Disclaimer: Naruto no me pertenece, ni sus personajes. Son de Masashi Kishimoto.


La brisa sacudió su flequillo, haciéndole cosquillas en la frente. No había llorado desde que Neji había muerto. No se había permitido quebrarse y tuvo que darle sólo un momento de luto a su compañero. Pero ahora que la calma había arribado a Konoha, que se sentaba en el bar y se retraía del lugar; sentía un nudo en el corazón que le apretaba la esperanza. El protector de frente se sintió pesado en su cabeza y lo quitó; observando entonces el símbolo de la Alianza Shinobi. Con los dedos temblorosos lo acarició, rememorando el horrible campo de batalla y las víctimas que mancharon de carmesí los labrantíos de fresas.

No era el tipo de mujer que cambiaba quien era por un hombre; mucho menos era una ninja que se había esforzado en ser alguien sólo por agradarle a otra persona. Sus éxitos dependían de ella, su posición como kunoichi y lo que hiciera de ahora en adelante era sólo su decisión.

Pero le dolía. No podía levantarse para entrenar sabiendo que el campo estaría vacío, no podía ir arriesgando la vida cuando la paz estaba hecha y los remanentes eran sólo problemas políticos en los que no quería meterse. No quería ir los jueves al bar y beber una copa de ron con tamarindo enchilado si Neji no la iba a regañar por aquél vicio tan detestable —mirándola con envidia, porque Tenten soportaba el picante—, y no se iba a molestar y entonces Tenten no le pediría perdón y no le invitaría el desayuno. Lo que más le dolía era lo que no sucedería, la rutina de cada semana; lunes de ramen con Naruto, martes de duraznos frescos, miércoles de té, jueves de ron, viernes de onigiris, y por último los sábados y los domingos libres.

No tenía sentido seguir yendo al bar, ni al ramen, ni a entrenar si al final él no estaría para hacerle compañía, y decirle que era una ninja fuerte y le gustaba que no se descolorara el vello de la cara, porque eso sólo lo hacían las flojas que no tenían más que hacer que esperar al corcel en la torre de la bruja.

—Y tú matas a la bruja y salvas a Lee que se cocina a fuego lento en la caldera. —había dicho Neji como cumplido una noche de luna llena en la que Tenten se sentía especialmente inútil y fea.

Tomó la espada que reposaba a su lado, se ató el protector al pantalón y se dirigió a la entrada de Konoha, encontrándose a Gai en el camino.

—¿A dónde vas?

—Voy a comprar un canario.

—¿Para qué?

Se encogió de hombros y sonrió, dejando Konoha atrás. Para amarlo y liberarlo, Gai-sensei. Tal vez dejando libre a un ave, pudiese encontrar el significado de la nueva hoja. Buscaría un motivo y se lanzaría a quemarropa para protegerlo. Sólo entonces la muerte y el amor tendrían sentido.


Aquí está. Bueno, no es tan triste, ¿cierto? Quiero pensar que no.

No tengo más que decir. Mas que espero que alguien me haga un dibujo de Lee en la caldera :D XD ¡Hasta la próxima!