CONTINUACION!
Se que muchos estaban esperando conti de este fic (y con esto me refiero a ti Sean xDDDDD)
DISCLAIMER: Bleach es propiedad de Tite Kubo.
Capitulo 12: La naturaleza es Pura.
Desde que tenía conciencia, Xia había crecido en un orfanato cristiano pequeño en la ciudad de Arlés, situado en el país de Francia. No conocía nada de su padre y lo que sabía de su madre es que es una alcohólica y drogadicta, incluso embarazada continuaba con sus vicios, así que la llevaron a prisión, lo sacaron a los 7 meses de gestación y estuvo en un hospital en tratamiento por dos meses, terminando en el orfanato.
Los dibujos eran su refugio, con solo 3 años, ya dibujaba como los grandes artistas renacentistas, dominaba un perfecto lenguaje, casi adulto, y la lectoescritura. A los 4 años, era un maestro en las matemáticas y las ciencias, pero no le parecía interesante, sólo quería estar rodeado por sus pinceles, bastidores, cuadernos de dibujos y lápices, sólo quería dibujar y pintar. Siempre andaba solo, ignoraba a sus pares o a los mayores, pensaba que eran idiotas, sin el CI adecuado para mantener una plática decente con él, por eso su única compañía era la Madre Superiora Teresa, la directora del orfanato. Se pasaba el tiempo mirando por la ventana cada vez que tenía la oportunidad, perdiéndose en el cielo o disfrutando del viento cuando estaba afuera, Xia tenía la sensación de que había algo importante esperándolo allá afuera.
Lo más curioso es que siempre tenía el mismo sueño, todas las noches soñaba con un bosque, estaba rodeado de sus enormes árboles, pero no le causaba miedo, al contrario, sentía una gran calma, le gustaba estar allí, se sentía libre y cerca de lo que buscaba más allá de su ventana. Luego se aparecen las aves, de toda clase, volando en conjuntos al mismo nivel que él o más alto, bien cerca de las nubes o del sol. Todas volaban en la misma dirección, como si lo guiara a que las sigan, y eso siempre hacia Xia, corría detrás de ellas, sin dejar de verlas, algunas criaturas volaban al mismo ritmo que él para hacerle compañía. Siempre lo guiaban al mismo lugar: una pradera. El viento mecía las flores y los doseles de una cuna pintada de color azul, mismo color de las mantas, y custodiado por una pequeña cacatúa blanca sobre el barandal. Pero cuando estaba por ver al bebé, su sueño acababa y despierta.
Al cumplir los 8 años, llegaron un par de oficiales y un hombre vestido muy elegante para comunicarle que su madre iba a morirse, era la primera vez que oía de ella y le explicaron sus crímenes, a pesar de ser un niño, él entendía como un adulto y quiso ir al hospital. Al conocerla, vio a una mujer cansada y en verdad enferma, pálida, con ojeras enormes bajo los ojos, dientes y uñas amarillas… o los que le quedaban ya que parece que su madre se las comía. Tenía moretones, que según le explicaron, eran recuerdos de batallas que se gano en la cárcel. Sus rasgos eran chinos, su cabello corto y negro estaba desordenado, disparejo y seco, de seguro tenia las puntas partidas.
Lo dejaron solo con ella, pensando que no causaría ningún revuelo. Xia no hacía más que mirarla, de pie, esperando pacientemente a que ella despierte o muera, lo que pase primero. Le llama la atención el ruido que hace uno al toser, su madre estaba abriendo los ojos, tal parece que si iba a conocerla después de todo. Xia descubre que su madre tenía los ojos de color caoba.
—¿Quién eres? — La voz de su madre era ronca y cansada, siéndole familiar el rostro del niño.
—Sheng Xia… soy tu hijo.
Al revelar su identidad, la mujer refleja un curioso interés por el niño, viéndolo con más cuidado. Luego, suelta una risa burlona, aunque baja por estar al borde de la muerte.
—Conque tú eres el bastardo que me hizo terminar en prisión… con razón me eras familiar, te pareces a tu padre.
Xia no se inmuto ante la actitud de esa mujer, ella no le interesaba a su hijo ni él a su madre… no le interesaba la gente estúpida o muerta.
—¿Por qué estás aquí? — Le pregunta su madre con un sincero desagrado.
—Me dijeron que ibas a morir, así que pensé en venir y conocer la clase de persona estúpida que eras — directo, rudo y frío. Su madre suelta un bufido, maldiciendo algo de que nos niños de ahora eran todos unos maleducados. — ¿Quién es mi padre?
—No le vas a interesar, me hecho a la calle cuando supo que te esperaba, no quería perjudicar su familia y su trabajo… ese hijo de puta, debió pensarlo antes de buscarse consuelo.
—¿Fuiste su prostituta?
—Prostituta profesional… pagaba muy bien por mis servicios… hasta que quede embarazada.
—¿Quién es mi padre? — Insistió el niño, volviendo a sacar otro bufido en su madre.
—Tu padre es el Primer Ministro de Francia, el hombre del año con su querida esposa y tres hijos, Jules Ferry. — Vuelve a reírse, frotándose la frente con su mano libre de cables y agujas. — Su vida se vendría abajo si el mundo supiera la verdad.
La puerta se abrió, revelando a un oficial que le comenta que su tiempo se había acabado y debía volver al orfanato. Sin despedirse, Xia se fue en silencio ante la atenta mirada de su madre prostituta.
Caminaba custodiado por sus escoltas mirando el suelo mientras pensaba en esa mujer que se moría y en el hombre que veía de vez en cuando en las noticias. Eran sus padres, era un hijo no deseado, lo rechazaron.
Un extraño escalofrió recorre su cuerpo y una voz le susurra en el oído que se agache o iba a morir. Confundido y reaccionando con sus instintos de supervivencia, le hizo caso a la voz, salvándose de un tiro que iba directo a su cabeza. Mientras la gente gritaba o corría, otros mantenían el control o de llevarse a Xia de vuelta al auto blindado para que este seguro. Él se dejaba arrastrar, con sus ojos clavados en el pequeño agujero en donde estaba enterrada la bala que iba por su vida.
Esta noche hubo algo nuevo en su sueño, ya no había una cuna azul, ahora había dos cunas, la azul y una que era de color rosado y ambos tenían alas de ángeles. Esta vez, ya no había una cacatúa blanca, habían varias, rodeando las cunas en la tierra y en el cielo. Luego de aquel sueño, no hacía más que dibujar y pintar ángeles, especialmente una pareja en que la mujer tenía largo cabello naranja hasta los tobillos y el hombre era pelinegro, largo hasta la cintura. Ambos portaban alas doradas, a diferencia de los ángeles con alas blancas.
A los 9 años, luego de toda una vida con el mismo sueño, hubo una noche en que no soñó lo mismo, estaba en un crucero en pleno mar, era de noche y no había nubes en el cielo, así que se podía ver la luna menguante y las estrellas. Luego de caminar por todo el lugar, termina encontrando a una pareja de casados, lo capta por las sortijas, miraban el cielo acurrucados mientras la mujer sostenía algo entre sus brazos: un bebé. Siendo arrastrado por una energía misteriosa, camina hacia ellos para poder ver al bebé, jurando que era el mismo de sus sueños anteriores, pero de golpe, el crucero sufre un temblor.
Oía el grito de la gente llena de pánico y veía los cadáveres, cierra los ojos por no tener la fuerza suficiente para ver todo eso. El viento le sopla despacio, diciéndole en silencio que estaba a salvo y podía mirar, notando que se encontraba de pie sobre un bote en que sólo había un bebé varón de seis meses y que no paraba de llorar. Rodeado de cuerpos vacios. Lo que llama su atención es que el pequeño era protegido por unas alas doradas.
Sin soportarlo más, despierta. Se sienta en la cama, jadeando y sudando, veía sus compañeros de habitación dormir pacíficamente, ignorando lo que le estaba agobiando al niño rubio.
¿Estás bien, Xia?
El niño gira la cabeza a su izquierda al oír la voz de una mujer amable, sorprendiéndose de que estaba sobre su cama una cacatúa blanca y el instinto le aseguraba que era la misma de sus sueños. ¿Acaso seguía soñando?
—Es la primera vez que me hablas. —Xia le hablo tranquilo, a pesar de que su respiración seguía acelerada, pensando que en verdad estaba soñando. — Siempre te vas cuando me acercó.
Lo siento Xia, aun eras muy joven para controlar tanto poder, por eso nunca alcanzabas a llegar a las cunas.
—¿Poder? ¿Quién eres?
Mi nombre es Yun, soy tu guardiana del viento.
—¿Mi qué? — Frunciendo el ceño.
Yun, tu guardiana del viento… y tú eres el arcángel del viento. Has reencarnado para cumplir tu deber en la Tierra: protegerla y también a Yagami y Keishi.
Okay… definitivamente, estaba soñando.
—Yo no soy lo que dices ser, soy un niño huérfano no deseado.
Sé que has pasado por mucho dolor, he estado siempre a tu lado, tanto en este mundo como en el de los sueño… y en el de dónde provienes originalmente.
—¿Ahora vas a decir que soy una especie de Clark Kent? — Refiriéndose a las historietas de Súperman.
Pues eres de otro planeta como él.
—Sí, claro… definitivamente debo volver a la cama.
Escucha Xia, ese bebé que siempre ha estado en tus sueños es la reencarnación de Yagami. Eres el primer arcángel que ha nacido, tus hermanos un no nacen… es tu deber encontrarlo y protegerlo.
—Tonterías, no hay mucho que pueda hacer un crio de 9 años, eso sólo está en la imaginación y estoy perdiendo ahora mismo la cabeza al hablar con un ser imaginario por falta de sueño.
Yagami-sama es el ángel de las alas doradas de tus pinturas. — El cuerpo de Xia se paraliza como reacción a tal revelación. — Como la mujer de alas doradas que dibujas, ella es Keishi-sama, la de la cuna rosada.
—Aja… lo que digas… — Sin creerle para nada.
Debes proteger a nuestros reyes ángeles… y encontrar a tus hermanos arcángeles.
—Mira… esto es un sueño, así me tapare hasta tope con las sabanas, dormiré y todo esto desaparecerá.
Dicho y hecho, se tapa murmurando unas "Buenas noches", cayendo dormido de inmediato. Y cuando despertó a la mañana siguiente, había una pluma de cacatúa blanca sobre su cama.
Había pasado el tiempo con mucha normalidad, a excepción de su sueño rutinario que ya le estaba colmando la paciencia desde su "encuentro" con el ave parlanchina.
Una noche, mientras dormía, una voz le grita que despierte y que se salve porque corría grave peligro. Despierta y empieza a toser por un olor desagradable que venía desde la puerta, incluso se veía algo de iluminación. Corre a la puerta y la abre, quedando paralizado al verse envuelto en llamas.
El orfanato estaba bajo un incendio.
—¡DESPIERTEN! — Xia grita a todos sus compañeros de habitación gritando y sacudiendo a los más cercanos. — ¡El edificio se quema!
Todos entraron en pánico, gritando y aferrándose a otro mientras aseguraban que iban a morir. Xia también estaba aterrado, pero debía ser firme, alguien debía serlo por los más pequeños. Su mente trabajaba para idear un plan para salir de ahí, pero no podían, la puerta estaba bloqueada y la ventana estaba a una distancia muy larga para niños de 9 años para abajo.
En eso, oyen un grito de mujer y sin importarle el fuego, entra la Madre Superiora Teresa, una mujer de cabello castaño y ojos grises, sus ropas estaba con rastros de quemadura y un poco rota al final del largo vestido y se podía ver su cabello ya que había perdido su velo. Los niños corrieron hacía ella y la abrazaron, sintiéndose más seguros.
—Tranquilos, los bomberos vienen en camino, voy a sacarlos de aquí.
—Pero Madre Superiora, el camino esta obstruido. — Grita un niño con sus lágrimas a fuego vivo.
—Podemos salir por la ventana. — Dijo Xia mientras la abría. — Es muy alto para nosotros, pero no para la Madre Superiora, ella nos puede ir recogiendo desde abajo.
—Que Dios bendiga tu inteligencia y se ampare de nosotros. — agradecida con el pequeño, lo besa en la frente y de inmediato abre la ventana, cayendo al piso de rodillas.
Uno a uno, los niños iban saliendo para ser recibidos por la Madre Superiora y otras monjas que se acercaron al percatarse de todo, a veces hubo un retraso ya que ciertos niños no se atrevían a saltar por todo el miedo que golpeaba su sistema, pero Xia los animaba prometiéndoles que la Madre Teresa los iba a atrapar.
El fuego ya había invadido casi toda la habitación, apenas Xia podía moverse cuando el último niño salto. Ahora era su turno, pero un pedazo de madera cae entre él y la ventana al no poder soportar más estar allá arriba por el calor del fuego. Estaba atrapado, oía los gritos provenientes de afuera mientras trataba desesperadamente de usar hasta la última neurona para idear un plan de escape.
Pero no había nada que hacer.
Iba a morir.
Ante aquella realidad, hizo algo que ni siquiera hizo el día que nació: llorar. Sus lágrimas caían ante la frustración, no quería morir, aun tenía cosas que hacer. De rodillas implora a los dioses un milagro, pensando de nuevo en la cacatúa Yun y en los ángeles de sus pinturas.
—Por favor… Yun… ángeles… ayúdenme.
Las lágrimas que salieron después de ruego, brillaron al caer al suelo, sorprendiendo a Xia, era un brillo dorado como su cabello y de ellas nace una brisa que lo rodea, protegiéndolo del fuego. El viento iba tomando terreno, desvaneciendo el fuego que se cruzaba en su camino.
Felicidades Xia, has despertado tus poderes.
Mágicamente se aparece Yun ante él, pero más grande, tenía la misma estatura que él. Como si fuese la madre amorosa que siempre se imaginaba en lo más profundo de su mente, Xia se tranquilizo y corrió hacia ella, abrazándola como se abraza a un perro que consideras tu mejor amigo. Yun le susurraba que todo iba a salir bien si confiaba en su poder.
—¿Cómo desperté mi poder?
Se logro a causa de que despertaste tu cualidad, lo que caracteriza al Viento.
—¿Y cuál es?
Bondad. — Disfruta el ver como Xia se sorprende, alegando que no era posible al ser alguien que no le gustaba la gente. — Posees un gran corazón Xia, lo has demostrado al proteger a todos… ahora yo te protegeré a ti.
Yun extiende sus alas para abrazarlo con ellas, pidiéndole que cierre los ojos hasta que ella le diga que pueda abrirlos de nuevo. Como no podía ver, Xia podía oír un aleteo y el viento golpeando su cara, luego como si lo hubiesen metido a la lavadora.
Puedes abrir tus ojos Xia.
El niño obedece, sorprendiéndose ya que ahora se encontraba a una colina lejos del orfanato, podía ver el humo del fuego a lo lejos. Nunca antes había estado tan lejos por su propia cuenta, siempre acompañado, así que disfruto del momento a pesar de la situación.
—Pero Yun, me has dejado muy lejos. Debo volver para que vean que estoy bien.
Me temo que no puedes Xia.
—¿Por qué no? No quiero agobiar a la Madre Superiora.
—Lo siento Xia, pero es por tu seguridad.
Xia se sobresalta al oír a alguien más. Era un hombre adulto, con músculos pequeños y vestido con un clásico traje chino de color marrón. Tenía su barba terminando en punta y de color café oscuro, mismo color de su bigote y cabello. En sus brazos, sostenía un bebé cubierto en una manta azul, el bebé del crucero, pensó Xia.
—Déjeme presentarme Xia-sama, mi nombre es Shamon, líder del ejercito de los arcángeles… pero usted, al ser el mayor, es nuestro líder. — Se inclina respetuosamente, teniendo cuidado con la cría. — Mi vida es suya.
Xia, si vuelves, las vidas de todos ellos seguirán en peligro.
—¿Qué quieres decir, Yun?
El incendio no fue un accidente, lo provocaron porque hay alguien que te quiere muerto.
—Si desapareces y les haces creer que estás muerto, nadie le impedirá cumplir su deber como arcángel mi señor.
—¿Quién me quiere muerto?
Eso no importa Xia, entre menos sepas en esta época de tu vida, mejor.
—¡No, quiero saber! — Ve a Shamon directamente a los ojos. — Dices que yo soy tu jefe, ¿no es así? ¡Pues dime quien no le interesa la vida de inocentes con tal de que yo esté muerto!
Xia estaba tranquilamente de pie, con una expresión de aburrido mientras veía a un derrotado Ichigo, sangrando en el suelo y jadeando por complicarle respirar. Las heridas eran graves. El Shinigami hizo dos esfuerzos fallidos en levantarse, por lo que Xia suspiro cansado.
—Me decepcionas, esperaba mucho de ti… creo que te he subestimado Kurosaki. — Lleva ambas manos tras su cabeza. — Ni siquiera te he tocado físicamente.
Ya es suficiente, Xia. — El mencionado da media vuelta para ver a su guardiana. — Está derrotado, cúralo y sácalo de aquí.
—¿Y tú crees que eso va a detenerlo? Míralo. — Señalando la dirección en donde estaba el Shinigami, Ichigo estaba haciendo otro esfuerzo por levantarse. — Se preocupa demasiado por Orihime-sama que no piensa rendirse.
Y tú le prometiste a Orihime-sama que no matarías a sus amigos.
—Y no lo haré, tranquila. — Suelta un bufido, molesto ante la actitud del ave. — Actúas como si fueses mi madre.
Levanta una ceja, Ichigo finalmente se pone de pie, pero a duras penas, usando a Zangetsu como bastón. El arcángel rubio suelta un silbido, comentando la enorme tenacidad que portaba.
—Debe ser por tu terquedad. — Abre los ojos al tener la punta del filo de Zangetsu cerca de la nariz, sin habérselo esperado. — Oohhhh…
—No quiero… seguir… perdiendo mi tiempo… contigo… — Se le dificultaba hablar fluidamente por el gran dolor de su cuerpo y heridas. — ¡Muéstrame la puta salida o te rajo el cuello!
—Es curioso que me diga eso una persona que está más muerto que vivo. — No parecía perturbado, sonreía aun con el arma amenazando su vida. — Tu terquedad te llevará a la muerte. — Le dijo adquiriendo rápidamente una mirada sombría.
Ichigo, molesto, vuelve al ataque, pero Xia lo detiene nuevamente sin la necesidad de tocarlo. No importa cuántos ataques lanzase, no era necesario tocarlo para que sean desviados, como un escudo invisible. Y cuando atacaba, solo le bastaba mover su mano como si fuese abanico y mágicamente aparecen cortes nuevos a Ichigo, superficiales o profundas, dependiendo de la distancia y de la energía que usa para mover la mano.
Ichigo ya se estaba levantando por cuarta vez, había derramado demasiada sangre, gran parte de su cuerpo estaba cubierto de rojo y su traje estaba tan destruido como su combate contra Ulquiorra hace tiempo.
—¿Cuándo vas a rendirte? No puedes derrotarme. — Le asegura mientras caminaba hacía él luego de volver a dejarlo en el suelo.
—¡Silencio!
—Comienzo a aburrirme.
—¡¿Por qué no puedo darte un corte?! — Ichigo se estaba enojando más y más por su frustración.
—¿Acaso no me escuchaste cuando me presente? — enarcando una ceja. — Que grosero eres.
—¡¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?!
—¿De verdad eres el hombre que salvo el mundo de Aizen? — Bufo molesto, dejándose caer al suelo sin problemas ya que el viento amortigua su caída, quedando sentado al estilo indio. — No eres alguien que capta los detalles fundamentales, eres un cavernícola que solo piensa en golpear.
—A Ishida le va mejor eso de pensar y analizar.
—Oh, entonces él debe ser más fuerte que tú, ojala se hubiera enfrentado conmigo… pero está muy ocupado ligando con Lian. — Apoya los codos sobre sus piernas para que las manos sostengan su cara. — Piensa, ¿Qué te dije al presentarme?
Ichigo piensa en silencio, frustrándose muy rápido, no era su estilo pensar, analizar e idear una estrategia, no, él era más directo, pelea y pregunta después… tal vez si tenía algo de cavernícola después de todo… ¡Argh! ¡Que él no era el jodido cuatro ojos!
Mi nombre es Sheng Xia, guardián del viento.
Ichigo abre sus ojos al recordar al fin lo que el niño bonito presumido le había dicho horas antes.
—Dijiste que controlas el viento.
—Bien, ya te acordaste… ¿Comprendes ahora del por qué no puedes tocarme? Yo controlo el viento, el aire que te ayuda a respirar… puedo hacer que sea agradable… o una cuchilla asesina que te parte por la mitad. — Sonríe fríamente, colocándose de pie nuevamente. — Todo el entorno es mi arma… si yo quisiera, podría matarte con sólo estallar tus pulmones. Pero descuida, le prometí a Orihime-sama que no iba a matarte.
Una brisa no creada por él lo obliga a retroceder, salvándose a penas de un Getsuga Tenshou. Luego de asegurarse de que su camisa o cabello no hayan sufrido un corte, ve a Ichigo con unos ojos analíticos, de nuevo estaba de pie, tratando de ignorar el dolor de su cuerpo o que ya no podía seguir de pie.
—Tal parece que quieres seguir adelante… eso no es bueno.
—¿Tú qué crees? Ábreme la salida.
—Si sigues así, me obligaras a romper mi promesa hacía Orihime-sama y te mataré.
—¡QUE TE CALLES Y ABRE LA PUTA PUERTA!
De nuevo el Shinigami Sustituto vuelve al ataque, pero tenía los mismos resultados, Xia se defendía y atacaba sin la necesidad de un contacto físico. Maldijo en un grito, debía haber una forma de pasar.
—Nosotros estamos haciendo esto para proteger la Tierra y a ustedes, los humanos. — Dijo Xia, deteniendo otra embestida. — Hemos sufrido al reencarnar para conocer el dolor humano, incluso nuestros reyes han tenido que sufrir. Hemos renunciado nuestra libertad para encerrarnos bajo tierra y protegerlos. — De su mano desnuda nace una ventisca que manda a Ichigo a volar varios metros. — Lamentablemente, Orihime-sama no puede escapar de su destino, debe usar sus poderes por la Tierra… debe casarse por el planeta y por los humanos.
—Corta el rollo. — Le ordena mientras tosía, escupiendo sangre.
—¿No lo entiendes todavía? Orihime-sama va a casarse por TU culpa.
—¡Con más razón aun voy a seguir peleando! — Levanta a Zangetsu, volviendo a una pose de ataque. — ¡Les guste o no, voy a sacarla de aquí! — Y vuelve a usar su Getsuga Tenshou.
Aun así, Xia lo pudo detener sin problemas y vuelve a atacar al chico, dejándolo hecho una mierda. Estaba claro que ya no podría levantarse.
En eso capta algo entre las manchas de sangre, usando su poder, lo levanta del suelo, descubriendo que era un amuleto de buena suerte que emanaba un reiatsu que no era de Ichigo. Alguien lo estaba cuidando. Curioso por tan abundante poder, lo abre, encontrando una mini fotografía de su familia: su padre, su madre, sus hermanas y él. Por la fotografía, debió de haber sido hace muchos años y el reiatsu se estaba concentrando allí.
—Conque tienes hermanas… esos son tus padres. — Susurra viendo a la pareja, pensando en sus propios padres, una mujer drogadicta que estaba muerta y un político que no lo quería y había ordenado su muerte. — ¡JA! Te ves demasiado inocente en esta foto, cualquiera que no te conoce pensaría que no romperías ningún plato.
Pero no recibió respuesta ya que Ichigo había caído inconsciente. De inmediato se acerca, había perdido ya mucha sangre que era todo un milagro que se hubiese mantenido en pie. Maldiciendo lo terco que era y a sí mismo por mantener una promesa, rodea a Ichigo en un campo amarillo.
¿Vas a ayudarlo a seguir peleando?
—Hace un momento Yun me estabas alegando de que lo curase para sacarlo.
Para que lo saques, no que lo sigas alentando a pelear.
—Esto lo hago por Orihime-sama… además, a él le falta muy poco para que me convenza de que es el correcto.
Ishida estaba en una clara desventaja.
—Me da mucha pena cortar tu cara bonita. — Confeso Lian luego de haberle dado un corte en la mejilla derecha con una de sus garras.
—Agradezco tu sinceridad.
A gran velocidad, de nuevo Lian estaba muy cerca de Ishida, sonriéndole seductoramente antes de atacarlo con una de sus garras en el pecho, cortándole el traje y liberando sangre, luego, con una patada giratoria, lo lanza lejos a su derecha. Al ver que iba a usar sus flechas, levanta su brazo derecha, apareciendo varias hojas de otoño en que se dirigen a Ishida, cortándole la piel e impidiéndole ver a dónde se dirigía Lian.
Desde que se ha fusionado con el koala, su velocidad ha aumentado. Me es difícil mantener su nivel.
—Esperaba más de ti… considerando quiénes son tus padres.
Con el corazón en la garganta por la sorpresa, Ishida voltea, de nuevo Lian estaba cerca de él. La arcángel le acaricia la mejilla con una de sus garras, despertándolo y usa el arco para apartarla. Aprovechando que se había caído en el suelo, la señala con su arco, listo para lanzar sus flechas.
—Eres muy violento para ser la primera cita.
—Creo que soy apasionado cuando la chica me agrada. — Lian suelta una risita, divertida a pesar de la situación actual.
Del suelo que rodeaba a Lian, comienza a crecer ramas a gran velocidad, atrapando al Quincy y elevándolo cada vez más lejos. Uryuu suelta una maldición, tratando de liberarse mientras su oponente se pone de pie, aun así, no se da por vencido y apunta a una de las ramas, lanzándole cientos de flechas, logrando que se debilitara y así pudiera salir de su prisión victoriosamente.
—¿Ya se te acabaron los trucos?
—En realidad, aun me queda uno. — Y saca algo parecido a un palo hecho de fierro de su súper cinturón, al estilo Batman.
—¿Qué es eso?
—Seele Schneider. — Y como sables en Star Wars, comienza a emitir un brillo azul que le hace parecer a una espada.
Ishida da un paso y al siguiente desaparece ante el campo visual de Lian, sorprendiéndose al tenerlo de frente y atacando con su Seele como si fuese espada.
Se oye el chapoteo de la sangre al caer al suelo.
Ishida le había hecho un corte a Lian superficial en el cuello.
Lian no le hizo nada, pero sus garras estaban cerca de los ojos del Quincy.
—Te puedo cortar y dejarte gravemente herido o muerto. — Le asegura Lian con toda seriedad, dejando a un lado el coqueteo que había implementado toda la pelea. — Pero a pesar de mi amenaza, seguirás adelante, ¿no es así?
—Sí. — Retrocediendo un par de pasos y desactiva la Seele Schneider. — Kurosaki es demasiado idiota y temperamental para encargarse de todo él solo… no durara ni cinco segundos.
—Entiendo.
Le da la espalda, no parecía preocupada de que el Quincy la atacase con la guardia baja porque sabía que aquel clan eran demasiados dignos para hacer algo así. Polvos verdes aparecen en sus dos manos de koala y los lanzó al suelo, al poco rato comienza a salir ramas de arbustos que iban creciendo y creciendo, haciendo aparecer en el centro una puerta de madera.
—He perdido, puedes pasar y seguir tu camino. — Dijo con una gran sonrisa.
—¿Qué? — Frunciendo el ceño, no se confiaba tan fácilmente.
—Has pasado el segundo examen, así que has ganado… ¿Recuerdas lo que había dicho antes de nuestra pelea?
—Odias la violencia, más la innecesaria.
—Exacto. Has ganado la prueba, así que sería inútil seguir peleando… me has demostrado ser un leal amigo de Orihime-sama, así que te dejo pasar.
Comprendiendo que sus palabras eran sinceras, se sube los lentes y le da las gracias, pero Lian le impide el paso cuando estaba a punto de cruzar. Tal parece que se acordó de algo importante.
—Espero que la segunda cita sea mejor que esta.
—Me asegurare de que sea menos… ajetreada.
Regalándole una sonrisa, Ishida cruza la puerta, que desaparece al cerrarse.
Lian cierra los ojos y es rodeada por un brillo verde, al instante, ella y Ali fueron separadas.
No estoy de acuerdo con tu decisión. — Alego la koala mientras Lian usaba la magia para curarse el corte. — Tendremos problemas por ello.
—No es mi problema Ali. Dewei-sama y los demás saben que no peleo batallas innecesarias. En el momento que él me cortó el cuello, gano.
De verdad que eres la representación de la Tierra. — Asegura el guardián mientras Lian se cambiaba de ropa, usando un traje sin cortes y limpio. — Tienes un corazón muy Puro.
Al momento que dice eso, gira para verla mejor, notando que Lian estaba sonriendo mientras las lágrimas caían por sus ojos.
