Nota de Autor: Aquí vas el nuevo capítulo que lo disfrutéis, porque cada vez son más laaaaaaaaaaaaaaargos xD
Llegada al pasado
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Romano aterrizó sobre un duro suelo de piedra, el viaje había sido corto, pero se sentía fatal y tenía un fuerte dolor de cabeza. Se examinó a sí mismo para comprobar si estaba entero.
- Roma, Roma, Roma... -se dijo mientras tanto.- Tantos años metido en las mafias y ahora vas y confías en una sonrisa...
Romano terminó de contarse los dedos de la mano, por suerte estaba entero y no tenía ningún daño, menos mal que antes de darse contra el suelo había aterrizado en algo blando...
- ¡¿D-de dónde has salido?!
Romano se sobresaltó, no se había dado cuenta de que no estaba solo, se dio la vuelta para saber a quien pertenecía esa voz.
Se quedó helado.
La voz era de un niño de unos doce años, tenía el pelo corto, marrón y ensortijado, la piel morena y los ojos verde oliva, que le miraban sorprendido. Estaba tirado en el suelo como si alguien lo hubiera empujado (seguramente había aterrizado encima de él), y agarraba con fuerza un pequeño cofre y un lazo rojo. Tenía una espada enorme colgada del cinto.
- T-tú eres... -Empezó a hablar Romano. Pero unos gritos que se acercaban le interrumpieron. El chico giró la cabeza en la dirección de los gritos, nervioso. Romano miró a su alrededor: había ido a parar al pasillo de lo que parecía un palacio musulmán, con un montón de decorados y escritos árabes.
El niño agarró aún más fuerte el cofre.
- Mierda, ya vienen... - susurró, se giró hacia Romano y le tendió la mano.- No pareces uno de ellos, vamos, rápido.
Romano no entendía nada de lo que pasaba, pero los gritos estaban cada vez más cerca y no sonaban muy amistosos. Decidió coger la mano del chico que tanto se parecía a España.
El niño le agarró muy fuerte y se echó a correr sin soltarle. Romano gruñó, aún estaba demasiado mareado para echarse a correr, pero al parecer al chico le daba igual y tenía bastante fuerza, así que no tuvo otra cosa que hacer que seguirlo por detrás.
Llegaron al final de un enorme pasillo, antes de torcer a la izquierda Romano miró cuanto tenían recorrido, justo en ese momento los portadores de aquellos gritos aparecieron al otro lado del pasillo que acababan de recorrer. Romano ahogó un gritó, había por lo menos 10 hombres que le duplicaban de tamaño, además todos estaban armados hasta los dientes con hachas y espadas.
Romano tragó saliva y corrió más rápido. Si había algo que supieran hacer su hermano Italia y él era huir del enemigo.
Aún así dejó que el chico fuera delante por que él no tenía ni idea de como salir de allí.
Pero pronto se dio cuenta de su error, ese niño parecía seguro de sí mismo, pero la verdad es que no tenía ni la menor idea de como salir de allí, ya qué ese pasillo no tenía salida y se dirigían directos hacia una ventana. Romano aceleró para acercarse más al chico, este no dejaba de agarrarle el brazo.
- ¡¿Se puede saber dónde vamos?!
El chico le dedicó una sonrisa, parecía que le situación de ser perseguido por unos hombres como armarios le divertía:
- ¡Agárrate fuerte!
Romano no tuvo tiempo para quejarse, habían llegado a la ventana.
El chico saltó por la ventana arrastrando a Romano con sigo, justó en el momento en el que sus perseguidores musulmanes torcían a la izquierda, al verles caer Romano oyó algo que a él le sonaron como insultos. Pero no tenía tiempo de pensar en eso, habían saltado desde un tercer piso.
Por suerte iban a aterrizar en una lona de tela, vio como el chico que había saltado un poco antes que él rebotaba en la lona, pero el no tuvo la misma suerte, debía de pesar el doble que él niño y la lona solo consiguió frenar un poco su caída antes de rajarse y hacer que Romano viera las estrellas al darse contra el suelo. Lo único que hacía últimamente era caerse.
No tuvo mucho tiempo para descansar, aunque esta vez también se había dado en la cabeza y veía borroso, pudo distinguir al chico acercándose a él, le seguía algo...
- Hey, ¿Estas bien? Sangras un poco de la cabeza... -le dijo el chico.
Por fin se le enfocó la vista, en ese momento ese "algo" que llevaba el chico con sigo le pegó un lametazo en la frente.
- Que coño... -miró hacia donde le habían lamido.- ¡¿De dónde has sacado ese caballo?!
Delante suya había un enorme caballo color café que parecía reírse de la cara que ponía Romano. El chico le dio unas palmadas en el cuello mientras sonría:
- Le acabo de adoptar, se llama Mediterráneo. -Dijo entre risas, sujetaba el cofre y el lazo rojo con el otro brazo.- Venga, sube, rápido, pronto saldrán por esa enorme puerta y si para entonces no estamos fuera del pueblo nos habrán cazado. -Dijo.
Romano se sentía de todo menos bien, pero hizo un esfuerzo enorme y se subió al caballo.
El niño se sentó delante suya, le dio dos palmadas al caballo y gritó "¡Arre!", el caballo empezó a cabalgar a una velocidad increíble y Romano se agarró fuertemente al chico para tratar de no caerse (otra vez).
Por suerte el caballo era muy rápido y pronto se adentraron en un frondoso bosque, dejando atrás el pequeño pueblo Musulmán.
Solo cuando habían cumplido quince minutos de viaje, el chico dejó que "Mediterráneo" relajara la marcha. Aún así Romano no dejó de aferrarse con fuerza al niño, la cabeza le daba vueltas.
El joven debió de notar lo mal que se sentía Romano por que le preguntó:
- Hey, ¿te gustaría hacer una paradita?
- ...sí,... por favor... -le respondió Romano.
Dirigió a Mediterráneo un poco más al fondo en el bosque hasta un pequeño claro con una charca de agua.
En cuanto el caballo paró, Romano se bajó y vomitó hasta la primera papilla.
- Lo siento, no sabía que te sentara tan mal montar a caballo. -Le dijo el chico.
- no es eso,... he tenido... un día... ajetreado... -Dijo Romano, maldiciendo a Inglaterra en secreto. El niño se había tirado en la hierba mientras se comía una manzana. Romano se quedó anonadado, ¿Es qué ese chico no se quedaba nunca sin recursos?
El niño le lanzó otra manzana de su bolsillo. Romano la cogió al vuelo.
- Gracias... España... -le dijo Romano. El chico le miró interrogante mientras le metía a Mediterráneo una de sus manzanas en la boca.
- ¿España? Me has debido de confundir con algún amigo tuyo. - Dijo mientras apartaba unos mechones de pelo de la cara, después le miró, sonrió y le dijo.- Yo, soy ¡Al-Andalus! -Dijo con una sonrisa de suficiencia.
Romano le miró extrañado:
- ¿Al-Andalus?
- Bueno, en realidad mi nombre es Reino de Asturias, de Navarra y unos cuantos más; pero me gusta más el nombre que me ponen los musulmanes: Al-Andalus, es corto y eficaz. -Terminó.
Romano se le quedó mirando un rato, pensando sí un país podía tener más de un nombre en la vida, pero luego pensó que sí todos los países tenían un nombre humano al que referirse (su nombre humano es Lovino), ¿Por qué no iban a cambiar su nombre original de cuando en cuando?
Al-Andalus también estaba pensando en algo, después miró a Romano como si estuviera sopesando una idea que le pasaba por la cabeza. Después, rápido como una bala, desenvainó su espada y saltó sobre Romano, que perdió el equilibrio y cayó al suelo. Al-Andalus se sentó encima suya y le apuntó con el filo de la espada al cuello. Romano tragó saliva, asustado.
- Tú eres un país ¿verdad? -Le preguntó muy serio.
- S-sí . -dijo sudando al sentir el frio filo de la espada cerca de su cuello.- ¿Cómo lo has sabido?
Al-Andalus le sonrió, pero su cara combinada con la espada con la que le apuntaba, conseguían hacer que Romano se asustara más.
- Muy fácil, caímos desde un tercer piso y tú fuiste de cabeza al suelo, te vi. Pero luego te levantaste como si nada con un simple raspón en la cabeza que ya te ha dejado de sangrar. Cualquier persona no habría sido capaz de volver a levantarse.
Romano pensó en la teoría de Al-Andalus, tenía sentido. Los países, aunque tuvieran forma humana, tenían esa cualidad de no morir tan fácilmente, es más, duraban tanto tiempo como el país al que representaban sin envejecer lo más mínimo.
Pero ahora Romano no tenía tiempo de pensar en eso, un país armado con una espada sí que podía matarlo fácilmente.
-T-tiene sentido. -Constató, se moría de vergüenza por que un niño pequeño le hubiera dejado fuera de combate.
- Lo sé, -Respondió Al-Andalus.- Ahora dime, ¿Qué hacías en el mismo palacio que yo?
- No pensé que te lo hubieras pedido antes.
- Responde. -le dijo, mientras apretaba un poco más el filo al cuello de Romano. Para ser un niño, no se andaba con bromitas. Romano pensó qué podía responder. Desde luego no podía decirle que había venido del futuro gracias a un terrorífico mago inglés solo para ver a su antiguo jefe España de pequeño. No, tenía que pensarse una buena respuesta:
- B-bueno... estaba escapando, como tú. -no era de lo mejorcito, pero le servía.
- Pero si caíste de la nada.
- Es que... escapaba de otra manera.
Al-Andalus le miró, pensativo otra vez.
- ¿Eres un mago cómo el Reino Anglosajón?
Romano se quedó callado, Inglaterra en esos tiempos debía de llamarse así. Bien. -pensó.- Al menos tenemos un idiota en común.
- Sí, más o menos como ese inútil. -por fin respondió sinceramente.
- Y por último... ¿Cómo te llamas?
Romano se lo pensó, no sabía sí sería bueno responder con su verdadero nombre. Miró a Al-Andalus a los ojos, estaba demasiado serio para ser un niño, pero claro, seguramente ese chico tenía más de quinientos años, algo que tampoco era muy común. Lo más seguro es que si Romano intentara mentirle, se daría cuenta al instante.
- Me llamo Romano.
Al-Andalus le miró un rato a los ojos, pero Romano le sostuvo la mirada. Después sonrío y se incorporó, dejó soltar un suspiro de alivio.
- Uffff... odio hacerme el duro, da mucho esfuerzo. -Después soltó una carcajada.
Romano lo miró incrédulo, ¿todo era teatro?, había caído en la trampa como un idiota.
- ¿No me ibas a acuchillar?
Al-Andalus le miró sonriente.
- Pues claro que sí. -Romano tragó saliva, Al-Andalus soltó una carcajada al ver su cara.- Claro que no, no soy un sádico. Pero si hubieras hecho algún movimiento peligroso no me habría frenado.
Romano se quedó callado, menos mal que no había intentado escapar.
Al-Andalus sacó una cuerda de alguno de sus bolsillos. Romano se quedó pasmado. Lo único que llevaba puesto el chico era una chaqueta de piel, una camisa blanca y unos pantalones que acababan cubiertos por las rodillas por unas vendas que le llegaban a cubrirle el pie (a excepción de el talón y los dedos), ni siquiera llevaba zapatos. Aún con todo y con eso, el chico ya había sacado tres manzanas y una cuerda.
Al-Andalus se acercó a él con la cuerda en la mano.
- Es solo por seguridad, pero ¿me puedes enseñar las muñecas?
Romano iba a negarse, pero se dio cuenta de que aún no había envainado la espada y él estaba desarmado. Se las enseñó mirando el arma con recelo.
Al-Andalus se las ató con la cuerda, no demasiado fuerte por que si no Romano se caería del caballo nada más subir (además, Romano ya no soportaría caerse otra vez).
El viaje duró toda la tarde, sin descansos. No hablaron nada en todo el trayecto, siempre hacia el norte.
Romano tampoco sentía la necesidad de decir nada, le bastaba con mirar el paisaje.
Cuando llegó a España por primera vez, como sirviente, ya habían empezado a construirse la primeras ciudades, pero ahora no había ciudades, sólo pequeños pueblos en la lejanía construidos bajo la sombra de poderosos castillos, seguramente ahora gobernados por musulmanes, como en el palacio en él que había "aterrizado".
Además, Romano oyó decir una vez que en el pasado una ardilla podía viajar de una punta a otra de España sin bajarse de los árboles, y tenía razón. Casi todo lo que podía ver estaba cubierto por enormes bosques, hacía mucho que no veía tantos juntos, y menos en España, que estaba caracterizado por sus mesetas áridas.
Al-Andalus guiaba al caballo por lo más profundo del bosque, seguramente para que nadie les descubriera. Debía de saberse el camino de memoria, porque cuándo ya se estaba poniendo el sol, llegaron a su destino.
Y otra nota de autor: Espero que les haya gustado este capítulo, ya veis que el pobre Romano lo único que hace es caerse, pobrecillo...
Y bueno, intento subir caps lo antes posible, por suerte gran parte de esta historia la tengo ya escrita, pero intento escribir más porque subo más de los que hago XD
Muchas gracias a esos comentarios, me hace muchísima ilusión que os guste esta historia, y lo mires como lo mires motiva :)
Sí os gusta, lo odiais o tenéis dudas etc. me lo decís, no me importa Da? XD
Ciao~
^J^
