ESTE FIC FUE ESCRITO Y LE PERTENECE A DAYANE SILVA, NO A MÍ, Y BONES Y SUSPERSONAJES TAMPOCO (aunque quisiera) SINO A HART HANSON Y A FOX.
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CAPÍTULO 36 – TE DARÉ UN HERMANITO
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Hay decisiones que necesitamos mucho tiempo para pensar, hay cosas que no se deciden del día a la noche, pero la palabra sincera de un niño puede hacerte decidir sin ni al menos pensarlo una vez más.
Después de estar aquella tarde en el parque, Brennan y Booth se fueron con Ángela y Hodgins, aún con las insinuaciones de Ángela hacia ambos fue un final de tarde agradable para ambas parejas, se fueron a casa y siguieron con lo mismo que siempre hacían. Brennan pensaba constantemente en lo de ser madre de un hijo de Booth ahora, sin percibir se quedaba mirándolo parada. Booth sonreía al verla así y siempre le hacía alguna insinuación por su forma de mirarlo, pero no era solo ella la que había modificado la forma de mirar, él también, pero su inquietud era por ver los cambios que había sufrido Brennan al estar con él, cambios pequeños pero significativos para él, como su forma cariñosa de tratarle aun cuando estaban discutiendo, ella se ponía terca con él pero después él la buscaba con su forma de niño que quiere abrigo y ella no soportaba recriminarlo y siempre lo consentía con todas los caricias que quería. Era fascinante para Booth verla sonreír solo porque él la estaba mirando, o verla acariciarlo solo porque decía que estaba cansado, o solo por decirle tonterías al oído. Cuando estaban en la cama Booth era cariñoso y protector con ella, lo que la hacía pensar cada vez más en quedar embarazada.
Los días fueron pasando y por su desgracia resolvieron el crimen muy rápido, lo que hizo que Booth no tuviera ninguna justificación para estar andando por el Jeffersonian o para estar con ella, así que casi no se veían en todo el día y eso le ponía a Booth nervioso por no estar con ella. Las noches se ponían cada vez más cortas para los dos y los días cada vez más agotadores. Continuaban las terapias de Sweets que, por su vez, ya se había dado cuenta de su romance pero no quiso decirlo, era una nueva forma de ver e investigar sobre el comportamiento de los dos. Volvió a ser un sábado por la mañana, Booth despertó muy contento, Brennan había estado muy cariñosa la noche anterior, habían pasado casi media noche despiertos entre caricias y besos. Él le quería retribuir la noche maravillosa que habían tenido así que se despertó y fue derecho a la cocina a hacerle el desayuno, preparó zumo, café, puso frutas y cereales para ella.
Brennan despertó con el olor singular que venía de afuera de la habitación, buscó a Booth en la cama pero no lo encontró y aun así sonrío, pues sabía bien qué estaba haciendo. Respiró hondo mientras abrazaba la almohada de él, luego decidió levantarse e ir al baño antes de ir a la cocina donde estaba él. Estuvo un tiempo en el baño. Booth preparó todo el desayuno, luego salió a la terraza y como sabía que la vecina tenía unas rosas en la ventana que eran unas margaritas, se acercó a coger una, luego la puso sobre la bandeja donde llevaba el desayuno y se dirigió a la habitación. Venía feliz, quería despertarla a besos, pero cuando abrió la puerta vio que no estaba allí. En ese momento Brennan salió del baño muy tranquilamente.
–¿Qué haces despierta, Huesos? –dijo apenas la vio.
Brennan venía atándose la bata con la cabeza baja y se asustó cuando lo oyó, lo miró sorprendida y asustada ya que no entendía a qué venía su pregunta.
–¿Cómo que qué hago despierta? –dijo sonriendo, pero Booth le miraba serio como si no le hiciera gracia.
–Sí, ¿qué haces despierta? Se supone que yo te tenía que despertar –dijo enfadado por no poder despertarla.
–¿Por qué? –dijo caminando hacia él, que no se había movido de la puerta.
–Porque soy un romántico, Huesos, y tenía que despertarte yo –dijo poniendo cara de niño enfadado.
–Pero ya estoy de pie…
Brennan se acercó a él pícara y quiso coger un trozo de fruta pero Booth reaccionó rápidamente.
–No… –dijo girándose con la bandeja.
–¡Booth!
–No, no, no tienes nada.
–Pero si lo hiciste para mí.
–No, no lo hice.
–Sí lo hiciste. Vamos, Booth, dame un trocito de fruta –dijo intentando coger la fruta que tenía en la bandeja pero Booth se esquivaba de ella sin moverse mucho del sitio.
–No, Huesos, no te voy a dar nada.
–Pero sí es mío.
–No, no lo es.
–Sí lo es, trajiste cereales así que es mío.
Booth se giró con la bandeja entre los dos.
–No, son míos.
–Booth, no comes cereales.
–Sí, lo sé, pero no te pienso dar a menos que te vuelvas a dormir.
–Pero no tengo sueño.
–Pues no tienes desayuno –dijo girándose y fingiendo que se iba.
–¡Booth! –dijo con voz de niña viendo que se iba. Booth se giró.
–¿Te vas a volver a acostar?
–¿Tengo que hacerlo? –dijo tentándolo con una sonrisa de niña mientras se mordía la boca.
–No pongas esa cara que no te voy a dar si no vuelves a la cama.
–Bueno, volveré a acostarme pero sólo un poco.
–Bueno.
Brennan se fue hasta la cama y Booth se dedicó a salir de la habitación.
–¿Adónde vas? –dijo sentándose en la cama.
–Pues a afuera. Cuando estés acostada avísame, pero tienes que fingir que duermes, ¿bueno? –dijo saliendo de la habitación. Brennan sonrió y asintió, Booth cerró la puerta y ella se acostó y abrazó la almohada.
–Ya –dijo cuando cerró los ojos para fingir que dormía.
Booth volvió a abrir la puerta, muy delicadamente, venía con ganas de ser lo más romántico posible, pero a cada paso que daba él más ganas le daban a Brennan de reírse, pues al saber qué iba a hacer él era inevitable no querer reír, lo evitaba con todas sus fuerzas, parecer serena y dormida, pero era muy difícil. Booth cogió la margarita y fue delante de ella, se puso de rodillas y con la margarita le acarició el rostro. Brennan intentó no reír pero era inevitable contener la risa así que empezó a reírse y ocultó el rostro en la almohada.
–¡Huesos! –dijo enfadándose por ella reírse de su romanticismo.
–Booth, no puedo… –dijo riendo y mirándolo. Booth hizo cara de "te voy a matar a besos", la tomó del rostro y la besó.
–Eres muy mala, Huesos…, muy…, muy mala –dijo entre besos y, por último, separándose de ella para ponerse de pie.
–¡Booth! –dijo ya con la risa contenida al ver que él se había enfadado.
Booth se dio la vuelta en la cama diciendo:
–Booth nada, Huesos, pasé toda la mañana preparando el desayuno para despertar a la mujer que amo, robé una rosa de la vecina, pues le gusta esta rosa, pero, ¿ella qué hizo? Me destrozó la sorpresa y aun más lo hizo con una sonrisa que me mata –decía como si hablara con otra persona. Brennan sonreía por su forma de explicar todo lo que había hecho. Booth terminó de hablar y se sentó en la cama de espaldas a ella. Brennan se aproximó a él y le abrazó por la espalda. Booth intentó mirarla y se giró un poco.
–Un día acabarás conmigo, ¿sabías? –dijo tierno con ella. Brennan sonrió.
–Pero aun puedes ser romántico.
–¿Para qué? ¿Para que vuelvas a reírte de mí? No, no voy a hacerlo más –dijo fingiendo enojo ya que enojarse con ella era una misión imposible en los últimos días.
–Pues yo puedo serlo contigo.
–¿Serás romántica?
–Sí.
–¿Cómo?
Brennan pensó un poco hasta que miró la bandeja del desayuno, cogió un trocito de fruta y lo miró. Booth acompañaba sus movimientos con los ojos, ella se aproximó a su boca con el trocito de fruta y la acarició.
–Te daré comida en la boca, es romántico ¿no? –dijo con cara de niña. Booth empezó a reírse y balanceó la cabeza como si dijera "dios mío, por qué me hace esto".
–Sí, mi amor, es romántico –dijo esbozando una enorme sonrisa.
Brennan le puso la fruta en la boca y la acompañó con un dulce beso, luego se acomodaron y pasaron a comer no solo comida sino también la boca del otro. Entre besos y risas Booth terminó de desayunar, se apoyo en el cabezal de la cama mientras miraba a Brennan comer el cereal.
–Tengo que ir por Parker, le he prometido llevarlo al parque de atracciones hoy por la tarde –dijo levantándose de la cama.
Brennan lo miró y se quedó callada, pero esas palabras de él la entristecían ya que en los últimos días él le hablaba en plural, siempre decía nosotros, pero ahora había dicho que solo él iría con Parker. Miró hacia la taza de cereales y siguió comiendo despacio.
–Me voy a dar un baño. ¿Vienes? –dijo dirigiendo la mirada hacia ella.
Brennan lo miró.
–Sí, ve yendo que voy ahora, ¿bueno?
Booth se aproximó y le dio un corto beso.
–Bueno, no tardes –dijo y se marchó al baño.
Brennan suspiro al verle entrar en el baño. ¿Por qué había dicho que iría por Parker? ¿Es que no la iba a llevar? Qué tontería, pensó recriminándose a sí misma. Booth quiere estar con su hijo, es normal que no la quiera llevar, pensó para sí. Pero quería ir con él, desde que habían empezado no habían pasado un fin de semana sin tenerlo cerca de ella, pero sería egoísta de su parte negarle que esté a solas con su hijo. En la mente de Brennan volvió el pensamiento que durante toda la semana le había inquietado. "Hijo" ¿Por qué esa palabra le daba ganas de entregarse a ser madre? ¿Por qué cada día ese deseo se ponía más fuerte? No era el momento propicio para quedar embarazada pero, ¿cuándo era propicio? ¿Qué señal hay que tener para saber cuándo es el momento? Se quedó quieta sobre la cama pensando hasta que oyó a Booth gritar.
–¡Huesos, ven que el agua está fría!
Fue inevitable no reírse al oírle. Por más caliente que estuviese el agua él siempre decía que estaba fría para que ella se metiera en la tina con él. Así que se levantó y fue a la tina. Entró en ella siendo recibida con una pícara sonrisa y un beso dulce. Booth la atrajo para abajo del agua y se puso a besarle el cuello mientas le acariciaba el cuerpo al deslizar el jabón sobre éste. Brennan lo sentía pero tenía la cabeza en otro lugar y no era un pensamiento agradable, así que tenía el rostro triste. Booth la miro desde atrás, ya que la tenía de espaldas a él, y no le gustó notarla así de triste.
–¿Qué te pasa, mi amor?
Brennan se giró.
–Nada, no me pasa nada, no te preocupes –dijo y le dio un pequeño beso.
–Huesos, te conozco, sé que te estás rompiendo la cabeza con algo. Dime qué es.
Brennan bajó la mirada y suspiró.
–¿Vendrás a dormir aquí hoy? –dijo porque pensaba que él se iba a ir con Parker y no la iba a llevar así que supuso que dormiría en su departamento.
Booth se extrañó con su pregunta.
–¿Por qué no dormiría aquí?
–Es que como te vas con Parker…
–Nos vamos –dijo interrumpiéndola y corrigiendo.
–¿Qué? –preguntó levantando la mirada.
–Que nos vamos con Parker.
–¿De verdad? –dijo sonriendo esperanzada por lo que él le había dicho.
–Espera, ¿por eso estás así de triste? ¿Acaso pensabas que no te iba a llevar conmigo?
Brennan bajó la mirada y asintió. Booth sonrió al verla avergonzada por pensar eso.
–Mi amor, ¿cómo voy a llevar a un niño al parque y no voy a llevar a mi niña?
–Yo no soy una niña –dijo mirándolo tiernamente.
Booth sonrió y le besó.
–Pero ahora mismo pareces una. ¿Cómo se te ocurre pensar que no te iba a llevar? Sabes que no puedo estar lejos de ti –dijo acariciándole el rostro.
Brennan sonrió y lo besó muy fuerte.
–Pero, ¿se lo vamos a contar a Parker?
–Claro que sí, a menos que tú no quieras.
–Sí, ansío contárselo.
–Pues así será –dijo besándola.
Después del baño se cambiaron y salieron hacia la casa de Rebeca a recoger a Parker, que al ver a Brennan se alegró muchísimo. Se fueron los tres hacia el parque de atracciones, cuando llegaron al parqueadero Booth detuvo el auto y salieron de él. Booth se aproximó a Parker y se puso de cuclillas delante de él, luego cogió la mano de Brennan y la atrajo para que quedara de pie a su lado.
–Campeón, Huesos y yo tenemos algo que decirte –dijo un poco nervioso.
–Son novios, ¿no? –dijo Parker muy naturalmente. Booth se congeló al oírle y Brennan sonrió, se arrodilló al lado de Booth.
–Sí, Parker, somos novios –dijo muy tranquila sonriendo.
Booth la miró. ¿Cómo era que él se ponía nervioso y ella no?
–Parker, ¿cómo sabes que somos novios?
–Por Huesos, que te mira como mamá al capitán fantástico y porque tú estabas acariciando la pierna de ella cuando conducías –dijo muy tranquilo y sonriendo. Brennan contuvo la risa al ver la cara que puso Booth al saber que Parker le había visto acariciando la pierna de ella.
–¿Qué tal si entramos?… en… es… tarde, vamos –dijo nervioso fingiendo un entusiasmo para salir de aquella situación.
Ayudó a Brennan a ponerse de pie y cogió de la mano a Parker, quien también cogió la mano de Brennan. Entraron al parque como una familia muy feliz. Brennan miró a Booth y vio la sonrisa que tenía, se quedó mirándolo hasta que éste también la miró y sonrió más aun al depararse con la forma fascinante con que le miraba.
–Vamos, Huesos, tenemos que ir a la montaña rusa –dijo soltando la mano de Booth y cogiendo la de Brennan con las dos manos para llevarla. Brennan apartó la mirada de Booth y corrió siendo llevada por el pequeño.
–¡Eh, pequeño, no la lleves así!… –dijo Booth corriendo tras los dos.
–Vamos Parker, corre, que ganamos en una carrera a tu papá –dijo apurándolo más.
Cuando llegaron frente a la montaña rusa Parker miró a Booth que venía hacia ellos. Luego rió.
–Mira, Huesos, le hemos ganado a papá.
–Sí, sí pequeño, muy gracioso salir corriendo así. Y tú, niña Huesos, no corras que te puedes caer –dijo enlazando a Brennan y atrayéndola a él. Brennan sonrió y le dio un pequeño beso.
–No me voy a caer y no soy una niña.
–Bueno mi niña, pero no corras –dijo sin hacerle caso.
Brennan sonrió.
–Parker, ¿entramos? –dijo dándole la mano a Parker.
–Sí Huesos, vamos.
–Eh, ¿A dónde piensan ir sin los tiquetes de entrada? –dijo Booth mostrándoles las tarjetas que traía.
Brennan sonrió y se devolvió para cogerlas pero Booth no se las dio, porque si lo hicieran ambos se marcharían y no lo esperarían. Empezaron a montarse en todos los juegos del lugar. Brennan y Parker parecían no cansarse en absoluto, y llevaban a Booth de un lado a otro como un perrito. Comían palomitas. Booth hizo que Brennan comiera algodón de azúcar aun siendo muy dulce para ella. Las horas fueron pasando. Se pararon frente a un puesto de tiros.
–Huesos ¿no quieres un oso de peluche? –preguntó el niño.
–¿Lo quieres tú? –preguntó ella sabiendo que él quería uno.
Parker asintió.
–Pues ganaré uno para ti, ¿bueno?
–Bueno.
Booth venía con todo encima de él. Papitas, algodón de azúcar, balones de colores, el jersey de Parker y el bolso de Brennan que se había quitado para subir a una atracción. Así que no les oyó, se aproximó y la vio pagar para jugar a los tiros.
–Huesos, ¿qué haces?
–Voy a ganar un oso para Parker. ¿Por qué?
–Yo invito, así que pago yo.
–Booth, ya invitaste a todo, sólo es un dólar, nada más.
–Yo invito y no discutas. Dame tres partidas –dijo girándose al hombre detrás de la barra, luego se aproximó a Parker –.Campeón, ¿apostamos quién gana?, ¿yo o Huesos?
–No tienes chance contra Huesos, papá, así que perderás.
Brennan sonrió.
–Ah, así que te pones del lado de ella.
–Sí, Huesos es mejor en tiro, tú mismo lo dijiste.
–¿Dijiste eso, Booth? –preguntó sorprendida.
Booth se aproximó a ella.
–Es la verdad, ¿no? –dijo dándole un beso.
–Sí, es verdad –dijo convencida.
Booth sonrió. Brennan empezó a jugar. Eran cinco balas para cada jugador y ella consiguió acertar con cuatro, así que consiguió el oso que quería Parker. Booth se puso a tirar y como había pagado tres partidas él jugó dos veces y no falló una sola bala.
–Dame el grande, el perro con el corazón –le dijo al hombre del mostrador. Éste se lo dio y él fue junto a Brennan–. Es para ti –dijo dándole el perro que era casi del tamaño de su brazo.
–¿Para mí? –preguntó tímidamente.
Booth asintió con cara de enamorado. Brennan se aproximó a él y lo besó apasionadamente.
–Gracias, Booth –dijo y lo abrazó.
Después de eso estuvieron un tiempo más allí y luego se fueron a comer, y como era tarde se fueron a cenar en un restaurante cercano de aquel lugar. Cenaron, caminaron un poco por la ciudad y después se fueron al departamento de Brennan.
Booth la dejó allí y luego se fue a su departamento a buscar unas cosas de Parker. A Parker le encantó la idea de dormir en casa de Brennan y estaba muy animado por hacerlo, empezó a hacer planes para toda la noche. Brennan subió derecho a la bañera, venía cansada, también porque así el tiempo pasaría más rápido hasta que regresase Booth y Parker. Cuando llegaron, Parker venía muy animado para pasar la noche allí y ella los estaba esperando en el sofá mientras leía. Entraron, Booth fue a bañar a Parker, luego lo vistió y dijo que fuera hacerle compañía a Brennan mientras él se iba a bañar.
Brennan estaba acostada en el sofá leyendo, Parker se aproximó a ella.
–¿Qué lees, Huesos? –dijo de pie a su lado.
–Un libro sobre los aztecas.
–Max me enseñó sobre ellos.
–¿Sí?
–Sí, pero no me gustan mucho, son muy extraños –dijo Parker poniendo cara de asco.
Brennan sonrió.
–¿Quieres acostarte aquí conmigo? –dijo abriendo la manta que le cubría la mitad del cuerpo.
–Sí. ¿Puedo?
–Claro. Ven.
Parker se acostó a su lado, poniendo la cabeza en su hombro y abrazándose a ella. Brennan lo miró, le gustaba lo que sentía al tener a Parker así, era como su padre cariñoso y esto era agradable para ella. Se puso a acariciarle los rizos del pelo con la mano del brazo en la que él se había acostado.
–¿Estás bien así?
–Sí… Huesos ¿me les el libro?
–Claro, pero es muy científico, no sé si lo entenderás.
–Claro que lo voy a entender, soy muy inteligente.
Brennan sonrió al oírle.
–Está bien, señor inteligente, pues te lo leo –dijo riendo, luego empezó a leer, pero no leyó mucho cuando Parker la paró.
–Huesos ¿puedo hacerte una pregunta? –dijo intentado mirarla.
–Sí. ¿Qué pregunta? –dijo poniéndose de lado. Parker se sentó y la miró.
–¿Quieres a mi papá?
Brennan se sorprendió por la pregunta, pero al contrario que con Booth, ella a Parker si le pudo decir.
–Claro que lo quiero, Parker. ¿Por qué lo preguntas?
–Es que mi mama también quiere al capitán fantástico pero ella no quiere darme un hermanito, y si tú quieres a mi papá puedes darme un hermanito.
Brennan lo miró sorprendida.
–¿Quieres un hermanito?
–Sí.
–¿Por qué?
–Porque sí.
Brennan sonrió.
–Pero es muy pronto Parker, yo no te puedo dar un hermanito ahora, no sé si tu padre quiere…
–Sí quiere –dijo interrumpiéndola.
–¿Cómo lo sabes?
–Porque se lo he preguntado pero él dijo que tú eras la que decidía si me iba a dar un hermanito. Lo harás, ¿no? ¿Me darás un hermanito?
Brennan se quedó callada unos segundos, lo que no tenía Booth de insistente sobre las cosas que tenía que decidir ella lo tenía Parker en su lugar. Pensó un poco y le preguntó:
–¿Para qué quieres un hermanito?
Parker pensó un poco y sonriendo respondió:
–Para jugar al fútbol conmigo y papá, es que me aburro cuando estamos solo los dos.
Brennan sonrió por su sinceridad.
–Pero si te doy un hermanito será pequeño y no jugará al fútbol hasta que crezca.
–Eso no es un problema, Huesos.
–¿No?
–No. Tú eres científica, puedes hacer que nazca de mi tamaño,
Brennan alucinó con su respuesta. ¿Quién le daba esas ideas a ese niño? Porque si preguntaban, era obvio que Parker y Max, su padre, pasaban demasiado tiempo juntos, y éste sería el causante de sus ficticias ideas. Pensó en decir que era científicamente imposible que un bebe naciera ya grande, pero al ver la cara de ilusión del niño se contuvo.
–Sí, puedo hacer que nazca grande, así de tu tamaño ¿está bien?
–Sí. ¿De verdad me darás un hermanito? –dijo el niño emocionado.
Brennan lo miró. Todas las preguntas que se había hecho a lo largo de la semana, ahora se habían ido y solo le quedaba un deseo, no solo de complacer a Booth y darle un hijo, sino también de complacer a Parker y darle un hermanito, así que no volvió a pensarlo dos veces y respondió:
–Sí, te daré un hermanito, pero no puedes decirle a tu papá que voy a hacerlo. ¿Bueno? Será un secreto nuestro.
–Bueno, no se lo diré, pero ¿cuándo llega?
–¿Quién?
–Mi hermanito. ¿Cuándo llega?
Brennan pensó. ¿Cuándo llegará? Miró a Parker y sonrió.
–Pronto, Parker, lo más pronto posible.
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Hola! tantos días sin actualizar... T_T
Lo importante es que ya les dejé este largo capítulo.
Parece que Brennan por fin ha tomado su decisión. Awww que lindo! un baby de ByB jejeje aunque ya tenemos a Christine, pero este fic aun tiene mucho para sorprender, de verdad!
Jajaja, gracias por sus reviews, por las alertas y favoritos.
Saluditos a todas las que leen este fic internacional.
Bye Bye!
BerryFlower.
