Nota de Autor: Hola! Aquí estoy subiendo el nuevo cap, siento la tardanza. Pero Romano ha empezado a actuar por sí solo y el cap ha acabado siendo totalmente nuevo, no tenía en mente escribirlo XDD
Espero que os guste!
Descubrimientos
- ¡AAAAAAAAAAAAH!
Romano se levantó de golpe del suelo (sí, había vuelto a la rutina del suelo), alarmado por ese grito. Salió corriendo de la habitación aún sin calzarse y llegó al origen de los chillidos:
- Agarrarlo bien y que no escape. -Dijo Francia.
Al-Andalus había sido cogido por brazos y piernas por un grupo de sirvientes y era arrastrado al interior de una sala. No paraba de dar patadas y soltar insultos mientras se lo llevaban.
Romano se acercó alarmado a la escena, al verlo Al-Andalus reaccionó:
- ¡Romanooooooooo! ¡ayúdameeee! -Y justo después, las puertas se cerraron, dejando a Francia y a él solos en el silencioso pasillo.
Miró al francés con cara de no entender nada.
- ¿Y a este qué le pasa?
- Rien, solo le van a dar un baño. -Dijo el francés entre risas mientras se alejaba por el pasillo.- Me voy a cambiar para esta tarde. -Desapareció por la esquina, no sin antes mandarle un beso.
Romano se estremeció con las extrañas acciones de ese país, cuando ya creía haberse acostumbrado a él, va y le saltaba con algo nuevo.
Romano se giró de vuelta a la habitación, pensando para qué empezaban a cambiarse tan pronto, cuando por poco se choca.
- ¡Ah! -No pudo aguantar soltar un gritito, ya que por poco se da contra Lesmes, que había aparecido de la nada delante suya.- ¿Y-y tú que haces aquí?
- Supervisar que Al-Andalus no se volvía a escapar. -Dijo con su tono ácido de siempre, seguro que aún se acordaba del jueguecito con la daga.- Deberías empezar a prepararte.
- ¿Y tu qué, eh? -Le espetó Romano, al notar que iba con las ropas de siempre.
Lesmes le miró de arriba a bajo:
- No creo que tengas el derecho de decirme nada. -Dijo un poco divertido.
Romano se miró sin entender muy bien a que se refería. Enseguida se dio cuenta: no llevaba zapatos, tenía los pantalones arrugados, la camisa mal puesta y por no contar como debía de tener el pelo en ese momento. Se enfadó más.
- Eeeeeh... bah, déjame en paz. -dijo marchándose de mal humor hacia la habitación.
Cerró la puerta del cuarto y miró a su alrededor, no tenía ni idea de que iba a hacer ahora. Entonces se fijó de que encima de la (desecha) cama de Al-Andalus había dos trajes. Miró otra vez por la habitación, no había nadie.
Se acercó a examinar las ropas, la pequeña era seguramente de Al-Andalus y la otra tenía que ser suya.
Se quedó embobado observándolos, pensando quien los había traído allí. Cuando se despertó estaba seguro de que no estaban y ahora aparecían de la nada, además de que la única persona que habría podido entrar era... Lesmes. Romano sacudió la cabeza, prefería no pensar en eso, y decidió centrarse en otras cosas, por ejemplo: ¿Por qué había dos trajes?
Él no pensaba acudir al baile, no es que no le gustara bailar ni nada de eso, pero el estilo de esas épocas era muy soso, en su opinión, comparado con lo que se llevaba actualmente, que por lo menos te llevaba un mínimo esfuerzo aprenderlo.
Se habían debido de equivocar, porque estaba claro que Al-Andalus no se iba a poner dos trajes y uno era demasiado grande para el pequeño país. Se asomó por la puerta.
- ¡Eeeeeeeeeeeeh! ¡Alguien se ha dejado un traje aquí!
Ninguna respuesta.
- ¡¿Oigaaaaan?! -Miró de un lado a otro del pasillo: nadie. Hace un momento todo estaba lleno de sirvientes, Francia y Lesmes; y ahora no quedaba nada.
Volvió a meterse en la habitación y miró los trajes fijamente.
- Vamos Romano, no puede ser más difícil que un disfraz de carnaval. -Se dio ánimos a sí mismo mientras echaba un vistazo a sus ropajes: unas medias oscuras, unas botas y una toga de un color marrón oscuro con bordados dorados en las puntas. El resto del traje no sabía muy bien lo que era.
Romano terminó de vestirse. Se dio un ligero aplauso a sí mismo: lo había conseguido. Ponerse un traje de esos era difícil, más de lo que pensaba (hasta ahora la idea que tenía era la de esos disfraces que vendía China). Se miró de arriba a abajo, necesitaba buscar un espejo o algo. Como italiano, sabía que el aspecto era importante. El móvil no le valía, así que se puso a buscar por todos lados.
Empezó con él escritorio, ya que a primera vista no había nada encima. Miró en los cajones: Unos pocos estaban cerrados con llave y no había manera de abrirlos, en otros encontró sobres blancos, con sellos de cera roja con escudos que parecían importantes rotos. La mayoría tenían la letra muy cuidada, con tantas florituras que apenas se entendía nada. Parecían bastante actuales.
Siguió rebuscando y encontró una pequeña caja de madera, con un tallado muy delicado, pero que apenas se notaba al tacto. Era una H grande, que abarcaba toda la tapa. La caja estaba muy desgastada, parecía que hubiera vivido más que ningún otro país, pero seguía ahí entera.
No tenía pinta de albergar ningún espejo, pero Romano tenía la oportunidad de cotillear un poco, así que no desaprovechó la ocasión. La abrió con cuidado.
En el interior no había nada que pareciese de valor: no tenía joyas, ni broches, ni monedas. Solo había cartas. Pero Romano no pudo evitar sentir curiosidad. Eran extremadamente antiguas, parecían que se fueran a deshacer con una brisa. En algunas partes el texto estaba borroso, y en otras ya prácticamente había desaparecido. Romano tanteó con cuidado las láminas: estaban hechas de papiro. Eso le extrañó bastante. El papiro se utilizaba en el antiguo Egipto como escritura, y por la época en la que creía estar, ese material ya no se usaba para escribir, es más, ni siquiera tendría que ser conocido en la península. Pero esas hojas eran demasiado viejas para ser actuales. Decidió echarlas un vistazo.
Levantó la primera con mucho cuidado, debajo había más, todas del mismo estilo. Cogió la más legible que vio.
Observó un rato el papel antes de empezar a leer, tenía el aspecto de ser una carta. Después de dudar un momento empezó a leer:
"Querido Hispania,..."
Se paró. Esa carta no era una carta cualquiera. Estaba escrito en Latín antiguo, muy antiguo. Romano lo había aprendido de pequeño, y aún así le costaba reconocer lo que decía. Pero no cuadraba, ¿cómo podías estar esa carta dirigida a Hispania?
Necesitaba aclararse, así que, después de dudarlo un rato siguió leyendo:
"Por fin hemos vuelto al puerto de Ostia, ha sido un viaje duro, ¡pero hemos conseguido expandir aún más nuestro territorios por el sur!
Te he escrito esta carta en cuanto he pisado tierra, aunque sé que tardará mucho en llegarte. Se que hace mucho que no me ves y que siempre estoy de viaje, pero lo pasarás bien con Galia ¿no?. Aún así te pido perdón, ¡Cuándo vuelva haremos una gran fiesta con Galia y Germania!
De parte de tu querido Abuelo,
Imperium Romano"
Romano se sentó en la cama, aún pensando en lo que acababa de leer. Esa carta era del abuelo, no cabía duda. E Hispania debía de ser España. Releyó la carta. El Imperio Romano siempre fue un país muy ocupado en sus labores y solía irse lejos de viaje y a veces tardaba mucho en volver. Por alguna razón a Romano le recordaba a los largos viajes que hacía España durante su época de conquista. Él siempre se enfadaba con él, porque no solía recibir cartas suyas, y aunque no lo reconociera, Romano siempre se preocupó del español. Pero claro, las cartas solían extraviarse o acababan en el fondo del mar con sus barcos por contiendas contra los corsarios.
Nunca se le había pasado por la cabeza que España hubiera pasado por lo mismo, simplemente, no se imaginaba al sonriente español nervioso porque su abuelo no llegaba. Se sintió mal por todas las veces que le había pegado un cabezazo en el estómago por tardar tanto en volver. Se había portado fatal con él, y aún así el país siempre le había protegido.
Miró a la caja de madera: dentro había más cartas. Las ojeó con cuidado, todas eran iguales. En papiro y tinta negra, y todas dirigidas a Hispania. Cogió una al azar con la intención de leerla, pero se frenó enseguida: esas cartas eran y estaban dirigidas a España, y se sentía como si fuera a violar la intimidad de alguien si las leyera. Metió la carta que había leído en la cajita y dejó todo dónde estaba cuando lo encontró.
Poco después encontró el espejo. Era un poco más grande que la palma de su mano, pero menos es nada. Y como no podía sacarse una foto con su "querido" móvil, no le quedaba otra.
El traje le estaba bien. No era muy detallado, ni muy cómodo, es más, se sentía como si fuera a actuar en un teatro. Pero era la moda de ese tiempo. Por lo menos no le había enviado a la prehistoria.
Después de echarse ese vistazo ya no le quedaba nada que hacer. Volvió a mirar a su alrededor: la habitación no era muy grande, pero aún había cosas que no había visto y seguro que eran interesantes. Además Romano podía ser bastante cotilla si se lo proponía. Total, no había nada que perder, ¿verdad?
Empezó a mirarlo todo: los cajones del escritorio que quedaban, debajo de la cama y de la almohada, en las paredes (a lo mejor encontraba uno de esos pasadizos secretos que salían en las películas de América), en el suelo... no había nada. Romano se empezaba a aburrir, ese chico no guardaba nada de valor a parte de las cartas (y no quería pensar en ellas). Tenía razón cuándo dijo que estaba de paso.
Ya sólo le quedaba un sitio: él armario. Empezó a curiosear por los cajones pequeños, pero sólo encontraba ropa y algunos libros. Después se pasó a las chaquetas, miró hasta en los bolsillos de las pocas que tenía (también quería adivinar de donde sacaba cosas de la nada), pero no encontró nada en ellas, es más, ni siquiera tenían muchos bolsillos (algo que a Romano le dejó atónito).
Siguió buscando, pero mientras se asomaba en lo más profundo de ese armario, perdió el equilibro y se calló de bruces a dentro, dándose un fuerte golpe en la cabeza contra la pared de madera del fondo.
Se frotó la cabeza, por alguna razón siempre acaba haciéndose daño él solito, sin ayuda de nadie. Le pegó un golpe de ira al trozo de madera contra el que se había dado, pero al golpearlo sonó algo diferente a cuándo se había dado en la cabeza.
Observó el trozo de madera extrañado, le dio otro golpe: ahora sonaba hueco. Empezó a dar golpecitos en el fondo del armario: Lleno. Lleno. Lleno. Lleno. Lleno. Hueco.
Volvió a golpear ahí: hueco. Siguió golpeando un poco más adelante. Al cabo de un rato empezó a sonar lleno de nuevo. Siguió probando. Fuera lo fuera lo que había detrás del mueble, tenía una altura considerable y no era demasiado ancho.
Salió del armario y se puso a mirar en el hueco entre el mueble y la pared, había apenas una fina rendija oscura que lo separaba del irregular muro de piedra.
Empezó a empujar el armario con todas sus fuerza hacia un lado:
nada. Puso todo su peso en el mueble, pero este no se arrastró ni un centímetro. Estaba claro que ese no era el típico armario IKEA.
Siguió empujando el mueble, pero ya le dolían los hombros de poner tanto esfuerzo: tenía la batalla perdida.
Se alejó un poco para observar el armario de arriba a abajo: Era de una madera oscura y resistente. Tenía unos cuantos detalles tallados por los bordes y las esquinas. Unas bisagras enormes se encargaban de que las pesadas puertas se abrieran y cerraran con facilidad.
Tenía que haber alguna manera de ver lo que había detrás de ese guardarropa. Le entraba dolor de cabeza sólo con pensar cómo habían subido esa cosa hasta el piso en el que se encontraban. Así que tenía que haber alguna forma de ver lo que fuera que hubiese detrás del armario sin necesidad de moverlo.
Se dio un golpe a sí mismo en la cabeza: había sido un estúpido por ir directamente a observar el armario por fuera pensando cómo moverlo, sin ni siquiera echar un vistazo a lo que había en la pared del mueble.
Se asomó otra vez dentro del armario, había estado un rato ahí y en realidad no se había fijado en nada. Por lo menos meterse en un armario era más cómodo que dormir en el suelo. Empezó a analizar con detalle la lámina de madera que componía el fondo, tanteando, porque no se podía ver demasiado bien. Al cabo de un rato notó una pequeña fisura alargada que subía verticalmente hasta cierto punto, donde giraba y se convertía en otra línea horizontal. Paralela a la rendija vertical había otra incisura que subía hasta la fisura horizontal. Y así se formaba un largo rectángulo.
Romano sonrió ante el descubrimiento y empezó a manipular ese trozo de madera, impulsándolo desde abajo a arriba. Estuvo un buen rato tirando hasta que por fin la tabla se desencajó con un pequeño crujido. Emocionado apartó el pesado trozo de madera que bloqueaba su vista. Pero al apartarlo algo brillante cayó muy pesadamente.
- ¡Ah! -Romano saltó fuera del mueble mientras se cubría con la tabla de madera. Notó cómo algo pesado se clavaba en ella, astillándola. Perdió el equilibrio y calló al suelo.
Con cuidado, Romano apartó el trozo de madera de encima suya. Cuándo lo hubo dejado lo suficientemente lejos miró que era lo que le había "atacado".
Una enorme hacha se había clavado profundamente en la tabla de madera. Tenía un bastón largo para blandirla con eficacia, pero lo que había sobrecogido a Romano era el enorme filo de hierro que tenía. La hoja era bastante alargada y refleja la luz mortíferamente. Tenía unos pocos grabados en ella: una cruz alargada, que a Romano le recordaba al grabado que había en las Tartas de Santiago que de vez en cuando compraba España como postre y que, según él, venían de Galicia y demás zonas del norte (a Romano eso le daba igual, pero el pastel estaba buenísimo). Al rededor de la cruz había pequeños grabados, que demostraban que esta arma había sido forjada con mucho cuidado. Estos eran interrumpidos por el filo, que se alargaba unos cuantos letales centímetros que con facilidad podían partirte en dos. El arma había sido equilibrada con un pequeño peto en forma de hacha, que parecía también bastante afilado.
Había sido forjada de una sola pieza y la anilla por dónde se metía el bastón de madera estaba enganchada a esta por unos clavos de cabeza rectangular.
Romano se quedó un rato observando el arma. Quien fuera el que lo hubiera forjado había hecho un buen trabajo. Se notaba que el herrero se había esmerado para que quedara bien o porque le habían pagado mucho, quien sabe, estaba en la Edad Media y no todo el mundo era rico.
Cogió el hacha con cuidado. Pesaba bastante y tenía que sujetarlo con las dos manos si no quería que se le cayera encima. Empezó a zarandearla de un lado a otro.
No sabía que hacía el hacha allí. Cabía la posibilidad de que fuera de Al-Andalus, pero el país le había dicho que estaba de paso. Así que si el arma era en verdad suya, tenía que haberse esforzado mucho para poder guardarla (o esconderla) tan bien. A lo mejor ya había ido al castillo antes, pero según Froilán, nunca había visto a ese chico. Claro que Al-Andalus era un país, y podía haber venido al castillo hace cien años o más. Incluso podría habérsela comprado a algún mercader de la zona. O puede que ni siquiera fuera suya y alguien la dejara ahí antes.
Había muchas opciones, pero a Romano le daban igual todas, porque el caso es que por fin había encontrado algo interesante.
De pequeño, cuándo estaba en casa de España, había visto varias veces ese arma. Incluso hoy en día el Español concursaba con Dinamarca a quién era el mejor con el hacha (normalmente acababa empate).
A su ex-jefe le encantaba usarla en batalla y siempre se iba con ella en sus viajes. De pequeño, Romano le veía entrenar con ella y sacarla brillo, pero el país nunca le había dejado acercarse, porque podía ser peligroso.
Ahora que pensaba en eso, España tenía razón: era la primera vez que se encontraba con un hacha, y por poco le parte en dos. No se imaginaba lo que podría haber pasado si no se hubiera cubierto con la madera.
Se puso a manejarla. No había usado un hacha en su vida, pero ahora que había aprendido a usar la espada se hacía una pequeña idea de como funcionaba. Pesaba bastante y apenas podía con ella cogiéndola con los dos brazos. Se le vino a la cabeza la imagen de España en sus tiempos de imperio, cogiendo su querida arma con una sola mano. Se estremeció solo de pensar la fuerza que había que tener para manejar eso. Y seguro que no había perdido mucha.
Se puso a zarandearla de aun lado para otro, intentando no darle a ningún mueble. Las ropas que llevaba le molestaban, pero con lo que le había costado ponérselas no se las iba a quitar de nuevo.
Romano se había concentrado mucho en aprender a usar el hacha. No podía moverla en vertical de arriba a abajo, porque era muy difícil elevarla y caía demasiado rápido. Así que solo podía desplazarla en diagonal, y aún así costaba mucho controlarlo. Por poco se carga una pata de la cama en uno de los intentos.
- ¡Ah!¡Al, qué se nos revela!
Romano se sobresaltó y por poco parte en dos el escritorio. Se dio la vuelta y vio a Francia mirándole sorprendido y con la mano posada en el pomo de su espada.
Nota de Autor: Espero que os haya gustada y que haya valido la pena esperar tanto!
Para todos los que se hayan reído con lo del puerto de Ostia: el puerto existió y fue uno de los más importantes de todo el Imperio Romano, mi profe se encargó de que lo recordáramos (y con ese nombre cómo para olvidarse xD)
Os habríais muerto de risa si me hubierais visto leyendo toda la wiki sobre el papel, porque no tenía ni idea de lo que se usaba por entonces en Europa. Pues resulta que en el Imperio Romano aún se usaban losas de arcilla/piedra (véase: Asteris y Obelix), y no quedaría muy guay que Romano se encontrara un cubo lleno de piedras en el cajón de un escritorio verdad? así que gracias al antiguo egypto conseguí unas bonitas, antigua y viejas cartas!
Ah, si notáis que vuestro armario suena hueco por dentro: no lo abráis ok?
de todas maneras: gracias wiki-sama!
Intentaré subir un cap por semana como mínimo!
Respuestas a Reviews (besos a todos!):
rin06rimichi: Me alegro de que te haya gustado!
A mi me encantó poner Romano riéndose de todo, pero habría sido genial que tuviera una risa personalidad como el honhonhon~ de Francia o el Kesesesesese~ de Prusia (aunque no le quedaria mal el kolkolkol~) XDD
Pobre Lesmes, un día de estos me lo voy a cargar sin querer XD
Solanco Di Angelo Redfox Roma: Me alegro de que te haya gustado este cap, Romano sabe pasárselo bien con las dagas xD, pero recuerda: "No hagáis esto en casa" xDD
Oyasumenasai!
Cualquier cosa, te gusta, lo odias, eres fan de las hachas asesinas que se esconden en los armarios... me lo decís da?
Make pasta no War!
