Capitulo 5

Ya estaban por dar las 10 y no paraba de soplar el viento en las calles, todo estaba vacío y no se podía encontrar otras sombras que no fueran de Arnold y de un indigente, sus sombras bailaban sobre los muros de un callejón frio e indiferente, era como si a nadie le importara aquella escena inquietante, ahí estaba Arnold pegado al muro debido a que el indigente le sostenía fuerte de los brazos repitiéndole con una voz áspera y siniestra.

- Vamos niño no te resistas necesito dinero, aunque sea solo unas monedas.

Una cosa es pedir limosna pero otra muy diferente es forzar a que te la den, Arnold solo tenía suficiente dinero para poder subir al autobús.

- Amigo solo tengo estas monedas – Murmuraba Arnold mientras sostenía el poco dinero que tenía sobre una mano.

- Es una broma eso no alcanza para nada, debes de tener más, necesito más dinero, no me obligues a llévame tus zapatos – Le decía el indigente con una voz amenazante mientras sacudía a Arnold contra la pared.

- Hey! amigo que no oíste, el pobre muchacho no tiene dinero déjalo en paz – Levantaba la voz Helga mientras entraba al callejón de donde se encontraban Arnold y el Indigente.

- Fuera de aquí mocosa esto no es tu problema – Grito el indigente mientras lanzaba a Arnold a un rincón del callejón y daba pasos hacia Helga – Este estúpido niño me debe dinero y lo necesito ahora, pero tal vez tú quieras ayudarlo a saldar su cuenta mocosa insolente.

Cada vez que el indigente daba dos pasos hacia Helga, Helga daba un paso hacia atrás aterrorizada por el horrible aspecto de aquel hombre, de pronto Helga se vio impotente a retroceder debido a que sus pasos se dirigían hacia el final del callejón. El indigente reía como un maniático mientras acercaba sus grandes y ásperas manos hacia ella.

De repente una botella cruzo el callejón como un proyectil perdido para al fin estrellarse contra la cabeza del horrible hombre.

- Déjala en paz que acaso el problema no era con migo – Gritaba Arnold con una voz temblorosa mientras luchaba por sostenerse – No dejare que le hagas daño, solo un cobarde se atrevería a golpear a una niña, vamos que acaso no eras muy fuerte aquí te espero.

El indigente dirigiendo su mirada hacia Arnold con furia y pegando un grito corría para poder embestirlo, mientras Helga con una sonrisa dibujada en su rostro observaba a Arnold en sus pensamientos como un gran héroe.

Arnold estaba parado sin moverse, desafiante, tomando fuerzas del aire para permanecer de pie y cerrando los ojos por el miedo que sentía, mientras que el indigente daba pasos largos y rápidos hacia Arnold con la intensión de derribarlo, cuando de repente un carrito de supermercado con una increíble velocidad surgió de lo más profundo de la escena impactando contra el indigente.

El polvo recorría la superficie del callejón en forma de risos, casi acariciando al viento, Arnold abrió tímidamente los ojos para poder apreciar lo que había sucedido, el indigente estaba tendido al piso junto a un carrito de supermercado, Helga corría hacia Arnold para poder socorrerlo y una esbelta sombra se habría paso entre el polvo con una capa bailando triunfante alrededor de su cuello.

- ¿Están bien niños? – Repetía la extraña entidad mientras les extendía una mano – No es bueno que un par de niños enamorados anden caminando tan tarde por las calles,

Helga y Arnold encontrando sus ojos con asombro repitiendo – ¿Enamorados? – mientras se sostenían de las manos.

- Espere un momento amigo – Reclamo Helga mientras se acercaba a la extra entidad.

- No te preocupes, no me lo agradezcas, es solo el comienzo para mí, desde ahora luchare para proteger al desamparado, claro que lo hacía desde hace tiempo, pero ahora tengo más tiempo para dedicarme a mi vocación – Clamaba la extraña entidad, mientras iba subiendo un escalera de incendios - Así que, niños vayan a sus casa, no teman los estaré observando desde lo más alto – Y mientras subía hacia los techos de las casas con una formidable habilidad gritaba – Hombre Mono.

- Vaya que tipo más extraño, ¿puedes creerlo cabeza balón? – decía Helga casi regañando a Arnold.

- ¿Helga estas bien? – Susurraba Arnold mientras le tocaba un hombro a Helga – Helga, ¿No te hizo nada ese tipo verdad?

- A… A… Arnold – Se dirigía a Arnold casi atónita, pero luego cambio rápidamente su expresión – Arnold claro que estoy bien, yo puedo protegerme sola, no necesito que un melenudo este protegiéndome rayos, además ya lo tenía, estaba a punto de arrancar la horrible cabeza de ese tipo.

Arnold dirigiendo su miraba a los ojos de Helga, esculpiendo una sonrisa en su rostro, cerrando los ojos, y con una voz dulce le decía a Helga.

- Helga me preguntaba si tú.

- Si Arnold, dime – Decia casi suspirando Helga.

Entonces Arnold agarrando las manos de Helga, y encontrando más sus miradas le dijo:

- Helga me preguntaba si tú podrías prestarme algo de dinero.

Helga frunciendo su única ceja, le apretó muy fuerte de las manos y regañando a Arnold

- Rayos melenudo no soy un maldito banco, pero hoy estas de suerte, creo que tengo dinero suficiente para que podamos tomar un bus a casa.

Mientras esperaban en la parada de Buses, Arnold tenía su mirada clavada en las estrellas, pensativo, desde que salieron del callejon Helga y Alrnold no habían hablado mucho, cuando el silencio se apodera de un ambiente una persona puede tener más de 1000 pensamientos a la vez pero en el caso de Arnold solo un pensamiento rondaba por su cabeza. Que hacia Helga tan tarde cerca ese callejon, por que se encontraba allí si el camino que lleva a su casa es en otra dirección, Arnold estaba algo intrigado así que decidió romper el silencio.

- Helga como sabias que estaba en problemas, como es que caminabas tan tarde en una dirección que está totalmente opuesta a tu casa, ¿No será que me estabas siguiendo?.

Esto tomo por sorpresa a Helga, realmente no había una justificación para que ella estuviera ahí tan tarde, la verdad era que Helga seguía a Arnold. Helga estaba muy nerviosa y con una voz temblorosa le miraba a Arnold.

- Arnold yo… yo solo estaba…