Notas de autor: Sip, he vuelto, después de tardar más que el cap 15 de Hetalia beautiful World (lo habéis visto, es genial~), podéis lapidarme *se cubre*
Lo siento, de verdad. lo siento muchoooooo, he tardado un montón. Es que ya ha llegado la temporada de examenes y he estado estudiando todas las tardes, crei k los profes me mataban. Después también ha sido mi cumple y el de mi hermana Çsomos mellizas, como America y Mathew, no como los italias que son idénticos) además de que ha habido un expomanga en madrid, pero sobre todo exámenes~ muchos, casi muro.De todas formas, da igual lo que diga. Odio que la gente se retrase en escribir su historia y ahora voy yo y tardo más de dos semanas, no tengo perdón.
Aquí os la dejo, espero que os guste!
Dudas
Todo estaba en silencio, ni siquiera los grillos cantaban. Romano se quedó mirando fijamente a Francia, por si esto fuera un broma.
Pero el francés seguía mirándole fijamente, seguramente esperando alguna reacción de parte suya. Pero no ocurrió nada. Los dos mirándose el uno al otro esperando que a alguno hiciera algo. Al final fue Romano el que rompió la tensión:
- ¿Qué?
No se le ocurría otra cosa que decir, y al parecer al francés le había pillado por sorpresa la pregunta.
- Mon ami, va a empezar una guerra. Y no de solo una batalla. -la mirada del italiano seguía igual.- Al quiere empezar una reconquête.
Romano no sabía que decir. Acababan de decirle que iba a ver una guerra, una reconquista, nada más ni nada menos. Había oído varias veces esa palabra, no era precisamente desconocida en la historia. Significaba algo más que una guerra, erá recuperar algo que se había perdido y te infundía a luchar. Era una palabra dura que llevaba mucho esfuerzo.
Y ahora se había metido en una.
No podía entender como había acabado así, por qué Al-Andalus lo quería con él, ¿no se suponía que era un enemigo? O habría sido idea de Lesmes, para probar de lado de quién estaba.
No sabía que pensar, se supone que el futuro español que él conocía de toda la vida nunca le pondría en peligro.
- Romano, ¿estás bien?
Francia le miraba preocupado, el italiano se había quedado un poco pálido.
- ¿P-por qué? -Dijo, aún hecho un lío.
Era la única pregunta que se le ocurría. ¿Por qué él? No podía enviar un ejército de soporte, no podía ser de gran ayuda en batalla, ni siquiera se le daba realmente bien la espada.
- Pourquoi vous?, buena pregunta. -Dijo Francia, algo tranquilo de que Romano dijera algo.- No lo sé, a veces es difícil saber que se le pasa a Al por la cabeza. -Suspiró, con una ligera sonrisa.- Pensé que lo sabías, pero cuando me di cuenta de que no, quise hablar contigo lo antes posible. -Le explicó el francés.
Romano se quedó pensando. Pensando, pensando, pensando. Necesitaba saber cómo se había metido en ese agujero, pero había otra cosa que le enfadaba mucho: por qué se lo había dicho Francia. No entendía por qué Al-Andalus no se lo había dicho a la cara. ¿Tendría miedo? ¿Así era el España de entonces?
Se fue de vuelta al castillo, sin decirle nada a Francia. Al entrar vio que la fiesta seguía, otra vez no veía ningún rostro conocido. Mejor, porque no quería hablar con nadie. Subió las escaleras de caracol, con la esperanza de que arriba no hubiera más gente.
Suerte, todo estaba vacío. Y según iba subiendo el escándalo era cada vez menor. Por primera vez, estuvo agradecido a las paredes insonorizadas. Sólo se oía el eco de sus pasos por las muros de piedra, si algún sirviente lo encontraba seguro que pensaría que estaba aprovechando para robar. Pero le daba igual, porque si se encontraba a alguien estaba dispuesto a dejarlo K.O. con tal de que nadie le molestara.
Por fin llegó a la habitación. No había nadie. Se sentía incómodo con las ropas medievales y se cambió por sus ya maltratados pantalones y camisa. Se tiró en el suelo, usando su chaqueta como almohada. No tenía ganas de fiesta, no tenía ganas de dormir, no tenía ganas de pensar. Pero claro, tenía que planear qué hacer.
Desde luego que no quería participar en una batalla, solo al Yankee-come-hamburguesas le gustaba luchar y meterse en todo tipo de problemas. Él no, no le apetecía morir en el pasado y ser dado por desaparecido, aunque tampoco es que fuera a morir fácilmente. Pero, ¿y si allí no tenía la misma resistencia que un país? Es cierto que sólo llegar al pasado se calló de cabeza por un edificio y que había sobrevivido, pero no sabía lo que pasaría si se hacía un corte o alguien lo atravesaba con una espada.
¿Pero acaso tenía la opción de un No? Seguro que a la gente le daba igual su opinión personal, probablemente lo llevarían a rastras al campo de batalla si se negaba.
Que lo intentaran, Italia del Sur no era precisamente conocido por su tranquilidad. Si tenía que dar cabezazos, los daría. Si tenía que correr, correría.
Estaba decidido, no participaría. No era su guerra, no le interesaba el riego que corría Al-Andalus, él pertenecía a otro tiempo.
Y con esas ideas, se quedó dormido.
Los rayos de sol le daban directamente en los ojos, molestando su ya ligero sueño. Se giró de espaldas a la ventana, pero ya era demasiado tarde, ya estaba despierto. No le gustaba despertarse a la fuerza, España se ha debido dejar otra vez la persiana subida, maldito... Es lo único que pensó, aun medio soñando. Se volvió a girar en la dirección de dónde llegaba la luz, pero algo se había puesto en medio, obstaculizándola. Romano entreabrió los ojos aún soñoliento, medio agradecido de que alguien se interpusiera entre él y esa odiosa ventana y medio enfadado de estar despierto.
Pudo ver vagamente la silueta de alguien con el pelo revuelto y marrón. Se había puesto delante suya y parecía que le estaba mirando fijamente, no podía ver mucho más, sus ojos no acertaban a abrirse del todo, pero con eso le bastó.
- Maldito España, deja de mirarme como un inútil y baja esa asquerosa persiana... -Dijo mientras volvía a girarse, mientras se colocaba la chaqueta... Romano abrió los ojos de repente, entonces fue cuándo notó que estaba tumbado en el suelo, que la espalda le dolía horrores y que estaba usando su chaqueta de almohada.
- ¿Quién es ese España? ¿Qué es una persiana? ¿Por qué me has llamado inútil? No, espera, eso no quiero saberlo...
Oyó una voz, seguramente la silueta, abasayándole a preguntas. Romano se giró lentamente (la espalda le dolía más que a China), hacía la voz que le había hablado. No era Francia, no era Al-Andalus y -por suerte- no era Lesmes.
- Eh... tú eres Romano ¿verdad? -Dijo el chico que acababa de identificar como Portugal.
Romano le miró de arriba a abajo, incorporándose un poco. Recordó que vino a noche para la fiesta. Ahora vestía ropas más simples, pantalones y camisa viejos, parecidas a las de su hermano, con la excepción de que él sí llevaba zapatos.
Al ver a Portugal se acordó de todo lo que ocurrió ayer y se volvió a desplomar sobre su chaqueta, no le apetecía (si alguna vez le había llegado a apetecer) levantarse.
- ¿Qué quieres? -Dijo aún enfadado, se acababa de arrepentir de haberse tirado de nuevo al suelo, ahora la espalda le quemaba.
- Vaya, creí que al ser amigo de Al-Andalus ibas a ser más... agradable.
- ¿Has venido para regañarme? -Le contestó Romano, lo sentía mucho por el portugués, pero se había levantado con el pie izquierdo.
Portugal pasó por alto su comentario y se sentó lo más cómodamente posible al lado de Romano.
- Solo quería hablar contigo. -Dijo sonriente. Romano se interesó y (muy a sus pesar) se incorporó y se sentó para poder verle de frente.- Mi hermano me ha estado hablando de ti, dice que tienes un montón de cosas curiosas. Hacia siglos que no lo pasaba tan bien.
Romano se sorprendió ante esa afirmación, no recordaba haber hecho nada especial, bueno, la verdad es que desde que llegó nada había sido normal (empezando por su propia llegada).
- No sé por qué le caigo bien. -De repente miró extrañado a su alrededor, todo estaba tranquilo.- Hablando del rey de Roma, ¿Dónde está?
- ¿Él rey de Roma?
- No, Al-Andalus. -A veces se le olvidaba qué estaba unos cuantos siglos atrás.
La habitación estaba desierta a parte de ellos dos, ni siquiera la cama estaba deshecha. Portugal seguía un poco confundido, pero lo dejó pasar.
- Al-Andalus... -Dijo pensándolo un poco.- Se ha ido muy pronto, apenas a dormido. -Parecía un poco triste.- Tiene mucho trabajo. ¿Te lo ha contado el perverter ese?
Romano sonrió una milésima de segundo, se iba a llevar muy bien con ese país. Pero se acordó de lo que le contó la noche anterior Francia, y no le hacía mucha gracia.
- Sí. -Respondió secamente. Portugal suspiró.
- Se está preparando para pelear, está decidido a hacerse un imperio. Es un cabezón, pero le voy a ayudar.
- ¿Por qué?
Romano se sorprendió de su propia pregunta, la había dicho sin pensar. Seguro que Portugal tenía sus propias razones para ayudarle, no tenía por qué decirle nada.
El país le miró un poco sorprendido, si Romano hubiera estado en su lugar seguro que le habría echado unos buenos tacos italianos, tenía una amplio abanico de ellos. Por suerte, Portugal no era italiano ni nada por estilo y se quedó un momento pensando. Se parecía menos a España que Prusia a Alemania, desde luego.
- Boa pregunta. -Dijo. Romano se sorprendió de que le fuera a responder.- Supongo que hay muchas razones para que le ayude, entre ellas, que es mi hermano pequeño, hahaha. -Se rió para sí mismo, pero luego se le oscureció un poco la mirada.- Lo hemos pasado muy mal desde que llegó El Imperio Árabe. Yo fui controlado totalmente por él, pero me las arreglé para no desaparecer. Mi hermano fue prácticamente reducido a nada, solo con algunos pueblos del norte. Le han quedado varias cicatrices de entonces, aunque no quiere hablar de ellas, y se las arregla para escondérselas siempre, por eso lleva esas vendas desde las rodillas a los talones.
Romano se quedó sorprendido, no es que se fijara especialmente en las piernas del español, pero si que había notado que siempre las llevaba vendadas, como China, y nunca se había preguntado por qué, la verdad es que ahora que estaba en el pasado empezaba a cuestionarse muchas cosas. Portugal siguió:
Recuerdo que Imperio Árabe se irritaba mucho conmigo, y eso que no solía pasarme a menudo por su casa. Es grande, poderoso y muy fuerte, como el abuelo Imperio Romano, solo que no se lleva bien con nosotros. Diría incluso que nos odia. Eso sí, sabe un montón de cosas, como leer las estrellas y medicina y cálculos extraños que me dan dolor de cabeza. No es que me guste decirlo, pero tendríamos que aprender de ellos.
Pero últimamente las cosas están cambiando, creo que El Imperio Árabe está debilitándose, su territorio en la península se está dividiendo poco a poco, y eso no es bueno. Al-Andalus quiere aprovechar la ocasión y ya ha empezado a presionar, pero no creo que derrotar a un imperio sea tan fácil como él lo ve. Aún así, sí. Pienso ayudarle, estamos juntos en esto y no voy a dejar que sea mejor que yo, hahaha. ¿Qué, he respondido a tu pregunta?
Romano sacudió la cabeza, se había quedado tan concentrado escuchando lo que el país decía y sacando sus propias conclusiones que ya se había olvidado hasta de lo que había preguntado.
- S-sí.
- Me alegro. -Dijo, aguantando la risa de la cara que debía haber puesto el italiano. Se quedaron un momento en silencio.
Romano se acordó de repente que le dolía la espalda horrores y se volvió a tumbar en el suelo, aunque seguramente esa no era la mejor opción. Portugal se quedó ahí sentado, pensando alguna cosa, pero apenas duró unos segundos, porque enseguida se oyó un fuerte sonido, parecido a un rugido, consiguiendo que el país se pusiera rojo como un tomate.
- Eeeeeeh... creo que me voy a desayunar... -Dijo poniéndose rápidamente en pie. Romano se habría echado a reír, pero eso solo empeoraría su estado. - ¿No vienes?
- No... aún tengo sueño...
- Ah, siento molestarte. - Se disculpó. Romano hizo un gesto indicando que no le importaba.- Al-Andalus, el perverter y yo estaremos trabajando abajo ¿vale? -Dijo mientras salía por la puerta, pero antes de desaparecer se giró, mirando de nuevo a Romano, sonriente y serio a la vez.
- Romano, me caes bien. Ahora entiendo por qué Al-Andalus confía tanto en ti. -Y diciendo esto desapareció por la puerta tan rápido como había llegado.
La última frase había confundido a Romano. "Confianza" no era una palabra que soliera estar en su diccionario, y menos cuándo iba dirigida a él.
- ¡Espera! - Gritó, lo más fuerte que pudo, en dirección a la puerta mientras corría lo más rápido posible hacia ella, pero ya era demasiado tarde, Portugal había desaparecido. Debía haber pasillos secretos o algo por el estilo en ese castillo, porque la gente aparecía y desaparecía como si nada.
Volvió de nuevo a la habitación, pensando en lo último que le había dicho Portugal. Creía que Al-Andalus tenía miedo de hablarle a él a la cara, creía que le odiaba, que no creía en él, se le habían pasado mil formas por la cabeza de la razón de por qué Al-Andalus había decidido enviarle con él a la batalla. Pero ninguna de ellas era "confianza".
"Confianza: Esperanza firme que se tiene de alguien."
Eso es lo que había leído y releído en los diccionarios. "esperanza firme que se tiene de alguien", como iba a tener alguien esperanza si nadie esperaba nada de él. Siempre ha sido el hermano mayor, sin talento y gruñón que insultaba a todo el mundo. "Confianza" no era la palabra exacta para definirle, simplemente.
Le habría gustado seguir pensando en ello, pero empezó a oír una musiquita. Primero bajita, luego fue aumentando hasta que la oía claramente, aunque no identificaba de dónde venía, pero la conocía muy bien. Empezó a tararearla en bajito.
"Fratelli d'Italia
L'Italia s'è desta,
Dell'elmo di Scipio
S'è cinta la testa.
Dov'è la Vittoria?..."
Y la canción seguía. Era su himno Italiano, que compartía junto a su hermano y solían cantar juntos (los dos tenían -y tienen- muy buena voz). Le recordó a casa, esa canción la solía poner durante las ligas de fútbol de tono de móvil...
Romano dio un salto.
¿De tono de móvil?
Se fue corriendo hacia su chaqueta, extendiéndola y mirando en todos lados, metiendo la mano en cada bolsillo. Lo encontró por fin, en el último bolsillo que le quedaba por comprobar (ley de Murphy: si hay una remota forma de tardar más en coger el móvil, la sufrirás). La pantalla brillaba con un color pálido y podía leer perfectamente "sopracciglia", con una foto de perfil de Inglaterra durmiendo, se la encontró el día de los inocentes por el parque, y no había podido evitar "guardarla" para la posteridad.
Observó un momento la pantalla del móvil, parpadeando por la luz artificial. La batería y la cobertura estaban al máximo, solo le faltaba conexión a internet y seria perfecto.
Deslizó el dedo por la pantalla táctil y descolgó la llamada.
- Pronto?
Notas de Autor: Bueno, por fin aparece el móvil, mucho keriais que apareciera, ponerle la marca que querais, pero recordar que se lo regaló Japóooon~ aquí os dejo el link de la cación que estaba sonando en el movil:
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lo encontré en esta web, y como la única canción que conocía en italiano era la de "Oh Bella Ciao" (buscarla, es buena), decidí mirar en Wikipedia-sama algún himno o algo, y esta tenía un letra muy bonita.
No me gusta mucha como me ha kedao el cap, no creo k se me de muy bien las partes serias TT, además este cap ha sido corto TT TT, podéis odiarme TT TT TT.
Gracias por todos los reviews! (aunque no me los merezca)
PD: no se cuando podré subir el próximo cap, ya dije que estoy con exámanes...
Make pasta no War!
