Capítulo 6
Helga sentada en la banca de la parada del autobús, con la mirada pérdida en los ojos de Arnold, sus labios titubeaban aquellas palabras que tanto había anhelado pronunciar frente a su más grande amor, Helga simplemente estaba nerviosa frente a la pregunta que Arnold había lanzado.
- Arnold yo solo… yo estaba – decía Helga mientras miraba a un lado de la calle - Este es un país libre cabeza de balón, yo estaba paseando por la calle, tuviste suerte que pasara cerca para poder ayudarte.
- Supongo que estoy muy distraído Helga – Susurraba Arnold con una sonrisa dibujada en sus labios – Tienes razón, no sé cómo pude pensar que estabas siguiéndome. Supongo que fue porque creí que tú ocultabas tus verdaderas emociones, quien sabe tal vez por temor a la opinión de los demás.
- Hay ubícate Arnold, mírame soy Helga G. Pataki, soy mala, cruel y no me interesa lo que los demás piensen de mí, por favor yo no vivo para los demás – respondía Helga mientras cruzaba los brazos.
En ese momento un autobús se paró en frente de ellos, abría las puestas invitando a terminar el día. Arnold se levantó para poder abordarlo, pero fue detenido por una mano que le sostenía del hombro.
- Oye zopenco ¿Piensas tomar el autobús sin tener dinero? – Le decía Helga mientras, metía una mano en el bolsillo para sacar unas monedas – Mira aquí tengo estas monedas y recuerda que esto no es caridad, si no me pagas me encargare de que veas como el mundo gira a través de un ojo morado.
- ¿Helga no iras conmigo? – respondía Arnold con un tono de asombro.
- Que crees que estoy loca, un minuto más junto a ti y podría enloquecer – respondia Helga mientras le daba las monedas a Arnold – Vete de aquí y déjame sola.
Arnold no entendía la reacción de Helga así que tomo el dinero e ingreso al autobús, mientras susurraba - Adiós Helga.
El autobús se alejaba de la banca mientras Helga lo observaba casi suspirando con las manos metidas en sus bolsillos vacíos, Arnold no lo sabía pero Helga le había dado todo su dinero y ahora ella no tenía lo suficiente para poder tomar otro autobús, así que una vez que el autobús que Arnold había abordado desapareció de las calles Helga impartió su largo camino a casa.
Mientras Helga caminaba por las calles con la mirada errante en los edificios y los faroles de la calles, ella simplemente no pudo malgastar el silencio que acogía el barrio.
- Porque nunca puedo decírselo, porque debo ser tan mala, porque siento esta necesidad de alejarte de mí, Oh! mi adorado ángel de risos dorados. Cuando llegara el día en que sepas que aquí en el otro lado del bando enemigo tienes un amante perdida y loca por tus labios, tus ojos y esa gorra que cubre esa hermosa cabeza incapaz de pensar solo en sí, Oh mi dulce Arnold tan considerado, tan atento, tan perspicaz siempre pensando en el bien de los demás, siempre tan optimista. A veces me atormenta la idea de no estar preparada para nuestro día, el día en que descubras mis profundos sentimientos. Oh mi amor me atormenta la idea de no estar preparada para poder asumir tu amor, y si me retracto? y si siento la necesidad de alejarte de mí otra vez?, Oh Arnold espero seas muy comprensivo con esta humilde niña extraviada en sus emociones – Declamaba Helga por todas las calles dando saltos y alzando las manos hacia el firmamento, cuando de pronto tropezó con una piedra rompiendo así uno de sus zapatos – Pero por otro lado, como lo odio, que persona más distraída seguro pensando en la inmortalidad del canguro, llevarse así mi dinero sin siquiera dignarse a acompañarme, rayos porque estaría tan pensativo si solo salió de la casa de Phoebe o ¿será que Arnold estaba distraído por algo que paso en la casa de Phoebe?
Una imagen de Phoebe y Arnold juntos, al pie de la ventana con sus miradas perdidas invadía los pensamientos de Helga, mientras una risa salía de sus labios.
- Jajajaja sí que soy ridícula, Phoebe y Arnold… Claro como si eso fuera a ser posible, Phoebe jamás lo haría o ¿Si? – mientras se extinguía la risa de Helga – Creo que será mejor investigar lo que paso en casa de Phoebe.
Sin darse cuenta, Helga ya estaba en casa, sus pensamientos le habían acompañado todo el camino a su destino, pero Helga no podía despegar la mirada de la luna, tenia temor de entrar a su habitación y que sus ridículos pensamientos se hicieran realidad, de alguna manera la calle sostenía la realidad y lógica que había planteado al jactarse de la idea de Phoebe y Arnold, Helga se apegaba fuertemente a su puerta, no quería abandonar las calles, ella creía que al despertar todo su universo cambiaria y que por un momento la idea de Arnold y Phoebe pasara de una idea graciosa a una cruel realidad.
