Este fic fue escrito por Dayane Silva. Bones y sus personajes le pertenecen a Hart Hanson y Fox. T_T
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CAPÍTULO 59
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DESNUDOS
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El cuerpo de Brennan se vino abajo cuando la puerta se cerró, el aire no entraba en sus pulmones y sintió cómo su corazón paraba de palpitar. No sabía qué había pasado, no sabía cómo aquello había acabado así, en aquel momento no sabía ni quién era. Las lágrimas le bajaban quemando la mejilla y por más que intentara parar, no podía. Estuvo allí un tiempo indeterminado, perdida en sí, en el pensamiento que Booth la creía una traidora. Su cuerpo temblaba y su mente divagaba muy lejos de allí pero el insistente sonido del teléfono logró despertarla de aquello, logró que su mente encerrara todos aquellos sentimientos e hizo que ella parara de llorar e intentara respirar, aunque no lo suficiente para su estado. El aparato no paraba de sonar, ella se secó las lágrimas e intentó levantarse, sintió cómo su cuerpo pesaba y sus piernas no tenían fuerza. Se sujetó en el picaporte de la puerta y empezó a levantarse pero se mareó y cayó. Respiraba con dificultad y su cabeza giraba en torno a ella. Recostada en la pared poco a poco fue tomando el aire, el teléfono volvió a sonar después de casi cinco minutos callado, fue entonces que intentó nuevamente levantarse. Con sigilo y despacio se fue irguiendo, su mente hacia lo que podía para coordinar su cuerpo y ordenar sus pensamientos. No fue hacia el teléfono, no quería saber de éste, fue hacia la habitación, hacia el baño y paró frente al lavabo. No pudo evitarlo, era como si su mente quisiera eliminar todo lo que tenía dentro su cuerpo. No buscó el sanitario, sólo se inclinó en la pila y como si nada empezó a vomitar. Cuando se detuvo sintió como si su vientre se quemara, aguantó el grito de dolor mordiéndose los labios y miró al espejo. Estaba pálida, nunca se había visto así, le dolía el cuerpo, todo el cuerpo, principalmente los músculos del corazón y su vientre quemaba. Tomó agua y se mojó el rostro, estaba sudando demasiado, tenía que parar aquello. Abrió el cajón y cogió las pastillas de dormir, quería olvidarse de todo. Se tomó una pastilla, por más que necesitara más sabía que no podía ingerir más de una. Salió de allí en dirección a la cama y cayó sobre ella, intentando borrar la voz de Booth de su cabeza.
Ángela daba vueltas por el laboratorio, había encontrado una prueba que podía llevar al asesino pero Brennan era la única que podía confirmar lo que había encontrado. Llamaba a Brennan una y otra vez, al móvil, a casa y hasta a Booth, pero ninguno de los dos contestaba, su corazón de amiga sabía que aquello no era normal, ni que Brennan hubiera pasado una alucinante noche con su caballero de armadura blanca, ella jamás dejaría de contestar el móvil y aun menos a las horas que eran. Cogió su bolso y salió sin decir nada, sabía que podía llegar allí y encontrar a una Brennan totalmente perdida en los sentimientos de una noche de amor, pero por más que esto ocurriera necesitaba saber que aquel apretón en su pecho, al pensar en su amiga, era por algo serio. Llamó mil y una vez en la puerta pero nadie abrió así que cogió su llave -la que Brennan le había dejado para emergencias- y abrió la puerta. La casa estaba en silencio y lo primero que notó fue la manta de Brennan en el suelo de la sala, pero como ella y Hodgins a cada tres por cuatro perdían las mantas de su cama en algún sitio, no le pareció extraño. Empezó a caminar despacio, llamando a Brennan pero no había respuesta. Frente a la puerta de la habitación empezó a andar despacio y diciendo que iba a entrar por si estuviesen desnudos, pero no había respuesta. Cuando entró supo el porqué, Brennan estaba tirada en la cama de tal forma que parecía estar muerta, el corazón de la artista dio vueltas al ver a su amiga, corrió a ella rápidamente llamándola pero sin obtener respuesta alguna. Brennan estaba fría y respiraba con dificultad, su piel estaba blanca como la nieve y sus labios grisáceos. Ángela le llamaba ya con lágrimas en los ojos, cuando ésta soltó un leve suspiro.
-Booth -dijo moviéndose.
Ángela casi se echaba a llorar.
-No, cariño. Soy yo, Angi -dijo intentando hacer que Brennan se sentara pero sin más la antropóloga se colgó en el cuello de la artista y empezó a llorar. Necesitaba un hombro amigo, un abrazo, y su amiga estaba dispuesta a dárselo-. Tranquila, cariño, estoy aquí -dijo la artista varias veces abrazando con fuerza a la antropóloga.
Brennan lloró durante bastante tiempo hasta que se serenó y empezó a apartarse.
-¿Te sientes mejor? -preguntó con dulzura Ángela.
-Sí… creo que sí, Angi -dijo alejándose por completo y secándose los ojos. Ángela le sonrió.
-¿Qué ha pasado? -preguntó con comprensión. Brennan negó a sus propias palabras.
-Se ha ido -dijo volviendo a llenarse los ojos de lágrimas.
-¿Booth? -Brennan asintió- ¡Oh, cariño! ¿Por qué? -preguntó acariciando la espalda de Brennan, que volvía a llorar.
-Lo he traicionado -dijo en un tono ahogado.
Ángela se sorprendió pero esperó a que continuara.
-Sully me besó y Booth lo vio. Sabe lo del barco, Angi… No me dejó explicarlo, se… Se fue como todos. Como siempre lo hacen.
Ángela la abrazó con fuerza.
-Yo estoy aquí, ¿ok? Tranquila
Brennan la abrazaba como si su vida dependiera de ello. Nuevamente sólo se escuchaba el llanto de la antropóloga y los susurros de ánimo de la artista. Brennan se contuvo y se separó respirando profundamente y mirando a su amiga.
- ¿Qué voy a hacer, Angi? No sé qué hacer -preguntó soltando un largo suspiro. Ángela le cogió de las manos.
-Primero tienes que relajarte, así que irás a la ducha y te darás un baño, verás cómo el agua te hará fluir las neuronas, ¿sí?
Brennan sonrió forzosa y asintió. Ángela le ayudó a levantarse y se fue con ella al baño, luego al dejarla allí salió para prepararle algo que la relajara. Brennan se tomó su tiempo en el baño. Ángela tenía razón, eso aliviaba el pensamiento. Cuando salió no evitó mirarse al espejo y luego a su propio vientre que por alguna razón parecía haber cambiado desde la última vez que lo miró. Salió de allí envuelta aun en su bata y buscó a Ángela en la cocina.
-No es necesario que hagas nada, Angi, no tengo hambre -dijo al ver a su amiga moverse entre las cosas de la cocina.
-Lo hago porque quiero, ahora siéntate, tómate esto y calla -dijo dándole el té que había preparado.
-Gracias, Ángela… Y a propósito, ¿por qué viniste? -preguntó Brennan que no sabía cómo su amiga había llegado allí. Ángela se viró con una mirada divertida.
-Corazón de amiga.
-Eso no existe, Angi -dijo Brennan dando un sorbo al té. Ángela le miró con los ojos dilatados.
- ¿Ah no? Pues entonces cómo explicas que te salvé la vida y te dejé llorar en mi blusa nueva, ¿eh? -dijo divertida. Brennan sonrió.
-Gracias, Angi… Y no te preocupes, te comparé otra blusa.
Ángela puso la comida sobre la mesa, algo de ensalada y crema de verduras, para luego sentarse.
-Vamos, come, que te ayudará a reponer fuerzas. Y dime, ¿qué dijo antes de irse? -preguntó cuando Brennan dio la primera cucharada en la crema. Ésta suspiró.
-Que necesitaba tiempo… Tiempo y espacio.
- ¡Oh! Menos mal -dijo notablemente aliviada. Brennan la miró ceñuda.
-No entiendo.
-Oh, cariño, ¿cuándo fue la última vez que el tigre pudo estar demasiado tiempo sin ti?, puede que está confuso y dolido pero su corazón de león nunca dejaría que te pasara nada.
-No lo creo, Ángela, no lo viste, sus ojos estaban tristes y sin vida, era como si yo lo hubiese matado -dijo dejando caer una lágrima.
- ¡Oh, cariño! No llores, todo va a estar bien -dijo animándola. Brennan la miró.
-Además de tu corazón de amiga, ¿qué más había?
-Te necesitábamos para que miraras algo en el laboratorio, pero viendo las circunstancias, mejor…
-Me voy a cambiar -dijo interrumpiendo a Ángela y levantándose apurada.
-¡Eh! Cariño, deberías descansar.
-Al contrario, Ángela, Booth necesita tiempo y espacio así que se lo daré mientras resuelvo este caso -dijo saliendo a la habitación.
Ángela suspiró, la misma Brennan de siempre después de sufrir, se guardaba todo y se metía de cabeza al trabajo. Brennan se cambió y ambas amigas se dirigieron al instituto. Brennan tan solo entrar se dio de frente con Sully, al cual ella ignoró de forma en que a nadie le pasó desapercibido, se metió en su oficina y esperó a que Cam y Ángela le trajeran lo que habían encontrado. No tardó mucho para que ella les diese lo que veía allí, una prueba de que los niños probablemente estuvieron juntos en el mismo sitio durante bastante tiempo y que el bebé sufría de una enfermedad que compartían los otros dos niños. La tarde pasó rápido, por más que estuviera intentando concentrarse en el caso no dejaba el teléfono de lado, por si Booth la llamaba o algo, pero no ocurrió. Eran las nueve de la noche, Ángela ya se había marchado y junto con ella Hodgins y los demás ayudantes. Cam hacía su última ronda por los despachos antes de irse. Entró en la oficina de la doctora, que estaba plantada frente a la pantalla del ordenador.
-Deberías irte a casa -dijo en la puerta.
-Voy ahora Cam, revisaré esto y me voy.
Cam no discutió, sólo se fue. Brennan se quedó sola con los guardias de seguridad que vagaban por los pasillos cada dos horas.
Eran las dos de la mañana, no sabía nada de Booth y temía que su fin de semana no ocurriese. Se sentó en el sofá y recordó las veces en que Booth estaba allí parado, viéndola. Se acostó como si quisiera recordar cómo se sentía él al acostarse en aquel sofá, ya que siempre que podía estaba allí tirado. El sueño se apoderó de ella lentamente sin que ni al menos lo percibiera. El olor a café logró despertarla. Cuando abrió los ojos vio el vaso allí a su lado y a Cam mirándola seria.
-Le dije que se fuera a casa.
-Vine con Ángela, no tenía auto y era tarde para un taxi –excusó.
Cam balanceó la cabeza y salió de allí. Brennan tomó el café y volvió al trabajo, apartando en el fondo de su mente el asunto de Booth, hasta que una llamada la distrajo.
-Brennan -dijo al contestar. La voz del otro el lado de la línea era conocida por ella y se oía contenta.
- ¿Doctora Huesos, no me vienes a recoger? Quiero ir a pescar -dijo el niño haciendo que el corazón de Brennan se estrujara.
-Parker, no creo que pueda ir a recogerte, tu papá está trabajando y yo también, así que tendremos que dejarlo para otro día. ¿Qué te parece? -mintió dolida, y más aún cuando lo escuchó suspirar.
-Está bien… Pero se van a despedir de mi hoy, ¿no? -dijo triste, pues sabía que su padre se iba el lunes.
-Vamos mañana, ¿sí? Y de paso te compro aquel libro grande que querías. ¿Te parece bien?
-Sí, los espero mañana, Dra. Huesos. Besos -dijo colgando rápido.
Brennan sonrió tristemente y pudo imaginarse las mejillas del niño sonrojándose por mandarle besos.
El día pasó muy rápido y junto con él su paciencia. Booth no podía hacer esto, Parker estaba ilusionado y ella también, si él no la quería ver pues ella lo aceptaría y se iría, pero no permitiría que dañara a su hijo por culpa de ella. Ángela la llevó a su apartamento, no eran ni al menos las ocho, pero sólo estuvo allí el tiempo necesario para bañase y comer algo para luego marcharse hacia el apartamento de Booth. Le abriría la cabeza si fuera necesario pero no permitiría que su problema con ella afectara a Parker, el niño no se lo merecía. Frente a la puerta, dudó mucho en timbrar y que nadie la abriera le ponía nerviosa, suspiró ante la pregunta de que él no estaba allí, ¿pero a dónde iría? No, tenía que estar allí. Probablemente la veía por el ojillo de la puerta y no le quería abrir. Se agachó y cogió la llave escondida, tenía su propia llave pero la había dejado en casa. Suspiró y abrió la puerta despacio. Todo estaba revuelto, había botellas y más botellas de varios licores en la mesa de la sala. Su corazón tembló al ver un licor color rojo ensuciando la alfombra como si fuera sangre, apretó el bolso y despacio se dirigió a la habitación. Los adornos del pasillo y un cuadro estaban rotos en el suelo. Algo se apretó dentro de ella. ¿Qué había pasado allí?
Brennan iba lentamente. La puerta de la habitación de Parker estaba abierta y la cama desecha, miró dentro y no vio nada. Siguió el camino hacia la de Booth, algo dentro de ella decía que se detuviera, pero no lo hizo. Abrió la puerta despacio, la ventana estaba abierta y la luz de un solo farol iluminaba la figura de Booth en la cama. Su cuerpo desnudo, tal y como vino al mundo, le hizo tremer a Brennan de arriba abajo, su aire se contuvo en sus pulmones y por unos segundos quiso gritar en desespero. Si el corazón era sólo un músculo debía de tener una contractura, pues le dolía como nunca, principalmente cuando su mirada se dirigió al pecho de él donde la mano de la mujer desnuda descansaba tranquila.
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