Nota de Autor: Holaaaaaaa! Aquí vuelve SomeSimpleStrories!

Ahora: Lo sientooooooooooo! he tardado un montón! estuve de examenes, ya sabeis como son, viene uno detrás de otro y uno detrás de otro y uno detrás de otro... lo sientoooooooo!

Gracias Sorita Uchiha por lo del tiempo! *abrazo psicológico* aquí ha vuelto a la normalidad, bueno... más bien de repente teníamos treinta grados de máxima y se ha mantenido así xD

Para todos los que han estado esperando *se cubre por si lanzan tomates* este cap es más laaargo, por eso tardé más, luego lo éxplico al final del cap con más chachara jajaja

Ah, ahora que me doy cuenta nunca he puesto un disclaimer, asi que, allás va:

Disclaimer: Hetalia me pertenece, sí, exacto, has leído bien, Himaruya es un falsa identidad creada por españoles sin animo del lucro.

Verdadero Disclaimer: Hetalia le pertenece a Hidekaz Himaruya-sama y bla, bla, Sealand, bla, bla, bla

Disfruten!


¿Síntomas?

A partir de ese día, la rutina cambió radicalmente. Empezando porque ya no volvieron a dormir en la habitación de Al-Andalus, se trasladaron al enorme campamento que había detrás del castillo.

No es que fuera estrictamente necesario irse allí, pero a Al-Andalus siempre le gustaba estar cerca de su gente. Francia y Portugal llevaban ahí instalados desde que llegaron y los tenían como vecinos, algo que a Romano no le hizo mucha gracia.

A Romano le dolían los ojos con solo intentar ver hasta dónde llegaba el campamento. Estaba muy extendido por toda la meseta y era difícil llegar a ver el final. Un montón de soldados iban y venían de todas partes, y tenía la sensación de estar a punto de perderse en cualquier momento.

La tienda de Romano y Al-Andalus (tenían que seguir juntos) era mucho más grandes que las de los demás soldados y estaba decorado con ricas telas y estandartes enormes. Pero al italiano le daba igual, iba a lo más importante: tenía cama.

Cuando la vio al llegar se quedó parado, delante de ella, mirándola fijamente, como si fuera un espejismo. Al-Andalus iba cargando unas mantas cuando se lo encontró ahí petrificado:

- ¿Romano? -Dijo pasándole la mano delante de los ojos, para que volviera en sí. El italiano reaccionó sacudiéndose un poco, pero sin dejar de mirar el mueble.

- ¿P-para quién es eso? -Dijo, señalando con un dedo a la cama. Al-Andalus lo miró sin entender muy bien.

- ¿Para quién es qué?

- La cama...

Al-Andalus le tiró las mantas a la cara, riéndose.

- ¡Eh! ¿Qué ha sido eso? -Gruñó Romano intentando desenredarse de las telas.

- Es TÚ cama. -Dijo Al-Andalus, recalcando el "tú".- Tú cuidarás de ella, así que tú la pones las mantas, y tú te ocupas de que esté en orden. -Dijo mientras se tumbaba en la suya propia.

Romano soltó un pequeño gruñido mientras colocaba las mantas y se tumbaba en la cama, ya era tarde y habían estado de mudanzas todo el día, ayudando a llevar armas, cubos, leños de madera... pero ahora tenía dónde dormir. Era una cama dura, desnivelada y con alguna costura, pero cualquier cosa se le antojaba mejor que un suelo de piedra. Así que, enseguida se quedó dormido.

- Romanoooo... -Oyó una voz.- Romanoooo...

Al nombrado le daba igual si le llamaban, el quería dormir.

- Romanooo... -La voz estaba empezando a perder la paciencia.

- Feliciano, dejame en paz... -Soltó el italiano, mientras se llevaba la manta hasta la cabeza.

- ¿Feliciano? ¿Quién es ese?

- Je ne sais pas, mon cher -Dijo una voz un poco más divertida.- pero dejame a mí.

Se oyeron unos susurros.

- ¿Estás seguro?

- Oui, seguro que funciona.

- Algo me dice que acabarás mal perverter.

- Tú calla, y observa al maestro.

Hubo un momento de silencio y Romano aprovechó para meterse más en sus sueños, sin ni siquiera pensar en lo que acababa de oír. De repente una voz sonó muy cerca de su oreja.

- Romano, mon amour, al hermano mayor Francia le encantaría ver tus ojos por la mañana. -Se oyó en tono exageradamente romántico.

- ¡CHIGI! -Prácticamente como un movimiento reflejo, Romano le pegó un puñetazo en el estómago al francés, qué calló al suelo K.O.

- Guau.

- Ya entiendo por qué querías que fuera contigo, hermanito.

Romano miró a su alrededor, sin enterarse de lo que pasaba: Francia estaba tirado en el suelo, viendo estrellitas; Al-Andalus estaba agachado junto a él, intentando despertarlo; mientras que Portugal lo observaba todo desde la distancia, aplaudiendo.

- ¿Q-qué ha pasado? -Preguntó el italiano mientras se frotaba los ojos.

- Al-Andalus, este tipo es impresionante, le ha dado tan fuerte al perverter que ha perdido la memoria.

- Ja, y a quién le gustaría recordar eso. -Le siguió la broma el otro castaño, mientras conseguía incorporar a Francia, que se tambaleaba ligeramente.- Menos mal que aún no has desayunado ¿eh?

El francés solo le pegó un ligero golpe en el hombro, consiguiendo perder de nuevo el equilibrio y teniendo que apoyarse otra vez en Al-Andalus, que no paraba de reír.

- Lo que pasa es que me ha pillado medio dormido... -Dijo el rubio, sonriendo ya ampliamente y andando por su propio pie.

- Ya, claro, maestro. -le respondió Portugal mientras le daba unas palmaditas en el hombro, el francés trató de ignorarlo.

Romano se quedó ahí sentado, aún sin reaccionar demasiado a lo que pasaba a su alrededor. Miró con recelo a la cama, pensando si lo mejor sería pasar de todo y tumbarse allí otra vez, hacía semanas que no dormía tan bien. Pero no quería sufrir de nuevo lo que acababa de pasar así que se levantó estirándose: se sentía como nuevo.

- ¡Hola Romano! ¿Ya te has despertado eh? -Dijo Al-Andalus entre risas.- ¿vienes a desayunar?

Romano se quedó un momento pensando, sentía el estómago vacío, asique prefirió adelantarse a que empezara a rugir.

- Sí, vale.- Dijo mientras se disponía a salir de la tienda, aun sin saber ni dónde iba a comer. Pero una mano le tiró de la chaqueta, obligándolo a girarse. Portugal lo miró de arriba abajo.

- No puedes salir así vestido. -Le dijo.

Romano se miró de arriba abajo: zapatos, camisa y pantalones. No había nada raro.

- Es verdad, así vestido todos se van a reír de ti. -dijo Al-Andalus sonriente, pasándole unas ropas.- Tú ponte esto.

Romano echó una ojeada a lo que le acababa de pasar: una túnica y unas mallas, muy parecido a lo que llevaban los otros tres países, eso sí que hacía gracia.

- ¿Esto?...

- Sí, cuando lo lleves puesto sales y nos avisas ¿vale? -le dijo Portugal sonriendo mientras salía por la puerta, seguido de Al-Andalus. Francia se quedó ahí parado hasta que Portugal se volvió a asomar.

- Francia.

- Oui?

- Se tiene que cambiar.

- Ah, sí. -Dijo Francia mientras salía con una sonrisita.

- Perverter... -Se oyó desde fuera.

Un momento más tarde ya estaban todos desayunando, se habían sentado en unas piedras, en círculo, con unos cuantos soldados que iban contando sus historias mientras desayunaban un caldo y unas rebanadas de pan con mantequilla o algo parecido.

Los soldados eran muy amigables y en su grupo había de todas las edades: desde gente que aparentaba un poco más que la edad de Al-Andalus, hasta hombres ya con la barba bastante canosa. Seguramente habían sido reclutados para luchar y obligados a ser separados de sus familias, aunque todos mantenían un aire festivo.

Portugal, Francia y Al-Andalus eran observados con curiosidad por los guerreros más jóvenes, Romano no sabía si les habían dicho quienes eran, pero desde luego, ver a unos niños tan tranquilos entre un montón de soldados debía de llamar la atención. Romano tampoco se salvaba, porque él y Francia hacían el dúo de los acentos extraños y siempre había algun grupito de gente riéndose en silencio de ellos, aunque bastaba con una mirada del italiano para hacerlos callar a todos. Pero algunas veces no funcionaba:

- ¿Y tú de dónde eres? -Le había dicho uno de los guerreros que debía de tener unos dieciséis años.

Romano se lo pensó, pero se dio cuenta que la pregunta también había llamado la atención del resto de los países. Mierda. No podía llamar tanto la atención.

- Vengo del sur...

- ¿Dónde? ¿Fuera de Europa?

- No, dentro.

- Oh la la, conque eres de Europa... ya decíaque me sonabas de algo... -Dijo Francia, mirando fijamente al italiano, que se estaba poniendo cada vez más nervioso con cada palabra que soltaba. Se puso a juguetear con una daga que se guardaba en el bolsillo. Se iba poniendo cada vez más rojo.

- Te pareces mucho a un país al que fui de expedición, de joven... -Soltó unos de los soldados más viejos, que se sentaba con ellos.- Hay, que memoria la mía, juraría que...

Romano ya iba a lanzar su daga por los aires cuando el joven de antes interrumpió al mayor:

- ¿Qué dices, viejo? ¿Cómo va a ser un país?, querrás decir que se parecía a alguien de algún reino o algo. -Le intentó corregir, pero solo consiguió que el hombre soltara una seca carcajada, acompañado por algún que otro soldado de su misma edad y por Francia, que se unió para hacer la broma. Por fin el anciano habló.

- Mira mocoso, ese de ahí no es una persona normal, -Dijo señalando a Romano.- Está claro que es un país.

- ¿P-pero eso es posible? -Respondió el chico, que se había quedado dudoso ante la confianza que tenía el hombre.

- Honhonhon, pues claro que tiene razón. -Acompañó Francia con su risita, que ha Romano le dejaba los pelos de punta.- ¿Cómo lo ha sabido messié?

- Oh, por fin un joven educado. -Dijo el hombre, soltando una miradita al chico de antes.- Veo que tú también eres uno, y vosotros dos también. -Dijo señalando a Portugal y Al-Andalus, que estaban atónitos. Sonrió a este último.- Y a ti ya te he visto un par de veces.

Todos se quedaron callados mientras el hombre tomaba un sorbo de su taza, como si estuviera desayunando un tranquilo día de verano, sin nada que hacer. Por fin volvió a hablar.

- Me llamo Alvar. Soy el soldado más viejo de todo este campamento, aunque quién sabe cuánto tiempo seguirá siendo así. -Se presentó con un tono de humor, aun que sus palabras sonaban algo tétricas.- De pequeño los musulmanes quemaron la aldea en la que vivía, y perdí a mi familia. Así que nunca he tenido un hogar al que volver y estado todo el tiempo viajando y participando en cientos de guerras. Hay pocas cosas que no haya visto o aprendido. -Tomó otro sorbo de su caldo.- ¿Que cómo se que no sois personas? Muy fácil, con solo miraros a los ojos uno se da cuenta. -Hizo una pequeña pausa, y miró a la gente de su alrededor, que seguían quietos como estatuas, incluidos los países. Sonrió a su taza, como riéndose de todos ellos.- Alguien que ha vivido cientos de años no puede tener una mirada tan y a la vez tan poco humana. Queréis a vuestra gente, pero no os acercáis mucho a ella por que sabéis que la perderéis en el futuro. Y vuestra gente os aprecia, pero os usa como marionetas. Una vida solitaria.

El silencio reinó durante unos segundos. Todos estaban callados, metidos en sus pensamientos. Los hombres miraban a los países, intentando buscar a lo que el anciano se refería, pero aún sin entenderlo bien. Romano, Al-Andalus y Portugal estaban metidos en sus pensamientos, mirando al suelo. Romano recordaba todos los momentos en los que había sido engañado, en los que la gente poderosa había acabado actuando a sus espaldas, para luego echarle la culpa por los malos resultados. Momentos en los que solo podía apoyarse en su hermano, a veces ni eso.

Esa vida no se la habría deseado a nadie.

Pero a diferencia del resto de los países, Francia sonreía con el mismo estilo que El Gato de Cheshire, como si algo le hubiera hecho mucha gracia.

- Messié, tiene razón. -Dijo.- La fugaz vida de una persona no nos sirve de mucho, y acaban dejándonos destrozados si nos pegamos demasiado a ella. -A pesar de la sonrisa, hablaba seriamente, pero luego su voz se suavizó.- Mais vous savez quoi? Tal vez no me acerque mucho a mi gente, pero sé como son todos ellos, porque son como yo, me traten como me traten. Además, -Añadió.- No estoy solo, ¿verdad? -Terminó, pasándole un brazo por encima de los hombros a Al-Andalus e intentando alcanzar a Romano, que se sentaba al lado de el castaño. Pero en cuanto el italiano se dio cuenta de lo que intentaba le metió otro puñetazo en el estómago, consiguiendo romper el "abrazo" y ganando unas cuantas carcajadas de parte del público.

- ¿C-cómo me voy a aburrir con e-esta gente? -Dijo el rubio, cogiendo aire mientras se llevaba las manos a la tripa. Aún intentando sonreír.

- ¡Romano! Se bueno. -Le soltó Al-Andalus mientras le daba unas palmaditas al francés en el hombro.

- Ja. Seguro que quería aprovecharse de mí, como ha hecho contigo.

- ¿Conmigo? Pero si no ha hecho nada.

- Hermano, Romano tiene razón. Ese perverter no guarda nada bueno.

- ¡Portugal!

- He-ey, moi sigue aquí...

El resto de la conversación no duró mucho más, ya que se habían atrasado demasiado con sus tareas por culpa de la charla y pronto se fueron cada uno por su lado. Francia (ya recuperado) chocó su taza con la de Alvar (según había dicho llamarse el anciano), al ver que compartían ideas en común.

Romano sequía pensando que la capacidad de distinguir a una persona de un país se salía de lo normal, no solo con mirar a los ojos uno era capaz de darse cuenta de ello. Las personas podían hacer cosas impresionantes, desde luego. Pero seguramente ya no habría nadie en su tiempo capaz de hacer eso, ya no.

Después de que se rompiera el círculo de conversación, lo cuatro países se quedaron solos. De repente un soldado apareció para hablar a Al-Andalus, diciendo que, de parte de Lesmes (siempre Lesmes), tenía que acudir a una reunión estratégica para hablar de ciertos temas. Añadió también que Romano no podía acudir.

- ¿A quién se le ocurre hacer reuniones a esas horas?... -Murmuraba Al-Andalus para sí mismo mientras soltaba algunos insultos.

- A los reyes, señor. -Dijo el soldado, sin darse cuenta de que era una pregunta retórica.- Y llega tarde.

- Mierda. -Al-Andalus salió corriendo mientras se despedía de los demás ondeando la mano, seguido del soldado, que no lograba alcanzarlo.

Ahora solo quedaban tres. Romano ya sabía de antemano que iba a tener el día libre, seguro que esa reunión iba a ser eterna, así que se sentó en un tronco de madera a modo de banco. Francia y Portugal se quedaron de pie, mirando fijamente dónde hace un momento estaba su amigo. Portugal fue el primero en hablar:

- Y ahora quê?

Francia se giró con cierta sonrisita en la cara.

- Ahora solo quedamos vous et moi. -Dijo acercándose lentamente al portugués, que no tardó ni medio segundo en desenvainar la espada y ponerla entre él y el loco francés, que se paró sonriente.

- Ni te acerques.

- Oh, Portugal, con lo divertido que eras aaaaantes. -Dijo, haciendo un puchero.

- Creo que me confundes con mi hermano, acercate un poco más y te rajo. -le amenazó Portugal, pero con uno tono tenebrosamente tranquilo.

Francia fingió ignorar la alerta del portugués y di un paso para adelante, sonriendo. Pero el moreno no se lo pensó dos veces y le lanzó una estocada con fuerza. Francia consiguió pararla sacando su propia arma y las dos espadas chocaron en un molesto sonido metálico. Los dos se quedaron quietos, poniendo presión cada uno sobre su arma, que se tocaban por la hoja.

- Perverter, ¿no tienes nada que hacer hoy?

El "nombrado" pensó un momento.

- Hmmm... Non, hoy tengo el día libre. ¿Y tú? ¿no tienes un batallón que liderar ni cosas aburridas por el estilo?

- No, hay mucha otra gente que puede encargarse de ello. -Respondió el portugués, poniendo aún más fuerza en su ataque. Dejando a los dos callados durante unos segundos.

El francés volvió a sonreír de repente.

- Oh, mon ami, j'ai une idée. -Dijo con los ojos oscurecidos.

- No se si quiero escucharla. -Soltó Portugal, fingiendo pensárselo.

- Pero si te va a gustar, ya verás. -Sonrió.- Dime, ¿no estas cansado de que siempre estemos peleándonos tú y yo? Yo ya tengo bastante con meterme con el cejón de la isla del mal tiempo. Tenemos que hacer cosas más divertidas. -Dijo, pero la última frase no pareció convencer a Portugal, que frunció el ceño.- Mon dieu! Con cosas divertidas no me refiero a lo que quiera que estés pensando. -Se explicó.

Por fin consiguió convencer al portugués, que separó su arma de la del rubio, pero sin envainarla. Francia suspiró.

- Mon cher, no sabía que tuvieras tanta fuerza.

- No cambies de tema, França.

- Oh, ¡pero si has dicho mi nombre! Creo que vamos a ser buenos amigos.

Portugal hizo ademán de volver a la pelea levantando su arma de nuevo.

- Vale, solo intentaba ser agradable. - Se excusó sin muchos resultados.- Bueno, allá va mi plan: Siempre hemos estado siglos peleándonos entre nosotros, literalmente. Y ya empiezo a aburrirme, porque claramente soy mejor que tú... -Portugal le miró de mala manera.- Digo, que ya somos unos maestros espadachines, mais, aquí tenemos a alguien que nuca hemos visto, o al menos que yo recuerde, droite? -Dijo, soltando una miradita a Romano, que de repente se puso más nervioso.

- ¿Y qué propones? -Preguntó Portugal, aún vigilando que el francés no hiciera nada raro.

- Pues mi idea es que podríamos entrenar a notre bien-aimé Romano. Por lo que sé, hasta que moi no le empezó a enseñar, lo máximo para lo que usaba un cuchillo era de abrecartas.

- ¡Eh! ¡Qué estoy aquí!

- Así que, -Dijo Francia, ignorando al italiano con facilidad.- he pensado que, como tenemos el día libre, podríamos enseñarle a luchar como es debido. ¿Va a ir a una guerra no? Y no queremos que le pase nada. Así que creo que tendríamos que enseñarle como defenderse bien. -explicó.- No es que quiera divertirme ni nada por el estilo, es pura preocupación. -Dijo con una sonrisa que decía exactamente lo contrario.

Portugal se lo pensó un momento, con el gesto serio, pero después sonrió abiertamente, como si fuera su hermano.

- Vale.

Francia sonrió y le tendió la mano.

- C'est un plaisir hacer negocios contigo.

- Vas a acabar mal.- Dijo el moreno, que no tenía la pinta de querer darle la mano al francés. Este decidió pasar por alto el gesto y se giró hacia Romano, apuntándole con su espada.

El italiano había estado moviéndose lentamente hacia el borde del tronco, preparado para escapar, viendo a dónde estaba llegando la conversación del rubio salido, pero se quedó congelado al ver que había sido descubierto.

- Merda. -susurró para sí mismo mientras se giraba para hacer frente al francés, que le miraba con su típica sonrisa de suficiencia.

- Preparate, mon cher, porque hoy vas a tener un día duro. -Anunció.

Unos minutos después ya estaban peleando.

De alguna manera extraña, Portugal y Francia hacían un buen dúo a la hora de pelear. Los dos se cubrían las espaldas perfectamente y se coordinaban bastante bien. Seguro que si llegaban a llevarse mejor el resultado no habría sido el mismo.

Romano solo tenía para defenderse su pequeña daga, pero no tenía tiempo de sacarla y cogió prestado un espada que se encontró al lado de una tienda.

Había acabado concentrado contra Portugal, que le lanzaba estocadas bastante peligrosas para ser un entrenamiento. Romano no paraba de andar marcha atrás mientras intentaba defenderse del castaño, rezando por no chocar con nada y caerse de cabeza al suelo.

Estaba pendiente de eso cuando no vio venir una estocada del portugués, que iba directa a su hombro. Consiguió cubrirse a tiempo con su brazo libre del ataque, pero ganó un largo corte cerca de su muñeca, nada demasiado grave, pero lo suficiente para poner a Romano nervioso.

- ¡CHIGI! ¡¿Pero a ti que te pasa?!

- El que se ha distraído has sido tú, no yo. -Se excusó Portugal, sin darle tiempo a responder mientras lanzaba otra estocada esta vez a su cadera, pero consiguió pararla a tiempo.

Siguieron con la misma fuerza que antes, pero esta vez Romano se centraba más en la pelea que en su alrededor, intentando proteger su brazo herido, le quemaba bastante para ser solo un corte.

De repente se dio cuenta de que faltaba algo, llevaba luchando con Portugal bastante rato, ¿Dónde se habría ido...

- On y va! -Se oyó un grito que se apróximaba a Romano por el aire, irrumpiendo sus pensamientos.

Francia aterrizó pesadamente sobre sus hombros, saltando desde algún sitio que Romano no quería conocer.

- Oh la la! Si le prestas demasiada atención a tu alrededor y muy poca al combate acabarás muerto. -Le explicó Francia, desde sus hombros.

- Y si le prestas demasiada atención al combate y muy poca a tu alrededor, lo mismo. -Siguió Portugal, sonriendo, apenas dejando tiempo a Romano a reaccionar a su próximo ataque.

El italiano saltó para atrás, esquivando la espada a tiempo. A Francia le pilló por sorpresa tanto movimiento y no se le ocurrió otra cosa que agarrarse a los pelos de Romano, y por tanto, al rulito...

Grave error.

- ¡CHIIIIIIIIIIIIGIIIIIIIIIIIIIIII!

Romano se sonrojó fuertemente, y su rulo se estremeció. Empezó a sacudirse intentando quitarse al francés de encima, soltando las espada. Por fin consiguió coger por un brazo a Francia, que estaba más pendiente de mantener el equilibrio, y lo tiró al suelo con fuerza.

- ¡PERVERTIDO!

Francia cayó al suelo de cabeza, quedándose tieso al instante. Portugal le dio una pequeña patadita en la pierna, como comprobando si estaba vivo. El rubio respondió moviendo ligeramente el pie, pero aún viendo rosas. Unos segundos después, una daga se había clavado profundamente a escasos centímetros de él: al parecer a Romano no le gustaba la idea de que su agresor siguiera vivo. Portugal murmuró al francés algo parecido a "te lo dije".

- ¡Pero a ti que te pasa! Vaffanculo! ¿No te bastaba con tirarte encima mía, eh? ¡Pues tienes suerte de que no tenga más dagas!

Romano siguió despotricando contra el Francés uno minutos más, diciendo todo lo que se le ocurría en todos los idiomas que conocía (que en lo que a insultos se refiere no eran pocos), mientras buscaba cosas que lanzarle, como botas, tazones o madera. Y le habría gustado estar así unas cuantas horas más, pero de repente un dolor enorme le atacó el brazo. Se llevó la mano al corte, mientras se apoyaba en un estandarte. Le quemaba muchísimo, y se sentía como si se estuviera quedando sin fuerzas. Portugal y lo que quedaba de Francia se acercaron corriendo a él, sujetándole a tiempo para que no cayera al suelo.

Romano se quejaba mientras se apretaba la herida con la mano, con los ojos cerrados con fuerza, por el dolor. Notó que Portugal y Francia le sujetaban, pero sentía el brazo ardiendo y no sabía por qué, y cada vez estaba más cansado.

- ¡Romano! ¡Romano! -Oyó a Francia que le llamaba, mientras alguien intentaba quitarle la mano del brazo, para ver lo que pasaba. Pero Romano no quería apartarla, no quería saber que demonios tenía en la herida, pero se estaba quedando sin fuerzas y no hizo falta demasiado forcejeo para deshacerse de su mano.

Portugal abrió mucho los ojos al ver qué era lo que estaba ocultando el italiano bajo el brazo, sin entenderlo bien.

El italiano se había puesto prácticamente a gritar de repente, sorprendiendo a los dos y se había apoyado en un estandarte cercano, sin dejar de cogerse el brazo para ocultar... nada.

De repente Romano notó que el dolor desaparecía, tan rápido como había llegado. Abrió un poco los ojos, veía un poco borroso, pero después de unos segundos pudo distinguir que Portugal y Francia estaban a su lado, mirando el brazo que tenía herido.

No, algo había pasado, juraría que ahí era dónde Portugal le había hecho el corte. Se acercó el brazo a los ojos, estaba muy cansado, por más que mirara de cerca su brazo no encontraba el menor rastro de una cicatriz o rasguño.

- ¿Q-qué ha pasado? -Preguntó Francia, con gesto preocupado.

Romano no respondió, tenía la boca seca y tampoco sabía que decir. Portugal fue el único que dijo algo:

- Pues durante el entrenamiento, yo le había hecho un corte, estoy seguro, pero... ya no hay nada... -Explicó lo que pudo Portugal, aún pensativo.

Romano no entendía nada, pero tenía muchísima sed, necesitaba beber algo. Se incorporó apoyándose en el poste del estandarte: por lo menos sus piernas le respondían. Empezó a dar pasos torpes, sin escuchar a Portugal y Francia, que le decían que se sentara. Empezo a correr, con peligro de caerse en cualquier momento. No entendía que le pasaba, sabía que las heridas no eran algo peligroso para un país, siempre se curaban, daba igual la gravedad que tuvieran. Pero nunca tan rápido, eso no era normal, y tampoco que dolieran tanto. No quería ni pensar en lo que hubiera pasado si la herida hubiera sido más grave. Puede que Inglaterra tuviera razón, puede que estuviera sufriendo los síntomas...

- ¡Romano! -Una voz interrumpió su vago curso de pensamientos. El nombrado se giró molesto, con un fuerte dolor de cabeza, ya no podía más.

Al-Andalus se estaba acercando corriendo, sonriente. Pero su gesto cambió a confusión cuando vio a Francia y a Portugal aparecer corriendo con una enorme de preocupación, sin entender. Pero luego vio, mientras se aproximaba corriendo, como Romano se derrumbaba cayendo al suelo, inconsciente.


Nota de Autor: Chas! ahí acaba la cosa! después de tanto filosofeo por fin un poco de acción!

Creo que me pasé con Francia *Pide perdón* no os preocupéis demasiado por él, ha vivido cosas peores.

No tengo ni idea de como es Portugal, solo se que no está en buenos términos con Francia, y creo que se nota bastante en este cap xD.

En realidad el capitulo iba a terminar al final de la conversación del desayuno, pero mi hermana me dijo "hey, si en realidad no ha pasado nada" así que seguí su idea y seguí escribiendo, por eso tardé una semana más, sorry!

Ah, creo que se me olvidó comentarlo en el anterior cap, pero si nadie se ha dado cuenta, la conversación de Portugal y Romano fue planeado por ciento rubito y el castaño nombrado de antes. A lo mejor sobra el comentario, pero es que no doy demasiadas pistas XD

Bueno, espero de corazón que os haya gustado, me esforzado bastante en este cap, no suelo escribir tanta acción junta *-* y vuestros reviews me animan!

Respuestas a reviews!:

Angronu: Sí eres un Guest, hazte una cuenta ok!?, te encantará xD. Para hacer al pequeño Al-Andalus me imaginé a un chibiespaña comportándose como un niño pequeño y al que dieran ganas de abrazar, no se si lo conseguí, pero me lo pasé genial en ese momento.

Los rayos y Romano no se llevan bien, si llegara a haber uno le caería a Romano fijo. xDD

Saluda a Mycroft de mi parte! y por supuesto al Gran Imperio de Sealand!

Solanco Di Angelo Redfox Roma: Me encanta que te encante! xD Si Romano vuelve o no, se sabrá en su capítulo correspondiente, quien sabe... de todas maneras no te mueras! Empieza el verano!

Sorita Uchiha: Gracias de nuevo por lo del tiempo, era solo pura curiosidad, además hemos estado hablando del cambio clímatico en mi clase, asi que Graciaaaaaaasss!

Esa era la impresión que quería dar de Al-Andalus! Me parece monísimo un España peque!

Si Romano volviera y regresara al pasado, de seguro que acababa en la edad de piedra, uno no se puede fiar de Iggy. Eso sí, como España se enteré de algo, el inglés va a querer dar más de un saltito en el tiempo xD

Kayra isis: Gracias por seguir la historia hasta aquí! me encanta que le vaya gustando a más gente!

Alelulla! eres la primera persona que me avisa de los errores ortográficos, gracias de verdad! me esfuerzo bastante con evitarlos, pero uno no se sabe todas las normas, y con el teclado se hacen más falta que a mano, gracias!

Cualquier cosa, ya sabéis, un Review y listo! :D

Y recordad:

Make Pasta no War!