora adornó el rostro de Anna y ella susurró de vuelta.

—Ahora lo está.

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¡Ta-da ~!

Los capítulos se hacen más largos cada vez Jaja

Como vieron incluí un nuevo personaje, pero quiero que sepan que será clave, así que atención C:

El concepto de Septa* lo tomé de Game of Thrones y son llamadas así a las mujeres que sirven a una familia noble y suelen ser también institutrices. En todo caso, sirvientes que enseñan a las princesas o hijas nobles.

El Kristanna se pone cada vez mejor xD y perdonen si está muy light, en el sentido de que no ha habido mucho romance, pero ya muy pronto ~ ni se lo esperan XD

Por favor si les gusta la historia, háganmelo saber con un Review, serán muy bien recibidos.

Una autora con reviews, es una autora feliz.

Agradezco a todos los que siguen la historia; aquellas personas que se toman su tiempo de dejar un mensaje y los que ponen follow y favorito también, en verdad muchas gracias.

Nos leemos pronto (: