Este fic ha sido creado para el "Amigo Invisible 2014" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".

He aquí la petición sobre la que he decidido escribir para mi AI: Difícil. Post-guerra, sin respertar el epilogo claro. Desde el punto de vista de Harry, en el que vea a los Malfoy y comience a sentirse un poco comprensible por sus acciones. No es necesario un lemmon, pero si un beso, y más que nada que existan los sentimientos entre ellos. Un Harry observando a Malfoy en un plan casi sicopata como en sexto curso, pero que en vez de acusación haya curiosidad. Y que en algún punto del fic Draco diga la frase "no me pierdas de vista".

Las diez fases.

(2. Las cinco últimas.)

Negación.

-Ginny, creo que ha sido muy mala idea todo esto.

El viento de Marzo sacudió la roja cabellera de la chica Weasley. A lo lejos Hermione estudiaba a orillas del lago y un par de chicos de Hufflepuff jugaban a pasarse una quaffle. Ginevra, ella, había quedado con su novio, quien la estaba dejando.

-¿A qué te refieres?

Sabía perfectamente a lo que se refería. Habían pasado dos meses desde aquel partido y no habían hecho absolutamente nada de lo que solían hacer antes. Harry la evitaba, su contacto físico parecía bastante forzado, por no hablar de las muestras de afecto. Porque parecía que no había ningún afecto.

Harry, él, había ido a hablar con su novia porque ésta había hablado con Hermione, y Hermione, como buena consejera habia ido a decirle que dejase a Ginny si no sentía ya nada por ella. Rotunda y directa, vamos.

-Ya sabes a lo que me refiero. Ya no es lo mismo, Ginny. Me hirió que no quisieras estar conmigo y con el paso del tiempo las cosas entre nosotros han cambiado.

-Ya no me quieres.

-Claro que te quiero, Ginny, pero de una forma diferente. Como a Hermione, o a tu hermano. No sé... Las cosas han cambiado.

-¿Quién es?

Harry alzó los ojos verdes y los clavó en ella. Serena, tranquila. Sus ojos marrones brillaban con la luz de quien sospecha algo.

-No hay nadie.

-Sé que hay alguien. Diría que es una chica, pero ya no puedo estar tan segura.

-¿Perdona...?

-Harry... Creo... Creo que eres gay.

Las palabras cayeron del cielo, como un enorme dragón, sobre la cabeza del chico. Durante un segundo Ginny creyó que iban a explotarle los ojos de tanto que los había abierto. Parecía que se le iban a caer en cualquier momento, o que era algún pariente no muy lejano de Luna.

La primera cosa que se le ocurrió decir fue: "Esto no tiene nada que ver con Malfoy", pero se dio cuenta de que ella en ningún momento había mencionado al rubio Slytherin, así que su segunda reacción fue la furia. Una honda y avergonzada furia.

-¿Y puedo saber en qué te basas para decir eso?

No sabía si se lo preguntaba a ella o a él mismo, pero descubrió que prefería negarlo todo, sin rencor, sin problemas. Algo dentro de él removió las cosas, encerró las dudas, los recuerdos y la imagen de la rubia cabellera se vieron enterrados bajo una espesa manta de absoluta e irritada negación.

-En que lo miras mucho.

-También lo miraba durante sexto curso.

-No es lo mismo.

-Lo es.

-No hay nada que sospechar. La guerra ha acabado, tu mismo lo dijiste. Ahora sólo hablas de Malfoy, del libro que lee y esas cosas. Estoy harta de escucharte decir que es el maldito diario de Riddle. Me he fijado en los libros. Los cambia cada poco tiempo. Son libros, Harry. Libros normales y corrientes. Hermione me ha dicho que ahora lo ve más en la biblioteca y que suele llevarse dos o tres cada poco tiempo.

Harry sintió la mirada triste de Ginevra y se preguntó por qué había dejado de importarle. Ya no sentía nada cuando la besaba - las pocas veces que ocurría - y tampoco la anhelaba. Algo se había tragado sus sentimientos por la pequeña de los Weasley. La guerra, fue la guerra pensó, como una retahíla que creyó capaz de destrozar las fronteras.

Ginny sacudió la cabeza y le puso la mano sobre el hombro, en un gesto solemne, tierno y triste que le produjo un extraño sabor en la garganta. Ella era todo lo que pudo haber querido, pero por alguna extraña razón había dejado de quererla.

-A lo mejor saliste con ella porque se parece a tu madre.

Harry levantó la mirada y la clavó en Neville, sentado en su cama, frente a él. Había regresado a su dormitorio sin cenar y le había contado la situación a Longbottom.

-¿Y eso por qué?

Neville señaló la foto en movimiento de sus padres sobre la mesita de noche del ojiverde.

-Pelirroja. Con carácter. Y que tú seas igual que tu padre pues... No sé si me explico. Ginny y tu madre son algo similares y quizás tu cerebro estableció una conexión entre ella y tu madre para que juntos podáis revivir el amor de tus padres.

Harry miró fijamente a su compañero, que se había sonrojado levemente después de soltar todo su discurso.

-¿Has pensado en hacerte psicoanalista?

-Perdona, ¿qué? ¿Qué diablos es eso?

Harry sonrió de lado y miró la fotografía de sus padres, abrazandose y riendo frente a la cámara. ¿Sería eso posible? ¿Había sido Ginny una ilusión inconsciente para tener a su madre cerca, de alguna forma? Era posible, pero a la vez era tan rebuscado que lo veía difícil.

-No creo que debas de tomarte lo que ha dicho Ginny en serio. No creo que seas gay. Sólo eres... Curioso.

Así que Harry se quedó con esa palabra: "curioso". No le apetecía llamarlo de otra forma. Sólo tenía una curiosidad extraña con respecto a Draco Malfoy, y nada más. Y esa curiosidad era una estupidez porque no había absolutamente nada que le interesase en el Slytherin.

Pero dicho Slytherin no parecía estar en absoluto de acuerdo con la situación, y después de varias semanas siendo ignorado por Harry, lo abordó en un pasillo.

-Dicen que lo has dejado con la chica comadreja.

Un extraño tono de satisfacción se paseaba por el aire hasta los oídos del Griffindor. Tono que no le gustó en absoluto.

-Pareces muy feliz por ello, aunque siento decirte que a Ginny no le interesas en absoluto.

-No es a ella a quien quiero interesar. Es a tí - Y cortó las distancias entre ellos - Y creo que esta ruptura es sólo la confirmación de que lo he conseguido...

-Yo no estoy interesado en ti, Malfoy. De ninguna manera. Además, tú me dijiste que podríamos quedar en alguna ocasión en Hogsmead antes de las vacaciones pero luego me ignoraste deliberadamente al regresar al colegio. Me parece que deberías aclararte un poco, ¿sabes?

Draco alzó una rubia y perfecta ceja y sonrió de lado, lleno de burla y seguridad.

-Permíteme dudarlo, Potter - contestó él, centrandose sólo en la parte que le interesaba, ignorando por completo el resto de lo que había dicho el Griffindor con respecto a su encuentro antes de Navidad.

Harry frunció el ceño y empujó a Malfoy con todas sus fuerzas, haciendolo trastabillar. El rubio lo miró con una extraña mirada, ladeando un poco la cabeza hacia un lado. Los rubios mechones se abrieron ante sus ojos, como un abanico, dejando ver los grises ojos impregnados de curiosidad. Harry esperaba una explosión de furia, una risa cruel, un insulto, pero no lo que ocurrió: Malfoy se encojió de hombros con algo que parecía ser indiferencia, sacudió su mano como si nada le importase y se marchó, tan elegante como siempre.

No volvieron a hablar en lo que quedó de curso. Y Harry sintió que se le quitaba un enorme peso de encima cuando bajó del Expresso de Hogwarts por última vez. Observó la roja locomotora, brillante bajo el sol. Recordó la última cena, el baile y su graduación y sintió que había cumplido con su cometido. Aunque no recordaba en absoluto cuál era.

Hermione, como era de esperar, había sacado las mejores notas en sus EXTASIS, así que el Ministerio le había ofrecido una puesto muy interesante e importante, aunque había decidido pensarselo. Ginny había decidido hacer un viaje durante todo el verano, seguramente para alejarse de Harry. Pero él no tenía ningún plan. Ninguna meta. Nada. No tenía que prepararse para las pruebas para entrar en la academia de Aurores, pues su plaza ya estaba reservada desde el año anterior. No tenía familia a la que visitar. Sólo la antigua mansión de los Black, polvorienta y vieja.

A lo lejos vio a Malfoy abrazar y besar tiernamente a su madre, Narcissa, que había recuperado su anterior aspecto después del juicio. Ambos se alejaban, agarrados del brazo, como dos sombras rodeadas de luz.

Harry los observó deslizarse entre las personas que se reencontraban. Pensó en su última conversación con el muchacho y decidió olvidarla y enterrarla con todas las demás cosas relacionadas con él.

Nada había pasado para él.

Encuentro.

Estaba siendo, de lejos, el verano más aburrido del mundo. Cuando vivia con los Dursley al menos se sentía lo bastante animado como para ir a dar una vuelta, ir al pequeño parque del barrio a observar a los niños jugar o leer un libro. Pero nada le apetecía aquel verano.

A veces salía a pasear con Hermione y Ron por Diagon Alley, pero ambos se habían convertido en algo sumamente melindroso (aunque Hermione era más educada y se comportaba como siempre en presencia de otras personas), y Harry había perdido las ganas de pasar el tiempo con sus amistades.

Vagaba por su casa como un alma en pena, preguntandose cuán largo sería el día. Había leído muchos libros, e incluso se había planteado el salir de viaje, pero no había ningún lugar que le gustase visitar, así que miraba por la ventana, sentado en la butaca roja de su pequeño salón.

-Creo que estás en un principio de depresión.

Hermione se sentó decidida en el pequeño sofá azul y cruzó sus piernas, con toda la intención de hablar con Harry, al que había ido a visitar después de dos semanas sin saber nada de él. Había tenido el buen juicio de venir sola para no incomodar a su mejor amigo.

-No estoy deprimido, Hermione, estoy bien.

-No sales de casa. Tampoco quieres vernos. Te pasas la vida aquí metido, haciendo a saber qué. Estás a un paso de no levantarte de la cama. ¿Qué diablos te pasa? ¿Es por lo de Ginny? ¿La ruptura?

Harry frundió el ceño y meditó cuán acertado sería contarle que Ginny, su exnovia, le había dicho claramente que creía que su orientación sexual había cambiado drásticamente y, además, que parecía ser todo a causa de Draco Malfoy.

Al pensar en el joven heredero sintió un extraño nudo en el estómago y ese algo que encerró todo su interior el día que tuvo la charla con Ginny volvió a moverse y tambalearse dentro de él. ¿Qué significaba y qué encerraba esa cosa?

-¿Sabes algo de Draco Malfoy?

-¿Malfoy? Nada. No sé. Según parece va a trabajar en un puesto bastante alto en el Ministerio, aunque si te soy sincera no tengo ni la más mínima idea de en qué departamento va a situarse. Espero que sea en un que esté bien lejos del mío.

-La última vez que salimos mencionaste que te había saludado cordialmente en alguna ocasión en Hogwarts.

-Y así es. Nos saludamos educadamente en alguna ocasión, nada más. No dudo que la guerra le ha cambiado como a todos nosotros, pero sé que sigue siendo el mismo ególatra gilipollas, y no estoy dispuesta a descubrirlo en profundidad. Bueno, ¿vas a contarme ya qué diablos te pasa?

-Ginny me dijo que cree que soy gay.

Hermione soltó el aire como una pedorreta cuando trató de contener su risa. Lo miró con los ojos brillantes y una sonrisa mal disimulada.

-¿Que Ginny dijo qué? Estarás de broma.

-Lo dijo completamente en serio.

Hermione se rió un poco, incómoda, y trató de recoger su cabello en un moño para tener las manos ocupadas. Curiosamente, a Harry no le había molestado tanto el decirle eso a su mejor amiga. Eran unas palabras extrañas, pero decirlas las había hecho más normales. Más llevaderas. Pensar en ello se había convertido en su pequeño pasatiempo. Analizaba cada día a cada hora aquellas palabras, dichas con el más puro dolor y la más desgarradora sinceridad, pero nunca llegaba a nada concreto. Malfoy era ahora una sombra lejana que se cernía sobre él, sin rostro, sin identidad, pero ahí, presente. Y, como la sombra de cualquier viandante, Harry la ignoraba todo cuanto podía.

-Bueno, yo... Yo no creo que seas gay, Harry. No sé a qué vino que te dijera eso, pero no le veo mucho sentido, ¿sabes? Además, considero que eso es muy personal, y sólo te incumbe a ti. Quiero decir, si lo fueses yo no dejaría de quererte ni mucho menos. Es... Genial.

Harry abrió la boca para contestar pero en aquel preciso instante una lechuza parda golpeó el cristal de la ventana con su pico, en el que sostenía un sobre blanco en el que se podía ver el símbolo del Ministerio de Magia.

-Es para tí - dijo el muchacho después de recoger la misiva y premiar el animal con una golosina.

Hermione cogió el sobre y lo abrió con celeridad.

-Es el Señor Ministro que quiere verme.

-¿Señor Ministro? - repitió Harry con burla notoria - ¿Qué te pasa? ¡Es Shacklebolt!

-Lo sé, pero ahora es el Ministro de Magia, y como tal se debe un respeto.

-Puedes darle esas muestras de respeto cuando lo tengas delante, no cuando estás conmigo. ¿Te crees que hay un servicio secreto que se dedica a espiarnos para saber si lo llamamos como ellos consideran adecuado?

Hermione rodó los ojos, pero su sonrisa divertida no pasó desapercibida para él. Se levantó y se acercó a su anfitrión con la mirada repentinamente seria.

-Ven conmigo.

-¿A hablar con el "Señor Ministro? Nah. No tengo nada que decir. Además, quiere verte a tí.

-¡Pero tienes que salir! Por favor, Harry, hazlo por mí, por nuestra amistad.

Sus ojos castaños lo miraban con súplica y su mano derecha apretaba su muñeca con ansiosa preocupación. Suspiró. No podía negarle nada a Hermione cuando empleaba esos ojos.

-Está bien, saldré a dar una vuelta aunque sea. Por cierto, no sabía que habías aceptado el puesto.

-Lo confirmé la semana pasada, salió en El Profeta - y señaló el enorme montón de periódicos que había ido creciendo en la mesa de roble de la esquina, incómoda - Quise hacer una fiestecita para celebrarlo con mis más allegados, pero al final decidí dejarlo. Supongo que el Ministerio hará una presentación para mí cuando comience oficialmente en mi cargo.

-Eso... Es genial, Herms. Genial.

Recogió su abrigo, maldiciendose a sí mismo por haber estado tan... Encerrado.

Dejaron atrás el número doce y caminaron tranquilamente por la acera. Hermione, como durante el curso anterior, solía mantenerse callada la mayoría del tiempo. Siempre parecía estar meditando lo que iba a decir, o lo que iba a hacer. A Harry no le desagradaba esa nueva faceta de Mione, desarrollada durante su búsqueda de los Horrocruxes, pero muchas veces Ron solía quejarse de que su novia parecía más en las nubes que en la tierra.

De repente la muchacha se detuvo, interrumpiendo sus cavilaciones. Harry miró el semblante contrariado de la castaña con una ceja alzada.

-No sé si debo entrar por la entrada reservada a las visitas o ya puedo usar la entrada de empleados.

Harry rodó los ojos y agarró la mano de su amiga, arrastrandola hacia la calle a su derecha.

-Cuando el señor Weasley me llevo al Ministerio para mi juicio por lo de la magia contra los dementores frente a mi primo me llevó por la puerta para visitas. Así que entraremos por ahí.

A veces le sorprendía lo fácil que era contrariarla por cosas tan abusrdas como aquella.

El Ministerio estaba a rebosar de magos y brujas y unos cuantos memorandums volaban por encima de sus cabezas, sin detenerse. Llevaban ya unos cuantos años en el mundo mágico pero ambos se seguían sorprendiendo cada vez que entraban en aquel lugar.

Hermione echó a andar muy resuelta, así que la siguió a paso rápido. Estaba a punto de comentarle algo sobre la nueva fuente en el centro del Ministerio cuando algo capturó su atención. Ahí, en medio de toda esa gente sin rostro y sin nombre estaba la cara más pálida que recordaba. Con su traje negro y su cabello desordenado, Malfoy lo miraba fijamente.

Olvidando cualquier cosa que estuviese haciendo o pensando en ese momento, se puso a caminar en su dirección sin pararse a analizar lo que estaba a punto de hacer.

-Hola - soltó el rubio tranquilamente.

-Hola - contestó Harry a su vez, no muy seguro de si debía añadir algo más a su saludo.

-Te ves bien. Aunque bastante pálido.

-Tú siempre te ves pálido.

Malfoy sonrió de lado con algo parecido a galantería con una buena dosis de satisfacción. ¿Cuando había olvidado lo suaves que parecían sus labios? ¿Cuándo habia empezado a ignorar esa cosa que se le metía bajo la piel cuando lo tenía cerca?

-¿Qué haces por aquí?

-He venido a hacer unos trámites. Te ví con Granger y pensé en saludarte, pero te estabas marchando.

-¡Hermione! - exclamó Harry al recordar que había salido de su confinamiento autoimpuesto para acompañar a su mejor amiga.

-Tranquilo, te está esperando allí.

Y señaló con su larga mano detrás de él. Hermione cabeceó con la mirada seria hacia el Slytherin como saludo, que él imitó, aunque con una pequeña sonrisa arrogante.

-¿Cómo le va con la comadreja?

-Bien.

Era una respuesta escueta dado que no podía afirmar otra cosa. Hasta donde sabía la relación entre sus dos mejores amigos no era mala y no estaban pasando por demasiadas dificultades. Después de un año separados habían decidido seguir en una línea tranquila. Nada de mudarse juntos, nada de hacer planes para dentro de mucho. Vivían el día a día y parecía estar funcionando.

-Aún me pregunto por qué está con él. Granger es una mujer lista, podría aspirar a un tío con su mismo Coeficiente Intelectual.

-¿Como tú?

Malfoy soltó una ligera carcajada que retumbó en los oídos de Harry.

-Diablos, no. Granger y yo.. Bueno. Nos toleramos un poco, es suficiente. A mi me van más los ojos verdes.

Y con esto se despidió y se marchó, dejandole el cerebro completamente atrofiado. En su nariz bailaba el último rastro del perfume que usaba Malfoy y algo hormigueaba en sus dedos.

-Harry, ¿qué hablabas con Malfoy? ¿Y por qué se ha reído de esa forma? Sois... ¿amigos?

Harry la miró y negó suavemente con la cabeza. No lo sabía. No estaba seguro de nada. Y como no lo sabía se dedicó a pensar en ello durante días y días, hasta que un día se encontró con su gran pregunta en Diagon Alley, junto a la tienda de Madame Malkin.

-¿Pensando en comprar un traje más caro que el petróleo, Malfoy?

El rubio se giró levemente y sonrío.

-Para nada, te estaba esperando.

-¿Esperandome?

-Algo me decía que ibas a aparecer por aquí así que vine.

-No sabía que tuvieras las mismas capacidades adivinatorias de Trelawney.

Se rieron como se ríen los amigos de viejas bromas. Parecía que todo lo que había sucedido durante aquella última conversación en Hogwarts había desaparecido lentamente, como un cubito de hielo que se derrite al sol.

Malfoy lo invitó al Caldero Chorreante a tomar un aperitivo y los dos acabaron riendo de mil cosas absurdas durante horas. Cuando llegó a su casa de repente dejó de parecerle triste y desolada. Se recostó en el sofá y esperó a que el sueño llegara, pero lo único que venía una y otra vez era el recuerdo del suave apretón que Malfoy le había dado en sus dedos antes de desaparecerse.

Curiosidad.

A pesar de todo lo que habían vivido durante la guerra Harry y Draco seguían siendo las mismas personas, pero, de cierta forma, habían cambiado sus formas de ver el mundo, la vida y las personas.

Harry descubrió muy pronto que había ciertas cosas que no se podían mencionar delante de Malfoy, como el juicio a su familia, el sexto curso, la Orden del Fénix o la coliflor, pues era algo que le provoca horrible arcadas que aruinaban por completo su porte aristrocrático. También descubrió en él una persona a veces callada, otras tantas burlonas, pero siempre sincero. Una sinceridad a veces brusca y bruta, pero siempre dicha educadamente.

Esa era una de las cosas que más le agradaban: sus modales. Malfoy era de esas personas que comen con bocados delicados y pequeños y dejaba los cubiertos sobre el plato según cómo le había precido el plato. Nunca dejaba la servilleta de cualquier forma sobre la mesa y sabía elegir el vino que combinaría con su plato. Era caballeroso con las mujeres sin resultar empalagoso y con los hombres sabía mantener las formas y hacer bromas lo bastante sutiles como para que no resultaran groseras.

Era todo un hombre de la alta sociedad, y eso a veces le preocupaba. Harry había vivido durante mucho tiempo debajo de unas escaleras, la educación que había recibido estaba basada en la vergüenza ajena que le producía Dudley cuando cenaban en algún lugar (las pocas veces que le permitieron ir) y en haber observado a otras personas comer. Pero se sentía incómodo en público y no sabía cómo comportarse delante de las personas que no fueran íntimas. Por eso sentía que le iba a explotar la cabeza en cualquier momento.

La fiesta en honor a Hermione Jean Granger, heroina de guerra y nueva Jefa del Departamento de Control de Criaturas Mágicas, estaba en pleno apogeo. Se había hecho una bonita presentación sobre los logros académicos y mágicos de su amiga y en ese mismo instante su amiga estaba dando un discurso, muy resulta y tranquila.

-Quiero agradecer a mis padres por creer en algo que los muggles creen imposible y por darme la oportunidad de conocer este mundo. También a mi mejor amigo y a mi pareja, sin los cuáles no sería la bruja y la mujer que soy ahora. Recordemos que nuestro mundo es...

Harry dejó de escucharla en cuanto escuchó la voz de Malfoy a su lado.

-Siempre tan resuelta. Le encanta dar discursito morales. ¿Crees que era necesario hablar de leyes en una fiesta? ¿En serio está hablando de su organización para proteger a los elfos domésticos?

-... la P.E.D.D.O está dispuesta a ayudar a cualquier elfo con deseos de...

-¿Pedo? - Malfoy soltó una risa nasal - Vaya un nombre para una organización que desea sacar de la mierda a los elfos. ¿Lo pillas?

-Me parece increíble que sigas teniendo el sentido del humor de un chico de diez años.

-¿Qué puedo decir? Ese es el mejor humor. Aunque bueno, sin duda hay cosas que deben de encantarte de mi.

Draco lo miró desde su altura, unos diez centímetro más alta que la de Harry, y sonrió burlonamente de lado. Harry rodó los ojos, y pensó que Malfoy jamás debía de enterarse de que la mayoría de las veces su humor absurdo e infantil le hacía gracia.

-¿Qué piensas hacer después de la fiesta?

-Volver a casa.

-¿A casa? ¿El héroe de guerra no tiene vida social?

-No demasiada, ya lo sabes. Nada me interesa demasiado.

-¿Te has planteado el estar en un principio de depresión?

Harry alzó una ceja. Eran las mismas palabras que había lanzado Hermione aquella mañana en la que se volvieron a encontrar. ¿Cuánto hacía de aquello? ¿Un mes y medio? ¿Y cómo había evolucionado todo? Pues quedaban los miercoles por la tarde para tomar una copa y hablar de sus días, de sus planes. De sus cosas, básicamente. En un mes y medio había aprendido muchas cosas de Draco Malfoy, como que tomaba Whiskey de Fuego solo con hielo, generalmente doble, y que vaciaba con pequeños sorbos, dejando que la bebida durase hasta el final de sus reuniones.

También descubrió que vestía algo más que trajes caros y monocromáticos. Un día se presentó con vaqueros y una camiseta verde.

-¡Pull&Bear! ¡Qué invento! - había exclamado aquella tarde después de explicarle que había decidido pasar por el Londres muggle y comprar algo de ropa para pasar desapercibido.

-Extraño atuendo para un clasista racista - comentó Harry.

Malfoy había sacudido la mano como si nada y Harry descubrió que el verde complementaba el gris de sus ojos. Y que era el tono exacto de sus ojos.

Obviamente hablaban de Quidditch muchas veces, pero Draco no era un hombre que impusiera sus opiniones (como solía hacer Ron cuando hablaba de los Chuddley Canons), sino que hablaba desde su experiencia como jugador y siempre escuchaba lo que Harry aportaba. Era así para todos los temas de conversación: pausado, tranquilo. Respetaba las opiniones y no interrumpía a las personas. Todo un caballero.

-No estoy en un principio de nada, Malfoy.

-Estás al principio de enamorarte de mi.

Harry lo miró fijamente, preguntandose si había sido una broma (de muy mal gusto), pero Draco estaba extrañamente serio. Serio pero sin resultar amenazante. Sólo serio. Con un ligero brillo en la mirada plateada

-No deberías bromear con eso.

-No estoy bromeando en absoluto.

Draco se apartó el flequillo de la cara y se marchó con paso tranquilo. Harry, más por educación y por respeto a su mejor amiga, decidió quedarse un par de horas más en la fiesta. Charló con muchas personas importantes e inclusó hizo declaraciones para El Profeta sobre lo feliz que estaba por Hermione. Pero durante todo ese tiempo no paró de sentir una presión en su nuca. Presión que conocía muy bien, así que antes de marcharse decidió volverse masoquista y tratar de cagarla un poco.

-Malfoy, ya sé que ahora tenemos una relación cordial, pero, ¿es necesario que me acoses de esta forma?

-Vaya, creía que aquí el acosador eras tú.

-Tú me dijiste que no querías que te quitara el ojo de encima.

-Dije "no me pierdas de vista", sin duda una frase más elegante.

-No importa cómo lo dijeras, simplemente lo hiciste. ¿Y por qué, por cierto?

Draco sonrió de lado y se inclinó hacia Harry. Ahí, apartados de la fiesta, ocultos por las gruesas cortinas que escondían la entrada al balcón en el que se encontraban, Harry Potter descubrió que el olor del after shave de Draco era terriblemente sensual y que el propio Draco Malfoy en sí exhudaba una masculinidad abrumadora.

Observó los pálidos labios de Malfoy curvarse en una suave sonrisa y sus ojos plateados brillar ferozmente, y deseó que el tiempo se parara para tenerlo así de cerca para toda la eternidad.

-Porque ser el centro de tu atención, Potter, es mi meta en esta vida.

Harry habría jurado, en ese preciso instante, que el rubio iba a inclinarse y besarle en los labios. Tal era su expectación, su anhelo, su algo, que pensó en hacerlo él mismo.

"Harry... Creo... Creo que eres gay...".

La voz de Ginevra Weasley se coló en su cerebro y lo distrajo durante un momento. ¿Lo era? ¿Le gustaban los hombres? Es más, ¿le gustaba aquel hombre? Draco Malfoy. Racista, etilista, vanidoso y ególatra. Pero también maduro, culto, divertido y sincero. Cualidades que Harry siempre había querido en la persona con la que quería compartir su vida. ¿Era Draco esa persona?

-¿Y si no consigues serlo nunca? - logró pronunciar a pesar del nudo de su garganta.

Draco se rió roncamente, un sonido suave y a penas perceptible y lo miró a los ojos.

-Tú nunca vas a poder ignorarme.

Aquella noche Harry descubrió los placeres de fantasear con hombres rubios.

Infinito.

Harry,

Siento haber tenido que anular nuestra cita para el almuerzo ayer, pero ahora mismo me estoy dando cuenta de lo difícil que es dirigir un departamento entero. Hay muchísimo papeleo, y no sólo eso, he estado investigando un montón de cosas y estoy completamente horrorizada. Así que esto en proceso de clasificar cuáles son las prioridades de mi departamento y en qué personas puedo delegar algunas de ellas. Como Jefa del departamento pienso tomar grandes decidiones y hacer enormísimos cambios en algunas de las leyes de control y regulación de criaturas mágicas.

Aún así pienso visitarte pronto, ¿quizás el martes por la noche? Iré con Ronald, dice que lleva más tiempo del debido sin saber gran cosa de ti. En todo caso, mándame un lechuza con la fecha que te venga mejor para recibirnos.

Por cierto, hace unos días escuché a una señorita en los baños comentando que te había visto en compañía de Draco Malfoy. ¿Qué te traes entre manos, Harry Potter? Espero que no estés armando un buen lío.

Bueno, te dejo, que acaba de entrar una torre flotante de informes y tengo que revisarlos. ¡Te quiero!

Hermione.

La carta tenía manchas de tinta y de café, cosa extraña en la pulcra Hermione pero supuso que todavía no estaba acostumbrada a moverse en su nuevo despacho y que no había terminado de acomodar las cosas de forma a estar completamente cómoda. Al contrario de lo que muchos pensaban, Hermione no era una mujer totalmente perfecta. Sí que era práctica y eficiente, pero como todo el mundo, en algunas ocasiones tardaba en encontrar la forma perfecta de hacer las cosas.

Garabateó una escueta respuesta a su amiga, confirmándole que el martes era un buen momento para recibirlos en su casa y mandó la lechuza. La observó alejarse en silencio hasta que desapareció en la inmensidad azul.

-¿Tendrás visita el martes entonces?

Harry se giró sin hacerle caso a Draco y se acercó a la tetera para hacer más énfasis en su intento de ignorar al rubio.

-¿Piensas dejar de comportarte como un niño pequeño?

Harry hizo un escueto "hn" y sirvió dos tazas de té. En una de ellas, la más cercana a Malfoy, introdujo un terrón de azúcar moreno y un chorrito de leche. Escuchó que el muchacho sonreía abiertamente y se dio cuenta de su error demasiado tarde.

-Me ignoras pero preparas el té exactamente como a mí me gusta. Dime, Potter, ¿acaso he tenido que venir hasta tu casa para que te des cuenta de que no puedes vivir sin mí? ¿Que acaso no vas a seguir contandome sobre tu entrenamiento para ser Auror?

-No he empezado el entrenamiento, sólo he hecho las pruebas psicotécnicas.

-¿Ves? Sólo hace falta que me equivoque en algo para que vuelvas a hablarme. ¿No eres pariente de Granger? Es sin duda algo que ella hace habitualmente.

Ah si. Eso. Extrañamente Hermione y Malfoy ya no se saludaban friamente en los pasillos, ahora hablaban también en el ascensor y a veces incluso en los pasillos. "Son cosas que pasan" había dicho ella. "Es normal llevarme bien con alguien con quien voy a trabajar" había dicho él. "Lo voy a matar" había rugido Ronald. Harry había decidido guardar su opinión para sí mismo.

-¿A qué has venido, Draco? - porque, después de seis meses "siendo amigos", ya se llamaban por los nombres de pila en ciertas ocasiones.

-A charlar.

Harry rodó los ojos y trató de seguir enfadado con su compañero. ¿Por qué se había molestado con él, por cierto? Ah sí. Había hecho un comentario nada acertado sobre su sexualidad. A pesar de que Harry comenzaba a aceptar que se sentía atraído por un hombre (y no cualquier hombre, permítanme decir), aún no había dicho nada y que se hicieran comentarios sobre ellos, sobre todo viniendo del hombre que le atraía, no era algo de su agrado.

-Potter, creo que no entiendes sobre lo que he venido a charlar.

-¿Y sobre qué podrías haber venido a charlar? ¿Otra vez más vas a quejarte de tu madre y su manía de querer buscarte novia?

-Quiero hablar de algo mucho más importante.

Entonces Harry se dió cuenta de que el ambiente y la atmósfera se habían endurecido en el aire, convirtiéndose todo en una extraña y pesada sustancia difícil de respirar. Draco miraba su taza de té fijamente y parecía sumido en oscuros pensamientos. Harry se preguntó si estaba teniendo problemas de alguna clase, pero deshechó la idea. Nada parecía ser como en ese último año en Hogwarts. Todo había cambiado demasiado deprisa.

-¿Y qué es más importante que la descendencia Malfoy?

-Mi paciencia.

Harry frunció el ceño y un sudor frío bajó por su espalda.

-¿Qué quieres decir?

-Estoy cansado de esperarte. Yo lo sé todo desde que teníamos catorce años. Lo confirmé el día del juicio. Lo probé durante nuestro último año. Te esperé durante el tiempo que decidiste ignorarme. Y finalmente te ayudé todos estos meses de extraña amistad. Pero desde que sé que lo aceptas ya no puedo esperarte más.

-Espera, espera, espera... ¿Esperarme? ¿Y qué has probado? ¿Qué sabes? No entiendo nada, te explicas fatal.

Draco rodó los ojos y Harry pensó que ese debía de ser el gesto más sexy del mundo. Evidentemente que sabía a lo que se refería, pero no quería aceptarlo. Merlín, a penas estaba empezando a aceptar que era homosexual y que se sentía atraído por el mismísimo Draco Malfoy, aceptar que ése mismo Draco Malfoy sabía de su orientación sexual antes que él era ir demasiado lejos.

-Lo veo en tu cara, Potter. Tienes escrito "Me gusta Draco Malfoy" al lado de la cicatriz.

Harry se levantó de un salto y la silla se estrelló contra el suelo, precediendo al silencio más incómodo y denso de la historia de las revelaciones. Draco bebió de su té como si nunca hubiese dicho esas palabras y Harry abrió la boca dispuesto a hablar cuando su tormento personal se puso en pie también, con toda su elegancia. Abrió la boca aún más, sin saber por qué.

-Escucha, Harry, hay una cosa de la que no te has dado cuenta, y es que soy muy observador, y otra de la que te has percatado demasiado recientemente, y es que soy terriblemente atractivo.

-¿Perdona...?

-No te preocupes, yo te lo perdono todo, incluso el hecho de que no supieras que me deseas hasta hace poco.

Harry se dispuso a agarrar su varita, olvidada en la encimera, pero entonces Draco lo retó a demostrar que se equivocaba y el pelinegro tuvo que quedarse quieto, porque no había manera de hacerlo. Podía argumentar que no lo conocía, podía argumentar su relación con Ginevra, o simplemente negarlo todo. Incluso podía echar al Malfoy de su casa. Pero no se sentía con las fuerzas ni el valor de hacerlo. Él, El Niño Que Vivió Dos Veces, el joven que derrotó al mago más oscuro y poderoso cuando sólo era un bebé y cuando era sólo un adolecente. Él, héroe del mundo mágico, era incapaz de enfrentarse a un hombre normal y corriente.

Draco suspiró y se dispuso a marcharse y dejar las cosas como quiera que estuvieran. Pero entonces algo agarró la manga de su jersey y sólo escuchó "Esto no me hace gay" antes de sentir los labios de Harry James Potter estrellarse contra los suyos.

Entonces Harry comprendió muchas cosas, como que había estado esperando aquello desde hacía mucho tiempo. Más tarde, durante la noche, recordó la fuerza de Draco Malfoy, su forma de suspirar, de morder, el sonido de la tetera estrellandose contra el suelo y que no había sentido frío alguno cuando el rubio le había arrancado el suéter.

Silencio.

Harry. James. Potter,

Espero que tengas una buena explicación para todo esto. Comprendo que ahora tengas una buena relación con Malfoy-hurón-botador (hasta Mione me ha dicho que a veces puede ser gracioso), pero comprende que hay cierto límite. Encontrarmelo tumbado en el sofá hace dos semanas no fue tan raro. Que estuvierais cenando hace una semana en un restaurante con pinta de ser carísimo, tampoco. Pero ayer me pasé por tu casa para recoger unos libros que Mione me pidió de la biblioteca de los Black y me lo encontré en tu cocina, sin camisa. Y sin pantalones.

Cuando le pregunté que qué hacía en tu casa simplemente dijo "Vivo aqui". ¿Estás viviendo con PestilenteMalfoy? ¿Hay algo que quieras contarnos? Por favor, esto me está matando, contesta en cuanto puedas.

Ron.

P.D: Harry, no le hagas caso al estúpido de Ronald, tiene la empatía de un rallador de queso. No te apresures en nada. Simplemente... Estamos extrañados... Tú dinos las cosas cuando te sientas preparado. Hermione.

P.D2: Ginny no para de gritar "Yo ya lo dije en su momento y me llamasteis loca" y mi madre está regañandola un montón. Por nuestra amistad, Harry, ¡di algo!

Harry suspiró y dejó de lado la carta. ¿Qué podía hacer? ¿Contarles toda la verdad? No era que pensara que sus amigos no lo entendieran, era que ni si quiera él terminaba de creerselo.

-¿Carta de la comadreja por lo de ayer?

-Sí. ¿Por qué le dijiste que vives aquí?

-Porque vivo aquí, querido.

Draco sonrió de lado y se sirvió una taza de café recién hecho. Le echó un vistazo por encima a la carta mientras sorbía su escaso desayuno y se rió un poco al leer la última parte. Antes de marcharse a donde fuera que pensaba irse se dió la vuelta.

-Potter, ya sé que te cuesta horrores desprenderte de mi maravillosa presencia, pero deja de usar mi ropa interior.

Harry bajó los ojos y sonrió al mirar los bóxers negros que antes habían pertenecido al Slytherin. ¿Cómo explicarle al vanidoso rubio que se los ponía porque le hacían un culo exquisitamente parecido al de su chico?