Nota de Autor: Bueno, aquí está el nuevo cap! siento si me he retrasado mucho, estamos en la semana del libro y a los profes les encanta mandarnos proyectos que tienen que estar acabados para hoy. Así que me tiré pintando pancartas, haciendo camisas, escribiendo invitaciones para eventos... de alguna manera acabé jefa de grupo de diseño (pinto bien) y creo que es lo peor que he hecho en mi vida xD
Para qué aburriros más? A leer!
Alguien más
Al rato apareció Al-Andalus asomándose por la puerta. Primero miró a Romano, sorprendido, y luego al armario. Y otra vez a Romano.
- ¿Qué narices estás haciendo?
Romano no dijo nada. Esa era un buena pregunta: ¿Qué estaba haciendo? Pues bien, no tenía ni idea. Había visto el hacha y se había puesto a jugar con ella. Si no estuvieran Francia y Al-Andalus delante, se habría puesto a darse cabezazos contra la pared por portarse como un niño pequeño.
- Eeeeeeh... yo... sólo la encontré... -Dijo, intentando justificarse. Ahora se hubiera dado aún más cabezazos: ¿Habría una excusa peor que esa?
Al-Andalus se asomó al pasillo, mirando hacia los lados. Francia, mientras tanto, agarró con fuerza el pomo de su espada, aún sin desenvainar.
- Oh la la, Romano, que sepas que no es la premiere vez que me enfrento a alguien con un hacha. -Dijo con una sonrisa de suficiencia en la cara. Mientras iba desenvainando el arma.
Al-Andalus cerró las puertas de la habitación.
Romano se asustó al ver como el francés le apuntaba con su espada, preparado para pelear.
- ¡Eh! ¡Espera, yo no quiero luchar! -Dijo, y tiró su arma al suelo.
Pero el hacha nunca llegó a tocarlo, porque Al-Andalus había cogido el arma justo antes de que esta cayera escandalosamente en el pavimento.
- ¡Idiota! La vas a romper. -le regañó el país, elevando el arma con cuidado y con mucha más facilidad que Romano.
Los otros dos países le miraron extrañados.
- Hey, Al, ¿qué está pasando? -Dijo el francés mirando extrañado el comportamiento de su amigo. Al-Andalus se sentó en la cama. Romano se fijó en que ya se había vestido. Llevaba un estilo muy parecido al de Romano, pero se notaba que el suyo era más rico y caro. Al-Andalus tenía una túnica larga, rojo escarlata, con bordados dorados y con unos cuantos escudos cosidos a mano por todo el traje, seguramente de todos los reinos que representaba.
Le habían peinado y arreglado, además de que estaba calzado, algo que ni Lesmes había conseguido. Francia iba algo más simple, con una toga azul celeste, sin ninguna identificación.
Pero Romano no se fijó en eso, se dio cuenta de que le traje de Al-Andalus era el mismo que había junto al suyo en la habitación cuando llegó. Y él no había abandonado la habitación en todo el tiempo. Un escalofrío le recorrió toda la espalda. Deseó con todas sus fuerzas que no hubiera sido Francia el que hubiera entrado, aunque de todas maneras no quería descubrir quién había sido.
Al-Andalus se sacó un trapo de unos de sus "misteriosos" bolsillos y se puso a pulir el hacha. Después, al notar que Francia le seguía mirando extrañado (había tardado en enterarse, el pobre no sabía leer la atmósfera), le respondió en tono confidencial:
- Shhhhhh, no se lo digáis a nadie, pero el hacha es mía. -Susurró bajito, cómo si alguien pudiera escuchar algo a través de esas gruesas paredes de piedra.
Francia se acercó a su amigo, observando el arma con curiosidad:
- Es buena, ¡casi tanto como si la hubiera elegido yo! -Dijo Francia en tono superficial.- ¿Dónde la has encontrado?
Al-Andalus le miró ofendido:
- No la he encontrado, se la mandé hacer a un gran herrero que vivía al final del camino de Santiago. -Le explicó Al-Andalus.
- ¿Camino de Santiago? ¡Ah! ¿Te refieres a ese caminito que apenas conseguí terminar vivo?
- Sí, justo ese.
- Pues estás lleno de montañas, ¡no se cómo lo hacen los peregrinos para llegar en sandalias!
Al-Andalus le miró entre ofendido y divertido (se tomaba la religión bastante en serio, pero Francia era Francia). Terminó de pulir el filo del hacha y se levantó con ella. Miró a Romano un poco serio.
- ¿Cómo la has encontrado? -le preguntó mirándole tan fijamente cómo cuando le empezó ha hacer preguntas cuando se conocieron (sólo que esta vez llevaba un hacha, lo que no arreglaba mucho las cosas).
Romano miró de reojo el armario, no sabía que responder y tenía que sonar lo más sincero posible. Francia observaba expectante.
- Pues estaba buscando un espejo...
- ¿Y lo has encontrado? -Dijo Al-Andalus, refiriéndose al espejo. Miraba de reojo el escritorio, seguro que pensaba en las cartas.
- No.
Al-Andalus le estudió con la mirada, intentando averiguar si decía la verdad o no. A Romano eso le sobrecogía, porque nunca había visto ha España (aunque fuera Al-Andalus) así de serio, y no sabía si le creería o no. Pero justo en ese momento se entrometió Francia:
- Venga Al, no te pongas así. Mírale, el pobre está pâle -le defendió Francia.- No mataría ni a una mosca.
A Al-Andalus parecieron convencerle las ideas de su amigo, porque sonrió ante el comentario suyo. Por primera vez en toda su vida cómo país (y eso era MUCHO tiempo), Romano se sentía agradecido del comportamiento del francés, eso sí: no se lo diría a nadie.
Después de estar hablando juntos sobre un poco de todo, Al-Andalus se puso a guardar el hacha con lo que quedaba de madera. Mientras tanto, Francia se acercó ha Romano.
- Tú has encontrado algo ¿verdad? -le susurró muy bajito.
- No, que va.
- No me mientas, se que ocultas algo. -Le dijo en un tono que ha Romano no le gustaba nada.- Como le pase algo a Al, no vivirás para contarlo.
Romano le miró sobresaltado, ahora sí que tenía miedo. Francia le sonrió:
- Calme, Romano, calme. Me caes bien y no creo que seas mala persona -Le murmuró.- Por cierto, veo que te has vestido y todo, ¿vas a venir al baile? -Le dijo en un tono bastante sorprendido. Romano se extrañó, pensaba que de todas las personas, Francia era a la que menos le tendría que extrañar.
- Sí, ¿por? -le preguntó. El rubio miró de reojo a Al-Andalus, que ya estaba encajando el trozo de madera, para comprobar si estaba escuchando.
- Pues porque...
- Hey, Francia, vamos a comer algo que me muero de hambre.
El nombrado se sobresaltó dando un pequeño bote.
- Claro Al, pero no me grites así. ¿No querrás que tu ex-hermano mayor se panique? -Dijo con una amplia sonrisa.
En seguida se fueron a desayunar (o a comer, ya era muy tarde) al primer piso. Dónde otra vez comieron platos que Romano no había visto hasta que llegó Francia (esa era otra cosa que le agradecía al francés). Al parecer luego no tenían mucho que hacer, aparte de esperar ha que llegaran los invitado (reyes incluidos), así que estuvieron un buen rato hablando entre ellos.
- Al, ¿has oído hablar del Sacro Imperio Romano? -Le preguntó Francia de repente. Romano se atragantó con la bebida que estaba tomando, pero intentó que no se notara.
- Sí, algo he oído, hace frontera contigo ¿verdad?
-Sí, y no veas la que se está armando. ¿sabes lo último que ha pasado?
Al-Andalus negó con la cabeza.
- Que va, aquí tan al sur no me entero de nada, por no hablar de mis propios problemas... -Dijo un poco enfadado, pero Francia no le dio mucha importancia.
- Está obsesionado con hacerse tan fuerte como el Empire Romain, y ha decidido expandir sus territorios más al norte.
- ¡¿Qué?! ¿Aún más? -Dijo Al-Andalus sorprendido.
- Sí, ya te he dicho que está obsesionado.
- Menos mal que no ha decidido ir a por ti ¿eh? -Bromeó el moreno. Francia le miró dramáticamente:
- ¿Qué dices? Él no duraría nada en mis manos -Dijo con suficiencia.- Además, es tan mono, como me gustaría tenerlo en mi poder. -Dijo fantaseando con la idea.
Al-Andalus se rio y siguieron hablando de muchas cosas que estaban pasando por Europa y de las que el pequeño país no sabía nada aún. Pero Romano no prestó mucha más atención al resto de la conversación, se había quedado pensando en Sacro Imperio Romano.
No le había llegado a conocer más que de vista, y había tardado un rato en recordar quien era. Ahora se acordaba de que fue unos de los países con los que convivió su hermanito pequeño cuando estaba en casa de Austria.
Sacro nunca le había hecho nada a Romano, pero este le odiaba por hacer llorar a su hermanito cuando se tuvo que ir a la guerra y no volvió. Sabía que no era justo odiar a alguien por cosas como esas, pero su hermano era su hermano, y aunque fuera un poco tonto, él lo quería.
Pasó el tiempo y llegó la hora en la que llegaron los invitados. Romano se dio cuenta porque empezó a oír el estruendo que se montaba cada vez que bajaban el puente levadizo. Al-Andalus dio un salto para levantarse de la hierba y fue emocionado a recibir a las visitas (además, tenía que estar ahí obligatoriamente). Francia y él le siguieron a un paso más tranquilo.
Empezó a entrar gente, mucha gente: había nobles, sirvientes, guardias, caballos... de todo un poco. Iban todos vestidos con telas finas y ricas. Los nobles llevaban togas parecidas a las de Al-Andalus y Francia (la de Romano tenían mucha menos calidad).
Al-Andalus se colocó en la entrada del castillo, al lado de Lesmes (lo que no le hizo mucha gracia a Romano). Se puso a saludar a todos los que llegaban con un apretón de manos o una reverencia, pero todo el tiempo con un sonrisa. Francia daba un beso en la mano a todas las damas que se encontraba de la manera más teatral posible, consiguiendo que se sonrojaran. También le guiñaba de vez un cuando el ojo a algún noble, incluido a Lesmes, que parecía un poco incómodo (eso sí que le hizo gracia a Romano).
El italiano no hacía mucho, cuando notaba que algún noble se fijaba en él, simplemente miraba hacia otro lado con aire distraído. Eso sí, a las damas las saludaba cortésmente (cómo había visto en las películas), ya que su espíritu italiano le obligaba a ser un caballero. Eso le hizo bastante gracia a Francia, pero el seguía saludando igual sin excepción. Al parecer el único normal era Al-Andalus, qué aún no se había cansado de sonreír a todo el que pasaba.
Estuvo un rato entrando gente, que iba viniendo poquito a poco, Romano ya se estaba cansando de esperar (no es que fuera muy paciente) y Francia parecía ir por el mismo camino. Se preguntó si podrían ponerse otra vez con las dagas, pero probablemente no le iban a dejar. En cambio, Al-Andalus seguía igual de emocionado y saludando igual de efusivamente a todo el mundo, como si fuera a pasar algo que le emocionara. Romano no entendía el por qué de su alegría y Lesmes parecía tan bien un poco aburrido.
Por fin llegaron lo últimos invitados (o eso quería creer Romano). Para sorpresa suya, eran los reyes.
Romano se dio cuenta enseguida de que eran más importantes que el resto: iban en unos caballos con espuelas de oro que seguro que eran incluso más pijos que Mediterráneo. Llevaban ropas muy ricas que brillaban con los últimos rayos del sol (sí, llevaban una tarde entera recibiendo gente), y portaban coronas de oro cuajadas de diamantes.
Romano no pudo evitar sentirse como en los cuentos infantiles que aún le tenía que leer a su hermano para que se durmiera.
Durante la presentación, Francia decidió guardarse un poco su "cortesía" e hizo lo que Al-Andalus y Lesmes hacían: una reverencia. Romano también se agachó de mala gana (dormir en un suelo de piedra por las noches, para luego tener que agacharte por el día dolía mucho) y no dudó en mirar quienes eran esos reyes.
Lo primero que notó en cuanto estos atravesaron el puente levadizo fue que eran más de un rey. Al principio pensó que se equivocaba y que todos eran nobles, pero a medida que se fueron acercando vio que cada grupo se identificaba con unos estandartes con distintos escudos y que unos soldados llevaban. Seguramente esos eran todos los reinos que representaba Al-Andalus, aunque comparando la mirada seria de esos hombres con la amplia sonrisa del castaño cualquiera lo diría.
Todos los altos cargos iban acompañados de su reina y de las princesas y los príncipes que algún día sucederían a su padre. Las princesas eran muy monas, pero aún así Francia se contuvo porque no quería acabar declarando la guerra contra su amigo.
Después de unos leves saludos, los reyes se metieron en el interior del castillo. Y con ellos se dio por terminada la llegada de más invitados, porque Lesmes se dirigió hacia el interior sin soltar palabra.
Francia y Romano iban a seguirlo, animados de poder moverse de ahí, si no fuera porque Al-Andalus seguía ahí parado, mirando la entrada del castillo fijamente, igual que había hecho durante todo el día para comprobar si venía más gente. Sólo que esta vez no sonreía, es más, se le veía un poco triste.
Francia en seguida se dio cuenta:
- ¿Qué ocurre mon ami? -Preguntó acercándose a su amigo, que aún no se había movido.
- Aún falta alguien por venir... -Dijo, un poco distraído en sus pensamientos. Francia le miró un poco extrañado, pero después pareció entender.
- Al, si no ha venido ya, es porque no vendrá. -Dijo cogiéndole del brazo y empezando a tirar de él hacia el interior del castillo.- Vamos para adentro que va a empezar a refrescar... -Dijo cuándo por fin consiguió que el castaño diera unos cuantos pasos a su favor. Al-Andalus miró otra vez la entrada, con esperanza de que ese "alguien" apareciera, pero el lugar seguía tan vacío como hace unos minutos. Romano no entendía que es lo que esperaba el pequeño país.
- ¡Al-Andalus!
El nombrado, que estaba a punto de entrar al castillo dio un salto de emoción y se dio la vuelta. Por la entrada había aparecido un chico (Romano no podía verlo bien por la falta del luz) que venía corriendo hacia ellos. El país no dudó en lanzarse corriendo hacia él, lleno de emoción.
- ¡Portugal! -Gritó, lanzándose a darle un abrazo al chico que acababa de llegar, el cual lo recibió con los brazos abiertos, aunque por poco se cae al suelo.
Nota de Autor: Estuve buscando un montón de información, no soy religiosa, pero cómo España siempre ha tenido un lazo muy fuerte con estas cosas (sólo hace falta ver que tiene un crucifijo de collar) he tenido que estar infromándome, y así acabó la cruz del hacha (bucar por internet ese dulce gallego, esta muy bueno xD)
Cómo mucha gente me dijo que si iban a salir personajes nuevos, empezé a buscar si prodrían comentar algo de Prusia. Pero para mi sorpresa nisiquiera existía, me quedé a cuadros. En serio, España y Francia son muy viejos. Eso sí, la historia pilla en pleno apojeo para Sacro Imperio Romano, que al parecer estaba casi en su edad de oro (fuente: frikipedia) así que me valió con eso.
Respecto a los reviews... en serio quereis encontrar alguna forma de que el movil vuelva, pensaré en algo, a ver que hago... pero no os juro nada eh?!
Bueno, muchas gracias por todos vuestros Reviews, ya os dije que todo el capitulo anterior era improvisado, la verdad es que confío demasiado en la inspiración xD, espero que siga con migo para siempre ;)
me encanta que os riais con todo lo que le pasa a romano (por cierto, he recibido una llamada suya de que como vuelva a intentar matarlo me mostrará lo que es una verdadera mafia... pero creo que por ser española a lo mejor me salve xDDD)
Muchas gracias a todos! cualquier cosa me la decís da?
Make Pasta no War!
