Nota de Autor: Atención, este capítulo va para laaaaaaaaaaaaaaaaaargoooooooooooo~ que lo disfruten! ;)


Carteristas

Salieron del castillo. Romano respiró profundamente el aire fresco y rural del campo, qué era lo mejor del mundo comparado con el aire húmedo y cerrado del castillo.

Al-Andalus también pareció tranquilizarse un poco con el aire fresco.

El pueblo estaba tranquilo y la gente estaba terminando ya sus labores diarias, los que ya habían terminado de trabajar iban a mirar los productos que los pocos mercaderes mostraban al público. Algunos incluso se decidían a comprar algo a través del "trueque".

Avanzaron colina abajo, habían decidido traerse a Mediterráneo, aunque no iban montados en él. Como la primera vez: la gente seguía parándose para mirar al asombroso caballo, que también estaba emocionado de salir al campo.

Mientras Romano miraba detenidamente uno de los puestos de joyas junto Al-Andalus, un hombre se chocó contra él. Romano casi se cae, el hombre murmuró un lo siento mientras subía la calle con prisa.

-¡Hey!

Al-Andalus agarró al hombre de la chaqueta antes de que estuviera demasiado lejos como para alcanzarle. El hombre parecía apurado:

- ¿Qué pasa?

Al-Andalus le miró a los ojos, Romano observaba un poco alejado lo que ocurría.

- Devuélvelo.

- ¿El qué?

- ¡Lo que le has robado! -Dijo, señalando con la cabeza a Romano.

El hombre le miró con cara de no entender lo que estaba pasando, se rasco la cabeza.

- Oye mocoso, no se que habrás visto tú, pero yo no he robado nada.

Al-Andalus le miró enfadado (aún no se le había pasado el cabreo). Después, apartó ligeramente su chaqueta, lo bastante como para que el hombre pudiera ver la espada que le colgaba y lo suficiente para que nadie más lo viera.

El hombre pareció ponerse nervioso.

- Robar esta mal, ¿no crees?

El hombre se metió lentamente la mano en su chaquetón y sacó una cartera marrón, sin quitarle el ojo a la reluciente espada.

Al-Andalus sonrió y cogió la cartera que le tendían, después le dio la mano al ladrón.

- ¿Lo ves cómo no era tan difícil?

El hombre carraspeó mientras se giraba y subía calle arriba sin contestar a la pregunta.

Romano se palpo la chaqueta para verificar lo que ya sabía: esa, era su cartera.

Al-Andalus miró el objeto con curiosidad, después de observarlo un rato decidió abrirla.

- ¡Hey, qué es mía! -Se quejó Romano, nervioso.

Al-Andalus abrió la cartera (había tardado un rato por qué la "cremallera" era demasiado misteriosa para él), sacaba y metía todo lo que veía en su interior y lo observaba muy interesado.

Sacó una tarjeta de crédito, la miró curioso y la volvió a meter, lo mismo hizo con todas las tarjetas. Hasta que llegó al carnet de identidad.

Lo observó detenidamente, hasta que vio la foto de Romano. Miro a Romano, luego a la foto, luego a Romano, luego a la foto... así unas cuantas veces.

- ¿Este eres tú? -le dijo emocionado.

Romano, que había desistido de quitarle la cartera, asintió.

- ¡Wa! ¿cómo se pueden hacer cuadros tan pequeños? ¡Sí hasta parecen reales!

Romano se rió, Al-Andalus se lo hubiera pasado pipa si hubiera pillado a su móvil encendido. El chico señaló los datos que decían el nombre humano y nacionalidad de Romano.

- ¿Qué narices pone aquí?

- Nada que te interese. Además está en otro idioma - Dijo, quitándole el carnet.

Al-Andalus siguió cotilleando su cartera. Encontró otra foto un poco grande, del tamaño de una tarjeta.

- ¿Y estos quienes son?

Romano miró la foto y se sonrojó:

- Bueno... ese soy yo y mi hermano...

Al-Andalus se sorprendió:

- ¡Ala! ¿Tienes un hermano?, pues sois clavados. -Dijo mientras observaba más detenidamente la foto.

En ella aparecían los dos: Romano e Italia. Romano era un joven que aparentaba unos dieciocho años, tenía el pelo liso, marrón oscuro, con el flequillo de lado y desde este le salía un enorme rulo. Tenía los ojos color dorado, y miraba a la cámara algo molesto. Su hermano Italia era igual que él, pero tenía el flequillo abierto por la mitad y el rulo mirando para el otro lado. Abrazaba a Romano mientras sonreía alegre a la cámara.

La foto la había sacado Japón con su cámara el día de su cumpleaños. Japón, Alemania y España habían celebrado una gran fiesta sorpresa. Le habían conseguido convencer para sacarle una foto con su hermano, aunque a Romano no le gustaba salir en las fotos (y menos con Italia), no había podido negarse a la petición.

Había guardado la foto en su cartera para que nadie la viera, y la tenía como algo personal.

- Venga, deja de mirarla, que la vas a desgastar. -Dijo, quitándole la foto de las manos.

- Vuestros pintores son buenísimo, ni si quiera se notan los trazados. -Dijo emocionado.

- Ya, bueno, hay mucha gente capaz de hacer esas fo... pinturas en mi país.

Al-Andalus le miró sin creérselo, luego prosiguió con la investigación de la cartera: llegó al bolsillo de las monedas.

- ¡Wa! ¿Son monedas de oro? -preguntó, y sin esperar respuesta mordió una. La escupió al instante.

- ¡Bah! ¡Ni si quiera son de calidad! -dijo mientras la tiraba al suelo desinteresadamente.

Romano recogió la moneda un poco enfadado. Iba a quejarse justo cuando vio a Al-Andalus: Había cogido el billete de cincuenta euros.

- ¡No esper-!

Demasiado tarde, Al-Andalus había partido el billete por la mitad.

- Este papel de colorines es malísimo.

- Pero, ¿sabes lo que vale eso?

Al-Andalus le miró sin entender muy bien que era lo que le fastidiaba:

- No, ¿qué era?

- Se llama billete, y te lo has cargado. Sirve para comprar. -Gruñó Romano. Genial, por poco me roba un carterista medieval, y ahora que todo ha pasado va un niño y se carga mi mejor billete. -pensó

Al-Andalus se rió, como si le hubieran contado un chiste muy bueno.

- ¿Para comprar? En tu país estáis locos, con ese papelito no conseguirías ni una zanahoria.

Sacó sonriente de su caperuza una bolsa de cuero. La agitó y se oyó el tintineo de unas monedas.

- Con esto sí que se puede comprar.

- ¿De dónde has sacado tanto dinero...? - Romano sabía que no se había traído nada del castillo, aparte de ha Mediterráneo. Entonces recordó el carterista de hace unos minutos.- ¡Le has robado a un ladrón!

Al-Andalus se puso el dedo índice entre los labios.

- Ssssssssshhhh... -susurró.- eso no se puede gritar así por que así.

- Pero si dijiste que robar estaba mal.

Al-Andalus se encogió de hombros con una sonrisa.

- Eso se improvisa en el momento. -Dijo.- Además, quién le roba a un ladrón tiene mil años de perdón, y a mi me viene bien todo ese tiempo.

Romano se fue a quejar, pero ya no sabía que decir, total, ese hombre casi le deja sin dinero, así que se lo merecía.

- ¡Al-Andalus!

Romano y el nombrado (más el caballo), se giraron al lugar de donde venía esa voz. Calle abajo se acercaba un niño pequeño, de unos siete años, que venía corriendo hacia ellos.

Al verle, a Al-Andalus se le iluminó la cara:

- ¡Froilán! - gritó alegre mientras le daba un abrazo al niño.

Romano observó a los dos chicos mientras estos se contaban algunas cosas: Froilán era un chico un poco más bajito que Al-Andalus, tenía también la piel morena y el pelo de un marrón tan oscuro como el de sus ojos, era un poco más bajito que el país, y estaba extremadamente delgado en comparación con él.

- ¡Hacia mucho que no bajabas al pueblo! -le dijo Froilán emocionado.

- Ya, es que nos estamos volviendo locos ahí dentro, ya no aguantaba más. -Dijo Al-Andalus, mientras señalaba al castillo.- ¿Ya has terminado de ayudar a tu padre?

- Sí, pero estamos teniendo una mala cosecha, apenas llueve. - Le respondió el niño algo desanimado.

Al-Andalus le sonrió mientras sacaba el saquito sobre el que estaban discutiendo hace apenas unos minutos Romano y él.

- Con esto podéis comprar lo queráis. -Dijo.- Pero voy ha compartilo también con el resto.

- ¡Vale! -dijo el niño emocionado.- Vamos a buscar a los demás.

Pero antes de irse a ningún lado, Froilán se giró hacia Romano, que había estado a parte durante toda la conversación:

- ¿Y este quién es?

Al-Andalus les presentó:

- Romano, Froilán; Froilán, Romano.

Los dos se saludaron con la mano.

- ¿Y qué es? -Preguntó el niño.

- Pues... oficialmente es mi esclavo personal, pero a mi me cae bien. -y le dijo más bajito.- y tiene un montón de cosas raras en el bolsillo.

El chico se rió y decidió llevarles ya con el resto (más niños), con la condición de que pudiera ir subido al caballo. Parecía que ha Mediterráneo le caía bien Froilán, no como ha Romano, que parecía que siempre se estuviese riendo de él.

Andaron hasta un pequeño descampado entre los campos de cultivo, pegado a las casas. Desde ahí se podía ver perfectamente toda la meseta, con el sol ya casi poniéndose, y también tenían una fabulosas vistas del castillo.

En el descampado había un montón de niños jugando con palos, animales o peleándose entre ellos. Al ver a Al-Andalus y al caballo (Romano no es que les interesase mucho) todos se acercaron emocionados ha saludarlos y a acariciar a Mediterráneo, que se lo pasaba genial siendo el centro de atención.

Al-andalus les dio a cada niño dos monedas de oro (al parecer, con eso podrían vivir bien dos semanas) y les presentó a Romano. Que ya se estaba enfadando de que todos le ignoraran.

Todos parecían sentir curiosidad por sus extrañas ropas y su acento. Además, Al-Andalus le pidió que sacara la cartera, con la que todos fliparon (sobretodo con la cremallera), les tuvo que enseñar las tarjetas y las "pinturas" de él y su hermano. Aunque decidió guardarse el dinero, no fuera a arruinarse.

Después los niños se pusieron a jugar con un balón de piel que seguramente habían hecho ellos, el juego se parecía un poco al fútbol, porque no podían usar nada más que las piernas, pero en este caso, el equipo que más aguantara con el balón ganaba.

Al-Andalus se apuntó en seguida a jugar en el equipo de Froilán y su equipo ganó la primera ronda. Después, Al-Andalus le pidió a Romano (que se había quedado sentado en una piedra), que se uniera la juego. Como se aburría, decidió apuntarse a la partida.

Romano se unió al equipo contrario de Al-Andalus y empezaron a luchar por el balón. Al-Andalus tenía mucha práctica y su equipo era muy bueno. Pero Romano había jugado al fútbol la mitad de su vida, y sabía hacer piruetas y pases que nadie había visto nunca, además, su equipo no se chupaba el dedo (bueno algunos sí, pero niños pequeño había en los dos equipos).

Estuvieron jugando bastante tiempo, hacía mucho que Romano no jugaba al balón, y hacía más tiempo aún que no se dirigía a un niño.

Estuvieron así un buen rato, los dos equipos habían acabado empatados en un 2-2 cuando el sol ya estaba poniéndose.

Decidieron desempatar ahí mismo, aprovechando los últimos rayos de sol.

El partido empezó con fuerza, Romano y Al-Andalus ya se lo estaban tomando como algo personal, no iban a dejarse vencer fácilmente.

Estuvieron un rato manteniendo la tensión entre ambos equipos, hasta que un pase demasiado fuerte del equipo de Romano mandó el balón entre un pequeño grupo de casas.

Froilán fue a buscar el balón y mientras el resto de los equipos se dieron un tiempo muerto para relajarse y descansar.

Al-Andalus se acercó a Romano:

- Hey, no juegas nada mal.

- Claro que no. - Respondió con superioridad.

- ¿Dónde aprendiste esos movimientos tan difíciles?

- Ya ves, es que mi país es el mejor con las pelota. -Mintió.

Se quedaron un rato descansando, hasta que Al-Andalus se levantó un poco tenso.

- Oye, ¿No está tardando mucho Froilán?

Romano miró a su alrededor: la cabeza del niño no asomaba por ningún sitio. Parecía que algunos chicos más también habían notado la falta del niño.

Al-Andalus se levantó acariciando ligeramente el pomo de su espada, se había quitado la caperuza para jugar más cómodo, pero no había querido separarse de su arma.

- ¡¿Froilán?! -Gritó Al-Andalus hacia las casas. Nada.- ¡Hey! Ya puedes aparecer.

De nuevo nada contestó, los demás niños también se habían callado para escuchar mejor, pero el mocoso no aparecía por ninguna parte. Romano también empezó a preocuparse.

Al-Andalus avanzó hacia las casas agarrando su espada para desenvainarla en cuanto se diera la ocasión. Indicó a los demás chico que se quedaran atrás, pero Romano decidió seguirlo. Total, no podía separarse de él.

Se acercaron al hueco que había entre las pequeñas casas de madera por el que el balón se había metido, el sol se iba poniendo y cada vez se veía menos. Llegaron a las casas.

- ¡Al-An...!

Una mano le tapo la boca a Froilán, que se había quedado quieto, mirando con ojos llorosos a su amigo.

Un hombre que no podían ver bien había cogido a Froilán y le sujetaba con fuerza para que no se moviera.

Al-Andalus desenvainó la espada.

- Yo que tú soltaría esa arma...

El hombre le había hablado, parecía sonreír con cada palabra. Movió un poco la mano que tenía bajo el cuello del muchacho. Romano y Al-Andalus pudieron ver el fino reluz plateado de un cuchillo pegado al cuello de Froilán, que soltó una lágrima. Al-Andalus lanzó la espada lejos, impotente.

- ¡Suéltalo! ¡No te ha hecho nada! -Gritó Al-Andalus, pero sin moverse del sitio.

El hombre sonrío.

- Robar está mal ¿verdad qué sí?

Romano reconoció la fría voz del hombre: era el carterista que se había intentado quedar con todo su dinero.

- Tú... -Dijo Al-Andalus.- ¿Qué es lo que quieres?

- Quiero de vuelta todo mi dinero, o sí no... -Se pasó el dedo índice como sí fuera una cuchilla por el cuello, destapándole la boca a Froilán, que estaba más pálido que el mármol.

- Lo siento, pero no puedo devolverte el dinero.

Romano miró al pequeño país, sabía que ninguno de los niños del descampado había gastado aún sus monedas, y que devolverían el dinero sin rechistar en esa situación. Pero Al-Andalus hablaba en serio.

- ¿Te lo has gastado tan pronto?

- Lo he invertido en algo más importante que en lo que te lo ibas ha gastar tú. Seguramente ni siquiera es tuyo.

El hombre se rió secamente:

- Entonces... -Dijo mientras presionaba un poco el cuchillo en el cuello del chico, Froilán aguantó la respiración.

- ¡No! ¡Para! -gritó Al-Andalus.- ¡Hagamos un trato!

El hombre se paró, parecía que le interesaba la idea.

- ¿Un trato?

- Sí. -Respondió Al-Andalus con decisión.- El niño por mí.

Froilán y Romano le miraron alarmados.

- Froilán no te ha hecho nada, y yo sí ¿verdad?

El hombre se lo pensó sin dejar soltar el cuchillo, los segundos se hacían eternos. Finalmente respondió:

- Vale, soltaré al niño, pero ven tú primero. Y no te pares.

Al-Andalus empezó a andar, y cuándo estuvo lo bastante cerca, el hombre soltó a Froilán, que salió corriendo mirando con desesperación al país, que no se había parado, e hiendo directamente a abrazar a Romano mientras se echaba a llorar por la tensión.

Al-Andalus llegó al lado del hombre, que sonrió con satisfacción:

- Bien, ahora la pagarás. -Dijo.

El hombre se abalanzó contra Al-Andalus y le atravesó con el cuchillo el estómago. Romano le había tapado la cara ha Froilán previendo lo que pasaría. Observaba la situación a distancia, pero lo suficientemente cerca para verlo todo.

El hombre sonrió mortíferamente:

- Nadie sobrevive si se atreve a robarme dinero, me da igual sí eres un niño.

- A mí también me da igual sí eres un adulto.

- ¡¿Qué!?

Al-Andalus le pegó un puñetazo en la cara al ladrón. Por como había sonado, seguro que le había roto la nariz.

El hombre se había caído al suelo por la sorpresa y miraba a Al-Andalus con miedo mientras se taba la nariz. Al-Andalus le observaba ignorando su herida.

- Ahora vete de aquí si no quieres que yo te mate, y será mejor que no vuelvas.

El hombre no se lo pensó dos veces y salió corriendo del callejón, fundiéndose con la oscuridad que poco a poco iba apareciendo. Seguramente no dormiría bien esa noche.

En cuanto el hombre desapareció Al-Andalus se apoyó pesadamente en la pared de una de las casas. Romano y Froilán fueron corriendo hacia el país. El niño abrazó Al-Andalus.

- ¡Al-Andalus! ¿Estás bien?, ese hombre no tenía ni idea de lo magnífico que eres.

Al-Andalus le revolvió el pelo a su pequeño amigo mientras que se agarraba con fuerza al brazo de Romano.

- Tú sí que eres magnífico Froilán, te has comportado como un valiente. -Dijo mientras se palpaba la herida.- Me parece que tengo que volver al castillo. -Su voz estaba un poco afónica.

Froilán fue corriendo a contarles lo ocurrido a los demás niños. Mientras, Romano aprovechó para subir a Al-Andalus a Mediterráneo, que soltó un relincho.

- Idiota...

- No puedo hacer nada por ello. - Dijo Al-Andalus agarrándose como podía al caballo.

Romano se despidió rápidamente de los chicos y se subió al caballo, por que Al-Andalus tenía toda la pinta de acabar en el suelo si no le ayudaba.

Avanzaron a buen trote al castillo. Cuando por fin bajaron del animal, Al-Andalus apenas podía moverse. Movía el solo los pies, pero se apoyaba todo el peso en Romano.

En cuanto las puertas del castillo se cerraron a sus espaldas, Al-Andalus se soltó de él y calló al suelo para no levantarse.


Notas de Autor: Este a sido el capítulo, creo que el más largo de mi vida xD

Espero que les haya gustado, ya veis, la cremalleras son algo misterioso y en la actualidad no las prestamos la atención que deberían. Por un mundo con más cremalleras!

No aconsejo que se lleve dinero actual al pasado, la gente no lo aprecia y acabaría usando los billetes de posavasos. Así que mejor los dejáis en vuestras casitas hasta que volváis, a salvo xD Eso sí, las fotos molan xDD

No voy a poder actualizar el fic hasta el lunes TT, pero ya veis que este capítulo ha sido largo, así que espero que os cunda.

Tranquilos, Al-Andalus está bien ;)

Respuestas a Reviews~:

SakuUchiha7: Sería genial que Romano tuviera cobertura en la edad media, entonces la tecnología japonesa sería el nova más xD

rin06rimichi: Me algro que te guste! La verdad es que todo el mundo se pregunta porqué Arthur ha fallado, pues bueno... yo tampoco lo sé xD. Lo cierto es que al pobre le tenemos en muy poca estima. En algo debía acertar no? xDDD

Lo siento, pero este noble me lo inventé enterito (excepto el nombre, que lo saqué de internet), ya me habría gustado que existiera, aunque sea algo agrío, tiene su corazoncito... XD

Solanco Di Angelo Redfox Roma: Yo en esa época me aburriría muchísimo: sin internet, ni tomates... T.T

Muchas gracias por la ayuda, ya me di cuenta que profile significa perfil (me manejo genial con el inglés, pero no me acordaba de esa palabra xD), pensé que iba a ser más chungo, y me estaba comiendo el coco xD

No sé si te referías a ponerlo al final de este cap o al de la historia en sí, pero bueno...

Make pasta no War!

(Cualquier pregunta, duda, te gusta o no y tooooodo eso me lo decís Da?) xDD

ciao~