Y aqui tienen, finalmente una continuacion de ritual

estuve como 4 dias de vaga a mitad del capi ya que me daba flojera o porque no se me da bien el dess de los combates XD

Igual, me esforce hoy ya que andaba con mucha inspi en la u (tengo mas ganas de escribir alla que en mi casa, llego y me da paja XDDD)

gracias a todos por su paciencia

Bleach es de Tite Kubo.

Capitulo 9: El agua se evapora.

Se sentía acorralada.

Shui atacaba con sus garras a Rukia, quien se defendía con su Zanpakutoh y cuando lograba esquivarla, su cola daba el segundo round y la golpeaba con éxito. Por la expresión en su rostro, sabía que estaba metida en un lio.

-No te ves tan segura como antes Rukia-obasan. – Se burla el arcángel mientras su cola giraba y giraba, mareando a su captora y de la nada, la lanza al agua.

-Estoy cansándome de que me llames obasan, renacuaja!

-¿Renacuaja? – Alza una ceja molesta. – ¡Soy más alta que tú!

Estira sus brazos y de estos sale una cantidad de agua que atrapa a Rukia desde el cuello hacía arriba con las intenciones de ahogarla y muy segura de que no usara sus trucos de hielo consigo misma. Al ver que estaba cerca de morir, hace desaparecer el agua y contempla con una sonrisa como cae al agua congelada.

Antes de saber su destino, era una pequeña que se pasaba todos los días encerrada y sólo salía para ir a la escuela y su madre era la responsable en irla a dejar y buscar. Era la hija de un padre borracho y de una mujer que era golpeada y abusada por él, por lo que Shui creció bajo ese ambiente que le era natural, así que se esforzaba por no llorar cuando su padre la golpeaba sin razón aparente y le comentaba lo maldita y desgraciada que era y ella sólo lo aceptaba, no le reprochaba.

Un día, su padre llego destrozando cosas, por lo que Shui no tardo en despertar sobresaltaba y buscar un escondite, pero al oír a su madre gritar, se fue a la cocina para ver como su padre le jalaba los cabellos sin misericordia y le gritaba miles de garabatos y lo estúpida que era. La lanza al suelo y va buscando algo entre los cajones: un cuchillo. Con el arma blanca en su mano le juraba que iba a matarla mientras intentaba apuñalarla, pero la mujer era escurridiza y le suplicaba con lágrimas vivas que le perdonase la vida y que haría las cosas correctamente.

Por primera vez, en su corta vida, Shui decidió serle frente a su padre y lo único que se le ocurrió fue tirarle un cenicero que estaba a su alcance, le había dado en la mano, por lo que logró hacer que tirase el cuchillo y se gano que su padre la observase con odio. Todo el valor se le fue por los suelos al verlo acercarse a pasos largos hacía ella y asustada, corrió hacía la habitación más cercana que era el baño, iba a cerrar con seguro, pero su padre fue más rápido y la abrió de un portazo, tirándola al suelo y que se golpee duro en el lavamanos.

-Maldita cria… ¡Voy a matarte!

-No… - Susurra encogiéndose en estado fetal con sus ojos clavados en el cenicero que había usado y que ahora sería el responsable de arrebatarle la vida. – ¡No me toques!

Las llaves del lavamanos y de la tina se rompieron de la nada y comenzaba a salir grandes cantidades de agua que mojaba por todos lados del cuarto, a la pequeña y al borracho, ninguno de los dos comprendía lo que ocurría, pero aun así, aquel hombre decidió culpar a su hija por aquello y del gasto de dinero por repararlo y la golpea en la cabeza con el cenicero. Por suerte, no había muerto y se atrevió a encararlo con una mirada casi asesina a pesar de que su propia sangre ensuciaba su pequeño rostro.

-Ya me he cansado de que trates mal a mamá y a mí… ¡Muérete!

Su grito invadió toda la casa y el agua comienza a cobrar vida, pero eso no preocupaba a Shui, tenía la confianza de que el agua estaba de su parte, a diferencia de su progenitor que estaba retrocediendo asustado e incapaz de hablar. Poco a poco, la fuente vital de hidratación estaba comenzando a tomar la forma de un dragón, y sin compasión, se fue hacía él, cubriéndolo por completo y sin importarle que lo estaba ahogando.

-La basura como tú debe morir padre.

Y el dragón desaparece para dejar caer el cuerpo sin vida del hombre. El agua había vuelto a la calma y mágicamente, la herida de la niña había desaparecido y sus ojos se abrieron al verlo en el suelo sin poderlo creer… ¿En verdad estaba muerto? ¿Ella lo había matado? Aterrada, iba acercándose lentamente, notando que los ojos de su progenitor estaban completamente en blancos. Iba a tocarlo cuando una fuerza la empujo con fuerza para apartarla de él.

Era su madre, quien abrazo el cadáver de su esposo llorando a mares.

-Has matado a mi esposo…. – Susurra observando a su hija con profundo odio y como si fuera una extraña. – ¡Eres un monstruo!

Por mucho tiempo se había creído eso, se sentía mal de haber matado a su padre y se preguntaba el por qué su madre la odiaba por eso, si él las hacía sufrir a ambas. Como no era ningún secreto que el hombre de la casa era un borracho alcohólico, a la gente del barrio no les fue para nada difícil creer que murió tras un accidente al ser víctima de un intento desesperado de su hija por salvarse de morir ahogada y que se cayó a la tina la afeitadora eléctrica, de ahí el por qué él estaba empapado.

Su madre dejó de enviarla a la escuela, la tomaba como un demonio que se había traído ella misma a la tierra, por eso se culpaba y pasaba horas arrodillada frente al altar de su esposo y pidiéndole disculpas por haberle dado a una hija maldita. Como no hacía nada, Shui se las apañaba sola para cocinar y limpiar, sin molestarla y dejándole un plato para comer, cosa que ni siquiera tocaba porque juraba que estaba envenenada y que el propósito del demonio era matarla. Así que estaba muy delgada, casi se le veía los huesos, su cabello estaba sucio, apestaba ya que se bañaba muy poco y tenía grandes ojeras moradas como prueba de desvelos.

Cuando conoció a En, comenzó a tener por primera vez en su vida, desde que su mamá dejo de tratarla con amor, felicidad. Pero siempre lo mantuvo en secreto de su madre o volvería a gritarle que dejase de hacer hechizos de demonio o la mataría, que no le importaba estar muerta si con eso liberaba al mundo del Infierno. Y se divertía escuchando cosas del mundo o de las aventuras que él tuvo.

Un día, tocaron a su puerta y como su madre le prohibía abrirla o sociabilizar, se quedo escondida detrás de un mueble para ver como su madre abría la puerta, dejando entrar a dos personas, a dos hombres para ser exacto. Uno de ellos era un rubio de ojos blancos puros como perlas que lucía de 23 años y vestía con unos jeans azules, una camisa blanca y una chaqueta de saco sin mangas y desabrochada de color negro. El otro llamo la atención de la pequeña y su madre porque uno era rojo y el otro era azul y estaba vistiendo un clásico traje chino para varón.

-¿Qué se les ofrece? – La voz seca de su madre la sacó de su ensoñación.

-Buenas tardes señora. – A pesar del comportamiento hosco de la mujer, el chico de diferentes colores de ojos no perdió sus modales, le sonrió y se inclino en señal de respeto. – Mi nombre es Chu Dewei y mi acompañante es Sheng Xia. Venimos para llevarnos a su hija.

La pequeña abre sus ojos sin creerlo, ¿Había hecho algo malo? O tal vez, ese joven llamado Dewei era el que le mencionaba aquel mágico dragón que se aparecía en su cuarto cada noche. Pero salió de sus pensamientos al oír el grito eufórico de su madre.

-¿Llevarse a este demonio? ¡Jamás lo permitiré! – Sus ojos reflejaban enojo hacía los invitados y odio puro hacía su hija. – ¡Ella debe estar encerrada por el resto de su vida!

-Mamá. – Susurra tratando de que no hiciera alguna locura.

-¡Silencio, maldita asesina! – Intimidada, Shui se encoge y asiente con la cabeza.

-Si le tiene tanto miedo a su propia hija, déjela ir en vez de mantenerla encerrada. – Fue la respuesta de Xia con una mirada fría que helo a la progenitora, aún cuando ella no lo demostraba, sólo reflejaba ira. – Ella no tiene la culpa de haberse defendido de un borracho que también la golpeaba a usted.

-¡Silencio! – Tapándose los oídos. – Mi esposo era un buen hombre… ¡Y ella lo mato!

En estado de cólera, busca lo más cercano para usarlo de arma: una lámpara. Lo toma con tanta fuerza que de seguro el cable se rompe por ser separado del enchufe con brusquedad. Vuelve a gritar molesta y sin dudarlo, se dispone en atacar a Dewei con el grito de Shui como música de fondo, pidiéndole al chico que se aparte pero él no le hizo caso y seguía tranquilo a pesar de la futura golpiza… que no llego.

Shui estaba asombrada de que hubiese alguien capaz de detener una golpiza de su madre, pero así fue, Xia había impedido que lastimase a su señor colocándose delante de él y tomando la muñeca de la mujer, con la lámpara a unos milímetros de rozar su piel. A continuación, aquel rubio toco la frente de la atacante con su mano libre y ven como ella cae al suelo dormida.

La pequeña miraba asombrada el cuerpo agotado de su madre inconsciente y en los brazos del rubio, quien se pone de rodillas para depositar el cuerpo con cuidado. Se acerca con pasos inseguros, no por esos extraños, más bien a que su madre despierte de golpe y le pegue por haberse atrevido a tocarla.

-Es curioso lo que una persona puede hacer en la mente de otro. – El comentario de Dewei llama su atención. – Tú padre ya te había visto antes jugar con el agua y desde ese momento te tuvo miedo, por eso te golpeaba, para bajar tu autoestima… es interesante también como manipulo a tu madre.

-¿Qué quieren hacer conmigo?

-Shui. – Xia se pone frente a ella y se pone de rodillas para estar a su nivel. – Tú y yo somos hermanos.

-¿Hermanos? – Asombrada, ¿Tenía un hermano mayor muy apuesto? Pues no tenía rasgo de sus padres.

-Tú y yo nacimos diferentes. Tal como tú controlas el agua, yo controlo el aire y nuestro trabajo es mantener a la Tierra con vida… y proteger a Dewei-sama.

-¿La Tierra? – Susurra sin comprender.

-Si vienes con nosotros, todas tus preguntas serán respondidas. – Le prometió Dewei con una sonrisa amable y le ofrece una mano.

A Shui le parecía muy familiar aquel sujeto, estaba segura que Dewei era el tipo que veía en sus sueños, prometiéndole libertad y una mejor vida, se sentía muy segura y feliz, e incluso ya estaba jurando que le gustaría estar con él y dar su vida por su seguridad. Dirige su vista hacía su madre, notando las ojeras y lo mal alimentaba que estaba, se notaba por su extrema delgadez al punto de verse sus costillas o sus huesos de los brazos.

Estaba así por ella.

-Quisiera que mi madre me olvidase y también a mi padre para que sea feliz.

-¿Eso es lo qué deseas? – Le pregunta Dewei notablemente preocupado.

-Lo único que deseo es que mi madre sea libre de mí y de las agresiones psicológicas y físicas que dejo mi padre como recuerdo. – Cierra sus ojos en búsqueda de fuerza interna. – Y se que conmigo sólo tendrá sufrimiento.

-Si ese es tú deseo, te lo cumpliré.

Ve cómo aquel sujeto que parecía ser el amo, se pone al lado del cuerpo de su madre. Dewei apoya sus manos en la frente y pronuncia unas palabras ilegibles que ocasiona que sus manos brillen de color morado pálido, rodeando la frente y después toda la cabeza de la mujer caída. Shui no evitó tener su boca ligeramente abierta del asombro.

-Ya está, tú jamás exististe y cree que su esposo se fue con otra. Le di un recuerdo de que decidió irse de vivir a otro país para no recordar más cosas deprimentes.

-Admirable Dewei-sama. – Elogió Xia con una sonrisa. – Se ve que pone atención a las clases.

-Gracias señor. – Agradece la pequeña con una inclinación. – Iré con ustedes.

-Has tomado la decisión correcta. – Le aseguró el rubio inclinándose. – Con nosotros, ya no estarás más sola.

Shui sonrió ante aquella idea, un lugar donde no sería perjudicada por ser diferente, sería tratada como una más y de seguro podrá hacer muchos amigos. Con sólo pensarlo, se emocionaba, pero en eso, recuerda a su madre y la vuelve a ver. Sin miedo, le acaricia los cabellos y se lanzó a derramar lágrimas sabiendo que no la vería más.

-Este es el adiós mamá, espero que sin mí, ahora puedas ser feliz. – Ruega con la voz cortada y se atreve a besarle la frente. – Prometo que no importa dónde estés, yo estaré dispuesta a protegerte.

-¡No voy a perder ante ti! – Jura Shui logrando darle un golpe directo en el abdomen y le enterró sus garras, por eso ahora su mano estaba manchada de sangre. – Yo seguiré viviendo y protegiendo mi destino.

A pesar del dolor, Rukia se pone de pie y estira los dedos índice y del medio de ambas manos con una expresión seria en su mirada y Shui se prepara.

-¡Desintégrate, perro negro de Rondanini! ¡Mírate a ti mismo con terror y después perfora tu propia garganta! – Recita sin perder la concentración y como si supiera de qué se tratará, Shui va dando saltos hacía atrás para mantener la distancia. – Bakudou 9: Hourin.

Un haz de luz naranja con líneas amarillas salieron de ambas manos y fueron con dirección hacía Shui, atrapándola sin problema del abdomen con sus brazos incluidos, por lo que parecía estar atrapada y sin una posibilidad de volver a la pelea. Rukia sonríe satisfecha de haber logrado la victoria sin tener que llegar al extremo con aquella niña y sin más, camina para irse y salvar a Orihime.

-¿Por quién me estas tomando? – Rukia gira su cuerpo y se asombra al ver como Shui había hecho pedazos el encantamiento con sólo la fuerza física. – Si crees que puedes derrotarme con un Bakudou tan mediocre… ¡Estás equivocada!

En un segundo flota un par de centímetros y al otro, ya volaba con una velocidad sobrehumana hacía la Shinigami, quien apenas reacciona dando un salto para quedar de pie en pleno aire, pero el arcángel frenó de golpe y sin ningún tipo de dificultad cambia de dirección para ir hacía Rukia y poder derrotarla.

-¡Bakudou 81: Dankuu! – Y una barrera rectangular aparece entre ambas con el objetivo de proteger a la Shinigami.

Se podía oír el sonido molesto de las garras deslizándose por la barrera como una tiza en un pizarrón, afectaba mucho los oídos de Rukia, pero parecía que Shui estaba inmune, cosa curiosa si se había fusionado con un animal que se supone tiene los sentidos más desarrollados.

-¡Este hechizo tonto no va a detenerme! – Le aseguró Shui.

Y la barrera se rompe para el asombro de Rukia ya que aquel Bakudou puede detener Hadou hasta el número ochenta y cinco. No tuvo tiempo de defenderse, así que recibe otro ataque físico de Shui en el pecho, una herida profunda que le quito el aliento a la víctima. Aparta su mano de la pelinegra y con su mano libre, invoca una esfera de agua que ataca a Rukia, drenándole una cierta cantidad de agua (para dejarla deshidratada) y de una patada, la tira al suelo de cristal, el hielo que invocó la Shinigami y poco a poco comenzaba a derretirse, como si muriera junto a su creadora.

-Finalmente. – Shui sonríe ante su vitoria y va descendiendo hasta tocar el agua con sus pies y mira a Rukia mientras su unión con En acaba y el dragón desaparece. – Si que me ha dado golpes duros. – Mueve sus brazos en forma circular. – Como sea, voy a curarme. – Caminando hacia la salida con intenciones de dejar a su rival morir en la soledad.

De golpe siente una brisa congelante, como si estuviera en la Antártica o en el Polo. Se voltea y se asombra al ver como el agua volvía a congelarse lentamente y como una agonizante Rukia se iba poniendo de pie con ayuda de Sode no Shiraiyuki, ignorando el dolor en su cuerpo y su respiración jadeante. Se veía agotada y muy débil por falta de agua en su cuerpo.

-Q-Q-… ¿Qué significa esto? – Exclama casi en histeria y señalándola. – ¿Por qué te sigues levantando? Ya estás derrotada, estás débil e incapaz de pelear. Sólo te espera la muerte o ser salvada de milagro.

-No pienso rendirme. – Fue su respuesta.

-¿No vas a aceptar la derrota? – Asombrada. – ¿Aún cuando tu cuerpo no puedes más?

-No. – Negando con la cabeza y la imagen de su amiga Orihime aparece en su mente. – Inoue no se rindió cuando fue a la Sociedad de Almas a salvarme, ni en Hueco Mundo al ser una prisionera. Por muchos juegos psicológicos que hicieron con ella, no dejo de confiar en sí misma y en nosotros para que estemos todos juntos un día más. – Con cada palabra, su reiatsu iba en aumento, sorprendiendo más al arcángel. – ¡Por eso, yo no me daré por vencida!

Tal declaración la dejó más atónica aún y en sus pensamientos, Shui recuerda lo deprimida que estaba Orihime cuando puso un pie en aquel lugar en compañía de Shintarow, se sentía desesperada, confundida y muy sola… como ella en el pasado.

-Orihime-sama. – Susurró.

Rukia preparo a Sode no Shiraiyuki y va con todo hacía Shui, quien no reacciono al principio por andar pensando aún en Orihime y al darse cuenta, invocó a En, pero fue demasiado tarde. Aún cuando logró llamarlo a tiempo y lo uso para protegerse, no fue suficiente por falta de segundos y recibió la blanca espada atravesando su abdomen. Con los ojos abiertos y su boca tratando de soltar algo, Shui fue cayendo hacía atrás lentamente una vez Rukia saco su Zanpakutoh de ella y al tocar el suelo, no sólo fue manchando el hielo con su sangre, sino que Rukia también cayó ya que En le había enterrado los colmillos desde las caderas hacía el pecho.

Dos guerreras batallaban ahora entre la vida y la muerte.

En, gimiendo de tristeza, movía la cabeza de su ama sutilmente con su nariz en un intento de despertarla, pero al no recibir respuesta, suelta una especie de aullido que se escucha en todo el templo de agua y sus alrededores. El dragón se vio rodeado por luces doradas y fue desapareciendo en polvos azulados sin dejar de ver a su ama que de la nada, fue abriendo sus ojos con esfuerzo para verlo una última vez.

-Gracias por protegerme hasta el final y por ser mi amigo. – Le agradece sonriendo mientras las lágrimas caían por sus ojos. – Estoy muy feliz de haberte conocido… tú serás siempre mi mejor amigo, En.

Una vez que el dragón desaparece, Shui tose varias veces, botando una gran cantidad de sangre. Haciendo un esfuerzo en no dormirse para siempre, gira su cuerpo para quedar boca abajo y se va arrastrando hacía donde estaba Rukia con mucho esfuerzo y soltando unos quejidos. Apoya su mano derecha sobre el abdomen de la Shinigami y sonríe con dificultad mientras veía como de su mano salía un aura azul que iba cubriendo todo el cuerpo de Rukia, y a pesar del dolor y del agotamiento, ella siguió hasta que la pelinegra estaba curada por completo.

-Por favor, ganen o pierdan, sigan cuidando de Orihime-sama, ella es feliz cuando piensa en todos ustedes, los que vinieron a salvarla o los que no. – Vuelve a sonreír y su mano toma la forma de puños mientras las lágrimas seguían brotando. – Y por favor, está claro que este parece ser mi fin… Rukia-san, hazme el favor de cuidar a mi madre por mí. – Le suplico en un susurro y con sus ojos cada vez más pesados que le era difícil estar despierta. – Perdónenme Orihime-sama, Keishi-sama, Dewei-sama, Yagami-sama. Lo siento tanto En… hasta la otra vida.

Y su cuerpo queda inmóvil, se había dormido mientras su mano estaba estirada por falta de pulso y aún sobre el pecho de Rukia.


Shintarow lanzó lejos a Renji e iba a continuar con los ataques cuando sus movimientos se congelaron al sentir desvanecer el reiatsu de Shui.

-¡Shui! – Exclamó preocupado con la imagen de la mencionada derrotada en el suelo y peleando con la muerte. – Debo dejar de perder mi tiempo con este Shinigami e ir a salvarla.


Dewei despierta de golpe y se va incorporando de la cama para ver la pared hasta que decide ponerse de pie finalmente y mira por la ventana.

-Shui… no puedes morir.


Xia estaba escondido en la oscuridad de su templo, esperando pacientemente la llegada de los intrusos… o más bien, de la llegada de Ichigo porque tenía el presentimiento de que sólo él llegaría a sus dominios. Abre sus ojos al sentir la muerte de Shui y recuerda el día en que fue a recogerla junto a Dewei.

-Shui. – Se pone de pie y mira la oscuridad sin un punto fijo.


Sus parpados le pesaban, pero igual se despierta para sentir algo frío debajo de su cuerpo y al recordar lo que le había pasado, se incorpora de golpe para ver el cuerpo de Shui al lado de ella y con su mano ahora sobre sus piernas. Podía sentir el reiatsu de la pequeña rodeando su propio cuerpo e intuyo que sus heridas habían desaparecido a causa de ella y se siente furiosa con por haberse sacrificado tanto.

Como si hubiera un CD que se reproduce con alarma, oye en su mente las palabras de Shui mientras la curaba y asiente con la cabeza mientras se quitaba el kimono de su traje de Shinigami, quedando con la parte blanca y lo usa para cubrir el cuerpo de su digna rival para protegerla del frío.

-En verdad que eres una niña estúpida por dar tu vida por la mía. – Le regaña como si fuese su madre y no evita el acariciarle suavemente la frente, tenía el presentimiento de que ella nunca conoció el amor materno porque ella misma tampoco lo conoció. – Gracias Shui por confiar en nosotros… vamos a liberar a Orihime, te lo prometo. – Comprendiendo finalmente que Shui nunca quiso que Orihime y Dewei pasaran por eso.

Por muy que sea para salvar a la Tierra, como arcángel, no pudo evitar ver a su ama llorar o a su amo sentirse atrapado entre la vida y la muerte, y como humana, le parecía una injusticia inhumana. Al ver la valentía de Rukia, sabía que ella, Ichigo y los demás ayudarían a sus amos, por lo que no estaba arrepentida de dar su vida por ello.

-Te prometo que no será en vano que hayas dado lo último de ti para que sobreviva. – Regalándole una sonrisa. – Los salvaremos… y volveré por ti.

De pie, se inclina en señal de respeto hacía la niña arcángel y se va corriendo tratando de no ser vencida ante el impulso de volver por Shui o su sacrificio sería en vano.

El cadáver de Shui seguía sobre el hielo, protegido con la ropa de Rukia y con una sonrisa pacífica en los labios.

De la nada, un destello blanco aparece cerca de ella y se oye los pasos de una persona que caminaba hacía la pequeña con un semblante serio y tranquilo.