Capítulo 02: Sobreviviendo
Había pasado al menos 3 días desde que el Titán Colosal y el Titán Acorazado destrozaron la Muralla María. La morena se dedica a sentarse por el suelo y así apoyarse en las paredes de los edificios mientras se tapa con su capucha y así nadie pueda ver su rostro. Al ser una titán no tiene la necesidad de alimentarse con tanta necesidad como los humanos, así que al día de hoy no cogería su ración de pan.
Tiene los ojos cerrados. Está dormida. Y si alguien intenta hacerle algo ella va a reaccionar rápidamente, por lo que no se preocupa de nada. Pasan los minutos y la gente sigue haciendo cola hasta que se escucha un alboroto que la despierta. Pone cara de mal humor y se pone en pie para acercarse a la multitud. Quiere ver lo que pasa, pues ya que la han despertado al menos quiere saber el motivo.
Ve a tres niños. Dos morenos y uno rubio. El de los ojos claros está tirado en el suelo. Parece que alguien lo ha golpeado y como hay dos soldados mirándolos con desprecio, supuso que lo golpearon. Ese niño se envalentona pero el rubio lo detiene, disculpándose por el alboroto. Suspira y se retira. La despertaron por nada. Así que vuelve a su lugar dispuesta a dormir de nuevo, pero le sorprende como cae un pan entre sus manos.
-¿Qué…? -Mira entre su capucha, procurando que nadie le vea el rostro.
Sus ojos se ensanchan al ver a una hermosa niña de cabello rubio y mirada azulada, con una sonrisa muy amable pero con una mirada inocente.
-Es mi pan pero te la doy a ti, lo necesitas –Le dice muy infantilmente para empezar a marcharse.
-Ey, ¡espera! –Se llega a arrodillar y alza el brazo queriendo detenerla, pero ella ya se ha ido.
Tuerce los labios tras un suspiro mientras se rasca la nuca. ¿Por qué aún hay gente tan amable, en especial viniendo de una niña? No lo entiende, pero se vuelve a sentar para darle un mordisco al pan y comer de él. Si se lo ha dado, al menos se lo comerá. Al terminarlo se cruza de brazos y cierra los ojos con intención de dormir otra vez.
-Ey, en la iglesia recogen alguna donación para los que vinieron de la Muralla María –Esas palabras llegan a los oídos de Ymir, quien no puede evitar mirar de reojo a los dos hombres que están hablando cerca de ella.
-Sí, supuestamente para ayudarlos, ¡qué se hubieran dejado devorar! –Comenta el otro con molestia- Solo trajeron más problemas
Ymir los llega a atravesar con la mirada pero al oír que la gente da donaciones en la iglesia de aquella Muralla, no duda en ponerse en pie y empezar a caminar. Es alta pero sigilosa y rápida.
Llega a la iglesia y al ver que aún hay personas entrando y saliendo, decide esperar. Se esconde en una esquina que al mismo tiempo es un callejón sin salida. Se va a sentar hasta que le viene el olor a comida y sin saber porque, eso abre su apetito. Tal vez sus días como titán se están terminando y la humana reclama más horas de comida. Sus ojos dorados miran de reojo como un hombre saca pan recién hecho al exterior. Saca diferentes cajas para ahora pedir ayuda en la pequeña panadería.
La alta camina poco a poco, mirando a todas las direcciones con discreción. Llega y coge tres barras de pan.
-¡Au! –Están recién hechos así que queman un poco. Eso la atrasa un poco, así que es vista por el hombre y dos jóvenes.
-¡Eh, tú! –Los mira sorprendida y agradece que lleva la capucha para esconder su rostro. Coge las tres barras de pan y sale corriendo a toda prisa- ¡Qué no se escape! –Grita el hombre, pero la chica es veloz.
Los dos jóvenes la siguen pero ella apresura un poco más los pasos y se aleja. Ellos parecen no cansarse así que se decide por esconderse de nuevo y ve como estos solo siguen corriendo todo recto, sin verla. Asoma la cabeza y suspira aliviada. Corta un trozo de pan y le da un mordisco con una mirada muy indiferente.
-Idiotas… Nunca conseguiréis atraparme –Piensa con una sonrisa de burla, dándole otro bocado al pan.
El pan es un alimento que se pondrá duro al día siguiente. Por lo que procurará comerse los tres, pero primero se tiene que conseguir alguna bolsa de tela para poder guardarlo.
Pues de ahora en adelante iba a ser una ladrona para sobrevivir. Va a vivir por sí misma. Es lo único que desea con todo su corazón.
Camina mirando por todos lados para ver si alguien tiene alguna bolsa de tela o algo, y para su suerte, hay una mujer riñendo a su hijo. Tiene una bolsa de tela en su mano totalmente vacía y cuando el niño se va, la mujer no tiene de otra que dejar la bolsa con el resto de sus cosas. Tiene pensado volver con el niño.
Es su oportunidad. Tapa mejor su rostro y se acerca como si quisiera ir más lejos de las pertenencias de aquella mujer. Para disimular aún más, deja caer los panes. Eso le permite agacharse y recogerlos, además de coger aquella bolsa sin que nadie se dé cuenta. Se aleja del lugar sin ser descubierta y se gira para ver como la mujer llega con el niño en brazos y mirando a todos lados. Pero parece no importarle ya que sigue con lo suyo.
Guarda los panes en la bolsa y comprueba que su olor haya amortiguado un poco. Para eso quería la bolsa. Además, con las horas que lleva dando vueltas y corriendo y escondiéndose, el olor a pan recién hecho también se ha evaporado un poco. Guarda la bolsa con los panes en el interior de su capa pero sus felinos ojos se fijan en un grupo de niños hambrientos, llorones y sin padres. No son los niños de antes, sino otros. Siente una punzada al verlo así.
-Solo lo haces porque mañana el pan ya no servirá… -Piensa la morena para no reconocer que muy en el fondo es amable.
Se acerca a ellos y tal como hizo esa niña rubia con ella, deja caer una barra de pan entero sobre ellos y se marcha sin decir nada. Los niños se sorprenden, pero ríen contentos y le agradecen a la figura misteriosa. Ella solo suspira como si aquello fuera algo pesado y molesto hasta que mira al cielo y su mirada se ilumina un poco. Es de noche y por tanto, podrá colarse en la iglesia para robar algo de dinero y poder sobrevivir.
Se desliza entre la oscuridad y la gente dormida en la calle por falta de viviendas. Llega a donde la iglesia y se esconde donde anteriormente se había escondido. Asoma la cabeza, todavía escondiendo su rostro de los demás, además cuenta con la oscuridad de la noche. Ve que alguien sale: un pastor. Este parece que cierra la puerta y se marcha.
Es su oportunidad. Mira a su alrededor y decide coger un camino donde le permita dar la vuelta a la manzana y así entrar en la parte trasera, donde seguro nadie la vería.
Camina hasta el final de la calle que le permite girar al otro lado. Sigue caminando hasta que en una parte empieza a correr un poco, como si el tiempo se le terminara. Llega a la parte trasera y toca la puerta de madera, comprobando si está abierta o no. Y en efecto, está abierta. Al parecer se le olvidó cerrar la puerta a aquel pastor. Abre un poco y asoma la cabeza con cuidado para comprobar que no hay nadie, y cuando es así, entra con sigilo y cierra la puerta. Al entrar se quita la capucha y mira a su alrededor. No encuentra nada.
-Maldita sea… Bueno, es lógico –Piensa para empezar a buscar algo de dinero u otra cosa. Algo de valor.
Se pasa como por tres horas buscando y no encuentra nada, a excepción de una pequeña caja plateada que contiene perlas, según Ymir. Se piensa que es medicina, así que se lo guarda en su pantalón. Se rinde. Deja de seguir buscando algo de valor. Cuando decide salir, escucha que la puerta por donde ella había entrado cruje. Alguien está entrando. Tiene que esconderse, y pronto. Mira a su alrededor algo apresurada hasta que divisa una mesa.
-¡Eso me vale! –Piensa para correr con sigilo y esconderse en el último segundo en que dos hombres entran.
-¿Estás seguro que nadie nos vio? –Se escucha la primera voz.
-Estoy seguro, el pastor Nick nos dejó abierta la iglesia para nosotros –Le responde la segunda voz- Aquí nadie nos verá ni escuchará
-Así que es por eso que estaba abierta… -No se sienta, en realidad se arrodilla mientras se esconde perfectamente para no ser vista por esos dos hombres.
-¿Qué haremos? Esa niña nació fuera del matrimonio –Empieza la primera voz.
-¿No es obvio? Es una niña, por lo que nos será fácil asesinarla –Oír aquello sorprende a la morena, quien no puede evitar abrir los ojos con sorpresa.
-Ey, ¿tan lejos quieres ir? –La primera voz parece inseguro- Ya la echamos de la casa, no parece que sea una niña que vaya a hacer algo malo
-¿Y si alguien la descubre?
-Al parecer está decidida a reclutarse a la milicia bajo un falso nombre –Le explica el hombre inseguro. Pues es como si no quisiera matar a una niña inocente.
-Oh, ¿en serio? Salió más lista de lo que parece –Se burla de la niña e Ymir, sin poder evitarlo, enfurece la mirada y frunce el ceño- ¿Sabes con qué nombre vivirá de ahora en adelante?
-Sí, su nombre falso es… -Hace memoria- Christa Renz –Como si se lo grabaran con fuego en el cerebro, la morena se aprende el nombre como si nada.
-Entonces que siga viviendo como Christa Renz, mientras no cuente nada más, podrá vivir tranquila –Parece muy decidido el de la segunda voz.
-Solo vayámonos de aquí, me siento inseguro –Pide el primero y con un suspiro pesado, el otro corresponde al pedido y se marchan.
La morena espera un par de minutos mientras su rostro está claramente molesto por lo que ha escuchado. ¿Acaso los humanos son peores que los titanes? Oír cosas como esa hace que se arrepienta de haber huido del mundo de los titanes. Ahí solo tenía que sobrevivir para no ser devorada, ¿pero aquí? Parecen ser egoístas y ambiciosos. Pero no importa, su decisión fue empezar de nuevo dentro de las murallas, y así será.
Sale de su escondite y se pone en pie, mirando al techo de la iglesia, totalmente pensativa.
-A la milicia, ¿eh? –Susurra para sonreír de medio lado y volver a colocarse la capucha, así marcharse de allí.
…...
Para hacer este capítulo me he ambientado en el Capítulo 40 (Tomo 09). Solo cogí la parte en que Ymir le cuenta a Christa el motivo por el cual se unió a la milicia. Además del siguiente vídeo de YouTube: /watch?v=zRaqABokmRA
Espero que os haya gustado, y si ha sido así, espero vuestros reviews ya que eso anima mucho a las escritoras y escritores de este lugar.
¡Gracias por leer!
