Hola¡

Antes de irme a dormir quería dejar colgado un capítulo nuevo. Espero que lean y les guste y, a poder ser, unos cuantos comentarios sobre qué les parece. Eso sería genial la verdad porque me encanta saber qué opinan.

Gracias por los reviews¡

Buenas noches¡


Cuando Teresa despertó, lo primero que sintió fue una intensa luz traspasar sus parpados y un martilleo constante en la cabeza. ¿Cuánto había bebido? Ni siquiera recordaba haber salido del bar o…

-Hmm- lo último que recordaba era su horrible conversación con Bosco.

La cabeza le iba a estallar.

Cuando estuvo suficientemente preparada abrió los ojos, parpadeó unas cuantas veces y se llevó una mano a la sien. Tenía el pelo un poco enmarañado, la boca seca y la frente sudorosa, pero las sábanas que tapaban su cuerpo estaban frescas. Frescas y con un olor…nada familiar. Fue entonces cuando miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en una habitación que no era la suya. Se incorporó repentinamente. El movimiento hizo que le volviera a latir la cabeza y que la sábana se deslizara dejando claro que estaba en ropa interior.

-Por fin despiertas –Esa voz sí que la conocía. Se giró hacia ella. Patrick Jane, su principal problema en aquel momento y la última persona a la que querría ver estaba allí sentado, en un sillón de lo que parecía ser la habitación de su hotel. La misma habitación en la que…– Buenos días.

-¿Qué hago aquí?

-No podía llevarte a tu casa porque no sé tu dirección.

-Me desvestiste— Le recriminó.

-Sí, pensé que estarías mucho más cómoda. ¿Necesitas algo? ¿Una aspirina?

Estaba sonriendo. ¿Por qué demonios ese tipo se sentaba frente a ella sonriendo cuando ella estaba hecha una porquería pasando por la humillación de recordar cómo se había comportado la noche anterior?

-Pensaba que como policía tendrías mucho más aguante.

-Te dispararía si tuviera mi pistola encima –volvió a llevarse la mano a la cabeza- Dame una aspirina, por favor.

Le llevó una aspirina y un vaso de zumo. Después de que diera un trago, Jane siguió hablando.

-Anoche dijiste que te habían echado del trabajo y que era culpa mía. ¿Qué ha pasado?

-¿Dices a parte del hecho de que me he acostado con un sospechoso, algo que ni la novata más estúpida haría?

Era la primera vez que se mencionaba lo que había pasado entre ellos pero aquellas palabras dejaban claro que la agente se arrepentía.

-¿Tan malo fue? – La tentación de jugar con ella era irresistible. Sus ojos se volvían de fuego y su cara enrojecía. Después de todo lo que había pasado era nuevo para él restarle importancia al tema de una conversación. Resultaba liberador poder bromear.

-No estoy de broma. Todo esto es un maldito desastre. ¡Eres un sospechoso! ¡De asesinato! Y fui tan inconsciente para…—No pudo terminar la frase—Y ahora mi jefe lo sabe y me ha apartado del caso. Puedo dar gracias porque no se haya enterado nadie más. Bosco lo ha ocultado.

-¡Qué generoso! –La mirada que le lanzó Lisbon le hizo callar – ¡Por Dios! Está seguro de que fui yo. No sé qué es lo que tiene contra mí. ¿Que era un psíquico mentiroso, que por mi culpa mi familia murió, que juré que si me encontraba con su asesino lo mataría yo mismo? No tiene pruebas y tú lo sabes. ¿Por qué lo defiendes?

-¿Te parece poco el hecho de que sea mi jefe, aparte de un buen profesional?

-Un buen profesional que se está equivocando de todas, todas. — Patrick Jane se giró hacia la pared pinzando el puente de la nariz con sus dedos. Estaba cansado de discutir sobre aquello. Lisbon lo entendía, ella también lo estaba.

-Sé que no fuiste tú, pero eres la apuesta más segura, el primer sospechoso. Tú estabas más involucrado que nadie con John el Rojo, colaborabas con la policía en el caso. Fue directamente a por ti. El caso es que…

-Sí, sí, ahora tengo que fastidiarme y aguantar a Bosco siguiéndome como un Pitt Bull cabreado. ¿Qué hará si no consigue pruebas que acrediten mi inocencia? ¿Acabaré en la cárcel por algo que no he hecho?

-Eso no pasará. Bosco es un hombre justo.

-Sí, ya lo veo –Su tono destilaba sarcasmo.

Nadie había logrado capturar al asesino de su familia y de otras tantas y, ahora, en lugar de buscar las verdaderas respuestas, iban contra los inocentes, una vez más.

-De todas formas nos estamos desviando del tema. ¿Sueles salir sola a emborracharte hasta perder el sentido?

-No perdí el sentido.

-Lo habrías hecho si Harry no hubiera dejado de servirte.

-Acababa de perder mi trabajo.

-No lo has perdido, sólo te han sacado de un caso.

-Es lo mismo. He perdido la confianza de mi superior. ¿Qué crees que pasará a partir de ahora? No me dejará vivir sin recordar cada día el error que cometí.

¡Auch! Eso dolía. Nadie se había arrepentido de haber hecho el amor con Patrick Jane.

-¡Es sólo un trabajo!

-Es mi vida, Jane –El ambiente estaba caldeado, ambos alzaban la voz exponiendo con vehemencia sus argumentos— No tengo nada más que mi trabajo.

-Seguramente tienes por ahí alguien que te quiere, familia, aunque sea lejana. Hay personas que ya no tenemos nada; nada de nada.

"¡Me cachis!" Se había pasado. Estaba pensando únicamente en sí misma y ahí estaba ese hombre desgraciado al que le habían arrebatado lo más preciado que tenía. Miró hacia otro lado antes de hablar.

-No pretendía decir algo así.

-Lo sé y yo no pretendo que te sientas culpable por ello. Lo que quiero que entiendas es que tu carrera policial no lo es todo. Además, estarás bien. Está claro que eres una buena detective.

Hubo un silencio demasiado largo.

-Será mejor que te quedes y duermas. Todavía es temprano. Y yo necesito descansar.

Sin decir más salió de la habitación y la dejó allí sola. Justo lo que necesitaba: tiempo para flagelarse. Se volvió a tumbar en la cama y durante un rato continuó dándole vueltas a la última semana. ¡Y qué semana! Habían encontrado muerto a un asesino, se había visto envuelta en una relación íntima con el principal sospechoso, su jefe la había apartado del caso y, para terminar bien la semana, se había pillado una buena cogorza.

Mientras miraba el techo de la habitación aguzando el oído para escuchar qué hacía Jane al otro lado de la puerta, los párpados se le cerraron y volvió a quedarse dormida.

OooOooO

Cuando despertó, el dolor de cabeza prácticamente había desaparecido. No obstante, un latido permanecía de fondo recordándole la estupidez que había hecho al beber de aquella manera, algo que se prometió no hacer después de haber visto a su padre beber hasta la inconsciencia o hasta perder visión de quién era y de lo que hacía.

En aquella ocasión recordó al instante dónde se encontraba. Estaba en la habitación del alojamiento que Patrick Jane había alquilado provisionalmente durante su estancia en la ciudad. Recordaba también la conversación que había mantenido con él. Sobre la mesilla de noche había un vaso de zumo. La luz seguía entrando por la ventana, iluminando toda la habitación, pero no sabía qué hora era. Se desperezó y, al hacerlo, sintió el olor de Jane aún impregnado en las sábanas. Por suerte, él no estaba allí. Había tenido la delicadeza de irse a dormir a otro lado. Aunque no sabía a dónde, pues por lo que había podido observar del poco tiempo que había estado allí, aquel apartamento no tenía más que una habitación.

Sin atreverse a salir aún de la habitación se metió en el baño para ducharse y vestirse antes de encarar de nuevo a su anfitrión. Tomó prestada una camisa que encontró en uno de los armarios. Era grande y parecía bastante cómoda. Desde luego era mejor que pasearse en ropa interior. Permitió que el agua caliente calmara su cuerpo y relajara sus huesos. Sintiéndose renovada y aprovechándose del silencio que reinaba, se dejó guiar por su instinto de policía y paseó por la habitación observando las posesiones de aquel medio desconocido que dormía en el cuarto contiguo. Pero mientras lo hacía, se dio cuenta de que las cosas que había allí no decían nada del hombre, de lo que había debajo de su armadura. A simple vista, su vida estaba tan vacía como la de ella. "¿Qué esperabas? Es un hombre que ha vivido una tragedia", le respondió una voz en su interior.

Tras aquella infructuosa inspección, decidió salir de la habitación.

Pronto descubrió donde estaba Patrick Jane. Durmiendo en un sofá que, a pesar de no parecer muy confortable, daba cabida a todo su cuerpo mientras dormía profundamente. Llevaba la ropa puesta y colocaba una mano bajo su mejilla como un niño. Se permitió mirarlo sin interrupciones. Un hombre complicado vagando con demasiado equipaje a sus espaldas. Las arrugas perfilaban las esquinas de sus ojos, su boca tenía un rictus serio. Siempre le había parecido un hombre triste y serio desde la primera vez que lo vio hablando a solas con Bosco, a unos metros de donde el equipo se encontraba. Tenía confusión y cansancio en la mirada. Y no era para menos, su familia había muerto de una manera horrible y él llevaba desde entonces buscando a su asesino.

Un movimiento la sacó de sus pensamientos. Jane estaba despertando.

-Espero que no te importe, me he duchado y te he cogido una camiseta –Le dijo tirando de la camisa hacia abajo.

-Tranquila, no hay problema. Sin duda te queda mejor que a mí —La mirada que le lanzó más que incomodarla le calentó la sangre e hizo que se sonrojara. Desvió la mirada y se aclaró la garganta —.

-Necesito un café —Su voz sonó un poco más azorada de lo que pretendía.

De pronto Jane soltó una carcajada que no le había escuchado nunca. El sonido llenó la sala.

-Te has sonrojado.

-No es verdad –Le discutió.

-¡Vamos! Pues claro que es verdad. Estás colorada — Se había despertado bastante bromista— No estás acostumbrada a que flirteen contigo. Vale, lo entiendo, trabajas mucho y no sales demasiado, pero tal vez deberías dejarte llevar de vez en cuando.

¡Como si no se hubiera dejado llevar ya suficiente!

-Te digo que cometimos un error al acostarnos y sigues intentando seducirme…no pienso caer de nuevo —Farfulló.

-¿Quieres apostar algo? – Sabía que sólo intentaba aligerar la tensión pero por qué tenía que mostrarse tan pagado de sí mismo.

-Seguro que en el instituto todas las chicas caían rendidas ante tus encantos.

-No lo sé. Nunca fui al instituto.

-¿Entonces es cierto? ¿Pasaste parte de tu juventud como un estafador errante?

-Sí, totalmente cierto.

-¿De dónde sacas entonces los conocimientos que tienes? Es decir, eres inteligente, bastante culto y obviamente sabes leer y escribir. No eres ningún iletrado.

-Vaya, es la primera vez que me haces un cumplido, agente —Lisbon le lanzó una mirada que le decía a las claras que no estaba de broma. — Vale, si te refieres a dónde he aprendido todo lo que sé sobre estafas y mentiras…eso, sí, lo aprendí de mi padre. Todo lo demás, bueno, supongo, que puedes llamarme autodidacta.

-Desde luego no lo has tenido fácil.

Mientras hablaban, se movieron hacia la cocina. Jane empezó a moverse entre café y tazas.

-Creo que tú tampoco –La miró por el rabillo del ojo. Ella estaba poniendo cara de "¿qué quieres decir?"

-Sí, bueno, todos tenemos algo difícil en nuestro haber –Lisbon agradeció que no continuara con la conversación. No le gustaba hablar de ello y no había necesidad de preguntar cómo lo sabía. En los departamentos de policía también podía hablarse más de la cuenta o, tal vez, fue ella misma la noche anterior estando ebria.

Continuaron sentados a la pequeña mesa de comedor en la que se había establecido una tranquila y cómoda charla. Al ver el ritual con el que se preparaba la bebida le preguntó:

-¿No bebes café?

-Jamás. Prefiero el té. Deberías probarlo, es mejor que el café. Es antioxidante, no tan excitante como el café y no arruga la piel ni obstruye las arterias.

-¡Vaya! ¿Te pagan por hacer esa publicidad?

Él rodó los ojos con una mueca bastante peculiar. Sí, Teresa Lisbon era una gruñona por las mañanas, especialmente con una resaca.

Pasaron la mañana hablando sin mencionar asesinatos, jefes o trabajo, dejando los temas delicados a un lado hasta que Jane mencionó:

-Y ahora, ¿qué vas a hacer?

-Bosco me ha relevado así que ya no tengo caso y no tengo que ir hasta el lunes. Además es más que probable que me tenga haciendo papeleo—Suspiró.

-Así que tienes el fin de semana libre —Masculló más para sí mismo.

-Volveré el lunes si es que aún tengo trabajo.

-Claro que lo tendrás. No has matado a nadie, Teresa.

Para ella no estaba tan claro que Bosco fuera a ser tan comprensivo y benevolente.

-Por cierto, nunca me contaste cómo se enteraron de que habías pasado la noche aquí.

-Muy fácil. Desde que te convertiste en una persona de interés para el caso fuiste vigilado día y noche. Ni siquiera yo fui informado.

-Es una pena –Dijo pensativo— Si lo hubiera sabido, habría aprovechado para portarme un poco mal.

-¿Portarte un poco mal?—Repitió con desconfianza.

-Sí, ya sabes…Dar rodeos, conducir durante horas por toda la ciudad, meterme en clubes de striptease, pasarme horas en una peluquería.

-¡Vaya! Veo que lo tienes todo pensado.

-Claro, no todos los días se es el principal sospechoso de un caso de alto interés.

Lisbon contrajo la cara en una mueca de desagrado. No le gustaba que frivolizara con ese tema. Puede que Bosco se estuviera equivocando, y así lo creía ella, pero el trabajo que hacía su equipo y la presión que soportaba era enorme. Y, por otro lado, ser sospechoso no podía tomarse tan a la ligera.

-¿Sabes lo que necesitamos?

-¿Qué?

-Un paseo por la bahía.