Un antiguo Chevrolet avanzaba por el sendero que separa un pueblo de las afueras de Japón con el denso bosque. Dejó tras su paso una polvareda de polvo y humo mientras su conductor tarareaba alguna posible canción country.
Pasó al lado de un par de señores mayores, posibles agricultores que caminan de vuelta a casa tras el día de trabajo. El Chevrolet pegó un frenazo provocando que los señores se dieran un pequeño susto. La ventanilla del copiloto se bajó pesadamente, como si al pobre coche le costase incluso moverse.
-Disculpen, ¿saben si el "pueblo místico" está por aquí?- Dijo la conductora de aquella chatarra.
Los señores se miraron entre sí, luego negaron con la cabeza torciendo un poco el gesto. La joven les agradeció fugazmente mientras subía la ventanilla y maldecía para sus adentros. Se preguntaba por qué nadie sabía de ese pueblo cuando era tan famoso.
Continuó avanzando por el sendero hasta que llegó a un denso bosque. Maldiciendo de nuevo, bajó del auto y tras asegurarse de haberlo cerrado continuó el camino a pie esperando encontrar a alguien o algo que la guiase. Encontró un trozo de madera cubierto por maleza en un pequeño camino de piedras. Se acercó a él y tras arrancar unas pocas pudo leer el letrero con el nombre del pueblo 'Murashi'. La joven se inquietó preguntándose por qué le pondrían un nombre así al pueblo. Obviamente, ella sabía que 'pueblo místico' era solo un alias del verdadero nombre del pueblo que le habían dado las villas de alrededor, pero nunca se preocupó en averiguar el por qué, nunca hasta ese momento.
-¿Puedo ayudarla?- Una voz la sacó de sus pensamientos.
Ella se giró lentamente, algo asustada porque se encontraba sola en medio de un sendero y ya estaba prácticamente oscureciendo. Sin embargo, se encontró con un joven de tez pálida, llevaba unas gafas que impedían ver el verdadero color de sus ojos. Su cabello era de un tono grisáceo ¿quizás era negro? No podía distinguirlo con claridad debido a la escasez de luz. La joven se fijó en su vestimenta: no vestía para nada como alguien de pueblo.
-Estoy buscando el 'pueblo místico'-la chica vaciló unos instantes al ver que el joven fruncía el ceño mientras la observaba con una mano en su barbilla- Eh…Murashi, el pueblo se llama Murashi-añadió posteriormente.
-¡Ah! Va en dirección contraria. Tiene que seguir la carretera, le llevará directamente al pueblo.
La joven se quedó pensativa pues no había visto ninguna carretera cuando llegó en su coche.
-¿Es usted una forastera?-Preguntó aquel joven con cierto interés. La chica asintió.- No suelen venir muchos forasteros, ya sabe, por las leyendas.
-¿Usted vive aquí?
-En las afueras, no precisamente en el pueblo. ¿Quiere que la acompañe?
La chica se lo pensó antes de asentir. No podría llegar sola, aquello estaba muy escondido.
Llegaron al coche minutos más tarde y la joven le ofreció asiento al chico mientras esta intentaba arrancarlo.
-A veces no arranca, pero arrancará-siguió girando la llave mientras el Chevrolet rugía en un amago de calentar los motores hasta que finalmente prendió- ¡Ya está! Está en las últimas, vengo desde la ciudad y temí que me dejara tirada por el camino.
-Se la ha jugado mucho atreviéndose a venir aquí- La joven dudó sobre su afirmación: ¿se refería al pueblo?-Con este coche, quiero decir- el joven vaciló un momento y añadió: Mi nombre es Sakamaki Reiji, discúlpeme por no haberme presentado antes.
-Yo soy Nakamura Nozomi, estoy aquí por una beca de estudio.
-Vaya, ha elegido un sitio curioso.
-Podría decirse que sí.
El camino trascurrió en silencio que brevemente se veía interrumpido por las indicaciones de aquel joven a través de la densa naturaleza hasta que llegaron al comienzo de una carretera en mejor condición que el resto, podría decirse que estaba asfaltada. El Chevrolet paró con un chirrido seco y la joven maldijo de nuevo.
-Siempre hace eso cuando freno- se quejó Nozomi.
-Es un coche antiguo-Hizo una pausa- En fin, yo me despido aquí.
-¿No está muy oscuro? Podría acercarle a su casa…-propuso la joven, pero el chico negó con la cabeza.
-Se lo agradezco, pero si me llevase seguramente no podría volver…por la carretera. Seguramente se perdería de vuelta.
Nozomi se sonrojó puesto que sabía que era cierto. Su sentido de la orientación no era nada bueno. Reiji se despidió de ella mientras desaparecía por un sendero al costado derecho de la carretera. La joven prosiguió su camino.
Aquella noche se hospedó en un pequeño hostal de carretera, estaba demasiado cansada para conducir y no ganaría nada llegando tan tarde. Así que decidió permanecer en aquel antro que había encontrado y el que se hacía llamar hostal.
Al día siguiente, llegó al pueblo. Efectivamente solo debía tomar aquella carretera, como le indicó Reiji, para llegar al pueblo. Dejó el coche en un pequeño aparcamiento en la entrada a la población. Caminaba por el centro del mercado en busca de la señora que la hospedaría en su casa, sólo tenía la dirección del lugar donde se encontrarían por lo que cualquier intento de buscarla sería en vano.
Decidió quedarse quieta en el lugar indicado mientras esperaba a aquella señora. Se dejó caer en la pared de piedra de una casita al lado de una herrería y se dedicó a observar a la gente: todo era tan diferente a la ciudad…No había prisas, se respiraba armonía y paz. ¡Incluso la forma de vestir era diferente! Aunque posiblemente para ellos era lo normal, vestían como vestía su abuela. Nozomi soltó una risilla ante el pensamiento de verse a sí misma vestida como su abuela.
-¿Qué haces aquí?-Comento un chico que se encontraba justo enfrente suya y la mirada algo confundido.
La chica lo observó detenidamente. Era algo misterioso, su cabello era tan blanco como la nieve. La tez pálida, parecía que nunca le daba el sol. Y la mirada perforándole el alma, aquellos ojos de color rubí hipnotizaron a la joven, sintió que el suelo se abría a sus pies mientras sus piernas flanqueaban.
Segundos después volvió a la realidad y se percató que aquel joven ya no se encontraba delante de ella. Se había quedado perdida en su mirada y la había llevado a una oscuridad vacía. ¿Me conocía? Se preguntó Nozomi. Negó mentalmente. No podía conocerla, no conocía a nadie allí.
Minutos más tarde Nozomi, harta de esperar, se decidió a dar un paseo por el mercado, pero la detuvieron antes de comenzar su marcha. Un brazo delgado cubierto por varias prendas la agarraba del suéter.
-¿Nakamura Nozomi?- Una señora mayor, muy estropeada, con el pelo blanco recogido hacia atrás. Tenía marcadas ojeras y la tez arrugada y seca. Era mucho más baja que la joven, cosa que tampoco era difícil, pues medía más del metro sesenta. La chica asintió- Encantada de conocerla y…bienvenida a Murashi.
