Lamento la demora, pero aquí las recompenso con más drama (para las masoquistas). Es tan triste! Saluditos y muchas gracias por los rewiews y no dejar que yo me demore tanto en subir.


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CAPÍTULO 62

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CONTRACCIONES

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-Yo quería sexo, Ángela y Booth me lo daba, yo no soy como ustedes que quieren amor, lo que pasó entre él y yo fue sexo, sexo bueno pero que no pasa de ser sólo sexo y que no es más del que cualquier otro me pudiera dar, era… Era sólo sexo.

Las palabras de Brennan hicieron eco por la oficina, todo lo que decía intentaba guardarlo en su mente para convencer a su irracionalidad y encerrarse en su razón, ya le dolía demasiado y no quería sufrir más. Los ojos de Ángela confirmaron la presencia que sintió Brennan, pudo sentir a Booth tras de ella tan pronto como pronunció la última palabra. La lágrima rodó por su mejilla y por unos segundos el tiempo paró, negó a sí misma y giró la mirada. Desilusión, dolor, culpa, todo vio en los ojos castaños del hombre que amaba, pero sobre todo tristeza y rabia, odio de ella y de sí mismo. La mirada se fue y ella cerró sus ojos intentado apagar su mente, negar la realidad, renegar su razón. No lo dejes ir, habló su corazón con fuerza, aún adolorido éste intentaba hacerse oír. Corre, no lo dejes ir. El cuerpo de ella se irguió y salió corriendo tras el hombre que amaba. Booth no soportaba más. Sexo, traición, mentiras, engaños y todos los sinónimos de estos le devastaban la mente y principalmente el corazón. "Al hacer el amor, dos almas se unen en una. Dos materias no pueden ocupar el mismo espacio. Pero lo importante es intentarlo. ¿Para qué?, ¿para romper las leyes de la física? Sí, un milagro… Quiero que me enseñes a ser como tú… Hazme el amor". Las palabras, los recuerdos, todo pasaban por la mente de él y dolía más pensar que ella las había dicho.

-¡Detente, Booth!

El grito de Brennan sonó por todo el instituto atrayendo a todos los curiosos a esto. Booth se detuvo en seco, una lágrima salió cortando su mejilla y la detuvo de inmediato. La mano de Brennan se apoyó en su hombro y exigió que le mirara pero este no lo hizo, sólo bajó la mirada e hizo del corazón pedazos en un solo susurro.

-Se acabó, Temperance.

Las palabras salieron en un hilo de voz, pero de alguna forma el silencio del instituto hizo eco en estas. Brennan lo negó, no podía creer aquello. Booth empezó a caminar y ella estaba paralizada. No le dejes ir, imploró su corazón.

-¡Booth!... Escúchame -gritó mientras las lágrimas inundaban su rostro, mientras su corazón intentaba no romperse más. Booth paró y la miró, los ojos rojos, lágrimas en la mejilla y párpados, y pupilas dilatadas.

-No te quiero oír más… Ya no soporto oír tus mentiras, Temperance -dijo brusco en alta voz. Brennan se aproximó intentando abrazarlo, protegerse contra él y sí misma.

-Booth, por favor…, no digas eso -dijo buscando el pecho del agente como una niña asustada pero él la sujetó por los brazos y la aparto con fuerza hacia atrás.

-¡Aléjate de mí!… ¡No quiero verte!… ¡No te quiero oír! -gritó a pleno pulmón. Brennan negó.

-No… Escúchame… -imploró como nunca, pero Booth estaba demasiado dolorido para tener pena de ella, no quería saber de sus disculpas o de lo que tenía que decir, en ese momento solo podía causar dolor.

-¿Escuchar? ¿Escuchar qué?, ¿tus mentiras? -gritó. Todos miraban el espectáculo que estaban haciendo y los gritos atraían a cada vez más gente-. Me traicionaste, me mentiste…

-¡Eso no es verdad! ¡Yo nunca he hecho nada! ¡Eres tú el que se acostó con otra!, ¡tú! -gritó ella de forma desesperada. Booth intentó parar lo que iba a decir, pero no pudo.

-Como si eso le importara a la señora empírica racional, a la que sale con dos hombres para satisfacer las necesidades de no tener un corazón -gritó.

Brennan abrió la boca como si no creyera lo que el agente decía, y junto con ella Ángela, que ahora estaba al lado de Hodgins escuchando todo como todo el mundo allí presente.

-Porque es eso lo que te pasa, ¡no tienes corazón!

-¡Cállate!

Las palabras de Booth la cortaran, la razón tomaba cuenta de ella matando junto con las palabras de él cada esperanza que tenía su pobre corazón.

-¿Ahora quieres que me calle? ¡Pues no lo haré! Todos aquí merecen saber quién eres… -Brennan cerró el puño con fuerza. Booth estaba a menos de un metro de ella pero seguía gritando-. Merecen saber que la doctora Brennan es la mujer más fría del mundo… Más fría que todo el acero de este sitio.

-Cállate -pidió en una voz más baja, ya casi no podía hablar, cada palabra de él le quitaba el alma y le cortaba en pedacitos. Ángela ya no podía oír más, intentó acercarse para detener a Booth, pero Hodgins se lo impidió y fue él a aproximarse.

-Booth, ya basta… Déjala -dijo aproximándose a él. Booth le miró de tal forma que si tuviera su arma lo mataría.

-¿Sabes? -La voz de él salió más baja. Sintió a una nube negra tapar toda su visión, no veía nada más que rabia y odio-. Creí que podría amarte… Que podía llegar a derretir ese hielo que tienes en el pecho –Brennan, que tenía la mirada baja desde hacía mucho ahora lo miró-, pero resultó que no es que tengas un hielo en lugar de un corazón, es que ya no lo tienes…

-Cállate -pidió sólo moviendo los labios y negando con la cabeza.

-Dijiste que no podías decir que me amabas por una promesa que hiciste a tu madre -la voz de él salió gruesa. Brennan bajó la mirada y volvió a pedir en pensamientos que se callara- pero es mentira. No lo dices porque no puedes amar. Una persona sin corazón como tú no sabe que es amar… Y dudo que alguien alguna vez te llegue a amar. No te mereces ser ama…

-¡CÁLLATE! -el grito hizo eco, pero lo que chocó a todos fue el puño de Brennan que acertó en lleno a Booth haciendo que él cayera al suelo.

Silencio, nadie hablaba ni hacía nada. Dolor, el corazón de ambos solo sentía eso. Brennan respiraba agitada como si fuera a perder el aire. Booth respiraba agitado por la sorpresa de haber sido golpeado, o por el simple motivo que sus niveles de adrenalina y odio habían sido interrumpidos por Brennan. Silencio, nadie se movía, todos estaban impactados. Booth estaba en el suelo sujetando su mandíbula, que por suerte el golpe no había sido más arriba, sino la habría roto. Sintió el calor de la sangre que se precipitó por su nariz y el gusto de esta en su boca. Brennan sujetó su propia mano, pues el golpe no sólo lo había hecho daño a él sino también a ella. Los ojos de Booth estaban clavados en los suyos como culpándola por aquello y ésta le comprendía a la perfección. Dio un paso a delante para ayudarle o por desespero y Booth retrocedió aun estando en el suelo, ella paró. Booth se levantó sin dejar de mirarla. Los ojos a los que tanto amo ahora los miraba y sentía desprecio. Pasó el torso de su mano en la precipitación de sangre que salía por su nariz sin desviar la vista. Brennan le miró asustada y estupefacta, al ver la sangre tuvo ganas de ayudarlo pero la mirada de él le impedían ir hacia delante. Él finalmente giró el rostro y miró la sangre, luego miró nuevamente hacia ella y se giró para salir sin mirar atrás, dejándola allí parada y desconcertada. Ángela entre todos fue la primera en reaccionar, corrió junto a Brennan y le cogió de los hombros, como para impedirla o sujetarla. Brennan respiraba cortadamente y al sentir a su amiga sintió como si la realidad le estuviera cayendo encima, su pecho se congeló y junto con él las lágrimas, de pronto ya no había lágrimas, estaba serena y completamente difusa.

-Vamos, cariño -dijo en compasión. Brennan hiso una mueca y le miró seria.

-No es necesario que me ayudes, puedo sola –dijo encaminándose hacia su oficina sin mirar atrás. No es que estuviera orgullosa de aquello, sino que su mente estaba en pánico y la única cosa que hacía era protegerla siendo fría y decidida, como siempre. Se sentó en el asiento y se quedó inmóvil mirando hacia el fin de la oficina, envuelta en su mente. Afuera, Cam había puesto a todos a que volviesen a sus puestos y le dijo a Ángela que fuera por algo para Brennan y que ella le mirase la mano pues ciertamente la había dislocado. Ángela obedeció de inmediato. Brennan no pensaba, era como si fuera un ordenador sin memoria.

-Bren, cariño.

-Ángela, te pido que me dejes, tengo que trabajar -dijo volviéndose hacia su ordenador pero sintió dolor en su mano tan pronto intentó utilizarla.

-Si no quieres hablar está bien, pero déjame mirarte la mano -dijo aproximándose. Brennan le miró y sus ojos estaban tan confusos que parecían preguntarle a Ángela: ¿Quién era? Ángela le vendó la mano en silencio mientras ella sólo miraba. Cuando estaba terminando Sully entró en la oficina.

-Brennan, lo hemos encontrado -dijo entrando sin saber nada de lo que había pasado allí-. ¿Qué pasó con tu mano?

-Nada -respondió secamente y le miró seria-. ¿Dónde?

-En una fábrica de residuos tóxicos, es el dueño. Quería saber si quieres venir -preguntó mirando la mano de la antropóloga. Ángela se levantó y abrió la boca para contestar por su amiga pero Brennan fue más rápida.

-Claro -dijo levantándose y yendo por su cazadora.

-Brennan, cariño, no estás en condiciones para esto, deja que Sully vaya solo -dijo preocupada pero Brennan no le hizo caso.

-Vamos Sully, ¿qué esperas? -dijo saliendo e ignorando a Ángela.

Salieron de allí y se fueron en busca del asesino de los niños. Era de verdad el dueño de la fábrica, éste había tenido relaciones con la madre de los mellizos Patrick y Adam pero cuando se enteró que estaba embarazada se marchó, ella no podía con los bebes sola así que puso uno en adopción, Patrick; y se quedó con el otro, Adam. El hombre en aquella época era pobre y vendía su esperma en clínicas de fertilización, pero cuando se enriqueció se convirtió a una especie de religión, ésta decía que era errado tener hijos sin casamiento y aquel que los tuviera tenía que librarse de su mal. Así que buscó a todos los niños que nacieran por su esperma. El bebé fue el primero, luego la niña y Adam. Cuando Brennan y Sully llegaron encontraron a Patrick casi muerto pero aun con chances de sobrevivir. Sully detuvo al hombre que además de estos niños aun tenía a dos más en su poder. Cuando el caso por fin estuvo resuelto, Sully la invitó a tomar algo pero ella le dijo que sólo quería ir a casa. Él obedeció sin retrancas. La llevó a casa y la dejó en la puerta de su edificio, luego se marchó. Brennan estaba serena, entró en el departamento como una muerta en vida, se dirigió a la habitación y se dejó caer en la cama, sólo entonces lloró. Su corazón ya no podía, su cuerpo ya estaba demasiado cansado para aquello, su mente luchaba para mantener en orden el pensamiento pero era difícil hasta para la más racional del mundo hacerlo. Abrazó la almohada y sollozó haciendo presión en los brazos para intentar encontrar abrigo en aquel ser inanimado. Su mente daba vueltas y más vuelta en torno a Booth, a sus palabras, a todo, se arrepentía el día en que se dejó llevar, que lo tocó y dejó que la tocase, el día en que lo conoció. Se arrepentía de todo excepto de los bebés que estaban en su vientre, era lo único que tenía en ese momento. Necesitaba dormir, tenía que borrar su mente, pero no pudo, se sentó en la cama y empezó a balancear su cuerpo, como si se intentara acunar así misma, abrazada a sus piernas. El movimiento le embrolló el estómago, que en todo el día no había visto nada de comida. Salió corriendo hacia el baño y se sentó delante del váter, lloraba y devolvía sin parar. Sollozos y más sollozos durante toda la noche era lo único que había, gemidos de dolor en la base del vientre los cuales la antropóloga relacionaba con los vómitos. Toda la noche la paso así.

Eran las nueve de la mañana cuando se levantó del váter y se mojó el rostro, estaba cansada, desecha y dolida, miró al espejo y vio a la mujer que nunca quiso llegar a ser, una derrotada. "¡Vamos! ¿Vas a pasar todos los días así?". Se preguntó a sí misma. "¿Qué vas a hacer, dejar que se vaya y no decirle lo de sus hijos?". No, no podía hacerlo. "Mírate, no vas a poder, lo necesitas, ve tras él y si te vuelve a decir lo que dijo suéltale lo de los bebés y ya". No, replicó su corazón que ya no quería exponerse a más dolor. "¿No? Pues entonces quítatelos, no te los mereces". No. "Pues ve tras él, grítale que estás embarazada, ¡hazlo!". Brennan se alejó del espejo y buscó su maleta, sabía que era tonto y muy bajo lo que hacía pero necesitaba a Booth, y no podía vivir sin él, sabía que tenía que tragarse todo lo que él le había dicho, pero necesitaba un abrazo de él, un beso en la frente y una sonrisa, lo necesitaba. El dolor era mayor en su vientre, respiró hondo y tragó el grito al sentirlo, pero luego volvió a lo que hacía. Empacó varias cosas en la maleta y la puso sobre la cama, sintió más dolor y fue hacia el baño a buscar algo que le sacara aquello, tomo dos pastillas y cuando iba saliendo del baño el timbre sonó. Salió corriendo pensando que podría ser Booth, que se arrepentía, pero cuando abrió la puerta se encontró a Sully.

-Temperance, ¿estás bien? -dijo tan pronto la vio y se aproximó para mirarle la temperatura, estaba muy caliente. Brennan se alejó y le miró aturdida.

-Estoy bien. Tengo… Tengo que irme -dijo alejándose de Sully pero él la detuvo.

-¿A dónde?

-A buscar a Booth -dijo con la voz de niña y empezó a llorar. Sully la atrajo y la abrazó-. Me… Me preguntaste si lo amo… Sí… Sí, Sully, lo amo.

Brennan empezó a llorar, y Sully la apretó llenando sus ojos de lágrimas. Se quedó en silencio, ahora era definitivo, tenía que hacer a Brennan feliz, pues ella estaba así por su culpa, él podría haber evitado aquel sufrimiento así que se separó y la miró con seriedad.

-¿Hiciste las maletas? -Ella asintió-. Está bien, el vuelo de Booth sale en -miró el reloj-. Mierda. El vuelo sale en 20 minutos, si vas en taxi no llegarás y en coche no tienes condiciones, así que te llevo yo.

-No, es mejor…

-Brennan no tienes tiempo, ¿sí?

Brennan abrazó su vientre. Otra contracción más fuerte.

-¿Qué tienes?

-Nada, sólo me duele la barriga pero no es nada, las maletas están en la habitación -dijo y sintió otra contracción. Apretó la mandíbula para no gritar. Sully se apartó hacia la habitación, entró en ella y cogió la maleta.

-¡AHHHHHHHH!

El grito de Brennan resonó por la casa y disparó el corazón de Sully. Corrió para ver qué pasaba y la encontró de rodillas abrazándose a sí misma. Sully se petrificó cuando la vio, su pantalón blanco estaba lleno de sangre y su cara mostraba dolor.

-¡AH!

Otro grito que lo hizo reaccionar e ir junto a ella, estaba asustado y no sabía qué pasaba, había sangre y ella gemía contrayéndose.

-Temperance, ¿qué te pasa? ¿Qué te pasa? -pregunto en pánico.

Brennan le miró y sollozó. Estaba tremiendo y respiraba con dificultad, pero Sully pudo oír su suspiro antes de gritar.

-Mis bebés… Voy a perder a mis bebés…. ¡AHHHHH!