Hola,

he tardado un poco en publicar pero aquí está... Un nuevo capítulo de "comienzos"; una visión diferente de cómo pudieron haberse conocido Jane y Lisbon, cómo pudo haber comenzado su relación...

Espero que les guste y comenten qué les ha parecido

Un saludo!


Patrick Jane entró en el bar pensando en disfrutar de una copa, o dos, junto a Harry, el dueño, al que, entre borracheras, le había contado media vida alguna que otra vez. Pero en esta ocasión se trataba solamente de una copa, no para olvidar, como anteriormente, sólo por el hecho de que le apetecía disfrutar de un vaso de MacCallan, liberar un poco de tensión.

Se sentó en la barra, como siempre, y esperó. Harry estaba entretenido con alguien al otro lado.

-Ey, Bob, otra aquí, por favor – soltó una mujer con la voz ronca y un deje de desgana que le intrigaba.

Jane la escuchó y sonrió sin mirarla. La cara de Harry era cómica.

-¿Qué hay Patrick? ¿Lo de siempre? – dijo al llegar a su lado tras servir a la chica. Parecía estar deseando poder dejar de atender a esa clienta en particular, y la llegada de Patrick le brindaba la oportunidad perfecta.

-Sí, whisky para mí – no pudo reprimir una sonrisa - ¿Todo bien con la clientela esta noche, Bob?

El tipo bufó al escuchar ese nombre que no era el suyo y le sirvió la copa al tiempo que bajaba la voz y echaba una mirada de reojo al lado de la barra donde estaba la chica.

-Es una chica guapa – le explicó – de esas por las que perderías el sentido, y además es policía, ya sabes, una chica dura. No viene mucho por aquí, pero es que hoy ya lleva al menos cinco copas y cada vez que me pide una me llama Bob. Y no me preguntes por qué.

Jane rió por lo bajo hasta que en un intento de mirar a la mujer con discreción se percató de que la conocía. No era otra que la agente Teresa Lisbon. Entonces su cara cambió.

-Oh, no…

-Patrick, no me digas que la conoces…

No eran muchas las cosas que lograran confundirle hoy en día, pero encontrar a esa muchacha allí, bebiendo hasta la embriaguez, lo hacía. No sólo no esperaba encontrarla sino que no esperaba encontrarla en ese estado. ¿Qué había pasado en el transcurso de esa semana para que bebiera como si hubiera perdido algo vital? Al despertar aquella mañana, después de haberse acostado con ella, un tanto abrumado, había decidido dar un paseo al amanecer. Necesitaba aire fresco, necesitaba pensar en lo que había sucedido entre ellos, en todo lo que había pasado aquellos días: la resolución de su caso, ser sospechoso, conocer a la agente Lisbon. Se había puesto lo primero que había pillado por el suelo y había salido sin hacer ruido. Había llegado cerca del puente, neblinoso y en silencio a esas horas. Tomar distancia le hizo bien, le ayudó a no tener miedo, a intentar tomar las cosas como llegaban, pues ahora que el asesino de su familia había muerto, necesitaba replantearse la vida, nuevas expectativas, nuevas perspectivas. Volvería a su apartamento y esperaría a ver qué pasaba. Pero cuando llegó, ella ya no estaba. Se había marchado de manera furtiva. Había huido. Eso debería haberle dado respuestas suficientes. No la había visto más hasta aquella mañana cuando lo habían mandado llamar a las oficinas de la policía para un nuevo interrogatorio o "entrevista con un sospechoso", como lo llamaban ellos. Evidentemente no habían obtenido nada, pues él no había hecho nada. Aunque le estaba costando convencer al tal Samuel Bosco quien, a pesar de no tener pruebas, estaba empecinado en cargarle las culpas de algo que no había hecho, y no por falta de intención. Si él hubiera podido capturar al asesino de su familia… Volvió al presente antes de que sus pensamientos tomaran un rumbo delicado.

-Pues sí. La…la conozco… - se levantó y se dirigió a ella – Agente…Teresa.

Entonces ella se dio la vuelta y le miró tan sorprendida como él. Además de un poco disgustada.

-No puede ser – murmuró.

-¿Estás…qué haces aquí?

-Tomar una copa.

-Cinco según Harry.

-¿Quién demonios es Harry?

-Harry es quien te ha estado sirviendo las copas.

-¿Seguro? – frunció el ceño mirando con desconfianza al camarero para luego volver a Jane.

-Sí, Harry es el dueño y por eso este lugar – miró alrededor alzando una mano – se llama Harry's.

-Ooh, - arqueó las cejas ante aquella repentina revelación y asintió antes de volverse al barman una vez más – Ponme otra, Bob, Harry….lo que sea.

Harry miró a Jane en busca de aprobación, éste hizo una leve señal antes de hablar.

-No más copas para la señorita – dijo.

-Otra, por favor – y con un ágil movimiento sacó la placa y la puso de golpe sobre la barra.

-Será mejor que yo guarde esto de momento – dijo cogiendo la placa y metiéndola en uno de sus bolsillos.

Harry miraba la escena en silencio, preguntándose qué clase de relación tenían aquellas dos personas.

-Te llevaré a casa – dijo Jane.

-Perfecto – soltó ella por lo bajo – Primero me echan del trabajo por tu culpa y ahora no puedo pasar un rato tranquila.

-Creo que ya has pasado suficiente rato tranquila – dijo mientras hacía un esfuerzo tomándola por debajo del brazo para llevársela.

-No estoy borracha, si es eso lo que quieres decir. Puedo caminar – se zafó del brazo de Jane, sacó unos billetes del bolsillo del vaquero y los puso encima de la mesa para luego despedirse del dueño del bar con la mano.

-Sin duda es de las duras, Patrick – dijo cuando ella ya hubo traspasado el umbral de la puerta, no sin cierto esfuerzo – Ten cuidado.

-Sí, es una cabezota – suspiró mirando a la puerta por la que acababa de salir – casi tanto como yo… Nos vemos, Harry.

-Adiós, Patrick – dijo el hombre sonriendo.

Una vez fuera del local, donde hacía más frío del que habría esperado, Jane se acercó cautelosamente a la agente.

-¿Todo bien? – preguntó inclinándose junto a su oreja. El contraste de su aliento caliente hizo que Lisbon diera un respingo.

-Perfecto – dijo apartándose, desdeñando su compañía.

-¿Has traído coche?

-No – Teresa rodó los ojos. ¿De verdad pensaba que era tan estúpida como para ir en coche a tomar una copa?

-Vale – dijo mirando alrededor a ambos lados de la calle – Taxi entonces.

Después de ayudarla a subir al taxi, le dio la dirección de su hotel. No sabía dónde vivía Teresa Lisbon. En realidad, no había muchas cosas que supiera de ella.

No era la primera vez que Teresa bebía, y honestamente era bastante resistente. Aún así, no pudo evitar que sus piernas fallaran, eso y su visión un tanto imprecisa la hicieron tropezar en el primer escalón del salón y caer sentada sobre el segundo. Jane estaba a unos pasos y no le dio tiempo de sujetarla. En cuanto su trasero dio contra el suelo comenzó a llorar como una niña pequeña tapándose la cara con las manos. Era ridículo, pero las tensiones del día habían sido demasiadas. Jane se acercó a ella y se sentó a su lado. Su mano tanteó su espalda con indecisión hasta que finalmente la posó en un lado y la deslizó afectuosamente arriba y abajo.

-Heey – susurró suavemente - ¿Va todo bien?

-No, no va bien – dijo apartando las manos de su rostro – Nada va bien desde que tú llegaste.

-Vamos, Teresa– fue tomando confianza, se acercó más a ella y con una mano tomó su cara intentando que lo mirara – Venga, ¿qué pasa?

Ella lo miró de manera fulminante, y en ese mismo instante supo que prefería a la Lisbon malhumorada, y aún sexy, que a la Lisbon de ojos llorosos. Ella no era la pobre chica sensible a la que consolar, eso había quedado claro desde el principio, como también estaba claro que ella no quería ser consolada.

-No me llames así– replicó – No lo hagas.

Estaba tratando de poner distancia entre ambos. A él no le hacía demasiada gracia, pero lo dejaría correr. Ahora todas sus fuerzas irían encaminadas únicamente a descubrir qué ocurría para que estuviera afectada de ese modo; pero antes de que pudiera siquiera intentarlo la detective se quedó dormida con la cabeza sobre su hombro.

OoOoO

Cuando Teresa despertó, lo primero que sintió fue una intensa luz traspasar sus parpados y un martilleo constante en la cabeza. ¿Cuánto había bebido? Ni siquiera recordaba haber salido del bar o…

-Hmm- lo último que recordaba era su horrible conversación con Bosco-

La cabeza le iba a estallar.

Cuando estuvo suficientemente preparada abrió los ojos, parpadeó unas cuantas veces y se llevó una mano a la sien. Tenía el pelo un poco enmarañado, la boca seca y la frente sudorosa, pero las sábanas que tapaban su cuerpo estaban frescas. Frescas y con un olor…nada familiar. Fue entonces cuando miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en una habitación que no era la suya. Se incorporó repentinamente. El movimiento hizo que le volviera a latir la cabeza y que la sábana se deslizara dejando claro que estaba en ropa interior.

-Por fin despiertas –Esa voz sí que la conocía. Se giró hacia ella. Patrick Jane, su principal problema en aquel momento y la última persona a la que querría ver estaba allí sentado, en un sillón de lo que parecía ser la habitación de su hotel. La misma habitación en la que…– Buenos días.

-¿Qué hago aquí?

-No podía llevarte a tu casa porque no sé tu dirección.

-Me desvestiste— Le recriminó.

-Sí, pensé que estarías mucho más cómoda. ¿Necesitas algo? ¿Una aspirina?

Estaba sonriendo. ¿Por qué demonios ese tipo se sentaba frente a ella sonriendo cuando ella estaba hecha una porquería pasando por la humillación de recordar cómo se había comportado la noche anterior?

-Pensaba que como policía tendrías mucho más aguante.

-Te dispararía si tuviera mi pistola encima –volvió a llevarse la mano a la cabeza- Dame una aspirina, por favor.

Le llevó una aspirina y un vaso de zumo. Después de que diera un trago, Jane siguió hablando.

-Anoche dijiste que te habían echado del trabajo y que era culpa mía. ¿Qué ha pasado?

-¿Dices a parte del hecho de que me he acostado con un sospechoso, algo que ni la novata más estúpida haría?

Era la primera vez que se mencionaba lo que había pasado entre ellos pero aquellas palabras dejaban claro que la agente se arrepentía.

-¿Tan malo fue? – La tentación de jugar con ella era irresistible. Sus ojos se volvían de fuego y su cara enrojecía. Después de todo lo que había pasado era nuevo para él restarle importancia al tema de una conversación.

-No estoy de broma. Todo esto es un maldito desastre. ¡Eres un sospechoso! ¡De asesinato! Y fui tan inconsciente para…—No pudo terminar la frase—Y ahora mi jefe lo sabe y me ha apartado del caso. Puedo dar gracias porque no se haya enterado nadie más. Bosco lo ha ocultado.

-¡Qué generoso! –La mirada que le lanzó Lisbon le hizo callar – ¡Por Dios! Está seguro de que fui yo. No sé qué es lo que tiene contra mí. ¿Que era un psíquico mentiroso, que por mi culpa mi familia murió, que juré que si me encontraba con su asesino lo mataría yo mismo? No tiene pruebas y tú lo sabes. ¿Por qué lo defiendes?

-¿Te parece poco el hecho de que sea mi jefe, aparte de un buen profesional?

-Un buen profesional que se está equivocando de todas, todas. — Patrick Jane se giró hacia la pared pinzando el puente de la nariz con sus dedos. Estaba cansado de discutir sobre aquello. Lisbon lo entendía, ella también lo estaba.

-Sé que no fuiste tú, pero eres la apuesta más segura, el primer sospechoso. Tú estabas más involucrado que nadie con John el Rojo, colaborabas con la policía en el caso. Fue directamente a por ti. El caso es que…

-Sí, sí, ahora tengo que fastidiarme y aguantar a Bosco siguiéndome como un Pitt Bull cabreado. ¿Qué hará si no consigue pruebas que acrediten mi inocencia? ¿Acabaré en la cárcel por algo que no he hecho?

-Eso no pasará. Bosco es un hombre justo.

-Sí, ya lo veo –Su tono destilaba sarcasmo.

Nadie había logrado capturar al asesino de su familia y de otras tantas y, ahora, en lugar de buscar las verdaderas respuestas, iban contra los inocentes, una vez más.

-De todas formas nos estamos desviando del tema. ¿Sueles salir sola a emborracharte hasta perder el sentido?

-No perdí el sentido.

-Lo habrías hecho si Harry no hubiera dejado de servirte.

-Acababa de perder mi trabajo.

-No lo has perdido, sólo te han sacado de un caso.

-Es lo mismo. He perdido la confianza de mi superior. ¿Qué crees que pasará a partir de ahora? No me dejará vivir sin recordar cada día el error que cometí.

¡Auch! Eso dolía. Nadie se había arrepentido de haber hecho el amor con Patrick Jane.

-¡Es sólo un trabajo!

-Es mi vida, Jane –El ambiente estaba caldeado, ambos alzaban la voz exponiendo con vehemencia sus argumentos— No tengo nada más que mi trabajo.

-Seguramente tienes por ahí alguien que te quiere, familia, aunque sea lejana. Hay personas que ya no tenemos nada; nada de nada.

"¡Me cachis!" Se había pasado. Estaba pensando únicamente en sí misma y ahí estaba ese hombre desgraciado al que le habían arrebatado lo más preciado que tenía. Miró hacia otro lado antes de hablar.

-No pretendía decir algo así.

-Lo sé y yo no pretendo que te sientas culpable por ello. Lo que quiero que entiendas es que tu carrera policial no lo es todo. Además, estarás bien. Está claro que eres una buena detective.

Hubo un silencio demasiado largo.

-Será mejor que te quedes y duermas. Todavía es temprano. Y yo necesito descansar.

Sin decir más salió de la habitación y la dejó allí sola. Justo lo que necesitaba: tiempo para flagelarse. Se volvió a tumbar en la cama y durante un rato continuó dándole vueltas a la última semana. ¡Y qué semana! Habían encontrado muerto a un asesino, se había visto envuelta en una relación íntima con el principal sospechoso, su jefe la había apartado del caso y, para terminar bien la semana, se había pillado una buena cogorza.

Mientras miraba el techo de la habitación aguzando el oído para escuchar qué hacía Jane al otro lado de la puerta, los párpados se le cerraron y volvió a quedarse dormida.