Hola,

Aquí vengo con una nueva entrega del fic. Me había retrasado un poco por falta de tiempo pero ahora estoy escribiendo y tras darle vueltas al final, parece que éste se ha encaminado y que el fic está cerca de terminar. También estoy con otros fics, o mejor dicho otro fic, que lleva bastante tiempo inconcluso.

Bueno, pues les dejo con la lectura. Espero que les guste y que puedan comentar qué les parece. También gracias por los reviews que me han dejado :D

Saludos¡


Hacía días que Jane no sabía de Teresa, la inspectora de homicidios Teresa Lisbon, y ahora sentía la imperiosa necesidad de verla. La única persona a la que conocía, que tenía como aliada en aquella ciudad, la única que sabía de su sufrimiento y que podía menguarlo. La única persona con la que podría hablar y desahogarse libremente o no hablar y aun así sentirse mejor.

Tenía que verla y ponerla al día de lo que estaba pasando.


Patrick la había llamado. Quedaron en un parque donde se sentaron, café en mano. No había dormido demasiado la noche anterior debido a unos informes atrasados. Pero a la luz de los nuevos acontecimientos todo el cansancio de su cuerpo desapareció dejando paso a su afilado instinto de policía.

-¿Bosco tiene alguna pista?

-No, no lo parece. Al menos no me dijo nada a mí. Pero lo cierto era que parecía bastante perdido. Después de pensar que ya lo tenía, supongo que es normal. Esa carta…Bueno, ha sido una bomba en medio de la tranquilidad.

-Aún no sabemos si la amenaza es real –Le dijo con palabras suaves y un roce en su mano intentando tranquilizarlo a pesar de que ella también estaba preocupada.

-Es real Teresa, estoy seguro—Él estaba mirando al horizonte, su expresión decía a las claras que sus pensamientos estaban muy lejos de allí.

-Si es real, Patrick, lo detendremos.

-¿De verdad lo crees? ¿O pasaremos diez años intentando seguirle la pista, sin avance alguno hasta que esa persona decida que es hora de salir a la luz o dejar de matar o…?

-No seas sarcástico.

-No puedo dejar de serlo, Teresa. Esto es…

-Lo sé –Le apretó la mano intentando trasladarle fuerza a través de ese roce. — Vamos, te llevo a casa.


Bosco estaba inquieto, furioso, concentrado. Algo pasaba, podía notarlo. Y por Jane sabía que se debía a las nuevas noticias acerca del caso "John el Rojo". Lo supo por él antes de que el revuelo se tornara palpable en las oficinas. El equipo de Bosco, del que ya no formaba parte, al menos para aquel caso, iba de un lado para otro intentando encontrar pistas, presionando a los forenses y personal de criminalística para que le dieran algo útil. La tensión se mascaba en el ambiente.

Había varios casos abiertos a parte del asesinato de John el Rojo, y Teresa estaba inmersa en ellos, más asesinatos pasionales, más envenenamientos, más tiroteos en las calle…

Una tarde entró en el despacho de su jefe, esperando no tener que cruzarse con él. Su relación había cambiado desde que éste se enterara de que había tenido una relación íntima con su principal sospechoso. No podía reprochárselo, al fin y al cabo, ella misma se había dado cuenta de que aquello iba en contra de las reglas además de ir en contra de todos sus principios.

Mientras dejaba el informe del caso Thompson encima de su mesa, justo cuando se daba la vuelta para salir, no pudo evitar fijar su mirada en la pizarra donde se hallaban todas las fotos y notaciones del caso John el Rojo. Se le revolvió el estómago al ver la escena del crimen, paseó la mirada por las diferentes fotografías donde la cinta amarilla acordonaba la calle separando a los curiosos y transeúntes de la zona en la que la policía y el forense trabajaban.

Había algo en aquellas fotos…

No sabía cuánto tiempo llevaba observándolas cuando Bosco apareció en el quicio de la puerta haciendo que se sobresaltara visiblemente.

-Teresa.

-Bosco – Esperaba no llevarse una bronca por estar repasando pruebas de un caso que tenía vetado.— El informe Thompson está sobre tu mesa.

-Otra vez te ha tocado a ti ¿eh? –Ella se sonrojó ligeramente—.

-Bueno, ya sabes que a Haskill no se le da bien escribir. Hemos acordado que yo haría el informe y él declararía en el juicio.

Era la primera vez en muchos días que mantenía una conversación mínimamente cordial con su superior. Y resultaba agradable. Él siempre había sido un referente para ella. Ahora que podía mirarle con tranquilidad durante unos segundos veía las marcas del cansancio, la falta de sueño y el exceso de trabajo en su rostro.

-Haskill sabe hacer buenos tratos.

-¿Quieres un café? – El ofrecimiento salió de sus labios antes de que pudiera siquiera planteárselo. No le gustaba verlo así de cansado. Le tenía un gran cariño a ese hombre, tanto que en ocasiones se preguntaba si sus sentimientos hacia él no irían más allá de la camaradería, de la gratitud. De todas formas, eso no importaba. No ahora.

-No me vendría mal, me queda un buen rato por aquí.

-Espera.

Se ausentó unos minutos y volvió con sendas tazas de papel llenas de café. Si había algo de lo que no podían quejarse allí era del café. Le tendió una a Bosco junto con un sándwich de la máquina. Bosco dio un sorbo cerrando los ojos con expresión de placer. Ella sonrió probando el suyo sin poder retirar su mirada de la pizarra. ¡Es que de verdad había algo que la irritaba! Cuando se dio cuenta de que Bosco estaba mirándola volvió a sonrojarse.

-Tranquila, puedes seguir mirando, si se te ocurre algo será bienvenido –Se pasó una mano por la cara tratando de apartar el cansancio.

-Así de mal va ¿eh?

-Sí. Quien quiera que lo haya matado, no encuentro un móvil ni explicación (aparte del hecho de que era un asesino). Las pistas no son suficientes, así que nos estamos remontando a viejos casos de John el Rojo, lo que nos está llevando más tiempo del que pensábamos.

Teresa ignoró sus últimas palabras. Estaba escrutando la foto de una mujer que había llamado su atención. Salía en varias de ellas, siempre de perfil. Aún así era una cara conocida, pero lo que realmente le resultó familiar fue el pasador que llevaba sobre el cabello rubio. Un pasador de piedras semipreciosas y oro viejo. ¿Dónde lo había visto antes? ¿Dónde?

-Oye, Bosco, ¿sabes si alguien habló con esta mujer de aquí? –Preguntó tocando con la yema del dedo la figura bajita que aparecía en las fotos mirando con expectación hacia la escena — ¿Alguno de los locales, tal vez?

Siempre que tenían un caso de esas características hablaban con las personas que se quedaban paseando por allí, curioseando alrededor de los crímenes, pues no en vano se había acuñado la frase: El ladrón siempre vuelve al lugar del crimen. En muchos casos así era.

-No lo sé, tendría que comprobarlo. ¿Por qué? –Bosco la miraba con los ojos entornados. Sabía que cuando Lisbon preguntaba algo o tenía sospechas no eran porque sí, generalmente tenían una razón de ser. Podía estar viendo algo que él no veía.

-No lo sé. Es algo que tengo en la cabeza. Una sensación. Tal vez no sea nada pero he mirado estas fotos mil veces mientras estaba en el caso y no ha sido hasta hace poco que algo me ronda la cabeza. Y es algo relacionado con esa mujer. –No apartaba la mirada de la pizarra mientras Bosco la observaba a ella con el ceño fruncido— Eso lo sé.

No tardó en ponerse en contacto con el equipo. Se pusieron en marcha revisando nuevamente declaraciones y fotos de testigos. La oficina de Samuel Bosco había vuelto a la vida.

-Nadie habló con esa mujer. Ni siquiera la habían visto. Es como si no existiera –Explicaba el inspector jefe.

-Salvo por esta foto que acredita que estuvo allí –Intervino Lisbon.

-Hemos enseñado esa foto. La policía local no la reconoce. De los tres agentes que nos ayudaron a tomar declaración ninguno de ellos recuerda haber hablado con ella.

Esa afirmación hacía que Lisbon pensara con más seguridad aún que aquella mujer era la clave en el caso. Frustrada, resopló y salió del despacho.

En cuanto lo hizo, un fogonazo de realidad la golpeó y la sensación que había pasado de largo en días anteriores esta vez se quedó. Volvió rápidamente al despacho. Jadeando de excitación habló desde la puerta:

-¡Estuvo aquí! –Cuatro pares de ojos la miraron sin comprender. – Estuvo aquí. De eso la conozco. Estuvo aquí con el resto de familiares.

-No la recuerdo.

- Imagínatela de morena. El rubio no es real, en realidad es morena. Bajita, morena, callada. Se puso al final de la sala. Podría pasar totalmente desapercibida. Igual que lo hizo en la escena del crimen. Y llevaba el mismo pasador de pelo.

-¿Crees que esa mujer…?

-No podemos saberlo –Intervino Bosco – Pero tenemos que hablar con ella.

La sala volvió a bullir de actividad mientras los agentes se movían llevando informes, buscando a esa mujer.

Desgraciadamente no tenían fotos de los familiares de las víctimas, pero tenían nombres y ciertas descripciones que habían podido sacar del tiempo que habían pasado con ellos. Había padres, esposos, hijos e hijas pero sólo dos mujeres que encajaban en la descripción que había hecho Lisbon. Una de ellas había perdido a su hermana, estaba casada y vivía allí mismo, en San Francisco; la otra, era una solitaria mujer de mediana edad cuyo familiar asesinado había sido su prima unos doce años atrás, cuando ambas contaban 28 años de edad. Al parecer los padres de la chica habían muerto ya y el único familiar que quedaba era ella, su prima Rebeca, que había ido a la reunión de familiares de las víctimas con el Departamento de Policía de San Francisco.

En las siguientes horas investigaron todo sobre esa mujer desde dónde había nacido hasta dónde estaba ahora. Tras una exhaustiva búsqueda, averiguaron que Rebeca había estado en todos los lugares en los que John el Rojo había atacado, que llevaba cerca de un mes en la ciudad cuando éste había aparecido muerto y que aún se hospedaba en un hotel de la ciudad.

¿Aquella mujer había tenido algo que ver en la muerte del asesino? ¿Lo había perseguido hasta darle caza? ¿Qué relación tenía con el caso? Demasiadas preguntas otra vez, pero por primera vez en las últimas semanas estaban cerca de hallar las respuestas.