Buenas noches!
Capítulo cortito esta vez, se acerca el final del fic...
Espero que les guste y que comenten qué les ha parecido.
Saludos!
Pasaron el día en la bahía, paseando por la playa, charlando como si nada pasara a su alrededor, como si él no estuviera investigado como sospechoso, como si ella no se hubiera involucrado sentimentalmente con el sospechoso de un caso. Tomaron helado en cucurucho (algo que no hacía desde hacía años), pasearon descalzos por la orilla dejando que la arena mojada acariciara sus pies y el agua de las olas acabara entre sus dedos. Para Teresa fue un buen descanso pues, aunque en los momentos de silencio miraba hacia el horizonte replanteándose su futuro, la frescura de una tarde de sábado junto al mar y poder caminar sin un rumbo determinado calmaron sus nervios y ansias. De vez en cuando miraba a Jane, preguntándose qué pensaba, qué haría, qué sería de su vida a partir de ahora. Sin duda podría comenzar de cero, puesto que el asesino de su familia había desaparecido para siempre.
El fin de semana pasó y llegó el lunes con nuevos retos. Volvió a la oficina a las ocho de la mañana. Por alguna razón, no sabía si su propia paranoia o argumentos reales, las cosas no volvieron a ser lo mismo. Pasó los dos primeros días preparando el papeleo de los casos anteriores y de los informes que debía llevar al Tribunal. El miércoles tuvo una vista en los juzgados en la que tenía que hacer de testigo de la fiscalía como agente que había llevado el caso.
El jueves por la mañana llegó un caso nuevo del que Bosco la puso al tanto y en el que trabajó con Haskill, su compañero, mientras los demás seguían algunas de las pistas del caso John el Rojo. Esperaba, en secreto, que nada que tuviera que ver con Patrick Jane. Estaba segura de que él no había podido hacer nada. A lo mejor era una ilusa al pensarlo, pero no le veía capaz de infligirle esas heridas. Si lo hubiera matado, seguramente lo habría hecho de forma rápida, una bala o algo así. Nada de tortura ni exposición pública.
Estaba segura de que nadie más que Bosco y ella sabían lo que había ocurrido con Jane, pero eso no evitaba que mirara a su alrededor nerviosa cada vez que llegaba a la oficina o que aún no casi no pudiera mirar a su jefe a la cara. Él tampoco la miraba mucho, a decir verdad. Y eso la estaba matando, la vergüenza, la decepción que dejaba traslucir. Ya nada sería lo mismo con Bosco.
El caso que le habían encomendado no había tenido especial dificultad. Una mujer asesinada en su casa de un disparo en el corazón. ¿Principal sospechoso? El marido, como siempre. ¿Era realmente el culpable? No. Tras un interrogatorio con el esposo y una ardua investigación, descubrieron que era una pareja abierta, un matrimonio de varios años que la rutina había apagado; esa situación les había llevado a intentar refrescar su relación o más bien encenderla asistiendo a reuniones en clubes de cambios de pareja, teniendo relaciones con otras personas, creando fantasías. Ella no era quien para juzgar, sólo repasaba lo que las pruebas le indicaban. Y las pruebas indicaban que uno de los hombres con los que habían intimado se había obsesionado con la mujer y al no querer ella divorciarse de su marido ni seguir con la relación, la había asesinado. De hecho, la conexión la habían establecido porque en las fotografías de la escena del crimen, detrás de la barrera policial habían visto a ese hombre observando todo lo que ocurría a su alrededor, un hombre al que habían reconocido e identificado como Ian Ross, que había mantenido una relación, al menos de carácter sexual, con la víctima.
Pensando en ese caso, un repentino fogonazo que acudió a su mente, una idea que no fue capaz de desarrollar, un recuerdo quizás, pero desapareció de su mente de manera tan fugaz como había llegado. Sabía que no era nada que tuviera que ver con el caso, estaba cerrado, más que cerrado tras la confesión del tipo. Era otra cosa, algo que no lograba identificar.
Los días pasaron entre papeleo, informes de pruebas y pistas sobre casos. No supo nada de Jane. Tampoco es que tuviera demasiado tiempo. Tenía mucho trabajo, tareas que acometía con profesionalidad pero sin excesivo entusiasmo. Era como si, inconscientemente, su cuerpo y su mente le dijeran que su tiempo allí había terminado.
OoOoO
Samuel Bosco le había llamado de nuevo a las oficinas de la policía de San Francisco. ¿Qué sería esta vez? Sin embargo, no le habían llevado como detenido, sólo "para unas
preguntas, nueva información" le habían explicado.
Casi pasaba más tiempo allí que en cualquier otro sitio: Departamento de policía de San Francisco, homicidios. Aquellas oficinas de mesas colocadas una frente a otra, abarrotadas de carpetas y lapiceros, con viejos ordenadores que, pese a su ignorancia en cuanto a tecnología, podía asegurar que necesitaban un cambio, pizarras magnéticas llenas de fotos y anotaciones escritas a rotulador. Todo aquello le daba cierta sensación de desazón, tristeza y…rechazo, sentimientos que se encontraban con los de desconcierto, nostalgia (porque hubo un tiempo en que él mismo fue parte de aquello, quizás el único en que se sintió verdaderamente útil)…
-Hemos recibido una carta –Le informó Bosco en cuanto le recibió en su despacho.
Estaba a punto de preguntar algo cuando le enseñó una hoja de papel metida en una bolsa de pruebas a través de la cual se veía el contenido de la carta a la perfección.
¿AÚN NO TENÉIS NADA? YO MATÉ A JOHN EL ROJO
NO SABÉIS NADA. NUNCA LOGRASTÉIS CAPTURARLO A ÉL Y NO ME PILLARÉIS A MI TAMPOCO. AL MENOS NO HASTA QUE YO LO DECIDA.
Al final de la carta el inconfundible símbolo de John el Rojo. La cara sonriente escrita en rojo.
