Bien, ya sabem que yo no escribo el fic. Me limito a subirlo. Personajes pertenecen a los creadores de Bones y FOX.
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CAPÍTULO 65
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LA CARTA
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La pregunta de Parker aceleró el corazón de Brennan. No sabía cómo contestarle, pues nunca podría mentir sobre eso al niño. Miró a Rebeca y luego a Parker. La rubia percibió lo incómoda que se sintió la doctora y supo que sus palabras no fueron las más apropiadas, pues si Booth supiera estaría allí o ya le habría contado, así que quiso responder a la pregunta de su hijo con una evasiva pero Brennan se adelantó.
-Que estoy embarazada, Parker -dijo suspicaz-. ¿Recuerdas que te dije que te iba a dar hermanitos? Pues… Ellos están aquí -dijo acariciando su vientre con la mirada baja.
Los ojos de Parker se abrieron de par en par y se quedó inmóvil como si asimilara aun la información. Brennan por un segundo sintió que no debió haberlo dicho, pero de pronto sintió los brazos del niño a su alrededor abrazándola por el cuello, no tardó en responderle y empezaron a acumularse lágrimas en sus ojos.
-Gracias, Huesos -dijo abrazándola con fuerza.
Brennan miró a Rebeca que sonreía ante el abrazo de los dos. Ésta conocía a su hijo y sabía el aprecio que tenía por Brennan. Mirando a la antropóloga sólo asintió en señal de aprobación. Brennan sonrió y hundió la cabeza en el cuello del niño antes de darle un beso y alejarlo.
-¿De verdad te gusta? -preguntó temerosa, pero el niño sonreía a lo grande.
-Claro, Huesos. ¡Voy a tener un hermanito, mamá! -gritó contento hacia su madre, la cual sólo sonrió.
-En realidad, son dos, Parker -acrecentó Brennan.
Rebeca ahora era quien abría los ojos sorprendida.
-¿Dos?
Brennan asintió.
-¡Voy a tener dos hermanitos! -gritó en coro a todo pulmón pero de pronto se detuvo y miró ceñudo a Brennan y luego a su vientre. Max le había dicho que los bebés se escondían allí, pero Brennan le había prometido que su hermanito nacería de su tamaño y allí en la barriga de ella no podrían caber dos bebés de su tamaño- Huesos, ¿me has mentido? -preguntó dudoso.
Rebeca le miró confusa. No entendía a qué se refería el niño. Brennan respondió:
-Sí -bajó la mirada triste-... Te mentí -respondió tristemente pues sabía de qué hablaba el pequeño. Pensó en aquella noche y en las palabras de Booth sobre mentiras piadosas, pero tuvo la certeza de que no había tal cosa en el mundo.
-Así que son enanos como los demás…
-Sí… Pero crecerán rápido.
Parker se cruzó de brazos y entornó los ojos, analizándola. Rebeca los miraba sin comprender nada.
-Te perdono, Huesos -dijo sonriendo nuevamente.
Brennan se mordió el labio y sonrió con él.
-Pero no me vuelvas a mentir, que mamá lo hace y yo siempre la descubro -dijo lo último en voz baja.
-¡Parker! -le gritó sorprendida.
-Te prometo que no volveré a mentirte -dijo Brennan y lo abrazó de nuevo.
Terminaron la cena entre risas y preguntas confusas por parte de Parker, ya que Rebeca como madre le preguntaba a Brennan cosas que el pequeño no sabía a qué venía. Brennan acompañó a Rebeca a casa para recoger las cosas de Parker y ésta le enseño dónde le tenía que llevar para ir al partido. Cuando se fueron a casa ya eran pasada las diez, Parker con pereza se fue a la ducha mientras ella, como hacía Booth, le preparó un vaso con leche y se lo llevó a la habitación. El niño ya estaba en pijama en la cama cuando ella entró, puso la leche al lado de la cama y le dio un beso de buenas noches antes de salir hacia su habitación, dejando la puerta entre abierta para tener la luz del pasillo.
Era la primera noche que se acostaba y no tenía ganas de llorar. Por el contrario, estaba sumamente contenta, levantó la almohada y allí estaba el olor, la camisa de él. La cogió y se abrazó a ella. El tejido estaba frío pero era lo único que aún le hacía recordar el olor de la piel de Booth, era la primera noche desde que había recibido la autorización de Sweets que ella abrazaba aquella camisa y no recordar las crueles palabras de él, sólo recordaba su tacto y su gusto. Se durmió sin percibir que lo había hecho, abrazada a sus recuerdos más íntimos de aquellos días.
Por la mañana despertó aturdida por el barullo proveniente del salón. Se levantó y salió a buscar lo que provocaba el ruido y sonrió al averiguar qué era. Los dibujos sin sentido para ella pasaban por la pantalla y Parker parecía estar bastante entretenido con ellos. Lo dejó allí y se fue a hacer el desayuno de ambos. Cocinó como si el desayuno fuera para Booth ya que a Parker le gustaba todo lo que le gustaba a Booth. Le llamó y comieron entre risas. Cuando terminaron, recogieron todo y se fueron a vestir. El partido era a las diez y ya se tenían que ir. Brennan le preguntaba el sentido de aquello y Parker intentaba explicarle lo mejor que podía hasta que no aguantó y sólo le dijo:
-Cuando yo te salude tú me saludas y me gritas: "¡bien!" -dijo serio y ella asintió.
Brennan salió del partido con la garganta escocida ya que Parker le miraba a cada cuanto tiempo no solo por ella sino porque estaba sentada al lado de una niña que, por la edad, debería ser compañera de clases de él. Cuando salieron, él no paraba de reírse de ella por haber gritado tanto. Se fueron a comer junto con los amigos de él en una hamburguesería. Ella casi no comió pero estaba tan contenta que no le importaba mucho. Luego fueron al supermercado ya que Parker le dijo que ella no tenía nada nutritivo para un niño en su casa. Brennan pensó que no era cierto pero aceptó de todas formas. En el súper, ésta podía jurar que nunca una compra fue tan divertida, Parker metía de todo dentro del carrito, y aún más, decía que ella comía mal.
Brennan nunca había visto tantos dulces en sus compras.
Al final del día estaban agotados. Pidieron pizza para cenar y vieron televisión hasta tarde.
Cuando Parker se dio cuenta, Brennan ya estaba dormida. La despertó para que fuera a la cama y se metió él también en la cama de ella. Durmieron abrazados. Brennan lo abrazaba con cariño de madre, como si fuera la madre biológica de aquel pequeño. Y Parker, como un día le había prometido a su padre, le cuidada a ella como cuidaría a su madre. El fin de semana pasó demasiado rápido para Brennan, que por primera vez se sentía contenta con su embarazo y con su trabajo desde que todo ocurrió. Parker le pidió permiso para medirle el vientre antes de irse. Ella no sabía el por qué, pero él alegó que su mamá hacía eso con su tía cuando estaba embarazada.
Brennan cedió recostada con la espalda recta en una esquina de la cocina. Él la midió y puso la marca en la pared para que después pudiesen comparar cuanto habían crecido los bebés. Al llegar al Jeffersonian aquella mañana venía reluciente y lo primero que hizo fue buscar a su mejor amiga y abrazarle diciendo que lo sentía. No le dijo lo de los bebés ya que ésta entró en llanto porque volvieron a hablarse. Cam notó el cambio de inmediato pero no hizo nada para saber qué era lo que le había ocurrido. Rebeca le había prometido que le dejaría el próximo fin de semana a su hijo y si ella quería también los demás hasta que ella encontrase dónde dejarlo cuando iba de viaje. Los viernes, ella salía temprano para recogerlo y los lunes llegaba contenta al trabajo por lo bien que le hacía la compañía del niño. Había ido hasta a pescar junto con Max, que como padre pudo saber luego de verla más de un día, que su niña le iba a hacer abuelo. Estuvo a punto de explotar cuando supo que Booth se había ido pero Brennan le pidió que se quedara callado, pues su nieto Parker, como él decía, no debía saber que Booth se había ido por una pelea entre ellos.
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En New York, el agente Seeley Booth se encontraba donde, en las últimas semanas, había encontrado alivio para sus pensamientos, en una barra de un casino de los suburbios de aquella ciudad. Llevaba seis semanas allí y lo único que hacía después del trabajo era jugar y beber. La agente Catrín tan pronto llego allí, le dijo quien verdaderamente era la mujer del director y de alguna forma esto le dio igual. A cada cuanto tiempo, ésta le buscaba para satisfacerse y él no hacía nada para ir en contra de ello, sólo quería sacarla de su cabeza, pero después de seis semanas supo que era imposible. Cuando estaba sobrio podía oler su cabello tan sólo con cerrar los ojos. Se frotaba las manos y recordaba la suave piel que tenía la antropóloga. Era su vicio y su perdición. Llegaba a casa para cambiarse y salir, cuando se encontró un sobre. Lance Sweets, decía en éste. Cabía la posibilidad de que pudiera ser de ella y que hubiera utilizado el nombre de Sweets, fue lo primero en que pensó. Abrió el sobre después de mirarlo durante un largo tiempo. Dentro, había unos papeles que le estrujaron el corazón. Tenía permiso para estar con ella, pero: ¿Qué sentido tenía esto ahora? Se preguntó antes de encontrar una carta entre todos los papeles. Era de Sweets, databa de tres semanas antes y en frente decía que sólo lo leyera si de verdad le importaba Brennan y si aún la amaba.
No dudó en abrirla rápidamente. Dentro, Sweets le contaba los cambios de Brennan en las últimas semanas. Ella había dejado de trabajar en el campo y abandonado a su compañero Sully, se pasaba el día en el laboratorio sin salir ni a comer, había peleado con Ángela y no se hablaban, pero lo que más le dolió fue saber que según la observaciones de Sweets ella nunca más había sonreído y que lo único que quedaba de la mujer que un día fue era su cuerpo, pues su alma se había ido con él.
Las lágrimas le rodaron por la mejilla.
Había arruinado la vida de Brennan.
Le había prometido amor y le había dado lo que todos en su vida le dieron la espalda: su desprecio y su abandono.
Al final de la carta, Sweets le decía que el FBI aun guardaba su puesto, que Sully había abandonado después de que Brennan se negó a trabajar más en campo. También decía que según algunos informes, él mismo no estaba rindiendo en New York como pensaban y que ya habían avisado a Cullen que lo habían engañado. Booth terminó de leer y miró su autorización, cerró los ojos y pensó en ella, en cómo recordaba sus ojos y supo que tenía que volver, volver por ella, a decirle que todo lo que le había dicho era mentira, que estaba loco de celos y de rabia temporal. A pedirle perdón y esperar a que ella le dijera que sí. Llamó a Sweets de inmediato y le dijo que le ayudara a volver, pues deseaba volver…
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Brennan estaba en su oficina perdida mirando al techo y acariciando su vientre, que por sus tres meses y una semana ya mostraban bastante su forma. Esa misma mañana había visto a sus bebés y la imagen aún no le salía de la mente. Eran tan hermosos, pensaba para sí con una sonrisa en los labios.
En ese momento, Hodgins entró de sorpresa y la vio así.
-¡Dios mío! -gritó en la puerta cuando la vio. Brennan se ajustó la bata y se giró asustada por la forma en que él la había visto- ¡¿Estás…?! -preguntó absorto en la puerta.
Brennan se levantó corriendo.
-Hodgins, por favor… -dijo mirando a ver si estaba Ángela por allí-. Nadie lo sabe. Por favor, no se lo cuentes a Ángela, ella no me perdonará -dijo apurada.
Él sonrió alucinando con la idea.
-¿Es de Booth? ¡Oh, Dios! ¡Es de Booth! -no necesitó que ella afirmara, era más que evidente para él. Brennan encogió los hombros frustrada-. No se preocupe, doctora. De mi boca no sale nada, ni que Ángela me torture -dijo abrazándola para felicitarla.
Brennan respiró aliviada.
-Gracias, Jack -dijo cuando se separaron. Le miró la mano y vio que traía algo.
-¿A qué venías? -preguntó dudosa. Él le extendió un sobre.
-¡Ah! Cam me dijo que trajera esto, es la invitación del jueves, que harán una fiesta por usted aquí en el Jeffersonian para pedirle perdón por dudar de su trabajo y por felicitar al equipo por nuestro último trabajo.
Brennan lo cogió y fue hasta su escritorio. Hodgins miró a su alrededor a ver si veía a Ángela y luego miró a Brennan.
-¿Cuántas semanas? -preguntó contento. Brennan le miró confusa y luego sonrió ante su cara de felicidad.
-Trece y… Son dos -dijo riéndose. Los ojos de Hodgins casi se salen de orbita.
-Angi y yo somos los padrinos, ¿no? -Brennan desvió la mirada y luego volvió a sonreírle-. Sí. ¡Tengo que comprarles un regalo! -dijo saliendo.
Brennan intentó pararlo pero ya no pudo, él había prometido no decir nada y si dentro de media hora no oía a Ángela gritar, era que él no había dicho nada. Se giró en la silla y miró el sobre. No tenía ganas de fiestas, aun sabiendo que Cam no había traído el sobre porque no quería discutir sobre el porqué ella tenía que ir. Volvió a trabajar poco después de que el chico de la cafetería del instituto le trajera la comida que Cam le había ordenado y que venía siempre a la misma hora.
Eran casi las dos de la tarde del martes cuando el olor peculiar le llegó a los sentidos. Pudo sentir las mariposas dando vueltas en su estómago. Su cuerpo tremió y su piel se erizó, sabía quien estaba en la puerta sin ni al menos mirar, sabía que la reacción su cuerpo traicionero sólo se anticipada a la voz que le sonó tan pronto. Ella tragó en seco.
-Tenemos un caso, Huesos.
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OMG!... ¿Qué va a pasar ahora? ¿Cómo va a reaccionar Brennan? yo voto por la ley del hielo, porque Booth se ha portado como un cerdo, se lo merece!
No olviden dejar sus coments.
Muchos Saludos desde mi bella ciudad a Barranquilla :* A todas las colombianas, Y a todas las ciudades de donde lean este fic internacional.
Nos leemos la prox semana con un nuevo capitulo.
BerryF :D
