La casa estaba sumida en el silencio. Sólo se escuchaba el viento de fuera y las ramas traqueteando en la ventana. Nozomi se revolvía en su cama. Tenía frío, pero se encontraba tapada completamente. No tenía fiebre. Pero su corazón se estaba helando, un invierno acontecía en su interior.
Abrió los ojos bruscamente y el sonido de la ventana traqueteó más fuerte. Sonaban a arañazos en la pared.
La chica se levantó a ciegas de la cama. Caminó a paso pesado por la casa haciendo que la madera rechinara a su paso. Necesitaba una pastilla para aliviar el dolor de pecho. Por los síntomas todo apuntaba a una neumonitis clásica causada por los sitios húmedos y fríos.
Mientras estaba en la cocina oyó la madera rechinar en el salón. La chica frunció el ceño. Estaba algo asustada. Aquella casa le asustaba.
Prendió las luces de la sala y observó que todo estaba en su sitio. No había rastro de nadie. Sin embargo la lámpara tintineaba y se mecía lentamente. Nozomi sintió en ese momento una corriente de aire a sus espaldas. La chica se giró pero sólo encontró una cortina antigua y un par de cuadros. Se le erizó la piel.
Ella era una científica, o al menos estaba en proceso, no podía dejarse llevar por pensamientos paranormales. La ciencia es la solución se dijolo más obvio sería pensar que una corriente de aire se coló entre la madera o por alguna rendija de la ventana. La joven avanzó hacia su habitación dejando las luces encendidas a su paso. ¿Quizá no confiaba tanto en la ciencia?
A la mañana siguiente de levanto gritando. Había tenido una pesadilla y le dolía el pecho. Siempre que enfermaba tenía pesadillas pero nunca las recordaba. Se levantó de la cama caminando sobre aquella incómoda madera y buscó a tientas la luz del salón pues aun siendo por la mañana en aquel pueblo escaseaba la luz solar. La luz no funcionaba. Se debía a que la había dejado encendida toda la noche por lo que las bombillas se sobrecalentaron. La joven cansada, prendió la televisión dejando las noticias de unos de los pueblos de la zona, pues Murashi no tenía cadena de televisión propia.
-La villa está consternada. Hacía años que no fallecía nadie y de pronto se encontraron dos muchachas fallecidas en la localidad de...- el señor presentador dejó la noticia en el aire pues la televisión se había apagado de un fogonazo.
Nozomi pegó un respingo en el sofá y seguidamente maldijo en voz alta. Tras tantear un poco los cables y la antena del televisor se dio por vencida. Debería ser problema de los fusiles; sin embargo, no sabía dónde estaba la caja.
Miró aburrida por la ventana y puso los ojos en blanco al darse cuenta de que la ida de corriente había sido causa del tiempo meteorológico: estaba lloviendo muchísimo.
-Ah, genial-Replicó en voz alta- Ahora es cuando aparece el asesino y mata a la joven estudiante.
Un golpe la hizo callar. Nozomi apretó la mandíbula. No creía en cosas paranormales pero esto excedía los límites. Miro hacia la derecha en busca del objeto o lo que fuere que había provocado el estruendo: un cuadro, el que estaba junto a la cortina antigua, había caído rompiéndose en mil pedazos.
No era nada en particular: una imagen de un estante de libros, todos del mismo tono salgo uno en rojo justo en el centro.
Nozomi soltó un suspiro de alivio para maldecir, como de costumbre, la situación. Debería ir a comprar un marco nuevo o la señora casera podría echarla a rastras de allí, cosa que tampoco le molestaría tanto. Sin embargo, el día le impedía cualquier actividad fuera de la casa.
Cansada de todo, buscó un par de velas y su libro de medicina antigua y se sumergió en la lectura.
La universidad se encontraba en medio de un sendero con jardines y enormes árboles que le daban la suficiente, pero innecesaria, sombra. Todo tenía un aspecto antiguo. La verja de la entrada estaba desgastada por el paso del tiempo y algo corroída. Estudiantes se adentraban en ella charlando entre sí sobre el último examen de física.
Nozomi se mordió el labio. Era una vieja manía que mostraba cuando estaba nerviosa. La chica cogió aire y se unió a la pequeña multitud que se adentraba en el recinto. Una vez dentro pudo observar todo aquello: Tenía una enorme fuente en el medio y mucho color verde. No había flores, pues el invierno estaba entrando lentamente en la ciudad.
La joven avanzó lentamente, mientras seguía admirando el paisaje, hacia el edificio del fondo. Una vez dentro la oscuridad se hizo presente, las luces estaban encendidas, pero no daban casi claridad a la estancia. Nozomi avanzó por los pasillos en busca de la clase de primer año. Por el camino se encontró con muchos más estudiantes que se giraban curiosos cuando pasaba por su lado. La chica se sintió observada, cosa que odiaba plenamente.
Encontró la clase de primer año que se le había asignado en menos de lo pensado. La puerta era enorme, fabricada en madera tosca que daba la sensación de ser muy pesada. La joven tímidamente se asomó por la puerta pero no vio a nadie, así que se apresuró a sentarse en la zona de atrás del todo. Junto a la ventana.
Al poco empezaron a entrar estudiantes que se sentaban en sitios aleatorios mientras charlaban entre sí o simplemente leían algún que otro libro. Nozomi empezó a jugar con el bolígrafo. Se sentía fuera de lugar. Ella no conocía nadie.
-Eh-Un chico estaba en el asiento de enfrente y le estaba hablando- ¡Eh! ¡Te estoy hablando!-Gritó exasperado el joven.
Nozomi torció un poco el gesto. No es que lo estuviera ignorando, simplemente es que era muy propensa a evadirse del mundo real en sus propios pensamientos.
Aquel chico se pasó la mano por sus rojizos cabellos. La joven se preguntó si ese era su color natural.
-¡Ah! ¡Lo siento!- Dijo la chica clavando sus ojos en los de él. Eran de un verde profundo. Tan claros que parecían dominarte.
-¿Eres la nueva?-El chico encaró una ceja mientras la miraba de arriba abajo- Vaya, esperaba a alguien más femenino-Dijo tras resoplar. Estaba ¿fastidiado?
Nozomi encaró una ceja.
-Disculpa si no soy de tu agrado-Lazó la joven, molesta.
-Nunca dije que no lo fueras, Chichinashi- El chico rió de lado y Nozomi sintió cómo le ardían las mejillas.
-¡¿Chichinashi?! ¿No te enseñaron nunca modales?-Espetó molesta la joven.
-¿Acaso puedes negarlo?- Sonrió aquel chico. Parecía divertirse con la situación.
-Los más listos son los ceden primero. Por lo tanto dejaré esta estúpida conversación- Dijo la joven sacando su libro de Medicina antigua.
Aquel chico sonrió de lado y comenzó de nuevo su ataque. Parecía que nunca se cansaba y Nozomi estaba llegando al límite de su paciencia. No quería que el primer día ya le llamasen la atención. ¡Era una universidad, no el colegio!
-Tonta-Aventó el chico y en el momento que ella levantó la vista del libro hacia él éste se lo arrebató- ¿Medicina antigua? ¿En serio te interesa todas estas tonterías?- El joven ojeó el libro.
-¡Claro! ¿A ti acaso no?-Preguntó alterada la chica intentando hacerse de vuelta con el libro, pero el joven lo mecía de un lado a otro rápidamente. Como si previese los movimientos de la joven a la perfección.
-Oye, Chichinashi, ¿es por eso que has venido a estudiar aquí? ¿No sabes que todo eso son leyendas?
-¡Qué más te da! Se supone que si estás estudiando medicina, esto es una de las bases básicas-Dijo levantándose hacia el joven para arrebatarle de una vez por todas su libro. Sin embargo, este era más rápido y huyó antes de que la joven lo alcanzase.
La clase pareció prestar atención a la escena, pero al momento volvieron a sus asuntos, pues aún quedaba algo de tiempo hasta que llegase el profesor y la sala estaba medio vacía.
-No te confundas. A mí me da igual. Solo estoy aquí por obligación-Dijo meciéndose delante de la chica.
-¿Entonces por qué no estudias otra cosa?-Preguntó la joven avanzando lentamente hacia él pero este volvía a huir meciendo el libro en la cara de la chica.
La joven, cansada de los juegos infantiles del muchacho alzó la mano hacia el libro, sin embargo, el chico era más rápido y la empujó contra la pared presionándole el hombro con el brazo. Aquel joven estaba dispuesto a decirle algo, pero lo interrumpieron haciendo que todas las miradas se dirigieran hacia ellos.
- Vosotros dos- Dijo un joven que estaba de pies tras la mesa del profesor, ligeramente inclinado hacia delante, ¿sería el profesor? Los miraba con cierto odio, el cual fue devuelto por el chico que anteriormente hablaba con Nozomi- Después de clase. A mi despacho-Dijo fríamente haciendo que la joven se mordiese el labio y el chico la dejase ir soltando un resoplido.
Ambos volvieron a sus asientos sin hacer ruido. La joven le arrebató el libro en un despiste del chico y lo guardó en su bolso mientras que él le dirigía una mirada divertida.
