Qué verguenza! Lo siento, de verdad, no haber actualizado desde hace mucho. Todo es culpa del que inventó el virus troyano en los pc. Espero que no vuelva a pasar algo así...


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CAPÍTULO 64

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EL ABANDONO

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Brennan habló seria y segura de sí. Sully suspiró y ella miró su vientre antes de seguir hablando.

-Soy yo la que le tiene que decir esto y no quiero que te metas más en este asunto, mi vida con Booth y lo que incumbe a los bebés son cosa mía, así que no te pongas en el medio… Te pido que no vayas por Booth, eso lo tengo que hacer yo.

Sully sólo le miró y asintió. El silencio estuvo presente en la habitación después de esto y ya no volvieron a intercambiar ninguna palabra. Un médico dijo que ella necesitaba descansar y Sully salió de allí después de darle un beso en la frente y recordarle que si necesitaba algo lo pidiera. Ella se limitó a asentir.

Brennan tenía que estar allí durante toda la semana, todos los días tenía una nueva discusión con sus enfermeras. Cam le pedía que tuviera paciencia y que las dejara hacer su trabajo. Durante muchas horas se quedaba sola de tal forma que lo único que le entretenía era estudiar sus propias sensaciones. Cam no le dejó traer su ordenador pues sabía que ella se pondría a trabajar y no quería que lo hiciera. El lunes por la mañana le dieron de alta, la antropóloga estaba entusiasmada, ya había hecho los planes de cómo tendría que poner su trabajo al día, pero su jefa por el contrario le prohibió acercarse al laboratorio durante esta semana anteponiéndole una semana más de reposo. Cuando llegó a su casa pudo sentir desde la puerta el frío y la soledad que encerraban las paredes. No quería estar allí, pues cada rincón de la casa tenía un recuerdo escondido, cada sitio que miraba le rememoraba las veces que Booth le había hecho el amor en tal lugar. Cuando estaba en el hospital, la sensación de abandono se había ido, pero en su casa esta sensación eran cada vez mayor. Se sentó en el sofá y miró al frente. La tele. Pensó como si fuera un alivio tener algo concreto que le perteneciera a él aun en su casa. Las ganas de llorar eran fuertes y el dolor en su pecho repulsivo, volvió a sentir todo y a escuchar todas las palabras de Booth. Se acostó en el sofá y se abrazó a sí misma intentando sentirse segura, pero ya no había seguridad, todo lo que tenía se había ido con él, sólo le quedaron el dolor y la soledad. Sentía frío pero de pronto el calor de su vientre le recordó el por qué tenía que soportar aquello. Ya no era ella, eran ellos, sus bebés eran lo que importaba en este momento. No quería llorar por Booth, ni pensar en lo malo, esto lo dejaría para su razón, ahora quería ser solo lo que aquellos dos pequeños dentro de sí necesitaban: sólo su madre. Volvió al trabajo cuando Cam le dijo que podía, ella se comportaba casi como una médica particular, había ordenado que le trajesen comida cada tres horas aunque Brennan no la comiese o al menos en parte. Ángela estuvo durante horas intentando saber dónde sus amiga había estado, pero Brennan no le quería decir, no estaba segura de cómo decirle a Ángela aquello y tampoco si quería que ella supiera, ya que conociendo a su amiga mataría a Booth y lo traería en trizas para Brennan.

Hodgins había descubierto lo que había provocado la explosión y finalmente limpiado el nombre de ella pero lo que más le dolió y lo que le provocó más remordimiento acerca de Booth fue la visita de Sweets. Éste no estaba enterado de nada de lo que decía respecto a la separación de Brennan y Booth, pero cuando lo supo por culpa de los papeles de demisión que Cullen dejó en su escritorio, buscó de inmediato a Brennan para darle un permiso. Permiso que si hubiera llegado semanas antes les habría ayudado, ya que este, con fecha de hacía más de dos meses, declaraba que ellos podrían trabajar en equipo y que su relación personal no afectaría su desarrollo laboral. Esto la dejó desconcertada y después de ello el último brillo que había dentro de ella y que había cultivado con cariño por sus bebés, se apagó, se volvió casi un alma sin vida. Sólo ella y sus bebés. Lloraba sin consuelo todas las noches y por el día se volvía tan empírica y racional que Ángela y ella se pelearon de tal forma que mal se miraban. Todos los días llegaba puntual, nunca antes ni después, siempre justa en sus horarios de trabajo y salía puntual.

Tenía prohibido ir al limbo y de estar hasta tarde en el Jeffersonian. Y si lo hacía, Cam le expulsaba literalmente de allí.

Era un viernes por la tarde, ya habían pasado dos semanas desde que había vuelto a trabajar, su vientre ya daba las primeras señales de que estaba allí. Tenía dos meses y medio y parecía que eran tres. Había cambiado su ropa para esconder su prominente vientre y hasta ahora lo estaba logrando. Terminó de escribir unos informes cuando Cam apareció en la puerta.

-Hora de ir a casa doctora Brennan.

No esperó a que ella contestara y se fue. Brennan suspiró rendida, cogió su abrigo y salió de allí. Bajó las escaleras del Jeffersonian sin ganas de ir a su casa. Sabía que llegaría, cenaría, se acostaría y volvería a llorar, y no quería hacerlo. Se sentó en las escaleras y se quedó mirando perdida hacia el jardín. Estaba absuelta en los colores de las luces cuando por detrás de ella oyó una voz risueña y unos brazos cortos abrazándola por la espalda.

-Buenas noches, Huesos -dijo el niño contento.

Brennan se giró sorprendida pero no pudo evitar la sonrisa que se formó en sus labios al verlo. Le atrajo y le abrazó con fuerza con los ojos aguados.

-Buenas noches, pequeño.

La antropóloga le dio un beso en la cabeza. Él niño la miró con su sonrisa más encantadora.

-¿Qué estás haciendo aquí, Parker? ¿Dónde está tu mamá? -preguntó de pronto al ver que nadie llevaba al niño. Él se sentó a su lado con calma y cansando respondió.

-Está trabajando, Huesos, tengo que esperar a que ella pueda venir por mí.

-¿Solo? ¿Esperas solo aquí? -preguntó preocupada por saber si el niño se quedaba solo delante del Jeffersonian a las ocho de la noche.

-No, me siento allí junto con los guardias de seguridad y a veces Max me hace compañía.

-Pero no puedes quedarte solo, Parker. ¿Por qué tú mama no te viene a buscar antes? -preguntó enfadada con rebeca por dejarlo solo. Parker sonrió.

-Ya sé cuidarme solo, Huesos. Tengo diez años. Y quien venía a buscarme era mi papá, pero… Pero se fue. Ni al menos se despidió de mí –el pequeño Booth estaba a punto de llorar.

El corazón de Brennan se hacía pequeño al ver los ojos de él, así que lo atrajo y lo abrazó. Su pelea con Booth había afectado a todos en el Jeffersonian, desde Ángela hasta Cam, que por más fuerte que fingía ser, sabía que estaba pasándolo mal, pero no se imaginó que Parker hubiera pagado el precio también.

-No… No te preocupes, pequeño, un día él volverá o te irás a visitarlo. Ya verás cómo él te recompensará por haberse ido sin despedirse -dijo acariciando los rizos de Parker que siguió abrazándola- ¿Tienes hambre? -preguntó para salir de aquel doloroso momento.

-Sí, pero no traje nada para comer –dijo separándose.

-Qué tal si vamos al Dinner, ¿eh? Te gusta ir allí, ¿no?

-Sí, pero… Mi mamá no llegó y no puedo salir de aquí, Huesos -dijo triste. Brennan suspiró frustrada pero luego encontró una solución, cogió su teléfono y llamó a Rebeca, le pidió permiso para ir con Parker y le dijo que lo podía recoger en el Dinner Royal, ella no se opuso en lo absoluto. Brennan llevó a Parker a la cafetería y ordenaron mientras éste le contaba los experimentos que había hecho con Max o las notas que había sacado en el colegio. Ella lo escuchaba atenta y encantada con las explicaciones que el infante le daba sobre sus preguntas ya que muchas de sus frases hechas ella no las comprendía. La comida estaba más que entretenida, quien le mirara a ella diría que por primera vez desde que Booth se había ido, el brillo de sus ojos y su sonrisa volvieron a su rostro. Éste empezó a contarle de cómo había perdido un concurso por culpa del experimento de la botella que Max le había enseñado, mientras comían el postre.

-Lo que pasó fue que puse la botella mal dirigida, Huesos, era para explotar y mojar a una pared pero se escapó y puf…

-¿Puf? -imitó extrañada.

-Sí, puf, explotó mientras la directora pasaba –empezó a reír a carcajadas- la empapé de Coca-Cola y me echó del concurso.

Brennan le miraba sin comprender la gracia.

-Parker, has perdido el concurso. No entiendo que tiene de divertido eso.

Ella lo miraba extrañada y él se reía.

-Huesos, yo no gané el concurso que sin duda iba a ganar, pero he sido el niño más felicitado por todos en el colegio -dijo riéndose. Brennan le miraba extrañada pero de pronto comprendió a qué se refería.

-Ah… Lo dices por mojar a la directora, por eso te felicitaron.

Parker asintió y la antropóloga empezó a reírse.

-Deberías haberla visto, Huesos, estaba de Coca-Cola hasta en el pelo… Fue muy divertido -dijo victorioso.

Brennan sólo sonreía cuando Rebeca apareció.

-Perdón, doctora Brennan, no pensé que mi hijo le fuera a quitar su tiempo.

Brennan la observó, se veía cansada y muy preocupada.

-No pasa nada, rebeca yo lo quise traer, me gusta estar con él -dijo tranquila. Rebeca sólo asintió y miró a Parker.

-Vamos, Parker, tengo que llevarte a casa de la abuela…

-Pero mamá, ¡mañana tengo partido de futbol! -replicó éste apenado.

Rebeca suspiró deprimida ante su hijo. Brennan les miraba y sabía que Parker estaba triste.

-No hay peros, Parker, tenemos que irnos, mañana tengo que salir de la ciudad y no tengo con quien dejarte, así que vamos que la abuela ya me está haciendo un favor demasiado grande -se giró hacia Brennan-. Gracias por estar con él, Dra. Brennan -dijo laza. Parker bajó de la silla e iba a salir con la mirada baja.

-Rebeca, él puede quedarse conmigo. Puedo llevarlo al partido y puede quedarse hasta el lunes en mi casa, lo llevaré al colegio y ya te encargas de recogerlo después –propuso Brennan sonriendo.

Parker le miró a ella y luego a su madre.

-Sí, mamá, yo puedo quedarme con Huesos -dijo animado y a la misma vez rogante.

-No es necesario, doctora Brennan, mi abuela lo cuidará, no pretendo quitarle tiempo cuidando a mi hijo.

-No es nada, Rebeca, me gusta su compañía y, por favor, puedo cuidarlo.

Parker corrió junto a ella y le abrazó

-Por favor, mamá, Huesos me necesita para cuidarla -dijo con una mirada suplicante. Rebeca suspiró.

-Está bien –dijo, vencida por los dos que se abrazaron contentos-. Pero te portarás bien, Parker, y no le causarás problemas a la doctora. ¿Sí?

-Está bien, yo seré un angelito, mamá -dijo sacando una sonrisa por parte de las dos.

Brennan invitó a Rebeca a sentarse y a comer algo antes de que se fuera. Estaban comiendo cuando Brennan salió al baño. Rebeca, como madre, le miró con detalle y cuando ella volvió a sentarse le miró seria.

-¿De cuántos meses estás? -preguntó señalando el vientre de la antropóloga.

Brennan le miró extrañada.

-¿Cómo lo sabes?

-Ya pasé por eso, doctora. ¿Cuánto lleva…? -volvió a preguntar.

Brennan bajó la mirada y luego miró a Parker.

-Diez semanas

Rebeca sonrió.

-Dos meses y medio. Felicidades, a Seeley le debe haber encantado la noticia -dijo sorprendida.

Parker las miró extrañado.

-¿Qué noticia le gusta a mi papá?

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Chan chan chan... ¿Le va a contar a Parker? ¿Va a regresar Booth?

Sólo podrán saberlo en el próximo capítulo ^^ Que por supuesto subo la próxima semana a más tardar.

No lo olviden: sean valientes y dejen un review con criticas, preguntas, o amenazas de muerte...

Un abrazo psicológico desde la Sucursal del cielo.

Bye bye!

BerryF