Hola a todos ~
Siento mucho la demora, pero me encontraba en exámenes y no me dio tiempo suficiente para escribir el capítulo y alargué un poco este como compensación por las dos semanas de ausencia.
Espero que el capítulo sea de su agrado.
Disclaimer: Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen, todos son propiedad de Disney, excepto la historia que está escrita enteramente por mi sin fines de lucro.
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Era la primera vez en el transcurso de esa semana que los tres acompañados de Olaf se sentaban todos en la mesa para tomar juntos el desayuno y Elsa creía que el ambiente de la noche anterior se repetiría puesto que tanto Kristoff y Anna eran portadores de información frustrante, pero se encontró con un ambiente sereno y feliz, era como si no hubiera pasado nada esos últimos días, como si la carta del rey de las Islas del Sur hubiera sido sólo un mal sueño al igual que el compromiso de Anna con Hans y las noticias de la enfermedad de su madre hubieran sido simples fantasías. Elsa se sentía un tanto extraña al verse rodeada en ese ambiente de paz y complicidad por parte de su hermana y el rubio, pero por un lado estaba feliz de que la tristeza que embargaba a la pelirroja la noche anterior se hubiera desvanecido y supo que traer a Kristoff al palacio había sido la mejor idea.
Mientras tanto Anna y Kristoff estaban sentados uno al lado de otro conversando divertidos con Olaf mientras esperaban el desayuno y la llegada del noble Lord huésped de Winterfell. Elsa los observó con una sonrisa en el rostro un poco más tranquila y por unos breves momentos se permitió así misma olvidar todos los problemas que cargaba sobre sus hombros.
Anna sintió una mirada sobre ellos y dirigió su vista hacia su hermana devolviendo la sonrisa de inmediato. La pelirroja quería contarle lo feliz que estaba por tenerla a su lado al igual que Kristoff y la gran ayuda que había sido su compañía la noche anterior, se sentía tan feliz que sentía que la sonrisa en su rostro podría llegar a deformar su cara y ese último pensamiento provocó una leve risa, pero de nuevo pensó que no sería algo prudente, pues si su hermana se enteraba que Kristoff había acudido a su habitación a mitad de la noche, terminarían ambos regañados y aunque no había sucedido nada, era mejor no arriesgarse. Estuvo a punto de hacerle un comentario a su hermana hasta que las puertas del comedor se abrieron dando paso al visitante que estaban esperando.
—Disculpe la demora su alteza— Comentó el hombre dedicando una reverencia a la reina y luego dirigiendo una a la princesa. —Es sólo que el ambiente aquí es tan bueno que te relajas más de lo normal.
Anna dirigió una mirada al hombre dando a entender que estaba totalmente de acuerdo con lo dicho y pensó que por fin había alguien que entendía por qué dormía tantas horas de más en el palacio. Elsa dirigió una mirada comprendida e invitó al hombre a sentarse a su lado derecho.
—¿Qué tal la ha pasado en Arendelle, Lord Stark? ¿Hay algo que necesite?
—Por supuesto que no, majestad. No debe molestarse, todo es perfecto.
—Creo que el cambio de clima le ha hecho bien.— Comentó Elsa tranquilamente dando una señal a los sirvientes para que trajeran la comida.
—Puede estar segura. Los climas extremos que vivimos en Winterfell son cosa de cuidado. Hay que prestar atención a todo el pueblo para que la gente no muera de frío.
Tanto Anna como Kristoff comenzaron a prestar mayor atención a las palabras del hombre frente a ellos. Anna estaba segura que había escuchado del reino de Winterfell por las clases de historia y geografía que tenía la obligación de tomar, pero no recordaba del todo y por otro lado Kristoff había escuchado de los otros recolectores de hielo desde que era un niño, que había un reino más al norte donde podía haber hasta temporadas donde el invierno durara años, aunque no había habido uno tan extremo en los últimos siglos, era lo que se comentaba en las montañas.
—¿Cómo se mantienen calientes en su palacio para poder sobrevivir?— Preguntó Anna tan rápido como pudo, pues no pudo resistir su habitual curiosidad por aprender más cosas.
—Anna…— La regañó la reina, pero el Lord contestó inmediatamente a su pregunta aún más entusiasmado.
—Oh es muy interesante, verás aunque Winterfell es uno de los reinos más fríos de todos, las aguas termales que existen bajo tierra le brindan calor al lugar.
—¿Y eso cómo?— Esta vez fue Kristoff el que preguntó más rápido que Anna igualmente interesado por el dato.
—En nuestras tierras diseñamos un sistema de tuberías para que las aguas termales del subsuelo puedan pasar a través de las paredes del palacio y los hogares y eso sirve para mantenernos calientes dentro de cualquier estructura.
—Wow…— Fueron la única cosa que Anna pudo decir ante la sencilla explicación del hombre. Sonaba tan fácil, sencillo y extraordinariamente nuevo para ella.
Elsa prestaba atención a las reacciones de su hermana ante la explicación del lord y no pudo evitar suprimir una sonrisa y dirigió también su vista hacia Kristoff que mantenía su atenta mirada escuchando todo sobre la función de la calefacción en Winterfell aunque ella estaba algo sorprendida también. Arendelle era un reino muy cálido y aunque en invierno también nevaba, no creía que llegaran a ocupar más que una buena chimenea en esa estación pues las temperaturas bajas no duraban por tanto tiempo, aunque después de todo, no era algo que a ella le molestara. La reina tomó con delicadeza la taza de té en sus manos y le dio un sorbo totalmente en silencio hasta que escuchó sorprendida las palabras de su hermana.
—Me gustaría visitar Winterfell algún día, suena grandioso— Comentó con un tono soñador en sus palabras. —Hermosos paisajes de nieve por todas partes.
—Creí que el frío no te agradaba.— Comentó Elsa tranquilamente. —Siempre que nevaba aquí, decías de niña que por qué el invierno no se trataba de un bello clima tropical.
—Bueno… ¡eso era antes! Además, me encanta la nieve, sólo no me gusta el frío.
—Eres imposible.— Comentó la reina divertida seguido de una risa jovial del lord y de Kristoff y una mirada de reproche de Anna, pero seguido de una suave risa sincera.
La charla siguió por un rato más hasta que todos hubieran terminado su desayuno. Elsa acompañada por Olaf, se dedicaron a mostrarle algunas partes del palacio que no había visitado, mientras que Anna y Kristoff tenía algunos planes diferentes.
Ambos se dirigieron hacia la entrada principal del palacio para ir a los establos donde Sven descansaba.
—¡Estoy muy emocionada! Hace tanto que no vemos a tu familia.— Comentaba Anna mientras tomaba el brazo del rubio.
—Sí, yo fui a visitarlos hace unos días antes de quedarme en el palacio y ellos estaban muy ansiosos de verte. Les agradas mucho.— Dijo posando su vista en los ojos de la pelirroja a lo que ella nerviosa colocó un mechón tras su oreja, pero sin apartar su mirada de la de él.
Llegaron a los establos y un contento Sven saltó con sólo verlos acercarse.
—¡Hola Sven!— Dijo separándose de Kristoff y tomando la mandíbula del reno, acariciando su cabeza, caricia que el animal recibió gustoso y respondiendo con un lengüetazo en la cara provocando risas de Anna.
Mientras tanto el rubio preparaba una bolsa con unas cuantas provisiones y zanahorias para el corto viaje a las montañas para visitar a los trolls. Las risas de Anna junto con los jugueteos y saltos de Sven, provocaron la mirada de uno de los guardias que se encargaban de los establos y el mantenimiento de los caballos.
—Princesa, joven Kristoff— seguido de una reverencia —¿Puedo ayudarles en algo?
—Oh, no es necesario. Sólo prepararemos a Sven y a mi caballo para salir por unas horas.
—Los prepararé de inmediato, alteza.
Pero Kristoff lo detuvo y amablemente añadió:
—No es necesario, Bran. Yo me encargo y sólo llevaremos a Sven.
—De acuerdo. Si no me necesitan, revisaré a los otros caballos. Con su permiso.— Comentó el guardia por lo que rápidamente se dirigió a los demás establos para continuar con su trabajo.
—¿Sólo a Sven? Pero Kristoff, yo puedo ir en mi caballo,— Decía la princesa al mismo tiempo que tomaba una de sus capas y la colocaba sobre su espalda. —así no tendrá que llevar doble peso.
—¿De qué hablas Anna? Si tú no pesas nada, a pesar de las grandes cantidades de chocolate que consumes a escondidas de Elsa.
—¡Oye! No lo digas tan alto... — Respondió en voz baja mirando hacia varios lados.
La curiosa reacción de la pelirroja hizo soltar una leve carcajada al rubio sorprendiéndose de lo inocente que era Anna en ese tipo de asuntos, pero a ella no le importó la risa que soltó hace unos segundos, pues seguía observando a su alrededor para asegurarse de no haber sido escuchados por alguien y fue en ese momento que Kristoff se apresuró en preparar a Sven con las provisiones y sin previo aviso, tomó a Anna de la cintura y la sentó sobre el lomo de Sven, provocando que ella soltara un leve gritito sorprendida.
—¡Hey!— Dijo ella golpeando suavemente el hombro del rubio a lo que él mantenía su vista hacia el frente fingiendo no haber escuchado o sentido el golpe que le había atinado la pelirroja y seguía dirigiendo a Sven a la entrada del palacio para emprender camino.
Al momento de salir a las calles de Arendelle, trataron de ir por las orillas del pueblo para no verse rodeados por los súbditos que vitoreaban cada vez que la observaban salir y sigilosamente pasaban por algunas calles más desoladas hasta que llegaron a un espacio abierto donde se encontraban jugando algunos niños acompañados por sus padres, más no se habían percatado de ellos.
A lo lejos una niña corría junto a su pequeño hermano hasta que chocaron con las piernas de Kristoff lo que provocó que los niños se disculparan apresurados.
—No se preocupen pequeños, no pasa nada.— Anna les dedicó una sonrisa a ambos y los niños voltearon hacia el lomo del reno y pudieron distinguir que la dueña de la voz era de la misma princesa Anna.
—¡Prince…!
Antes de que la niña pudiera completar la oración, Anna sólo colocó un dedo sobre sus labios para que mantuvieran el silencio para evitar ser descubiertos y el pequeño niño imitó la acción de la pelirroja y la hermana más grande asintiera con una emocionada sonrisa.
—Será nuestro secreto.— Dijo el rubio a los niños que los observaban sonrientes y estos asentían.
Kristoff apresuró el paso junto a Sven para poder salir del pueblo antes de que alguien más se fijara en su presencia, pues no querían tardar más tiempo en salir para poder regresar a tiempo para tomar la comida junto a Elsa.
—Estoy segura que a Olaf le hubiera encantado venir.
—Lo sé, pero Elsa está acostumbrada a que Olaf pase tiempo con ella y si no lo ve por ningún lado supondrá que está con Sven y de esa manera tal vez lo busque y si no está Sven, todos estamos fritos.
—Tienes razón, ya habrá oportunidad para llevar a Olaf con nosotros.
—Además, fue tu idea no avisarle a tu hermana que salíamos por unas horas.— Dijo el rubio fingiendo ser ella la culpable de todo el plan a lo que ella sólo se encogió de hombros diciendo que no tomaría mucho tiempo volver. Mientras seguían en su camino, platicaban acerca de distintas cosas como su estancia en el palacio o las divertidas historias de Olaf y su plática venía acompañada de una que otra risa por parte de Anna. Se encontraban en una tranquila calle y parecía no haber nadie por el lugar, pero a lo lejos, una joven castaña transportaba unas cuantas flores en una pequeña canasta hasta que las voces y risas de dos personas la hicieron girarse con curiosidad y al percatarse de quienes se trataba se escondió rápidamente detrás de un farol.
"Que tonta soy, ¿por qué me estoy escondiendo?" Se decía Madeline en su cabeza sin apartar la vista de la pareja. Los había visto ya unas cuantas veces por las calles de Arendelle o en los pasillos del palacio, pero nunca había mantenido contacto con ninguno de los dos, hasta apenas el día anterior con Kristoff en el pueblo y además porque no consideraba prudente acercarse a la princesa así como así y al rubio porque estaba siempre en compañía de la reina o la princesa.
Las veces que lo había visto en las calles vendiendo el tan ansiado hielo, nunca se había atrevido a acercarse, no hasta aquel día en la juguetería y aún seguía sin entender que le había dado la fuerza para hablarle, aunque ahora no se arrepentía, pues tuvo la oportunidad de presentarse ante la princesa de Arendelle, cosa que le había agradado mucho y a leguas se veía que era una persona muy amable y sencilla, a pesar de haber crecido rodeada de todos los lujos que una familia real está acostumbrada a poseer.
Kristoff, Anna y Sven parecieron no percatarse de la presencia de la joven y siguieron de largo su camino sin detenerse un solo momento, lo que le dio a Madeline el permiso interno de dejar salir todo el aire que acumulaba en sus pulmones. Salió de su escondite ya estando segura de no estar en el rango de visión de ambos y los observó alejarse. La mirada que Kristoff le dirigió a Anna en ese momento hizo que su corazón se saliera casi de su lugar y por un breve momento se imaginó a ella misma sobre el reno y compartiendo algunos momentos con el rubio, pero fueron pensamientos que se dispersaron rápidamente de su cabeza dando paso a una triste mirada en su rostro, dio media vuelta sobre sí misma y se encaminó al lado contrario de donde Anna y Kristoff se dirigían.
Pasados unos cuantos minutos, lograron cruzar toda Arendelle para llegar a la entrada hacia las montañas por lo que Kristoff montó a Sven quedando detrás de Anna y se sostenía de los costados de su amigo justo frente a Anna por lo que la rodeó con sus brazos y ella aprovechó para recargarse en el pecho del joven y cerraba sus ojos relajándose con los latidos sorpresivamente apresurados del joven. Por otro lado Kristoff se había quedado un poco tieso ante el repentino acto de la princesa, pero no se quejó y continuó dirigiendo a su fiel amigo por el bosque.
Desde lo ocurrido en la noche anterior, Anna supo que le encantaba estar cerca del rubio, de alguna manera lograba que todos sus problemas fueran olvidados por algunos momentos, dando paso a unos minutos de paz. Desde que lo conoció le había parecido una persona un poco tosca y extraña, pero conforme pasaron las horas en compañía uno del otro, no parecía molestarles el contacto físico mutuo por muy leve que fuera; se sentían bien estando juntos y a la pelirroja le gustaba la mirada que él le brindaba sólo a ella, la hacía sentir una persona muy especial y sobre todo querida. No pudo evitar recordar los momentos de desesperación cuando su hermana la echó del castillo de hielo o la manera en la que él la tomó delicadamente en sus brazos y le brindó su calor cuando su corazón había sido congelado, la angustia en la mirada de Kristoff cuando ella estaba muy débil o el cariño y confort que le transmitió y por último el miedo en sus ojos cuando la dejó a su merced en el palacio de Arendelle.
Tantos recuerdos se acumulaban en su mente y por breves momentos, Anna se sintió viviendo en aquella situación de terror nuevamente cuando pensó que tal vez no sobreviviría. Abrió levemente sus ojos sintiendo una extraña sensación de vértigo en su estómago y se apegó más al cuerpo de Kristoff mientras colocaba una mano en su pecho y tomaba su ropa en su puño, sintiendo una desesperación dentro de ella, sintiendo aquel escenario igual al ocurrido hace un tiempo y deseando que todo aquello que estaba sintiendo fuera sólo un mal recuerdo y que lo vivía en su presente era real.
El rubio sintió la presión de Anna sobre él e hizo que Sven se detuviera por un momento preocupándose del estado de la pelirroja.
—Anna, ¿qué sucede? ¿te sientes mal?— Le dijo mientras la abrazaba tratando de reconfortarla.
—No es nada.— Dijo apenas como un simple susurro subiendo su mirada para verlo directamente a los ojos. —Es sólo que de pronto me sentí igual que aquella vez cuando Elsa congeló mi corazón por accidente.— Se abrazó nuevamente a él pegando su rostro a su pecho, pues Kristoff era más alto que ella incluso aún montados sobre Sven. —Tenía tanto miedo… Miedo de no volver a ver a mi hermana, mi hogar, miedo de no volver a verte a ti.— Susurró débilmente.
Fue ahí donde Anna cayó en cuenta de que en el transcurso de su viaje con Kristoff, ella poco a poco había caído enamorada de él, sin darse cuenta, pues aún pensaba que Hans era su verdadero amor. "Que tonta había sido." Se dijo mentalmente, incluso recordó que en esos momentos cuando se dirigían a Arendelle, no había pensado ni una sola vez en Hans ni en su compromiso, sólo deseaba poder vivir más tiempo para poder ver el rostro de su hermana una vez más y decirle a Kristoff que todo estaría bien.
El recolector se separó un poco de Anna para poder bajar de Sven para después bajarla a ella también. Sven por su parte veía a Anna muy preocupado al igual que Kristoff y emitía un sonido preguntando directamente al rubio si ella estaba bien.
—Tranquilo amigo, ella está bien.— Le dijo el rubio acompañado de una mirada tranquilizadora. —Vamos Anna, descansemos un poco.
Mientras abrazaba a Anna por los hombros, se dirigían hacia la sombra de un enorme árbol que se encontraba en el camino a las montañas. Los tres se sentaron sobre la hierba fría del lugar y Anna se apegaba más el recolector y le dejaba abrazarla, mientras ella relajaba un poco su postura y tomaba aire para tranquilizar un poco su ritmo cardíaco y el miedo poco a poco se desvanecía, cerró los ojos y el rubio recargó su mejilla sobre la cabeza de la chica.
—Gracias.— Comentó ella de pronto después de un largo rato de silencio, Kristoff bajó su mirada para poder ver mejor su rostro, pero ella mantenía la vista fija al paisaje frente a ellos con un leve tono rubí en sus mejillas.
—¿Cómo te sientes?
—Estoy bien, es sólo que todos esos recuerdos… se amontonaron en mi cabeza, sentí que sucedía todo de nuevo, aquel frío en mi cuerpo como si mi vida se escapara de mis manos sin poder hacer nada.
Kristoff se alarmó ante las palabras de su novia, pues recordó la advertencia de Elsa el día anterior; la enfermedad de la madre de Elsa y Anna, el frío, cualquier síntoma que pudiera deberse a la misma enfermedad. Tomó el rostro de Anna viendo cualquier indicio que pudiera decirle que algo sucedía en ella, pero la pelirroja tomó las manos del recolector.
—No es lo que piensas, estoy bien. No me siento enferma ni nada, fueron sólo los malos recuerdos de ese día. Parece que aún no lo he superado por más que lo intente.— Le informó suavemente con una tímida sonrisa, viendo directamente a sus ojos transmitiéndole seguridad. —¿Sabes? Pude sentir el miedo, la desesperación y la soledad de Elsa cuando recibí su hechizo. Ella no sabía controlar sus poderes y sentí su inseguridad y pude comprender como se sentía ella realmente. Es algo que nunca olvidaré.
Kristoff soltó el rostro de Anna más tranquilo, sabiendo que todo aquello era una mala pasada por parte de los pensamientos de la princesa.
—Creo que es hora de que avancemos,— Comentó la pelirroja al mismo tiempo que se paraba de su lugar. —No queremos llegar tarde con tu familia y tampoco debemos demorarnos demasiado para no preocupar a Elsa.— Terminó caminando de nuevo hacia Sven que ya estaba listo para partir, pero no pudo continuar pues el rubio la había tomado de la mano y la atrajo hacia él, envolviéndola completamente en un abrazo. Anna no supo reaccionar inmediatamente ante su acción.
—Kristoff…— Dijo por fin devolviéndole el abrazo, pero separándose el instante para sorpresa de él, pero seguido de eso, la princesa tomó de nuevo el rostro de Kristoff y lo besó, pero se separó al instante y ahora le dedicaba una sonrisa que él supo interpretar.
—¿Podemos…?
—Se puede. — Respondió ella y seguido de eso el recolector la beso de vuelta y Sven por su parte, decidió dejarles un poco más de privacidad por lo que volteó su mirada como si ahí no ocurriera nada y avanzó unos cuantos pasos hacia el bosque.
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Una joven caminaba por los pasillos del palacio transportando unas cuantas mantas en sus brazos mientras trataba de no golpear nada o a alguien en el pasillo. Su mente vagó nuevamente hacia lo que había visto aquella tarde cuando se disponía a visitar a su madre. No podía olvidar la mirada del joven Kristoff y no podía ignorar la felicidad que irradiaba la princesa hasta que chocó con una estatua que se encontraba a un lado del pasillo, sus pensamientos la había distraído nuevamente y desesperaba por evitar que el adorno cayera, colocó las mantas en un brazo mientras que con su peso evitaba que la estatua se rompiera.
—Estuvo tan cerca…— Se dijo así misma exhalando profundamente.
—Ya veo… Entonces así de grave es el problema.
Una voz alertó a la chica, acelerando a su corazón sin saber exactamente qué hacer, pues la postura en la que estaba podría traer malas interpretaciones.
—Así es, me preocupa que todo este asunto se salga de control, por eso fue que convoqué…
"¡La reina también se acerca! ¡¿Qué hago?!"
Madeline pudo mantener el equilibrio y rápidamente colocó la estatua en su lugar tal y como estaba, tomó las mantas y se escondió detrás de las cortinas de una de las ventanas del pasillo. Las voces se escucharon más lejos por lo que se relajó de inmediato, pero la pregunta que hizo el hombre llamó por completo su atención.
—¿Esa es la razón por la que ese chico llamado Kristoff vivirá un tiempo en el palacio?
Ella no era una persona que se dedicara a escuchar conversaciones de otras personas, pero la curiosidad había ganado y con escuchar el nombre del rubio había puesto más interés en la plática.
—Así es, además todo el reino sabe que él es el pretendiente de mi hermana y yo apoyo eso totalmente. Quiero que Anna sea feliz con la persona que ella desea, pero puedo decir con certeza que Kristoff es una persona digna de mi confianza y sé que quiere mucho a mi hermana.— Dijo esto último con un suspiro dejando en claro una preocupación que iba más allá de sus palabras. Madeline observó a la reina y al hombre a su lado dirigirse a una de las bibliotecas privadas del palacio y continúo su camino tras ellos.
—¿Pero qué hay del príncipe Hans? Él se dará cuenta de inmediato.
—Por eso hablaré con él antes, él tendrá que abstenerse a mis condiciones. Tengo algo en mente y eso me dará tiempo para planear todo.— Respondió decidida. —No dejaré que Hans se case con mi hermana,— La castaña se sorprendió ante las palabras de la rubia, colocó sus manos sobre su boca reprimiendo un grito y por fin caía en cuenta que eran asuntos que no le incumbían para nada y que no debería estar en ese lugar. La reina continuó —no después de todo lo que hizo, no es apropiado para ella ni para nadie.
—Quiero que sepa su alteza, que Winterfell está de su lado.
—Se lo agradezco mucho Lord Stark, en mi nombre y el de mi hermana. Tan sólo espero que los demás reinos aliados también estén de nuestro lado.
La castaña no pudo escuchar más porque se alejó rápidamente de ese lugar, si la descubrían podría haber consecuencias y era lo que menos necesitaba. Llegó a la habitación de servicio donde ella dormía junto con otras chicas jóvenes que trabajaban en el palacio, pero que se encontraba desocupada por el momento. Las palabras de la reina no dejaban de resonar en su mente, aunque por mucho que llevara viviendo y sirviendo en el palacio, no era de las personas que se enteraran de las cosas, pero siempre había gente en el palacio que hablaba de los próximos asuntos a tratar por la corona de Arendelle, por lo que supuso que la información que acababa de escuchar era algo de absoluta confidencialidad. Además había escuchado el nombre del príncipe Hans de las Islas del Sur, si es el mismo a quien se referían, ¿por qué hablaban de él? ¿Qué tenía que ver que el joven Kristoff se quedara a vivir por un tiempo en el palacio? ¿El hombre que traicionó a la corona estaría de nuevo por aquí? ¿Por qué hablaban de un compromiso de la princesa Anna con el príncipe Hans? ¿Winterfell estaba de lado de Arendelle en qué sentido?
Tantas preguntas estaban por marearla, ella nunca había entendido nada sobre los asuntos de la realeza, pero algo le decía que el asunto era más grave de lo que pensaba. Después pensó por un momento en el príncipe de las Islas del Sur; nunca llegó a verlo físicamente, sólo había escuchado hablar de él y los comentarios de muchas de las mucamas que atendían en el baile de coronación de la reina decían que era un hombre muy apuesto y distinguido y también había escuchado comentarios envidiosos diciendo que la princesa Anna tenía toda la atención del joven príncipe, pues no se había acercado a nadie más que no fuera ella.
Aquella noche, por un momento, también sintió envidia. La hermosa princesa de un reino conociendo a un guapo príncipe para comprometerse, casarse y ser felices para siempre, claro, hasta que corrió la noticia de la traición del príncipe por todo Arendelle.
Colocó las mantas que cargaba desde hace un rato en una de las camas de la habitación y se sentó a la orilla de esta, colocando sus manos en su rostro tomando una pose pensativa. Ella podía decir con certeza que no era nada tonta y que tal vez el rey de las Islas del Sur planeaba casar a su hijo con la princesa Anna, algo por lo que la reina estaba en total desacuerdo, pero no sabía que es lo que se ocultaba detrás de todo ese plan.
—¿No se supone que debía ser enjuiciado en su reino? ¿Por qué regresa a Arendelle?
—Otra vez hablando sola Madeline.
La joven se apresuró a ponerse de pie después de escuchar la voz de la mujer que la llamaba con reproche.
—Señora Gerda, lo siento, yo sólo estaba…
—Desobedeciendo órdenes, querida.— Contestó duramente la mujer. —Igrette te esperaba en la habitación de los huéspedes desde hace un rato.
—¡Los huéspedes! ¡Es cierto! Lo lamento tanto, es sólo que me distraje un poco y…
—Está bien, niña. Basta de excusas y a trabajar, los invitados estarán llegando a partir de mañana y todo tiene que estar preparado. Son órdenes de la reina.
—Sí, señora, de inmediato.— Respondió mientras tomaba las mantas de nuevo en sus manos y se dirigía a la salida para cumplir con su labor, pero la mano de Gerda sobre su hombro la detuvo.
—¿Qué tanto hablabas a solas, linda?— Respondió con un tono más suave y amable. —¿Alguien regresa a Arendelle?
—Yo…— balbuceó nerviosa —Una prima viene de visita y es sólo que me tomó por sorpresa que me avisara tan repentinamente.— Mintió. —Llegó una carta hace un momento…— Respondió por último más bajo, pero con los nervios a flor de piel.
—Está bien. Puedes retirarte.— Madeline se apresuró a salir de la habitación y esperaba que no hubiera más preguntas por parte de la encargada, podía ser una mujer muy amable y comprensiva la mayoría de las veces, pero cuando no se realizaba un trabajo como debía ser, solía molestarse y tomar una dura expresión. Gerda mientras tanto la veía alejarse por el pasillo tomando las escaleras para las plantas altas.
—Hay niña, ¿qué has escuchado?— Se cuestionó a sí misma la mujer, antes de retomar su camino a la cocina.
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Kristoff y Anna continuaban su camino a pie y Sven se encontraba delante de ellos por unos cuantos pasos. Ambos jóvenes caminaban en silencio tomados de las manos y con una sonrisa adornando sus rostros. La temperatura había comenzado a bajar desde hace un rato, pero de pronto era un factor que no tomaban en cuenta ya que seguían encimados en sus propios pensamientos, consumidos por un silencio nada incómodo, al contrario, estaban bien así, sin necesidad de palabras más que la compañía del otro.
Sven interrumpió el ambiente entre saltos de emoción dando a entender que se acercaban a la tierra de los trolls. Caminaron unos cuantos metros y el silencio que antes reinaba se acabó tan rápido que apenas le dio tiempo a Kristoff de reaccionar.
—¡Nuestro Kristoff ha vuelto!
—¡Anna también está aquí!
Los trolls rodearon por completo a la pareja para darles la bienvenida y como era costumbre para ellos, armaron un alboroto por su llegada. Los trolls más pequeños jugaban con Sven y Kristoff, mientras que Bulda con las otras trolls se encargaban de charlar con la princesa.
—¿Cómo te encuentras, linda? ¿Todo bien en el reino?
—Estoy excelente, gracias. ¡Tenía tantas ganas de venir a visitarlos!— Comentó emocionada —Además quise venir por mí misma para agradecerles.
—¿Agradecer qué cosa, cariño? Creo que somos nosotros quienes estamos agradecidos contigo.— Contestó al mismo tiempo que le guiñaba un ojo para después desviar su mirada hacia Kristoff que charlaba emocionado con otros miembros de la familia.
—¿A mí? No, para nada, pero en verdad quiero agradecerles, en especial a ti Bulda.— Contestó segura. —Aquella vez cuando me dijiste que era difícil elegir cuando uno siente angustia o temor y tenías toda la razón.— Calló por un momento para después continuar. —Cuando vine con Kristoff, yo me había comprometido con un hombre que creía amar sólo por el simple hecho de pensar que nos gustaban las mismas cosas y que sufríamos el mismo rechazo por mi hermana y él por sus hermanos, pero… estaba confundida, necesitaba alguien y…
"Estabas tan desesperada por amor…" Escuchó la voz de Hans en su cabeza repitiéndole la misma frase de aquel día en que la traicionó. Sacudió su cabeza para desvanecer los malos recuerdos y siguió con su relato, cosa que las trolls escuchaban atentamente sin abrir la boca, cosa que le extrañó a Kristoff, mientras las observaba a lo lejos.
—Estaba confundida, pero pude entender— dijo bajando la cabeza hacia el suelo para después dirigir su mirada al rubio que se encontraba al otro lado del valle. —lo que el verdadero amor significa y yo… sé que en verdad amo a Kristoff.
Unos gritos emocionados se escucharon por todo el valle llamando la atención de todos los presentes en el lugar, pero sin prestar atención a sus miradas, continuaron su charla con Anna.
—¿Y se lo has dicho a Kristoff, querida?
—¡No! No, es decir, no puedo decirlo, al menos no ahora, no quisiera apresurar nuestra relación o que todo esto le parezca, no sé… algo cursi.— Dijo la pelirroja mientras colocaba un mechón detrás de su oreja seguida de una risa nerviosa para sospecha de Bulda, pero cosa que de inmediato comprendió.
—Te entiendo, linda.— Dijo tomando una de las manos de Anna. —Si crees que no es el momento, está bien, pero ten por seguro que Kristoff también…— No pudo continuar pues se vio interrumpida por los demás trolls que ahora se acercaban junto con Cliff y Kristoff.
—Hey querida, cuenten el chisme.
—Oh no es nada, sólo cosas de chicas.— Dijo seriamente dejando tanto al troll como a Kristoff con la mandíbula hasta el suelo, ya que esa actitud por su parte era algo totalmente impensable, prácticamente imposible. Kristoff de pronto cayó en cuenta de algo.
—¿Dónde está Grand Pabbie?
Al escuchar su nombre, una gran roca giró hasta posarse bajo los pies de Kristoff.
—¿Me buscabas, hijo?
—Sí, emm… ¿Podríamos hablar en privado?— Preguntó dirigiendo su mirada hacia Anna que se encontraba conversando con unos pequeños trolls.
—Por supuesto.— Ambos se alejaron de todos para poder conversar, Pabbie pudo notar a Kristoff un poco nervioso por lo que decidió comenzar.
—¿Hay algo que te preocupe?
El rubio suspiró y se sentó junto a él para comenzar a relatarle todo lo relacionado con la enfermedad de la madre de Anna y las sospechas de que ella pudiera llegar a tener la enfermedad, aunque explicó que no era del todo seguro, le dijo que Elsa le había pedido a ambos prestar atención ante cualquier síntoma que pudiera presentarse.
—Quería pedirte que la revisaras un poco,— Pidió tomando sus manos y veía fugazmente la feliz mirada de la joven. —la verdad estoy preocupado, antes de llegar aquí ella sufrió algún tipo de ataque, no sé... Me dijo que sus recuerdos la llevaron a aquel día en que su hermana le congeló el corazón por accidente, estaba como en estado de shock y me dijo que sintió un frío por todo su cuerpo.
—Ya veo. No te preocupes Kristoff, veré si puedo ayudarte.— Respondió mientras se dirigía hacia Anna con el rubio detrás de él. —Querida Anna, permíteme.
Anna dirigió su mirada confundida a Pabbie y después a Kristoff que sólo asintió, cosa que ella supo interpretar ya que posó sus manos sobre las del troll anciano, él cerró los ojos y concentró su magia para tratar de encontrar algún indicio que indicara que ella pudiera estar enferma. Pasaron unos cuantos minutos y Pabbie soltó por fin las manos de la princesa.
—¿Encontró algo malo abuelo Pabbie?— Preguntó preocupada sin apartar su mirada del anciano y los demás trolls esperaban expectantes su respuesta.
—Por supuesto que no querida, todo está bien. No te preocupes.— Dijo dando suaves palmadas en su mano.
Kristoff al escuchar la respuesta tranquilizó su semblante y agradeció internamente porque no ocurriera nada malo con Anna. Después Grand Pabbie se dirigió nuevamente hacia él.
—No encontré nada que afecte la salud de Anna, Kristoff, pero pienso que aun así debes estar atento— Aquellas palabras alertaron nuevamente al rubio —Por lo que me has contado, la reina provenía de Winterfell y aunque conozco sus tierras, existen propiedades que están más allá de mi compresión. No debes bajar la guardia.— Dijo por último antes de encaminarse hacia su lugar en el valle. Sven se acercó a Kristoff preocupado y el rubio le respondió con un abrazo en su lomo e informando a Anna que era hora de marcharse o si no Elsa se preocuparía por su ausencia.
Anna agradeció la plática y se despidió de todos, pero antes de llegar con rubio, la voz de Bulda la detuvo.
—Tienes que decírselo, querida. Todo va estar bien, confía en mí.
—Lo haré.
..
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..
Un pensativo príncipe paseaba de un lado a otro en la habitación, pero unos golpes en la puerta interrumpieron su tarea.
—Pase.
Por la puerta ingresó uno de los guardias que habían sido pillados por Hans hace un día cuando charlaba con su otro compañero acerca de la princesa Anna.
—Su alteza, estaremos en Arendelle en menos de un día.
—Gracias por el aviso, ya puedes retirarte.— Dijo despectivamente, pero detuvo de inmediato el andar del guardia. —Espera un segundo, hay unas cuantas preguntas que necesitan respuesta.
—¿En qué puedo servirle su majestad?
—¿Sabes la razón por la que visitamos Arendelle?— Preguntó tranquilamente dando la espalda al guardia y observaba el adorno de espadas que colgaban en la madera.
—Para escoltarlo en su visita al reino, alteza. Protegerlo si es necesario.
—No te pregunté por las órdenes que te dio mi padre, pero está bien, hoy estoy de buen humor, así que preguntaré de nuevo: ¿Sabes la razón por la que visitamos Arendelle?— Dijo sin querer apartar su vista del adorno como si fuera lo más interesante del mundo.
—Pues yo… no fui informado de la razón, majestad. Se decía que para tratar asuntos comerciales.
—Ajá…— Contestó dando por fin la vuelta hacia el guardia con una ceja levantada sin creerse su respuesta. —Debes ser un poco más creativo, vamos ¡piensa!— lo animó —¿Para qué visitamos Arendelle?— Preguntó una vez más tomando entre sus manos una pequeña daga que reposaba sobre una mesa cercana al reloj, se sentó sobre la silla al lado de esta y esperó la respuesta del hombre que comenzaba a ponerse nervioso.
Hans jugueteaba con el afilado objeto con sus dedos sin apartar la mirada del soldado.
—Por el trato de su majestad, el rey Eddard de desposarlo a usted con la princesa Anna, mi lord.
—¡Bingo! Yo sabía que tenías la respuesta.— Contestó entusiasmado señalando a su dirección con la daga. —Pero quiero que me ayudes con esto, ¿por qué mi padre dirigió el trato a la "adorable" princesa Anna de Arendelle, segunda hija en la línea de sangre y no a la misma reina Elsa?— Preguntó con un falso tono amistoso.
—Yo… no lo sé, señor… eh—
El fuerte impacto del filo contra la madera de la mesa detuvo el intento de explicación del hombre, haciendo que guardara silencio en el acto, porque aunque fuera un hombre más alto que el mismo príncipe, sabía que actuar mal frente a la realeza o siquiera pensar en la traición, le daría un boleto gratis a la horca. Hans soltó el extremo de oro de la daga y esta quedó profundamente clavada.
—¿Y bien?
—Le ruego me perdone, alteza.
—Porque yo se lo pedí.
—¿Disculpe?— Respondió el guardia sin comprender a lo que se refería.
—Mi padre exigió ese trato a la reina Elsa de casarme con su pequeña hermana porque yo se lo pedí. ¡Vamos! ¡No era tan difícil darse cuenta de eso!— Exclamó entre emocionado y con falsa sorpresa. —Ahora, lo que les exijo es que cuando pongan un pie en Arendelle se olvidarán de cualquier clase de orden que mi padre les haya dado. Ahora ustedes están a mis órdenes y quien se atreva a desobedecer, será regresado a las Islas del Sur inmediatamente junto una cuerda sobre el cuello. ¿Queda claro?
—Más claro que el agua, su alteza.
—Infórmales a todos aquellos lo que te acabo de ordenar y que se me notifique cuando estemos sobre las aguas de Arendelle.
—Se lo haré saber de inmediato, su alteza.
—Bien. Ya puedes retirarte.
El guardia no dijo nada más y se inclinó antes de salir de aquella habitación. Hans no despegó la vista del reloj en todo momento, pues se sentía ansioso ya que al fin llegaría a su destino y dejaría este tortuoso y molesto barco en el que había viajado esos días. Odiaba el mar y odiaba aún más los barcos, pero sintió un alivio después de todo. Faltaba sólo un día para su llegada.
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El día había transcurrido de lo más normal después del incidente de Anna, Kristoff mantenía el ojo puesto en ella cada vez que podía para poder observar si no había algo más en el rostro de Anna que pudiera decirle que algo andaba mal, pero con el transcurso de las horas pudo relajarse un rato con su amigo Sven en los establos, pues Elsa había requerido la presencia de su hermana hace una media hora por lo que aprovechó para cantar una de sus típicas canciones con su fiel amigo y compartiendo una que otra zanahoria como siempre lo han hecho.
La voz del rubio había llamado la atención de una curiosa Madeline que se encontraba dejando algunos víveres para los animales. Se acercó hasta el lugar donde provenía la voz e identificó a Kristoff reposando junto a su reno.
—¡Bravo! ¡Es una excelente canción!— Comentó emocionada mientras aplaudía y Kristoff junto Sven dirigían sus sorprendidas miradas sobre ella. —Tocas muy bien ese instrumento.
—¿De verdad lo crees? Fue un regalo de mi familia cuando era un niño.
—Es genial— Contestó y seguido se sentó frente a él en un pequeño banco del establo. —Espero no haberte interrumpido.
—No, está bien, ya había terminado.— Dijo colocando el instrumento a su lado y recargaba su brazo izquierdo sobre su rodilla doblada. —¿Qué es lo que haces tú por aquí? ¿Será que me estás espiando?— Bromeó el rubio para ver la reacción de la chica que se puso roja como un tomate.
—¡Por supuesto que no! Yo sólo pasaba por aquí y te escuché. ¡Eso es todo!— Contestó apresurada y totalmente nerviosa, mientras que Kristoff reía divertido por su reacción.
—Sólo bromeaba, tranquila.
La risa nerviosa de Madeline fue interrumpida por la llegada de Anna al establo.
—¡Kristoff..! Oh, Madeline, que gusto verte.— Dijo mientras la castaña se apresuraba a levantarse de su lugar y hacer una reverencia.
—También es un gusto, alteza.
Anna observó todo a su alrededor y visualizó a Kristoff junto con Sven descansando sobre la paja y a la joven Madeline frente a ellos y su habitual sonrisa desapareció y se preguntó qué era lo que hacían reunidos en ese lugar.
—Puedes decirme sólo Anna.— Respondió amablemente a su saludo restándole importancia al asunto.
—Anna, ¿querías decirme algo?
—Oh, claro. Lo que pasa es…
Pero no tuvo oportunidad de terminar la oración, ya que uno de los guardias reales del palacio irrumpió en el lugar.
—Disculpe joven Kristoff, oh princesa Anna, disculpe la interrupción— Dijo después de percatarse de la presencia de la pelirroja y sin prestar mayor atención a Madeline que se hallaba detrás de ella. —Buscan al joven Kristoff en la entrada del palacio.
—¿Quién me busca?— Preguntó sorprendido, pues no solía recibir visitas de alguien, si no es que de nadie, ni siquiera en su antigua casa.
—Dice que es uno de los recolectores de hielo que trabajan con usted.
—¿Sucedió algo malo?— Fue esta vez la que preguntó Anna, preocupada.
—No lo sé, su alteza. No se me informó de eso. Con permiso.— Se despidió con una reverencia y se marchó de ahí.
El rubio le dejó unas cuantas zanahorias a Sven y junto con Anna se apresuraron a llegar a la entrada del palacio, sin llegar a despedirse de la chica que había sido ignorada hace unos momentos. A lo que ella sólo observó el camino que tomaron los dos antes de irse.
—Los veré luego…— Comentó para sí misma y después recibió un lengüetazo se Sven provocando que riera en respuesta. —Al menos no soy invisible para ti.— Le dijo al reno mientras acariciaba suavemente su lomo.
Kristoff fue el primero en llegar a la entrada del palacio para recibir a Jhon, su amigo recolector de hielo a quien le había encargado la tarea de hacerse cargo del negocio en su ausencia.
—Jhon, ¿qué haces aquí? ¿Sucedió algo?
—Me temo que sí muchacho, uno de los recolectores sufrió un accidente y unos cuantos tuvieron que traerlo de regreso al pueblo para que pudiera ser atendido. Varios bloques de hielo han quedado en las montañas porque nos quedamos sin unos transportes donde podamos trasladarlo. No acudiría a ti si no fuera necesario.— Dijo más sereno. —No podemos acudir ahora a las montañas porque ya ha obscurecido y eso sería más peligroso, así que hemos decidido acudir mañana al alba ¿Crees que puedas venir sólo por ese día?
Después de la explicación del hombre, la princesa alcanzó por fin a Kristoff en la entrada y se colocó detrás de él observando curiosa al hombre frente a ellos y Jhon al percatarse de ella, hizo una reverencia como saludo.
—Mis disculpas por la interrupción en su palacio, mi lady, pero necesitaba tratar de unos asuntos con el muchacho.
—No se preocupe, pero ¿sucede algo?
Kristoff volteó hacia Anna dando la espalda a su compañero para informarle de todo el asunto y que acudiría temprano por la mañana al siguiente día para transportar la mercancía que se había quedado en las montañas. Anna comprendió y deseó que no hubiera sido nada grave el accidente y le informó a Jhon que si necesitaban algo más, acudieran a ella ya que ayudaría con cualquier cosa que hiciera falta.
—No se moleste, su alteza, ya todo está cubierto y por supuesto le agradezco su hospitalidad.
Anna respondió con una sonrisa y ambos se despidieron del hombre para acudir al palacio e informarle a Elsa de la situación, cosa que no creyeron un problema pues hacía falta un poco más de dos días para que Hans llegara a los puertos del reino y el rubio se tomaría sólo medio día para el trabajo.
El resto de la noche pasó sin problemas, cenaron como era costumbre y cada quien se dirigió a su habitación para tomar un merecido descanso después del loco día que habían vivido.
Anna pensaba que podría matar el tiempo el día de mañana con la llegada de los nobles invitados de su hermana, pues Elsa le había informado en cuanto llegaron que sería el día de mañana donde habría que recibir a los representantes aliados de Arendelle.
Acomodó sus ropas y soltó su cabello para por fin disponerse a dormir, apagó las velas que iluminaban su habitación y recostó su cabeza en su almohada, pero no pudo conciliar el sueño, por el contrario, recuerdos de la noche anterior fluyeron en su cabeza y sus mejillas tomaron un ligero color carmín. Daba vueltas inquieta en la cama sin lograr acomodarse y dormir de una buena vez. Las palabras que el rubio le dijo la noche anterior eran algo que seguían teniendo un efecto sobre ella.
Frustrada se quitó las cobijas y sigilosamente salió de su habitación pasando frente a la habitación de Kristoff silenciosamente para evitar despertarlo, se dirigió al lugar donde siempre se sentaba a contemplar la luna cuando no podía dormir u observar el reloj cuando estaba aburrida.
El tic tac del reloj sonaba lejano a sus oídos y concentró toda su atención en el paisaje que le brindaba el hermoso reino, aunque la luna no brillaba tan intensamente como otras noches. Dirigió su vista al mar y no despegó la mirada durante unos cuantos minutos que para ella fueron eternos, en ese momento pensó en Hans, el llegaría pronto, en 3 días exactamente y de nuevo Anna se encontraba totalmente fastidiada por la noticia, hasta que un leve escalofrío recorrió su cuerpo observó el reloj que marcaba más de media noche y decidió que era mejor irse a dormir. Caminó por el pasillo hasta que se detuvo frente a la habitación de Kristoff.
Un nuevo escalofrío recorrió su cuerpo y por un momento tuvo las intenciones de tocar a su puerta, pero se detuvo.
—Tal vez ya esté dormido… Además tiene que despertar temprano para ir a las montañas por la mañana.— Bajó nuevamente su brazo, dejándolo caer a su costado e inconscientemente dejó salir un quejido de sus labios y recargaba su cabeza sobre la puerta, sin percatarse de que había hecho más ruido del que debía. Se separó de la madera y tuvo intenciones de regresar a su habitación, pero la puerta sorpresivamente se abrió para su angustia.
—¿Anna? ¿Qué haces levantada a esta hora? ¿Te sientes mal?— Dijo colocando su mano sobre su frente.
—¿Qué? No. Estoy bien.— Respondió con un leve tono de fastidio retirando suavemente la mano del rubio de su frente, pero por un momento se preguntó de nuevo si en verdad se encontraba bien. No sabía que es lo que pasaba por su cabeza pues se percató de que Kristoff estaba frente a ella, ambos en pijama en el pasillo a mitad de la noche. —Lo siento, no quise despertarte, es sólo que no podía dormir y… toqué la puerta sin darme cuenta.
—Sin darte cuenta, ¿eh?— Respondió divertido, pero su semblante cambió cuando vio que Anna rodeaba su propio cuerpo.
Ella sintió nuevamente aquel escalofrío que la molestaba desde hace un rato sin prestar atención al comentario de burla del rubio y se abrazó a sí misma.
—La noche está un poco fría, ¿no lo crees?— Dijo la pelirroja para cambiar de tema y el rubio se hizo un lado para dejarla pasar. Anna sin pensarlo dos veces ingresó a ella, pero sin intenciones de quedarse mucho rato, es sólo que se sentía inquieta y los escalofríos continuaban.
—¿Tienes frío?
—Un poco, sí.— Kristoff por su parte sintió un leve escalofrío recorrer su espalda, pero no creía que fuera por el ambiente, más bien por los nervios que sentía en esos momentos. —No podía dormir, es tan frustrante y salí por un momento de mi habitación y pasó un rato y seguía sin conciliar el sueño y…
—Sé lo mucho que amas dormir— Comentó con una sonrisa —por eso es tan frustrante para ti no conciliar el sueño.
—Oye, no te burles de mí.— Dijo desviando su mirada de la de Kristoff con una expresión que a él le pareció de lo más tierna.
—Está bien, no diré nada.— Dijo mientras se dirigía a la cama y hacía un espacio para la pelirroja que aún seguía abrazada a su cuerpo. La chica entró tímidamente debajo de las sábanas y ocultó su rostro con su flequillo mientras que Kristoff observaba el techo sin saber que hacer o que decir exactamente. De pronto, sintió que Anna se pegaba a él lo suficiente para transmitirle su calor y él nervioso se giró hacia ella, viendo el rostro sereno de la princesa que mantenía ahora sus ojos cerrados.
El mismo pensamiento que la noche anterior surgió en su mente y se dijo que de tanto pensarlo, podría sentir la presencia de una Elsa molesta en la habitación, pero nada pasó pues en ella se encontraban sólo Anna y él.
La pelirroja se abrazó a él y el recolector de hielo correspondió el gesto un poco tímido y se dispuso por fin a dormir, pues lo que Anna no sabía es que él se sentía algo extraño sólo en aquella enorme habitación. Siempre estuvo acostumbrado a la compañía de Sven, pero desde la noche anterior, pudo compartir por unos breves momentos el calor y seguridad que Anna le transmitía y podía dormir tranquilo sintiéndola a su lado. Posó más seguro su brazo sobre la delgada cintura y una sonrisa se formó en el rostro de Anna, pero sentía que algo faltaba.
—Kristoff…— Pronunció su nombre apenas en un susurro llamando su atención.
—¿Sí?
Levantó su rostro para ver mejor al rubio y en un susurro continuó hablando:
—Bésame.— Dijo simplemente. Era la segunda vez que pronunciaba aquellas significativas palabras, pero esta vez no había segundas intenciones, no dependía de su vida y no se lo estaba pidiendo a la persona equivocada, estaba segura de eso.
Kristoff se sorprendió por la repentina petición y simplemente mantuvo su boca cerrada sin tener idea de que contestar, pero observó atentamente el rostro de Anna buscando algún indicio de que ella estuviera jugando. La había besado tantas veces antes, pero sintió que esta vez ella buscaba algún significado en especial. La conocía tan bien, podía leer a través de ella y sus expresiones; sabía que estaba nerviosa cuando colocaba mechones de su cabello tras su oreja; sabía que sentía pena cuando jugaba con sus manos y sabía que tenía miedo cuando mostraba su expresión totalmente en blanco.
Esta vez era diferente, no existían nervios, pena o miedo cuando le pidió aquello.
Bésame. Fue lo que dijo y pensó porque le tomaba tanto tiempo en reaccionar a su petición.
—Anna…— Habló por fin. —Es tarde, creo que lo mejor es que descanses un poco, además si tu hermana nos descubre…
—Lo sé, tienes razón— Lo interrumpió antes de dejarlo terminar de hablar, quitó las sábanas y salió de la cama para dirigirse a la puerta. —Fue mala idea venir aquí, siento mucho haberte despertado, sé que tienes trabajo por hacer mañana.— Dijo tratando de sonar lo más convincente que pudo deteniendo su paso en medio de la habitación y Kristoff se apresuró a ir detrás de ella.
—Anna, no es lo que piensas, es sólo—
—Oye, está bien— Dijo dando media vuelta para poder verlo a los ojos —Sé cómo es mi hermana respecto a estas cosas y fue muy imprudente haber venido aquí, tú lo has dicho, si ella nos descubre…— Finalizó seguido de un curioso sonido salido de su garganta mientras pasaba su dedo sobre su cuello. Volvió sobre sus pasos y se dirigió nuevamente a la puerta y el rubio no pudo reaccionar, pareciese que sus pies se hubieran clavado al piso.
Antes de abrir la puerta, caminó de nuevo en dirección hacia Kristoff y se levantó de puntillas. El rubio cerró sus ojos y esperó el beso, pero nunca llegó; abrió sus ojos y vio el semblante de Anna un poco decaído, mantenía su mirada en el piso y se había alejado un paso de él.
—Buenas noches.— Fue lo único que dijo para salir a paso apresurado de la habitación dejando al rubio shockeado por lo que acababa de suceder y se golpeó mentalmente sin entender sus acciones.
¿Por qué había dudado?
"¡¿Qué diablos me pasó?!" Se preguntó y en ese momento quiso salir corriendo detrás de ella para explicar lo que había pasado, pero él tampoco lo sabía. Caminó lentamente hacia la cama y se sentó sobre el colchón, despeinó su cabello con frustración y no pudo evitar pensar en Anna y el príncipe Hans de las Islas del Sur y en los momentos que compartieron antes de que ellos se conocieran, tampoco entendía porque pensaba en aquello en esos momentos y de golpe el anunciado compromiso entre ellos dos se colocó en su mente, quitándole por completo el sueño y las ganas de trabajar el día siguiente.
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Anna regresó apresurada a su habitación y se encerró con seguro sólo en el caso de que Kristoff decidiera seguirla, cosa que no ocurrió y en parte es algo que la decepcionó. Recargó su espalda sobre la puerta y se deslizó hacia el piso. Ella tampoco entendía que es lo que había sucedido hace unos momentos, pues de pronto todo estaba bien y en un segundo todo se vino abajo.
Dobló sus rodillas y las colocó contra su pecho mientras recargaba ambos brazos en las rodillas y descansaba su cabeza. Ambos tenían tantos pensamientos en su cabeza que evitaron dejarlos pensar con claridad de la situación. Ella en verdad quería decirle lo que sentía por él, pero después de lo ocurrido, dudaba que fuera una buena idea y por unos breves momentos se sintió rechazada, nuevamente rechazada.
"Oh Anna, si tan sólo hubiera alguien que te amara."
—No… Kristoff no es como él, yo sé que él me quiere— Se dijo convenciéndose a sí misma —Kristoff me lo ha demostrado… Él no me mentiría.— Ante lo dicho una sonrisa apareció en su rostro y se levantó del piso colocando una mano sobre la manija, pero sin moverse o sin tener las intenciones de abrir la puerta. —Pero… Creo que lo mejor es que hable con él mañana, es demasiado tarde. Sí, eso haré.— Se dijo optimista ahora dirigiéndose a su cama para poder descansar. —Él sólo se sorprendió y bueno, mañana arreglaremos las cosas.
Un sentimiento de paz la invadió por completo logrando que por fin conciliara el sueño ya que esperaba al menos, poder verlo antes de que él se marchara a las montañas y para eso faltaban sólo unas cuantas horas.
Como dije, alargué un poco más el capítulo por compensación (: espero que el capítulo les guste y yo espero que esta semana esté el próximo capítulo terminado.
Un agradecimiento a aquellas personas que se han tomado su tiempo de escribirme, me hace muy feliz :3
Gracias a:
Madison Luna Marie Ross
elsasarahi
Jennifelsa
HachikoLovePaunlinne
peste21
Deenni
EvaSnowQueen
A los reviews anónimos también :)
Agradezco todos sus comentarios.
Gracias por los follows y los favoritos a la historia.
No olvides dejarme un review haciéndome saber que te gusta (o disgusta) la historia
con sus comentarios me ayudan a mejorar y a continuar escribiendo :)
Saludos ~
